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CAPITULO 1
Puedo ver que tienes fuego en tus ojos
y dolor en tu corazon
¿cuántas cosas han venido a romper tu mundo?
(Give to life - Van Halen)
Bella PV
Bristol (Inglaterra)
El típico clima invernal de Inglaterra me reconfortaba. Yo era la típica persona a la que el frío le resultaba reconfortante. Cuando la temperatura bajaba por debajo de los diez grados, las nubes se volvían azul oscuro y la lluvia se precipitaba sobre la ciudad, mi corazón se sentía seguro. Era como si aquel frío consiguiera congelar mis temores hasta alejarlos completamente de mí.
Me ajusté un poco la bufanda, y abrí el paragüas con decisión, esperando no llegar tarde a mi primera clase. Últimamente había faltado a demasiadas clases, apesar de que no tendría demasiado problema con atrasarme en mis estudios, no me gustaba ceder ante mis debilidades. Habían sido unas semanas muy duras, por alguna razón el hueco en mi pecho se hacía más presente y voraz, confinandome en mi cuarto más de lo habitual.
Sacudí la cabeza con fuerza para alejar esos pensamientos, y el viento frío del norte me ayudó con mi tarea. Miré el reloj, era tarde, si no me subía al autobús de las diez y cinco, no llegaría a tiempo. Apreté el paso decidida a tener un día lo más normal posible. Ir a mis clases, comer tranquilamente mientras leía un libro y luego acudir a mi voluntariado en la biblioteca infantil. Esos niños conseguían alegrarme hasta el peor de los días. Cuando pensaba en las duras situaciones de sus familia y en como eran capaces de sonreir mientras yo les leía, me sentía culpable por considera mi vida miserable.
- Disculpa, ¿es este el autobús que para en la universidad? - me preguntó de pronto un chico enorme. Tenía que mirar hacia arriba para mirarle a los ojos. Le recorrí con una rápida mirada, era grande y musculoso, casi tenía el doble de mi tamaño, y aún así su rostro reflejaba un matiz aniñado. -
- Sí, es este. Llegará pronto, siempre llega con unos minutos de retraso. -
- Gracias. - dirigió su mirada a mí, extendiendome la mano mientras se presentaba. - Hola, soy Emmett Cullen. -
- Encantada. Soy Bella Swan. Es la primera vez que te veo aquí, yo también voy a la universidad. ¿Eres nuevo? -
- Sí. - contestó con una amplia sonrisa. - Se supone que tenía que haber empezado con mis hermanos hace dos meses, pero mi familia decidió tomarse un par de meses sabáticos. Hoy es mi primer día, y a mis hermanos les pareció gracioso dejarme tirado en casa. Hubiera cogido mi coche, pero sinceramente aún me pierdo con eso de ir por el sentido contrario de la carretera. -
No pude evitar sonreir ante ese comentario. Era americano, no cabía duda. Debí adivinarlo en cuanto le oí hablar, pero estaba demasiado entusiasmada ante la idea de que alguien que asistía a mi misma universidad hubiera entablado conversación conmigo. Normalmente todos me huían como si tuviera la peste, demasiado seria y rara para que nadie quisiera ser mi amigo. No es que me molestara, me ahorraba el trabajo de hacer amistades que huyeran cuando conocieran mi verdadero yo.
- Bueno, Bella... ¿qué estudias? -
- Psicología. Estoy en el primero año. -
- ¡¿En serio?! Demonios, es mi día de suerte. Yo también estudio psicología. Acabas de mejorar mi día, odio tener que andar buscando las clases y todas esas tonterías. Iré contigo. - afirmó sin darme oportunidad de protestar. No es que me desagradara el ayudar a alguien nuevo, el problema estaba en que sabía como terminaría todo esto. Pasaríamos unos días, puede que unas semanas, estrechando una amistad que terminaría en cuanto la gente le contara de mis rarezas y de lo bueno que sería para él alejarse de mí. Estaba demasiado cansada de las decepciones, prefería limitarme a aceptar mi destino sin rechistar demasiado.
El ruido de las ruedas del autobús me sacó de mis pensamientos. Preparé mi bonobus para mostrarselo al conductor y entré por la puerta seguida de Emmett. Era la misma rutina de siempre, hasta que la voz del conductor sonó molesta en mis oídos.
- Ey, tú, grandullón. Muestrame tu bonobus o pagame el billete. - me giré para ver que ocurríay vi la cara confusa del chico. ¿Sería la primera vez que montaba en un autobús? Le miré de nuevo de arriba abajo. Deportivas caras, ropa de marca, coche propio según él mismo había dicho, sin duda era un niño de papá. Sí, seguramente sería la primera vez que montaba en transporte público. -
- ¿Tiene cambio de 100? - preguntó como si fuera lo más normal del mundo. Todos los pasageros le dirigieron una mirada molesta, no porque estuviera retrasandoles con sus tonterias, sino por su evidente comportamiento de niño rico. Sentía pena por él, estaba tan fuera de lugar que casi daban ganas de ayudarle. Que demonios, pensé, vale más ayudarle si pretendo llegar a tiempo a mis clases.-
- Quiteme un viaje del bonobus a mí, va conmigo. -
- Está bien, pero dile a tu amigo que para la próxima se compre uno o traiga cambio o le dejaré en la parada. -
Asentí, le dirigí una mirada compasiva a Emmett y la agarré de la muñeca para que viniera a sentarse conmigo. En cuanto toqué su piel, el frío quemó en mi palma. Estaba helado, no, helado era poco. Su piel tenía la temperatura del hielo. Él se soltó de mi toque con una mirada que me pareció mezcla de verguenza, miedo y preocupación.
- Estás... helado ... - susurré, pero él no me contestó. Pasó a mi lado para sentarse al final del autobús, y se quedó mirando hacia fuera con una posición tensa marcandose en cada músculo de su cuerpo. Caminé despacio y me senté en la fila delante de él, sin mirarle, sin saber que era exactamente lo que le había molestado. ¿Era porque le había tocado? Dios mio, apenas le agarré de la muñeca, no es como si me hubiera sobrepasado con él. De nuevo estaba ahí, la sombra que alejaba a la gente de mi lado sin saber muy bien como ni porque. Me acurruqué en mi asiento disfrutando del calor de la calefacción, sería aún más agradable notar el contraste cuando llegaramos a nuestra parada.
Nuestra... como si esa palabra existiera para mí.
Siempre había un "mia" y un "suya", pero nunca un "nuestra". Yo no tenía a nadie que permitiera su uso en alguna de mis frases, hacía tanto que no la usaba que practicamente estaba tachada en mi diccionario. Desvié un poco la mirada en el cristal para mirarle de reojo. Seguía tenso y con la mente en algún lugar lejano, por más que intentaba adivinar cual era el motivo de ese repentino cambio, no lograba vislumbrarlo. Sin embargo, por alguna razón me importaba. Si realmente había hecho algo para molestarle, deseaba pedirle perdón. Yo mejor que nadie sé cuando duelen algunas cosas que para los demás parecen insignificantes, no me gusta causar ese efecto en alguien más.
El autobús se detuvo, habíamos llegado a la universidad. Me levanté con parsimonia para que viera que esta era nuestra parada sin tener que decirselo. Cuando le vi levantarse y seguirme escaleras abajo hasta volver a pisar tierra firme, me sentí un poco más aliviada. No me hablaba, pero al menos me seguía, esperando que le guiara por aquel imponente edificio que era nuevo para él. Caminé unos pasos por delante de él, con una pequeña sonrisa en el rostro, hasta que unas voces divertidas pronunciaron el nombre del chico.
- ¡¡Emmett!! Conseguiste llegar, estamos sorprendidos. - miré con disimulo al grupo de gente. Una chica y dos chicos. Todos hermosos, pálidos y ricos como él. Las chica haría retorcerse de envidia a cualquier modelo de las revistas. Era pequeña y esbelta, tenía rasgos dulces y aniñados, su pelo era moreno, corto y con las puntas disparadas hacia todos lados. Su belleza quitaba el aliento. Los chicos no se quedaban atrás. Uno de ellos tenía aspecto serio y rígido, casi feroz. Su silueta marcial dejaba vislumbrar un cuerpo fibroso, su rostro duro era bello y unos rizos salvajes bailaban en su cabeza. El otro, el más distante, poseía una belleza digna de cualquier caballero inglés de los libros de Jane Austin. Su pelo cobrizo se revolvía en una maraña encantadora sobre su cabeza, sus ojos de caramelo brillante eran pura tentación, su mandibula cuadrada y masculina le confería un aire maduro, y al igual que su compañero, tenía un cuerpo atletico.
No iban a pasar desapercibidos, eso lo tenía bien claro.
De pronto, mi inseguridad creció de nuevo haciendo que me escapara hacia algún punto del campus. No quería estar en medio de tanta belleza, solo me haría sentir peor. Total, si esa era su familia, yo no tenía nada que hacer a su lado. Ellos se encargarían de ayudarle con lo que necesitara. Mi trabajo había acabado antes de empezar. Con un poco de suerte, ni siquiera se molestaría en hablarme más y me ahorraría las excusas tontas con las que me explicaría porque ya no necesitaba nada más de mí.
" Acabas de mejorar mi día, odio tener que andar buscando las clases y todas esas tonterías. Iré contigo." recordé sus palabras con una sonrisa amarga. Como si yo pudiera tener esa suerte, como si pudiera encontrarme a un compañero de clase en la parada y convertirme en su amiga así de fácil.
* * *
Emmett PV
Aún no podía creerlo, ¿cómo había sido tan descuidado? Dejé que esa niña me tocara sin hacer nada por evitarlo. El frío de mi piel no era algo que se pudiera ocultar, ni explicar con simples palabras. Estaba tan asustado de que se pusiera a gritar "monstruo" allí mismo que casi me bajo del autobús.
Sin embargo, nada pasó. Fui yo quien se comportó de manera vergonzosa y me alejé de la muchacha dejandola totalmente confundida. Aún con todo eso, pude notar como me esperaba al llegar a nuestra parada, como caminaba más despacio esperando que la siguiera. No estaba asustada. Quizás esta bendita mañana de invierno había hecho que achacara mi frialdad al clima. Después de todo yo no llevaba paragüas, ni demasiada ropa de abrigo. Sí, seguramente esa fuera la explicación que le dio en su mente.
- ¡¡Emmett!! Conseguiste llegar, estamos sorprendidos. - gritó Jasper con tono burlón. Alejé mis ojos de Bella durante un momento y les miré con un cabreo impresionante. -
- Muy graciosos. Carlisle casi me mata cuando me vio en casa después de que os hubierais ido. Pensó que iba a saltarme el primer día, como si no estuviera bastante molesto de que nos tomaramos esos dos meses para irnos a Denali. -
- Vamos, has llegado, ¿cuál es el problema? - intervino Edward con su acostumbrada poca paciencia. -
- Podeís dar gracias a esta chica, sino fuera por ella seguramente seguiría en la parada. - me giré para buscarla con la mirada, pero ya no estaba allí. ¿Dónde se había metido? Estaba a cuatro metros de mí hace tan solo un minuto.-
- ¿Chica? ¿Qué chica? Creo que la falta de novia te está afectando. -
- No es eso, Jasper. Había una chica, demonios estaba aquí. Me indicó el autobús y me pagó el viaje. -
- Si hablas de la chica que iba delante tuyo, se largó corriendo. Creo que la has asustado. - bromeó Alice sin saber cuanta verdad podían esconder sus palabras. Me golpeé mentalmente por ser tan estupido. Nunca me había permitido mostrarme tan amistoso con un humano, ¿por qué lo había hecho ahora? Su gesto triste me había atraído de alguna manera, me despertaba el deseo de saber el porque de esa curva descendente en sus labios. No es que me interesara esa chica en el sentido romantico del asunto, era más algo protector, algo como lo que sentiría si Alice estuviera en peligro.
Miré a mi alrededor y olfateé el aire. En seguida noté su olor, esa mezcla entre el aroma de las orquideas de invernadero y el olor a frío de la nieve. Notaba el rastro como un hilo de color rojo que recorría el campus en dirección a la entrada, lo veía. Más tarde la encontraría, después de todo estudiabamos lo mismo. No sería díficil acercarme de nuevo, entablar conversación y calibrar lo asustada que pudiera estar de mí. Sólo había sido un toque a mi piel fría, no podía ser tan grave.
- Oh-oh. -
- ¿Qué pasa, Alice? - preguntó intrigado Jasper. -
- He tenido una visión. Emmett... y esa chica. La veo siendo una de nosotros, muy cariñosos el uno con el otro. -
- ¿Qué has hecho? - la molestia y la preocupación en la voz de Edward era demasiado evidente para pasarla por alto, pero yo estaba demasiado impactado por las palabras de mi hermana. ¿Esa muchacha iba a terminar siendo una de nosotros? Y más aún, ¿ella y yo ibamos a... ? No podía imaginarlo, me resultada demasiado irreal. Solo había cruzado cuatro frases con ella, nada más. No es como si hubiera tenido un flechazo, no era como eso ni lo más mínimo.-
- Es extraño, esta visión es muy firme. Lo noto... -
- No digais eso. La he conocido hace 20 minutos, solo he cruzado unas pocas palabras con ella. ¿Por qué iba a convertirla? -
- ¿Te gusta? - preguntó Jasper. No contesté, me limité a llenarme de esa agradable sensación calida que me traspasó cuando me agarró por la muñeca. No había tocado a un humano en decacadas, ya no recordaba lo placentero del calor de la sangre. No de la manera en que la siente un cazador que se alimenta de ella, sino como alguien frío que conseguía robar un poco de calor a su cuerpo. - Oh, dios, puedo notar ese placer.... Definitivamente le gusta. -
* * *
Bella PV
Mi incosciente deseaba que ese chico se acercara y me hablara de nuevo. Esperé ansiosa en mi primera clase a verla aparecer, pero no lo hizo, y lo mismo sucedió con la segunda y la tercera. Cuando llegó la cuarta clase me di por vencida. Otra vez apareció en mi pecho la grieta seca que se desconchaba hasta pelar mis costillas con un dolor lacerante. De pronto me encontré a mi misma luchando por cubrir mi corazón desnudo, deseosa de poder acuclillarme en algún rincón oscuro y llorar desconsolada. Volvía a hundirme en un nuevo ataque de ansiedad, odiaba lo frecuente que se estaba volviendo, me impedía rescatar la poca normalidad que me quedaba.
Miré el reloj, me quedaba una clase más, pero sabía mejor que nadie que no podría afrontarla con normalidad. ¿No era ironico? Estaba estudiando para ser psicologa, pero mi cordura brillaba por su ausencia. ¿Cómo ayudaría a nadie, si no era capaz de ayudarme a mi misma? El timbre sonó anunciando el comienzo de la siguiente hora, corrí por el pasillo deseosa de alcanzar la puerta antes de que algún profesor me viera, no estaba en condiciones de dar explicaciones.
La lluvia y el frío me golpeó el rostro con una fuerza feroz, me había olvidado el paragüas, pero la humedad empapando mi cuerpo me aclaró las ideas. La sombra se alejaba poco a poco de mí, respirar se hacía más fácil. Miré al cielo dejando que las gotas heladas resbalaran consoladoras por mi rostro. Después de un minuto enfriando mis emociones, volví a correr con todas mi energías, sin un rumbo fijo. Dejaría que mi mente se volviera loca por un rato, luego tomaría de nuevo las riendas y me daría una ducha rápida en casa antes de irme a la biblioteca infantil. Solo esas inocentes criaturas eran capaces de alejar mis demonios, si por mí fuera viviría allí, rodeada de ellos. Era el único lugar seguro en el mundo.
Corrí, corrí y corrí. Estaba helada, pero mis músculos ardían. Era agradable esa contradicción. El ruido de mis pies chapoteando en las pozas, mi respiración jadeante y los truenos de la tormenta, eran todo lo que podía procesar. Mi cuerpo se movía tan rápido que no era capaz de pensar en que parte estaba moviendose en ese momento, tan rápido se movía que no fui capaz de frenarlo aún cuando vi como un coche se dirigía hacia mí. En las películas dicen que estos momentos suceden a cámara lenta, pero en mi mente fue todo lo contrario. Así como yo me había movido a toda velocidad, ese fue el ritmo que siguió predominando cuando algo me agarró por la cintura y tiró de mí con fuerza hasta dejarme aturdida, sentada en el asfalto y con una extraña sensación de incomprensión.
- ¡¿Estás loca?! Ese coche casi te hace puré. - reconocí la voz incluso sin apartar la vista del coche que hacía sonar el claxon con fuerza. Era ese chico que había alterado mi día, era Emmett. Mi cuerpo tembló fruto de los retorcidos pensamientos que me llevaban asaltando desde que lo encontré en la parada. - ¿En qué demonios pensabas? -
- No me he dado cuenta, ¿vale? Mira, te lo agradezco mucho, pero no es asunto tuyo. - mi voz sonó mucho más dura de lo que hubiera deseado, pero no me importó. Estaba cubriendome con una coraza para protegerme de la decepción, no era el día más adecuado para ver un nuevo rechazo, no podría soportarlo. Sus ojos bailaron nerviosos por mi cuerpo, parandose en una de mis manos. Confusa por la intensidad de su mirada y su gesto torcido, levanté la mano y la giré. Tenía un raspón en la palma, nada serio, pero si molesto.-
- Joder ... - farfulló. - ... huele demasiado bien. - la última parte apenas fui capaz de entenderla, estaba segura que había escuchado mal, no tenía sentido. Habló tan bajo y tan rápido que mis oídos debían haber captado apenas el sonido de sus labios al moverse.
Me levanté del suelo mirando a mi alrededor. Varias personas nos miraban entre curiosas y horrorizadas por lo que podía haber pasado, a mí solo me preocupaba haber hecho una vez más el rídiculo a causa de mi torpeza. Me sacudí la ropa tratando de librarme de la suciedad de mi trasero, pero no había demasiado que hacer, la lluvia no ayudaba lo más mínimo. Un suspiro más parecido a un lamento se escapó de mi boca sin permiso, consiguiendo que él me mirara preocupado.
- ¿Estás bien? No te habré hecho daño al apartarte, ¿verdad? -
- Estoy bien, en serio. ¿Y tú? - sonrió ante mi pregunta, como si fuera algo gracioso. -
- Perfectamente. Soy un tipo duro. -
- Ah, eso es bueno. Pensé que igual te habías puesto enfermo. -
- ¿Por? - preguntó como si no fuera una pregunta suficientemente clara. Rodé los ojos sin poder evitarlo, no sabía si quería disimular o directamente era algo lento. -
- No fuiste a clase... -
- Ah, eso ... - de pronto su incomodidad se hizo demasiado tangible para no notarla. - ... tuve que ir a hablar con mi padre. Unos asuntos de familia, mi hermana me dijo algo y... bueno, no pude ir a clase por eso. - La incomodidad dejó paso al nerviosismo. No era díficil darse cuenta que, fuera cual fuera el asunto, era serio, y que no pensaba decirmelo. Tampoco nos conociamos lo suficiente para ello, así que no me importaba. Y sin embargo, por alguna razón me importaba. - Y tú, ¿qué hacías corriendo como una loca por la calle en medio de la que está cayendo? -
Contuve el aliento buscando una explicación que no me hiciera parecer una loca. No era cuestión de explicarle que, mi absoluta soledad, me había convertido en un ser tan desquiciado que terminaba con un ataque de ansiedad a la mínima. Explicarle la complejidad del agujero que crecía en mi pecho no era posible con palabras. Ni siquiera yo misma lo comprendía del todo, solo sabía que crecía desmesuradamente cuando alguien entraba en mi vida para salir con rapidez. Mi cordura era una seria duda que ni yo misma podía desvelar.
- Tenía prisa. - dije sin pensar. Inmediatamente me golpeé mentalmente por no elaborar algo mejor, no era nada convincente, pero él pareció tragarselo sin demasiada duda. -
- ¿Quieres que te lleve? Tengo el coche cerca, y estás empapada. -
Sopesé la idea de negarme, no porque tuviera miedo de irme con un práctico desconocido, sino por la separación después de acercamiento, pero cuando un escalofrío polar traspasó mi cuerpo, me di cuenta de que cogería una pulmonía si iba a casa andando. No me gustaba lo más mínimo el extraño sentimiento de interés que me creaba ese chico enorme, no quería saber el porque de esa sensación. Sin embargo, no tenía sentido resistirse a algo que realmente necesitaba.
- Gracias. -
Me contestó con una amplia sonrisa totalmente sincera, y mi corazón dolió por la falta de costumbre. Hacia demasiado que nadie me sonreía de esa manera, demasiado para recordarlo de manera agradable. Con paso lento me guió hasta su enorme jeep color azul marino, me ayudó a subir al asiento del acompañante y nos dirigimos a mi casa. Un par de indicaciones de mi parte, y allí estabamos, frente al nido de mis negros sufrimientos. Hermoso en su constucción, horrible en el cariz que le daban mis demonios internos.
- ¿Quieres subir y secarte un poco? - pregunté sin saber de donde salía mi voz. Me avergoncé de pronto por haber dicho aquello, aunque era muy tarde para echarme atrás. Después de todo él me había salvado y me había traido a casa bajo el abrigo de su calida calefacción. ¿Qué importaba un poco de amabilidad? Dentro de un rato él desaparecería por la puerta y yo volvería a mi mundo solitario donde solo yo existía.
CONTINUARÁ...