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Diclaimer: Axis Power Hetalia no es de mi propiedad.
Advertencias: Sadismo.
Personajes: Rusia, Francia.
Palabras: 457
Resumen: Había llegado su oportunidad. “Te mataré, Francia” dijo, con una gran sonrisa sádica de oreja a oreja.
-Te mataré, Francia –dijo Rusia, con una gran sonrisa sádica de oreja a oreja.
Le divertía tanto ser la causa de la desgracia del francés. Ver su rostro molesto, comprimido por el esfuerzo, sudando cada gota para lograr escapar de él. En vano. Lo había acorralado como un lobo a su presa, y ahora la pequeña oveja se mostraba indefensa ante sus dientes de depredador.
Como única arma sostenía un cuchillo lo suficientemente grande para desgarrar la carne en porciones considerables. Se lo había sugerido Bielorrusia, cuando preguntó cuál sería la mejor forma de destruir paso a paso la humanidad del francés. No había tenido tiempo de probarlo, daba igual. Todo había sucedido demasiado rápido. Y Francia ni sabía dar una pelea decente.
Se rió, controlando que la euforia no le hiciera perder su control. Aquella oportunidad era única. Se relamió los labios de puro placer.
-R-Rusia, no… -rogó Francia, con lo que quedaba de su voz. Luego, no dijo más. Se quedó petrificado ante la expresión misma del otro, con los ojos brillantes pidiendo sangre y la mueca de goce tan plasmada en sus facciones.
Sus piernas se quebraron. Fue a parar al suelo y, como hombre sabedor de sus pocas oportunidades de escapar, agachó la cabeza, esperando que Rusia fuera benévolo y le diera la muerte pronto.
Esperó demasiado. Rusia quería alargar el sufrimiento. Cortaba en pedazos pequeños. Primero los brazos, hasta desprenderlos del cuerpo y luego las piernas, donde no logró separarlas por completo sino que quedaron trozos adheridos. La sangre los manchó a ambos. Ensuciarse de Francia consistía en una delicia para Rusia.
Francia no dijo nada, increíblemente. Se mantuvo en un silencio resignado, cansado.
-Es que no quiero despedirte tan pronto –se explicó Rusia, mientras le abría el estómago-. Eres uno de los que más me agrada, ¿sabes?
Francia no le respondió. Rusia se exasperó un poco. Sin gritos perdía cierta gracia.
-¿No vas a hablar, amigo mío? –le reprochó-. Entonces ¿para qué tienes lengua? ¡Cosa inútil! Ya sé, te la cortaré también…
-¡No, no, no! –gritó Francia, rompiendo su mutismo-. ¡Todo tiene un límite! ¡Mátame de una vez! ¡Al cabo que detesto esto!
-¿Eh? Pero así no es divertido… -repuso Rusia.
Francia se levantó, con cierto aire indignado.
-Aquí tú eres el único que se divierte. Me voy –dijo, soltando el control del videojuego.
Rusia lo observó irse, un tanto decepcionado de no haber acabado la partida. Dio un suspiro y se volvió a la pantalla del televisor. El personaje de Francia seguía muriéndose y el suyo aún sostenía el cuchillo. Bueno, pues entonces seguiría jugando sin él.
-Qué tonto, es como si no se hubiera dado cuenta que esto sirve perfectamente como simulador, kolkolkol… -dijo, riéndose.
Siguió despedazando a Francia.
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