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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » Al final del Pasillo

Lover.Worm.
Author of 12 Stories

Rated: K+ - Spanish - Horror/Suspense - Harry P. & Hermione G. - Reviews: 4 - Published: 07-04-09 - Complete - id:5189754

N/A:Hola a todos!

Aquí traigo, al fin, mi One Shot de terror.

Bueh, intento de terror. Es medio drama, medio suspenso, no lo sé, una mezcla rara.

Ustedes ya conocen mi estilo, bien raro y loco.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Exepto el pájaro, yo lo compré (?).

Dedicación: A la bella APHH.


Al final del pasillo.” H/Hr. One Shoot de Terror.

No mires a los búhos a los ojos. Mientras sigas esta regla, tu vida continuará.

¿Cuánto tiempo llevaba allí? Una semana, un mes, talvez un año. Los segundos habían dejado de tener valor cuando comencé a escuchar. No, no escuchar como tú escuchas, escuchar de verdad. Escuchar lo que parece no sonar. Ver lo que parece no estar.

Siento una mano en mi hombro. Sé que le pertenece a ella, porque siento su calor. No me volteo, sólo permanezco abrazando mis piernas en el suelo helado de la habitación. ¿Para qué mirarla? Ya conozco sus facciones de memoria, y siento su aliento impregnado en mi mejilla.

Prometí que la salvaría, prometí que saldríamos ilesos de aquel embrollo. Claro, ahora comprendo que no fue así. Desde aquel maldito campamento en el bosque, nuestro destino fue elegido. Y nuestro destino era morir en vida.

Una mosca corre zumbando frente a mis narices. El aroma moribundo las atrae, sin duda. Miro la cicatriz trazada sobre mi mano, atravesando mi piel con su rojo pincel. Mi mente se traslada atolondrada, remontándose a la noche en donde se creó. La noche en la que perdí todo. La noche en la cual morí.

Los remolinos de fuego crepitaban sobre la leña frente a nuestras tiendas de campaña. La cena había resultado agradable, pero la medianoche se acercaba y el sueño no había asomado su figura. Excepto para Ginny y su nuevo novio, que ya desaparecieron tras el umbral de la tienda con la excusa de “dormir”. Harry, Ron y Hermione estaban acurrucados frente al calor de la fogata, acariciando la luz de la luna.

Ron se levantó, y desperezándose, estirando sus brazos hacia atrás, comentó:

-Hey, no es que me aburra mirando el fuego, pero necesitamos hacer algo. Vayamos a explorar el bosque.

-No, gracias. –Dijo Hermione arrugando los labios- Prefiero hacerlo mañana temprano, a la luz del día.

-¿Por qué? ¿Tienes miedo? –La incitó el pelirrojo, torciendo la boca en una sonrisa burlona. Harry no se inmutó, imaginándose la corriente que tomaría la conversación.

Cinco minutos luego, nos hallabamos en la profundidad del bosque. La luna llena nos acariciaba con sus dedos plateados, mientras recorríamos el territorio, caminando sobre las hojas en el suelo. Típico de un día otoñal.

Crack. Crack. Crack. Crujían las hojas.

Durante media hora observamos el vacío extendido en el ecosistema. Un búho nos observaba con pereza desde lo alto de un árbol. Sus ojos enormes y amarillos irradiaban misterio sobre nuestro semblante burlón. Charlamos acerca de los planes para el día siguiente. Ir a pescar a un lago cercano, talvez. Preparar un picnic, talvez. No nos imaginabamos que una situación de lo más normal, puede cambiar a impresionante en tan poco tiempo.

Crack. Crack. Crack.

Llegamos a una cabaña de madera. La estructura se levantaba inestable entre los matorrales. Construida por una sustancia bastante añil, su consistencia se había degradado notablemente. El búho había atravesado el cielo para posarse en la parte más alta de la casa, que de por sí era muy baja. Continuó hechizándonos con su mirada, como advirtiéndonos de un peligro mortal. Ron sonrió animadamente, en respuesta. No iba dejarse convencer por un tonto pájaro. Nos detuvimos.

Ckack. Crack. Crack.

Nos volteamos inmediatamente, pero no encontramos nadie detrás. ¿Quién estaba provocando que las hojas crujieran?

Intercambiamos miradas y, sin decir una palabra, nos adentramos en los interiores de la casa. Nuestra curiosidad era mayor que nuestro sentido de la intuición. Valores humanos muchas veces negativos.

La cabaña no tenía mejor apariencia por dentro que por lámpara, encendida desde Dios sabe cuando, iluminaba el pasillo en el que nos habíamos metido.

Encontramos una puerta y la atravesamos, para dar con otra habitación bastante pequeña. Cuando nuestros ojos se acostumbraron a la oscuridad, debido al encierro que no permitía la entrada de la luz de la luna, vislumbramos una una cama en una esquina de la cabaña. La cama estaba cubierta por un manto de polvo, y la ceguedad no nos permitió observar más. Me encogí, y suspiré, guardando el calor de mi aliento entre mis manos. ¿Era normal que hiciese más frío dentro de la cabaña que fuera?. Escuché como el búho ulula desde la puerta, y un escalofrío recorre mi columna vertebral.

Luego sentí una mano sobre la mía. Desde hace unos días Hermione estaba insinuándome, y supuse que algo entre nosotros pasaría. Le devuelvo el apretón de manos, y no puedo evitar sonreírme.

-¿Ya podemos irnos? –Oí la voz de Hermione desde la otra esquina de la habitación, completamente alejada de mí.

¿Entonces quién…? Inmediatamente cuando este pensamiento atraviesa mi mente, la mano desconocida me soltó, acompañado de un quejido de sorpresa. Meneé la cabeza, autoconcientizándome de que aquella mano nunca me tocó. Sólo eran inventos míos.

-Está bien. –La consientí. No me faltaban ganas de marcharme de allí.

En la oscuridad lanzé manotazos hasta encontrar su brazo. Me aseguré de que le pertenezca, y carraspeé la garganta para preguntar:

-¿Ron?.

Fue como hablarle al aire. Nadie me contestó. Intenté nuevamente unas cuantas veces más, hasta que creí necesario que nos marcharamos de todas maneras. Pensamos que se habría ido solo, incitado por el miedo. Pero al dar un paso oímos un estrépito en toda la habitación. Fue como un martilleo en nuestros tímpanos.

La puerta estaba cerrada.

Tanteé hasta ella para intentar abrirla, y en unos segundos Hermione llegó hasta mí para ayudarme. Busqué una manija de la cual estirar, pero no la encontré. Tampoco hallé algun relieve más superficial del cual tirar para abrirla. ¿Porqué rayos no traje una linterna?

-Es inútil, Harry.

Su melodiosa voz me calmó. Al detenerme tan bruscamente de mis esfuerzos me mareé y tomé un lugar en el suelo. ¿Qué posibilidades había, de que nos encuentren vivos, encerrados en una cabaña abandonada en el bosque?.

No volvimos a ver a Ron. ¿Habrías sido él la persona que me tomó de la mano? ¿Quiso decir algo, y no pudo?. Sólo sé que al día siguiente, en mi mano estaba tallada una cicatriz.

La puerta sólo quedó cerrada aquella noche. Tuvimos que compartir la pequeña cama. Al menos uno dormía en brazos del otro. Al despertar, la puerta estaba abierta. La oscuridad reinaba, como de costumbre, a pesar de la hora que fuese. Recuerdo haberme arrastrado hasta el umbral, y observar al búho, nuevamente posada en lo más alto de la estructura, allí, al final del pasillo. En la salida.

Al menos veinte veces habré intentado cruzar el pasillo para salir. Nunca lo lograba. Los ojos del búho me paralizaban. Siempre fijos sobre mí, como hechos de piedra.

Y aquí estoy. No sé en que fecha me encuentro, que momento del día es, y en que lugar estoy. Hasta comienzo a dudar sobre qué rayos soy. ¿Aún sigo vivo? ¿Es esto el infierno, acaso?

La miro. Mejor dicho, miro la sombra oscura que le pertenece. Ya no recuerdo lo que es la luz. Le susurro lo más fuerte que mi garganta llega un perdón, habíamos machacado las esperanzas de unas bonitas vacaciones con la tonta aventura de demostrarnos lo “valientes” que éramos.

¿En qué fecha me encuentro? Los segundos no transcurren cuando estás muerto.

¿Qué momento del día es? La muerte es una noche eterna.

¿En qué lugar estoy? En la habitación al final del pasillo.

¿Qué rayos soy? Nada.

Porque cada vez que el búho ululaba, sentía que moría. Cada día sonaba más como un grito desgarrador. Un grito de pena. Un grito de muerte.

Humedezco mis labios como puedo, con la lengua. Una persona no sobreviviría tanto tiempo sin una pizca de alimento. Esto, por supuesto, sólo fue una confirmación de mi teoría. ¿Aún sigo vivo?

Hermione apoya su cabeza en mi hombro, mientras un quejido se escapa entre sus labios. Acaricio su cabello con sorna, mis músculos estaban tan adoloridos por aquella cama duray la congelada habitación, que moverlos dolía a montones.

-Harry… no resistiré mucho…

Supe que, más que una intuición, era un aviso. El final se acercaba, no había vueltas que darle. La saliva no me era suficiente para darle alguna palabra de aliento. Solo seguí acariciando la enredadera de su cabello despeinado, rozando las últimas esperanzas de vivir. Tres oportunidades, sólo tendría tres oportunidades.

-Sólo quiero que sepas que… te amo.

Mi mano flotaba en el aire al oír esta noticia, mientras un nudo se formaba en mi garganta. No podía. Simplemente no podía dejarla morir así.

El búho ulula por primera vez.

Parpadeo un segundo, y sentí un peso caerse sobre mis piernas: Mi castaña estaba inconsciente. La tomo entre mis brazos, y de la manera más ágil que puedo, me pongo de pie. Salgo de la habitación. El búho sigue allí. Pero debo cruzar, debo salvarla. Tiemblo de pies a cabeza, tanto que mis lentes pronto irían a resbalar de mi nariz. Me congelo una fracción de segundo, hasta que avanzo a través del pasillo. El ave sigue consiente de mis actos , acechándome con su mirada, no cabía duda de que me saltaría encima en cualquier momento.

Pero no lo hizo. Cruzo el pasillo sin ningún inconveniente, salvo la sacudida que daba mi cuerpo. Atravieso el umbral, milímetros junto a los terribles ojos del animal. Observo, por la luz de la Luna, que era apenas el anochecer. O talvez el amanecer. Dejo a Hermione suavemente sobre el pasto, y me derrito con sus pequeños ojos cerrados, preguntándome si alguna vez volvería a abrirlos. Volteo la cabeza, y noto que ya no hay ninguna alimaña al final del pasillo. Sin embargo, al volver la vista donde estaba Hermione…

El búho ulula por segunda vez.

Mi cabeza se sacude bruscamente, y por un acto reflejo cierro los ojos con fuerza. Mi cuerpo me dolía, pero al menos ya estaba a salvo de la frialdad de ese cuarto oscuro. Abro los ojos.

Hermione ya no estaba. Ni su alma, ni su cuerpo. Miro alrededor, pero la única mirada que encuentro es nuevamente la de aquel ave, allí, al final del pasillo. Sus enormes ojos se burlan de mí. Entonces…

El búho ulula por tercera vez.

Me siento quebrar. Creo que mi corazón salió de mi cuerpo, no lo sé. Si aún quedaba algo de vida en mí, este fue su adiós.

Y el ave sonríe, misteriosa y malévola. Sabe que no pasará mucho tiempo hasta que otros campantes vuelvan a caer en su dichosa trampa.

Él estará siempre allí, al final del pasillo.


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