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Diclaimer: Axis Power Hetalia no es de mi propiedad.
Advertencias: Ninguna, palabrotas, quizás.
Personajes: España, Francia.
Palabras: 789
Resumen: España tiene que proteger a su mejor amigo, pues su Reina cree que él se ha acostado con su marido. Y, tratándose de Francia, posiblemente sea cierto.
Notas: Perdonen cualquier inexactitud historica o algo (no es que esto sea muy exacto, pero por si acaso…) Y he cambiado el título, por si la página me lo censuraba. En realidad se llama "Amistad de mierda".
Mierda. Mierda. Mierda.
La mujer, tan delicada y sosegada, parecía una bestia rabiosa. Iba de un lado de la habitación a otro sin detenerse en ninguna parte. Desgarró las cortinas, con la cual se dejó meter el sol de la tarde, rasgó las sábanas de la cama más visitada de todo el castillo desde que su invitado había llegado, destrozó el armario y el espejo de cuerpo entero –Ella no era muy supersticiosa, de todas formas-, desplumó las almohadas y, cuando ya no había nada que acabar, se limitó a gritar improperios fuera de control.
España estaba en un rincón de la habitación observando sus movimientos, sin atreverse a intervenir. Cuando Juana se ponía así, le daba miedo. No sabía qué hacer para apaciguarla, en realidad el motivo de su enfado estaba más que justificado; si él tuviera una esposa o un esposo (algún día, Antonio, algún día), no querría saber que le fuera infiel. No sabría cómo manejarlo. Tal vez incluso se pusiera a romper cosas.
-¡Dónde está ese amigo tuyo, Antonio, que aparezca! –rugió la mujer y lo miró echando chispas. España tembló, odiando desconocer el paradero de su amigo, Francia, quien había ido de visita para mejorar las relaciones entre ambos países. Lo que nunca se imaginó fue que mientras mejoraban relaciones, Francia se daba a la tarea de emprender relaciones nuevas con casi todo el mundo. Incluido el Rey mismo.
La Reina salió de la habitación y España la siguió, temeroso de dejarla sola por si cometía alguna locura. Juana se dejaba llevar por sus impulsos, y si en ese impulso le daba por mandar a Francia a mejor vida, no habría nada que pudiera detenerla sin salir lastimado y ganándose una pizca de su desprecio.
Mientras la seguía, pensó en la insensatez de su amigo y la ausencia del príncipe. Seguro éste había olido el peligro y se habría dado a la huida antes de que su mujer le exigiera explicaciones. Conociendo a Felipe, se estaría escondiendo en casa de alguna amante.
España estuvo correteando a su Reina toda la tarde. Al despuntar la noche Juana se cansó de recorrer el castillo en busca de su invitado y se quedó tendida al frente de uno de los grandes ventanales, apoyando un codo en el muro y viendo hacia afuera, entornando sus ojos en la oscuridad en busca de una silueta conocida.
España la dejó allí, convenciéndose de que no haría nada grave con tal no se topara con Francia ni con su esposo. Éste ni de broma se presentaría hoy, en cambio Francia, ignorante de lo que había despertado, podría aparecer de un momento a otro. Francia podría tener muchos defectos, pero a España le agradaba y no quería verlo sufrir a manos de su Reina.
Decidió advertirle. Salió del castillo y buscó a Francia por los alrededores. A estas horas ya debería estar regresando de lo que fuera que estuviera haciendo todo el día. Por fin lo vislumbró por el camino, le hizo varias señas y Francia se acercó a él. Juntos se metieron por unos matorrales. La expresión de Francia mostraba sus intenciones.
-No te metí aquí para follar, amigo.
-¿Ah, no? –le murmuró Francia, incrédulo.
-Juana está enfadada contigo. Y ya sabes la fama que se trae. –Francia abrió los ojos, sorprendido. Debía de actuar muy bien, España estaba seguro de que ya sospechaba por qué se había enfadado la Reina-. Si te llega a encontrar, estarás en peligro mortal, Francis. Y no exagero.
-Gracias por avisarme, bon ami. Será mejor que pase la noche afuera.
España suspiró.
-Esto no hubiera pasado si… ¿En serio te acostaste con el Rey? –Francia no le respondió, prefirió admirar el claro de luna mientras le dedicaba un poema improvisado. Su reacción hablaba por sí sola-. Te aconsejo que no te aparezcas por aquí. ¿Tienes dónde pasar la noche?
-Camas es lo que me sobra, querido.
Francia se rió y España quedó un tanto confundido. ¡Eso le pasaba por estar siendo amable! ¡Después de todo lo que había sufrido por su culpa!
Francia le dio una palmada en el trasero y justo cuando iba a besarle, España se apartó. No estaba de humor para esos juegos de su amigo. Le indicó que se fuera pronto y que no lo pillara la Reina. España volvió al Castillo y soportó la mirada acusadora de Juana sobre él. Si sospechaba o no, le era imposible descifrarlo. A lo mejor tan sólo quería a alguien para descargar la ira.
Felipe y Francis tenían suerte; ellos habían escapado de la furia de su Reina. Él, en cambio, la soportaría hasta que se le pasara, y eso quería decir que estaría en tensión por un buen rato.
Amistad de mierda.
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