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Fandom: La biblia
Claim: La mujer maldita & Jesús
Disclaimer: Nada de esto me pertenece, sólo parte de la trama, y ni eso. Esto es una simple ampliación del relato bíblico.
Tabla: Desesperación
Reto Nº1: Buscando una solución que no existe
LA MUJER MALDITA
Para Retos Ilustrados
No podía tener más de veinticinco invierno—infiernos—viviendo. Su cuerpo pequeño, menudo y frágil, apenas se diferenciaba al de un niño. Su pelo estaba infinitamente teñido por suaves destellos plateados, mientras que en su rostro se dibujaba una mueca de tristeza y sufrimiento. Sus piernas flaqueaban y la falta de sangre en su cuerpo, por el flujo constante de su menstruación, hacía que la palidez de su rostro fuese fantasmagórica.
La mujer maldita, le llamaban en su cuidad natal. Ella no tenía amigos, ni conocidos, sólo su médico desde hace doce años, el único hombre que se atrevía a mirarla a los ojos. Estaba maldita, pues la sangre en el pueblo judío era signo de impureza y de maldición de parte de Dios.
Vivía en una habitación escasamente amueblada. La cama apoyada en la pared, los muebles descuidados y opacos, las paredes emblanquecidas con cal y la exigua luz entrando por una pequeña ventanilla situada en la parte superior de una pared. Todo aquello era su mundo. No había nada más afuera que ella desease, ni siquiera comida o agua.
Ella deseaba morir.
Desde hace doce años ella había muerto para le mundo, para ella misma. Estar enferma, estar maldita, era peor que la muerte. Ni con todo el dinero del mundo podrían curarla.
Un día una gran multitud pasó por afuera de su casa y ella lo supo, que él estaba cerca. Jesús, el hijo de dios, el Mesías, el salvador, Emmanuel, o como quisiese que le llamaran. Era él quien estaba pasando por fuera de su casa, el único ser que podría curarle de su enfermedad.
Se levantó de su cama suavemente. Apoyó sus pies en la tierra, aún sentada sobre las sábanas y calzó sus pies con las sandalias. Intentó ponerse de pie, pero las piernas débiles y delgadas no le permitían ponerse en pie. Cayó al suelo. Se arrastró por la tierra hasta que alcanzó la puerta.
Intentó levantarse nuevamente y sus piernas, activadas por la adrenalina, funcionaron. Caminó, arrastró sus pies hasta que estaba cerca de el Mesías. Se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de sangre.
Sintió la vida entrándole por los poros de su piel. Sintió sus ojos rejuvenecidos y su piel, antes pálida, de un tono más moreno. Sintió sus extremidades más vehementes, casi como si no hubiese estado enferma nunca.
— ¿Quién me ha toca? —dijo Jesús, y negando todos, dijo pedro:
—Maestro, la multitud te aprieta y oprime y tú dices, quién te ha tocado—pero Jesús, respondiendo dijo:
—alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.
Entonces, la mujer maldita, que había sido sanada, vino a Jesús temblando y postrándose a sus pies, le declaró a todo el pueblo porqué causa le había tocado y cómo al instante había sido sanada.
La mujer no había levantado el rostro en ningún momento, ni siquiera había visto un destello del rostro del maestro. Jesús se puso en cuclillas y levantó el rostro de la mujer.
Cuando jesús le tocó, un escalofrío parecido a la atracción le recorrió el cuerpo. Sintió pánico porque el mismísimo Dios le viese como era, pero jesús simplemente se limitó a decir:
—Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz.
¿Pero cómo podía ir en paz ahora, cuando todo parecía haber cambiado en su vida? Recordó el rostro de del Mesías; pelo largo color castaño claro, con leves ondas en las puntas. Su rostro delgado, elegante y sus ojos: color miel puro, casi hipnotizantes.
¿Cómo podía ir en paz, cuando había visto a Jesús de Nazaret, le había tocado y había hablado con él?
¿Qué os ha parecido?
Este relato va para Reto ilustrados: Buscando una solución que no existe
Morri