|
Author of 11 Stories |
Hola
Este es mi debut en el fandom de Harry Potter, es el primer fic que escribo aquí, así que pido disculpas si cometo algún error de canon ^^U. Tengo varias ideas para desarrollar después de este, que será un fic corto.
Sin más que decir por el momento:
I.
"Fue la Amortentia"
Draco Malfoy clavaba la mirada adusta en la duela encerada del suelo, ponía los ojos grises en los detalles de la alfombra de damasco o se dejaba pensar mil y un cosas para no escuchar lo que su padre parloteaba.
-Bla bla bla bla bla – eso es que lo que el adolescente escuchaba de boca del energúmeno que tenía enfrente, eso y algunas frases sueltas, para las que Draco tenía el rezongo idóneo-¡¿Pero cómo es posible que hayas hecho semejante barbaridad?!
"¡Hay papá! Ya sabes con cómo…" Y el rubio platino con cara de ángel (en eso sí se parecía a Satanás; bello y malvado), sólo pensaba sus respuestas cínicas y se aguantaba las ganas de reírse, por que si por desventura no hubiera podido contenerse para expresar lo que sentía, el bastón de serpiente pudo haberle dado unas soberanas "caricias" en el espinazo, el trasero o las piernas; su carne ya había probado la furia de la serpiente de caoba en la niñez, no quería otro altercado con ella. Entonces, hacía como que escuchaba y no, como que estaba y no, mientras lord Malfoy continuaba con el sermón de las buenas costumbres.
-¡Tu proceder ha sido tan bajo, que no tiene perdón! ¡¡Por Merlín!! ¡¿Qué he hecho yo para merecer a un barbaján por hijo?! ¡¿A un pervertido sinvergüenza ajeno a las normas sociales?!
"El burro hablando de orejas…" De pronto ante la mirada de Draco, su padre se transformó, ni más ni menos, que un Boggart víctima de un Riddíkulos, usando un vestido de su madre; con las piernas velludas y agrestes al descubierto y la cara pintarrajeada. Entonces sí, Draco volteó la cabeza para que su padre no notara la inevitable sonrisa (en su mente, todos sus represores eran Boggarts salidos de un armario).
-¡Y veme cuando te hablo, mocoso del infierno!Haber dime, ¡¿de donde aprendiste a ser tan descarado, tan impúdico?!
"¿De veras quieres que te lo diga?"
-¡Cuando!, ¡¿Cuándo has visto esos malos ejemplos en esta casa?!
"Cuando mamá y tú se encierran en su alcoba y gritan como si los estuvieran maldiciendo con Cruciatus".
-¡Y ya! ¡No quiero ver más tu cara de mustio! ¿Ya lo ves Narcisa? ¡Te dije que no lo mimaras tanto! Lo echaste a perder…
"¿Echado a peder? ¡Ni que fuera una calabaza dejada al sol!"
-¡Estas castigado y no habrá Quidditch para ti en tres meses! ¡Avisa al equipo que ya no asistirás a los entrenamientos! Hoy mismo le mando una lechuza a Snape para que te vigile y no te deje salir más allá de tu dormitorio en las tardes y noches, desde ahora, de tus estudios a tu habitación, ¿entendido?... ¡¿entendido?!......¡¿Estas sordo o que diablos te pasa?!...¡¡Contesta!!
-Es que desde hace rato me dijiste que no te contestara- y haciendo una burda imitación de su progenitor-....tu dijiste, "¡Draco, ya no me contestes!"
La marfileña cara de Lucius Malfoy se puso roja desde las mejillas hasta la frente, apretó los puños y con el dedo índice bien extendido, el brujo señaló la salida de la biblioteca a su hijo:-¡¡Sal inmediatamente de aquí, hijo de mala madr…!!
-¡¡Lucius!!- saltó indignada Narcisa desde su lugar en el gran diván. Ella que hasta ese momento había dejado que su esposo vociferara a su "retoño", y es que aunque no soportaba imponer castigos a Draco, está vez estaba avergonzada y respetaba la autoridad paterna de la que su esposo estaba provisto.
-¡No, oh por Merlín, perdóname Narcisa!… ¡es que este engendro! …¡Ya, largo de aquí!- Y casi logró patear el trasero de su hijo, de no ser por que el muchacho apresuró el paso y enjutó sus caderas.
-¡Hay por Merlín! ¡Qué como ustedes dos sigan así, voy a terminar más vieja y arrugada que un pergamino de segunda mano!
-¡No es mi culpa, mujer! ¡Es ese hijo tuyo que no respeta a nada ni a nadie!
-Disculpa, ¿mi hijo? ¿Y donde queda tu porcentaje?
-¡Bueno sí, lo admito! Yo también lo he malcriado, pero bien dicen, ¡cría cuervos que te sacaran los ojos!
Draco iba dejando de escuchar la discusión de sus padres a medida que subía las escaleras hacia su habitación, con la sonrisa en el rostro, como la de un gato que acaba de comerse a un bistec, se fue a encerrar a su alcoba. Esa noche de viernes dormiría en su casa; suspendido de Hogwarts por cuatro días (a razón de haber violado el código de ética y honor del colegio e incurrir en faltas a la moral), lo único que le apetecía era echarse en la cama y pensar en lo que había hecho…Pero lejos de que la perorata de su padre hubiera logrado en él un acto de contrición, sólo logró perpetuar los recuerdos; vivificarlos también, como una herida abierta a cual se le unta alcohol…"¡ Y lo haría con todas las muchachas bonitas de mi casa!...A lo mejor de otras también, ¿Por qué diablos no? ".
-Yo no tengo la culpa de haber nacido tan apuesto…-pensaba y cerraba los ojos, con la nuca sobre las manos entrelazadas.
¡Allí estaban las imágenes, las sensaciones…los momentos intactos! Allí estaba Pansy Parkinson entre sus brazos; los senos contra su pecho plano y la curva espalda bajo las manos. Ambos contra la pared de un viejo armario en el salón de pociones.
Tal vez pudieron escoger un mejor momento para semejantes ejercicios. A lo mejor, si hubieran sido más pacientes, en la próxima salida a Hogsmade pudieron haberse escabullido en lugar menos peligroso, pero hasta eso era excitante para ellos, el riesgo de ser descubiertos, como efectivamente, sucedió.
Aunque en esos minutos, las dos serpientes se enredaran entre sí y se buscaran las pieles enchinadas por debajo del suéter gris. Y las manos de Draco se paseaban ansiosas por las carnes convexas de Pansy, debajo de su falda tableada, en los recovecos de sus pantaletas de organza y seda guinda, tan diminutas que a veces dejaban muy poco a la imaginación. Eran las sensaciones más inefables y inverosímiles que ambos hubiesen sentido: la magia que se enciende en los calderos de la adolescencia azuzada, esa, a la que no le hace falta ni un miserable mililitro de Amortentia para estallar como la pólvora y el fuego juntos.
-¡Cállate, cállate! No hagas tanta ruido…- le decía él con la respiración cortada- no me empujes tanto, no…
Pero las manos de Pansy, se deslizaron por adentro de sus pantalones y él no pudo evitar irse de espaldas y delatarse en ese, tan estrecho espacio del armario, entre cuadernos usados y calderos viejos.
¡Pom, pom…pom, pom, pom! Golpes en la puerta, golpes y movimientos que irremediablemente atrajeron la atención, y para cuando Filch abrió de golpe, Draco se fue de espaldas y cayó al suelo con Pansy encima…En la caída, casi despanzurran a la señora Norris, que había dado la voz de alarma restregándose contra la guarida lujuriosa.
Las manos de Draco aún estaban dentro de las pantaletas que suplicaban tregua por el riesgo de romperse…Las largas falanges masculinas se aferraban a las nalgas turgentes de la princesa slytheriana como a la snitch dorada en una eliminatoria de campeonato. Mientras que Pansy, ella mantenía la mano curiosa en la intimidad y calidez de Draco y los ojos se le tornaron bobos y espantados al saberse descubierta.
Los ojos enrojecidos del celador se abrieron como si fueran a salírsele de las cuencas y cuando apenas Draco le hacía suplica que se callara, comenzó a dar voces de alarma que atrajeron a un ato de curiosos al laboratorio; muchachos de todas casas y años llegaron para rodear a la pareja que ya sentada en el piso, pudibunda acomodaba con premura sus arrugadas ropas. Ni que decir que los chicos se rieron con malicia y burla, las chicas no pudieron evitar sentir pena ajena y se sonrojaron.
Pansy trató de acomodar los cabellos desenredados. Muriendo de la terrible vergüenza estuvo a punto de romper a llorar; poco le falto para dar alaridos como cría de mandrágora, pero su dignidad slytheriana la ayudó y sólo dos gruesas lagrimas surcaron sus mejillas al rojo vivo.
Lo peor vino cuando acudió MConagall, Snape y también, por supuesto, ¡no podían faltar! Harry, Hermione y Ron (¿Por qué esos tres siempre estaban presentes cuando ocurría algo interesante?) que vieron la escena como un ratón contempla el castigo del gato cruel que los ha atormentando desde siempre. Draco clavó la mirada punzo cortante en sus Némesis y vio como Harry y Ron se cruzaban de brazos y movían negativamente la cabeza, con una sonrisa maliciosa en los labios.
-Parece que tiene dificultades para contener la influencia de sus hormonas…Señor Malfoy- dijo Snape sin una sola expresión el rostro (como siempre) y sin ningún énfasis.
Pero Draco agradeció que él no se sumara al escándalo que estaba a punto de hacer MConagall. La líder de Grynffindor fue a levantar a Pansy de la mano y a mirar a ambos como si fueran las más desagradables criaturas en el mundo mágico.
Entre ambos lideres, acordaron llevar a los culpables ante Dumbledore y acabar con el espectáculo que ya rebozaba en cuchicheos y risas de los espectadores.
-¡Póngase de pie, señor Malfoy! Van a acompañarnos…
Y Severus alzó a Draco por el cuello de la camisa y lo sacó del laboratorio, detrás de MConagall que se llevaba a Pansy tomada por la muñeca. Un alarido de chiflidos los despidió…
-¡Y ustedes regresen a sus ocupaciones!- les gritó Snape con voz marcial, y todos se callaron al punto.
Todos menos Ron, que no se aguantó las ganas de decir:-¡Parece que después de todo pudiste superar la excitación al estar dentro de los pantalones de tu estupido amigo y no volverte marica, hurón botador!
Y carcajadas se produjeron, pero Draco se volteó y antes de que Snape lo sacará del laboratorio, alcanzó a gritar:-¡Y tu deja de correr al baño después de estarle fisgoneando el trasero a Granger…infeliz comadreja!
Entonces sí, a Ron se le secó la cara en un gesto de vergüenza mientras que Hermione lo miraba boquiabierta y furiosa: Draco resultó ser mejor observador de lo que pensaban.
En la oficina de Dumbledore todo fue más de lo mismo. Sentados ante la presencia del solemne director, el viejo mago escuchó de boca de ambos profesores lo ocurrido, eso y el testimonio de Filch que llegó abrazando y acariciando a la señora Norris. Pansy lloraba de vergüenza en silencio, con la mirada clavada en su regazo. Draco hacia como que Merlín le hablaba y como que observaba los retratos colgados y se encomendaba al de Salazar, pero estaba desando convertirse en cenizas, semejante al Fénix del despacho.
-No vamos a convertir este percance en un festín morboso- dijo Dumbledore acariciándose la barba- Minerva, tú sabes que estás cosas pasan, es común entre los muchachos dejarse llevar por la juventud y las impertinencias del amor.
MConagall asintió, recordaba más de un suceso parecido y comprendió lo que Dumbledore le quería decir.
-Pero no puedo exentarlos de un castigo. Severus, eres el jefe de su casa, ¿qué aconsejas tú? ¿Qué castigo propones?
-Si me lo pregunta, yo diría que unos días de detención estarían bien.
-Pero muchos fueron testigos de lo que pasó…
-Sí, Minerva, tienes razón…será mejor que los suspendamos por una semana entera, ¿estás de acuerdo Severus?
-Que sean sólo tres días…
-Cinco
-Cuatro
-Hecho.
-Ahora, antes de cerrar este caso, ¿tienen algo que decir en su defensa?- preguntó Dumbledore.
Pansy ni levantó la cabeza, sólo la movió negativamente. Draco, miró a los tres profesores y dijo con un gesto de inocencia y desconcierto bien fingido:
-¡Fue la Amortentia!
Después de que mandaran lechuzas para dar los avisos, los padres llegaron a Hogwarts, Lucius con polvos Flu, se apareció en la chimenea de la sala común de Slytherin y limpiándose las cenizas de la capa, se fue echando rayos y centellas camino al despachó, apretando en el puño el bastón de serpiente. Y Dumbledore le dio la queja en su mera presencia y luego el mismo señor Malfoy (que lo que más odiaba en el mundo era verle la cara al director), se llevó a Draco arrastrando por la oreja y llegaron a casa más pronto que rápido y lo acusó con "mamá Cissi", a la cual no le quedó más remedio que admitir que Draco está vez merecía un castigo.
Y después de pasar sus recuerdos uno tras otro, las pestañas de Draco se pegaron unas contra otras y se quedó suspirando profundamente, dormido en su cama. No escuchó cuando mamá Cissi llegó, sin vencer la tentación de ir a arropar a su hijo, como si este fuera aún un niño de cinco años, entró a su habitación para observarlo dormir unos minutos: le gustaba hacerlo por que veía en el rostro tranquilo de su único hijo, un ángel, uno que según ella nadie más podía hallar, por que siempre estaba oculto bajo la mascara de la indolencia, el desprecio y la petulancia.
-Yo se que no eres malo, Draco…tú sólo has obedecido…Sí, así como obedecí yo y obedeció tu padre al suyo…
"¡Que jóvenes éramos entonces!". Narcisa vio a su esposo, muchos años más joven, lo vio en ese rostro de poco más de una década de edad que dormía como si no debiera nada en el mundo.
Ella le beso la frente y con su varita hizo cerrar bien las cortinas para salir lo más silenciosamente posible de la habitación. Cuando bajó de nuevo, se encontró con un Lucios más calmado, que ahora sorbía una copa de coñac. Ya relajado en uno de los divanes de la estancia principal, ante el fuego de la enorme chimenea. Se sobaba las sienes y pensaba. Narcisa se sentó a su lado.
-No, por supuesto que no fui lo suficientemente duro con él.
-No iba a decir nada al respecto.
-A veces me pregunto…que tanto se parece Draco a mi…- expresó Lucius.
-Y yo me lo preguntó siempre llegando a una misma conclusión; lo poco que le ha faltado a mi hijo para pacerse a su padre, el mismo se ha esforzado por imitarlo.
-No me mires así Narcisa, mira que desperfectos causa ahora…No se que vamos a decirles a los Parkinson.
-¿Tan grave fue el asunto?
-Fue una ofensa al honor…
-Pansy es coqueta, me lo han dicho.
-El hombre es el que se tiene que disculpar, en este caso, como muchos otros cuando algo parecido sucede, como cuando…-Y en ese momento Lucius se quedo quedó callado, sus ojos grises centellearon y cambiaron de expresión pues de fríos pasaron a ser cálidos y fervorosos, por que mientras pasaba los dedos por las rodillas de su esposa hasta llegar a los muslos, un recuerdo algo extraviado y polvoroso atravesó su cerebro y lo dejó inmóvil unos segundos.
-Ofensa de honor…-espetó Narcisa- ¡Ay Lucios! ¡quien te viera!
-¿Te acuerdas, Cissa?- preguntó el mortifago con la mirada perdida, pero sin quitar la mano de la pierna de su mujer - ¿Tú también te acuerdas?
Como comunicados sin palabras, Narcisa también vio clara la memoria. Entonces, ambos se miraron a los ojos y sin necesidad de extraer el recuerdo con la varita, se sintieron de nuevo atrapados en la visión de su época, en los pasillos y lugares del colegio de magia y hechicería. Narcisa suspiró hondamente viendo a su esposo como el mago más sensual sobre la faz de la tierra, y con una vos ronroneante le dijo coqueteando , como solía hacerlo cuando tenía quince años:-¡Ay Lucios, quien te viera!
Continuará....