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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Hetalia - Axis Powers » Amor de mi vida

Alega Dathe
Author of 66 Stories

Rated: K - Spanish - Humor/General - Canada & France - Published: 10-31-09 - Complete - id:5479512

Diclaimer: Axis Powers Hetalia no es de mi propiedad.
Pareja: Francia, Canadá.
Palabras: 917
Resumen: Canadá sentía que Francia se estaba aprovechando de sus intenciones. Nada serio. Roza el crack.


Habían quedado a las nueve en un café de París, con el propósito de desayunar y luego pasar el resto del día juntos, con el señor Francis haciéndole de guía turístico por la ciudad. A Matthew le había entusiasmado la idea, aunque no estaba dispuesto a confesar cuánto lo hizo. Se preparó bien temprano, se vistió con ropas que deseó Francis aprobara (porque conocía lo quisquilloso que era con respecto al vestirse bien) y salió rumbo al café. Una vez allí se sentó en una de las tantas mesas desocupadas, comenzando a esperarlo.

El pequeño detalle era que ya eran las diez y Francis no hacía acto de presencia. Incluso no contestaba a su celular los mensajes que le había mandado preguntándose por su paradero o si le había ocurrido algún percance en el camino. Se preocupó, comenzando a imaginarse accidentes que le hacían estremecer. Se tranquilizaba diciéndose que no le habría pasado nada y, como mantra, se lo repetía cada vez que los malos pensamientos volvían a su mente.

A las diez y media, cuando se planteaba comer de una vez, llegó quien esperaba. Estaba vestido con una camisa blanca, sin abotonar los primeros botones, un pantalón casual negro y el cabello rubio, en un desorden que le sentaba bien. Tardó sus segundos en ubicarlo antes de ir a donde estaba sentado.

—Perdóname, Matthieu —comenzó Francis con voz trágica, mientras lo saludaba con dos besos en las mejillas que fueron recibidos con resignación—. ¿Llevas mucho tiempo aquí?

"Toda la mañana, prácticamente, señor" gruñó para sus adentros.

—No, no se preocupe —terminó diciendo Matthew—, sé que usted es un hombre ocupado.

Francis se sentó en la silla desocupada y tomó el menú que estaba leyendo Matthew. Le pareció reconocer un gesto de culpabilidad en su rostro, lo que era una señal que alegraba su humor, al menos no había sido tan desvergonzado como para no mostrarse arrepentido de lo que le había hecho pasar.

Su estómago seguía rugiéndole. Pidieron algo, en el caso de Francis bastante ligero, y esperaron a que trajeran su orden. Hablaron de todo un poco, Francis quiso saber sobre su estadía en París y cómo la había pasado hasta entonces, Matthew aprovechó la oportunidad para extenderse, conociendo que sería la única que se le daría para contar sus anécdotas. Francis lo escuchó de buen humor, tal vez porque a pesar de todo era relativo a él.

Trajeron el desayuno y se dispusieron a comerlo. Francis en bocados pequeños, Matthew tratando de imitarlo pero fallando con creces, tenía demasiada hambre como para andarse con esos remilgos. Cuando terminaron, con Matthew dejando vacío su plato y Francis dejando la mitad, reanudaron la conversación. En medio de ella Francis le confesó:

—En realidad ya comí antes de venir aquí —comenzó a relatarle—, un desayuno en la cama. O algo que se le podría denominar como tal —agregó con una sonrisa que se prestaba para dobles sentidos.

Matthew asintió, pensando que eso explicaba la falta de apetito. Entendía que Francis se moría de ganas por seguirle hablando.

—¿Y quién se lo preparó, si me permite preguntar?

—El amor de mi vida. —Apelando a los clichés, la noticia le cayó a Matthew como un balde de agua fría, se removió en su asiento y esperó a que el mayor continuara—. Es un moreno de la tierra de Seychelles, es increíblemente bueno con las manualidades y parece que donde vive se dedica a trabajos de obra, ¡tendrás que verle…!

—¡No sea tan explícito, por favor! —interrumpió Matthew, con miedo de que el rubio lo traumatizara con imágenes que ya de por sí se veían perturbadoras en su mente. Además, a cada palabra de Francis se sentía empequeñecer más y más.

—Lo siento, es que necesito contarle a alguien que jamás había conocido a una persona como él —le reveló Francis y Matthew quiso convencerse que el sentimiento que le producía su confesión no era el de decepción—. Nos citamos esta tarde, así que nuestro tour no durará todo el día como te lo había prometido, ¿no te importa?

Matthew fue forzado a aceptar, sin atreverse a decirle todas las cosas que se le pasaban por la mente en aquellos momentos, las ganas de explicarle cuánto se había esforzado para tener ese tour con él, el deseo de compartir ese tiempo juntos sin ninguna interrupción. "Supongo que “el amor de su vida” es más importante que yo, y es comprensible".

Francis se alegró de la buena inclinación de Matthew, le revolvió el cabello como cuando era niño y le prometió que la próxima vez sería exclusivamente de él. Matthew recibió todo ese cariño cohibido y con un poco de resentimiento, preguntándose si cumpliría su palabra o él volvería a quedar relegado.

Francis siguió hablando del amor de su vida, hasta al punto de que Matthew comenzó a parecerle realmente irritante.

—Disculpe, señor —le interrumpió—, creo que no le he oído bien, pero no recuerdo que me haya dicho su nombre.

—¿Cuál nombre?

—El del amor de su vida.

Se quedaron en silencio, en donde Matthew presenció estupefacto cómo Francis ponía cara de circunstancias, palideciendo desde la raíz de su cabello. Se rió con nerviosismo y buscó así relajar la tensión. Pero Matthew no cedió.

—Creo que podría ser Dan… —habló, por último, antes de buscar otro tema de conversación.

"Genial, me acaba de dejar a un lado por un sujeto que ni siquiera tiene nombre. ¿Por qué siempre me suceden estas cosas a mí?"



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