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Books » Twilight » Open your Eyes
Emily's.eyes
Author of 2 Stories
Rated: M - Spanish - Romance - Edward & Bella - Reviews: 38 - Updated: 01-06-11 - Published: 12-16-09 - id:5586002
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Dislcaimer: Ninguno de estos personajes me pertenecen, son de SM.

Summary: Él siempre estuvo a su lado, protegiéndola y acompañándola. Pero si pudieran describir el amor que sienten, no podrían. La vida es difícil desde que él partió, pero luego de cinco años, las cosas cambian, su amigo ha vuelto para quedarse… por siempre.

Open your Eyes

Capítulo 1: Cinco años es mucho

"Viniste con temor a decirme tus cosas bellas y tus oscuras entrañas que apenas tú misma conocías. Venías con temor a buscar espejo donde mirarte. Buscabas un corazón que te escuchara sin sorprenderse, buscabas alguien que te cobijara, y quitara tus pesadillas. Me acerqué a ti, sin dudas y penumbras, te sonreí como amigo, sabiendo que eras especial, y tú, sin titubeos aceptaste que caminara contigo. Desde que te vi por primera vez amé tu persona de una forma llena de sentimientos imposibles de traducir adecuadamente.

Y yo estaba frente a ti con todas mis poquedades. No quería ser tu juez, ni tampoco ser juzgado, solo quería escucharte y hacerme parte de ti.

Prefería, antes que todo, estar a tu lado, abierto a todo lo tuyo, tímido y cordial conjuntamente, sonriente cuando lo pedías y terrenal cuando el tiempo lo requería. Nunca supe como ser tu consejero, siendo tan torpe en mi pobre geografía; pero yo sabía que si me pidieras el cielo, yo te lo daría.

Entonces aprendí a escucharte con el verdadero interés de un padre y amigo, sin reemplazar a los tuyos. Acepté tu persona sin vacilaciones.

Tú me has enseñado a ser tu acompañante, tu guardaespaldas, pero quiero estar en ti para toda la vida.

¿Cuándo te darás cuenta de que eres la luz de mi Alma o simplemente mi vida?"

— Soy una estúpida, lo admito. — Confesó mientras abría la puerta de su departamento con la mano que aún tenía libre.

— Creo que lo mejor es que dejes de andar como una tonta y tengas más confianza en ti misma — Le respondió la otra voz a través de su celular.

— No es eso. — Defendió. Ella tenía muy claro que no actuaba como una tonta, admitía que tal vez no poseía un equilibrio como los dioses, pero sí tenía la suficiente autoestima para saber que era inteligente como para encontrar la manera de tomarse las cosas. — Edward, ¡si lo hubieras visto! Quedó empapado, totalmente cubierto de café. — Se golpeó en la cabeza mientras se recostaba en el sofá de la sala. — ¡Todo fue culpa mía!

— No, todo fue culpa de tu estabilidad y nerviosismo. — Bufó al escuchar el tono de su amigo, no se quería sentir como otra paciente.

— Edward, no tienes que verme como uno de tus pacientes, estudiamos la misma carrera, así que los dos tenemos los mismo conocimientos— Se quejó, era totalmente comprensible de que trajeran conocimientos de su profesión a sus vidas, pero algo que le molestaba era que su amigo la tratara como uno de las personas del hospital, ¡Vamos! Si su vida no era tan mala para que él la tratara así.

— Bueno, evitaría hacer esto si solo te comportaras como una mujer normal cuando estás frente a Jacob, tómalo como un simple colega, un compañero de trabajo, o un simple amigo, aunque nunca lo reemplaces por mí — Dijo Edward tratando de animarla.

— ¿Alias: Jefe? — Preguntó con risa. — Bueno sabes que nunca te reemplazaré. La verdad es que ya no me quedan esperanzas con respecto a él. — Terminó cerrando los ojos, ya totalmente recostada en el sofá.

— Hey Swan ¿Cuántas veces hemos tenido esta conversación?

— Lo sé, lo sé — Susurró más para ella que para él.

Se quedaron en silencio, sin importar la poca comunicación que esos momentos compartían. Se conocían lo suficiente para saber que no era necesario articular palabras y les daba lo mismo si es que gastaban más de lo suficiente en el celular, siempre habían dicho que las palabras se las llevaba el viento, y ese momento era uno de aquellos. Bella sabía de memoria lo que él le respondería, que era una tonta, que abriera los ojos, palabras firmes que la ayudaban en los ataques de baja autoestima que la consumían. Pero ¿Qué podía hacer ella cuando todos los hombres que habían ocupado un lugar en su corazón la habían dejado sola?

— Te extraño— Confesó el Cullen después de un par de minutos. ¡Claro que la extrañaba! El estúpido trabajo no los permitía verse constantemente ya ni siquiera recordaba la última vez que habían estado juntos. Él ahora estaba en el otro lado del país, simplemente solo, y ella aquí viviendo en su departamento. Él se había ido con la excusa de que buscaba nuevas posibilidades y experiencias. Habían estado prácticamente toda su vida juntos, desde el Jardín de Infantes y el Instituto, era tan grande el lazo entre los dos que habían decidido estudiar la misma carrera en la Universidad, hasta tenían un futuro ya establecido por ellos.

Pero todo cambió cuando terminaron la Universidad, un día él llegó a ella, diciéndole que en un par de días la dejaría, pero que le prometía que siempre seguirían siendo amigos, como hasta ahora lo eran, comunicándose a lo menos una vez por semana por teléfono.

Ella cerró con mucha más fuerza sus ojos, tratando de reprimir todos los recuerdos que se avecinaban en su mente, la imagen de ella, tendida en la cama, sola y llorando desconsoladamente la partida de su amigo, aun hacía que sus extremidades nerviosas se sacudieran, por eso había tomado la decisión de nunca más recordarlo, simplemente eliminarlo de sus pensamientos.

— Yo también te extraño, Cullen. — Dijo finalmente.

— Bella, tengo una pregunta.

— Pregunta, sabes que todo depende si no es una interrogación estúpida. — Respondió ella ganándose la risa de su amigo.

— ¿Sigues viviendo donde mismo?

— Claro, la misma dirección a la que enviaste la última postal. ¿Por qué?

— Nada, solamente por curiosidad. Bueno Bella, lamentablemente tengo que volver al trabajo.

— Buena idea, yo también tengo algunos pendientes, Alice viene a cenar a la noche.

— Mándale saludos de mi parte.

— Creo que se molestará un poco. — Habló incorporándose y soltando sus zapatos de tacón. — La última vez que le comenté que habías llamado, una de las pocas cosas que dijo fue que era injusto, que hablabas más con tu amiga que con tu propia hermana.

— Y eso está claramente justificado—Refutó divertido. — Cada vez que hablo con ella, ni siquiera saluda, en menos de diez segundos comienza a regañarme y dar una innumerable lista de las razones de porqué debería estar con ustedes. — Y era verdad, pero de lo que Bella no estaba al tanto, es que Alice, la hermana de Edward, cuando hablaba con este, comenzaba a decirle que era un "Cobarde", "Imbécil", "Estúpido" y "Poca cosa", por la razón de haber elegido alejarse de Bella.

Edward podría describir con varios adjetivos positivos a su hermana, pero algo que odiaba de ella era que podía ser muy perceptiva de las situaciones y las personas; sabía muy bien leerlas, y — Aunque Edward no lo reconociera— tenía muy claro que su hermano había escapado de Forks por una sola razón: Sus sentimientos no dejaban ver a la Swan como su mejor amiga, sino que se la imaginaba como el amor de su vida y la razón de su existencia.

Aún apoyado en su escritorio volvió al presente.

— Adiós Cullen, cuídate

— Adiós Isabella, no pierdas tu equilibrio constantemente, que luego terminaras en el hospital por alguna fractura.

— Trataré— Respondió ella con una leve sonrisa en su rostro.

Cortó la comunicación y botó el aire contenido, ¡Diablos! ¡Habían pasado ya cinco años y aún lo extrañaba tanto! Lo más absurdo de la situación era que ella sabría como enfrentarlo, era Psicóloga, en sus estudios le habían enseñado como el ser humano podría tomar estas situaciones, pero no podía, era humana ¿No?. Siempre trataba de explicarse el porqué lo extrañaba tanto, cuando eran jóvenes, se protegían y se buscaban constantemente, él había tomado un papel indispensable en su vida, la había acompañado y tratado como algo frágil y fácil de romper. Nunca buscaban algo por esa amistad, se aceptaban con todas sus poquedades e imperfecciones. Pero ahora, las cosas habían cambiado y eran completamente adultos, con profesiones y Post-Grados o simplemente con una vista diferente de la vida.

Pero para ella había sido difícil, aún no podía sobrellevar que una parte de ella, que tenía nombre y apellido, ya no estaba.

Algunas veces, pensaba que era una inmadura por nunca haberlo admitido y nunca habérselo dicho: Edward Cullen siempre formaría parte de ella y no habría algo que pudiera cambiarlo.

Y en el fondo de sus pensamientos, aunque hacía oídos sordos, había una vocecilla demandando que reconociera que ellos nunca habían sido seres individuales o dos entes apartes, que el tiempo les había dado la lección de que eso siempre había sido una mentira, que el amor entre ellos contenía tantas características que los hacían ser uno solo.

Después de haber tomado una ducha y decidido vestir un suéter color verde y jeans a juego, optó por preparar la cena para la visita en unas horas.

Alice había sido su amiga desde que tenía memoria, y gracias a ella pudo conocer a Edward. Siempre recordaría, aunque fuera hace más de 24 años, cuando por primera vez vio a la Cullen. Bella, en su primer día del Jardín de Infantes, al ver que sus padres la dejarían en esa pequeña escuela, en su desesperación y miedo comenzó a llorar. Tenía cinco años, con dos coletas en su cabello, mejillas redondas de un tinte cálidamente rosado y un bolso decorado por su loca madre. Recordó que mientras lloraba, una pequeña mano tomó la de ella, al subir su rostro se encontró con la pequeña Alice, con cabellos disparado y adornado con llamativas coletas, le sonreía como que si siempre hubieran sido amigas, y unos pasos más atrás, un par de ojos de brillante y cautivador tinte verde la miraban con rostro comprensivo y cálido, lo más cómico fue cuando él, unos minutos después, se acercó a ella y le preguntó: ¿Quieres ser mi amiga? Prometo ser tu guardaespaldas y no hacerte llorar. Y desde ese momento, en el que ella le sonrió y dijo que Sí, no se separaron.

Alice siempre había sido sociable con todos, realmente nunca tuvo problema para comunicarse con sus pares. Pero Bella y Edward nunca lo encontraban necesario, además, se tenían el uno al otro, no es que le molestara establecer contactos con los demás, tenían amigos, como el otro hermano de los Cullen: Emmett; ni tampoco que fueran unos engreídos, si no que la personalidad de Bella y la de Edward encajaban a la perfección, y eso inertemente los hacía inseparables.

Cuando ya estuvo la Lasagna en el horno, escuchó el timbre anunciándole la llegada de Alice. A paso lento se dirigió a la puerta de su departamento y cuando la abrió se encontró con una sonriente Cullen perfectamente vestida a la moda.

— ¡Bella! ¡Bella! ¡Bella! — Gritó rápidamente mientras se lanzaba a sus brazos— ¡Te he extrañado tanto!

— Alice, nos vimos ayer— Dijo Bella completamente divertida por la actitud de su amiga, recibiendo el vino que había traído envuelto con un delicado envoltorio.

— Tonta Bella ¿No tengo derecho a extrañarte? ¿Acaso tú no lo hiciste?

— Claro Alice— Rodó los ojos después de haber dejado pasar a su amiga. — Pero solo un poco. — Terminó ganándose una sobre actuada cara fruncida por parte de la Cullen— ¿Cómo está Jasper?

— ¡OH Bella se ha comportado más que perfecto conmigo! — Exclamó con sus ojos brillantes de emoción. Bella se alegró mucho al escuchar aquello, Alice llevaba saliendo aproximadamente unos cuatro años con Jasper y cada vez que lo veía juntos, se convencía de que estaban enamorados. — Me ha invitado la próxima semana a un Bar, podríamos ir en grupo ¿no crees? — Bella hizo todo lo posible para no dejar escapar una mueca en su rostro, cada vez que salían, su problema era que prácticamente quedaba sola, iban Alice y Jasper, Rosalie y Emmett, que también eran sus amigos, Emmett, el niño en cuerpo de hombre, hermano de Edward y Alice, y Rosalie, hermana de Jasper, y novia del grandulón. Por lo tanto, inconcientemente se excluía del grupo, una fácil manera de no interferir en los noviazgos de sus amigos, y la demostración de cariño que se tenían.

— Alice, no creo que sea necesario. — Comenzó a explicar buscando alguna excusa.

— No Bells, tienes derecho a divertirte, encerrándote aquí harás que de repente te vuelvas en una vieja loca y soltera. Irás, créeme que querrás ir. — Dijo Alice guiñándole un ojo.

— ¿Hay algo que quieras decirme? — Preguntó Bella alzando una ceja y cruzando sus brazos a la altura de su pecho.

— ¿Qué te quiero? — Bufó al ver que la Swan no cambiaría su postura. — Nada Bells, créeme que con el tiempo lo sabrás. Bueno ¿está lista esa Lasagna?

.

— Alice, Edward llamó y te mandó saludos— Comentó como si nada mientras levantaban los platos y los llevaban a la cocina cuando terminaron la cena.

— ¡OH! ¿Has hablado hoy con él? — Preguntó un poco mas seria apoyándose en la encimera de la cocina, sin perder si característica sonrisa contagiosa.

— Sí, dice que el trabajo ha estado empeorando, pero que sobrevive.

— Dile, de parte mía, que sigo creyendo que es un tonto, y cobarde por no llamarme, pero después de todo, en el fondo, lo quiero mucho.

— Claro, bueno sobre el comentario de que es un tonto, eso lo tiene muy claro.

— Sería más fácil que me llamara más seguido, podríamos tratar con mayor facilidad. — Comentó mientras se acomodaban en el amplio sofá de la sala de estar. — De vez en cuando hace bien escuchar la voz de tu hermano ¿No?

— Entiéndelo, es propio de él, escapar cuando tiene miedo. — Dijo su amiga tratando de subir el ánimo de Alice. Alice asintió, no quería ahondar más en el tema.

— Bells, mañana vamos al cine— Avisó Alice cuando minutos antes de dejar el departamento. — Así que podrías vestir el hermoso conjunto que te regalé la semana pasada.

— ¿Me estás invitando?

— No, te estoy avisando —Anunció mirándola fijamente. — ¡Así que ya sabes si faltas! Vendré a buscarte en la tarde, te aviso por teléfono.

— Ok— Respondió sabiendo que Alice era capaz de arrastrarla hasta el cine o simplemente castigarla con lo más fácil para ella: Una maratón de compras.

— Te veo mañana— Bella asintió con la cabeza. — ¡Te quiero! ¡OH, y estoy tan feliz!

— ¿Por qué tan feliz? ¿Acaso me ocultas algo? — Preguntó alzando una ceja, sin evitar sonreír por la actitud de su loca y amada amiga.

— Ya verás Bella, ya verás. — Respondió guiñándole un ojo al cerrar la puerta.

Quería mucho a Alice y siempre le había sido incondicional, habitualmente la escuchaba y aconsejaba cuando le necesitaba, cosa que Bella agradecía ínfimamente. Había sido la hermana que siempre quiso tener, el lado de la diversión y colorido de su vida, como también de las compras que la dejaban con los pies adoloridos y las fiestas que la obligaba a hacer sociabilidad con los otros, pero esa era Alice, y eso le encantaba.

Alice había estudiado diseño en Francia después de haber llegado a Chicago, hace cinco años, junto a Bella que ya instalada comenzó a trabajar en el Hospital del Condado. Cuando estuvo en casa después de ese par de años de lejanía, y de estudios Europeos, prometió no alejarse más de su familia y amigos, en especial de Bella, ya que había tenido que vivir completamente sola, como hasta ahora. Jasper, sentó cabeza cuando ella había decidido quedarse, prometiéndole que no se alejarían, y hasta ahora, lo había cumplido, vivían juntos hace un año, y cada día profesaba su amor recordándole que si se alejaba nuevamente él simplemente no podría vivir sin ella.

Tragó saliva cuando pensó en aquello, de esa misma manera extrañaba a Edward.

La parte incondicional de su vida, el guardián y amigo, eso era él. Le protegía cuando sufría de espantosas pesadillas en las noches, le arropaba y abrazaba, prometiendo que esos sueños nunca volverían a perturbarla, que no tuviera miedo.

Tenían miles de historias juntas, vacaciones familiares y largas tormentas arropados junto a la chimenea y bebiendo chocolate caliente, todo era pasado, todo permaneciendo en su recuerdo.

Se estremeció al recordar el momento en que se dio cuenta de que Edward era su amigo. Estaba en su primer año de secundaria y acababa de llegar a casa, lamentablemente tuvo que sufrir la separación de sus padres a los siete años, por lo cual vivía en Forks, con Charlie, su Padre, mientras que Reené, su madre, vivía en Arizona junto a Phil, su pareja. La razón por la cual vivó con él, era por su problema cardiaco y la soledad en que vivía, a Bella le fue difícil convencer a su madre, ya que ella no entendía como podía dejarla sola, pero Bella defendió a Charlie, como siempre. Pero su estancia en el Hogar de Charlie llegó hasta los mediados de semestre de ese año en la secundaria, siempre recordaría el cuerpo de su padre, tendido en la cocina de su casa, por culpa de un infarto que lamentablemente había sido fulminante, murió, dejando a Bella completamente sola.

Aún los recuerdos, no la hacían poder superar aquel dolor tan grabe que sintió, si no hubiera sido por Edward, no sabría que sería de ella en el presente. Esme, la madre de Edward, Alice y Emmett, junto a Carlisle, su esposo, había apelado para que ella terminara sus estudios en Forks quedándose a vivir en la casa de los Cullen, a pesar de que su madre nunca estuvo de acuerdo, Bella gracias a la amenaza de ir a vivir sola, logró convencer a su madre y quedarse en Forks, junto a los Cullen.

Desde ese momento, Edward había sido su amigo y protector, su respaldo y estabilidad, había secado sus lágrimas, siempre. Desde la muerte de Charlie, él nunca se separó de su lado… Hasta que decidió irse.

Llevaba en Chicago cinco años, en los cuales, el trabajo era su única vida, amaba establecer relaciones con niños y jóvenes como sicóloga en el Hospital del Condado.

De los cinco años, a lo menos llevaba dos años tratando de llamar la atención de Jacob Black, el médico a cargo del piso en que trabaja, prácticamente su jefe, que inevitablemente la hacía sentir una pequeña atracción a él, pero su relación era tan estúpida ya que ni uno de los dos se atrevía a pedirle una cita al otro. Cuando se trataba de él, nada le había resultaba muy bien, gracias a su poca estabilidad y equilibrio, la mayoría de las veces se enrojecía completamente, o terminaba en el suelo, y por último, como hoy, lo terminaba empapado de café. Sacudió la cabeza para eliminar esos pensamientos de su cabeza.

La próxima semana tendría un nuevo colega de trabajo, que se encargaría de las personas más adultas, con alguna enfermedad terminal y ancianos, así que prefirió dirigir todos sus pensamientos a los papeleos que tenía que terminar y la organización, Alice había servido de mucha ayuda, había rediseñado sus oficinas, la de ella y la de su nuevo colega, dejándolas casi perfectas.

Después de haber reorganizado algún papeleo, se colocó su camiseta para dormir y se adentró en su amada habitación para así descansar. Sus días eran agotadores, su trabajo era así, pero todo era parte de ella, indispensable para su propia y cómoda rutina, que la hacía cada día más amar su vocación.

Con un último pensamiento sobre la vergüenza que había vivido, maldiciendo al desnivelado suelo y a sus tacones, prometiéndose a sí misma nunca más cometer algo así, cerró los ojos en espera de un nuevo día en su vida, cayendo en la cuenta, en como su vida se había convertido de una forma solitaria e insegura.

Canción que me inspiro? Open Your Eyes- Snow Patrol

Besitos! Carlis :)

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