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Memories of Blood HERO·
Author:
Suigin Walker PM
Y las palabras susurrantes, el olor de la polvora, la sangre y el fuego quemando las calles se entremesclan. Necesitamos de un Heroe, ahora...
Rated: Fiction M - Spanish - Drama/Tragedy - Giotto/Ieyasu S./Vongola I/Vongola Primo - Chapters: 3 - Words: 20,394 - Reviews: 6 - Favs: 1 - Follows: 1 - Updated: 07-27-10 - Published: 02-19-10 - id: 5760496
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N/A: ¡Hola! Si no actualizo ya dije que es por los motivos que aparecen en mi PROFILE. Sigue siendo la escuela, maldita sea.

En fin prometo corregir mis errores ortográficos cuando tenga tiempo- y la escuela no sea tan maldita. En fin… Sin nada más que agregar aquí les va el capitulo.


Memories of Blood

I

HERO

Capitulo 3: Los Mare

La sangre tiño el piso de un carmín fresco, el grito ahogado de las mujeres resonó, el cuerpo cayo inerte en el pétreo suelo en tanto la figura se hallaban siendo la atracción principal en un charco de tinta humana escarlata; Selene rio. Mientras todos quedaban mudos.

Ahí en el piso, estaba un hombre perteneciente a los Antonietti. Pálido, sin vida, con los ojos vidriosos. Detrás de su cuerpo estaba Cole con semblante tranquilo, a unos cuantos metros de ella estático estaba Giotto, contemplando con algo de sorpresa el cuerpo de uno de los enemigos en el piso.

Nadie sabía que había pasado. Giotto elevo la cabeza, con los ojos hechos riendillas en señal de desconfianza. Noto que Cole le miraba con ojos entrecerrados algo severos; no, no era para él esa mirada era para…

-Selene, no debiste hacer eso-Reprendió la mujer, con la cara de piedra, los ojos verde fríos, y un tono de voz autoritario.

La mujer más pequeña de su grupo se acerco al cadáver, dando giros, como si estuviese bailando sola en un cuarto oscuro, sin nadie alrededor. Terminó su danza al inclinarse como las damas de los tiempos del medio evo, sosteniendo las enaguas de su vestido blanco. Su rostro tenía una sonrisa inocente en la cara, y los ojos índigo escudriñando esa mirada esmeralda en busca de algo de misericordia, rio ligeramente al ver que Cole se había enojado con ella.

-Usted disculpara mi señora-comenzó Selene, irguiéndose, los invitados la veían horrorizados-Ese tipo quería acuchillarme la garganta-relató, con una cara de horror dramatizada-Pero luego oí como sacaban un arma y pensé…-hizo una pausa, su voz se iba apagando al tiempo que bajaba la cabeza, sus mechones lilas ocultaron sus ojos, una sonrisa divertida se formo en su cara. Levanto de sopetón la cara, con una sonrisa de los mil ángeles-Ya que quiere morir, será el escudo de Cole, si, es lo mínimo que puede hacer un inútil como él-terminó de explicar, juntando sus manos, con esa sonrisa en la cara, y los ojos índigo brillantes de inocencia y maldad.

Todos en el salón quedaron mudos, G mantuvo la calma aunque también estaba algo sorprendido por el razonamiento de esa mujer extraña, parpadeó confundido al ver como desde el otro lado del salón, Demon Spade contemplaba a la chiquilla de cabellos lilas con una sonrisa en su rostro, el pelirrojo frunció el ceño.

-"Ese tipo…"-Volvió a mirar a Selene, quien estaba de cuclillas frente al muerto, con cara de curiosidad. La piel de G se helo al ver como Selene le quitaba el cuchillo al tipo, y lo hacía girar entre sus dedos de manera diestra.

-¿G?-

G se giro encontrándose con la cara preocupada de Ugetsu, tranquilizando sus facciones G le comunico con una mirada a Ugetsu que se mantuviera cerca de Giotto, el espadachín asintió en silencio, no tenia sonrisa en su rostro.

Mientras Ugetsu se mesclaba sigilosamente entre los invitados, sin perder de vista a los que estaban en el medio de salón, dio un respingo al escuchar un grito.

-¡¿Por qué esta muerto?-bramó Luigi apuntando el arma nuevamente contra Selene-¡Él era el más fuerte de mis sicarios!-exclamó con vigor y ira. Selene solo se giro hacia Luigi con gesto indiferente.

-¿Por qué?-repitió Selene con voz ausente, para nada interesada en responder. La punta del cuchillo tocaba ligeramente la barbilla, golpeando el frio metal contra su piel. Sus ojos se cerraron.

La tristeza podía vislumbrarse en los orbes esmeraldas, la líder de Mare se encaminó hasta quedar delante de Selene, la aludida se hizo unos pasos para atrás al ver como la espalda de su superior le era un impedimento para su visión, parpadeó para luego chasquear la lengua molesta y desviar la mirada, cruzando sus brazos delante de su pecho.

-Lamento mucho la muerte de su…-Cole vio el cadáver, y cerró los ojos, dirigiendo su rostro nuevamente al frente, para que Luigi pudiese verla-sicario-completó, aunque esta oración y las acciones de los Antonietti afirmasen un atentado en su contra-Pero no me deja más opción, usted verá-elevo la cabeza, del mismo modo su vista se fijo en el cielo raso del techo. -No quiero perder aliados, pero si ustedes no retiran sus amenazas me veré en la decisión de eliminar a su familia aquí y ahora.

Luigi se permitió una sonrisa socarrona, ambas mujeres le enviaron una mirada fría. El Capo Antonietti comenzó a carcajearse despacio, como un susurro, luego se rio mas audiblemente hasta el punto en que esta se transformo en una risota, llena de burla hacia las palabras de la joven líder de Mare. Giotto le miraba sin ningún atisbo de nerviosismo, sus ojos estaban puestos en Cole. No entendía como una mujer podía estar tan tranquila en una situación de traición.


Al otro lado del salón Jacqueline miraba en todas direcciones, notando los revólveres, y pistolas de bajo calibre escondidas entre las ropas y trajes negros. Su mirada café se torno intensa, con ese brillo peculiar que solo una mujer tiene. Sintió como sus botas le dolían el doble, reprimió un gemido, odiaba tener que estar con las botas en una situación así, preferirá estar en cama descansando sus piernas bajo los cuidados de Selene y Foma. Pero el baile era hoy, además de que no le había dicho a Cole que hoy robaría un museo.

Seguro Cole la ataría a la cama con tal de descansar.

Volvió a quejarse mentalmente. Tenía que estar el maldito oficial ahí, con su ropa negra, y sus cabellos rubios claros, parecidos a la paja, o a los campos de trigo cuando el sol les da de lleno a sus fibras.

Lo peor es que Jacqueline por un minuto creyó que así se veía bien.

-"Déjate de pelotudear"-se regañó. Volvió a dedicarle una mirada al policía, al parecer Alaude estaba preparando las esposas para arrestar a Luigi-"Las esposas le irían mejor metidas en el…"-pensó con una vena en las sienes, se las acaricio con los dedos. Tratando de calmarse, odiaba a Alaude, lo odiaba con un puto demonio, pero también se odiaba a ella.

Porque cuando de Alaude se trataba a Jacqueline le importaba poco ser capturada.

-Es hora, si el jefe los distrae lo suficiente podremos disparar-susurro un hombre delante de Jacqueline, la aludida entendió el plan: Distraer, intimidar, acercarse y matar. Simple y conciso, se rio internamente, si así pensaban esos imbéciles que matarían a Cole les estaban subestimando demasiado. Jacqueline sintió una presencia detrás de ella. Unos brazos rodearon su cuello con fuerza.

Con una de sus botas piso el pie del agresor, el tipo la soltó. Ella dio un giro hacia atrás, aterrizando de cuclillas, extendió una de sus piernas haciendo una barrida, provocando el desequilibrio de su contrincante.

El ruido de un hombre cayendo al piso alertó a los mafiosos cercanos, encerrando a Jacqueline en un círculo. La delincuente sonrío, miles de revólveres apuntaban a ella, a su cuerpo, su cabeza.

-Así que el juego termino-bromeó ella, con la tranquilidad reunida atreves de su convivencia diaria con el peligro-¿Moriré por una panda de mafiosos estúpidos?-preguntó al aire, mientras se reincorporaba, tras su último ataque había permanecido de cuchillas. Las armas iban ascendiendo a medida que ella se levantaba. Una vez se quedo parada completamente, las armas se detuvieron, los cañones apuntaban a su cabeza.

Jacqueline rio.


Foma volvió a contemplar la mansión delante suyo, noto como una bandada de cuervos estaban siguiendo a uno más grande, sonrío de lado mientras el cigarrillo que colgaba de su boca quedaba a la deriva entre sus labios y el suelo.

-¿Jacqueline te dijo que esperaras afuera?-indagó con voz divertida al ave de rapiña, la cual solo extendió sus alas y grazno. Las plumas negras del cuervo cayeron de la copa del árbol. Foma se saco el cigarrillo de la boca lanzándolo al suelo, lo piso hasta extinguir la llama de aquella toxina, según Selene; perjudicial para los pulmones–Problemas entiendo-murmuró, sus ojos grises centellaron, mientras su cabellera negra, y su pálida piel adquirieron un brillo fantasmagórico, si Foma no tuviese pulso podrían tomarlo por un muerto.

Subió algunos peldaños, que conducían a la puerta de la mansión, que a su vez, seguramente; conectaría al mundo exterior con la fiesta que se estaba celebrando.

Estaba porque seguramente ahora todo era un lio.

Por el rabillo del observó a una bandada de cuervos picotear una de las ventanas, la posibilidad más próxima al motivo de tales acciones era que la ladrona estuviese en apuros de los gordos.

Suspiro.

Del bolsillo de su abrigo saco un cuchillo pequeño, de esos que se usan para poner mantequilla al pan, el cómo llego a su bolsillo, bueno, más tarde hablaría con Félix; ese mocoso travieso. Aún con el cuchillo entre sus dedos, llevo el brazo hacia atrás ligeramente y lo lanzo con fuerza. El cuchillo rompió el pestillo de las ventanas, los cuervos que se dieron momentáneamente a la fuga por el repentino ataque vieron a Foma ladeando la cabeza, menos el gran cuervo con una cicatriz en el ala izquierda, que pareció darle un asentimiento de cabeza en agradecimiento. Foma sonrío cómplice. Miró el cielo nocturno con su brillo lunar una última vez antes de entrar, de sus ropas saco unas vengas de color rojo, vendas viejas manchadas de sangre, junto con unos grilletes de hierro, con dos pesas de metal oscuro. El tintineo de las cadenas que sostenían las bolas se oyó en el aire. Y el viento fue la melodía que hacia danzar los cabellos de Foma, quien se situó delante de la gran puerta.

-Solo espera Cole-murmuró. Sus ojos adquirieron un brillo asesino en sus pupilas.


-Es gracioso que diga que me matara-se carcajeó Luigi, aun con el arma en mano. –No trajeron ni una puta arma, como pretenden eliminarnos ¡He!-su rostro continuaba con esa sonrisa, Cole volvió a bajar la mirada, resignada. Dio unos pasos adelante, Luigi quito el seguro de la pistola, iba a disparar. Cole se detuvo con mirada calculadora viendo a su rival.

-Última oportunidad-ofreció-O te rindes, o mueres Luigi Antonietti –propuso, brindándole al traidor dos opciones.

-No elijo ninguna, maldita perra.-contestó Luigi con voz agria.

El ambiente se lleno de presión. Cole le vio por un largo segundo, para luego cerrar los ojos, sus labios se movieron a los compas de sus palabras.

-Entiendo…-dijo Cole Mare.

Sorpresivamente, sin que nadie diera aviso alguno; una bandada de cuervos entro por una de las ventanas. Las aves de plumaje negro empezaron a picotear a los mafiosos. Algunos sacaron sus pistolas y dispararon contra los agresores emplumados, las balas impactaron contra las alas, varias aves cayeron muertas o lastimadas al suelo.

Mildred ahogo un gritó, mientras se cubría los oídos. Cole titubeó sobre si seguir o no con su cometido, el ver a su hermana menor en aquella situación tan angustiosa siendo este su primer baile, y primera batalla (a pesar de no formar parte activa de tal), se sintió culpable. Diviso a Giotto a lo lejos. Una idea cruzo su mente, aprovechando la confusión de Luigi quien peleaba con uno de los cuervos, le sonrío al hombre de cabellos oro, él la vio a la distancia confundido. Sus ojos una vez más se conectaron en una mirada-Cuida de mi hermana por favor-gritó, sus piernas corrieron en dirección a Luigi, desvió su carrera hacia la derecha para saltar sobre una de las mesas y usarla de escudos contra las balas. Giotto se quedo helado, sin saber si tomar enserio o no aquellas palabras de Cole. Le confiaba a su hermana menor a un completo desconocido.

-"Esta mujer…acaso…"-Giotto ya se hacia una idea de lo que Cole haría, un ataque suicida probablemente, era una ruta viable a pesar de no tener armas.-"Esta loca"-pensó. Ubicó a Mildred, la pobre chica se había escondido debajo de una de las mesas, mientras todos se disparaban a diestra y siniestra. Giotto bajo la cabeza y apretó sus manos, convirtiéndolas en puños. Corrió hasta la mesa levantándola, y tomando a Mildred de la cintura, la chica abrió los ojos nerviosa, al notar que estaba en brazos de Giotto comenzó a pegarle.-"Seguramente cree que la estoy secuestrando"-resolvió. Si uno lo piensa bien, que uno de la familia enemiga te salve de recibir balas no es para fiarse. Vio a G que se había situado a su lado, con arco y flechas listos, Giotto paro su huida para ver con gesto de desaprobación a su guardián de la tormenta.

-¡G!-gritó, el pelirrojo se dio la vuelta-¡no teníamos que traer armas!-le recordó.

G por un momento pensó en golpear a su amigo, chasqueo la lengua y se volvió al frente, disparando flechas envueltas en llamas rojas. Derribo a tres enemigos, perfecto.

-¡G!-Otra vez el condenado grito de Giotto.

Archery reunió toda la santa paciencia para que él cabezota de Giotto largara su sermón de:- "Los hombres siempre cumplen su palabra"-. Haciendo hincapié en la condición para asistir al baile, ellos prometieron no llevar armas.

¡La puta hostia! ¡Quien en su sano juicio seguiría tal estúpida condición! ¡Es la mafia caramba!

-¿Y ahora qué ocurre?-quiso saber el líder de los guardianes.

Giotto miro a G, el hombre de cabellos fuego no le prestaba atención, estaba; aún, viendo hacia delante. Matando tanto asesino se cruzaba cerca de ellos, pudo sentir como Mildred le mordía el hombro en afán de liberarse de su agarre, aunque la mordida no doliera, era algo molesto.

-Cuida de la Señorita Mare y evacua la mansión. –ordenó Primo corriendo paso de largo a G, quien le vio con cara de no poder creer lo que le pedía. El arquero sintió como algo caía encima de él aparto el cuerpo que había caído sobre él, quedándose sentado. Segundos después fue que percibió el peso extra en sus piernas.

Se encontró con una cabellera castaña, y unos ojos verdes con pequeñas lágrimas, Mildred se sobaba la cabeza.

-¡Ese tipo me tiro como un saco que papas!-chilló- ¡Grosero! ¡Yo lo mato!-juró Mildred, obviando por un momento su peligrosa situación.

-"No si yo lo hago primero"-siseo en su mente Archery-¡Mierda Giotto no soy niñera!-gritó.

El líder Vongola no reparo en la réplica de su mano derecha, sus agudos sentidos le permitieron esquivar cuantas balas le fue posible: una, dos, tres. Cada una proveniente de distintos ángulos y ubicaciones.

Dejo de correr al ver como un par de miembros de los Antonietti se ponían en su paso, con cuchillos y navajas, así como dagas. Afortunadamente un arma cargada cayo, por así decirlo, del cielo. Uno de los cuervos que había ingresado le había dado la pistola que ahora tenía en mano, Giotto extrañado, a la vez que alucinado siguió el vuelo de esa ave negra que sobrevoló la escena en la cual Giotto se centro segundos después noto.

Un látigo de cuero se enrosco en un cuello humano, elevó el cuerpo deshaciendo su agarre, provocando la caída del ser en el primer escalón superior de las escaleras del segundo piso, la cara y el cuerpo rodaron por las escaleras, a la vez que una figura femenina daba giros en el aire, como una equilibrista. Tan flexible y hermosa como una rosa con espinas, su pelo negro bailaba junto con las plumas de su amigo emplumado.

Jacqueline la Ladrona Fantasma, el terror de Paris e Italia, la pesadilla y colmos diarios del oficial Alaude y el departamento de inteligencia secreta, estaba comenzando la función.

De debajo de sus faldas, oculta y muy firme en uno de sus muslos, yacía una correa con una pistola de plata, la saco y disparo. Varios hombres gritaron, cayendo muertos por la puntería de la mujer.

-¡Rápido, carguen las pistolas!-gritó uno al notar que todos se habían quedado sin balas.

-No crean que los dejare-Jacqueline estiro la mano moviéndola ágilmente con su látigo, arrebatando todas las pistolas como si fueran un manojo de llaves, lanzándolas por la ventana por la cual habían ingresado los cuervos.


Cid Alaude, en su lugar vio tan solo por unos instantes las acciones de la ladrona, sonrió y encaminándose en dirección a algunos matones. En su trayecto notó como Archery lidiaba con la gritona hermana de la líder Mare quien no cesaba de patearle y reclamarle que la soltase.

Escuchó como el seguro de las pistolas eran quitadas dándose momentáneamente la vuelta e hizo girar las esposas rápidamente en uno de sus dedos, desviando algunas balas. Entrecerró la mirada al ver como algunos se disparaban así mismo, detrás de él pudo sentir como la temperatura bajaba.

-Te tardaste maldito-dijo Alaude.

-Gracias por ser tan considerado conmigo-añadió Spade, sonriendo socarronamente, su espalda estaba pegada a la de Araundi con su monóculo ubicado en su ojo.

-Ojala te llenen el culo de plomo-imploró Alaude. Feliz si ese deseo le llegara a cumplirse.

-Lo mismo digo-le respondió Spade con voz socarrona.

Ambos hombres se separaron al instante derrotando a aquellos que se les pusieran delante, e impidieran su objetivo. Seguir vivos, y de paso salir de esa condenada mansión.


Los hombres cayeron a tierra. El dolor psicológico era demasiado para sus débiles mentes, Selene suspiro aburrida aun con el cuchillo en mano, con sus dedos toco la rosa azul que usaba como adornó en su vestido blanco, sonrió.

-Bueno, seré como la reina de Alicia. Por un rato-dijo más para ella que para quien le oyera.

La rosa azul de su pecho brillo, los pétalos se fueron desprendiendo como si el viento se los llevase sutilmente, girando muy cerca uno de otros. Un brillo azul se mostro ante Selene, que alargo la mano y tomo aquel haz de luz. Al siguiente instante, la luz mágica se rompió en miles de pedazos revelando una fina espada, parecida a la de los esgrimistas.

-Kukuku-rio con diversión la fémina.

Como si una inexplicable, pero fuerte brisa hubiera ingresado a la mansión. Esto desato el peinado de la guardiana, permitiendo ver sus se debían, libres; sin ataduras complicadas. El cabello le llegaba a la mitad de la espalda.

Selene comenzó a caminar, para luego acelerar ligeramente su paso; más y más. Hasta que literalmente uno ya podría catalogar que corría. Aun con el complicado traje que estaba usando, esquivo unas balas y detuvo otras poniendo la delgada hoja de su espada como escudo, la mantuvo firme en el aire por dos segundos y desgarro el pecho de uno de los agresores, giro sobre sus talones e inserto la hoja en el corazón de otro. Un tercero venía dispuesto a matarla a base de golpes usando un candelabro tomado de una de las mesas, Selene retiro la espada del corazón del segundo enemigo al que mato. Doblo su muñeca ligeramente hacia atrás soltando su espada, para después girar el resto de su cuerpo y que su otra mano quitara la vida del osado ser humano que trato de atacarle traicioneramente por detrás.

La hoja de metal estaba ensangrentada brillando junto con la sangre. Selene contemplo su barbarie con el rostro lleno de aburrimiento, suspiro. Dándole una zancadilla por sorpresa le tiraron al piso, cuando trato de levantarse unas gruesas manos tomaron posesión de su cuello cortando la circulación del aire hacia sus pulmones, la estaban estrangularon. La mujer apretó los labios mientras en su rostro se mostraba la rabia. Las pupilas se dilataron y enseguida tomaron una tonalidad índigo peligrosa, la cual era parecida a la bruma. El sujeto se perdió en esos ojos; tan profundos, tan misteriosos, y sin embargo tan mortales.

-¡Ahh!-gritó, alejándose de Selene sosteniéndose su cabeza.

Los invitados que eran evacuados por G y Lampuo se detuvieron, mirando horrorizados y conteniendo las ganas de vomitar. El asesino se retorcía en el piso, estaba convulsionando a medida que su pelo se volvía blanco y su rostro adquiría una expresión horrorizada. En sus pupilas podían verse miles de serpientes, una en especial plateada, de ojos violeta. La bestia abrió sus fauces y con su boca abierta se acerco dispuesta a matar.

La única verdad era que no había una serpiente; solo él. Su cuerpo dejo de moverse, un hilo de baba se escurría por su boca abierta, su lengua estaba fuera, sus ojos cristalinos, y su cabello canoso.

-¡Leonard!-grito uno de los mafiosos, aquel al que Selene había intimidado al ingresar al salón. Su voz denotaba pavor, y a la vez odio.

Fijo su vista hacia Selene que se levantaba del suelo, apretó los dientes, con una daga en la mano. La chica se sacudía, quitando el polvo de su vestido. Su cara no tenia, o demostraba emoción alguna.

- ¡Maldita zorra!-vociferó a la vez que estaba frente a la mujer, con el cuchillo en la mano listo para matarle.

Selene levanto el rostro y vio el destello asesino del arma. Las pupilas nuevamente pupilas adquirieron un color índigo.

El cuerpo del estúpido hombre que se había metido en su camino se detuvo, sudando frio, con los ojos llenos de temor, deseos de venganza y perversidad. Selene sonrió, mientras que su espada cortaba la ropa del sujeto, se acerco sensualmente, pegando su pequeño cuerpo al del contrario, sus labios besaron gentilmente su oreja.

-Kukuku-rio, su lengua se paseo por el lóbulo del hombre, este sintió un espasmo en su ser. Selene volvió a reír-Apuesto a que tu nunca-su espada comenzó a rasgar delicadamente la piel descubierta del pecho del tipo, como rasguños de un gato-Has estado con una mujer peligrosa, ¿Verdad?-susurró, con su voz llena de compasión y amor. Burlándose-Pues bien…-susurro, arrastrando las palabras lentamente, los dedos de su mano derecha (la cual estaba libre del arma) escalaron como dos piecitos la piel. Selene se sintió feliz al comprobar que su provocación sexual surtía efecto. El bulto que sentía en sus piernas, ese miembro erecto, tan febril que el vestido no impedía sentirlo, una sonrisa maliciosa, y los ojos brillando con demencia no eran buena combinación.

-M-¡aaahh!…-los gemidos de aquel ser humano tan excitable, provocaba en Selene un asco inimaginable, a su mente vinieron recuerdos desagradables.

-Selene, eso es por tu bien-la voz en tono maternal llego a sus oídos. La citación de esa frase, impresa en su memoria.

-Se acabo el juego-susurró con voz sensual y juguetona.-Muere-sentencio.

La espada de Selene se enterró con brutalidad en el corazón masculino, la victima escupió sangre por la boca, manchando el escote del blanco de la prenda. En la cara de Selene podía verse esa sonrisa demencial, con esos ojos brillantes, casi místicos.

El cadáver cayo inconsciente en su lecho, ella solo tenía una mirada de asco, y superioridad. Hizo el cadáver a un lado, poniendo su pie izquierdo sobre la cabeza de este.

-Deténganse…-hablo, su tono de voz era alto, peligroso, no era bueno hacerse oídos sordos.-Si siguen molestando a Cole no me quedara otra, que terminar con sus vidas.

Miles de mafioso enlistaron sus pistolas y armas, apuntando a Selene. La hembra, más pequeña solo sonrío. En una de las esquinas del salón una mujer parpadeo, era una de las tantas invitadas a la fiesta, su rostro comenzó a ponerse pálido.

-¡Hay que salir, es ella!-gritó, tapándose los oídos, no quería oír los disparos. No, no si esa mujer estaba allí.

-¿Qué te sucede querida?-preguntó un mafioso. Era su esposo, abrazo a la dama por los hombros, ella enterró su cara en el pecho, mientras lloraba y sus labios temblaban.

Lampuo se fijo en la pareja, curioso y extrañado. ¿De dónde conocía esa mujer a la guardiana de Mare?

Selene en cambio fijo su vista en la de sus presuntos verdugos, quienes temblaban de pies a cabeza. Ella sonrío

-¡Vamos a jugar!-exclamó en una carcajada.

Todos los Antonietti dieron un paso hacia atrás.

-¡Es Selene! ¡Es la bruja plateada!-gritó la misma mujer, su voz hizo eco. Selene comenzó a carcajearse, sonriendo inocentemente.

Tan inocentemente que la sangre de todos se helo.

Unos haces de luz diagonales cortaron el habla de la bruja de plata, la cual frunció el ceño. Su vista se fijo en como unas garras metálicas, 4 para ser exactos, sujetas a una cadena volvía a unirse a la muñequera del brazo izquierdo de Aquiles, que le miraba fríamente. El Guardián de la Tormenta Mare se había situado a su costado, tras darle una sutil advertencia se acerco a la bruja, caminando.

-Olvida los juegos, y mátales-pidió, su voz era gruesa.

Una herida se formo poco después de las palabras del rubio, un rasguño en la pálida piel de la bruja se convirtió en la madre de una gota de sangre.

Selene bufó, y pateo la cabeza del cadáver haciéndolo rodar hasta los pies de Aquiles. El mencionado hizo una mueca de desagrado, se saco los guantes de la mano y limpio la sangre de la boca del fallecido, su cara no estaba tan limpia como Aquiles quisiera, pero era lo mínimo que podía hacer por el desdichado, víctima de Selene.

-Siempre tan considerado-ironizó Selene. Sin una sonrisa, ni nada parecido.

-Por más bastardo que fuera, merece ser recordado con algo limpio que no sean sus manos, la cara sirve y queda impresa en la memoria. Selene-dijo el rubio de larga tranza con un tono de padre regañando a su hija. La mujer rodo los ojos cruzándose de brazos, con la espada aun en mano, salpicando sangre en el suelo.- ¡Y deja de ensuciar el piso con sangre!-ordenó, su cara estaba llena de sienes, sus cejas tenían un tic rítmico.- ¡Ya bastante tendremos que limpiar después!-volvió a quejarse, Selene suspiro.

-Tú y tú fobia a los gérmenes-se quejó, irritada.

-¡No tengo fobia a los gérmenes! ¡Detesto que todo este sucio!-aclaró a gritos.

-¡Aquiles!-El grito de Mildred alerto a ambos Mare.

Notaron como Mildred persistentemente trataba de volver a entrar al salón, pero G. Archery se lo impedía empujándola, ambos guardianes vieron largamente la situación, y se giraron ignorando a la joven castaña. La cual palideció, ¡La habían ignorado!

-¡Oigan!-gritó con rabia la castaña.

-¡Quédese con su nana temporaria!-dijo Aquiles, mientras esquivaba varias puñaladas de un sicario. Selene hacia lo mismo, solo que con las pistolas, danzando y girando esquivando las peligrosas balas.

-¡No soy su niñera!-se defendió G, con el orgullo herido. Su mirada se helo al ver la velocidad sobrehumana de Aquiles en esquivar los ataques con cuchillo, y como de la manga de su atuendo se revelaba una segunda garra sujeta a un brazalete en su brazo, las garras recubiertas de un metal brillante, fueron cubiertas por llamas rojas.

La garra salió disparada, apenas Aquiles agito el brazo hacia arriba, serpenteando en el aire, cortando la piel de aquellos que estaban en el camino, sujetando a uno de los hombres por el cuello. La garra volvió a su sitio por medio de la cadena, trayendo consigo el cuerpo. Aquiles lo uso de escudo para una lluvia de balas, saltando sobre las cabezas de sus atacantes, enviando ambas garras de tormenta que se abrieron como dos manos pertenecientes a algún demonio.

Las manos sujetaron a dos hombres, a cada uno de una pierna. Esos tipos eran aquellos que se encontraban en el medio exterior del pequeño círculo de seis personas que habían formado para atacarles a él, y Selene.

Aquiles comenzó a girar en el aire mientras las cadenas descendían desde arriba haciendo los mismos movimientos de su usuario, rodeando los cuerpos de los confundidos enemigos. Dando un salto hacia atrás, llevando su cuerpo hacia arriba en una caída en picada, con fuerza estiro los brazos hacia atrás, las cadenas apresaron a los seis enemigos que tenía delante suyo. En sus ojos azules se pudo divisar un deje de tristeza, que despareció para volverse una mirada fría. Las cadenas pronto se vieron envueltas en llamas de tormenta, como fuego candente; los sicarios se quemaban, Aquiles contemplaba su trabajo desde el cielo raso del recinto.

Cuando cayó en una pierna como un hábil felino muchos de los victimarios de aquella inesperada interrupción olvidaron el miedo por un minúsculo segundo. Aquiles ordeno a los criados, y a sus hombres evacuar lo más rápido.


Lampou se defendía como podía con aquella olla de cocina que había heredado de su madre. Una orgullosa herrera que tenía la tendencia a regañarle golpeándole con ella, en una ocasión vio como fue capaz de soportar los rayos de una feroz noche llena de relámpagos. Desde ese instante lo convirtió en su arma, y su escudo.

La olla era útil, las balas apenas le rozaban, y si algún enemigo se arremetía en su contra solo debía activar su llama del trueno y esa persona estaría frita, fácil.

O eso pensaba Lampou, sintió un escozor punzante a un lado del estomago. Bajo la vista y comprobó que una bala le había rozado cerca de la piel, afortunadamente, fue un rasguño. Pero aun así, era demasiado preocupante que una bala pudiese llegarle.

Gruño al notar que había por lo menos cuatro pistoleros delante suyo, y uno a su espalda. Acercaron sus dedos a los gatillos de las armas y dispararon. Lampou esquivo las balas como si fueran petardos debajo de sus pies, dando saltitos cortos u altos, dependiendo de a donde se dirigieran las balas.

Una bala que él no fue capaz de notar, se detuvo a unos cuantos milímetros cerca de su frente. El tirador; y sus compañeros palidecieron, la bala despedía pequeñas chispas, casi invisibles. Lampou parpadeo asombrado, a la par de confundido. Aquella mortífera arma desvío singularmente su trayectoria para dirigirse a la espalda de un chico. Lampou solo pudo gritar.

-¡Cuidado!-.

El joven de cabellera corta y marrón, se dio la vuelta atrapando la bala entre dos dedos, como si fuera una canica. Una sonrisa divertida estaba dibujada en su carita inocente.

-¡¿Cómo ha hecho eso?-exclamó G. Al fijarse en el más pequeño de los Guardianes Mare. Allí parado y estático, Lampou se pregunto lo mismo.

-Es molesto, tenía entendido que el Rayo de los Vongola era fuerte, tanto; que su gran escudo-paro y observo con duda la olla de Lampou-Me rectifico, que su olla es capaz de parar los rayos.-completo Félix con algo de decepción al comprobar el arma defensiva del guardián del rayo.

-Tú… ¡Maldito Mocoso!-gritó uno de los Antonietti, disparando a diestra y siniestra.

Félix cerró los ojos, sus cabellos comenzaron a ondear ligeramente, dispersando chispas de un color verde luminoso, Lampou amplio los ojos. ¡Eso era!

Las balas se detuvieron cerca de su cuerpo, mientras que Félix entendía la mano hacia un lado, los cuchillos de las mesas fueron a parar a sus manos como fieles dagas, situados entre sus dedos cuando sin miramiento alguno los lanzo. Estos adquirieron (sin que nadie pudiera entenderlo) velocidad extra, como si fueran atraídos por algo, clavándose en los cuerpos. La audiencia de gritos no se tardo en oír. Félix abrió lentamente los ojos, de manera calculadora.

-Adiós…-murmuró, puso su dedo índice como una pistola-¡Bang!-gritó, divertido.

Como si fuera un acto de magia un rayo verde salió disparado, violentamente, haciendo contacto con los cuchillos como si fuesen pararrayos. Los espasmos, la sangre y venas contrallándose, la piel quemándose. Luego de unos diez segundos la mitad de los Antonietti había caído al suelo: inconscientes, moribundos, y muertos.

Félix se llevo el dedo humeante, y lo soplo apartando el humo de su mano. Una sonrisa traviesa estaba en su faz, su mirar se volvió serio al oír varios disparos. Se dio la vuelta y vio como Jacqueline amortiguaba los disparos con sus botas de hierro, Félix mostro una mueca de cansancio, mesclada con preocupación.

-"Sera mas difícil recuperarse si deja que esas balas se entierren en sus botas"-pensó el de cabellera amorronada.


Jacqueline esquivaba cada proyectil, cada cuchillo. Gritó al sentir la bala impactar contra una de sus botas, afortunadamente, esta quedo hundida sin atravesar el metal; pero su pierna derecha lo resentiría después.

Con la cara, digna de una tigresa encolerizada; corrió lo más rápido posible. Su velocidad era superior a lo de Aquiles, por lo cual, podías verla en un lado y al siguiente estaba a tu espalda. Llevando la pierna hacia atrás y golpearte una patada con el muslo en las costillas; cosa que sufrió uno de los mafiosos. Siendo llevado a tres metros de distancia para chocar contra las mesas y caer.

La ladrona Fantasma no dejo ahí su ataque, silbo y su fiel cuervo sobrevoló sobre los mafiosos. Jacqueline le envió una mirada de tristeza a su mascota, y compañero. El pobre de Metiel había perdido tantos camaradas cuervos por ayudarla.

Tensando el látigo en sus manos salto en las columnas esquivando algunas balas. Cayó de rodillas al piso para atrapar las piernas de algunos, tiro el látigo hacia ella y los sujetos se vieron con los pies enredados cayendo cual piezas de domino, uno sobre uno. Comenzando una nueva carrera esta vez acercándose a uno de los mafiosos. Ella esquivo un golpe que tenía como objetivo su nuca, propino un rodillazo en los testículos para luego elevar la pierna con gran flexibilidad y fuerza, dándole un puntapié en la quijada, mientras su pie se posaba en el hombro del recién apaleado. Tomando impulso en esa pierna apoyada, salto hacia adelante, girando con gracia aterrizo de cuclillas y saco su pequeña pistola de debajo de sus faldas, disparando sin contenerse.

Un cuchillo cortando su cara la dejo helada, se aparto dando saltos hacia atrás, mientras colocaba las manos en el piso como un punto donde reunía las fuerzas para llevar sus piernas y cadera hacia atrás. Chasqueo la lengua, y sus ojos mostraron un claro desagrado.

-A pasado tiempo, Jacqueline-dijo un hombre con sonrisa demencial.

-Lo mismo digo Loco Trinwel.-agregó la Ladrona, su cara detonaba algo de preocupación, disimulada por su sonrisa. Una gota de sudor resbalo de su cara.

El tipo delante de ella era desgarbado, sus dientes eran afilados como los de un perro, su cara angulosa con cicatrices cerca de los ojos rojos cual carbón. Su cabello era corto y ligeramente puntiagudo. Su piel era blanca, y su complexión delgada.

El Loco Trinwel: un asesino conocido por su poca misericordia. Había matado a mujeres, niños, hombres trabajadores, prostitutas, mafiosos, políticos, etc. Cada crimen, haciendo uso de su cuchillo, verdugo de vidas inocentes o pecadoras, no importaba. El asesinar le producía un placer inexplicable a ese loco.

Alaude apretó los dientes, recordó que varios hombres del segundo escuadrón especial fueron asesinados por ese maniático. El deseaba atraparlo, más que a la misma Jacqueline, sin embargo noto la extraña familiaridad con que se trataban ambos criminales. Motivo por el que dejo que la conversación tomara su curso, mientras Ugetsu y G terminaban de evacuar a las personas. Notó que la hermana de la líder de Mare no estaba dentro, lo más probable era que G le había dejado de alguna forma inconsciente, eso o la había convencido por las buenas.

Naturalmente Alaude no era ciego, con lo latosa que era esa niña seguro le golpearon y dejaron dormida para que no fastidiase.

-A pasado un buen tiempo desde que vi por última vez a tus caderas y largas piernas correr-comentó Trinwel relamiéndose los labios y sonriendo demencial-Esas piernas son perfectas para bailarinas-agregó.- Recuerdo como mate a una, la pobre parecía querer correr por su vida, pero en lugar de ello le dije que bailara por su vida.- Comenzó a carcajearse ligeramente-Lo gracioso es que lo hizo-añadió con los ojos calmos.- ¡Pero la mate!-exclamó con la voz excitada. Y sus dientes filosos sobresalían de su dentadura como los dientes de un perro dispuesto a despedazar la carne.

-Maldito hijo de puta-siseó Jacqueline, socarrona-Solo piensas en matar, puto perro-agregó, al tiempo que se erguía limpiándose con la muñeca la sangre de la herida hecha en su mejilla derecha.

-¡En especial a ti!-el rubio la señalo, con su cuchillo. -¡Jacqueline!-bramó con euforia.

Sus piernas se movieron, y su mano balanceaba y pasaba el cuchillo a la mano contraria con cada paso. Una danza de filos, y fugases luces plateadas. Jacqueline retrocedía a cada ataque. Detuvo el cuchillo, con su pistola, muy cerca de su rostro. El aliento del asesino, era como un alcohol puro, no era vino o cerveza.

-¡Maldito enfermo!-gritó con asco Jacqueline, al tiempo que le pateaba el tórax, provocando una caída de sentada en Trinwel. Jacqueline salto de una manera curiosa, de hecho hasta los canguros tendrían envidia de su capacidad, girando su cuerpo hacia atrás, aterrizo nuevamente en la araña de cristal.- "¡Ese tipo bebió alcohol puro!"-pensó, horrorizada por semejante locura ni Selene era capaz de beber alcohol puro, porqué le daba arcadas.

Súbitamente; Jacqueline sintió como el candelabro adquiría más peso. Ahí, al otro lado del gran candelabro moviéndose encorvada mente como un animal salvaje; Trinwel le miraba.

Jacqueline chasqueo la lengua y se dejo caer, el loco Trinwel le siguió tirándose al vacío, la ladrona sonrió de lado. Cerró los ojos, sus botas de hierro comenzaron a adquirir una tonalidad purpurea, las rosas dibujadas, y sus espinas comenzaron a brillar por los bordes, mostrando y resaltando los grabados en aquel calzado curioso.

-¡Piérdete!-exclamó al tiempo que sus botas se envolvían en llamas purpureas, girando su cuerpo nuevamente hacia atrás como si estuviera en una posición semi fetal, lanzo una patada al cielo. Una ráfaga de viento color purpureo sacudió el cuerpo de Trinwel para luego mandarlo hacia arriba nuevamente, chocando de espaldas contra el techo. –Buenas noches desquiciado-se burló la ladrona al tiempo que una sonrisa de suficiencia aparecía en su faz. Aterrizo de manera segura, viendo fijamente a Trinwel estampado contra la pared.

De las botas, más específicamente de los grabados comenzaron a nacer gotas de un extraño líquido rojo. La nariz de Trinwel se movió, estaba olfateando (a pesar de que su cuerpo quedo incrustado en el techo), sus ojos se abrieron y movieron como los de un camaleón, su cuerpo adquiría un poco mas de masa muscular, con la fuerza extra creo fisuras en el techo del recinto. Tras haberse liberado con una sonrisa asesina en sus ojos, se dirigió directo a la ladrona, quien veía con sorpresa al maldito asesino.

Una espada se interpuso en el camino del cuchillo, seguido de un codazo en el rostro de Trinwel, quien retrocedió unos pasos, tocándose el tabique de la nariz, estaba roto y sangraba.

-¡Antonio!-dijo Jacqueline con júbilo, al notar al español sonreír descaradamente. Mientras la miraba por sobre su hombro.

-Nadie le causa problemas a las mujeres de la familia, no sin antes enfrentarse a mí, ¿Sabes?-alegó el moreno de piel oscura, sonriendo divertido. Su gesto despreocupado le abandono para mostrar sus ojos fríos y amenazantes-Nadie toca a nadie, quien toque a algún amigo mío merecer que le corte la lengua o los huevos depende del caso-añadió poniéndose en posición de lucha con la espada española enfrente suyo como fiel compañera-¡Vamos hombre, que no tengo todo el día!-hablo en español, con acento gallego.

-¡No entendí una mierda de lo que dijiste pezzo di merda*!-bramo colérico Trinwel, con la nariz algo deformada por el codazo de Antonio. -¡Te matare!-rugió, mientras se lanzaba al ataque con su cuchillo.

-¡Venga!-alentó Antonio, echándose en carrera también.

Con la mano derecha Trinwel balanceo el cuchillo, como si fuera un lápiz entre las manos, lo tomo con fuerza del mango e hizo un corte al aire, que en realidad tenía como objetivo la cara de Antonio. El espadachín español esquivo el ataque por poco, ya que el cuchillo había cortado dos de sus rebeldes cabellos negros.

-Hey, eres bueno-alagó Antonio con una sonrisa ligera. Al tiempo que daba una estocada diagonal a Trinwel, hiriéndole en la mejilla izquierda, el asesino se alejo unos pasos respirando jadeante.-Oh te lastime-señaló socarrón.


Giotto volvió a ver a la multitud corriendo fuera de la mansión, ya casi todo estaba reducido a desastre, y mafiosos disparándose.

-"¿Donde están?, con tanta gente corriendo no puedo verles"-Giotto, dio un codazo a un adversario que planeaba atacarle por detrás, dejándolo K.O

Vio como Cole estaba enfrente de Luigi. Él con el arma en la mano, temblorosa, Cole sin una expresión concreta en sus ojos, su boca era solo una línea, y el brillo de sus orbes esmeraldas no parecía ser ni serio, ni frio, solo normal. Como si esperara a una respuesta.

Giotto se acerco sigiloso, o eso trato, mientras esquivaba ataques traicioneros dejando fuera de combate a sus oponentes. No trajo sus guantes consigo, pero tampoco era como si los necesitase, el era fuerte físicamente, aun sin ellos. Corrió lo más rápido que pudo, vio como Luigi apretaba el gatillo.

El sonido llego a los oídos de todos.

Giotto paró en seco, sus pupilas doradas temblaban.


Cole miro fijamente a Luigi Antonietti, al hacerlo lo supo. Le temía a la muerte.

-¿Por qué no desistes?-preguntó Cole con tono de ruego, calmo. Tanto que no parecía un ruego, sino una orden dada por alguien superior.

-¡No te hare caso bastarda emisaria de Judas!-le respondió Luigi con rabia, puso el arma en frente alejados por una distancia considerable, un metro y medio.- Morirás ahora.

-Es por eso… ¿Es porque mi cabello es rojo, y por ser mujer? ¿Es por eso que me odias?-su voz era triste, pero firme.

-¡Cállate!-

-No me callare-se rehusó Cole. Su ceño se frunció, sus labios formaron una línea tensa. Un rostro lleno de dureza, frialdad, e ira.-Me estás diciendo que sacrificaste la vida de tu Famiglia solo porque no soportas la idea de que sea tu aliada, de que sea tu Jefa.-aseveró Cole, sus ojos verdes intensificaron su brillo-Un líder como tú-hizo una pausa, examinando los ojos de Luigi- No eres igual a tu padre. El no hubiera tratado de matarme usando a sus hombres, me hubiera matado por su mano. No hubiera matado a todos sus hombres-Cole cerro sus ojos, haciendo un minuto de silencio por el fallecido hombre, alguna vez aliado de los Mare.

-¡Guarda silencio, puta!-y Luigi apretó el gatillo.

Las puertas delanteras se abrieron de sopetón, el viento frio entro como una tormenta, Luigi dejo de respirar al ver como dos dedos de una mando llena de vendajes sostenían la bala que había disparado. Al lado de Cole había un hombre de cabellos negros rebeldes, penetrantes ojos grises que vieron con superioridad burlesca a Luigi. Foma sonrió y dejo caer la bala al piso.

-Gracias Foma-agradeció Cole, Foma se inco de rodillas ante su Líder.

-Lamento la tardanza Boss, tuve algunos asuntos que atender- se excusó el pelinegro.

Cole asintió con los ojos cerrados, en vista de que entendía la situación. Ella le había enviado en primer lugar a cumplir con el recado. La Mare miro a Luigi seriamente de nuevo, su rostro era frio.

-¿Cuáles son los crímenes de Luigi Antonietti?-interrogó, alzando su voz.


Los Vongola y demás mafiosos aliados de estos, miraron confundidos a Cole Mare, bueno, a la espalda de esta. Por otro lado cada Mare e boso una sonrisa traviesa.

Jacqueline comenzó a correr en dirección a unos cuantos mafiosos que estaban distraídos, paro abruptamente, girando en un pie dando una patada a uno haciéndole a un lado, sonrió.

-Interrumpir la fiesta-contestó con tono irónico, e irritado.

La Ladrona continúo repartiendo ataques, combinados con puñetazos, y saltos en el aire. Haciendo uso de su látigo, su cuervo Matiel le ayudaba en su empresa.


Félix seguía lanzando los cubiertos, y usándoles de pararrayos para sus ataques eléctricos, con inexpresiva cara. Aunque internamente se divertía. La pregunta de su Boss siempre le divertía, esa interrogante sacada a relucir cuando la señora sentenciara el crimen.

-Arruinarnos la noche-respondió Félix, lanzando mas cuchillos. Mientras se regañaba no haber traído su arma.


Antonio esquivo otro ataque del cuchillo de Trinwel, tomando una distancia prudente. Su cara lucia seria, Trinwel se carcajeaba como un perro viejo. Los ojos color miel de Antonio se volvieron afilados. Corrió dispuesto a arremeter contra Trinwel, el asesino tenía la misma meta. Elevo el cuchillo, balanceando el arma en su mano. Espada y cuchillo colisionaron en un ataque reñido.

-Intentar asesinarnos-soltó serio.

Sus ojos y los de Trinwel soltaban chispas, se alejo dando un salto hacia atrás. Trinwel sin embargo, volvió a arremeter en su contra. Con una hábil estratagema Antonio engaño a Trinwel haciéndole creer que iría hacia la derecha, cuando rápidamente cambio el curso de su carrera, situándose detrás de él, saliendo por la izquierda. La hoja de su espada brillo con llamas de color azul, colocándola horizontalmente. Aferro más los dedos al mango de su espada.

-Llovizna-habló Antonio. La llama de su espada se intensifico. Balanceó la espada hacia un lado, la fuerza de empujé había llevado a Trinwel al otro lado del salón, su camisa estaba rota con el corte, del cual brotaba sangre.


Aquiles giro sobre sus talones, propinando un codazo en la nuca a uno de los mafiosos, se cubrió la cara poniendo frete a esta su garra de metal, a modo de defensa. Unas balas rebotaron en esta impactando en puntos erróneos. Una sonrisa de autosuficiencia se hizo visible en sus labios.

-Ensuciar la mansión-fue su respuesta.

-Tú siempre con tu fobia a los gérmenes-Dijeron Selene y Jacqueline con voz monocorde, y cansada, desde sus posiciones.

-¡Cállense!-bramó Aquiles alzando los brazos, como si fuera un crimen contradecirle.


Selene comenzó a girar en círculos con los brazos extendidos, los hombres alrededor de ella apuntaron sus armas, las piernas les temblaban, y la piel sudaba. La bruja tenía una sonrisa maliciosa y divertida en su cara.

-Ser un idiota al desafiarnos-aseguró la bruja con seguridad. Mientras guiñaba un ojo con sensualidad.


Foma se reincorporo situándose enfrente de Cole, de su abrigo saco una pistola, Luigi dio un respingo, aun con el arma en mano apunto a Foma, Cole entrecerró sus ojos, llevándose una mano dentro del escote de su vestido de luto. La espalda de Foma era tan ancha que pudo ocultar perfectamente, la pequeña pistola que la mujer había ocultado en sus ropajes.

-Traicionar a Mare-enfatizó de Foma.

-Luigi Antonietti, por tus crimines lamento decírtelo. –Cole cerro sus ojos con pesar.-Tu castigo es la muerte, y la de tu familia-sentenció. Foma preparó el arma, Luigi se mantuvo alerta, apretó el gatillo. Cole disparo su arma dos veces, la primera bala choco directamente con la de Luigi, rozando la mejilla derecha de Foma, la segunda bala; impacto contra las sienes de Luigi Antonietti.

El último Capo de los Antonietti cayó al suelo, muerto. La sangre bajaba del agujero entre la estrecha ruta del puente de su nariz, hasta la separación de las cejas.

Todo había terminado.


Cole Mare se inclino ligeramente, en clara señal de disculpa no tenía una sonrisa en su cara, sino una cara afligida y triste. Foma la examino con sus ojos grises, Aquiles golpeo en las costillas a Antonio que vio a Foma, ambos guardines se miraron y sonrieron de forma cómplice. Selene por su parte estaba con los mofletes inflados, Jacqueline había desaparecido, y no se hubo despedido.

-Lamento los problemas ocasionados. De veras lo lamento.-se disculpó Cole

Nadie dijo nada, todos permanecían callados. Giotto por su lado solo asintió, nadie supo comprender el gesto hasta que hablo.

-No hay necesidad, te traicionaron y a pesar de eso te tomaste las molestias de confrontar a muerte a tu enemigo.

-Eso es natural-afirmó Cole.

Todos los mafiosos la vieron sorprendidos, las mujeres con admiración desconocida. Cole prosiguió.

-Seré mujer, pero soy la Líder de Mare. Mi deber es proteger a los míos, y si soy sincera-Sus ojos se cruzaron con los de Giotto-No me gustaría que me subestimasen-sus palabras detonaban determinación, algo de irritación y burla. Giotto frunció el ceño ligeramente. Cole sonrió ante ese gesto-Otra cosa por la que me gustaría disculparme es por el hecho de que mis hombres trajeron armas a la fiesta.

-¡Pero Boss, todos trajeron armas!-chilló Aquiles, señalando lo obvio.

-Nosotros prometimos no traer armas-recordó la mujer pelirroja, se giro lentamente a Aquiles, quien trago saliva, los ojos de Cole se veían peligrosos-¿Estás diciendo que estaba bien desobedecerme?-preguntó.

Los otros Mare cerca de Aquiles se alejaron tres pasos de él viendo para otro lado, rascándose la cabeza, silbando o meditando. Aquiles bajo la cabeza en resignación.

-No señora no lo estuvo-aceptó Aquiles, una lagrimilla de vergüenza se asomo por su ojo derecho.

-Bien dicho-sonrió Cole, rodeada de un fondo rosa con pequeñas flores. Se giro nuevamente hacia Giotto y su grupo-Gracias por cuidar de mi hermana.-dijo, vio como dos de sus hombres le entregaban a la señorita Mildred a Antonio, que la cargo en brazos.

-No fue nada-agregó Giotto. El Vongola pudo sentir la mirada asesina de Archery en su espalda. Una gota de sudor resbalo imperceptiblemente por la sien del Capo rubio.

Cole rio bajito, conteniéndose. Tras tranquilizarse comenzó a caminar con dirección a su auto negro. Seguida de sus guardianes, menos de Selene que provoco un temblor involuntario en cada uno de los guardianes; exceptuando a Spade que sonreía, la mujer de cabello lila reía.

-Es extraño que no los acompañes-señaló Spade a Selene, quien pateo una piedra.

El auto comenzó a andar ligeramente, Cole saco la cabeza por la ventana. Selene sonrió sabiendo que su orden seria emitida.

-Encárgate de la limpieza Selene-pidió Cole.

Los miembros de Vongola comprendieron lo que significaba limpieza. Alguien se haría cargo de borrar cualquier indicio de este incidente, se encargarían de matar o tirar en algún lugar los restos de los Antonietti.

Selene se dirigió a la puerta principal, con una sonrisa animada. Parpadeó, se dio la vuelta y les vio con aburrimiento.

-¿Aun no se van?-notó con molestia la mujercita. Sus ojos demostraban su molestia por tenerlos ahí.

-¿Tienes algún problema en que nos quedemos aquí?-preguntó Giotto con intenciones de dejar en claro que él no sería amable si ella tratase algo extraño.

La susodicha "Bruja Plateada" sonrió divertida, sus ojos brillaron, se llevo unos dedos a los labios los cuales se curvaron en una mueca divertida.

-Si quieres ver, entonces hazlo Kukuku-aceptó ella.

Giotto elevo una ceja ¿Esa mujer quería que viera como arrastraría los cuerpos ella sola?

Porque, todos se habían ido, solo quedaban los Vongola, y sus familias aliadas. Las familias aliadas de Mare habían salido lo más rápido posible, y todos los otros guardianes ya se habían ido a casa con su Capo. Nadie le ayudaría.

-Vongolas…- cada miembro elevo la vista hacia Selene, la mujer se giro con una sonrisa inocente y ojos demenciales- ¿Les. Gusta. El. Fuego?- preguntó pausadamente.

Selene elevo las manos, sus labios se movían rápidamente, sus palabras se perdían en el aire. Cerró los ojos, manteniéndolos así por tres segundos, para luego abrirlos abruptamente brillando con una tonalidad índigo.

Un fuerte viento golpeo el área. Lampou se sostuvo de Ugetsu, Archery trato de permanecer en pie, al igual que Araundi y Spade, que se cubría parcialmente el rostro con un brazo. Giotto miraba serio aquello. Selene permitió a sus pies despegarse pocos centímetros del suelo, con su largo cabello ondeando al aire sumido en una aura oscura.

Los pétalos de la rosas rojas del laberinto delantero de terreno fueron separándose de las flores, y se acercaron como un grupo de mariposas rojas a la mansión, un gran cumulo de ellas impacto contra todo un piso. Convirtiéndose en fuego ardiente. Los Vongola enmudecieron, más pétalos impactaron contra la mansión, Selene dejo de levitar para ver la mansión consumirse, su cara se mostraba satisfecha con su trabajo bien hecho.

Se giro, animada para ver las caras de horror de los supuestos mafiosos más grandes. Se regocijo al ver que sus acciones habían surtido tales efectos.

-¿¡No les gusta!-exclamó ella-¡Así es como yo limpio! ¡Todo arde, arde!-repitió carcajeándose.

Saliendo del shock los hombres le miraron con terror, Spade con nerviosismo.

Una campanada de la iglesia del pueblo vecino llego a los oídos de Selene, la joven señorita dejo de reír malvadamente. Vio la luna.

-¿Ya es tan tarde?-se dijo a sí misma-Bueno-sonrió a los Vongola-Nos veremos otros día Familia Vongola…-susurró con malicia impresa en su cara, ojos y voz. Una espesa neblina se hizo presente cubriendo todo en penumbras por unos segundos. El perfil de Selene se convirtió poco a poco en una silueta negra que desapareció, no dejo rastro al dispersarse la niebla.

Esa noche Giotto Vongola se dio cuenta de algo, algo importante.

Alexander Mare y sus guardianes eran una amenaza. Pero, su hija Cole Mare y sus guardianes eran emisarios de la muerte con piel de cordero.

Continuara…


ACLARACIONES.

El comentario del cabello rojo es debido a qué los sicilianos son muy católicos, motivo por el cual odiaban a los judíos. O gente de cabellera roja, debido a que según se dice, Judas tenía el cabello rojo.

Pezzo di merda: Pedazo de mierda en italiano. Según Google traductor.

El Loco Trinwel bebió, como dije en el cap. Alcohol puro, si ese mismo con el que se desinfectan heridas. Enserio está loco.

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