
Fan fic corto. Escrito coautoría junto a Constantine. Hermione encontró junto a Snape, el motivo de sus alegrías. Sin embargo, hay hábitos que nunca cambian ni podrán cambiar. Él se va y ella se queda. Sola, sentada en esa cama, esperándolo.
Rated: Fiction M - Spanish - Romance/Drama - Hermione G. & Severus S. - Chapters: 3 - Words: 1,901 - Reviews: 6 - Favs: 9 - Follows: 7 - Updated: 05-22-10 - Published: 05-06-10 - id: 5951329
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Dedicado en memoria de Silvia. De luto hoy y hasta que el corazón aguante.
Te adoro, Silvia.
Disclaimer: Nada me pertenece, excepto ideas. Resto, de JK Rowling.
MariSeverus.
No fue su primera intención, ni su primer pensamiento. De todas formas, eso fue lo que ocurrió. Hermione y Severus, se encontraron relacionándose mutuamente, a la temprana edad de dieciséis años. Ella. Pero no pudo evitarlo, jamás se había sentido de esa forma. Jamás se había sentido abrazado, besado. Incluso, amado.
Despertaba entre sus brazos, todas esas noches donde no decían nada a nadie y se sentía diferente. Se sentía involucrado, liderado por sentimientos que creyó muerto.
Sentimientos involucrados solo una vez. Y muchos otros, cuando supo que ella estaba por terminar embarazada. No podía mentir, amaba hacer el amor con ella. La forma en que despertaba sus sentidos, debía ser antinatural. No debía existir, sensación tan cálida y tan real.
Lo mantuvo en secreto lo más que pudo y falló de forma catastrófica. Ella se desmayó en el aula de clases y él, quedó en evidencia. Eso no le importaba mucho, la amaba y tenía que protegerla.
Remus y Tonks, prometieron guardar el secreto. Solo ellos lo sabían, puesto que Remus impartía las clases en ese preciso momento. No tenía otra opción que rogar por su silencio.
A los dos meses y medio, Hermione perdió el bebé. De todas formas, jamás la abandonó. Escuchó sus lágrimas, una tras otra, hasta que se cansó de llorar. Y nunca la dejó pensar que estaba sola. Así arriesgara muchas cosas.
Una de esas tantas veces, él la abrazaba por los pasillos. Se había ido a llorar al baño, aunque sus amigos intentaron suponer o saber qué le ocurría. La recordaba, recordaba cómo la habían llamado antes de que huyera hacia los baños del tercer piso y casi terminara muerta bajo el mazo del troll. Recordaba lo sensible que era.
Y trató de reconfortarla, pero no dejaba de llorar y temblar. Y fue en ese preciso momento, donde Dumbledore los miró. Había decidido marcar la pauta con un beso, que no pasó desapercibido por el director.
Hermione tuvo miedo de perder todos esos grados académicos que había conseguido. Casi una orden de Merlín. Él, temía terminar en Azkaban. Sobretodo, por el simple hecho de estar con alguien mucho menor que él.
Aún así, el perdón de Dumbledore nunca dejó de verse. Les permitió vivir en la torre de astronomía, siempre y cuando no realizaran actos de amor en público.
Podía vivir con eso.
La torre no era enorme, pero tampoco desmerecía. Ambos se miraron en la cama, en silencio. Su cabeza, vino a reposar sobre su pecho pálido, mientras él enrollaba sus dedos, en sus rizos.
Dormir, era una de las actividades que más disfrutaba de toda la situación. Solamente se dejaba caer en la cama, cerraba sus ojos y la abrazaba. Eso era lo que ocurría y lo que en verdad, siempre le gustaba hacer.
En ese instante, ellos estaban dormidos pacíficamente. La chimenea soltaba débiles chispas y el calor de las cobijas, bastaba para hacer del ambiente, un cuadro perfecto.
Escuchó un "plop" y entre abrió los ojos para mirar. Estaba todo muy oscuro e intuyó que la noche aún era joven. Se movió en la cama y sintió, que una mano tiró de él.
— Vuelve.
— Volveré en un momento. Parece que es Albus o Remus.
— De cuerdo— le dijo, dándose la vuelta.
Caminó, colocándose su camisa. Miró a su alrededor, en busca del origen del sonido. Pero no era Albus propiamente. Era un mensaje de Albus y de la orden.
"Severus. Espero no haberte despertado. Mucho menos a Hermione. Aunque si bien la hora... Requerimos de tus servicios. Harry está cerca del horrocrux y tú debes estar allí"
Imaginaba lo que estaba por presentarse. Hermione odiaba rotundamente, que participara en misiones que simplemente, lo alejaran de ella por meses. Entonces, escuchó la puerta de la torre de Astronomía. Remus y Albus, estaban allí.
— No despertemos a Hermione. Severus, tenemos que irnos.
— ¿Tan pronto?— dijo y frente a las llamas, un anillo de plata, con un centro de diamante, brilló. Albus asintió y lo contempló con cierta preocupación.
— Hermione tendrá que entenderlo.
— Ella jamás podría comprenderlo. Ella siempre sufre, si me voy aunque sea por un par de horas.
— Es la esposa de un mortífago, de un espía, de un miembro de la orden.
Severus no contestó, no necesitaba contestar. Las respuestas, se las debía a su esposa. Al entrar en la habitación, ella estaba sentada en la cama. Fingía no haber escuchado, pero al sentarse en la cama, supo que sí había escuchado todo. Sostuvo su rostro entre sus manos, cuando las lágrimas comenzaron a salir de forma indeseada.
— Lo siento. Lo siento por tener que dejarte.
— Me prometiste que. Lo sé, soy la esposa de un espía. De un mortífago espía.
— Hice cuanto pude, pero no pude librarme de esta misión.
— Está bien. Ya debería estar acostumbrada a esto. Vamos a dormir, que mañana será un día muy duro para ti.
Escuchó sus palabras y sintió ese vacío en su cuerpo, que casi nunca podía llenar. Se acomodó a su lado, la abrazó y la apegó a su cuerpo. Respirar su esencia, era lo único que alejaba de su mente, todos esos problemas inherentes a su condición.
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