Anime/Manga » Saint Seiya »

El Club de los Inadaptados
Author:
Daga Saar PM
Situado en el mismo universo que "Shoguns", después del Hades. Kanon, Máscara de Muerte, Afrodita, Jabu y Shun deben resolver un misterio y recuperar las armas sagradas la diosa Afrodita... además de testificar en un juicio ante los dioses Olímpicos.
Rated: Fiction K - Spanish - Chapters: 7 - Words: 35,637 - Reviews: 24 - Favs: 28 - Follows: 7 - Published: 07-16-10 - Status: Complete - id: 6148612
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

uno

CUANDO ALGO PUEDE SALIR MAL, SALE MAL


Casa de Géminis (específicamente, la cocina)


-Lo único que digo es que deberías hacer algo útil aquí.

-¡Hago la limpieza, cocino y atiendo el jardín, igual que siempre! ¿También quieres que haga el trabajo de administración?

-No me refiero a eso, y no quiero que te metas con la administración, ya sé cómo te llevas con la matemática. Lo que trato de decirte es que no te he visto entrenar.

-¡Hago ejercicio a diario! ¿Quién te ayuda en el entrenamiento?

-Ayudar a alguien a entrenar no es entrenar. Agradezco tu asistencia, pero me preocupa ver que tú mismo no te preocupas por tu propio avance en el cosmos...

-¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué propósito?

-Es tu deber como Caballero...

-¡¿Caballero? ¡¿Yo? ¡¿Ya se te olvidó que no soy un Caballero?

-Fuiste un Caballero, Atenea misma te reconoció como tal. Podrías volver a serlo. Hay muchas armaduras que aún no han sido asignadas.

-... ¿Por qué no me dejas tranquilo?

-Sólo trato de hacer lo mejor para ti...

-¿Y crees que no lo sé? Lo que pasa es que no me agrada cómo tratas de solucionar mis problemas. ¿Qué pensabas hacer? ¿Ponerme a entrenar de nuevo con Shion? ¿Asignarme un nuevo Maestro?

-Bueno... yo... había pensado...

-¿Has pensado que yo mismo he tenido ya seis discípulos? ¿Has pensado que fui el líder de los defensores de un dios y que porté una armadura del más alto rango en nombre de Atenea? ¿Te diste cuenta que asignarme un Maestro a estas alturas y ponerme a entrenar de nuevo por... una armadura de plata o de bronce... sería pura y simplemente una humillación PÚBLICA para mí?

-No quise... no era mi intención... yo sólo quería...

-Hacer lo mejor para mí, con la mejor de las intenciones. Como cuando me...

-¡¿Podrías perdonarme de una buena vez por lo del Cabo Sunión?

-... dejaste solo la vez que aquellos chicos de Rodorio me dieron una paliza porque me confundieron contigo.

-Oh.

-Entiéndeme, Saga. Por una vez en la vida, trata de ver las cosas desde mi punto de vista: ya he sido Caballero de Oro y no sería capaz de ser menos que Caballero de Oro sin morirme de vergüenza. Todo lo que me queda es mi orgullo, por todos los cielos, concédeme un poco de dignidad y déjame tranquilo mientras lavo los platos.

-... ¿Puedo ayudarte con eso?

-Inténtalo y tendremos una batalla aquí adentro. Y entonces no seré yo el que limpie el tiradero.

-Sólo quería...

-¡AYUDARME! ¡YA LO SÉ! ¡PERO NO QUIERO QUE ME AYUDES! ¡AHORA, LÁRGATE ANTES DE QUE TE ECHE!

Saga abandonó la cocina caminando lo más rápido que pudo sin dar la impresión de estar huyendo. Un segundo más ahí y Kanon le habría tirado lo que encontrara más a mano.

Kanon suspiró y continuó lavando los platos.

No le molestaba hacer el oficio de la casa. De hecho, esa había sido su labor desde que tuvo edad suficiente como para aprender el difícil arte de mantener una casa limpia y habitable, ya que la madre de ambos tenía tantas responsabilidades como el padre y muy poca paciencia… la ayuda doméstica jamás duraba mucho en su casa porque el carácter de Febe era tan explosivo… como el de Saga, y como el de Kanon también, a juzgar por la escena que acaba de protagonizar. No, no le resultaba fácil controlar su mal carácter cuando Saga adoptaba ese tono de "lo hago por tu bien" que se parecía tanto al de su padre.

Deseó poder ahogar esa parte de sus problemas en el agua del fregadero (el poco control sobre su carácter, no a su padre). No le molestaba hacer de peón de entrenamiento para su hermano. No le molestaba haber perdido la escama del Dragón Marino, ni le molestaba haber renunciado a la armadura de Géminis. Y sabía que Saga no estaba actuando así porque sintiera lástima o se avergonzara de él, pero no estaba dispuesto a tolerar que tratara de reintegrarlo a la Orden. Ya no. Atenea le había salvado la vida dos veces. Y él había muerto por ella una vez y había estado a punto de morir por ella la segunda. Hasta donde alcanzaba a ver, estaban a mano. Punto y aparte.


Casa de Cáncer (específicamente, la sala principal)


Máscara de Muerte se aburría.

Profunda, terrible... mortalmente.

No le apetecía salir de ahí, sabiendo que podría encontrarse con los demás caballeros, pero dentro de su casa ya no quedaba absolutamente nada que hacer.

Solo salía de ahí cuando no quedaba más remedio que visitar a Atenea. En esas ocasiones solo intercambiaba los saludos de rigor con los demás Caballeros y se marchaba tan pronto como era posible hacerlo sin ofender a Atenea. Casi podía escuchar los suspiros de alivio de los demás cuando se alejaba.

Nunca le había preocupado ser o no popular, pero estaba empezando a odiar ser una incomodidad para los otros.

La vida así era peor que estar en el infierno.


Casa de Piscis (específicamente, el jardín)


Si había elegido precisamente esa hora para atender precisamente los rosales de esa parte de la Casa era porque había calculado que nadie pasaría por ahí en un buen rato.

Afrodita evitaba a los demás con el mismo cuidado con el que los demás lo evitaban a él. Sabía de sobra que nadie se sentía a gusto en su presencia y él además no se sentía a gusto con los otros, bueno, nunca lo había estado. Siempre había sido de pocos amigos y ahora esos pocos habían muerto. Incluyendo a la personalidad secundaria de Saga, que había sido alguna vez su amigo y su único confidente. Menuda ironía. Saga seguía con vida pero ni siquiera se acordaba de haber sido amigo suyo alguna vez.

Todavía se sonrojaba al recordar el único intento que había hecho por conversar otra vez con él, cuando finalmente habían vuelto a instalarse en las Doce Casas luego de regresar de Alemania. Había pensado que Saga estaba distante porque todo lo que había pasado en el Hades era muy reciente todavía, y además él se había mantenido a distancia porque pensó que le haría buena falta pasar más tiempo con su hermano... pero cuando quiso visitarlo como en los viejos tiempos y se encontró con un sorprendido sujeto que no entendía de qué le estaba hablando, deseó ser capaz de tirarse por el barranco más cercano. Y no era que no hubiera suficientes barrancos a su disposición, era que no confiaba en que caer doscientos metros hasta unas rocas puntiagudas bastara para matar a alguien que había sobrevivido a la destrucción del infierno con solo unos pocos rasguños...

Saga había sido amable con él cuando se aclaró la confusión, pero Afrodita se daba cuenta perfectamente de que estaba incómodo. Ni siquiera intentó reanudar (o iniciar, mejor dicho) su amistad después de eso. Ese Saga jamás sería capaz de entenderlo.

Un ruido lo sacó de sus pensamientos. Un ruido como de alguien que tropieza y cae demasiado cerca de unos rosales. Levantó la mirada automáticamente. Oh, no, se trataba de Andrómeda. ¿Por qué, de entre todos los Caballeros, tenía que ser Andrómeda el que se cayera justo ahí, precisamente cuando Afrodita se encontraba en esa parte de los jardines? El escudo de oro de la estatua de Atenea Parthenos contra una moneda de cobre agujereada a que Ikki del Fénix pasaría por ahí en cualquier segundo y pensaría que Afrodita había hecho algo para lastimar a su hermanito.

-¿Te hiciste daño? –preguntó mientras lo ayudaba a levantarse, podía ver unos cuantos arañazos aquí y allá.

-Estoy bien, creo que me mareé un poco y resbalé... lo siento.

La primera medida que había tomado Afrodita al regresar a la Casa de Piscis había sido conseguir que sus rosas dejaran de exhalar la toxina que las volvía mortales, pero aún así despedían un aroma intenso que afectaba a algunas personas más que a otras. ¿Andrómeda había dicho que se había mareado? Con la mala suerte que tenía Afrodita sólo faltaba que el chico sufriera de presión baja. De una u otra manera iba a acabar teniendo problemas con alguien, ya fuera Fénix o la totalidad de los Caballeros de Bronce y Atenea además.

No podía dejar que se quedara ahí si era el perfume de las rosas lo que lo hacía sentirse mal, así que lo ayudó a levantarse y lo guió hasta la casa. Lo más adecuado, si no había olvidado los comentarios de su primer Maestro al respecto, sería darle un vaso de agua con azúcar... pero no había azúcar en la Casa de Piscis, Afrodita no consumía nada que contuviera azúcar refinada... tenía jugo de naranja, pero no creía que un cítrico fuera lo adecuado... vaya problema. El caso es que Andrómeda ya estaba reaccionando y parecía incómodo cuando Afrodita le ofreció un vaso con leche.

-Estoy bien, gracias –murmuró rechazando el vaso.

¿Sería que no le gustaba la leche o que desconfiaba de Afrodita? Daba igual, de todos modos seguía muy pálido y tenía la piel helada.

-¿Quieres que llame a tu hermano?

-No, estoy bien, gracias.

Andrómeda siguió su camino y Afrodita regresó a sus rosales. No tenía caso discutir... ojalá y llegara con bien hasta la Casa de Acuario, seguramente sí aceptaría ayuda de Kamus en caso de que se sintiera mal.


Asgaard (específicamente, el bosque cercano a la mansión de los Thorvald)


Bud se alejaba a paso vivo, no fuera a ser que Cid tratara de alcanzarlo.

Desde hacía un par de meses los padres de ambos habían empezado (¡otra vez!) a insistir con aquello de que querían que Bud se mudara a la mansión.

¿Es que nunca iban a comprenderlo?

Sus padres adoptivos estaban terriblemente preocupados. En un principio Bud no podía creer que aquella humilde pareja reaccionara como lo había hecho cuando se enteraron de que su único hijo había encontrado a sus padres biológicos. La forma en que la mujer que lo había criado empezó a llorar lo dejó boquiabierto, lo mismo que la expresión de dolor en los ojos del esposo de ésta. ¿Realmente lo querían a pesar de no ser su hijo?

No sólo lo querían. Poco tiempo después se dio cuenta de que además estaban celosos de sus padres biológicos y aterrados con la idea de que fuera a abandonarlos. Hasta entonces fue que cayó en la cuenta de que él también los quería.

Tantos años obsesionado con Cid y sus verdaderos padres sólo para terminar dándose cuenta de que no soportaba a su familia biológica.

No era que no sintiera afecto por ellos. ¿Quién podría no querer a la dulce señora Thorvald, tan amable y encantadora? ¿Quién podría no admirar al señor Thorvald, tal culto y agradable? Pero no podía verlos como sus padres. Eran los padres de Cid y él tenía a los suyos. Con eso era suficiente. Era una lástima que los padres de Cid no lo comprendieran. Sólo faltaba que se les ocurriera pedirle a sus padres adoptivos que trataran de convencerlo de mudarse a la mansión, ¡eso sería el colmo!

Tal vez debería llevar a sus padres de viaje, salir de Asgaard por algún tiempo para que los Thorvald pudieran reflexionar un poco...

Al percibir aquellos cosmos desconocidos, instintivamente se ocultó lo mejor que pudo. ¿Quién estaría ahí?

Dos hombres, gemelos idénticos al parecer, y al parecer, completamente agotados se encontraban en un claro cercano, tenían con ellos lo que parecían ser dos urnas para armaduras, pero el diseño era completamente desconocido para Bud. ¿Rosas y flechas? ¿A qué armaduras corresponderían y por qué ambas urnas tenían el mismo diseño?

-¿Te encuentras bien? –preguntó uno de los desconocidos.

-Sí... ¿Lo logramos?

-Así parece... tenemos las joyas, escapamos con vida... falta ver si los demás lo consiguieron también.

-¿Y ahora?

-Ahora... tenemos que averiguar dónde estamos... y dirigirnos al Santuario. Hay que impedir por todos los medios que nuestra madre le pida ayuda a Atenea o nosotros y nuestros hermanos estaremos perdidos.


El Santuario (específicamente, algún lugar en las escaleras)


Jabu pudo sentir urgencia en el llamado que llegó a él a través del Cosmos. Su mente lo tradujo como "Los necesito a todos en el Salón del Trono. AHORA", así que cambió de dirección inmediatamente y empezó a subir las escaleras, contento de llevar puesta la armadura, de otro modo se habría retrasado un poco.

No había sido fácil para él adaptarse al Santuario. A decir verdad, no creía que se hubiera adaptado en lo más mínimo. Cada día se descubría a sí mismo deseando volver a Algeria o a Japón. Grecia no le gustaba y además no se sentía "en casa" con los otros caballeros. No soportaba esa sensación de ser menos que el resto...

Los Caballeros de Oro iban saliendo de sus respectivas casas, cada cual caminando con más o menos prisa según su interpretación personal de lo que pudiera entender la señorita Saori por "AHORA". Rápidamente lo dejaban atrás. Se notaba que todavía no la conocían bien.

Al pasar por la Casa de Piscis, le sorprendió ver que Afrodita recién estaba saliendo. ¿Por qué razón tendría que llegar entre los últimos, si era el que estaba más cerca? Jabu no pudo menos que mirarlo intrigado.

-¿Sucede algo, Unicornio? –preguntó Afrodita, incómodo, mientras se pasaba una mano por el cabello con un gesto lleno de nerviosismo.

-No, nada –repuso Jabu, apresurando el paso... para sorprenderse al descubrir que Afrodita caminaba con lentitud... ¿realmente quería ser el último en llegar?

El comportamiento de Afrodita siguió siendo extraño ya en el palacio. Mientras los caballeros se reunían en el Salón de Trono, se las arregló para quedar detrás de Aldebarán de Tauro, con lo que indudablemente quedaría fuera de la vista de la señorita Saori. Sintiendo una oleada de curiosidad, Jabu se ubicó cerca de él, tal vez podría averiguar qué estaba pasando.

-¿A qué se deberá la urgencia? –preguntaba Hyoga en ese momento, los demás se encogieron de hombros.

El silencio se impuso cuando Saori entró al salón acompañada por una joven rubia que parecía tener su misma edad. Todos se quedaron sin aliento. Había que admitir que era muy bella...

-Caballeros –empezó a hablar Saori-, quiero presentarles a mi tía, la diosa Afrodita.

Jabu descubrió que Afrodita (el caballero) se encogía un poco, como si deseara desaparecer a pesar de la (relativa) seguridad que le brindaba Aldebarán en su calidad de escondite.

Afrodita (la diosa) paseó su mirada por el salón y les dedicó una sonrisa encantadora.

-Me alegra ver que cuentas con gente digna de servirte, sobrina –dijo a Saori.

Saori sonrió a su vez.

-No son mis servidores, son mis amigos.

-Me agrada ese concepto -¿por qué la voz de la diosa parecía estar repleta de sugerencias realmente interesantes?

Saori se dirigió nuevamente a los caballeros.

-En la Era del mito, Afrodita decidió que, en su calidad de diosa del Amor y la Belleza, no le correspondía intervenir en las guerras que pudieran ocurrir sobre la Tierra...

-Si descontamos Troya –dijo Seiya por lo bajo, logrando una sonrisa divertida por parte de Ikki y una mirada seria por parte de Shiryu.

-... pero en estos días ha ocurrido un suceso inesperado. Varios objetos consagrados al Amor y la Belleza han sido robados de su Santuario en Chipre y mi tía ha venido aquí para solicitar nuestra ayuda y recuperarlos...

-¿Y tendremos que intervenir todos? –preguntó Saga, considerando que iba a resultar un tanto difícil coordinar a los Caballeros de Oro, los de Bronce y las Amazonas, antes de recordar que eso ya no era trabajo suyo porque Shion se encontraba ahí, a la misma distancia de las diosas que de los Caballeros.

-Eh, no, mi tía solicitó que se presentaran todos aquí porque... porque... no está segura de cuál de ustedes es el que está buscando.

La otra diosa tomó la palabra.

-Un severo caso de mala memoria, realmente lo siento. La última vez que vi a mi caballero, él tenía... creo que doce años... Oh, pero veo que sólo los estoy confundiendo más; les explicaré. Hace miles de años, mi querida sobrina y yo llegamos a un acuerdo. A cambio de un pequeño favor que le hice entonces, ella consintió en albergar en su Santuario a mi representante en la Tierra. Ya que yo no poseo una Orden que me proteja, en aquel entonces me pareció una buena idea que mi representante permaneciera entre los Caballeros de mi sobrina, con el fin de que estuviera a salvo hasta que yo tuviese necesidad de su ayuda. Es por eso que desde la primera generación siempre ha habido entre los Caballeros de Atenea uno consagrado a la Belleza...

Todos voltearon a mirar a Afrodita (el caballero), incluyendo a Aldebarán, quien perdió con eso toda utilidad como escondite.

Viéndose descubierto sin remedio, el Caballero de Piscis se adelantó unos pocos pasos y se arrodilló frente a ambas diosas, con la mirada baja.

-Ah, veo que ahí estás, mi pequeño. Mmm... ¿Cuál es tu nombre?

-Con todo respeto, Señora, usted lo sabe muy bien, ya que usted misma me lo impuso.

La cristalina risa de la diosa hizo eco por todo el salón.

-¿Todavía estás molesto conmigo por esa pequeña broma sin importancia?

-Para mí no fue algo gracioso ni de poca importancia, Señora.

El cabello caía sobre los ojos del Caballero, ocultándole su mirada a ambas diosas, pero Saori podía notar el rencor en su voz. Afrodita, sin embargo, no daba señales de notar el disgusto del Caballero de Piscis, pero sí sintió la mirada intrigada de su sobrina y la miró de nuevo sin dejar de sonreír.

-Hace unos cuantos años, tu hermano Apolo y yo tuvimos una pequeña discusión, no podíamos ponernos de acuerdo acerca de algo de lo que ninguno de los dos estaba demasiado seguro e hicimos una pequeña apuesta. Por aquel entonces había nacido en el Santuario de Apolo un niño que tu hermano destinaba a convertirse en uno de sus sacerdotes... bueno, aposté un brazalete de oro contra ese niño a que yo tenía la razón, y gané la apuesta, así que el niño en cuestión pasó a ser de mi propiedad.

"Claro que yo nunca he sido muy buena cuidando niños y después de aquel desastre con Adonis y Perséfone, tampoco tenía a mucha gente en quién confiar... así que lo traje a tu Santuario y se lo entregué al Patriarca para que lo educara en mi nombre. Ya que el pequeño estaba destinado a ser sacerdote de Apolo, no podía ser menos que eso cuando me convertí en su dueña, así que decidí que fuera mi representante. Por supuesto, tuve que cambiar su nombre, ya que no podía conservar nada que lo uniera a tu hermano, y Apolo había elegido su nombre original. En fin, ¿cuál es tu nombre ahora, encanto?

El caballero sintió que enrojecía sin poder hacer nada para remediarlo, excepto bajar todavía más la mirada.

-¡Ah, sí! –dijo la diosa, fingiendo haberlo recordado de repente-. Si ya lo recuerdo, tu nombre es...

-Aquí se me conoce como "Afrodita" –interrumpió el Caballero.

La diosa lo miró sorprendida... un segundo antes de estallar en carcajadas.

-¡¿Afrodita? ¡Pero qué adorable! ¡Así que después de todo sí me tienes algún afecto! ¡Ya decía yo que tenía que ser fingida esa mala cara que pones cada vez que nos encontramos!

Luego de un par de minutos, la diosa recuperó la compostura para mirar a Shion con un brillo burlón en los ojos.

-Veo que seguiste al pie de la letra mis instrucciones acerca de cómo educarlo.

Shion no supo si palidecer o sonrojarse. En realidad no le había hecho el menor caso.

-Un buen maestro se hizo cargo de su educación –dijo, con el tono más neutro que pudo. Al menos eso era verdad.

-Estoy muy satisfecha –sonrió la diosa-. Estoy segura de que... Afrodita... sabrá velar por mis intereses.

-¿Qué es exactamente lo que ha sido robado? –preguntó Saori, algo acongojada y deseando cambiar el tema.

-Mis joyas. El Cinturón, la Lanza, el Espejo y la Manzana –la diosa se había puesto seria por primera vez-. Puede parecer poca cosa si se les compara con las armas que poseen otros dioses, pero en malas manos el Deseo, el Desdén, la Fascinación y la Discordia pueden ser armas increíblemente poderosas.

Luego de que la diosa terminó de describir las joyas robadas, Saori dio permiso a sus Caballeros para retirarse y todos se marcharon en silencio, ansiosos por poder comenzar a comentar todo aquello. Afrodita permaneció arrodillado hasta que el último salió y entonces se puso en pie.

-¿Mala memoria? ¡¿Mala memoria? ¡¿De cuándo acá tienes mala memoria? –exclamó con aire ofendido, sorprendiendo a Saori-. ¡Esto lo has hecho solo para humillarme delante de todos, igual que siempre! ¿Era absolutamente indispensable comentar lo de la apuesta?

La diosa empezó a reírse de nuevo.

-No, claro que no, cariño, pero me encanta contarlo. Si no se lo hubiera dicho a todos ahora, se lo había dicho a cada uno por turno. Tú me conoces, mi pequeño.

-Desgraciadamente –suspiró el Caballero-, desgraciadamente...

¿Por qué Apolo había sido así de ingenuo? Las mil y una veces que había discutido con él por lo de la apuesta, le había salido con la pobre excusa de que jamás imaginó que Afrodita tuviera razón con respecto a que China tenía un solo huso horario, pero eso era lo último que le importaba al Caballero. La pregunta que siempre le hacía a Apolo y que nunca recibía una respuesta satisfactoria era por qué diablos lo había apostado contra un brazalete. Lo más que lograba con eso era que Apolo le respondiera "las cosas salieron mal".


Rodorio (específicamente, el mercado)


-¡Este sitio apesta! –exclamó Máscara de Muerte.

-Estamos en el área de las pescaderías, no veo por qué te sorprendes –replicó Kanon con disgusto.

Máscara de Muerte lo miró de arriba abajo, como evaluándolo.

-¿Sabes que eres igualito a tu hermano?

Kanon consideró la posibilidad de ponerle de sombrero la canasta que cargaba.

-Tendría que estar ciego para no darme cuenta –respondió.

-No me refiero a físicamente, sino al carácter de ustedes dos y la forma de expresarse. Hubiera esperado que no se parecieran tanto, ya que no los criaron juntos...

-Sí nos criaron juntos.

-¿En serio? ¿Por qué nunca te vi en el Santuario hasta lo de Hades?

Kanon estuvo a punto de rechinar los dientes.

-Sí me viste, idiota, muchas veces y hasta jugabas conmigo cuando éramos niños, pero creíste que yo era Saga.

-Ah, ¿de veras?

-¡NO, DE MENTIRAS! Dime una cosa, Cáncer. ¿Para qué diablos te ofreciste a acompañarme acá?

-No me ofrecí, tu hermano me encontró descuidado y me ordenó que te ayudara con la compra, lo mismo le pasó al del Caballito...

-¡Unicornio! –protestó Jabu, que iba un poco más atrás.

-Lo que sea –dijo MM, encogiéndose de hombros-. Hay demasiadas constelaciones con equinos, ahora que lo pienso. Sagitario, Unicornio, Pegaso, Caballito, Centauro...

-No es Caballito sino Caballete, el Caballete del Pintor –corrigió Kanon.

-Lo que sea.

-Será mejor que nos apresuremos –dijo Jabu-, va a empezar a llover.

-Primera cosa inteligente que le escucho decir –comentó MM.

-Lo cual le da ventaja sobre ti –respondió Kanon con aire cansado-. Al menos él sí ha dicho algo inteligente hoy -¿Saga habría tratado de castigarlo por algo poniéndole a esos dos como "ayudantes"? Era más lo que le habían estorbado, sin contar con que los dos eran un verdadero fastidio y tampoco se llevaban bien entre ellos.

Al tomar el camino que conducía al Santuario, alcanzaron a Afrodita, que caminaba cabizbajo y con un aire de abatimiento tan completo que casi despertó la compasión de los tres, casi.

-¿Qué ocurre, Afrodita? ¿Descontinuaron tu color de sombras? –preguntó MM, dándole una palmada en la espalda que casi lo tiró al suelo.

-Déjame tranquilo –protestó Afrodita-. Ya tengo suficientes problemas.

-Créeme, no tienes ni la menor idea de cuánto es "suficiente".

Afrodita se encogió de hombros y siguió caminando.

-¿Todavía no sabes por dónde empezar a buscar a los ladrones? –preguntó MM-. ¡Ya has tenido dos días para pensarlo!

-Si te parece que es fácil, te reto a que lo hagas tú –replicó Afrodita, amoscado-. La Señora ni siquiera sabe quién diablos pudo haber cometido el robo y no ha sido posible localizar a nadie de su séquito.

-¿Su séquito? –dijo Jabu, como un eco.

Afrodita lo miró con fastidio.

-Sí, su séquito, cortejo, corte, como quieras llamarlo... Su familia más cercana. Sus hijos Eros, Anteros, Eris, Harmonía, Fobos y Deimos, su nuera Psique y su nieta Placer. Nadie sabe en dónde están, pero ni siquiera es demasiado raro porque suelen dedicarse más a sus propios asuntos que a prestarle atención a Afrodita. No son tan tontos como aparentan.

-Bueno, ya aparecerá alguno... Vaya, ahora sí nos alcanzó la lluvia, lo siento por tu maquillaje y tu peinado, Afrodita.

-Ya no me molestes. Empezaré a creer que es acoso.

-...No, eso suele hacerlo Escorpión –MM se dirigió a Jabu con una sonrisa cómplice-. Cuando éramos niños, Escorpión estaba convencido de que Afrodita era niña y vivía acosándolo… estaba perdidamente enamorado, el pobre. ¿Ya le dijiste que sigues soltero, Afrodita? A lo mejor todavía está interesado.

-Sabes que no lo está, idiota. No me busques más problemas de los que ya tengo, por favor.

-Sería culpa tuya por darme ideas.

-¿Darte ideas? No sabrías que hacer con una idea aunque te cayera encima...

Kanon empezó a alarmarse, aquello estaba a punto de degenerar en pelea.

-Suficiente. Caminemos o nos ahogaremos aquí.

En lugar de caminar, corrieron al Santuario, aunque no tenía caso correr, puesto que ya estaban completamente empapados. En la entrada del Santuario encontraron a Shun, que estaba ahí con su bolsa de viaje y aspecto de haber estado a punto de abandonar el lugar en el momento en que empezó a llover.

Jabu recordó vagamente que Shun tenía planes de viajar a Etiopía por esas fechas, así que no era de sorprender su cara de frustración al ver que el aguacero arreciaba en lugar de disminuir...

Los pensamientos de todos quedaron cortados en el mismo instante al percibir una fuerte alteración el cosmos. El Palacio estaba bajo ataque.

En un abrir y cerrar de ojos, los que tenían armaduras las convocaron y desaparecieron corriendo escaleras arriba. Kanon se quedó contemplando los cestos de la compra y dudó unos instantes antes de seguirlos, abandonado las verduras a su suerte. Considerando la suerte de Kanon, era más que probable que alguna cabra silvestre las hubiera encontrado antes de que él pudiera regresar a buscarlas.

Cuando alcanzó a los demás en el Salón del Trono, los encontró con un aire abatido similar al que tenía Afrodita unos minutos antes... por lo menos Jabu y Shun, MM parecía estar tratando de aguantarse la risa.

Atenea estaba ahí... y todos los demás caballeros también... cada quien encerrado en lo que parecía ser un ataúd de cristal...

-¡Hermano! –exclamaron Kanon y Shun al mismo tiempo, al descubrir a Ikki y Saga entre los prisioneros.

Ahí fue donde MM ya no pudo reprimir la carcajada.

-¿Qué son estas cosas? –preguntó Jabu, adelantando la mano para tocar uno de los ataúdes.

-¡No lo... –empezó a decir Afrodita, pero ya era tarde, los dedos de Jabu rozaron la superficie cristalina... y una descarga eléctrica lo envió lejos en un instante-... toques!

-¿Habías visto algo como esto? –preguntó Kanon.

-No, pero imaginé que pasaría algo así –dijo Afrodita-,... siempre que algo se ve mal, puede ponerse peor...

-Ya veo.

-¿Se dan cuenta de una cosa? Somos los únicos que no estamos atrapados –señaló MM.

-¿Esto será permanente? –preguntó Shun.

-Bueno, si quieres puedes esperar y averiguarlo...

-¡Ya basta! –protestó Afrodita-. Esto es serio. Tú mismo acabas de señalar que somos los únicos que no estamos atrapados. ¿Te das cuenta de lo que eso implica?

-¿Que uno de nosotros lo hizo?

-Eso lo encuentro un tanto difícil –murmuró Jabu-, puesto que estábamos juntos los cinco cuando sucedió.

-Significa que nos toca a nosotros rescatar a los demás –dijo Kanon.

Luego de un incómodo silencio, MM se decidió a hablar.

-¿NOSOTROS?

Un relámpago iluminó la escena, como una sentencia de los dioses.

continuará...


Notas:

El séquito de la diosa Afrodita: estaba conformado por los amorcillos (especie de bebés con alas... que luego los romanos confundieron con Cupido, el equivalente romano de Eros), las Gracias, multitud de palomas y tórtolas (sus aves emblemáticas, que son símbolo del amor puro y la fidelidad) y algunos dioses:

Eros: el Amor, principalmente en el sentido erótico (eh, bien, precisamente de su nombre es que deriva la palabra "erótico"). Generalmente se considera que es hijo de Afrodita, pero en cuanto al padre no hay mucho acuerdo... algunos lo consideran hijo de Zeus, otros de Ares, etc.

Anteros: el amor correspondido, según algunos autores, pero en este fic es el Desamor, lo opuesto al Amor ("anteros" = "anti-eros", "lo contrario a eros"), y da la casualidad de que lo opuesto al amor no es el odio (la diosa del Odio es Ate), sino la indiferencia. En realidad me parece que Anteros es un concepto filosófico más que una divinidad, pero encaja demasiado bien con el grupo ^^U

Fobos y Deimos: el Terror paralizante (de su nombre deriva la palabra "fobia") y el Espanto, son hijos de Afrodita y Ares.

Eris: la Discordia, dependiendo de la versión puede ser la hermana gemela de Ares, la hija de Ares, la esposa de Ares, o pueden ser dos Eris que son gemelas, hijas de Zeus y Hera. En esta versión es hija de Ares y Afrodita.

Harmonía: o también Armonía, aunque lo he visto más frecuentemente con "h", el Equilibrio, refiriéndose al orden universal y también al balance de los opuestos. Hija de Ares y Afrodita.

Psique: su nombre significa "alma" y puede ser considerada una diosa de la Belleza, aunque en un sentido más espiritual que Afrodita. Originalmente era una humana de gran belleza, lo cual provocó los celos de Afrodita, quien ordenó a Eros que la hiciera enamorarse de algún monstruo, pero Eros se enamoró de Psique e hizo cuanto pudo por salvarla... luego de muchas penalidades, lograron que los dioses del Olimpo aceptaran su matrimonio y Psique fue convertida en diosa.

Placer: bueno, en realidad se llama Voluptuosidad, pero creo que "Placer" queda mejor para este fic. Hija de Eros y Psique, representa el disfrute físico del amor.

Los apellidos de Cid y Bud en este fic: eh... no he mencionado el apellido de Bud, pero mejor los aclaro a los dos juntos ^^U Thorvald es el nombre del escudo de Odín, y Skiold es "Escudo" en... ¿noruego antiguo? no estoy muy segura, pero era el nombre de un rey según una leyenda nórdica.

Sobre la apuesta que hicieron Afrodita y Apolo: sí, China tiene un solo huso horario, no corresponde con la realidad geográfica (debería tener tres o cuatro), pero así está establecido.

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .