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Puzzle6
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VampirezShepherd023 PM
Nero ha llegado por los azares de la vida a trabajar junto a Dante en Devil May Cry. Lamentablemente, la vida que lleva en aquel trabajo no es de lo mejor Yaoi Dante X Nero
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Drama - Nero & Dante - Chapters: 13 - Words: 37,617 - Reviews: 48 - Favs: 14 - Follows: 4 - Updated: 11-04-10 - Published: 09-07-10 - id: 6306543
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Como sea, ahora sigue el FINAL 2 o FINAL DRAMÁTICO, TRISTE… como quieran llamarle. El 2do tiene más contenido. Es más extenso. A mi juicio, prefiero éste, por lo mismo. Por tener más drama.

Voy a demostrar que el amor entre Dante y Nero, al menos en este fic, es tan grande, que cruza barreras impenetrables.

Como la de la muerte (dedos como los de Sir Montgomery Burns diciendo "excelente", y desapareciendo en la oscuridad XD LOL)

Pero no digo más, sólo lean. :)

I.

Habría sido algo más de medio día. Dante llegaba, como siempre, tarde. Apresurado, corriendo. Se detuvo en el bosque. Nada.

Miró su reloj. Era algo tarde, se supone que Nero estaría antes. Un dejavú. Comenzó a preocuparse. La última vez que Nero llegó tarde a una reunión… todo había acabado mal. Decidió llamarle. Tal vez, estaba demasiado paranoico. Tomó su celular y marcó.

Nada.

Colgó, se dio un par de vueltas al frente del árbol en el que estaba apoyado, y marcó de nuevo, resoplando.

Ésta vez, escuchó el tono de llamada del celular de su amante. Era cerca. Su oído ubicó el sonido a unos metros de donde él estaba. No colgó; comenzó a correr, siguiendo el sonido, con una mezcla de esperanza, por encontrarle, y con otra de angustia, de tener el resultado opuesto.

Hasta que detuvo su carrera, sin sentir cansancio o agotamiento alguno. Veía el verde brillante que cubría el celular de su compañero. Se acercó, y lo tomó, aún sintiendo la vibración. Colgó.

"2 llamadas perdidas; Dante"

Se puso de pie a prisa, guardó ambos celulares en su gabardina, y en menos de cinco minutos, cruzaba las calles de Fortuna, dirigiéndose a toda prisa al Palacio.

— ¡Dante! —le detuvo Credo, al verle correr por las calles.

Éste se detuvo y volteó. Kyrie y Credo le miraban con confusión.

—Díganme que han visto a Nero—

Ambos suspiraron.

— ¿De nuevo? —

—Por lo visto. Encontré esto botado en medio del bosque—sacó el celular.

—Pues… sí, es el que le regalé pero… esto no demuestra nada—

—De todos modos, quiero asegurarme—

— ¿Cómo pasó? —

—Íbamos a reunirnos. No llegó, lo llamé, y encontré su celular en el suelo. Voy al calabozo, ¿algo de lo que deba protegerme? —

—De nada. Aunque he estado revisando, creo que hay vestigios de la Orden que buscan venganza. Ten… —

No alcanzó a decirle "cuidado" cuando Dante ya había comenzado a correr.

El resultado, tres guardias muertos, y un cuarto agonizando. La Orden de la Espada quería surgir nuevamente, aunque sin Sanctus. Dante entró a las celdas. A todas, con infinita impaciencia y esperanza de verle ahí, aún en buen estado. La desesperanza le inundaba, la sensación que sentía era indescriptible.

Pero nada.

— ¿Y si vas a ver a Devil May Cry? Tal vez… tal vez te está esperando allá—

Rogó porque la idea de Credo se concretara.

—Cualquier cosa, me llamas—le avisó Dante al comandante.

—Igual para ti—

II.

Se detuvo frente a la puerta de su agencia con miedo. Lo sentía en el aire. El ambiente, el olor. Tras esa puerta… dentro de su agencia, estaba de pie, la misma muerte. La sentía riéndose de él.

Abrió la puerta, y cerró tras él. Avanzó con desconfianza. Toda la recepción estaba hecha un desastre. Los muebles y miles de hojas tirados sobre el piso, del cual ya casi nada se veía.

Hasta que su mirada se detuvo en el sofá. Un largo bulto cubierto por un edredón oscuro; sangre cayendo en una delgada fila por el cuero negro. Y el Devil Bringer de Nero colgando bajo la manta.

Apretó los párpados, como si quisiera sacarse de la mente aquella imagen. Avanzó con cuidado. Algo en su inconsciente le dijo que debería salir de allí y no volver a entrar. Jamás. Pero Nero estaba allí. Tal vez cómo, en qué estado. Se acuclilló frente al sofá y posó su mano izquierda sobre lo que sentía era el hombro de su compañero. Resistió un momento. Finalmente, en un arrancón de desesperanza, levantó el edredón.

(Por si acaso… si alguna quiere sentirse más en ambiente, "llueve por dentro"; de Luis Fonsi XD. Sé que es cursi, pero a mí me sirvió mucho mientras lo escribía. Sorry por interrumpir)

Apretó los párpados, y dejó caer el edredón nuevamente, bajando la cabeza y negando la mirada. No había podido resistirlo. Su corazón se aceleró; se quebró. Algunas lágrimas comenzaron a deslizarse por sus pómulos. No quería creerlo. Nero estaba mirándole seriamente, con un rostro de dolor. Cuando por fin se decidió nuevamente, le descubrió, y se quedó observándole, con el alma resquebrajada. Su amante estaba boca abajo, con la cabeza ladeada, mirándole, con los labios entreabiertos. El desangramiento ya se había detenido, pero el camino que habían tomado para llegar al suelo era muy claro.

Depositó una mano sobre su hombro, sollozando. Un sollozo que rápidamente fue convirtiéndose en un llanto furioso. Ya no respiraba. Su cuerpo estaba frío. Su piel, pálida. Nero no había alcanzado a despedirse. Cerró los ojos, y una imagen llegó a su cabeza. Nero caía sobre el suelo, adolorido, jadeante. Cuatro desconocidos que le golpeaban. Le hicieron caer sobre el sofá, y le apuñalaron en el vientre con Rebellion. Un grito agonizante de dolor. La sangre que se acumulaba en su boca para poder salir cuando tosía, completamente ahogado, intentando respirar. Una segunda puñalada, casi en el tórax. Luego, le apuntaron con Blue Rose, que había sido arrebatada de su dueño original algunos minutos antes.

— ¿Algo que quieras decir? Para despedirte—

Nero cerró los ojos y recordó a Dante. Con dolor, pues no volvería a verle más.

"Lo que más me hace feliz, es haber sido la persona más importante para ti, Dante. Que comprendas que esto me duele tanto como a ti. No sabes cuánto te quiero"

El primer beso entre ambos, que no había sido muy agradable, sino una prueba. El primero cargado con verdaderos sentimientos. La primera vez en que le sometió sexualmente.

— ¿Nada que decir? —

Nero abrió los ojos, con valentía. Dante también, con dolor. Ahora se daba cuenta. No había salida de proyectil. Una parte del lado derecho de su cabeza estaba completamente manchado de sangre. Los cabellos que adornaban esa parte. Su tierna y pálida piel, totalmente marcada por la huella de sangre. Su Devil Bringer, ya sin vida. Apagado. No volvería a iluminarle ni a acariciarle.

—Nero…—suspiró, apoyando la cabeza en el borde del sofá— ¿Cómo te vas ahora dejándome así? —

La última vez que había llorado… no, ya ni siquiera la recordaba. Mucho antes de enfrentarse a su hermano, incluso. Tal vez su padre o su madre. Posó la mano sobre sus ojos, cerrándolos con ternura y con dolor. También su mentón, dando un beso en este, y apoyando la cabeza en su ensangrentado pecho.

III.

Escuchó un desesperado grito. No quiso levantar la vista, sabía que era Kyrie antes de escucharla siquiera. Credo venía tras ella, tratando de controlarla. Quiso lanzarse sobre Dante, pero su hermano le detuvo.

— ¡Eres un asesinoo! —le gritaba.

Dante parecía no escucharle. Pero lo cierto, era que sus palabras abrían cada vez más el vacío en su corazón.

Credo logró calmarla. Dante se había alejado de todo. Bebía una cerveza. Tal vez, la embriaguez solucionaría su pena. Se detuvo a mirarla, y la arrojó lejos, con rabia, en un grito de dolor y de ira reprimida. Escondió su cabeza entre sus manos. No quería creerlo, no podía. Nero ya no estaba con él.

Ni siquiera levantó la mirada cuando escuchó dos motores de motocicleta, y una confundida expresión de parte de sus compañeras. Se detuvieron al ver el ambiente. Luego, una exclamación de dolor y de incredibilidad al ver unas seis personas, totalmente desconocidas, saliendo de la agencia, cargando algo entre ellos.

Lady se lanzó sobre uno de ellos, haciéndole caer al suelo. No era posible. Sumida en un mar de lágrimas, quiso correr el cierre y ver lo que ocultaba. Quería comprobar que lo que creía no estaba ocurriendo. Dante se puso de pie con prisa y la sostuvo por la cintura, negándole, mientras ésta lloraba y gritaba por sacárselo de encima y comprobar que no era lo que ella no quería creer.

—Vas a arrepentirte, créeme—le advirtió.

Ella dudó un momento y luego se abrazó con desesperación y rabia contra Dante. Trish miraba todo de una distancia, había preferido no acercarse. Cruzó su mirada con las del comandante, y decidió acercarse.

— ¿Cuándo? —

—Lo encontró hace menos de una hora—

— ¿Sabes quiénes son los culpables? —

—Pues… estoy casi seguro de que son los vestigios de la Orden—

Ella dudó un momento antes de hablar.

—Lo estoy pasando tan mal como tú—sollozó.

Le tomó de las manos e intentó sonreírle.

—Pero hay que seguir adelante. Él no les hubiera querido así—

Ni Lady ni Trish quisieron dejar solo a Dante aquella noche. Lady sabía la razón por la que Dante estaba tan mal, y se descontrolaba pensando en aquello mientras intentaba dormir.

—Hey, Lady… tengo algo que decirte—Volteó de inmediato. Ambas ocupaban un par de sofás que había en una de las habitaciones de la agencia.

—Pues… te escucho— —Incluso… no puedo dormir—comentó Lady.

—Tampoco. Hay un par de cosas que me preocupan—

— ¿Y eso sería…?—

—Primero… lo que sucedió. Me perturba. Jamás creí que algo como esto pudiera pasar, todo se veía tan tranquilo—

—En la vida pensé que podríamos llegar a perder a ese niño. Pero… todos estamos de acuerdo, hay que seguir ¿Qué era lo segundo? —

—Dante—comentó la rubia.

Lady suspiró; lo sabía, pero no lo podía sacar a relucir. Dante era quien peor lo estaba pasando con todo aquello. Desde que se habían separado aquella mañana, se había escondido. No quería ver a nadie.

—Dante debe estar pasándolo horrible—agregó Trish.

—Más de lo que crees—

—No lo sabes, pero… creo que ya no hay porqué no contarle a nadie. Después de todo, Credo ya sabe—

Aquellas palabras alertaron un poco a Lady.

— ¿De qué hablas? —

—De que estaban juntos. Dante y Nero eran amantes. A escondidas, claro. Nadie debía saberlo—

— ¿Y tú cómo sabes eso? —

—Dante me lo contó hace mucho. Cuando ni siquiera habían empezado. Lamento si te lo oculté, sabes que eres mi amiga…—

—También lo sabía. También al mismo tiempo que tú, pero a mí me lo contó Nero—sonrió, aunque luego hizo desaparecer aquel gesto.

—Qué casualidad—

—Ambas sabemos lo mal que lo debe estar pasando Dante ¿Está en su cuarto? Deberíamos ir a hacerle algo de compañía, ¿no? Hablar con él—

—Claro—

Ambas se levantaron y se abrigaron con una chaqueta. Avanzaron y se detuvieron ante el cuarto del demonio.

— ¿Dante? —Abrieron la puerta con sigilo— ¿Te molesta si entramos? —

Pero allí no había nadie. Estaba del todo vacío. Sólo la luz de la luna ocupaba un espacio en su cama. Desde la ventana, pudieron ver que tras la agencia había una luz. Pero parecía fuego. Salieron a ver qué sucedía, y se encontraron con el demonio sentado en el suelo, mirando cómo las llamas de fuego devoraban su sofá, mientras bebía una cerveza. Se acercaron en silencio, descubriéndole cubierto por su gabardina, con la mirada perdida en aquellas llamas.

Se sentaron a su lado.

— ¿Qué haces? —preguntaron.

—Quemo—

— ¿Y por qué quemas tu sofá favorito? —

—Porque sus recuerdos me atormentan—

Ambas se observaron.

—Dante… necesito decirte algo—dijo Lady.

—Te escucho entonces—

—Yo sabía lo que tenías con Nero—

— ¿Cómo? —

Dante respondía a todo con un tono de desinterés fatal. Pero era que miraba fijamente las llamas y el corazón se quemaba junto con su sofá.

—Nero me lo contó. Hace mucho. Cuando ustedes ni siquiera estaban juntos—

—Cuando tú lo atormentabas—comentó Trish.

Algo en el corazón de Dante se trisó, y una lágrima comenzó a deslizarse por su mejilla.

—Nero estaba atormentado porque tú no le correspondías. Después, cuando me contó que ustedes estaban juntos… sus ojitos… estaban llenos de un brillo tan especial…—

—No sabes cuánto lo sentimos, Dante—

—No fueron ustedes, no tienen porqué disculparse—sollozó, ocultando sus lágrimas con el brazo.

Lady se abrazó a él.

— ¿Qué piensas hacer? —

—Atrapar a quienes le hicieron esto y hacerlos sufrir tanto como sufrió Nero antes de morir—

—Déjanos estar allí—

Trish se había puesto de pie; cuando volvió, se cubrió ella y al resto con una frazada.

No hubo ceremonia para despedir a Nero. Imposible, ¿cómo despedir a alguien cuando la única religión que poblaba el lugar era una total estafa?

Su cuerpo fue cremado. Anteriormente le había dicho a su hermano que quería que sus restos sucumbieran ante el fuego.

"Sólo el fuego podrá purificar mi alma" solía decir.

Credo, desde hace un tiempo, había estado adoptando otra religión, en la que sabía su hermano también confiaba, así que rezó por él en aquella, y le despidió bajo la supervisión de aquel Dios.

Dante permanecía a un lado.

—Deberías ir a despedirte de él. A Nero no le hubiera gustado que no le hubieras ido a despedir—

Aquello había sido antes de que sus restos se convirtieran en cenizas, enterradas en un jarrito decorado bajo tierra. Dante no quería acercarse. Le daba temor ver a Nero, totalmente inerte. Y Kyrie había advertido que no le quería ver cerca de su hermanito. El homicida no tenía derecho alguno a ver a su víctima después de su horrible acto de inhumanidad.

Pero Credo le había dado el permiso.

Ahí estaba, a una mediana distancia. A unos pocos metros.

—Nero…—suspiró.

Se acercó con paso temeroso. Sólo podía ver una rosa que debió haber dejado su hermana. Al llegar, tuvo que contener el miedo al tener que levantar una parte de la urna. Levantarla y ver lo que había visto hace dos días atrás, pero sin la sangre.

Uno que otro mechón de cabello del semi demonio seguía con sangre, y eso le hizo tener en su mente el vivo recuerdo de él, quitando el edredón con miedo.

Levantó un poco el brazo y lo acercó a su frío rostro, tocándole con melancolía y una ternura inimaginable.

—No me dejes aquí solo…—sollozó.

Quería creer que no era tarde.

Pero ésta vez, su impuntualidad había sido fatal. Había llegado demasiado tarde.

Y aquello jamás se lo perdonaría.

Se quedó un rato sentado a lo lejos, mirando el cajón. Le molestaba. Le perturbaba, y hacía que corazón se rompiera en pequeños pedazos.

Hasta que se decidió a salir. Credo le alcanzó.

— ¿No te gustaría ir a beber algo? —

—Olvídalo—Y se alejó con prisa.

Había pasado ¿qué? Dos semanas. Casi tres. Dante seguía solo. No quería a nadie cerca. Pero se había querido ir a un bar. Necesitaba sentir que aquella pena se le iba, por culpa de la alcohol, o de lo que fuera. Pero Lady y Trish estaban demasiado preocupadas por él como para dejar que siguiera bebiendo.

Le encontraron en un bar; le vieron desde la entrada, muy abrazado por la cintura a una mujer, que fumaba frente a él. Él sólo bebía. Trish volteó la cabeza y pudo ver lo seria, pero preocupada que estaba su compañera.

—Nosotras no podremos sacarle de ahí solas—

— ¿Y? ¿A quién tienes planeado pedirle ayuda? —

— ¿Qué hay del amigo de Dante? —

— ¿Cuál? —

—El hermano de… —vio el rostro de su compañera. Claramente, ella aún no había superado lo del menor—El hermano de Nero—

—Claro—susurró.

Le encontraron, con mucha suerte, despierto y activo. Al enterarse de su estado, salió del cuartel que habitaban y acudió a él.

—Entonces…—

—Lamentamos molestarte, Credo, pero ya sabes. Dante ha estado… tan extraño últimamente—

Él bajó la cabeza.

— ¿Es por la razón que creo que está así? —murmuró.

—Exacto—

—Perdona que te sigamos atormentando por esto, Credo—

Éste solo sonrió a Lady; una sonrisa que castañeaba, pero una sonrisa al fin y al cabo.

Y le vio con aquella mujer; ella parecía haber tomado el segundo o tercer cigarrillo desde que le habían visto, y Dante seguía bebiendo. Ya estaba apoyado sobre la mesa, dándole la espalda a todo el mundo.

— ¿Y quieren que vaya y lo saque? —

—Por favor—

El hombre avanzó entre la gente. Lady y Trish le seguían, apartándose de la gente a su alrededor, con desconfianza. Ya llegando a Dante, se detuvieron. La mujer les vio, pero no les tomó en cuenta.

— Dante, ¿qué demonios te sucede? —

Éste ni siquiera levantó la mirada. Siguió ignorándoles, y bebió otro sorbo.

—Dante… aquí Lady y yo estamos algo preocupadas… preferiríamos que volvieras a la agencia con nosotras—

El cazador movió su mano, indicándoles que se fueran. Lady le miraba con el corazón roto.

—Por favor…—rogó a Credo, quién le tomó del hombro y le obligó a levantarse.

—Dante, ya comprende…—se detuvo al ver su expresión. Sus ojos estaban cubiertos por una brillante capa de lágrimas. Pero totalmente vacíos por dentro. No había absolutamente nada en aquel cuerpo que valiera la pena. No sentía.

—Dante, hay que irnos—murmuró.

El demonio de cabello claro le empujó y volvió a su sitio.

—Intenta no hablarme—mencionó, volviendo a su cerveza. La mujer a su lado miraba todo con curiosidad.

— ¿Y ustedes son…?—preguntó, algo confundida.

—Alguien más importante que tú, eso es seguro, ¿eres su prostituta? —le preguntó la rubia, ya molesta por la situación.

La mujer se ofendió; torneó los ojos y se abrazó a Dante.

—Pero queda claro a quien prefiere ésta noche—bufó— ¿Cierto, panquequito? —

— ¿Por qué le llamas así? —preguntó Lady, recordando a quien pertenecía originalmente aquel apodo.

—Le gusta que le llamen así, ¿algún problema? —él sólo volvió a beber. Ella botó una gran bocanada de humo.

Vieron que Credo parecía pensar en algo. Finalmente, que se decidía, tomando una gran bocanada de aire, sin dejarlo ir.

— ¿Crees que a Nero le gustaría verte así? —

— ¡No lo menciones! —Se enfureció, volteándose de inmediato— ¡No ahora! ¡Ni nunca! —al mismo tiempo que gritaba, sus ojos se llenaban de lágrimas.

— ¡Lo menciono cuantas veces quiera! ¡Tomo su ejemplo, porque él te veía así y no quería darse por vencido! ¡¿Crees acaso que murió en vano? —

— ¡Murió en vano! ¡Murió en vano porque ninguno de los dos pudo hacer algo! ¡Ni tú ni yo! —

Apoyó la cabeza en su brazo; al mismo tiempo, en la barra. Credo le tomó del brazo y salió. Con su arma en mano, apuntando a quien quisiera detenerle. A forcejeos, llegó afuera, apartándole del bar.

— ¡Ya basta, Dante! ¡No ganas nada tratando de suicidarte! —

— ¿¡Y ustedes de qué demonios se preocupan de mi vida! Déjenme estar solo, ¡necesito estar solo! —

—Dante, por Dios, ellas sólo están preocupadas de ti, no puedes dejarlas atrás sólo por…—

— ¡No lo digas! ¡No quiero volver a oír su nombre! ¡Menos de ustedes! —

Credo intentó detenerle. Dante forcejeó, en medio de lágrimas, aunque cayó rendido, sentado sobre el suelo, al poco tiempo, negando.

Lloraba.

Credo tomó aire. Pasó sus manos por su rostro y suspiró.

—Yo también lo quiero de vuelta, Dante. Pero no es razón para querer suicidarme tomando toda la noche, ni desahogándome con una prostituta. Jamás lo ha sido. He extrañado mucho a mi hermano. Pero él no hubiera querido verme tendido sobre la barra de un bar, bebiéndome cerveza tras cerveza, ni destruyéndome por dentro. Podemos ayudarte a solucionarlo, Dante… pero necesitamos que tú colabores—

Esperaron un segundo. Trish tomó con delicadeza la mano de Credo, calmándole. Sollozaba.

—Lo escucho cada noche. Viene a mi cuarto, me da un beso. Me cuida todos los días. Siento sus pasos caminando de su cuarto al mío. Pero aún así, no está allí con migo ¿Cómo puedes olvidar a alguien que te persigue? —

—No es necesario que lo olvides, Dante—

Éste se dejó ayudar; dejó que Lady le estirara la mano y le ayudara a ponerse de pie; le vio frente a él, tomó aire, y se abrazó a su cintura. Él sólo se cargó de sus hombros.

—No nos vuelvas a hacer esto, Dante…—

Él sólo suspiró.

Un mes y algo ya habían transcurrido. Dante estaba algo más tranquilo. Había pasado la peor parte de su estado y era algo que ambas mujeres que vivían con él agradecían.

Era un día de lluvia torrencial. El demonio no había abierto su agencia en todo aquel tiempo, así que por eso, le extrañó que alguien llamara.

—Está cerrado—murmuró, sin siquiera dirigir la mirada. Cuando cerró, sintió un quejido de dolor del otro lado, y al abrir, vio un pie que se interponía entre la puerta y la pared.

—Dante, soy yo… y aquí está algo mojado, ¿qué tal si me abres? —

Sentir la voz de Credo le alegró en cierta forma, y abrió de prisa.

— ¿Qué haces aquí? —

—Te traje algo—

Se quitó la húmeda capucha y la puso cerca del fuego. Sacudió la cabeza, estaba aún algo mojado. Luego, se dejó caer en el sofá y entregó a Dante un paquete.

— ¿Qué se supone que es esto? —

—Pues… ábrelo. Kyrie lo quería para ella, pero la convencí de que tú eras más importante que nosotros para conservar eso—

Al escuchar aquello, se impacientó algo más. Al abrir el paquete de papel, pudo ver la gabardina azul de la persona que tanto quería. La chaqueta roja y la polera negra.

Sostuvo entre sus manos la chaqueta y apoyó la nariz contra la tela, dejando que su mente se llenara de recuerdos, y sus ojos se lágrimas.

—Supuse que preferirías tenerla. Me costó convencerla. Bueno… técnicamente no pude convencerla. Me advirtió que si te la entregaba, ya no me molestara en regresar, pero creo estar en lo correcto—sonrió Credo—Abajo también está los anillos y la muñequera. Alguna de las ropas que dejó allá son nuestras, y creo que aquí también tienes. Así que nos dividimos—

—Gran regalo, Credo…—

—No digas nada. Él hubiera querido que te las quedaras tú—

Dante sonrió, y se puso de pie. Sacó una cerveza para él y entregó otra al ahora líder de la ciudad.

— ¿Por Nero? —sonrió el líder.

Dante sólo la levantó y bebió.

Otro mes transcurrió. Y era de tarde, cuando en medio de un sueño, recibió una llamada de Credo.

— ¿Qué sucede? —

Tengo algo aquí en el Palacio que supongo te va a gustar ver. Y creo que deberías venir de inmediato

—Eso se oye serio—

Es serio. Mucho. Creo que también tus amigas querrían ver esto

Dante se despidió y se puso de pie. Llamó a ambas mujeres que se entretenían hablando en su oficina, se cargó con su Rebellion y con su nostálgica Red Queen y marchó.

Llegaron al Palacio y Credo les esperaba con una sonrisa en la entrada. Dante miró arriba. Aunque ya no había nada arriba, todo había sido destrozado.

— ¿Qué es tan importante? —

— ¿Los asesinos? —insinuó.

Entre los cuatro bajaron las escaleras con extrañez. Credo había encontrado a los asesinos del menor.

—Los encontré volando bajo—sonrió, abriendo la reja.

Al entrar el demonio, tuvo un horrendo dejavú. Ver cuatro humanos con sus brazos colgando de grilletes, desesperados, algo golpeados, de vista obstruida por una venda.

— ¿Tú los atrapaste? —

—Sin modestia—Sonrió, y agregó—Señores, tienen ante ustedes al demonio que siempre quisieron atrapar. Ahora ustedes están en esta degradante condición, así que se les recomienda responder con la verdad—

— ¿Ya tomaste tu parte, verdad? —preguntó el demonio, viendo las heridas de los humanos.

Credo asintió.

Algunas preguntas que les hizo del demonio, para luego, con Red Queen, dejarle a cada uno una enorme herida en la boca del estómago. Luego, hizo ademán de retirarse.

— ¿No los vas a matar? —

—No. Dejar que sufran es lo mejor que se puede hacer. La muerte rápida será un descanso para ellos. No hay que darles ese placer—

— ¿Y qué piensas hacer? —

—Dejarles aquí hasta que mueran de hambre, de deshidratación, o infectados por las heridas. Después de todo, no podrán escapar. Y es buena forma de purificarles—

Credo les miró un minuto y luego salió. La última en salir fue Trish, quien cerró la reja oyendo los gritos de desesperación de los prisioneros.

—Te veré mañana—sonrió el comandante—Nos iremos a tomar algo—

—Estaré esperando—sonrió el demonio.

Cuando Credo fue a buscarle, encontró al demonio recostado en su cama, descansando. Por lo que Trish le habían dicho, los tres habían vuelto de una misión difícil. Pero había un felino, de aspecto aún… cachorro… durmiendo a su lado.

— ¿Y qué hay del gato que duerme con él? —

El animal era pequeño; tendría… unos cuatro, cinco meses. Ronroneaba, y tenía un hermoso pelaje negro. Cuando abrió los ojos para ver al comandante, éste pudo ver sus grandes y penetrantes ojos amarillos.

—Incluso es aterrador, ¿qué pasa con el gatito ese? —

—Pues… el gatito ese… estuvo llamando hace unas noches atrás a su puerta. Estuvo maullando toda la tarde. De pronto, nos volteamos, y Dante dice que se lo quería quedar. Dice que le recuerda a Nero—murmuró Lady, en voz baja.

—Ah, claro. Nero quería un gato negro, pero en el palacio tampoco podía. Con razón es tan aterrador—sonrió. En cierta forma, también le recordaba a Nero y tenerle cerca era incluso tranquilizador.

Miró un momento al minino, que ahora le miraba fijamente, con sus amarillos ojos viéndole desde el hueco entre el brazo y el torso del demonio. Credo le miró un momento, incluso fascinado por el efecto que provocaba aquel animal prácticamente insignificante en su ser. Luego, el felino se estiró, bostezo y se acurrucó en el cuerpo del demonio, que seguía durmiendo.

Habrá despertado un par de horas después; Lady se mantenía ajena a la situación, así que cuando llegó Dante a su oficina, fue el primero en darse cuenta que había algo más entre su compañera de cabellos rubios y el líder de Fortuna.

—Aquí pasan cosas y ninguno de nosotros se había dado cuenta—

—Nosotros tampoco—sonrieron ambos, dedicándose unas miradas algo cursis.

Una noche de fiesta; aunque Dante no lo estuviera mucho. Lady quería animar algo a Dante; pero extrañaba al muchachito tanto como él. Iba a verlo de vez en cuando. Había una estatua cerca de su placa, así que se le ubicaba por facilidad.

Otras veces iban juntos, y se quedaban un rato tendidos sobre el césped, mirando el cielo nublado.

Al tiempo, Kyrie se apareció sola ante Dante, quien se mostró algo desconfiado, pero la recibió de todos modos en la sala de estar. Ella, con voz tranquila, le comentó que ya estaba al tanto de lo que su hermano le escondía. Que Credo jamás le había contado, pero ella lo había averiguado en muchos de los gestos de su hermanito. Pero que aunque no estuviera de acuerdo, lo habría apoyado.

—… Y está bien que Credo te haya traído su ropa a mis espaldas. Después de todo, es cierto. Tú eras más importante para él que nosotros—

Él sonrió, y despidió a la mujer sintiendo algo más de simpatía con ella.

Lo último que Dante supo sobre Nero, fue que estaba totalmente seguro de que le había visto corriendo y escondiéndose de él entre las calles de Fortuna. Pudo ver a alguien pasar a su lado, cubierto por una capucha roja y una gabardina azul larguísima. Cuando se dio cuenta de lo que su mente le decía, comenzó a seguirle.

El ángel se dio cuenta y comenzó a correr, entre risas, que el demonio podía escuchar con claridad a pesar de que estuviera algo más lejos. Finalmente, le vio desaparecer tras una vuelta de calle.

Y que le hablaba cada noche. Cuando se dormía, sentía, aún en sueños, que iba a recostarse a su lado.

—Abrígate. Afuera está lloviendo y hace frío. Podrías enfermarte—escuchó.

Miró hacia atrás, exaltado. Era su voz, definitivamente. Atrás de él, estaba su escritorio. Y sobre el escritorio, la bufanda negra que a su amante tanto el gustaba. Era extraño, porque podría jurar que estaba guardada en el armario, acompañando a su chaqueta.

Sonrió y salió, cubriéndose. Podría haber llorado, pero se negó a sí mismo.

Cada noche, el minino, a quien tiernamente nombró "Nero", va a recostarse a su lado. Ronronea un poco, araña un poco la colcha y se recuesta a su lado, rozándose con el cuerpo de Dante, quien sólo le mira con ternura y susurra;

—Buenas noches, Nero—

FIN :D

Bueno, he terminado mi primer fic, espero les haya gustado mucho. Suena incluso feo, pero me gusta más éste final. Tiene más sentimiento, no pueden decirme que no. Mis agradecimientos a los que leyeron el puzzle6, y si es posible… comenten el último cap. Y díganme cuál de los dos finales les gustó más :D

Good bye to everyone :D

(Al menos por ahora XD)

PD: Para los que querían saber, se llama Puzzle6 porque la pareja Dante X Nero es parte de un proyecto en el que he dejado de trabajar u.u Seguiré, con algunos más. Si alguien está interesado en el"YaoiProject (asi se llama)", enviar un mensaje. Ah, y por supuesto… cada capítulo es denominado como Puzzle. Éste fue el sexto que se me ocurrió :)

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