
| El país de la alegría perpetua
Author: bladz-liska Completa. Two shot. ¿Cómo se consigue la felicidad eterna? Kino llega al país donde todos dicen ser felices siempre, sin creer en que eso sea posible, se encuentra con que quizá si lo es. Aunque no como esperaba.
Rated: Fiction T - Spanish - Adventure/Mystery - Kino & Hermes - Chapters: 2 - Words: 5,966 - Reviews: 2 - Favs: 1 - Updated: 01-01-11 - Published: 12-21-10 - Status: Complete - id: 6577570
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Diclaimer. Kino no tabi, The beautiful world o Los viajes de Kino, sus personajes, argumento y demás, son propiedad de Keiichi Sigsawa
El país de la alegría perpetua
1. El país
Kino y Hermes se acercaban finalmente a su destino, hicieron una parada para comer un poco; desde la colina en la que estaban podía verse a la perfección el valle y las cinco pequeñas elevaciones que conformaban el siguiente país en su itinerario. Kino miró el mapa por segunda vez, asegurándose que era el que esperaba, aunque en las historias que había leído el lugar se oía más grande, ella era una perfecta viajera, y jamás cometería el error de perderse.
-¿No crees que deberíamos ir mejor al siguiente lugar? —Hermes preguntó, —aún mejor, pasemos aquí la noche, demos media vuelta mañana y vayamos a otro lugar.
-No, no hay nada en más de quinientos kilómetros a la redonda, —dijo Kino dando un sorbo a su café, —además, quiero ir ahí.
-Pero yo no quiero ir. —Hermes replicó, aunque era la otra mitad del equipo, la toma de decisiones siempre había quedado en manos de Kino, después de todo, una motocicleta por más consciencia propia que pudiera tener, terminaba incapaz de hacer muchas cosas por sí misma.
Ni la chica, ni la moto volvieron a decir nada. Kino guardó su equipo y montó la motocicleta. Inició el motor y se enfiló con rumbo al país que veía de lejos.
-¿Qué hay de fantástico ahí, Kino? Hay casas, cielos azules y pasto verde como en los demás lugares que hemos visitado.
-Sí.
-Casas bonitas y feas, perros ruidosos y pájaros cochinos, caminos en buen estado.
-Sí.
-y en mal estado, gente buena y gente mala.
-Ahí puedes equivocarte Hermes, la que es buena en la mañana puede ser mala en la noche, o al revés, o jamar ser buena, o jamás ser mala. Dicen que aquí existe la alegría eterna.
Hermes no puede evitar reír, haciendo un gracioso sonido en su escape, —¿En serio? ¿no serán felices como los de la torre? Cuando supieron que tenían que volver a hacerla.
-Ellos sufrieron mucho tiempo por el trabajo largo, su felicidad no dura mucho.
-¿Pero cómo puede alguien ser siempre feliz? —la moto preguntó, no muy interesada en el concepto de felicidad, si no más en el modo en que esa gente podía serlo.
-Para eso estamos aquí, —Kino sonrió acelerando, —sólo así descubrimos cómo.
Hermes protestó inútilmente, le había dado una buena justificación para visitar ese país. Cuya entrada no se parecía mucho a las de otros países que estaban resguardados por altos muros y guardias vigilantes, aunque había una pequeña caseta de revisión que Kino y Hermes pudieron haber evitado sin problema, decidieron seguir las reglas del país, como siempre, Kino seguía los ordenamentos locales.
-Buenos días, ¿puedo preguntar su razón de visita?
-Sólo quiero conocer su país, soy viajera y escuché que es un buen lugar para conocer. —Kino explicó al vigilante.
El hombre sonrió ante los halagos para su tierra natal, —Así es, somos una tierra muy prospera, apuesto que le gustará nuestra ciudad. Adelante, sea bienvenida.
Kino agradeció y reinició el motor de Hermes, condujo por un buen rato, buscando alguna clase de hotel o un punto donde obtener información que le orientara dónde hallar hospedaje. Pero no encontró nada, notó con interés que no había ninguna clase de establecimiento de ninguna clase de servicio, ni tiendas, bancos, hoteles, almacenes, etc. era como si la ciudad consistiera en una enorme zona habitacional.
Varias personas habían salido a observar a la extranjera rondar sus calles, ninguna se había animado a acercarse y Kino no se decidía a hacerlo ella, queriendo saber primero qué clase de reacción tendrían los pobladores con los extranjeros. Ya había tenido experiencias tan contradictorias, que no le sorprendería que le hicieran una fiesta o trataran de comérsela.
Se detuvo después de quince minutos de recorrer y no encontrar nada, cansada y sedienta detuvo la motocicleta en el parque del centro, tomó de una botella de agua mientras pensaba cómo iba a hacerle. Antes de que encontrara una respuesta a su dilema, una pareja de adultos mayores se acercaron.
-Buenos días, viajera. ¿Nos visita hoy? —preguntó el hombre.
Kino asintió, —Así es, pero mi intención de encontrar un lugar donde descansar no encuentra solución, ¿hay algún hotel en su ciudad?
-No, no vas a encontrar nada así. No ha habido quien sea feliz hospedando siempre al viajero, a veces a unos quieren, a veces otros.
Ella no entendió muy bien, —¿Puedo preguntar qué es lo que quiere decir?
-Te explicaremos después, —dijo la mujer, —ven, ven con nosotros, te hemos estado viendo por un rato y sentimos que seríamos felices dándote alojamiento. Ven a nuestra casa para que te bañes y comas, después, harás todas las preguntas que quieras.
Kino sonrió hacia la pareja, aunque no quedaba nada claro lo que pasaba en ese lugar; en verdad estaba muy cansada y la oferta de agua caliente y una cama seducía en verdad. No descartó algún peligro, pero tendría la pistola en su mano y la bala liberada antes de que alguien tratara de hacerle daño, así que caminó detrás del hombre y la mujer.
La casa donde la hospedaron era amplia y agradable, se resguardó a Hermes en un garage donde no había auto, y Kino en una habitación que daba la impresión de haber sido de un niño travieso, aunque no había señal de ninguno. Le fue dado permiso de tomar un baño y hacer un cambio de ropa, se le ofreció una rica cena y un lugar en la sala para calentarse con la chispeante chimenea.
Entonces sí, Kino pudo hacer las preguntas que quería. La pareja ocupaba un sillón al lado izquierdo de la chimenea, y Kino otro frente a ellos.
-¿Qué es lo que querías preguntar? —dijo la mujer con el mismo tono amable.
-¿Por qué dijo que nadie era feliz hospedando siempre al viajero?
-Hacemos lo que nos hace felices. Por eso no hay ninguna clase de servicio aquí, los deseos cambian siempre, no podemos ser felices haciendo lo mismo toda la vida. El doctor que se alegra hoy curando gente, mañana puede serlo lavando su ropa o barriendo la calle.
-Todo cambia todos los días, —agregó la mujer, —por eso no hay establecimientos de ningún tipo, ni gobierno fijo. Nosotros quisimos ayudarte hoy.
-Si mañana ya no los hace felices me pedirán que me vaya. —Kino concluyó, sin entender pero sabiendo mejor cómo funcionaba su sistema.
La pareja asintió, —Pero no te preocupes viajera, hoy es lo que importa. Y hoy nos has hecho felices pudiendo darte alojamiento, esperamos que tú también seas feliz.
-Quería techo y cama, tengo ambas cosas, así que puedo decir que sí, soy feliz.
Los dos sonrieron satisfechos, —Cualquier cosa que necesites, por favor háznosla saber para decidir si podemos ayudarte o no.
-¿Y si no pueden hacerlo?
La mujer sonrió más, —No hay nada que no podamos hacer para nuestra propia felicidad, lo único imposible es lo que no nos haga felices.
-Pero si pidiera algo que ustedes no son capaces de hacer, por estar fuera de sus posibilidades y no de sus deseos.
El hombre hizo una pequeña mueca, —Buscaremos quien pueda ser feliz ayudándote.
Kino asintió de nuevo, preguntándose cómo era que hacían cuando los deseos de unos y otros chocaban, pero ya no quiso preguntar más, estaba cansada y quería dormir cuanto antes. Se puso de pie e hizo un movimiento de manos agradeciendo la hospitalidad de la noche y despidiéndose para irse a dormir, recibió el mismo gesto de la pareja y se fue.
Se recostó y se cubrió con las sábanas y cobijas, ese lugar pintaba bastante interesante y una fuente increíble de nuevo conocimiento, pero… primero lo primero, tenía que dormir.
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