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Llévame lejos
Author:
Kibume PM
Fye sabe que no puede confiar ni involucrarse con nadie, ni siquiera con Kurogane. Pero si desea que alguien le lleve lejos, tendrá que confiar en Kurogane, aunque sea por unos instantes. One-Shot. KuroFay
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance/Drama - Kurogane & Fai - Words: 3,198 - Reviews: 5 - Favs: 7 - Follows: 1 - Published: 01-06-11 - Status: Complete - id: 6629380
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Notas de la autora: Segundo fic navideño y segundo fic yaoi. Aunque es la primera vez que escribo sobre Tsubasa Chronicles, y sobre mi pareja favorita de este fandom: el KuroFay. No será la última vez, espero.

Y como ella me ha dedicado un fic suyo, porque ella fue la que me metió en el mundo de CLAMP, porque me lo paso genial con ella, porque hoy es día de Reyes y porque es una amiga muy especial, le dedico este fic a NekoNata.

La verdad es que el One-Shot en un principio iba a ser diferente, pero como en este día de Reyes me han regalado el manga de Clover (con el cual he flipado en colores), pues al final he acabado por cambiarlo un poco.

Por cierto, el joven que aparece en este One-shot es Hideki Motosuwa, el protagonista de la serie Chobits.

Y el hecho de escuchar la canción de Romeo & Cinderella también me ha influido, más o menos XD

Ah, y es obvio que TRC y sus personajes no me pertenece, pertenece a las grandiosas chicas de CLAMP.

Advertencias: Contiene shônen-ai. Y hay spoilers. Y aunque ya lo he dicho antes, aparece un personaje de otra serie de CLAMP: Chobits.

¡Bueno, espero que lo disfrutéis!


Llévame lejos

El mundo en el que habían acabado era diferente, muy diferente al resto de mundos que habían visitado. En muchos mundos en los que habían estado habían sufrido todo tipo de experiencias: guerras, conflictos, magia, tristeza, alegría y recuerdos.

Y sin embargo, en todos los mundos que habían sentido siempre habían sentido una sensación de tensión, de hostilidad, como si siempre se hubiesen hallado en peligro, como si en cada rincón se escondiese una amenaza, y por lo tanto, siempre tenían que mantener los ojos bien abiertos.

La única persona del grupo que no sentía ese peligro y siempre disfrutaba de cada mundo al máximo no era otra que Sakura. No parecía percatarse de cualquier riesgo que podía haber alrededor, sino que solo podía ver las cosas bellas y verlo todo desde un punto de vista optimista.

Una cualidad que sus compañeros de viaje, en el fondo, envidiaban.

De vez en cuando, Xiaolang también conseguía relajarse gracias a la ternura de Sakura.

Los únicos que permanecían atentos sin importar las circunstancias eran Fye y Kurogane, solo que cada uno lo manifestaba de manera diferente.

Mientras que Fye permanecía atento de forma relajada y con una sonrisa en el rostro, escondiendo el hecho de que estaba alerta, Kurogane siempre miraba a todos lados, con el ceño fruncido, provocando el temor de la gente desconocida, y con el cuerpo siempre tenso.

Por eso ese mundo era diferente.

Nada más poner un pie en aquella tierra, todos sintieron una extraña calma.

En el aire se respiraba la paz, y no había ningún indicio de maldad. Era de noche, y sin embargo, no era una noche siniestra, sino tranquila. La nieve caía en forma de delicados copos, y ya había cubierto las aceras con su color blanquecino. La gente paseaba riendo, hablando, con vestimentas muy cálidas. Luces de diferentes formas y colores, adornos de diferentes tamaños adornaban las calles.

Fye dirigió una mirada al cielo y alzó la mano, sintiendo los copos de nieve caer de forma delicada y suave en su mano:

-Nieve...-murmuró Fye, escondiendo la melancolía de sus recuerdos.

-¿Qué tiene de especial?-le preguntó Mokona, curiosa-Ya hemos estado en muchos mundos donde nevaba. Incluso me dijiste que en tu mundo siempre nieva, ¿no es así, Fye?

Fye cerró súbitamente el puño, y clavó la mirada en Mokona, triste:

-Esta nieve...Es diferente. Es agradable.

Fye no se dio cuenta, pero unos ojos carmesíes se le quedaron mirando durante un buen rato:

-...

-Tienes razón, Fye-san-sonrió Xiaolang-Este mundo es muy tranquilo...¿Notas algunas pluma de Sakura, Mokona?

Mokona cerró los ojos, concentrándose, y tras varios segundos, abrió los ojos y negó con la cabeza:

-No, no hay ninguna pluma.

-Vaya...-murmuró entristecido Xiaolang.

Sakura le miró y sonrió:

-Bueno, al menos podemos dar una vuelta por esta ciudad. Es muy bonita, ¿no crees?

Xiaolang la contempló con sus ojos castaños, y sonrió, conmovido:

-Sí...¿Qué opináis, Fye-san, Kurogane-san?

-¡Por mí no hay ningún problema!-sonrió Fye-¡Y seguro que Kuro-tan tampoco tiene ningún problema! ¿Verdad que no?

-Hmm...-contestó Kurogane, dando a entender que no le importaba.

Decidieron pasar aquella noche de forma tranquila, un día de descanso, olvidándolo todo.

Solamente recordando lo que era importante para ellos:

Su vínculo de amistad.


Paseando por las calles, Sakura se fijaba en que las pastelerías estaban repletas de dulces y pasteles con formas de árboles, estrellas y otras figuras. Las jugueterías estaban a rebosar de personas que se peleaban entre ellas para conseguir los mejores juguetes. Los escaparates de diferentes tiendas tenían diferentes objetos, pero todos con formas y símbolos muy parecidos:

-Los escaparates están llenos de cosas muy bonitas. ¿Por qué será?-se preguntaba Sakura.

-Parece que están celebrando algo-dedujo Xiaolang.

Un joven que por allí pasaba los escuchó, y al contemplar las vestimentas de los cuatro viajeros, preguntó, alegre:

-¡Hola! ¿Sois forasteros?

Xiaolang asintió. El joven, de ojos y pelo oscuros sonrió:

-¡Mi nombre es Hideki! ¡Encantado de conoceros!

-Yo soy Xiaolang, ella es Sakura y éstos son Kurogane y Fye. Perdona mi rudeza pero, ¿estáis celebrando algo?

-¿Qué? ¿No sabéis que día es hoy? ¡Hoy es Navidad, amigos!

-¿Na-vidad?-preguntó Xiaolang, desconcertado.

-¿No conocéis la Navidad? ¡Pues sí que tenéis que venir desde muy lejos!-rió Hideki-Aunque con vuestras ropas, es fácil adivinarlo. ¿No tenéis frío?

Los cuatro viajeros se hallaban con camisetas de manga cortas y ropa de tela muy fina, y Sakura notó que comenzaba a temblar y que le castañeaban los dientes.

-S-sí, un poco.

-¡No se hable más, entonces!-sonrió Hideki-Podéis quedaros en mi casa el tiempo que haga falta.

-¿En serio? No querríamos ser una molestia...-dijo Xiaolang.

-¡Para nada! Vivo solo, así que me encantaría tener un poco de compañía, ¿no creéis?-añadió Hideki, mientras les guiñaba el ojo.

Los jóvenes sonrieron ante la invitación y aceptaron, y comenzaron a seguir a Hideki:

-¿Hideki-san?-preguntó Xiaolang.

-Hideki sólo, por favor.

-¿Puedo preguntarte una cosa?

-Claro.

-¿Qué es eso de la Navidad?

-Me extraña que no la conozcáis, pero bueno. La Navidad es una celebración que se festeja a finales de invierno. Es un evento muy agradable, donde visitas a tus familiares, das regalos y pasas el tiempo con las personas que quieres. Siempre hay risas y felicidad.

-Qué bonito...Que yo recuerde, eso no lo celebrábamos en el país de Clow-suspiró la princesa.

-No lo hacíamos. Vivíamos en medio del desierto, y pocas veces nevaba-le explicó Xiaolang.

-En mi país siempre nieva, y no de esta forma, sino con mucha más fuerza. Siempre es invierno, así que no tiene mucho sentido celebrar la Navidad-sonrió Fye.

-En Nihon sí que la celebramos, pero de manera diferente-dijo Kurogane.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo la celebráis?-se interesó Hideki.

-Muchos de los soldados tienen día libre y suelen pasarlo en familia. Con las princesas pasa lo mismo. Pero no hay regalos. Aunque hay soldados y jóvenes que suelen reunirse con la persona que aman. Un "Feliz Navidad" también puede significar una confesión de amor, según las circunstancias.

-Interesante...-murmuró Hideki.

-¿Le dijiste "Feliz Navidad" alguna vez a tu persona amada, Kuro-pon?-se rió Fye.

Kurogane ignoró el comentario.

Hacía tiempo que Kurogante había dejado de sentir amor por alguien. Porque las dos personas que más le habían importado habían muerto, y con ellos...

Su amor también había muerto.


Para llegar a la casa de Hideki, había que pasar por una plaza. En dicha plaza había un árbol gigante, adornado con muchas luces y adornos, y en la copa del árbol, había una estrella.

-¿Qué es este árbol?-preguntó Sakura, emocionada-¿Por qué lo decoráis así?

-Es uno de los símbolos de la Navidad-respondió Hideki.

Fye se quedó mirando el árbol. Kurogane se quedó mirando a Fye sin hablar.

Sakura, Xiaolang y Mokona se pasaron todo el camino preguntando cosas o detalles sobre la Navidad, las cuales Hideki explicó con mucho gusto.

Cuando llegaron al apartamento de Hideki, éste dejó las bolsas con toda la comida que había comprado, y comenzó a cocinar.

Xiaolang y Sakura se ofrecieron a ayudarle con la preparación de la comida, y Mokona se escondió en las ropas de Xiaolang.

Por tanto, Kurogane y Fye se quedaron solos en una habitación.

Un silencio tenso en el que cierto ojos carmesíes analizaban al mago con paciencia y curiosidad, sabiendo que el rubio se estaba dando cuenta de su análisis.

Sin embargo, Fye estaba cansado de aquel silencio muerto que siempre fluía cuando estaban ellos dos solos, así que se levantó, y contempló la ventana, donde afuera nevaba.

-Así que la Navidad...-murmuró Fye, sonriente-Debería celebrarse en todos los mundos, ¿no crees, Kuro-sama?

-No respondiste a la pregunta de Hideki-habló de repente Kurogane.

-Claro que la respondí, Kuro-tan. Estabas delante cuando le contesté-sonrió Fye.

-Esa no fue la respuesta a la pregunta. Contestaste con evasivas. Como siempre-bufó Kurogane, clavándole la mirada.

Fye dejó de mirar la ventana, mientras posaba sus ojos azules en Kurogane, evitando mirarle a los ojos..

-¿Eso crees?

Kurogane se levantó:

-No vas a poder huir durante toda la vida, mago.

Fye sonrió. Notó que Kurogane se estaba preocupando por él, a su manera, y eso le agradaba. Sintió miedo, al notar que Kurogane llevaba razón, que un día se enfrentaría a sus problemas, que un día todos se enterarían de su pasado, y Kurogane también. Sabía que le odiarían cuando eso pasase.

Por eso, lo único que podía hacer era intenta aplazar ese momento cuanto pudiese, y difrutar del presente, y no de lo que está por venir.

Fye dejó de fijarse en los movimientos de Kurogane para volver a clavar su mirada en el cristal, apoyando su barbilla en la palma de su mano.

-Lo sé...

Kurogane esperaba que Fye dijese algo más, pero se sorprendió al notar que el mago permaneció callado, dándole la espalda, concentrado en la nieve que caía en aquella noche oscura.

Fye estaba embelesado con aquella nieve. Era cierto que en Celes había visto caer montones y montones de nieve, pero la nieve de Celes había estado, la mayoría de las veces, bañada en sangre, lo que le producía recuerdos y memorias desagradables.

Y aquella nieve, en cambio, era una nieve que anunciaba una celebración en la cual la felicidad, el amor y la calidez estaban asegurados.

La nieve de Celes nunca le había transmitido ninguno de esos sentimientos.


Al haber bajado la guardia en aquel mundo, no se percató de que Kurogane se había acercado hasta él, susurrándole cerca de su oído, con voz ronca y seca:

-Una vez dijiste que deseabas que alguien te llevase lejos.

Fye se estremeció al sentir el aura del moreno demasiado cerca, y al girarse y ver que sus rostros estaban muy cerca, quiso separarse, echarse hacia atrás, pero no pudo, ya que Kurogane lo tenía acorralado.

Se negó a mirarle a los ojos. No estaba seguro de por qué, pero cuando Kurogane analizaba sus ojos azules, tenía la impresión de que éste conseguía ver todo su pasado y todos sus secretos, y temía por ella.

Kurogane se acercó aún más:

-Si quieres que alguien te lleve lejos, tendrías que confiar en esa persona. Y tú no confías en nadie. Ni siquiera en ti mismo.

Como si las palabras le hubieran golpeado como una maza, Fye alzó la mirada hacia Kurogane. Casi le parecía que Kurogane le estaba diciendo que "esa persona" que le llevaría lejos sería él, pero que necesitaba confiar en él para hacerlo.

Conmovido, se acercó a Kurogane con lentitud, entrecerrando los ojos, mientras notaba que el moreno le agarraba con fuerza por la cintura, apretándole contra él.

De repente, la puerta se abrió y Sakura, Mokona, Xiaolang e Hideki entraron en la habitación con los platos llenos de comida, y a la velocidad de la luz, Kurogane se separó de Fye y se sentó, esperando a que el resto lo hiciese, para que pudiese comer.

Fye seguía en cambio sin moverse, sorprendido aún por lo que había estado a punto de hacer. Notó que sus mejillas enrojecían, y sin embargo, supo disimular su vergüenza.

Ya sabía que Kurogane era bueno con las acciones, pero no esperaba que lo fuese tanto.


Entre comidas, risas, burlas, broncas e historias, aquella cena de Navidad terminó, Sakura, Mokona y Xiaolang compartiendo habitación, mientras Kurogane y Fye compartían otra.

Fye no podía dormir, el hecho de que Kurogane le había propuesto llevarle lejos-o eso le había parecido-y también el hecho de aquella cercanía tan comprometedora en la que, sorprendentemente, había tomado la acción Kurogane le había puesto inquieto, muy inquieto.

Él no quería involucrarse con nadie, lo sabía desde el principio de su viaje. Y sin embargo, notaba que aquel ninja, aquel bollo de nata y aquellos críos estaban influyéndole demasiado. Y tenía miedo de ello.

Miedo a que al final, todos ellos acabaran odiándole, o mucho peor, que todos ellos acabasen heridos o muertos.

Su perversa imaginación le hizo pensar a Kurogane, Sakura, Mokona y Xiaolang en el suelo, bañados en sangre, muertos, mientras él solo podía llorar y lamentarse.

Se giró para desviar sus pensamientos, y contempló a Kurogane, que dormía en la otra cama.

Kurogane también parecía cargar con un doloros pasado, y sin embargo, parecía que ese pasado no le influiría en el futuro, y que había sido capaz de seguir adelante, a diferencia de él.

Él era un cobarde, después de todo.

Como dedujo que como siguiese intentando dormir sin éxito alguno le provocaría recuerdos y torturas psicológicas creadas por él mismo, decidió levantarse, sin hacer ruido, para que Kurogane no se despertarse y no hiciese preguntas.

Cuando salió de la habitación, encontró la casa a oscuras, como esperaba.

Mientras se colocaba los zapatos y la ropa de abrigo que Hideki les había prestado, se preguntó que adónde iría.

No conocía aquella ciudad, pero no quería quedarse en la casa.

Rápidamente, como una centella, le vino una idea a la mente.

Ya sabía dónde podía ir. Se iría ahora y volvería antes de que amaneciese, antes que todos se despertasen.

Lástima que las circunstancias no saliesen como él quería.


Kurogane se despertó, porque sintió frío. Decidió colocarse otra manta y seguir durmiendo como antes, pero cuando se giró, descubrió que su compañero de habitación no estaba.

Se incorporó rápidamente, y comenzó a mirar por todos los lados de la habitación. No había ni rastro del mago.

Rápidamente le asaltó la duda. No conocía al mago mucho, porque éste no quería darse a conocer, y sin embargo, se negó a creer que hubiese sido capaz de huir.

¿Habría tenido algo que ver sus acciones de aquella noche?

El moreno no estaba seguro de por qué lo había hecho, y tampoco quería saber el por qué, solamente había obedecido a su alma, a su ser, a lo que realmente él quería hacer.

Rápidamente se calmó, no, aquel mago no podía haber huido, ya que sin Mokona, nadie podía ir a ningún lado.

Salió de la habitación y fue habitación por habitación buscando al rubio, y como había sospechado, el mago no se hallaba en la casa.

No lo pensó dos veces, agarró los zapatos y el abrigo y salió corriendo de la casa.

Como eran altas horas de las noches, las calles estaban vacías.

Encontrar al mago fue más sencillo de lo que esperaba, ya que se le encontró en la plaza por la que habían pasado antes, clavando la mirada en el árbol gigante, o más bien, en la estrella que se alzaba en la copa.

Fye notó el aura de Kurogane, y por ello no se sorprendió, ya que aparte de ellos dos, no había nadie más en la plaza.

Ambos quedaron en silencio, Fye contemplando la estrella, y Kurogane contemplándole.

Fye de repente, habló:

-¿Sabes por qué me gusta tanto esa estrella? Porque está tan lejos, que nunca podré alcanzarla. El hecho de querer cogerla es un sueño que espero algún día cumplir.

Kurogane sabía que hablaba con segundas, pero ignoraba su completo significado. Fye dejó de contemplar la estrella y le sonrió a Kurogane:

-¿Sabes qué, Kuro-rin? Tienes razón. Aún no puedo confiar en nadie lo suficiente como para que me lleve lejos para siempre. Pero puedo confiar en alguien que sea capaz de hacerlo durante unos instantes.

Kurogane entendió lo que el mago quería decir, y se acercó al mago con lentitud, volviéndole a agarrar de la cintura y clavándole su mirada de fuego.

Fye esta vez, no rehuyó su mirada, sino que se enfrentó a ella.

Fuego y hielo chocaron.

Kurogane comprobó que el mero hecho de que Fye le clavase sus ojos azules significaba que en aquel breve momento, confiaba en él.

Que no lo haría siempre, pero que en ese instante sí que lo hacía.

Fye hundió sus manos en el cabello de Kurogane, y mientras se acercaban el uno al otro, el joven rubio entrecerró sus ojos y susurró, con honestidad y deseo:

-Llévame lejos...

Kurogane interpretó esas palabras como la señal que llevaba tiempo esperando, y atrayendo al mago contra sí, sus labios se pegaron a los del mago con fuerza.

En aquel beso, Kurogane parecía hambriento, y Fye parecía asustado por la fuerza de los deseos de ambos, pero al final decidió dejar de pensarlo.

Y solo pudo pensar en lo mucho que deseaba que Kurogane le llevase lejos por unos instantes.

Como si Kurogane hubiese escuchado sus plegarias, exploró cada rincón de su boca, dando entender que sí, que él le llevaría lejos, aunque fuese por unos minutos.

El moreno hizo lo prometido, puesto que por un momento, ambos se olvidaron por completo de quiénes eran, por qué estaban allí, el dolor y la congoja que sentían por sus pasados y la barrera impenetrable que solía haber entre los dos.

Ni cuando se separaron para respirar, la barrera se rompió, puesto que Fye no se soltó de los brazos de Kurogane, ni éste se alejó.

Kurogane atrajo contra sí a Fye y le susurró en el oído:

-Feliz Navidad, mago.

Por un momento, Fye no comprendió el mensaje de Kurogane, ni lo que quería decir, pero de repente, en un flash back, le vino un retazo de recuerdo a la mente:

"En Nihon sí que la celebramos, pero de manera diferente. Muchos de los soldados tienen día libre y suelen pasarlo en familia. Aunque hay soldados y jóvenes que suelen reunirse con la persona que aman. Un "Feliz Navidad" también puede significar una confesión de amor, según las circunstancias."

Fye miró a Kurogane incrédulo, y vio que el moreno miraba hacia otro lado, incómodo, mientras un tono rojizo adornaba sus mejillas, dándole un aspecto adorable.

El joven se rió y se acurrucó entre los brazos del moreno, feliz:

-Yo también, Kurogane.


Notas de la autora: Espero que os haya gustado. ¿Reviews? :D

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