
Rosalie, una diva sin control… luchando por su puesto de reina. Tanya, su rival, no le hace nada fácil el camino. ¿Rosalie cambiará por la llegada de los Cullen?
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Adventure - Rosalie & Emmett - Chapters: 10 - Words: 29,086 - Reviews: 60 - Favs: 14 - Follows: 15 - Updated: 03-30-13 - Published: 04-15-11 - id: 6907450
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Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de propiedad de la fantástica Stephenie Meyer. La trama me pertenece. Y claro tengo que darle crédito a mi espectacular beteadora.
Summary: Rosalie, una diva sin control... luchando por su puesto de reina. Tanya, su rival, no le hace nada fácil el camino. ¿Rosalie cambiará por la llegada de los Cullen?
Queen War
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No era verdad lo que acaba de hacer... Rosalie tomó su vaso de jugo y se fue a su habitación. Mierda, ¡¿Que acaba de hacer? Me gustaba un poco, era perfecta, pero no estaría arrastrándome por ella y no me permitiría estar con otra diva más. Odiaba tener que amarla, no me podía estar pasándome esto, no de nuevo.
Salí de mi cuarto y caminé por el costado del gimnasio y por el salón de clases para llegar a la cafetería. Vi a mis hermanos sentados, por lo que me senté con ellos; ya estaba cansado de tener que sentarme solo por culpa de Rosalie, aunque era mi culpa porque yo era el que no quería sentarme con ella, pero hoy sería diferente. La enfrentaría, además tendría que tener el valor de explicarle que fue lo que me pasó en la cocina, que eso ni siquiera yo entiendo por qué lo hice. Quizás sólo dejé que la situación llegara muy lejos. Si ella no fuera una diva, sería una chica perfecta para mí, pero eso no es así.
Lo que me sorprendió fue que no la vi en la cafetería, y luego en nuestra habitación no sentí ni un solo ruido en su cuarto, me había asustado un poco. No era que me importara mucho o quizás sí, pero me preocupaba. Ella me había dicho que cenar en la cafetería era algo obligatorio, y si no estaba, supongo que luego le llegaría un reto. Aunque no quería confesar que necesitaba verla.
Quizás la dejaste loca con tu beso, habló mi consciencia
No podía estar pensando en esas cosas, me estaba enamorando y eso no podía ser. No, no y no. Va en contra mis principios, había jurado nunca más enamorarme de otra diva más fuera quien fuera.
Rosalie no es cualquier diva...
Al siguiente día tampoco la vi, ni siquiera cuando salí en dirección a mis clases. No había salido ni para tomar desayuno como todas las mañanas, lo que era bastante extraño. En el pasillo me encontré con mis hermanas.
— Hey, Em, por esas casualidades ¿No has visto a Rose en su cuarto? —preguntó Alice un poco preocupada.
— ¿Porqué debería preocuparme de esa Barbie?
Las dos suspiraron.
— Nos tiene bastante preocupada, ayer no la vimos a la cena y es obligatoria.
Me encogí de hombros. Mis hermanas no tenían que saber nada.
Entramos al salón, nuestro profesor Peter daría nuestra próxima clase de Historia. Debía acotar que tampoco llegó Rose a la clase... Esperen ¿Rose? Ya me había vuelto loco, tenía que parar esto justo ahora.
La busqué con cuidado de que nadie me viera... ¿¡Donde mierda se encontraba...!
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Había llamado a Marco, mi chofer, para que viniera por mí la noche anterior. No me sentía con ganas de ver a Emmett. ¿Qué le diría? De todas formas, necesitaba hablar con mis padres. Estaba demasiado triste para poder seguir con mi vida.
Apenas llegué al gran salón, comenzaron a atacarme, como era de costumbre, en la casa de los Hale. A nadie le importaba el sólo hecho de que su hija empezara sus clases hace dos días.
— ¿Qué haces aquí? —mamá fue la primera en saltar.
— ¿Necesitas dinero? —papá pregunto.
— Enserio, ¿No puedo venir a ver a mis padres? No nos vemos de hace meses, y ustedes ni siquiera me llaman, ni preguntan como estoy.
— Lo sentimos cariño, hemos estado viajando por negocios —se disculpó mi madre.
— Eso es mentira, no han salido del país.
No les quería decir que había revisado sus tarjetas, pero si no me decían no tendría otra opción.
Mi padre abrió un poco los ojos, pero luego hizo como si nada para que nadie lo notara, pero era demasiado rápida leyendo sus gestos.
— Eso es cierto, pero necesitábamos tiempo para nosotros —trató de justificar mi padre.
— ¿Seguros? ¿O querían tiempo sin mí? Porque eso hacen ustedes, intentan pasar el menos tiempo conmigo posible, no me ven en la semana y casi ningún fin de semana.
No me quería callar nada, necesitaba decírselos. Estaba comenzando a cambiar mi forma de ser y si tenía que comenzar hablando esto con mis padres, lo haría. De todas formas, necesitaba cambiar. Quizás Emmett estaba en todo esto, pero necesitaba hacerlo fuera por quién fuera, ya no podía ser tan estúpida en ese sentido. Ya no podía creerles en todo lo que me dijeran.
— ¡Hey señorita, no nos hables así! ¡Vete a tu cuarto de inmediato! —gritó mi madre.
— Lo que me faltaba, vengo a hablar con ustedes y me mandan a mi cuarto. ¡Esto es el colmo! Les he dicho cuanto los odio, ¡Ni siquiera me preguntaron cómo me ha ido en mi primer día!
— Tampoco estás en la primaria Rosalie, no creo que sea necesario llamarte todos los días como una niña pequeña.
— No quiero eso, tan sólo quiero padres como los de mis compañeros que al menos me llamen para saber cómo estoy.
Dicho esto, me fui corriendo a mi habitación. La extrañaba un poco, y caí en mi cama con lágrimas recorriendo todo mi rostro. A los segundos, unas manos comenzaron a acariciar mis cabellos. Estaba completamente segura que era Maggie, nuestra sirvienta, pero para mí se había convertido en mi verdadera madre.
— Vamos pequeña, no te pongas así. Tú sabes que tus padres trabajan demasiado para tu futuro.
— Si, lo sé Maggie. Pero a veces quisiera que no se preocuparan por mi futuro, si no por mí presente.
— ¿Hasta cuándo te quedarás aquí?
— Hasta mañana en la tarde. Sólo puedo perder un día de clases.
— Entonces te regalonearé todo el día de mañana.
— Espera Maggie, ¿Por qué no me fuiste a buscar en las vacaciones?
— Este... mi querida Rose... Tus padres me prohibieron irte a buscar y también hablaron a la escuela para que no dejaran que salieras. No tengo la mayor razón de porqué hicieron eso, pero me lo prohibieron. Según ellos era por tu bien, pero tú sabes, pequeña, que no me gusta darle la contraria a tus padres
Sonreí un poco ante ese comentario, era una completa mentirosa. A Maggie le encantaba llevarle la contraria a mis padres cuando se trataba de mí.
Eso explicaba por qué no pude salir en todas las vacaciones. Mis padres eran una mierda, no sé para qué tienen una hija si la mantiene encerrada en una Escuela para tarados.
Me quedé la noche con Maggie, y al otro día estuve con ella en la cocina. Amaba mirarla cocinar. Encontraba que para mí era un gran desafío cocinar, aunque Maggie siempre me decía que no era ningún desafío, tan sólo tenía que practicar, pero mi madre me lo prohibía. Era tan tonto, aunque Maggie siempre rompía las normas, y lo poco y nada que sé cocinar es gracias a ella.
Mirando mi reloj me había dado cuenta que tenía que volver a mi realidad. Era bastante tarde y me retarían si no llegaba hoy, así que tomé mi bolso y Marco me llevó a mi Escuela.
Varios sicólogos hablaban de que mi forma de ser era totalmente culpa de mis padres. De todas formas, no me interesaba. Había podido sobrevivir de toda la gente que había querido hacerme daño, y ahora estaba conociendo a amigos verdaderos, o, al menos, eso creía yo.
No me había percatado de que mis ojos estaban rojos y llenos de lágrimas hasta que Emmett me miró fijamente con una cara muy preocupada y yo giré mi cara al gran espejo que teníamos en nuestra entrada.
Emmett no se podría estar preocupando por mí. Esto era demasiado confuso.
— Bella y Alice están muy preocupadas por ti.
Sólo asentí; no quería hablar con nadie aún…
…Aunque me hubiese gustado que dijera 'Estaba preocupado por ti'.
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Pobre chica, había estado llorando.
¿Pobre? Vamos Emmett, ¿Que te está pasando?
No era un chico insensible, aunque yo pensaba que las Barbies no lloraban. Pero lo que había sucedido ayer no sería una excusa, seguiría ignorándola. Sería la única forma de que me olvidara de ella.
Cuando fuimos a cenar, vi a una Rosalie completamente cambiada. Eso me extrañaba, el cómo podía esconder esa gran tristeza que tuvo cuando entró en nuestra habitación y ahora que estábamos con mis hermanos mostraba una gran felicidad.
— Y Rose, ¿Dónde estuviste todo este día? —preguntó mi hermana Alice.
— Donde mis padres, tenía que resolver algunos problemas.
— ¿Y los pudiste resolver? —preguntó Jasper un poco preocupado.
— Más o menos —puso una mueca.
Tal vez por eso lloraba, quizás no se llevaba bien con sus padres, o quizás le cancelaron alguna tarjeta de crédito y por eso lloraba.
— Rose ¿Que harás este fin de semana? —preguntó Bella.
Dentro de mí quería que la llevaran a casa. Quería poder conquistarla y poder tenerla en mi terreno, que era mi casa. Pero por otro lado, mi lado razonable no tenía que hacerlo, sabía que era un gran error, luego me arrepentiría toda mi vida. No quería que esta Barbie me hiciera caer en su juego, no otra más...
— No lo sé, quizás me quede, quizás me vaya, ¿Quién sabe? —sonrió a medias.
— Si quieres, puede venir a nuestra casa —dijo una muy animada Alice.
— Alice, sabes que primero tienes que preguntar antes de invitar gente —mi voz sonó como a un mayor retando a un pequeño niño.
— Lo sé Emmett, pero estoy segura que a Esme y a Carlisle les encantará conocer a Rose.
— No se preocupen, chicos.
Alice me pegó un codazo por debajo de la mesa, que nadie alcanzó a visualizar.
De pronto, un chico se subió a una de las mesas de la cafetería y comenzó a hablar.
— Queridos estudiantes, les tengo que informar que se acerca el fin de semana, y todos saben que el primer fin de semana se hace la fiesta espuma.
Todos silbaron y aplaudieron.
— Para los alumnos nuevos una pequeña introducción. Esto se hace a beneficio de los alumnos becados, para que puedan comprar sus libros y toda clase de útiles que les falte.
— ¡No sé que hacen aquí alumnos becados, si esto no es una fundación! —gritó Tanya.
— Todos sabemos que Tanya no está invitada a esta fiesta y claro, su grupo de amigas tampoco —siguió hablando el tipo —. Esperamos que vayan y lleven sus cooperaciones.
El tipo se bajó de la mesa.
— Lo había olvidado completamente —mencionó Rosalie —, esta fiesta es una tradición, todos los años va mucha gente y se ayuda bastante a los que lo necesitan.
— Nosotros no necesitamos nada —murmuré enojado.
— Quizás tú no, Emmett, pero hay mucha gente que igual es becado, y no tiene ni para su uniforme. Esto es una forma para ayudar.
Guau, la rubia me había dejado callado.
Mierda Emmett, responde algo.
— Quizás sea bueno ir —me ganó Alice, para romper el gran silencio que había dejado Rosalie.
— Se pasa muy bien, tienen que ir —animó Rosalie.
— ¿Donde es? —preguntó Edward.
— A unas cuantas calles, a diez minutos en auto —murmuró la rubia.
— No tenemos auto —la ataqué.
— Podemos ir todos en el mío.
— No necesitamos de tu compasión —ataqué nuevamente.
Emmett... para esto, lo hace por tú bien.
— No quiero darles compasión, ustedes no la necesitan por lo que yo sé. Este puesto se lo ganaron con esfuerzo y no por compasión. Se nota, Emmett, que tienes una visión bastante mala de mí.
Con eso la rubia desapareció.
— Emmett, ¿Tienes que ser tan pesado con Rosalie? Ella sólo…
— Sí, lo sé. Sólo intenta ayudar, pero no la quiero cerca de nosotros —interrumpí a mi hermana Alice.
— Que a tí, en nuestra anterior escuela se te hayan subido los humos a la cabeza por casi ser un popular, no es nuestro problema —me atacó Bella.
— ¿Que dices, Bella?
— Eso Emmett, lo que escuchaste. No porque a tí no te gusten los populares quiere decir que no nos podemos juntar con los populares. Somos hermanos, no eres nuestro padre —dijo Alice.
— Hey, Cullen —habló un tipo.
Me di la vuelta y me fijé que era Royce King, el capitán del equipo de basketball.
— Emmett ¿Cierto?
Asentí.
— Supe que querías entrar a mí equipo.
Volví a asentir.
— Que quede claro que Royce no deja que nadie entre, sólo cuando es necesario reemplazar a algún jugador, no por compasión —habló un amigo de Royce.
Sin decir más se fueron. No me había fijado, pero todo el equipo de basketball estaba ahí junto a sus putas, las porristas.
— ¿Ven a lo que me refiero? Son unos destructores, juran que la Escuela es su escenario y que tienen todo a su disposición.
Sin decir más, me fui a mi cuarto.
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Alice me había pasado los apuntes que habíamos hecho hoy en clases, y, a pesar de que eran pocos, comencé a pasarlos de inmediato. No quería quedar atrasada luego.
Un portazo me había asustado un poco. Tenía entendido que tendría que venir Emmett, pero no que tenía que poco menos sacar la puerta de entrada.
Comencé a escuchar cosas caerse, platos, servicios, vasos. Salí de mi cuarto ¿Que se creía este imbécil?
— ¿Que mierda te pasa? Dudo que puedas pagar una losa como aquella —lo ataqué.
— ¿Sabes qué me pasa? —me gritó, agarrándome de mis muñecas y acorralándome contra una muralla.
— ¡Claro que no sé, pedazo de idiota! ¡Me estás haciendo daño! —grité.
— ¡No, yo quiero que sepas que me pasa! —gritó, exaltado, y luego respiró para dejar de gritar—. Es que me tienes harto. ¡Tú y todo el grupo de imbéciles que te rodea, todos los que se creen populares!
Tragué saliva, Emmett me estaba asustando. Tenía mis muñecas apretadas tan fuerte que podía jurar que iba a quedarme morado.
— ¿Por qué dices eso?
— Porque sí, yo sé que tú quieres acercarte a mis hermanas para luego destrozarlas.
— ¿Que mierda dices Emmett? Tus hermanas y tus hermanos son unas hermosas personas, se nota que son adoptados, porque no se parecen en nada a tí —le grité.
— ¿Qué sabes tú de eso?
Me sacudió contra la muralla.
— Emmett, ¡Me haces daño!
— ¿Qué me quieres decir?
— ¡Que yo no le haría daño a ni uno de tus hermanos, son unas hermosas personas y gracias a ellos estoy comenzando a cerrar una gran etapa que para mí ha sido demasiado grande para cerrar sola! Pero claro, como tú y siempre tienes que ser tú y pensar solamente en tí, te importa una mierda que tus hermanos se sientan bien con gente como yo.
Me apretó un poco más las muñecas.
— Si tuviste algún problema con los populares en tus antiguas escuelas, no quiere decir que aquí también las tengas.
— No te preocupes, todos los populares me han dejado en claro que me quieren lejos de esta Escuela.
Soltó mis muñecas y caí al piso.
Fue a buscar hielo en el refrigerador y me los tiró al piso.
Me había dejado dos grandes marcas en mis muñecas y me ardían demasiado.
Mi pecho no dejaba de subir y bajar, no sabía qué hacer. Emmett estaba demasiado enojado, no debí haber salido de mi cuatro, pero si no lo hacía rompería toda mi losa Francesa.
Me coloqué el hielo despacio, porque ardía demasiado esa parte de mi cuerpo, para luego irme a mi cuarto.
ConaMorales: Al fin estoy devuelta ahora estoy de vacaciones dos semanitas así que me tendrán nuevamente por aquí, espero que les guste lo hice con mucho cariño para ustedes.
PD: Gracias a mi beteadora 3
Un gran abrazo para todas.
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