
Charlotte, con sus 18 años- eternos-, sigue yendo de un pueblo a otro, hasta que por equivocación llega al pueblo en donde se crearon los caza- vampiros.
Rated: Fiction T - Spanish - Supernatural/Romance - Words: 485 - Reviews: 1 - Published: 05-28-11 - id: 7030268
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Prólogo:
Mi corazón ardía como el infierno en pleno verano, cuando todo quema más de lo normal, cuando hace más calor que dentro de un horno. Mi frente estaba cubierta de unas gotas heladas de sudor, podía ver la cara de preocupación de la nodriza. Algo me pasaba, algo le estaba pasando a mi organismo, no estaba reaccionando como debía.
Tenía miedo, podía estar muriendo allí mismo. Claro que lo estaba, ya sentía que la muerte recorría mis venas como un veneno en la sangre. Mi sangre se volvía negra por lo veía en mi muñeca. ¿Qué estaba sucediendo?
La nodriza se persignó y luego musitó rápidamente una oración. Quería llorar y gritarle qué me pasaba, pero ya era demasiado tarde para comenzar con las preguntas y respuestas. Yo ya no podía hablar, el dolor me lo impedía completamente. Cuando quería gritar por ayuda salían gemidos por mis labios apretados.
Me di cuenta con el paso de los segundos que mis pies estaban atados con una tela de color negro quizás por lo que vi y al final de la cama había un señor con un traje negro y un sombrero. El notó el dolor en mis ojos y mi ceño fruncido. Se acercó a mí con paso dubitativo.
Ya no sentía ni escuchaba nada, tenía todo mi cuerpo acalambrado y muchas cosas puntiagudas estaban en mis músculos. Dolía mucho y me inquietaba tener que vivir todo ese dolor. El señor quitó el cabello de mi cara transpirada y se inclinó dándome un beso en la frente llena de sudor. ¿Quién era ese señor que se había acercado a mí? No lo había visto en mi vida, sus labios y su calidez contra mi sudorosa piel hizo que me acordara a mi infancia en aquél orfanato en Francia.
Una punzada en mi corazón hizo salir un grito por mi garganta tan fuerte que me dejó de doler el corazón y comenzó la garganta. La sentía de un sabor oxidado… Sangre. Oh no, tuberculosis.
Pues claro, estaba muriendo de tuberculosis, pero algo me dieron para salvarme. ¿Qué había sido? No lo recuerdo, con suerte recordaba que me estaba muriendo hace un rato.
Mi respiración se volvió tan rápida que ya no la soportaba. Cerré los ojos y sólo dejé que el dolor recorriera mis venas, y mi cuerpo, sin saltarse ningún milímetro de piel, músculo, carne, hueso, célula.
Me consumió por completo luego de unos minutos. El viento corría mi cabello con rizos hacia el lado derecho.
-Ella estará bien-. Dijo una voz de hombre que sabía muy bien lo que me pasaba.
-Muchas gracias, señor. Ella es muy importante para mí, no podía permitir eso para ella-. La voz de la nodriza llegó a mis oídos.
-Tiene que tener en cuenta, que lo que le hizo, es mucho peor que la muerte, señorita.- Y esas fueron las últimas palabras del hombre tan sabiondo para hablar.
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