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jamás quiso decirlo…
Author:
Soly Stalin A7X PM
si algo ocultaban los ojos grises de Ryu Amakusa, si alguna cosa escondia su alma atormentada, si un sentimiento oculto tal vez nacio en su corazon, jamás quiso decirlo. angst, Kyu/Ryu
Rated: Fiction T - Spanish - Angst/Romance - Kyuu & Ryuu - Words: 2,610 - Reviews: 3 - Favs: 1 - Published: 06-16-11 - Status: Complete - id: 7089194
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Hola! =) weeeno, se que… no se, se que se algo, pero lo único de lo que estoy segura es que no se nada… jajaj…

Hablando en serio, traigo este que es mi pareja favorita… u_u

Advierto: slash moderado (no se cuando podré hacer un yao-i desente), y mucho angst y drama. En serio, si alguno de estos géneros te molesta te pido que te retires. Si no (y eres tan angstosa y emo como la que ahora les habla), les invito a que lloren! Jajaj…

Ninguno de los personajes de detective school Q me pertenecen, son propiedad del bendito japonés que los creo (L)

"jamás quiso decirlo…"

Bajaba como un trago demasiado amargo en la garganta, la nostalgia, sumada con ese sentimiento parecido al deseo le helaba la sangre, le agarrotaba las piernas y nublaba su visión. ¿Por qué no pudo dejar de ver antes?. Cuando se empecinó con seguirlo, con saber qué hacía y lo vio en aquel estado; no, tenía que ser ahora, cuando estaba a punto de llegar a su casa, de donde nunca debió haber salido, ahora la vista le abandonaba y le hacía sentir algo imbécil .

Aprender de sus errores, eso era estrictamente necesario hacer. Pero este en particular era muy doloroso para sacar una buena enseñanza…

El aire otoñal le golpeaba en el rostro contraído en una mueca de dolor, como si aquel malestar fuera físico, corporal; mas era totalmente psicológico, emocional… relacionado con esa basura que todos llamaban sentimientos. Las nubes en el cielo amenazaban lluvia y el joven de azulados cabellos la deseaba, necesitaba el rocío del agua para llorar sin restricciones. Su cuerpo temblaba bajo las capas de ropa y ese sentimiento le apretaba el pecho como una camisa de fuerza.

Tenía que llegar a su casa, donde de seguro lo esperaban para comenzar una sesión de duro entrenamiento. Tenía que mantenerse sereno cuando esa mujer de cabellera abundante le abriera la puerta, mientras se inclinara notablemente recitando alabanzas a su persona. Debía escuchar el sermón de su no tan querido abuelo. Su deber era ser el espía, vigilar la DDS. Sin desmallar, sin que sus fuerzas decayeran. Pero cuando tuvo que tratar de mirar a Kyu como su amigo… ¿Por qué no lo hizo?. ¿Por qué se dejó llevar por los impulsos?. ¿Por qué deseaba tan fervientemente sus labios y cuerpo?. ¿Por qué esa sonrisa lo volvía loco?. ¿Por qué, maldita sea por qué tuvo que seguirlos a él y a Megu?.

Dolía más de lo que hubiera imaginado. Si pensaba que lo del pequeño Renjou era una confusión pasajera, que se esfumaría en cuanto una chica llamase su atención estaba totalmente equivocado. Ese sentimiento fue creciendo a medida que los lazos entre ambos se estrechaban, y cuando quiso detener la situación ya no sólo estaba deseando morder sus labios y acariciar su piel, si no que su anelo era despertar mirando sus dorados ojos cada mañana, sentir su aliento rozando su rostro al amanecer, entrelazar sus manos y sentir en el cuello un cálido te amo. Cuando pensó en aquello, su cuerpo se estremeció saboreando el tan imaginado momento. Sus pieles rozándose, sus almas conectadas… ya no con esa complicidad característica, esa que desde el bendito pero a la vez tan jodidamente maldito momento en que se encontraron compartieron, si no que del modo más tierno, salvaje y romántico que pudiera existir. Pero no debía pensar en aquello, no solo por ser extremadamente doloroso, si no porque todo se había acabado, marchitado como una flor en aquella estación tan adorada por Ryu, otoño.

Confuso.

Si, la casa se veía confusa desde la poca distancia que lo separaba de ella. Pensando con la cabeza fría llegó a la conclusión de llegar a ella con la frente en alto, como si no hubiera escapado. Después de todo era el príncipe de Pluto, nadie lo rechazaría. Pero estaba confundido, no sabía si eso era verdaderamente lo que deseaba; porque al volver, se estaba encadenando a ese destino del que tanto quiso escapar. Porque al retornar a las lóbregas paredes de la mansión Amakusa se ligaba, para siempre a Pluto y todo eso contra lo que había estado combatiendo.

Estaba, también la opción B. regresar a la casa de Kyu, mirarle a la cara y hecharse a llorar en sus brazos. Abrazarle y decirle entre lágrimas cuanto le había dolido verlo besarse con Megu y luego caer rendido en la cama, rogando porque al día siguiente su joven amigo no recordara nada. pero aquello era imposible. Era totalmente ridículo pensar en que podría verle la cara a ese niño otra vez sin lanzarse a besarlo. Por eso se había mmarchado. Kyu era feliz con Megu, y el que sobraba estaba lejos, sin fuerzas para volver.

Las piernas le flaquearon en la puerta de la casa y cayó de bruces al suelo, golpeándose en las rodillas fuertemente. Sus ojos se cerraron con fuerza y escondió el rostro entre las manos para sentir el flujo salado correr por ella. ¿Qué había hecho mal?. ¿Por qué la vida se empeñaba en quitarle todo lo que amaba?. No tuvo padres, nunca supo lo que era el cariño de verdad. Yuri, su guapa celadora se preocupaba de su condición física e intelectual, pero nunca emocional. Junto con Anubis fueron los que le criaron y en parte, a quienes les debía todo lo que era. Jamás contó con una mano amiga que estrechar, con una voz suave que escuchar, con unos labios que besar; sus amigos –los pocos que alcanzó a tener- duraban poco, siempre terminaban cansándose de su falta de comunicación, y le dejaban nuevamente en sus cuatro paredes, sangrando por el impacto de ser desechado otra vez. Y luego, la DDS. Pensaba que duraría más ese sentimiento cálido que lo embargaba al estar con los 4 y compartir miradas, en verdad pensaba en ser feliz con lo poco que tenía de su compañía. Pero –como era de esperar- los había perdido, se había ido en el momento que fijó sus ojos en Kyu. Desde ese instante comenzó a odiar a Megu. La aborrecía, porque el moreno le dedicaba sonrisas llenas de ternura, porque la cogía de la mano y por esa sobreprotección que siempre parecía ejercer sobre ella. Sentía envidia porque nunca pudo ser el primero a los ojos ni en el corazón de nadie. Siempre era Hades por delante, y luego el príncipe Ryu. ¡Joder!. ¿Qué saccaba con ser príncipe de un ejército, si no podía tener lo que deseaba?. ¿y qué era aquello que deseaba tan fervientemente?. ¿a Kyu o simplemente sentirse querido y aceptado?.

La lluvia caía sobre sus hombros, empapando la inestable figura que, acuclillada en la puerta se encontraba derramando su dolor, su tristeza, respirando la lenta pero dulce decadencia de sentirse inferior, desplazado; nada podría empeorar más su deprimente día, su deprimente vida. ¿o si?.

La puerta se abrió y de ella hizo su aparición esa mujer, su celadora, su guardiana y protectora; al verle puso una cara de confusión por un instante, estaba claro, ese día estaba lleno de sobresaltos y confusiones.

.

Éxtasis placentero.

¿Dónde estaba ahora?. No lo sabía pero no deseaba saber. tanto daba entrar o salir de esa casa, si era norte o sur, si el sol resplandecía en Tokio o la lluvia mojaba en su corazón. Eran cosas sin importancia, el muchacho se encontraba en un lugar conocido pero que no deseaba recordar, ese sitio al que llamaban –su cuarto- pero que mas que eso parecía la casa de dos familias enteras. Los ojos abiertos, la boca sin cerrar y los pensamientos en un lugar lejano, tan parecido a la DDS.

-¿Qué?. ¡dije que no deseaba volver!.-exclamó, lívido cuando la voz monótona de su abuelo le comunicó que debía seguir trabajando como espía. Nunca había tenido tal arranque de emociones, toda su vida supo controlarse, era su deber no mostrar sentimientos; mas era totalmente macabro y casi suicida pensar en volver a sentarse en el mismo banco y mirar los ojos de Kyu Renjou, brillante y resplandeciente.

-Ya lo dije, me debes lealtad mocoso. Cuando te hicimos la marca juraste total sumisión al rey Hades. ¿lo recuerdas?.-El hombre parecía divertido con las palabras de su único descendiente.

-¿Cómo quieres que me acuerde?. ¡tenía 6 años cuando repetí ese juramento!.-esta vez el joven decidió calmarse, aún así sus palabras resonaban con autoridad.

-Discute cuanto quieras… deseo ver todo lo que a mejorado mi adorado nieto en su incursión con los detectives. Tengo mucho tiempo… pero espero no estar toda la noche. Sabes que al final mañana terminarás arreglando tu bolso.-Musitó Hades calmadamente mientras se recostaba en el respaldo de su alto sillón.

Y en ese momento Ryu perdió el hilo de las cosas y no reaccionó hasta 5 minutos antes, y fue cuando pudo darse cuenta de que estaba solo en su cuarto mirando ausentemente por la ventana, esas gotas que parecían salir de sus ojos, que reflejaban en parte su dolor, su angustia.

Debía volver a la DDS, mirar a los ojos a Kyu y Megu, sonreír con sus alegrías como si lo que vio no le afectara. Tenía que espiár a Dan Morihiko y fingir ser el serio detective de hielo, cuando por sus venas corría fuego.

El mismo fuego que tal vez sintió la feliz pareja cuando se besaron en el callejón, Kyu con las manos en el rostro de la princesa pelirrosa para que no se alejara, ella acariciando su pelo y cuello con devoción, como si ese momento lo hubiera estado esperando desde siempre. Una aguja se clavó en lo más profundo del alma del azulino muchacho, pero no pudo dejar de mirarlos, ni de escuchar el sonido del beso, ese ruidito dulce que aún tintineaba en su cabeza.

Y el te amo mas tierno que jamás había escuchado, quizá sólo en las películas existía. Aquel te amo lo hizo delirar por un momento…

Y ahora. Sus manos comenzaron a acariciar su cabeza, procurando imaginar que era Kyu quien lo hacía, que era él quien se tomaba el tiempo de adormecerlo lentamente. El cabello se enredaba en sus largos dedos, era suave al tacto. Ryu cerró los ojos mientras se estiraba en la cama, a escuchar el lento sonido de la lluvia al caer, era verdaderamente relajante. Un suspiro resignado escapó de sus perfectos labios entreabiertos y una oleada de sensaciones lo invadieron cuando en un intento desesperado de conbatir la sequedad de estos los mojó con su lengua.

Porque pensaba que era Kyu quien lo hacía.

Y el no puedo seguir así que lo atormentaba, que revoloteaba en su mente desapareció cuando su mano fría comenzó a descender por su cuello, tocando con un dedo el dragón que llevaba tatuado. Su respiración se aceleró, su pulso también, y lo único que el joven príncipe sabía era que no deseaba parar.

La lisa superficie del torso era suave, casi sin vello alguno. El joven no se explicaba cómo había llegado hasta allí, pero tampoco le importaba. Sus dedos se movían lentamente, acariciando con suavidad. Su piel ardía bajo la ropa, exigiendo un roce, algo que la liberara, que liberara su alma atormentada. Y aunque ese alguien estuviera lejos, quizás ni siquiera se acordara de él, Ryu lo sentía en su cuerpo, cerca de su corazón.

Ya cuando el tortuoso descenso lo había conducido hasta la cremallera de sus pantalones, el muchacho suspiró silenciosamente otra vez. Nunca sus emociones lo llevaron tan lejos antes, jamás una fuerza lo había golpeado de aquella manera tan dolorosa y caliente. Mientras su mano trazaba círculos en su zona, estimulándolo, el joven detective pensó en ese te amo cargado de pasión que, si bien no iba dirigido hacía él, lo decía la persona a quien amaba.

-yo también te amo, Kyu...

.

La lluvia del día anterior había dejado un ambiente húmedo pero relajado. El aire era menos denso, el trinar de uno que otro pajarillo se dejaba oír con un deje de pereza y los árboles chorreaban agua con lentitud. En el patio de la DDS, 4 chicos estaban sentados muy apiñados conversando un tema muy importante.

-NO se, ayer no llegó a casa.-Kyu tenía un aspecto preocupado en la cara mientras hablaba se mordía un labio con nerviosismo.

-Es raro, porque Ryu falta muy poco… lo he llamado, pero no atiende el celular.-Megu estaba recargada en el hombro de Kyu, se veía más relajada mientras dejaba que Kazuma hiciera uno de esos experimentos que nunca en su vida podrá comprender.

-Les apuesto que solo tiene un dolor de estómago, ya saben, mañana vendrá con ese aspecto huraño esperando que lo extrañemos.-añadió Kinta, tratando de tranquilizar a Megu y Kyu.

-¿No puedes ser más preocupado por tus amigos?.-el pequeño genio estaba totalmente indignado, sus ojos se le salían casi de las órbitas.-¡es nuestro amigo y debería estar preocupado!.-

-lo estoy… ¡pero otra cosa es dramatizar, Kazuma!.-

-Eres un insensible Kintaro.-

-¡al menos no soy tan escandaloso como tú...!.-

-Nunca cambiarán...-Megu estaba algo más tranquila, sonriendo al ver a Kinta salir corriendo con la gorra de Kazuma.

-Espero que no…-Le susurró Kyu.-Igual, espero que Ryu esté bien, cuando salgamos de clases intentaré volver a llamarle.-

-Me parece genial-consintió la chica levantándose y sonriendo mientras el moreno de cabello bicolor la tomaba de la mano.

.

En otro lugar más oscuro, el cuerpo de un muchacho yacía en la cama. Su rostro era tan frío como siempre, y sus ojos sin vida dejaban en manifiesto una sola cosa, la respuesta a tantas interrogantes, una de ellas era por qué tenía unas tijeras en las manos y las muñecas llenas de sangre. Ryu Amakusa estaba muerto.

Siempre lo estuve, en realidad. Jamás tuve voluntad propia, fui un juguete tanto tuyo como de todos los que se acercaban a mi. Sabes que mis decisiones eran influenciadas por la gente… los ataques, gracias a Anubis; el ser detective gracias a mi abuelo; las matemáticas gracias a ti; el huir de casa, solo por Kyu; y hasta lo que acabo de hacer no fue mi decisión, lo hicieron las circunstancias. Vamos, se que no estás triste. Incluso, me atrevería a decir que lo esperabas, tu me conocías y me viste llegar. Solo quiero que no le muestres a nadie este papel y que lo guardes. Fuiste una buena guardiana, de verdad. Y si di este paso, lanzándome al vacío, bebiendo el cáliz de la muerte, fue porque mi vida no era vida, y quise probar si tal vez algo me podía pertenecer en la muerte.

Gracias por todo, nos vemos en el infierno.

Ryu.

Pd: consérvalo, Yuri.

La mujer sacudió la cabeza mientras miraba el cuerpo de su pupilo, con unas lágrimas acumuladas en sus pestañas. Era increíble, su príncipe era fuerte, no caería con esa estupidez. Era un chico valiente y atrevido, frío y sin sentimientos, ella misma se había encargado de criarlo de esa forma. Pero allí estaba, tendido con la expresión perdida, con los labios entreabiertos y esas tijeras hundidas en su muñeca. Siempre le había gustado la sangre, disfrutaba cuando alguno de los que contactaban a Pluto asesinaban de forma cruel. Pero esto… no podía verlo. Su niño, su príncipe, su pequeño dragón estaba salpicado en sangre.

Le dio un beso en la frente mientras algunas lágrimas solitarias descendían por sus megillas.

-Ese no es el único motivo de tu muerte, príncipe.-Yuri le conocía, sabía que un sufrimiento mayor escondían esos ojos gris glacial. Pero aunque fuese de esa forma, el muchacho jamás quiso decirlo.

Fin.

Wooooo… u_u en fin, gracias por leer =)

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