Games » Assassin's Creed »

Far Away
Author:
Maki-san PM
-La soledad es la peor enemiga del alma. En un intento desesperado Ezio roba un Fruto del Edén para recuperar a Cristina de la muerte; lo que no sabe es que quedara atrapado en el año 1194 ¿Cambiara así su destino?. Ez/Cris - Alt/Mar-
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Drama - Ezio A. & Cristina V. - Chapters: 9 - Words: 71,978 - Reviews: 37 - Favs: 10 - Follows: 6 - Updated: 11-21-11 - Published: 06-20-11 - id: 7101826
A+  A-   Full 3/4 1/2 Expand Tighten

DISCLAIMER: Assassin's Creed y sus personajes pertenecen única y exclusivamente a Ubisoft y a quienes ellos cedan sus derechos, este escrito está hecho con el único propósito de entretenimiento personal y de aquellos quienes lo lean, NO como forma de lucro.

... o que creen? si esto fuera mio Lunaykirin y yo tendríamos citas dobles todos los días con Desmond y Altaïr respectivamente... y no los compartiríamos nunca, nunca con nadie ^.^


Reflejo de Verdades

Crissia se miró en el espejo.

No entendía lo que había pasado. La imagen que ahora se reflejaba en la plateada superficie era ella, pálida y ojerosa, con el sencillo vestido de lino azul claro que las mujeres del jardín le habían traído amablemente de la aldea por orden de ese hombre que todos llamaban Altaïr, y que parecía ser el líder en aquella ciudad. Sin embargo, aunque ahora fuera su reflejo el que brillaba opacamente en el espejo, no había sido ella quien había actuado tan irracionalmente hacía unas horas en la celda de Ezio, y no entendía nada.

No había sido consciente de que había sucedido hasta que se había encontrado entre los brazos de Ezio, sin saber siquiera como había llegado a ellos… y ahora sus labios quemaban al recordarlo.

La fría reja de hierro forjado separaba sus cuerpos, únicamente la distancia del metal se interponía entre ellos, tanta era su cercanía. Ezio había pasado ambos brazos por entre los barrotes, horizontales y verticales, y aferraba la cintura de Crissia, Cristina, atrayéndolo hacia él con desesperación; mientras que ella misma había hecho lo mismo, colando sus antes temblorosas manos por encima de los barrotes, aferrándose ahora con manos seguras y firmes a la camisa suelta y ensangrentada de Ezio, a la altura de sus hombros, en un intento por acercarse a él más y cruzar la distancia que los separaba.

Tan cerca y tan lejos a la vez… no les importó.

Ezio la besó con desesperación, respirando agitadamente entre su boca mientras recorría sus labios con la lengua y los saboreaba volviendo el beso intenso desde un primer momento, beso que Crissia, que no era ella misma, le devolvió con urgencia, bailando con su lengua con la de Ezio, jadeando como si ese beso fuera la vida que necesitaba, el aire que respiraba, moviendo sus labios sobre los de él, encajando tan perfectamente como si jamás se hubieran separado, como si hubiera estado destinada a ser besada por esos labios desde el día que vino a este mundo.

Sin embargo, esa fuerza tan atronadoramente intensa que se había apoderado de su persona llenándola de recuerdos de una vida en una Italia diferente a la suya propia, de momentos felices con Ezio, de una vida solitaria y dolorosa extrañándolo, de un amor más intenso que el que jamás había sentido en su corta vida; esa fuerza se intensificó durante un momento entre los labios de Ezio, entre sus besos, de una forma tan brutal que incluso dolió, haciéndola jadear repentinamente por la sorpresa mientras un fogonazo de luz dorada brillaba en su mente… como si estuviera a punto de recordar algo importantísimo… y así, sin más… se apagó, volviéndose todo negro y grisáceo, oscuro.

Tan rápido e intensamente como la luz de recuerdos vino… se fue.

Y entonces Crissia se sintió mareada, sintiendo algo que no recordaba haber sentido antes… la estaban besando juraría, y no de una forma que ella hubiera imaginado ni en sus más prohibidos sueños, sino que en su estupor y aturdimiento sintió que alguien la estaba sujetando por la cintura acariciando su espalda, acorralándola contra unas frías y duras rejas de hierro, y estaba recorriendo su boca… por Cristo Bendito… ¿Qué estaba pasando?

Finalmente Crissia logró abrir los ojos extrañada, con el dolor intenso de cabeza disminuyendo lentamente, encontrándose con que era Ezio quien estaba besándola, con lágrimas cayendo de sus rojos y ojerosos ojos, sin percatarse de que ella tenía los suyos de un oscuro gris parduzco abiertos y asustados, mirándole sin reaccionar.

Cuando logró formar una reacción física en su mente, la joven forcejeó levemente y empujó un poco a Ezio, que rompió el beso abriendo los ojos encontrándose con la mirada incrédula y atónita de Crissia; no con el fuego de desesperación amor y reconocimiento que había brillado en ellos momentos antes, cuando Ezio había visto reflejada a Cristina tan claramente como su vida misma.

Dolió como el infierno.

Sólo había sido una ilusión pasajera, un deseo suyo tal vez… Cristina estaba muerta, él le había quitado la vida, y en lugar de besar a la mujer que amaba había besado a Crissia, que seguramente le odiaría.

Bajó la cabeza, sintiéndose morir y más culpable que antes si es que eso era posible, como una marioneta estúpida que no tenía ni debía tener lugar en ese mundo de mierda, cruel y vacío, besando a niñas por su egoísmo y deseos personales como Altaïr había dicho. Era una mierda, una basura, un despropósito… no tenía sentido seguir con eso… Ezio se alejó de la reja, dándole la espalda a la chica, que no se había movido de su lugar, con las manos ahora quietas sobre los barrotes, esperando que algo pasara, cuando la voz rota de Ezio llegó a sus oídos, haciéndola estremecer.

Vete… –murmuró Ezio, sin mirarla.

Ella no se movió, fijándose por primera vez en el aspecto real del hombre frente a ella.

Tenía la camisa de lino blanco suelta y empapada en sangre por toda la espalda, y las piernas parecían no poder sostener su peso, parecía a punto de desmayarse en cualquier momento. ¡Por Dio que crueldad bárbara y sin nombre era esa! Crissia sintió que sus ojos se llenaban de lagrimas al comprender que Ezio había sido castigado por su culpa, y un sollozo culpable se escapó de sus labios mientras aferraba los barrotes de hierro con fuerza, a punto de romper en un llanto de impotencia.

Dio mío… –dijo ella finalmente con toda la entereza que pudo articular − ¿Qué es lo que te han hecho?

Ezio tardó en responder. Tenía la cabeza agachada, y los mechones escapaban de su coleta atada con el lazo ahora medio suelto. Su voz sonó más dolida de lo que ella le había oído jamás.

Nada que no merezca –murmuró Ezio, pensando "lo que debería es estar muerto"

Las palabras escandalizaron a Crissia, que negó con la cabeza enérgicamente, apretando los barrotes hasta que sus pálidas manos se pusieron rojas.

¿Cómo podía Ezio estar tan ciego? ¿En tan poco aprecio se tenía a si mismo? ¿Qué dolor había sufrido que fuera tan horrible como para que creyera que merecía ser maltratado y humillado de esa forma? Las lágrimas cayeron de sus ojos ahora sin remedio, impotencia, dolor y compasión reflejados en esas pequeñas gotitas de agua que resbalaron por sus mejillas sin que ella se molestara en limpiarlas.

¡No! nadie merece un trato así ¡es cruel y despreciable! –exclamó ella finalmente sin poder contenerse más tiempo –y tu menos que nadie Ezio… de entre todas las personas eres el único hombre justo y bueno con quien me he encontrado en mi vida, me has salvado…

¡No! –gritó él como si las palabras le hubieran golpeado más duro que una puñalada − ¡Yo no puedo salvar a nadie! ¡A nadie!

Crissia se quedó atónita por la fiereza con que Ezio dijo esas palabras, como si un fuego se hubiera encendido en él repentinamente, igual que una hoguera ardiendo de rabia, o de dolor, no sabía que era, ni porque había pasado del dolor a la ira tan sólo porque ella había expresado su afecto por él… ¿acaso…? ¿acaso la despreciaba? El pensamiento la aterrorizó, así que tragó saliva y habló con voz insegura.

Ezio yo…

¡Que te vayas! –gritó él coléricamente, y sin fuerzas ya, cayendo de rodillas.

Crissia se dio la vuelta y retrocedió asustada, incrédula de lo que estaba pasando, comenzando a andar rápido hacia la salida de la celda; sin embargo, cuando su mano toco el pomo de la puerta de madera maciza que era la salida, algo dentro de ella le hizo detenerse y darse la vuelta, rompiéndole el corazón con la imagen que vieron sus ojos.

Ezio estaba destruido, de rodillas en el suelo, con las manos abiertas sobre las rodillas, la cabeza escondida y las lagrimas mojando la arena y el polvo del frío suelo de piedra; murmuraba para sí mismo, como auto flagelándose por algo, y aunque no fuera la intención de Ezio, sus susurros dolidos llegaron hasta Crissia gracias a la acústica de la celda, haciendo que sus ojos se abrieran por la sorpresa.

No quiero perderte a ti también –murmuraba él sin sentido, sin mirarla, dejando que más lagrimas cayeran de nuevo –, no vuelvas a buscarme ni a verme… aléjate de mi…

Así que eso era, Crissia lo entendió repentinamente, y el descubrimiento le dolió demasiado.

Ezio no la despreciaba, no pensaba que fuera un estorbo por el cual le habían castigado y golpeado, la respuesta era mucho peor; él sentía culpa por ella, le impediría estar a su lado como fuera, ya que él sentía que si ella se acercaba a él de la manera que fuese, mostrando su afecto, o su cariño, terminaría herida por culpa suya… "Ingenuo egocéntrico –pensó Crissia –de no haber sido por ti, sí que estaría muerta" y realmente así hubiera sido, si bien no físicamente al menos su corazón sí que lo estaría.

Y ahí estaba ella, en pie frente a la puerta, de espaldas a él, dándose cuenta de sus sentimientos por primera vez, descubriendo que le dolía el dolor de Ezio, porque sentía algo por él.

Sin embargo antes de que pudiera darse la vuelta y decírselo, escuchó un ruido que la hizo girarse rápidamente; comprobando que Ezio se había caído hacia delante, desmayándose. Crissia se apresuró a correr hacia la reja y abrirla, pasando al otro lado y arrodillándose rápidamente junto a Ezio, le dio la vuelta, dejándole boca arriba, y tomando de la bolsa un paño que mojó derramando el agua del vaso de madera que Ezio tenía, se lo pasó por el rostro para despertarlo.

Finalmente Ezio despertó al sentir el agua fría correr por su rostro suavemente, como si alguien estuviera acariciando su piel… entonces un aroma a sándalo, o salvia, o una hierba que no conocía, llegó hasta él, haciendo que abriera los ojos y se encontrara con las manos de Crissia en su rostro, fijando su grisácea mirada en él con preocupación y un sentimiento que Ezio reconoció, pero no quiso creer.

Las palabras suaves y tranquilas de Crissia llegaron a sus oídos, aclarándole sus dudas.

Tal vez debería irme –dijo ella suavemente, limpiándole la frente con el paño helado –, pero algo en mi interior me lo impide, como si sólo pensarlo me rompiera el corazón… no sé si está mal o bien, ya no sé nada… sólo sé que no puedo irme y separarme de tu lado.

Ezio cerró los ojos de nuevo al oír esas palabras, y aunque el corazón le sangraba por la muerte de Cristina, por la propia Cristina, había algo en Crissia que le atraía y sanaba ese dolor, no sabía qué era, ni por qué, pero sentía algo por ella que sería inútil negarse a si mismo, y si debía, si tenía, que pagar por todos sus pecados, al menos lo haría habiendo pecado.

Entonces… arderé en el infierno por esto –murmuró Ezio con voz rota y ronca –, porque no quiero que lo hagas…

Y sin esperar su respuesta, Ezio con las pocas fuerzas que le quedaban, atrajo a la joven de nuevo hasta sus labios, sujetándola con suavidad y firmeza; sin embargo Crissia no se resistió, sino que correspondió a su beso con torpeza pero dedicación, entreabriendo sus labios permitiendo que Ezio hiciera con ella lo que quisiera, y Ezio lo notó; ahora no estaba besando a Cristina, sino a Crissia, y el sentimiento hizo que su corazón latiera apresuradamente en su pecho, entrelazando sus dedos en los cabellos de ella.

Cuando finalmente Crissia se separó de los resecos y cálidos labios del hombre, Ezio le regaló una sonrisa triste y se desmayó, definitivamente sin fuerzas ya.

Después de eso, Crissia se había apresurado a llamar a los novicios que la habían conducido hasta allí para que la ayudaran a poner a un inconsciente Ezio en la cama, dejándole boca abajo con la espalda descubierta, ya que la joven pidió a los chicos que le quitaran la ensangrentada y sucia camisa para poder curarlo; y una vez que estos hubieron salido, ella hizo su labor lo mejor que pudo, limpiando y tratando de curar las heridas para que él se salvara de las fiebres y las cicatrices, algo inevitable ya…

Crissia suspiró, tocando sus labios de nuevo, sintiéndose dolida por el sufrimiento de Ezio. Se sintió traicionada, al haber confiado en esas personas que supuestamente iban a ayudarla a Ezio y a ella, y en lugar de eso habían dejado a Ezio en un estado deplorable, castigado sólo por salvarle la vida a ella, y definitivamente no era algo que Crissia estaba dispuesta a permitir. Quién sabía, quizá su destino fuese el mismo y también estaban planeando castigarla a ella… Sólo había una persona que podía revelarle lo que había pasado y a quien poder pedir explicaciones, la única por quien comprobar si realmente había sido un error haber ido a ese lugar, y esa era María.

Crissia una vez que lo hubo decidido, se limpió el sudor helado que se había formado en su frente y se dirigió a la salida, dispuesta a hablar con ella… la miraría a los ojos, y sólo entonces lo sabría.


Malik subió las escaleras de la Torre de vigilancia con tranquilidad; era media tarde y el sol estaba brillando en el cielo, haciendo bastante calor en resumidas cuentas.

Cuando los pasos del hasta ese momento Rafik de Jerusalén llegaron hasta arriba, anduvo el corredor que le separaba de la sala de vigías, donde se encontraban las atalayas para hacer saltos de fe, y se detuvo frente a la puerta de madera gastada por el paso de los años, abriéndola con lentitud, sabiendo perfectamente lo que encontraría al otro lado; por eso había venido a ese lugar a esas horas en las que debería estar trabajando… tenía que hablar con él.

La luz del sol proyectaba las sombras directamente hacia él, pero Malik pudo vislumbrar perfectamente una figura de blanco, Altaïr, de pie, apoyado contra una de las altas columnas de piedra que sostenían la torre, con la vista perdida en el cielo azul despejado de nubes, silencioso y pensativo como siempre que algo le preocupaba.

Malik avanzó deteniéndose a su derecha, cruzando la distancia que los separaba, mirándole con preocupación.

−Sabía que te encontraría aquí –afirmó Malik, apoyándose en la columna a su lado.

Altaïr no le miró ni respondió, a pesar de que le había oído, él tan sólo continuó con la mirada fija en el claro cielo.

− ¿Está bien? –preguntó Altaïr finalmente.

Malik lo entendió. Hablaba de Ezio.

Sabía que a su amigo le tenía martirizado ese asunto, que le había causado un gran dolor haber tenido que actuar de la forma en que lo hizo, pero no había otra solución posible… y él estaba ahí para liberarle de sufrimiento, haciéndole entender al cabezota testarudo de su Maestro que no podía seguir culpándose por eso, ya que él sólo había hecho lo que debía. Finalmente asintió, imitando a Altaïr y desviando su mirada hasta el cielo azul frente a ellos.

−Dentro de lo que cabría esperarse –respondió Malik, y continuó al ver que su escueta explicación no tranquilizaba el ánimo y la culpabilidad –, he enviado a la chica tal como pediste; y al parecer ha sido lo correcto, ya que según me han informado Najib y Kanem, la pérdida de sangre fue tal que les obligo a intervenir y ayudarla.

Esas palabras parecieron perturbar a Altaïr en vez de apaciguarlo, a pesar de que le alivió saber que no era tan malo dentro de la gravedad… no estaba muerto al menos.

Altaïr apartó finalmente la mirada del horizonte, clavándola ahora en Malik, mostrándole una mirada apesadumbrada y culpable, con unas ojeras claramente marcadas bajo sus claros ojos miel, y un sudor helado perlando su piel, recorriendo su rostro ahora confundido y serio, sin rastro de arrogancia en él.

− ¿He hecho lo correcto? –dudó Altaïr, afligido, esperando una respuesta sincera –dime hermano… ¿Está bien lo que he hecho? ¿Castigar a mi propio nieto? –hizo una pausa negando con la cabeza, escuchando sus propias palabras –es la sangre de mi sangre…

Malik suspiró, bajando la cabeza para pensar su respuesta con cuidado.

Cuando alzó el rostro, clavó sus ojos negros en los atormentados de Altaïr, que esperó pacientemente a que su hermano y consejero hablara, y Malik fue completamente sincero al responder.

−Debías y tenías que hacerlo Altaïr –respondió Malik suspirando y clavando la vista en el horizonte, sintiéndose verdaderamente mal por su amigo –, alguien tenía que hacerle entender a Ezio que los actos tienen consecuencias y que no podemos actuar a nuestro libre albedrío basándonos en deseos personales… eso terminaría destruyendo a la Hermandad y Ezio debería saberlo bien habiendo sido un Maestro Assassin; sus actos no tienen justificación, y debía ser reprendido por ellos.

Altaïr desvió su mirada de nuevo hasta el horizonte, perdiéndola en el cielo mientras tensaba la mandíbula y ordenaba sus pensamientos. Su voz fue más firme y dura al hablar.

−Sé lo que estás diciendo Malik, perfectamente –dijo Altaïr con seriedad –, como Maestro de esta Hermandad sé que era mi deber, sé que debía hacerse; pero también soy un hombre… Ezio tenía razón en sus palabras respecto a mí…

Y por un momento su seriedad se deshizo por completo, quebrando su voz, revelando una fachada de Altaïr que Malik le había visto en muy pocas ocasiones. Sin embargo Altaïr hablaba como si estuviera confesando algo que dolía como el fuego ardiendo en su interior, como de hecho así era.

−…me siento como un miserable por haberle castigado por unos actos que yo mismo he cometido –confesó Altaïr –, no tengo perdón.

Cuando hubo dicho la última palabra, casi en un susurro culpable, Altaïr bajó la cabeza de nuevo.

Era tan cierto como que necesitaba el aire para respirar.

Ezio había hecho lo que había hecho por amor, porque amaba a esa mujer de su época y la había visto reflejada en esa niña que tenían ahora en la fortaleza. No podía culparle por ello… amar era sencillo, actuar en consecuencia ya no lo era tanto. Ezio había sido fiel a su corazón, haciendo lo que fuera posible, todo lo que estuviera en sus manos, posible e imposible, prohibido y permitido, por salvar a la mujer que amaba… y él le había castigado por ello, le había castigado, había hecho que su sangre fuera derramada entre esos mismos muros, lugar donde debería estar a salvo… sólo por amar.

¿Y acaso no había cometido él los mismos errores? ¿Quién era él para juzgarlo?

¿Acaso no había él arriesgado todo egoístamente para salvar la vida de Adha? ¿Acaso no había perseguido y asesinado a los bastardos Templarios que le quitaron la vida? ¿Acaso no habría dado cada gota de la sangre en su cuerpo por poder pasar un día más a su lado? ¿Por salvar la vida de la mujer que amaba más que a todo de entre las garras de la muerte?

¿Cómo podía ser tan falso? ¿Con qué derecho, con qué moral, había castigado a Ezio?

No tenía perdón posible… y lo sabía bien.

−Tienes razón Altaïr –asintió Malik, haciendo que Altaïr se sintiera peor, pero él continuó –, tú cometiste los mismos errores en el pasado…

Altaïr trago saliva duramente, asintiendo, sabiendo que Malik tenía razón.

−Ezio es un reflejo de ti mismo –continuó Malik mirándole ahora directamente –, y como tú, él ha tenido que pagar por sus actos; no olvides Altaïr que tu pagaste un precio muy alto, pero que si no hubieras recorrido el camino que tuviste que recorrer, ahora no estaríamos aquí… quizá Ezio necesitara esto para encauzar su vida en el rumbo adecuado y aprender la lección que cambiara su destino.

Altaïr escuchó con atención, viendo que realmente Malik tenía razón.

Si él no hubiera sido castigado por Al Mualim jamás hubiera dejado el camino de la arrogancia y la soledad, ni hubiera conocido a María… ese pensamiento en contra de lo esperado le reconfortó, pensar en qué sería de su vida sin la Inglesa en ella, era peor que la muerte, y Altaïr iba a responder sintiéndose mucho mejor por las palabras de su amigo, el único que verdaderamente entendía como se sentía… sin embargo, antes de que pudiera hacerlo, algo pasó que les dejó atónitos a ambos.

Antes de que pudieran hacer nada, María entró con paso rápido en la azotea, dirigiéndose a Altaïr directamente y formando un puño se lanzó hacia su marido partiéndole la cara de un puñetazo, haciendo que se tambaleara hacia atrás por la fuerza del golpe, que le dejó apoyado contra una columna, con la mano en la mandíbula y la estupefacción reflejada en la mirada.

− ¡Explícate mujer! –exclamó Altaïr, irritado e incrédulo a la vez.

− ¡Ya veo lo que te perturbaba! –gritó María indignada − ¡Cristo! ¡Aún no me creo que hayas sido capaz!

Entonces Altaïr lo entendió. No sabía cómo, pero ella lo sabía todo.

−María… –intentó explicar Altaïr, pero ella no le dejó.

− ¡No! ¡Ni lo intentes! –gritó ella interrumpiéndole, negando con la cabeza, furiosa − ¡ni intentes justificarte!

Malik al ver que la situación se estaba tornando de un carácter personal, sintió que estaba sobrando en ese lugar… lo que menos deseaba era interponerse en medio de una discusión conyugal, y eso tenía toda la pinta de ir a terminar de esa forma. Sin embargo, cuando hubo dado sólo unos pasos en dirección a las escaleras, María alzó la mano en su dirección, mirándole coléricamente y haciendo que la mirara asombrado por el respeto que podía llegar a imponer tratándose sólo de una pequeña y aparentemente frágil mujer.

− Y tú Malik ¡ni te muevas! –ordenó ella autoritariamente –sé que ha sido tu consejo el que ha ayudado a que esto sucediera…

Entonces Malik detuvo sus pasos, no queriendo recibir un golpe también, mirando a Altaïr y María con atención.

− ¿Cómo te has enterado? –dudo Altaïr.

−Crissia –respondió María seriamente, encarándolos a ambos.

María estaba sentada sobre la cama, intentando hacer un nudo que le permitiera llevar la espada colgada menos ceñida a su espalda, dados los vendajes que ahora llevaba, Altaïr había sido claro al respecto sobre ese asunto: nada de espada de momento. Sin embargo ella no estaba por la labor de obedecer esa orden, le parecía innecesario, ya que su herida había dejado de doler y la infección había bajado; ya podía mover el brazo con facilidad, y desprenderse de la espada durante semanas era inconcebible en ese lugar donde la diversión era bastante limitada, dados los recursos.

Además, ella no era de esa clase de mujer que se quedaba quieta en la cama sin hacer nada cuando había tanto por hacer en ese mundo, tanto por explorar y recorrer… definitivamente no.

Estaba pensando en esas cosas, aun con la correa de cuero entre sus manos y la vista perdida por la ventana frente a ella, que se sobresaltó visiblemente hasta el punto de dar un pequeño salto con el pulso acelerándose cuando escuchó varios golpes acelerados en la puerta; así que posando la correa de cuero sobre la cama, se levanto, sonriendo para si misma por su estúpida reacción, y apresurándose a abrir la puerta, encontrándose de frente con Crissia, que parecía agitada, quedándose quieta en el umbral de la puerta, sin moverse ni acercarse.

María alzó las cejas, impacientándose.

Pasa, no te quedes ahí –dijo finalmente extrañada por la actitud poco habitual de la chica.

Crissia negó con la cabeza, entrando a regañadientes en la habitación que compartía con María, actitud que terminó de desorientar a María e indicarle que algo definitivamente estaba pasando ahí, algo malo, dado que Crissia jamás había reaccionado de esa forma para con ella. Las palabras de la chica terminaron por darle la razón.

¿Cómo… cómo has sido capaz? –inquirió finalmente Crissia − ¿Cómo has podido?

María se quedo quieta durante unos segundos, sopesando las palabras, finalmente dejando que su curiosidad venciese, hablando con total sinceridad en su perplejidad.

¿De qué estás hablando? –dudo María.

Crissia dejó escapar el aire de su boca, visiblemente molesta por la actitud de María, que seguía sin entender nada, pero irritada cada vez más por la actitud de Crissia, que estaba acusándola de algo que ella no tenía ni la menor idea de que se trataba, y quería una explicación inmediatamente. Sin embargo Crissia no parecía en la disposición de colaborar, ya que su voz y su tono fueron claramente acusadores y recriminadores cuando salieron de sus labios, mientras la chica se adelantaba dos pasos para encararla.

La joven Italiana no podía creer el cinismo de la otra, no podía creer que fuera a fingir que no sabía nada, cuando era obvio que sí lo sabía, ya que ella entendía el idioma Árabe, y podía comunicarse con los hombres que iban y venían a traerles la comida y cuidaban de ellas por orden de su esposo… además estaba ese asunto; el hombre llamado Altaïr era su esposo.

Suspiró, negando con la cabeza de nuevo.

¿Acaso vas a negar que supieras lo que harían? –recriminó Crissia dolida.

María la miró boquiabierta momentáneamente, y su paciencia se terminó. Iba a enterarse de qué estaba pasando, y en ese mismo momento.

Basta Crissia, no sé de qué estás hablando –cortó María, confundida y exasperándose –y si tu no te explicas no entenderé que es lo que se supone que he hecho que ha sido tan horrible.

María realmente no entendía nada y hablaba con real confusión del asunto, pero a ojos de Crissia eso sólo la hacía más falsa si era posible. Avanzó los dos pasos que restaban de distancia entre ella y María y alzó las manos como si quisiera desahogar su frustración y dolor por la traición empujando a la otra… sin embargo antes de que pudiera hacer nada, sus manos cayeron solas, al darse cuenta de que estaba comportándose de forma estúpida e irracional… ella jamás lastimaría a otra persona, y mucho menos a María, que le había ayudado tanto…

Por eso dolía el sentirse traicionada por ella, porque no lo hubiera esperado nunca, y su molestia la hizo hablar con más dureza de la que ella misma pretendía.

¿Cómo es posible que no supieras lo que Altaïr iba a hacerle? –exclamó Crissia dolida e incrédula a la vez –él es tu esposo, debió habértelo contado o insinuado al menos, es cruel e inhumano…

En cuanto escuchó el nombre de Altaïr un temor repentino se apoderó de María.

¡Habla ya Crissia! –ordenó María − ¿qué es lo que ha hecho Altaïr?

Crissia la miró sin responder, y de pronto su cabeza cayó, escondiendo su mirada grisácea de los ojos atentos de María, que la miraba expectante de respuestas. Sin embargo Crissia se dio la vuelta, dándole la espalda antes de alcanzar a recomponer la compostura y alzar la voz para que sonara más audible que un simple susurro, que era la fuerza real de su voz en esos momentos. Finalmente tragó saliva para darse fuerzas a si misma antes de girarse de nuevo y encarar a la otra, que la miraba más que alarmada en esos momentos.

María observó que Crissia parecía a punto de romper a llorar en cualquier momento, y eso hizo que su pulso se acelerara temiendo lo peor, cualquier cosa mala que pudiera haber pasado.

Es Ezio… él… ha sido castigado por ayudarme –comenzó a decir Crissia y en ese punto su voz se quebró, rompiéndose.

María abrió los ojos desmesuradamente, incrédula.

¿¡QUÉ! –gritó angustiada, recordando las palabras de Altaïr y realmente temiendo lo peor.

Crissia intentó continuar, pero cada vez que intentaba articular palabra ningún sonido salía de sus labios, hasta que finalmente pudo hablar, intentando sacar el dolor que ella misma llevaba dentro después de lo que había visto horas antes en la celda de Ezio, visión que tenía clavada en las retinas a fuego, y que le desgarraba el corazón al haber comprobado todo el dolor que Ezio llevaba en su interior, y el que le había sido infligido de forma injusta por haberle salvado la vida.

Habló en voz baja, por lo que María se acercó a ella quedándose horrorizada con sus palabras.

Le han flagelado tanto… –y al recordarlo las lagrimas de Crissia finalmente volvieron a caer –tanto… hasta dejarle desmayado y sin fuerzas, con la espalda hendida de heridas y cortes… había tanta sangre –hablaba horrorizada, más para sí misma que para su compañera –que apenas pude hacer nada por él… no… no puedo entender que algo tan cruel pueda pasarle a un hombre tan bueno como Ezio, él sólo quería ayudarme… sólo…

Y en ese punto la culpa pudo más que ella y Crissia no pudo continuar.

Rompió a llorar desconsoladamente, soltando todo el dolor que llevaba escondido dentro, ocultando su rostro entre sus manos; hasta que sintió que María la envolvió entre sus brazos en un abrazo cálido y confortable, acariciando su cabello en un intento de darle ánimos y lograr que dejara de llorar, cosa que no sucedió hasta que Crissia hubo dejado salir todo el horror, el miedo y la angustia que se había acumulado en ella desde el momento en que pisó la iglesia el día de su fatídica y frustrada boda.

Chss, tranquila… cálmate –consolaba María como mejor podía –, voy a averiguar que ha pasado ¿de acuerdo?

Crissia asintió, separándose de ella finalmente y sentándose en la cama mientras se limpiaba las lagrimas que manchaban abundantemente sus mejillas ahora enrojecidas, todo ello sin mirar a María, que se había quedado cruzada de brazos mirándola mientras permanecía en pie, con una expresión en su rostro que ella no supo cómo descifrar ni qué significaba, no sabía que era, excepto que fuera lo que fuera, reflejaba una gran resolución en su intensa mirada azul clara.

Te prometo que Ezio estará a salvo –aseguró María con convicción –es más te lo juro, nada le sucederá mientras yo lo pueda evitar… y vaya que lo haré, ahora mismo además.

Con esas palabras, como si hubiera tomado una decisión repentina, María asintió para si misma, dándose la vuelta y girándose en dirección a la puerta, comenzando a dar pasos firmes y decididos, sin embargo antes de que pudiera salir, la voz suave y aun agitada de Crissia la detuvo, haciendo que se detuviera en el umbral de la puerta ahora abierta.

María –murmuró Crissia.

¿Si?

María esperó una respuesta, y de nuevo Crissia tardó en responder, sin embargo su voz era firme cuando las palabras salieron de su boca, débiles, pero sin rastro de duda en su voz.

Cuando Ezio se recupere –dijo Crissia con la vista clavada en el suelo –me… ¿me ayudarías a ir a hasta Trípoli?

¿Quería irse?

María no podía creer eso; si sus sospechas respecto a Ezio habían resultado ciertas, estaba segura de que tampoco se equivocaba en sus suposiciones respecto a Crissia.

No podía creer que fuera el principal deseo de la chica el irse y alejarse del Italiano por su propia voluntad, aun cuando María sabía que eso le causaría un gran dolor… a ambos. No entendía nada, y al oír esas palabras de los mismos labios de Crissia, María se giró con lentitud y sin expresión en su rostro, visiblemente confusa pero sin demostrárselo a la otra, que de todas formas no dejaba que sus ojos se encontraran, manteniendo la mirada firme en el suelo.

Esperaba encontrar algo en su rostro que le revelara sus verdaderos sentimientos para decir algo así… pero Crissia no levantó la mirada, como si supiera que en el mismo momento en que lo hiciera su resolución se esfumaría y ella sería totalmente descubierta, sin poder cumplir la promesa que se había hecho a sí misma.

¿Por qué? –inquirió María finalmente con total seriedad − ¿Qué propósito te mueve?

Crissia tragó saliva, apretando la sabana bajo sus dedos con fuerza, como si las palabras que fuera a decir resultaran difíciles de expresar en voz alta.

Ezio me dijo que desde esos puertos podría regresar a Italia –explicó Crissia aun sin mirarla –, regresaría a casa para nunca volver.

Ahora María lo entendió todo.

Estaba intentando salvar a Ezio.

Si las palabras que Crissia le había dicho sobre Ezio eran ciertas, y ella sabía que lo eran tanto por la reacción dolida de la chica, como porque recordaba perfectamente las palabras duras de Altaïr en la casa de Asesinos de Jerusalén, la intención de la joven no era regresar a Italia para comenzar una nueva vida lejos de Ezio como si nada hubiera sucedido; sino que lo que pretendía era alejarse de él para que actos como los que habían sucedido, la muerte de Phillipe, el posterior encarcelamiento y castigo de Ezio no volvieran a repetirse.

Ella se creía culpable de todo… pero María sabía que si Crissia se iba, no sólo ella iba a ser infeliz, sino que haría infeliz a Ezio al alejarse de su lado.

¿Es eso lo que quieres? –preguntó María.

Crissia cerró los ojos fuertemente, alzando la cabeza y abriendo los parpados dejando ver sus ojos de nuevo brillantes por las lagrimas que se formaban de nuevo en ellos, suspirando y finalmente admitiendo la verdad no sólo ante si misma, sino ante María, no tenía sentido negárselo más.

No –suspiró Crissia mirándola por fin y clavando sus ojos grises en los azules de María –, pero es mejor así, si no me hubiera interpuesto en la vida de Ezio… nada de esto hubiera sucedido, él estaría bien…

María se acercó unos pasos, cruzándose de brazos mientras se acuclillaba para quedar a la misma altura sus ojos de los de Crissia.

Le quieres ¿verdad? –afirmó María con una pequeña sonrisa.

¿Amor?

Crissia sabía que sentía algo intenso por Ezio, pero hablar de amor eran palabras mayores…

Apenas le conocía desde menos de unas semanas, y ¿ya podía estar sintiendo amor? ¿eso era posible? ¿existía esa clase de amor tan fuerte que podía hacer que amaras sin condición? Crissia no lo sabía, no sabía si era amor, amistad o gratitud lo que sentía por Ezio, pero fuera lo que fuera, estaba confundida hasta el punto de que ni ella misma sabía que pensar de sus propios sentimientos.

¿Quererle?… yo… no sé si es… –Crissia parecía debatir consigo misma –no sé qué es lo que siento por él… pero me importa, no quiero que sufra ni le pase nada malo…

María sonrió más abiertamente ahora, confirmando algo, y con una palmada en el hombro de Crissia se puso en pie, andando de nuevo la distancia hacia la salida, deteniéndose de nuevo en el umbral de la puerta para decirle unas palabras que la tranquilizaran, antes de que ella cruzara unas palabras con su querido esposo.

Eso no importa ahora, tranquila –dijo María para que ella se serenara –, no pienses en ello, hablaremos de esto cuando Ezio este bien; ahora debo solucionar un asunto.

Crissia asintió, bajando de nuevo la mirada sin sospechar lo que María tenía pensado hacer… pero vaya que lo solucionaría.

Cuando María terminó de explicarse, los dos se miraron a los ojos, María y Altaïr, marido y mujer enfrentando sus miradas, azul y dorado, y ninguno de los dos cedió ni un ápice. María se adelantó con los brazos cruzados, y Altaïr no se movió de su posición ni retrocedió, frunciendo el ceño lentamente y tensando la mandíbula; hasta que finalmente ella habló.

− ¿Y bien? –ironizó María con venenoso sarcasmo – ¿Te sientes mejor ahora, Gran Maestre? ¿Tus órdenes cumplidas y tu voluntad no será desafiada?

Altaïr explotó. Ya no pudo más.

Toda la frustración y culpabilidad que tenía acumuladas pudieron más que él, y el hecho de que María, su mujer, quien debería entenderle y estar apoyándole le aguijoneara echando más sal en la herida, tampoco ayudaba demasiado, por lo que su estado de ánimo deprimido pasó a uno de enfado en cuestión de segundos tras oír las hirientes palabras que su esposa le había dedicado, intencionadamente, lo sabía bien, tanto como la conocía.

− ¡NO! ¡¿Ya estás satisfecha? ¿¡Es eso lo que querías oír? –grito finalmente Altaïr encolerizado.

María se quedó muda en un principio, sin esperar esa reacción, sin articular palabra, hasta que él continuó, haciendo que su enfado aumentara, sin poder creer que su marido le echara algo como eso en cara, viendo todo lo que ella había hecho, no podía juzgarla, pero Altaïr no se detuvo por eso.

− ¡No me siento mejor! ¡No me siento orgulloso! creí que me conocías mejor como para saber eso…

Ella lo sabía, claro que le conocía, demasiado bien… por eso mismo sabía que Altaïr se veía reflejado en Ezio, y sabiendo lo que ambos sabían, lo que habían visto en el Fruto, las palabras de Ezio… sabiendo eso perfectamente Altaïr conocía y entendía perfectamente el dolor de Ezio; y que ahora se hiciera el digno le parecía indignante, a pesar de que entendía el motivo por el que lo había hecho, María no lo compartía, Altaïr siempre se había saltado las normas, no hubiera pasado nada por hacerlo una vez más, sobre todo si eso incluía a su propio descendiente.

Ella lo sabía, y por esa misma razón le dolía, por eso tenía que echárselo en cara, aun sabiendo que le dolería, que le hería.

− ¡Por qué lo has hecho entonces! –gritó María − ¡Sabias perfectamente lo que él sentía!

Altaïr entonces bajó la cabeza, ocultando los ojos bajo la capucha, y la furia se había esfumado por completo de su voz cuando habló, sin mirarla.

−Tenía que hacerlo María… –dijo Altaïr, visiblemente dolido y culpable –Ezio ya ha perdido a alguien, no quiero que sufra el mismo destino que yo sufrí dañando a los que me importaban actuando de forma equivocada.

María lo sabía.

Malik sin embargo miró a su amigo sintiéndose mal por dentro, debido a la clara referencia a si mismo y a su hermano, y a los actos de Altaïr en el pasado, que tanto tiempo atrás le había perdonado al hombre que ahora estaba delante de él, abatido y culpable como un novicio que toma su primera vida sin entender las consecuencias de sus actos. Pero aunque eso fuera así, era algo que solo Malik y Altaïr podían comprender, María no pertenecía a la Hermandad y no comprendía el lazo que había entre Hermanos, no era sólo simple amistad o compañerismo… iba más allá.

Por eso mismo a Altaïr le dolía y Malik había entendido a la perfección lo que había tenido que hacer; por eso mismo María que no lo entendía, sino que lo veía desde un punto de vista sentimental, como Tatara-bisabuela de Ezio que era, continuó con su crítica y reproche.

−Bueno, pues ya lo has conseguido –dijo María cruzándose de brazos –, Ezio no es tu único problema ahora.

Altaïr no respondió, sino que entrecerró los ojos receloso esperando a que ella continuara; sin embargo Malik, siempre minucioso, no pudo detener su perplejidad ni su curiosidad.

− ¿De qué estás hablando? –inquirió Malik.

María habló con seriedad, con frialdad, como si el asunto no fuera con ella a pesar de que estaba haciendo un enorme esfuerzo por mantenerse serena. Cuando finalmente el grado de atención de Altaïr y Malik fue tan alto como ella esperaba, les miró a ambos y habló con total naturalidad, casi con desdén.

−Debido a lo que le habéis hecho a Ezio, Crissia se siente responsable –dijo María totalmente inmutable y continuó, como si nada pasara –se quiere ir de aquí y regresar a su casa; ya sabes lo que eso implica.

−Los Templarios la apresarán y la ajusticiarán por traición –afirmó Malik horrorizado al atar los cabos mentalmente –, pagarán con ella la muerte de Phillipe de Sable.

−Y antes de que eso suceda… –continuó María, pero Altaïr completo su frase, que murió en el aire.

−Ezio irá tras ella para impedirlo, y traerá a los Templarios directamente a Masyaf –finalizó Altaïr, encajándolo perfectamente.

Los tres se miraron sabiendo que las palabras de Altaïr eran tan ciertas como que el sol salía cada mañana.

No podían dejar que eso pasara, ya no sólo por Ezio y la vida de Crissia; sino porque dejar que los Templarios atacaran Masyaf sólo desencadenaría una nueva serie de acontecimientos que terminaría por desembocar en una nueva guerra entre Templarios y Assassins, algo que ni querían ni les convenía, ni iban a permitir, ahora que la paz había sido establecida finalmente después de años… No, definitivamente los actos de Ezio tenían que quedarse sólo en lo que había pasado, que ya era gravísimo; no podían permitir que algo más se añadiera a lo hecho.

Si para ello tenían que hacer que la joven Crissia entrara en razón y se quedara en la aldea, lo harían, al precio que fuera. Malik finalmente avanzó dos pasos hasta ponerse al lado de Altaïr, poniendo su mano sobre el hombro de su hermano con total seriedad e incluso urgencia en la voz, tenían que hacer algo.

−Tenemos que impedir esto, Altaïr –zanjó Malik seriamente.

Altaïr asintió, suspirando, sabiendo que tenía razón.

−Yo hablaré con ella –dijo Altaïr finalmente –, es culpa mía después de todo… y hay algo que deseo que ella sepa.

Después de eso, dio un apretón suave en la mano de su amigo y se dirigió a las escaleras, seguido de María.


Nota de Autoras: Ya lo sabemos, somos unas malvadas por no actualizar antes... bueno muchas cosas se interpusieron en estos meses, ya saben obligaciones de todo tipo, ademas de un serio bajonazo por parte de los guionistas del juego que terminaron por quitarnos gran parte de la inspiracion, en fin, son cuestiones que tal vez a ustedes no les interese; de todas formas queremos agradecer el apoyo y decirles que esta historia continuara como se tenia previsto, aunque Ubi practicamente nos haya matado la linea argumental que teniamos pensada (asi que hey tu! si tu que ya jugaste Revelations, primero que todo las inconsistencias argumentales que ahora tiene esta historia no son de nuestra entera culpa, todo fue pensado incluso antes de saber que un nuevo juego saldria para la epoca, y segundo, por favor no spoilers de dichoso juego, ;_;)

KiriMaki

Favorite : Story Author   Follow : Story Author

  .    .