
Meredith es una chica normal con problemas normales. Ha pasado casi toda su infancia en Mystic Falls, pero al mudarse perdió todo contacto con el pueblo, ahora vuelve escondiendo un secreto. ¿Qué pasará?
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance/Parody - Damon & Meredith - Chapters: 22 - Words: 22,124 - Reviews: 22 - Favs: 7 - Follows: 4 - Updated: 10-28-12 - Published: 07-31-11 - id: 7237465
|
|
A+ A- |
Disclaimer: Los personajes pertenecen a L.J Smith y a CWTV. Bueno espero que les guste, es más largo que los demás. Espero que disfruten con la lectura y que se diviertan. Damon al poder.
Un secreto y un sacrificio.
Meredith:
Me giré y allí estaba Damon, con su torso desnudo. Sonreí y fui a tocarle la cara. Pero se giró y me sonrió, se levantó de la cama y pude ver su cuerpo desnudo, parecía que había sido esculpido por el mismo Miguel Ángel. Se puso los pantalones. ¿Se iba ya? Me puse la ropa y fui a besarle. Él pareció que me miraba cohibido, parecía que no hacía esto a menudo así que no quise presionarlo y no le dije nada. Me fui abajo a hacer el desayuno. Me sentía feliz, lo quería de verdad. Pero me preguntaba muchas cosas. ¿Y si me hubiese mordido cuando pasamos la noche juntos? Bueno noche no. Me reí para mi, la mañana y casi toda la tarde. Necesitaba a mi abuela para preguntarle tantas cosas...
Damon:
No sabía porque me quedé paralizado cuando me fue a besar. No sabía como iba a acabar, además no quería que nadie se diera cuenta que había faltado casi todo el día para estar con Meredith. No sabía como iba a dejarla a un lado en todo lo que estaba pasando. No quería que se involucrara pero tampoco podía dejarle fuera ya que estaba involucrada desde que nació. ¿Y qué significaba que sintiera algo por mí? La oí suspirar y hacer la comida. Sonreí. Estaría desconcertada, pero no quería malgastar mi tiempo. Fui abajo y me la encontré en la cocina con la sartén.
—Cuidado que te puedes quemar. —dije desde una distancia prudente.
—Siempre me hago la comida Damon. —Sonrió ella. —Ya se que te da miedo el fuego. Normal, eres un vampiro.—dijo quitando el fuego y girándose hacia mí.
Entonces me lancé y la bese, la besé más intensamente que a cualquiera. Y ella parecía corresponderme. Entre esos besos sonreía.
—Tengo que irme. —dije riéndome.
—Pues vete. —respondió. —¿O no?
—¿Y en dónde quieres que diga que he ido?
—No sé. Di que fuiste a algún sitio interesante.
—No. Me tengo que ir Meredith.
—Vale. —dijo y me volvió a besar.
Me despedí y salí para dirigirme a mi casa. Allí me esperaría mi hermano y Rose. Tenía mucha sed. Así que fui lo más rápido que pude. Bebí dos vasos de sangre. Y bebí mi baso de Bourbon como correspondía. Pero esta vez sin estar triste, sin que me pesara que Katherine o Elena no me quisieran. Tenía una persona a la que quería y que me quería a mí. Parecía raro, loco. Que yo quisiera y fuera querido. Ya empezaba a temer que nunca fuera correspondido… Que me hubiesen lanzado alguna maldición o algo.
Me dirigí hacia el cuarto de mi hermano. No estaba allí. Era raro. ¿En dónde estaría? Con Elena, supuse. Bajé las escaleras y fui de nuevo al salón. Allí estaba Rose, había cerrado las cortinas. Ella no podía disfrutar de la luz del sol de nuevo. Y en cierta manera me dio pena, yo junto a mi hermano si podíamos. Ella nos vería con envidia lo más seguro.
—¿En dónde has estado? —me preguntó.
—Por ahí. ¿Por qué me preguntas?
—Tu hermano te estuvo buscando. Por lo visto no estabas ni en el Grill ni a ninguno de los sitios habituales a los que vas. ¿Fuiste a verla, no?
—A quién, si se puede saber.
—A la cazadora. Sabes que no es seguro para ti estar con ella. Puedes acabar mal Damon.
—No estuve con ella.
—Mientes. Te conozco de poco, pero se cuando mientes. Lo haces mal. Yo miento mejor. —dijo sonriendo.
Iba a responder cuando mi hermano entró por la puerta. Rose cambió de tema, parecía que no iba a delatarme. O eso parecía, me estaban buscando durante todo el día para ver si podíamos encontrar a Klaus. Íbamos a ver a un amigo de Rose, que podría contactar con él. Pero no nos esperamos lo que sucedió allí.
Meredith.
Me duché y recogí algo la casa. Tenía ganas de volver a ver a Damon. Pero tenía que ir a su casa, supuse. Primero iría a ver a Elena haber si estaba bien. Me llevé el coche, de momento no tenía nada que temer. Iba relajada, suficientemente contenta y parecía que volaba. Me peiné, cogí el pintalabios y lo metí en mi bolso. Por alguna razón estaba contenta, feliz. Quería ir a verlo. Pero si iba a verlo tenía que comportarme de manera fría, cosa que no sabía si podía hacer porque tenía ganas de sonreírle, de gritar. De no se… No sabía como describir mi situación. Salí y entonces vi a un chico bastante guapo, tenía los ojos claros, como Damon. Pero eran verdes, tenía una tez morena. Muy diferente a la de Damon, que era blanca y perfecta. Se dirigió hacia mí con una ancha sonrisa. Entonces lo recordé. Jason vendría hoy para salir conmigo a algún sitio. Pero Damon nos interrumpió, pero vino de todas maneras… Y ahora, ¿Qué hago?
—Hola Meredith. —dijo viniendo hacia mí.
—Ah, hola Jason. —le respondí.
—¿Vas a algún sitio?
—Mm… Si. A casa de Elena.
—¿Te acompaño?
—No hace falta.
—¿Puedo quedar contigo, algún día?
—Bueno, pues no se. —dije. —Supongo.
—Vale. Bueno… yo me voy. —respondió y se fue.
Me subí al coche. Jason se acababa de ir y me fui a casa de Elena. Estaba con Bonnie, hablamos sobre lo que había pasado. Sobre Bonnie y sus poderes. Caroline se unió más tarde y estuvimos hablando. Nadie notó nada de lo que había pasado entre Damon y yo. ¿Cómo lo iban a saber? Para ellas todo esto era ajeno, lo malo es que no podía compartir mi secreto con nadie. Estaba traicionando a todos los cazadores. Estaba traicionándome a mí misma, pero lo quería y no podía dejar de pensar que aunque estuviese cometiendo una locura, sería mi decisión y no me arrepentiría. Era un domingo maravilloso. Y no quería que acabara, pero ya era de noche. Iría a casa de Damon y Stefan. ¿Con qué escusa? Bueno pues para saber algo de Klaus. Teníamos que encontrarlo. Iría para allá ahora mismo.
Damon.
Así que Eliah estaba vivo. Teníamos que matar a Klaus y matar a Eliah. Meredith estaba en peligro, él sabía quien era yo. Y que estoy con Rose. No quiero poner en peligro a Meredith. Pero no puedo estar con ella porque sino podría morir y no puedo permitirlo. La quiero demasiado. Casi mata a Rose. No puedo dejar que le suceda nada a ella. Lleva poco tiempo entrenando como cazadora. Él no es un vampiro corriente, es un original y tengo que evitar a toda costa que le haga daño aunque eso suponga poner punto y final a nuestra relación.
—¿Qué tramas Damon? —preguntó Rose.
—Ya estás más recuperada. —respondí. —Por poco no lo cuentas.
—Lo se. Estás pensando en tu pequeña cazadora, ¿verdad? Tranquilo, no le contaré a nadie, ni siquiera a tu hermano que estáis juntos.
—Ni a Eliah.
—Eliah quiere matarme, ¿Por qué tendría que decirle algo?
—Porque puede torturarte. Para librarte de alguna tortura. Ya veo como se las gasta.
—No se lo diré. ¿Estás preocupado, no? ¿Sabes lo que te puede pasar si bebes su sangre?
—Si, lo sé. Me puede hacer más poderoso, pero a la vez puedo acabar muerto. No quiero beber su sangre Rose. Solo quiero protegerla.
—Eso te hace más vulnerable. Más humano y te pueden destruir más fácilmente, los sentimientos no siempre son buenos cuando se es un vampiro. A ella la haces más vulnerable. Si te quiere no matará a Klaus y si no lo mata, nunca estaremos a salvo.
—¿Y qué tengo que ver yo con eso?
—Rumores que corren, me lo contaron una vez. Pero no prestaba atención. Estaba demasiado ocupada evitando que me mataran.
Tenía claro lo que tenía que hacer. Y lo sabía, tenía que ser Damon Salvatore, ese Damon Salvatore que alejaba a todos de su lado. Y sabía como hacerlo. Rose me había dado una idea y yo la iba a aprovechar. Oí que se acercaba un coche, pero estaba algo lejos por lo que me daría tiempo a concretar mi plan.
Meredith.
Fui hacia la puerta de la casa de Damon, me había puesto el pintalabios tal y como había planeado. Estaba feliz y subida en una nube, hacía un castillo de arena a la orilla del mar como cuando era pequeña. La puerta estaba abierta. Me extrañó. Noté unos ruidos a lo lejos.
—¿Hay alguien?
—Hola Meredith. —dijo Damon.
La vampira que me había secuestrado se acercó con una camiseta de Damon puesta, Damon dibujó una sonrisa. No podía ser cierto. ¿Esto era verdad?
—Hola, ¿Quién es? —pregunté dudosa.
—Ella es Rose, Rose esta es Meredith. La joven cazadora, como ya conoces.
No podía creerme lo que veía, Damon estaba sin camisa y ya supuse lo que acababa de pasar, pero no podía dejar entrever mis sentimientos ahora. Tenía que ser fuerte, ser una persona de hierro. Yo tenía que odiar a los vampiros, a todos. Pero una parte de mí decía que aunque me doliese que Damon estuviera con otra no podía decir nada, no podía enfadarme con él. Me estaba ahogando en un vaso, necesitaba salir. El castilla de arena que había construido en la orilla del mar estaba ahora derruido. Tonta de mi, no podía construir nada ya que él era como el mar, imprevisible y podía destruir todo lo que se encontraba y construías. Tenía que tragarme el orgullo. Tenía un plan B. Apareció alguien por detrás. Me giré, era Stefan.
—Stefan, ¿Sabemos algo de Klaus?
—No, pero sabemos que Eliah está vivo.
Esto último lo dijo mirándonos a los tres desconcertado. Me sorprendió eso, ¿Eliah vivo? ¿No lo había matado Damon? Tenía mi libro y ahí sabría como matar a un original, sabría como matar a Eliah. Y no iba a ser fácil.
—Stefan, tenemos que trazar un plan. Tenemos que capturar a Eliah. Yo puedo ayudarte a salvar a Elena.
—Te pondrías en peligro. —dijo una voz a mi espalda. Damon.
—Lo sé, pero para eso soy una cazadora, tengo que matar a Klaus, pero también salvar a Elena. Es mi misión y ni siquiera tú Damon puedes impedirlo. —dijo y él me miró de una forma que no pude descifrar.
Damon.
La había hecho sufrir para nada. Me costaba entender que ella tuviese que estar en esta guerra y que tenía que participar desde el momento en que nació, pero algo despertó en ella. Y no sabía lo que era, pero era algo que la hacía ser especial. Era la jefa de la cruz negra. Pero también algo más. Sabía que tenía que protegerla aunque pusiera mi vida en peligro.
Meredith.
Sabía lo que tenía que hacer, mantener viva a Elena y salvar a Damon aunque eso me pusiese demasiado en peligro. Y lo más difícil de todo, mantenerme viva para poder salvarlos a ellos y a todos mis amigos. No podía dejar que murieran y para ello me tendría que enfrentar a todos los cazadores. Tenía que hablar con mi madre. Recordé lo que me dijo Katherine, que estábamos en el mismo bando. Y tenía la impresión que ella sabía donde estaba mi madre.
—Stefan, tengo que hablar con Katherine.
—¿Qué? —preguntó boquiabierto Damon
|
||||||