
"Un arma debe dar la vida por su técnico" pero en ese entonces no pude hacerlo. Cada Agosto ruego al cielo por volverte a ver -Estás más grande...Soul- dijiste con tranquilidad, y lo único que pude pensar era que eras una alucinación por estrés. SxM y
Rated: Fiction T - Spanish - Drama/Romance - Maka A. & Soul Eater - Chapters: 4 - Words: 9,268 - Reviews: 43 - Favs: 37 - Follows: 14 - Updated: 02-17-12 - Published: 08-10-11 - Status: Complete - id: 7274012
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Sí lo sé, tengo que continuar otras historias, pero es que no me contuve. Este fic no será largo, y espero que les guste. Es un fic que se me ocurrió hace un tiempo y que tengo que escribir o me volveré loca. Depende de ustedes si lo continuo o no!
Esta historia está pensada unos años después de que vencen a la Locura, o sea, en una época de "Paz" por así decirlo.
Parejas a lo largo de la historia: SXM; KXM; BSXT; CXK; LXK; etc.
Ahora sí... A LEER!
— Prólogo —
—El monstruo come libros—
Abrió los ojos, encontrándose con el oscuro cielo nocturno sobre ella, sin ningún rastro de estrellas. Su cuerpo parecía estar flotando y moviéndose con rumbo desconocido, y por un momento se quedó pensando dónde estaba. Se incorporó, quedando sentada sobre las rocas del río, ocasionando que sus cabellos cenizas se pegaran a su rostro y se hicieran finitos. Estaba empapada, pero no tenía frío. Se paró, notando que estaba descalza, y que el vestido de volados negro y blanco que tenía puesto, se le había pegado al cuerpo como un imán.
Suspiró mientras se sacudía el cabello como un perrito, para luego salir del rio con tranquilidad, como si no fuese peligroso encontrarse como se encontraba. Sonrió al notar que cada paso que daba, quedaba marcado en la vereda con un charco de agua, aunque pronto eso dejó de divertirla, ya que las gotas de agua empezaron a caer violentamente. El agua era cálida, y por un momento se vió tentada de girar en círculos bajo la lluvia, pero la veredas de Death City estaban muy concurridas.
Caminó tranquilamente, sin importarle casi lo que la gente pudiese pensar al verla en ese estado. Y con la mirada perdida en el suelo, esquivaba automáticamente a la gente que pasaba a su lado. Y es que ella iba tan absorta, que no se dio cuenta cuando chocó con dos personas a la vez, una de cada lado, tirándola al suelo de sentón.
— Lo siento. — Se disculparon ambas entre ellas, sin siquiera detenerse a ayudarla.
¿Es que ahora era invisible? Infló los cachetes enfadada, si bien era apenas una chiquilla, eso no quería decir que ellos podían ignorarla porque sí. ¡Por Dios! Ella era Maka Albarn, una de las estudiantes de honor del Shibusen, aquella prestigiosa escuela de armas y técnicos. Frunció el ceño molesta y se levantó, sólo para que otra persona chocase con ella desde atrás. Enfadada, se giró y le gritó una sarta de groserías en la cara de aquel hombre, sin explicarse cómo podía sentirse tan angustiada y enojada.
— Que raro… Sentí como si chocase con algo… — Dijo el hombre para sí mismo, logrando que Maka se quedara congelada en su lugar y mirase cómo aquel hombre se iba confundido.
Un gesto extraño adornó el rostro de aquella técnica en guadaña, como si hubiese recordado algo importante.
— Cierto… — Murmuró como en un susurro, de esos que se pierden si siquiera ser escuchados. — Yo estoy muerta… — Finalizó mientras su vista se perdía entre la inmensidad de gente que caminaba con sus paraguas negros.
Abrió los ojos, encontrándose con el oscuro techo de su cuarto. Sintió el frió de la habitación como si fuese pleno invierno, y es que… ¿hacía cuánto que no sentía en la piel el calor del sol? Se levantó con un deje de tristeza en la cara, y mientras se vestía, miró su reflejo en el espejo. Se revolvió sus cabellos blancos e improvisó una falsa sonrisa. Salió de su cuarto y cerró la puerta detrás de él, para dirigirse a paso lento hasta la cocina, donde se preparó un café que no terminó de tomar.
Miró el departamento, notando que la oscuridad predominaba sobre la poca luz que entraba por las persianas rotas. Estaba en mal estado, pero a él poco le importaba, casi nunca estaba y vivía sólo desde hacía tanto tiempo que ya no recordaba. Sonrió al pensar que se había vuelto más abandonado consigo mismo, pero así mismo, aquella inesperada sonrisa se torció en un gesto de dolor. Había vuelto a hacerlo, había vuelto a recordar la cara de ella girándose en una simple despedida, y aquello le dolió.
Miró el reloj de pared, y sin terminar aquel café, salió del departamento sin cerrar con llave, total… nadie iba a regañarlo por eso.
— Comienza un nuevo Agosto… — Murmuró despreocupadamente un profesor de cabellos azules en forma de estrella.
Los alumnos lo miraron fijamente, era normal que siempre en esta época su profesor se pusiese nostálgico, pero nunca supieron el por qué.
Miró las calles de Death City, habían cambiado tanto desde la última vez que ella las había visto pero… ¿cuánto tiempo había pasado desde entonces? Se detuvo, había estado caminando toda la noche y gran parte de la mañana, pero no se sentía cansada, extrañaba ese sentimiento. Volvió a girar sobre sí misma, quedando frente a una tienda de espejos.
Se vió reflejada allí, aunque ningún otro la podía ver. Había crecido un poco, su cabello estaba más largo, y sus ojos se habían achicado un poco si se comparaba con la apariencia que tuvo el día de su muerte. Ladeó la cabeza para un costado, su cabello ya se había secado, y ahora caía finamente con algunas ondas. Soul una vez había insinuado que le quedaba mejor el cabello suelto, pero ella jamás lo había vuelto a usar suelto frente a él, le daba vergüenza.
Sintió algo apretujarse en su pecho, quería ver a Soul, lo había extrañado mucho. ¿Cómo estaría? ¿Se habría vuelto más grande? ¿Tendría novia? Sonrió al imaginarse a un Soul con una novia, haciéndose el interesante mientras ella lo veía con paciencia y asentía sin discutir. Siempre imaginó que Soul tendría ese tipo de novia, alguien que lo comprendiera y lo aceptara tal cual es, sin intentar cambiarlo para nada. Se rió alegremente al imaginarse cómo sería si ella estuviese viva todavía, seguramente regañando a Soul por alguna estupidez sin sentido, y que cuando ambos hubiesen llegado al punto crítico de la discusión, ambos buscarían simultáneamente apoyo en la novia de él. Aquella imagen se le hizo absurdamente graciosa y empezó a reír, antes de repara en el detalle de que estaba frente a su viejo departamento.
Abrió la puerta con la llave que guardaba sobre el marco de la puerta, si Soul seguía viviendo allí, no había dejado aquella costumbre que ella misma le había enseñado.
"¡Idiota! ¿No sabes que es mejor siempre dejar una llave de repuesto cerca de la puerta? Mira que eres bobo, ahora nos quedamos afuera por tú culpa."
Siempre había sido así con él, y pese a eso, él se había mantenido a su lado. Sonrió al ver que su departamento había cambiado bastante, estaba algo sucio y deteriorado, seguramente Soul no había tenido tiempo de arreglarlo. Suspiró cansada, cerrando la puerta detrás de sí, y dejando, inconscientemente, la llave sobre la mesa… como solía hacer.
Esto era un desorden… quizás no estaba mal si le echaba una mano.
Llegó terriblemente cansado a su casa, se había sentido terriblemente mal durante todo el día, tenía aquella sensación en el pecho de tener que volver rápidamente a su casa, como si se estuviese incendiando. Pero como una guadaña de Shinigami, tenía que cumplir su trabajo al pie de la letra, aunque tuviese que quedarse encerrado en el cuarto de Shinigami todo el día viéndolo tomar té. Aunque tampoco es como si quisiese andar paseándose por el Shibusen, no si tenía que ver aquellos rostros.
El cuerpo le dolía a horrores, y el estrés del trabajo lo tenía agobiado. Se sorprendió al ver que la puerta de su casa estaba abierta, y más lo hizo cuando notó lo impecable que estaba todo. Volvió a ver su departamento en toda su gloria pasada, y sintió que el corazón volvía a latirle después de tanto tiempo. Vió el balde y el trapo en el centro de la sala, y la puerta entreabierta de su cuarto.
— Supongo que Kim habrá venido a limpiar… luego se lo agradeceré. — Murmuró con una media sonrisa, mientras dejaba sus llaves en la mesa.
Abrió los ojos de par en par al ver la llave de repuesto allí, reposando tranquilamente, irradiando una calidez extraña. Se desesperó, y con un nudo en la garganta se abalanzó hacia aquel cuarto que había permanecido sellado tanto tiempo. Había vuelto a recaer, había vuelto a necesitar volver a allí y oler aquel olor. Abrió la puerta del cuarto de su antigua compañera con violencia, logrando así que el olor de ella lo golpeara violentamente, aunque este estaba mezclado con un poco de aire fresco.
Se sobresaltó al ver la ventana abierta, y le aterro el mero hecho de que aquel olor se disolviera en el viento. Quiso abalanzarse sobre la cama para cerrar la ventana con ímpetu, pero se vió paralizado al verla allí, recostada tranquilamente en la cama. Mirándolo como si no lo conociese, con aquellos ojos verdes que hacía tiempo no había visto. Estaba más adulta… estaba más bonita.
Ella se sentó en la cama sin dejar de mirarlo, él se quedó parado en la entrada de su cuarto incrédulo. Los ojos jade de ella brillaron con felicidad, y la sonrisa que se formó en aquel níveo rostro hizo que el tiempo se detuviera.
— Maka… — Susurró con voz grave y resonante, producto del ajustado nudo que se cernía en su garganta.
Ella le sonrió con más fuerza, antes de levantarse y mirarlo fijamente.
— Estás más grande… Soul. — Le contestó ella, y Soul se sintió desfallecer.
Un viento de Agosto se coló por la ventana, removiendo los cabellos de ambos. Soul sintió que el pecho le dolía como nunca, y sus ojos empezaron a picarle. ¿Por qué estaba ella aquí? ¿Qué hacía ese monstruo come libros mirándolo tan fijamente que parecía real? Definitivamente, el estrés lo estaba haciendo alucinar.
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