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On Fire
Author:
PazL'amour PM
El le permitió quedarse una noche. Una chica de escasos 16 años, maltratada por la vida y empapada por la lluvia no era peligrosa. Las heridas que no cicatrizan tarde o temprano vuelven a sangrar. Él no era bueno, y ella lo era aún menos.
Rated: Fiction M - Spanish - Drama - Edward & Bella - Chapters: 5 - Words: 11,248 - Reviews: 64 - Favs: 36 - Follows: 28 - Updated: 01-23-12 - Published: 09-26-11 - id: 7415047
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Argumento: El le dijo que se quedara una noche. Una chica de escasos 16 años, maltratada por la vida y empapada por la lluvia no era peligrosa. Las heridas que no cicatrizan tarde o temprano vuelven a sangrar. Él no era bueno, y ella lo era aún menos.


Capítulo 5: Humanos

El «para siempre» está hecho de muchos «ahoras».

Emily Dickinson.

Él sabía que estaba tomando las decisiones incorrectas. Estaba tan consciente de que traer a Isabella a su casa, además de ser un acto ilegal, se convertiría en un terrible error.

Pero por primera vez en su vida quería hacer las cosas mal, quería cometer errores de forma deliberada. Y luego mirar hacia atrás, y poder ser capaz de decir que valió la pena después de todo. Aunque no sabía muy bien que quería decir con todo esto.

Aún así, la vida del ser humano se basa en errores, cometidos por estos mismos, por que la gente no nacía sabiéndolo todo, y por eso, él se permitió pensar en como se sentirían los labios de la chica, sobre los de él. Un error. Que más daba.

Su vida entera estaba hecha mierda, él no creía que pudiera ponerse peor.

Edward se sintió abrumado por sus pensamientos, no sabía en que momento había comenzado a tener esta clase de pensamientos sobre ella.

¿Había sido, quizá, cuando sus rostros habían estado tan cerca, la otra noche? ¿O cuándo observó sus frágiles piernas esta mañana, al irse de su casa? ¿O podría ser ella por completo, que gritaba PROHIBIDO por todos lados?

No estaba orgulloso de sus pensamientos, tampoco de sus errores, y mucho menos de sus acciones, pero eso no quería decir que los fuera a evitar.

Un parte, muy en el fondo de su cabeza gritó que aún existía la opción de hacer las cosas de manera correcta, de llevarla a un hotel y dejarla dormir muy lejos de él, o quzá reportarla en una estación de policía y dejar que ellos hicieran las cosas bien, o por lo menos dejar de tener esos pecaminosos pensamientos sobre una chica de 16 años de edad. Pero no lo hizo, y se sintió confusamente bien.

La mente de ella estaba bastante lejos de tener algo que ver con los debates mentales de él.

Ella seguía dándole vueltas a sus medios. Y a su fin.

¿Qué fin quería? ¿Quería quedarse en la habitación de invitados por siempre? ¿O quería algo más? ¿Más qué? ¿Qué quería realmente? No estaba segura, y eso la frustraba profundamente.

Ella quería tener un fin claro, definido y tangible, un fin para poder medir sus medios.

Además tenía que cuidarse de Edward. Él no era especialmente bueno. Podía ver claramente que las buenas intenciones no lo hacían querer llevarla a su casa, las buenas intenciones no lo movían en absoluto.

Dirigió la mirada hacia él, desde su lado de la ventana, él se encontraba en el otro extremo, al parecer intentando estar lo más lejos posible de ella. Y a la vez, parecía no estar realmente aquí, pensando en quizá que, en quién, o en quiénes.

Se permitió observarlo detenidamente, ahora que él parecía estar lejos.
Observó la mirada en sus ojos, y le picó la curiosidad. Quería saber que pensaba, quería saber quién provocaba que el tuviera esa mirada traviesa, mezclada con algo de precaución. Y luego quiso saber, saber algo de él, saber cualquier cosa.

Pero la curiosidad de ella se largó por completo cuando bajó la mirada hacia sus labios, entreabiertos.

A ella le gustaría probarlos.

Le gustaría saber como besa, a que saben. ¿Sabrán a algo en especial para ella? ¿Sus besos serán aburridos, tal como lo parecía él? ¿Será bueno en la cama? ¿Podría alguna vez llegar a tanto con él?

Y otra pregunta surgió, entre todas ellas, destacando.

¿En qué momento ella se había propuesto llegar a él, principalmente? ¿Era su idea? ¿Ese era su fin? ¿Follar con el señor Cullen? ¿Para qué?

Por que ella nunca podría siquiera hacerle sentir algo, además de lujuria. Algo que le hiciera tenerla a su lado para siempre. Algo como amor.

Y cuando intimabas con alguien, no era estrictamente necesario involucrar al amor.

Además de que no era un sentimiento especialmente atractivo para ella. Así que el llegar a intimar con él no era un fin, por que quizá arruinaría sus medios. Hizo una nota mental de no follar con él.

Se limitaría a no estorbar en el camino de él, a tratar, al mismo tiempo, de agradarle. Y quizá él la adoptara.

La ridícula idea hace que ella ría con ganas. Y eso provocó que la atención de Edward cayera sobre ella, la miró con el ceño fruncido y una pregunta en sus ojos.

—¿Qué se te hace tan gracioso?

Y ella fue sincera, al menos en esto.

—Estaba imaginando que decidías adoptarme y éramos una maldita familia feliz—respondió entre suspiros y risas.

—¿Tan viejo luzco?—Y George, que tenía el afán de escuchar todo, comenzó a reír también. Ella también se limitó a reír con George ante su pregunta, por que no se le ocurrió una respuesta lo bastante sarcástica y también por que en realidad él no se veía para nada como un viejo.

Edward se sintió frustrado. ¿En serio el podría contar como una padre al lado de ella? Se sintió aún más prófano por sus pensamientos. Y frustrado por los de ella. ¿Isabella lo veía como a un maldito padre? Eso era peligroso, además de decepcionante. Pero peligroso, él no quería involucrar sentimientos con ella. En realidad, si Edward lo pensaba seriamente, él no quería involucrar absolutamente nada con ella, lo que era totalmente contradictorio a sus recientes acciones, y pensamientos no concretados.

¿Qué demonios pasaba con él? Se estaba comportando como un estúpido adolescente que recién descubría el mundo del sexo, pensando con la cabeza incorrecta.

—¿En qué piensas?—la pregunta de ella lo distrajo por un momento, por que pensaba en darle una respuesta que no tuviera nada que ver con lo que realmente pasaba por su cabeza.

—En la boda de mi hermana... está próxima—explicó sin mirarla.

—¿Por qué se casa?—cuestionó Isabella—Tú hermana es una maldita estúpida.

—¿Por qué es estúpida según tú, Isabella?—preguntó con enojo. Ella siempre tenía que ser prejuiciosa y mal educada.

—Por que unirá su vida a una persona, mediante un estúpido contrato, cuando realmente ese papel no tiene ningún valor, ¿Por qué simplemente no pueden amarse así, sin casarse? ¿Sin ser señora y señor? Simplemente deberían hacerlo a la manera sencilla. El matrimonio es estúpido. Simple. No creo en el y en su puta magia—y respiró profundamente, tratando de calmarse.

—Simplemente sigues siendo prejuiciosa, cuando encuentres a alguien, sabrás por que la gente decide firmar ese estúpido contrato. Fin de la discusión—y trató de sonreír, con algo de victoria, seguía sin dirigirle una mirada.

Ella quiso protestar. Quiso decirle que ese alguien para ella no tenía ningún valor. Que ya nadie le importaba una mierda y simplemente pensaba en ella, por que no había nadie más que valiera la maldita pena. Pero se calló, él había dicho fin de la discusión. Y aunque moría por seguir discutiendo con él, se obligó a callar.

—Estúpido—murmuró sin poder detenerse realmente, pidió por que lo hubiera murmurado lo suficientemente bajo, pero también por que no.

—Te oí.

—Bien.

—Bien—dijo Edward con cansancio.

—Pero en realidad si eres estúpido—no podía detenerse, en serio. Le gustaba fastidiarlo, la satisfacción que le provocaba era tan buena.

—Bien, soy estúpido—le siguió la corriente.

—Muy estúpido. ¡Un jodido estúpido!—era inevitable, podía jurarlo. Las palabras salían de su boca sin poder decirles alto.

—Basta.

Ella iba a replicar pero el coche se detuvo y George la abrió la puerta y le tendió una mano que ella ignoró, por que no necesitaba ayuda. Ella no necesitaba a nadie.


La mañana del Sábado Isabella fue despertada por los gritos del jodido señor Cullen en el piso inferior, y unos chillidos de furia.

¿Estaba chillando? Se levantó de inmediato, por que ella quería ser testigo de eso.

Pero cuando llegó al final de las escaleras, se llevó una total decepción al ver a una diminuta mujer, que iba en la mitad de los veinte y la rabia brillaba en sus ojos. Ella era la chillaba.

Isabella se dio cuenta de lo inadecuada que se veía ahí. Con su corta polera de tirantes, y unos pantalones cortos de una tela muy suave, parecida a la seda, como parte inferior de su original pijama. Blanca se los había facilitado la noche anterior.

Pero sin embargo no bajó la mirada.

La chica la notó, e Isabella notó a Edward. Que estaba de espaldas a ella, al parecer acariciando su sien con sus dedos. Una novedad, el señor Cullen lucía irritado.

—Hola—su voz era como miles de campanas sonando al mismo tiempo, e increíblemente eso no la irritó. Era como si estuviera cantando. Le sonrió, tratando de ser amable.

—Isabella, esta es mi hermana... Alice, ella es Isabella—y ella captó la mirada de advertencia que le dio Edward a la que era Alice, su hermana. La estúpida que se iba a casar, quizá.

Edward también le dio una mirada de advertencia a Isabella, algo así como 'no hables demasiado, o simplemente lárgate'.

—Hey—la saludó Isabella. Alice volvió a sonreír e ignoró olimpicamente a su hermano.

—Soy Alice, tal como este imbécil dijo.

Ella sonrió, le gustaba Alice. Edward gruñó por que notó eso también. Isabella también lo ignoró.

—Alice—murmuró Edward a modo de despedida—Estaré ahí, ahora puedes irte.

Alice le dirigió una mirada, y Edward asintió. Isabella seguía sintiéndose fuera de lugar, pero no se iría de ahí. Era entrometida y le gustaba fastidiar.

—Muy bien—ella concluyó con su voz cantarina, y cuando se acercó a Isabella, que estaba a los pies de la escalera, las puntas de sus cabellos se agitaron en diferentes direcciones. Ella es grácil. Alice le tendió una mano y una sonrisa. Isabella solo le devolvió la sonrisa—Adiós Isabella. Quizá puedas ir hoy, es una cena con los padres de mi novio, en mi casa—y Edward comenzó a sacudir la cabeza incluso antes de que ella terminara.

—No es una buena idea, Alice.

—Lo intentaré—dijo Isabella con repentino entusiasmo, al mismo tiempo que Edward replicaba una negativa.

—No lo harás—le advirtió él con una mirada. Y Alice volvió a ignorarlo.

—Espero puedas ir, será divertido—y a continuación ella besó a su hermano en la mejilla, luego apretó la misma con sus dedos y desapareció por la puerta principal.

—No irás—fue lo primero que le dijo, su rostro se endureció.

Y era cierto. Ella no iría, pero le gustaba fastidiarlo.

—Buenos días, señor Cullen—hizo una reverencia y le dedicó una sonrisa.

—No irás a esa cena, Isabella—y su tono fue imponente esta vez, pero no tenía mucha influencia sobre ella.

—¿Tomaste ya desayuno?—preguntó de forma inocente.

Él también podía ignorarla. A ella y a ese pijama tan provocador que le quedaba tan jodidamente ajustado.

Ella caminó hacia la cocina con descaro, meneando su pequeña cintura de manera involuntaria.


—¿Así que me prohíbes ir?—le murmuró al otro lado de la mesa, sonriendo de manera burlona y también desafiante.

Edward comía sin prisas, estaba vestido con uno de sus infinitos trajes de oficina, y tenía el cabello normalmente desordenado, la mirada tranquila y el único sonido que hacía era cuando masticaba la cena.

Estaba en silencio, él no acostumbraba a hablar mientras comía. Aunque en primer lugar, él no estaba acostumbrado a cenar con alguien.

—No quiero discutir, Isabella... —respondió repentinamente cansado—... Decidiste no ir.

—Tú me obligaste a no ir, Alice me invitó, es amable. Yo quiero ir—dobló su pequeña cabeza de manera pensativa, masticando al mismo tiempo.

—No, no irás. Punto. Fin de la discusión—cortó tajante.

—Ni siquiera ha empezado la discusión, solamente te encargas de imponer todo ante los demás—se estaba enojando—Imbécil—escupió esperando que se molestara.

Él se levantó de la mesa, sin terminar su plato, irritado.

Se volvería loco con ella rondándolo, por el tiempo que estuviera aquí, molestándolo cada vez que tuviera la ocasión. Discutiendo sus decisiones cada vez que se presentara la oportunidad.

Oh, maldita sea, había sido una mala idea el traerla aquí.

Una nube negra se asomaba por su cabeza, una nube de consciensa, gritándole que la echara ahora mismo de su casa, gritándole por tener paz.

Ella era un maldito grano en el trasero.

Llamó a George mientras caminaba hacia la puerta principal.

Ella no tardó en pararse de la mesa, no escaparía tan fácilmente.

—¡Escúchame! ¡Iré! Jodidamente iré—estaba situada justo a su espalda, ella observó como su respiración se convertía en suspiros de frustración.

—¡NO IRÁS, ISABELLA! ¡BASTA!

—¡SÍ, SÍ IRÉ!—le contradijo, ahora ella realmente estaba enojada, y él furioso.

—¡Basta de hacer el papel de niña rebelde, que no piensa y que solo quiere hacer lo contrario a lo que el mundo dice!

—Que arrogante de tu parte asumir que tú eres el mundo—apuntó ella. Pero él la ignoró.

—¡NO IRÁS A VER A MI HERMANA! ¿Crees que podrías soportar estar ahí? ¿Junto a toda esa gente que no encaja contigo? ¿Crees que no se burlarán de tí? ¿De como eres tan insoportablemente grosera? ¿EN SERIO CREES QUE YO LLEGARÍA A ESA FIESTA CONTIGO?

George negó con la cabeza cuando llegó y escuchó gritar esas últimas palabras.

Ella no se atrevería a llorar frente a él. No lo haría, no caería de forma tan patética.

Ella se levantaría mirando al frente, tal como había hecho desde siempre. Enseñándole el dedo al mundo, y a él.

—Muy bien, no iré contigo—le dedicó una sonrisa irónica.

—Oye...

—No iré contigo, Edward. Puedes estar tranquilo, llegarás tarde, buenas noches—la sonrisa no se borró de su cara.

—Lo... yo no quise decir...

—Sí, quisiste decir exactamente lo que dijiste. Está bien, no hay problema, no iré contigo.

Él no pronunció ni una palabra más, le indicó a George que saliera y él lo siguió justo después.

Ahora... ella no iría con él... pero no perdería la oportunida de arruinarle la noche, tal como él lo había hecho.

Llamó a Bianca, le pidió un vestido y juntas subieron, de prisa.

Bianca sonriendo, sintiendo un cariño especial por la chica. Bella sonriendo con malicia.

Iría a la maldita fiesta.

Nadie la hacía sentir así, y salía libre. Nadie.


Oh, oh, holy shit. Lamento la tardanza, supongo.

Amo los comentarios, denme amor... si quieren, claro está, duh :)

He comenzado una historia, pero es original, con personajes propios, no del fandom, si quieren pueden pasar a leerla en el blog: vitaitaqueletum blogspot com (poner puntos en vez de espacios) sería genial si leen y me dejan saber que opinan.

Ojalá gusten del capítulo. Gracias por las alertas, favoritos y reviews, me alegran la vida :)

Un beso y un guiño de 'nos leemos pronto'.

+Paz L'amour.

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