
Marianella Rinaldi es abogada, soltera y tiene una hija de ocho años. Mar, a sus 30 años, considera que no existe el amor de pareja pero todo cambia cuando un día su mejor amigo, Thiago Bedoya Agüero, le ofrece un acuerdo. Mal summary
Rated: Fiction T - Spanish - Romance - Marianella R. & Thiago BA. - Chapters: 15 - Words: 40,388 - Reviews: 23 - Favs: 3 - Follows: 2 - Updated: 01-13-13 - Published: 11-25-11 - Status: Complete - id: 7581723
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¡Hola!
Como dije, siempre vuelvo :) Espero que disfruteis el capitulo.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Cris Morena Group, RGB Entertaiment y Leandro Calderone; La trama es cortesia de solo me atribuyo la adaptación de ella.
CAPÍTULO 4
No recuerdo nada de aquella tarde en los juzgados, aunque sé que estuve porque pasé una factura a Camilo Estrella por mi trabajo. Éste sonreía cuando salió del juzgado. Su esposa lo había dejado y él no se lo había perdonado nunca, así que una vez al año la llevaba a juicio para intentar cambiar la pensión alimenticia o sus derechos de visita, simplemente para molestarla. Y como era de esperar, Ariel Estrella se marchó de allí con expresión asesina.
Yo los vi salir desde el vestíbulo y miré a mi alrededor en busca de Thiago. No estaba a la vista.
Decidí que necesitaba hablar con Vale y me dirigí a los ascensores en lugar de a la puerta.
La encontré en su mesa, fuera del despacho del juez Garcia, en el sexto piso. Hablaba por teléfono. Esperé a que colgara.
—Si ya son las cinco, el día ha pasado con rapidez —dijo sorprendida cuando me vio.
—Tengo que hablar contigo —le aclaré—. Sobre Thiago
Ella enarcó las cejas.
—¿Has decidido acostarte con él?
—Sí. Pero ahora tengo dudas.
—En ese caso eres tonta.
La miré malhumorada.
—Tenía que haber ido a hablar con Teffy.
—Ella habría salido ya a encargar flores para tu boda —Vale se levantó de la mesa—. Esto necesita un café —decidió.
La seguí hasta la terraza. Normalmente yo no me acercaba a la barandilla, porque me mareaba. Vale se apoyó en ella con los brazos cruzados.
—¿Qué ha sido del café? —pregunté.
—No puedo esperar al ascensor —la cafetería estaba en el tercer piso—. Quiero que me lo cuentes todo ahora.
Yo carraspeé.
—Tenemos un acuerdo —dije—. Sobre el sexo. Sólo —aunque aquello no era cierto del todo—. También compañía añadí.
—¿Conversación? —preguntó ella.
—Por supuesto. No vamos a desnudarnos con la boca cerrada.
—¿Comodidad?
Comprendí entonces adonde quería ir a parar. Levanté las manos en un gesto de rendición.
—¿Debo asumir que habéis hablado de esto, fijado unas normas y decidido desnudaros juntos?
—Sí.
—Ya era hora.
—¿No te parece raro que lo hayamos hablado antes?
—Los dos sois abogados. Es lo que hacemos los abogados.
—También hemos establecido unas reglas.
Ella asintió con la cabeza, como si aquello fuera lo más normal del mundo.
—Así combatís el caos de los malentendidos. ¿Dónde está el problema?
—Mis motivos no son muy puros —dije—. No lo hago para alejarme del mundo de las citas.
—¿Ése es el motivo de Thiago?
—Sí.
—¿Y cuál es el tuyo?
—Es muy posible que quiera acostarme con él — confesé.
Lo dije justo en el momento en que se abría la puerta del ascensor. Dentro había tres personas. Una mujer mayor que dio un respingo, un hombre obeso con tirantes rojos que me sonrió y un niño que iba con él y no reaccionó de ningún modo a mi comentario.
Vale entró en el ascensor y yo la seguí sintiéndome ridícula.
—¿Cuánto tiene que durar ese acuerdo? —preguntó.
—¿Podemos dejar el tema para cuando estemos en la cafetería? —miré a mi alrededor y comprobé que seguíamos contando con la atención de los demás pasajeros mayores de diez años.
Las puertas del ascensor se abrieron de nuevo y salí por ellas sin mirar atrás.
—Hasta que uno de los dos decida que quiere dejarlo —expliqué.
—Así te quitarás las ganas de él y podrás empezar a salir de nuevo con otros. Sabes que llevas un tiempo colgada con él —observó Vale.
Yo fruncí el ceño. No me gustaba la expresión «colgada».
—¿Y cuándo empieza el acuerdo? —preguntó ella.
—Quizá esta noche.
—Ah. Y por eso tienes miedo.
—No estoy colgada y no tengo miedo.
—Mar, estás más nerviosa que un gatito mojado. ¿De quién ha sido la idea, de él o tuya?
—De él.
—Eso es aún mejor.
Recogimos el café y nos sentamos a una mesa.
—Tengo un motivo oculto —dije de pronto—. Creo que Arrechavaleta se enterará de que estoy con alguien.
Vale me miró sorprendida.
—¿Qué tiene que ver Simon con esto?
—Me ha demandado por la custodia de Alai.
Se quedó muy quieta.
—Bastardo.
—Es por las elecciones.
—Claro que es por las elecciones. Por eso digo que es un bastardo. ¿Qué vas a hacer?
—Destrozarlo miembro a miembro y usarlo como fertilizante.
—Dile a Thiago que te represente. Tiene un porcentaje de victorias increíble.
Y muchas de ellas habían sido a mi costa.
—Se ha ofrecido —dije—. Creo que lo llevará la jueza Inchaustin, así que seguramente acepte.
Las cosas habían cambiado desde la noche anterior. Ahora teníamos un acuerdo y quería que Arrechavaleta lo supiera. Y Inchaustin seguramente le daría a Thiago la luna y las estrellas sólo con que le dedicara una de sus sonrisas.
Vale terminó el café y se levantó.
—Tengo que volver arriba. ¿Quieres que Teffy se quede esta noche con Alai?
—Ya te lo diré.
—No la dejes con la señora Casamento —me advirtió—. Llamaría a tu puerta a cada hora y eso no puede ser bueno para la libido.
Volvimos a la zona de los ascensores y Vale subió mientras yo bajaba. Cuando llegué al vestíbulo, saqué el móvil del maletín, llamé al bufete y le dije a mi secretaria que había surgido algo personal y no volvería hasta el día siguiente.
Decidí que el vino me había metido en aquello y tendría que ayudarme a pasarlo. De camino a casa, paré en una tienda de licores y llegué a mi bloque en el mismo momento en que paraba un taxi y salían Alai y tres compañeras de clase con cuyas madres había hecho yo un acuerdo para volver de la escuela y esa semana me tocaba pagar a mí. La señora Casamento esperaba en la acera y me devolvió el dinero que le había dado para el taxi.
—Hoy he vuelto pronto —expliqué. Alai salió del taxi y se echó en mis brazos.
—Hola, mamá. ¡Qué bien! —gritó. Me sentí un poco culpable de que se alegrara tanto de verme. Estaba pocas veces con ella después de la escuela.
—Es difícil ganarse la vida si no se trabajan las horas necesarias —comentó Silvia Casamento.
—No me pagan por horas —le aseguré—. No se preocupe.
—Pero yo cuento con este dinero todas las tardes —protestó ella.
Yo sabía que no era cierto. Su difunto esposo la había dejado bien situada. Y si seguía adelante con lo de Thiago, seguramente la necesitaría más veces de canguro.
—La compensaré por otro lado —le prometí vagamente.
Alai y yo entramos en casa.
—¿Te apetece quedarte esta noche con Teffy y Vale? —le pregunté.
—¿Adónde vas tú?
—Tú primero —dije yo.
—¿Adónde vas tú? —insistió ella.
—Voy a estar un rato con Thiago—dejé mi maletín en el sofá y me quité los zapatos de tacón.
—¿Y por qué no puedo quedarme con vosotros?
—Porque vamos a salir —mentí.
El teléfono móvil empezó a sonar dentro del maletín.
—Vete a hacer los deberes —le dije a mi hija.
—No tengo.
—¿Cómo no vas a tener? ¿Desde cuándo los de tercer curso no tenéis deberes?
—Tenemos una sustituía.
Encontré el móvil y me dirigí al baño en busca de intimidad.
—¿Diga?
—¿Dónde estás? —preguntó la voz de Thiago.
—Creía que no podías preguntarme eso. Es una de tus normas. ¿Dónde estás tú?
—En el vestíbulo de los juzgados.
—Yo estoy en casa.
—Ven a buscarme a 'Guerrín' —dijo él—. No te pongas nada e iniciaremos nuestro acuerdo a lo grande.
Había oído sugerencias más románticas, pero de todos modos sentí un calor repentino. Me acerqué al espejo y comprobé que me había sonrojado.
—De acuerdo —dije un poco sin aliento—. Espera sólo que me quite este traje.
El siguiente silencio fue un poco largo para tratarse de Thiago.
—¡Guau!
—No te entusiasmes todavía. Aún llevo las medias puestas.
—Mar, esto me está afectando.
El estómago me dio un vuelco y se me doblaron las piernas.
—Espera —dije—. Todavía tengo que buscar canguro.
—Te esperaré —prometió él—. Pero date prisa.
Colgué el teléfono y me senté en la bañera. Llevaba todo el día muy nerviosa y tenía que controlarme.
Al fin me levanté y fui al teléfono de la cocina. Si a Silvia Casamento le complació la idea de recuperar sus horas de canguro, no lo demostró en absoluto.
—¿A qué hora volverá? —preguntó.
—Eso no importa. Vale o Teffy pasarán a recoger a la niña antes de que yo vuelva.
—¿Adónde vas? —me preguntó Alai cuando colgué.
Volví a eludir la pregunta.
—¿De verdad no tienes deberes?
—No.
—Está bien. Entonces súbete.
—¿Te vas ahora mismo?
—Muy pronto. Vamos.
La llevé hasta las escaleras y la señora Casamento la recogió en el rellano. Volví al apartamento y me serví un vaso de vino.
Tardé una hora en hablar con Vale, ducharme y vestirme. Treinta y nueve minutos de esa hora los pasé ante el cajón de la lencería y uno delante del armario.
La blusa de seda blanca, los vaqueros y las botas que había elegido para la ocasión eran la parte fácil. ¿Pero qué iba a llevar debajo? Al fin opté por el wonderbra y el tanga a juego, un conjunto que sólo usaba en ocasiones especiales.
Cuando me hube vestido, me pinté los labios y me acomode el pelo. Salí del apartamento y tomé un taxi porque ya había bebido dos vasos de vino y no quería conducir. De pronto me sentía muy tranquila.
El taxi me dejó en 'Guerrín' y, en cuanto entré, sufrí un ataque de realidad. Thiago me esperaba como había prometido, pero todavía no había buscado mesa; estaba en la barra, rodeado de cuatro admiradoras.
Cuando me vio, los ojos se le iluminaron. Sonrió y me lanzó una mirada de entendimiento. Y de pronto me sentí feliz, allí de pie, con muchas posibilidades ante mí relacionadas con Thiago.
Me dio un beso rápido.
—¿Qué tal el día? —preguntó como siempre.
—Estrella está contento —repuse.
Sabía que las mujeres a las que había dejado me miraban con curiosidad. Y confieso que me sentía afortunada. En la vida hay cosas peores que ser vista en público con un hombre guapísimo.
Vi que dejaban libre una mesa cercana.
—¡Deprisa! —exclamé.
Thiago miró por encima de su hombro, me tomó la mano y tiró de mí hacia las sillas que acababan de quedar vacías.
—Buen ojo —dijo.
Se acomodó enfrente de mí.
—¿Cómo ha ido la comida? —pregunté—. ¿Sabes algo de los Quiroga?
—Tenías razón, ella lo está poniendo a prueba. Él se queja, pero sigue adelante.
—Entonces todo irá bien.
Tomé otro vaso de vino y él pidió otro whisky. Me preguntó dónde había dejado Alai
—Está con Vale —le dije—. O con Teffy.
—¿Y se va a quedar con ellas toda la noche?
Terminé mi vino de un trago.
—Toda la noche va contra las reglas, ¿no?
—¿Era una regla mía o tuya?
—Tuya.
—¿Puedo cambiarla?
Pensé en ello. Las reglas no me importaban nada, pero no quería que me considerara una mujer fácil.
—No —decidí.
—¿Y si empezamos y no queremos parar? —preguntó él.
Sentí mariposas en el estómago.
—Eh, tú pusiste esas reglas. Acéptalas.
—Está bien.
Me incliné hacia él.
—¿Podemos irnos ya a casa?
Él se puso en pie de inmediato.
—¿Dónde está la camarera?
—Dos pasos detrás de ti —di gracias a Dios de que se tratara de Teffy.
—Hola, chicos —nos saludó.
Thiago le dio un billete de veinte pesos con brusquedad.
—Quédate el cambio, me siento magnánimo.
—¿En serio? —preguntó ella, sorprendida—. ¿Por qué? No lo entiendo.
Thiago no contestó, me había tomado ya de la mano y tiraba de mí hacia la barra. Yo la miré por encima del hombro.
—Por cierto, esta noche tienes que hacer de canguro —le dije.
Teffy comprendió al fin lo que ocurría. Se mostró sorprendida, complacida y algo anhelante.
¿Me odiais,verdad? Pues dejadme un review diciendome cuanto jeje Intentare subir el siguiente cuanto antes porque ademas es EL capitulo.
Un poco tarde pero FELIZ AÑO NUEVO ojala este año os traiga todas las alegrias posibles.
Hasta la proxima :)
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