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En tus manos
Author:
Lachica1983 PM
Todo empieza, todo acaba...pero el futuro sigue estando en tus manos. Historia Faberry.
Rated: Fiction M - Spanish - Romance/Drama - Rachel B. & Quinn F. - Chapters: 30 - Words: 144,432 - Reviews: 1,138 - Favs: 253 - Follows: 125 - Updated: 04-13-12 - Published: 02-26-12 - Status: Complete - id: 7872928
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14 de Febrero de 2025

El Sol comenzaba a caer. El jardín permanecía en silencio, ajeno a las carcajadas que provenían del interior de la casa.

El césped estaba cuidado, perfecto y resplandeciente. Esperando que la primavera no tardase demasiado en llegar.

Una hilera de flores rodeaba la parte baja de la verja que delimitaba el jardín trasero.

Las había de todas las clases, de todos los colores. Todas bien cuidadas y perfectamente situadas, cómo si hubiesen sido dibujadas sobre aquél arriate.

Una verja de tablones pintados de un blanco radiante, contrastaba con el intenso verde del jardín.

El divertido canto de los pájaros era lo único que se dejaba oír en aquél rellano de paz.

Un inmenso sauce llorón presidia el lugar, dándole un toque de magia, con aquellas hojas que caían sobre sus ramas, destrozando cualquier vestigio de gravedad.

A la derecha, un pequeño banco de madera se acomodaba frente a él y justo a su lado, un columpio se balanceaba con el empuje de una leve y fría brisa que ya comenzaba a caer sobre la ciudad.

Quinn, ladeaba la cabeza hacia su lado derecho, mientras observaba cómo los rayos de aquella puesta de sol, se colaban entre las ramas del árbol.

Era su momento favorito del día. Llegar del hospital y sentarse allí a observar el atardecer, en su nuevo jardín, en su nueva casa, lejos del bullicio de la ciudad.

Los rascacielos de Manhattan quedaban frente a ella.

Alejarse de allí había sido la mejor de las decisiones. Seguía en Nueva York, seguía con su trabajo, pero vivía apartada del mundanal ruido que destruía toda paz que necesitaba.

Allí, a escasos 10 minutos de Manhattan, todo parecía distinto.

Era otro mundo, un lugar lleno de calma. Un vecindario situado en St Edwards Street, en pleno centro de Brooklyn, fue el lugar elegido para trasladar su vida, apartándola de ascensores, de escalinatas y calles repletas de gente.

De ruido, de las prisas y los contratiempos. Allí todo se detenía, era un mundo completamente distinto.

La casa de dos plantas representaba a la perfección la construcción típica de aquella zona de la ciudad.

Era bonita, acogedora y con un cierto aire familiar.

S: ¿Qué haces aquí?- Santana interrumpía el silencio en el que se veía envuelta Quinn.

Q: Me gusta ver la puesta de sol.- respondió sin apartar la vista del árbol.

S: Si aquí no se ve el horizonte- espetó extrañada al tiempo que se sentaba al lado de la chica.

Q: Mira...mira entre las ramas.

Santana le hizo caso y guio la mirada hacia las hojas del árbol.

Q: En un par de minutos, aparecerán los rayos del sol, se cuelan entre las ramas y parece magia...es especial- explicaba con una brillante mirada.

Santana lanzó una mirada hacia el majestuoso árbol. Durante varios minutos estuvo observando, esperando aquello que de lo que hablaba Quinn y lo vio.

Los rayos empezaban a caer y miles de destellos se esparcían por aquellas ramas. Definitivamente era magia.

S: Fue idea de Rachel, ¿verdad?.- pregunto completamente embelesada en las hojas de aquél árbol.

Q: Ajam...no te haces una idea de lo que tuve que hacer para conseguir que lo replantaran aquí, incluso tuvo que venir una grúa- respondía divertida.

S: Es hermoso...

Q: Rachel siempre soñó con vivir cerca de uno de estos árboles.

S: ¿Sabes...?-lanzó una mirada hacia la chica- te admiro Quinn.

Q: ¿A mi?...¿por?.

S: Eres fuerte...has conseguido sobreponerte a todo sin caer, sin hundirte y mira dónde estás...

Santana lanzó una mirada al resto del jardín y Quinn imitó el gesto.

Q: ¿Qué ocurre con éste lugar?.

S: Es mágico, tú lo has dicho- respondía- has conseguido sacar lo mejor, crear un mundo dónde sentirte protegida y lo has conseguido tú sola.

Q: No...no lo he hecho yo sola, vosotras también me habéis ayudado.

S: Pues espero que ahora seas tú quien nos ayude.

Q: ¿Estás asustada?.

S: No es miedo...es sólo que ésta ciudad es muy grande, no sé...San Francisco es más íntimo.

Q: No te preocupes, vas a terminar enamorada de ésta ciudad...da miedo pero termina siendo un hogar.

S: Me conformo con poder mantener el mío...jamás pensé que pudiesen echarme de esa empresa y mira, ahora no tengo ni idea de lo que hacer.

Q: No te preocupes por eso San, aquí vas a encontrar muchas oportunidades...eres buena, tienes un gran curriculum...además, puedes tomarlo con calma, Britt va a estar muy bien, créeme y trabajar de coreógrafa en Broadway no es cualquier cosa.

S: Espero que no decida abandonarme por una de esas actrices a las que enseñará a bailar, he oído que son muy..."rapiditas"- sonreía divertida.

Q: Eso son leyendas urbanas...o no- sonrió- ¿quien sabe?

S: Eso es...tu tranquilizándome- reprochó- aunque bueno...si eso sucede, tendrás que darme de comer tú...al fin y al cabo, los vecinos se ayudan entre si, ¿no?.

Q: Por supuesto...ésta es tu casa, ya lo sabes...

E: ¡Mamá...mamáaa!- el pequeño Edward corría a marchas forzadas al encuentro con su madre- mamá B dice que si no le ayudas no va a hacer hamburguesas y yo quiero hamburguesas.

Santana se lamentaba ante la insistencia del pequeño y las maliciosas ideas de Britt para que acudiese en su ayuda.

Q: ¿Has dejado a Britt a solas en mi cocina nueva?- preguntó incrédula.

S: ¡No!, estaba con él- se excusó levantándose al tiempo que tomaba de la mano al pequeño- anda...vamos, vamos a hacer las hamburguesas nosotros, ¿ok?.

E: Sí...vamos- tiró de la mano de la latina, obligándola a acelerar el paso.

Quinn esbozaba una enorme sonrisa al ver como ambos se marchaban del jardín y rápidamente regresó a su posición inicial.

Los rayos, los mágicos rayos seguían provocando aquél espectacular efecto entre las ramas y sentía que algo se removía en su interior.

Era su momento. Disfrutaba con aquellos escasos segundos en los que se producía el encuentro entre la luz del sol y el resplandor de las hojas del árbol.

Pero faltaba algo y no tardó en llegar. La presencia que cada día acompañaba a Quinn en aquél instante, no tardó en aparecer tras su espalda.

Pudo sentirlo, pudo notar el aroma que desprendía y dibujó una espectacular sonrisa en su rostro.

Q: Dicen que existe un minuto, un segundo durante el día, en el que el mundo entero se mantiene en silencio- espetó sin apartar la vista del árbol.- pensé que hoy te lo perdías.

- Nunca me lo pierdo- caminaba pausadamente, acercándose con calma a Quinn.

El momento se produjo en aquél instante. La figura de la chica permanecía de pie, junto al banco dónde Quinn, no perdía detalle del momento cumbre de aquella puesta de sol.

El silencio volvía a inundar el jardín hasta el segundo justo en el que las sombras hacían acto de presencia y difuminaban los últimas luces de aquella tarde.

- Fue buena idea, ¿verdad?- se acercaba al árbol y acariciaba su corteza, quedando bajo las inmensas ramas.

Q: La mejor...-respondió al observar por primera vez la silueta de la chica- te sienta muy bien el blanco- espetó sonriente- estás radiante.

- Es cómodo...me gusta sentirme libre en éste jardín.

Quinn se limitó a sonreír y observar a la chica. Le emocionaba verla bajo aquél árbol. Estaba radiante, juraría que ella misma desprendía ahora la luz, que el horizonte le robaba al sol.

- ¿Cómo las dejas solas en la casa?- preguntó divertida señalando hacia el interior del hogar.

Q: No iba a perderme esto, no me lo perdonaría nunca.

- ¿Ni poniendo en juego tu cocina nueva?

Q: Las cocinas se compran...esto se disfruta.

-¿Tienes ya la maleta hecha?.

Q: Ajam...

-¿Estás nerviosa?.

Q: Un poco...Egipto no es un lugar muy seguro, pero...prometí que iría y lo voy a hacer.

-Aún se puede cancelar...¿no?.

Q: Ni hablar...llevo medio año pensando en ése viaje...creo que después de todo lo vivido, es un buen regalo...¿no crees?.

-Sin duda...pero no tienes que hacer nada que no quieras.

Q: Quiero hacerlo...quiero ir, visitar las pirámides, tratar de descifrar esos jeroglíficos...quiero disfrutarlo...empezar a vivir.

- ¿Eres feliz Quinn?.

Q: Lo soy siempre que te veo.

-¿Y cuándo no lo haces?, ¿no eres feliz?.

Q: Un poco menos...pero me conformo con pensarte.

- ¿Me piensas?.

Q: Siempre...no sales de mi mente, es casi una obsesión.

- Las obsesiones no son buenas.

Q: Ésta si lo es...no podría vivir sin pensar en ti.

- Tenían razón entonces, estás completa e irremediablemente enamorada.

Q: No te voy a debatir eso, ¿y tú?...¿eres feliz?

-Lo soy si tú lo eres...y sabes que mi único objetivo es hacer que encuentres tu lugar...tu mundo para serlo completamente.

Q: Estoy segura de haberlo conseguido ya.

- Así me gusta...haz que me sienta orgullosa.

Q: ¿Has escuchado a Santana y Britt en la cocina?.- Quinn se levantaba del banco y se acercaba pausadamente hacia el árbol, rodeando la figura de la chica.

- No...

Q: Estaban buscando excusas para que me quede embarazada.

- Es un buen proyecto...¿tú estás dispuesta?

Q: Sería un buen punto para ser más feliz aún, quizás un poco más adelante... pero ellas están obsesionadas, quieren una pequeña para que Edward pueda jugar.

- Edward es ya mayor para un bebé, pero no es mala idea...

Q: ¿Te gusta la idea?.

- Todo lo que venga de ellas y haga referencia a ti, me gusta...y tener familia contigo es un regalo.

Q: Incluso estaban pensando en nombres...¿qué te parecería una pequeña Rachel por el mundo?.-Quinn se acercaba sin miedos, tratando de observar con mejor perspectiva el rostro de la chica.

- Me haría muy feliz, sobretodo si se parece a ti...pero...me haría más ilusión que se llamase Álex y te aseguro que a ella también.

Q: Álex...Alexandra, es... hermoso.

- Lo sé...ella es hermosa.

Quinn lanzó una mirada hacia el árbol y varias lágrimas estuvieron a punto de salir de sus ojos.

Q: ¿Hice bien?...¿hice bien trayéndote aquí?.-se apoyó sobre el grueso tronco, sin perder la vista de la chica que repetía la acción, quedando frente a ella.

- Es el mejor lugar dónde podría estar...hiciste lo mejor.

Q: Yo...

B: ¡Quinn!- Britt salía hasta el porche del jardín y llamaba a gritos a la rubia que rápidamente se giró, buscándola.- ¡ven...Santana y Edward no paran de jugar con el Ketchup y no me dejan terminar mi plato especial!

Q: ¿Desde cuándo necesitas mi ayuda para luchar contra ellos?- preguntó divertida alzando la voz.

B: Vamos Quinn, no entiendo tu cocina, tu horno echa humo y no me dejan en paz...ven a ayudarme, por favor.

Q: Voy...-respondió separándose con dificultad del árbol.

Brittany volvía a colarse en el interior de la casa.

- Hey Quinn...

Q: Dime...-se giró buscando la figura de la chica.

-¿Sabes que te quiero?.

Q: Lo sé...

-¿Y que te adoro?.

Q: También.- respondió sonriente.

- Gracias por esto- gesticuló señalando hacia el jardín y el árbol.

Quinn esbozó una enorme sonrisa.

B: ¿Quinn?...vamos, no seas pesada- Britt volvía a hacer acto de presencia y volvía a reclamar la atención de la chica en el interior de la casa.

Q: ¡Voy...voy!- exclamaba al tiempo acortaba distancias y llegaba hasta Britt.

B: Edward sabe cómo utilizar el bote de nata que tienes ahí, así que... verás si los dejas a solas.

Quinn se limitó a sonreír y adentrarse en el interior de la casa, dispuesta a poner orden entre Santana y Edward.

Britt, se limitó a observarla entrar en el interior, para luego lanzar una mirada al resto del jardín. La calma que inundaba el lugar era especial y una sonrisa se dibujó en su rostro.

B: Hey - exclamó mirando hacia el árbol- podrías venir a echarnos una mano, ¿no?.

La morena esbozó una enorme sonrisa al escuchar la voz de la rubia y se giró, acatando sus órdenes y caminando hacia la entrada del porche, dónde le esperaba Britt.

B: Que seas una estrella no te libra de limpiar platos- espetó al tiempo que se detenía frente a ella.

-Lo sé...pero me gusta escucharos reír...es lo mejor de éste mundo.

S: ¿Qué hacéis aquí?...venga, vamos Britt...tu hijo se quiere beber el ketchup y Quinn no le detiene...y tú, Rachel, deja de caminar por el jardín y vamos...a cocinar hamburguesas, que pareces un fantasma...

B: Edward...¡no te lo tomes todo!...¡déjame un poco a mi!- Brittany se apartó rápidamente de las chicas y se adentró en la cocina, buscando al pequeño.

-Puede que lo sea-espetó divertida al tiempo que se acercaba a la puerta.

Q: Cielo- Quinn se asomó al porche- suena tu móvil...son tus padres- espetó sonriente al tiempo que le entregaba el teléfono.

-Gracias...-le devolvió la sonrisa- vamos dentro...Santana está a punto de empezar a morder.

S: Sí...será mejor que entréis ya- amenazó - ¡que tenga que ser yo quien ordene vuestras vidas...!- espetó divertida mientras se acercaba a ella.

La chica esbozó una enorme sonrisa y bajó la mirada al tiempo que pasaba junto a ella dispuesta a adentrarse en el interior de la casa.

-Os he echado de menos.

S: Y nosotras a ti, Rachel.

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