
Olvidad todo lo que sabéis sobre Glee, empezamos desde el principio. Faberry, Brittana y Pezberry friendship.
Rated: Fiction M - Spanish - Romance/Friendship - Quinn F. & Rachel B. - Chapters: 32 - Words: 99,240 - Reviews: 635 - Favs: 147 - Follows: 179 - Updated: 04-12-13 - Published: 04-05-12 - id: 7993695
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CAPÍTULO 3 – UNA PROPOSICIÓN
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El Lima Bean era uno de los lugares preferidos de Rachel. Por supuesto nada puede compararse con tomar café en la avenida de Broadway en Nueva York, pero para estar en Ohio, el Lima Bean era un establecimiento más que competente. Amplio, bien iluminado y con un gusto impecable para la música de ambiente.
Había pedido un café Thai y repasaba las partituras de las nuevas canciones del coro. De fondo comenzó a sonar Someday you'll be sorry de Louis Armstrong. Hubiera sido la tarde perfecta si Kurt no hubiera tenido cita con el dentista. Normalmente acudía al Lima Bean con él, pero no pensaba perderse su tradicional tarde de Jueves y Partituras, aunque tuviera que disfrutarlo sola.
Cogió su taza de café entre las manos y suspiró cerrando los ojos para disfrutar de la voz áspera y profunda de Armstrong. La música se deslizaba entre las voces de la gente que había en las mesas del alrededor y formaba una melodía nueva. Sintió que si abría los ojos se encontraría a sí misma en un famoso club de Jazz, en plenos años 50. Sonrió encantada con la idea y abrió los ojos con la secreta esperanza de que sus fantasías se hicieran realidad.
Sentada junto a ella, a menos de medio metro de su cara estaba Santana López mirándola de hito en hito, con la boca torcida y las cejas levantadas.
- ¡Qu..! - atinó a decir Rachel mientras hacía equilibrios para no tirar el café.
- ¿En serio? – Le dijo Santana haciendo caso omiso a los intentos de Rachel por recomponerse – Tú no estás bien. La gente te mira ¿lo sabías?
- Per.. Yo. – Rachel miró a su alrededor y ciertamente, alguna gente las estaba mirando, pero Santana estaba hablando tan fuerte que tampoco era de extrañar. – Bueno, ¡Ya está! – Le dijo molesta.
Santana sonrió con autosuficiencia.
A pesar de haberle dado un susto monumental, Rachel no se atrevió a recriminar a Santana por temor a salir escaldada de la experiencia. Santana era una de las hembras alfa del instituto; animadora, popular y una fama de hija de puta más que reconocida. No merecía la pena arriesgarse a hacerla enfadar. Unos días atrás, sin ir más lejos, había tenido un encuentro con ella en el que la agasajó con una colección de los más variados insultos y esperaba que nada por el estilo volviera a repetirse jamás.
Además, Rachel no era capaz de estar enfadada durante mucho tiempo y menos si había alguna intriga de por medio. Y el hecho de que Santana López se hubiera sentado en la misma mesa que ella y estuviera allí plantada mirándola con detenimiento, como si le estuviera haciendo algún tipo de análisis, era algo que le provocaba muchísima curiosidad, porque eso, definitivamente, se escapaba de lo normal.
Estuvieron en silencio durante unos minutos estudiándose la una a la otra.
- Un café solo – pidió Santana cuando un camarero pasó por su lado y le ofreció su servicio.
Rachel estaba a punto de morir de impaciencia cuando, por fin, Santana se decidió a hablar.
- Tengo una proposición para ti – le dijo como si estuviera a punto de hacerle un regalo. – Voy a ayudarte a conquistar a Quinn.
Rachel, que en ese momento estaba sorbiendo su Thai se atragantó y comenzó toser y a escupir café como si se le fuera la vida en ello. Santana se quedó quieta durante un momento, un poco sorprendida por la reacción de Rachel, pero se levantó inmediatamente y comenzó a darle golpes en la espalda. Un par de personas de una mesa cercana hicieron el amago de levantarse para ayudar pero Santana les dijo que lo tenía todo controlado.
- Ya. Ya. Básta. – le suplicó Rachel, que ya había dejado de toser pero seguía recibiendo golpes.
Volvieron a sentarse en la mesa y Santana llamó a un camarero. Le pidió otro café y un vaso de agua para Rachel.
- Oye, lo siento, no sabía que ibas a ponerte así. Yo solo quería ofrecerte mi ayuda.
- ¿Por qué crees que quiero conquistar a Quinn? – preguntó Rachel un poco nerviosa. Santana la miró con condescendencia.
- No lo creo, lo sé – le dijo – eres gay y te gusta Quinn.
Rachel tragó saliva, no sabía que fuera tan obvia.
- ¿Y si te digo que estás equivocada? – le replicó resistiéndose.
-¿Quién pasaría un frio de mil demonios cada Lunes por la mañana para ver el entrenamiento de las cheerios si no tiene un interés particular?
- Voy por otras razones. – protestó Rachel.
- Ah, ¿sí? ¿Por qué razones?
Rachel iba a soltarle uno de sus estudiados, y poco creíbles, discursos sobre las razones por las que iba a mirar los entrenamientos, pero algo en la mirada de Santana le dijo que no iba a conseguir nada con ello, más allá de perder el tiempo. Se quedó callada muy a su pesar y Santana volvió a sonreír con autosuficiencia.
- Mira – le siguió diciendo la animadora – llevo ya varios meses yendo a esa pesadilla pastelosa del coro y, voy a ser honesta contigo; hago auténticos esfuerzos para no vomitar arcoíris cada vez que Quinn se acerca a menos de un metro de ti. Eres muy, muy obvia. – A Rachel no le hizo ni pizca de gracia esa apreciación pero Santana continuó hablando como si nada – Y hoy, querida, es tu día de suerte porque voy a ayudarte a conseguirla.
- ¿Y tú qué ganas con esto? –preguntó Rachel con suspicacia – No creo que seas el tipo de chica que haga las cosas por puro altruismo.
Santana sonrió y por primera vez desde que habían empezado a hablar su sonrisa era sincera.
- Hay algo de ti que me gusta, Berry, por mucho que me pese.
La sonrisa de Santana se transformo en una carcajada y Rachel no pudo evitar contagiarse el buen humor.
- Está bien, dime, ¿qué quieres a cambio? – Preguntó Rachel reconociendo implícitamente sus sentimientos por Quinn.
- Verás… - comenzó Santana – Uhm… Nosotras… eeh.
Rachel achinó los ojos. Santana López estaba sentada con ella en una cafetería tartamudeando, la escena parecía de ciencia ficción. Seguramente, si se lo contara a Kurt no la creería.
- Jugamos en el mismo equipo – dijo finalmente Santana bajando tanto el tono de voz que a Rachel le costó entenderla.
- ¿Cómo? – preguntó sin estar muy segura de haber entendido bien.
- Que jugamos en el mismo equipo – le repitió – Que me van las tías, joder. – le aclaró.
Rachel abrió tanto la boca que parecía que se le iba a desencajar. De repente, lo vió todo claro.
- Estás con Brittany – le dijo como si hubiera descubierto América.
- No, ya no. – le respondió Santana. – Y eso es lo que quiero a cambio. Necesito que me ayudes a recuperarla.
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Muchísimas gracias por leer hasta aquí. Espero que hayas disfrutado de la lectura. Por favor, déjame un comentario, me gustaría conocer tu opinión.
El título del próximo capítulo es: Una debilidad ;)
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