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Norte y Sur versión moderna
Author:
neska-polita PM
Relato en clave de siglo veintiuno del clásico decimonónico de Elizabeth Gaskell. Versión española de "North and south modern take". Suspendida hasta nuevo aviso.
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Drama - Chapters: 8 - Words: 10,992 - Reviews: 4 - Favs: 2 - Updated: 08-10-12 - Published: 06-22-12 - id: 8244167
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Este es un ejercicio de escritura al que he estado dando vueltas por un tiempo, el que es un desafío en dos partes: en primer lugar, traer la historia que Elizabeth Gaskell publicó en 1855 a un plan actual tratando de preservar la mayor cantidad de posible de personajes, situaciones y diálogos evitando anacronismos, y segundo, contar la historia en primera persona por distintos personajes, pero salvo raras excepciones, no relatar cómo distintos personajes vivieron una misma situación. A veces el personaje será el protagonista, otras veces testigo, y otras repetirá lo que le dijo un tercer personaje.

No sé si la segunda parte puede ser lograda sin una voz narradora continua, por lo que está en ustedes, queridos lectores, juzgar si la narrativa tiene sentido o no... quizás me apoyo demasiado en el original. En algunas ocasiones creo que el original es tan excepcionalmente bueno que utilizaré a propósito el punto de vista de otro personaje, pero referiré al original en una nota al pie para que se pueda encontrar facilmente el punto de vista que Gaskell eligió para avanzar su historia.

Es mi esperanza que el lector aprenda progresivamente a leer más allá de la narrativa de cada personaje, ganando a la vez conocimiento sobre los sucesos relatados y nuevas características sobre el personaje que relata, y que así pueda notar malentendidos y niveles de intención sin que un narrador los subraye. Ya les decía antes, es esto un experimento.

Mi uso del español es latinoamericano mientras que la única traducción que conozco es notablemente peninsular, por lo que trataré lo más posible... pero puede sonar un poco raro. Por favor miren las intenciones más allá de las palabras o expresiones. Respeté los nombres geográficos originales aunque no estoy muy familiarizada, y me tomé más de una licencia. Espero que no dañe la percepción de esta obra.

Escribir es un hobby que practico en mi escaso tiempo libre. Me concentré en los dos desafíos que menciono más arriba, y elijo no pasar mucho tiempo investigando sobre los sitios y las profesiones que menciono; si notan algún despropósito por favor indíquenmelo, así lo corrijo. Aún así, espero que disfruten la lectura. Todos los comentarios son más que bienvenidos.

Gracias por leerme, n-p


Capítulo 1: Boda y despedida


15 de julio.
Margaret Hale:

Luego de abrochar las hebillas de mis sandalias, observo mi reflejo en el espejo de la pared por una última vez antes de abandonar esta habitación de hotel.

Una mujer de veintidós años devuelve mi mirada con atención. Piel blanca como la leche, muy a la moda un siglo y medio atrás pero no tanto en estos tiempos, melena carré negro azabache, ojos oscuros, nariz recta sobre una boca más bien ancha (normalmente rosa, actualmente en tono frambuesa), mentón prominente y rasgos angulares. Un poco más alta que la media - y más en tacones, caderas anchas y en un rango saludable de IMC (sobre el valor superior, en realidad), mi aspecto me agrada aunque hermosano es la palabra con la que se me describe habitualmente. No me importa, por supuesto, es como es.

Llevo un vestido en tafeta azul oscuro con cintura alta y una falda amplia que llega hasta el suelo. La parte superior tiene breteles anchos y un escote pronunciado, lo que hace que este vestido elegante también sea sexy de forma sutil. Completo el look con pendientes de plata y un anillo con perla en mi mano derecha.

Suspiro mientras tomo el pequeño bolso en azul con cristales bordados, y apago las luces al salir de la habitación. Mi hermano Frederick está esperando por mí en el descanso, y caminamos juntos hacia el ascensor y la fiesta, en el piso más alto de este edificio.


Frederick Hale:
Mi hermana Margaret llegó a nuestra familia por obra de mi propia insistencia. Yo tenía seis años y mis padres ya habían pasado los cuarenta, y tener otros hijos no les interesaba, pero insistí y rogué tanto que finalmente aceptaron. Me explicaron que adoptarían un bebé y que hasta que no estuviera con nosotros no sabríamos si sería una niña o un varón, y yo ofrecí mi dormitorio para las cosas por si el bebé llegaba antes que la nursery estuviera pronta.

En mi imaginación yo tendría un hermano casi de mi edad, y que estaría con nosotros en un par de semanas, pero yo ya tenía ocho años el día en que mis padres recibieron la llamada que estaban esperando. Se había decidido que yo pasara un par de días con Bertha Dixon, una gran amiga de mi madre y ocasional niñera, y pasé a lo grande mientras mis padres traían a Margaret con apenas dos días de vida, a nuestra casa.

Ser el hermano mayor ha sido una gran experiencia. Margaret era una niña especial, dulce y sabia a pesar de su edad. Nuestros padres nunca fueron abiertamente afectuosos pero Margaret sacó lo mejor de nosotros, haciéndonos sentir queridos y necesitados. Yo solía hablar con ella mucho antes de que ella pudiera responderme, y le permitía jugar con mis cosas. Siempre supe que Margaret podría enseñarme cosas que ni mis padres ni mis amigos podrían, por lo que siempre la protegí mucho. Sin dudas que ha tenido buenos resultados: a Dolores, mi esposa, le gusta decir que Margaret me enseñó cómo tratar a una mujer y siempre le envía regalos por su cumpleaños.

Durante el primer año que viví en España (Margaret tenía quince años entonces), se enfermó gravemente y los doctores quisieron testearnos por enfermedades hereditarias. Como no podíamos ser de ayuda buscamos a la madre biológica de Margaret, quien, sin que ni Margaret ni yo supiéramos, había estado en contacto con nuestros padres a través de un abogado. Yo lo sentí como una traición, pero Margaret lo tomó muy tranquilamente y dijo que lo entendía.

Obviamente Margaret sabía de la existencia de su madre biológica, pero ahora quería conocer a esta señora, llamada Sylvia Bell, una celebridad en el ambiente de los artistas visuales. Nuestra madre estaba dolida y celosa pero Margaret, totalmente recuperada que lo que fuera que tuviese, le dijo que no se preocupara y fiel a su palabra, nada cambió en su relación con nosotros.

No sé si Margaret sigue viendo a esta mujer ni qué tipo de relación tuvieron. Sólo sé que mi hermana tenía muchas preguntas y ahora tiene respuestas.

-"Estás preciosa", le digo besándole ceremoniosamente la mano.

-"Muy amable, gentil caballero", me responde en la misma guisa. "Vamos, pon a Dolores orgullosa de haberse casado con alguien tan guapo".


Margaret:

Edith Shaw, quien está a punto de convertirse en la Sra. de Ian Lennox, es como una hermana para mí. Nacimos apenas con unas semanas de diferencia, y cuando yo tenía doce años mis padres me anotaron en la escuela St. Anne, un exclusivo internado para jovencitas donde dormí en la misma habitación que Edith los seis años siguientes. Nos graduamos juntas, y juntas asistimos a la universidad de St. Michael and John (compartiendo habitación durante los cuatro años), donde mi prima estudió antropología y yo estudios femeninos y leyes. Mi tesis de graduación versó sobre la violencia de género y las políticas empresariales.

Mis padres no tienen dinero como para enviarme a St. Anne: gané una beca gracias a mis buenas calificaciones y los Shaw pagaron la cuota de alojamiento y alimentación. También en la universidad gocé de becas académicas. Los padres de Edith pagaron la renta y amueblamiento del apartamento que compartimos y no me cobraron. Les estoy muy agradecida por su ayuda, pero tengo claro que era un trato que beneficiaba a las dos partes: sin su asistencia yo hubiera asistido a institutos menos exclusivos pero hubiera vivido con mis padres, y ellos no querían que Edith estuviera sola.

Mi prima nunca necesitó ayuda financiera de fuera de su familia, y aunque nunca fue una mala estudiante, de hecho brillo en el verdadero currículo de St. Anne. Mientras que la escuela se enorgullece de su calidad académica es mejor conocida, aún en estos tiempos, por ser un proveedor confiable de esposas de alta sociedad. Los buenos modales son sagrados, por supuesto, pero es más la forma de hacer sonar la voz, la elección de adjetivos y la entonación, y el lenguaje corporal lo que nos identifica inequívocamente como damas y no farsantes, la verdadera razón por la que hace una plaza en esa escuela tan preciada. Dentro de los muros escolares se forjan amistades de por vida, así como relaciones estratégicas, y nociones definitivas de quién es quién y qué es qué.

Que yo asistiera un instituto exclusivo significó que sólo tuve unas pocas compañeras hasta la universidad, con quienes siempre me llevé bien. Esto fue en parte porque las chicas eran muy buena gente y en parte porque yo era la prima de Edith, y nunca nadie se animó a hacer nada que contrariara a Eddie, la reina absoluta de la belleza y el glamour.

Las vacaciones de invierno de mis amigas se pasaban en estaciones de ski y las de verano en yates, salvo que existiera la necesidad imperiosa de esquiar, caso en el cual se acudía a la cordillera andina o las montañas de Nueva Zelanda. Mis vacaciones, frías o calurosas, tenían como escenario la casa de mis padres en Oxford, donde mi padre enseñaba literatura en un pequeño instituto universitario y mi madre trabajaba en una biblioteca pública.

Esta dualidad dejó una cosa en claro desde el principio: sería muy difícil mantener la cercanía con mis amigas del colegio más tarde, no por falta de sentimiento en ninguna de las partes, sino por una diferencia de intereses insalvable.


La mayoría de la gente que he conocido en la última década está aquí, vestida de punta en blanco como si fueran estes sus atavíos habituales. Mis compañeras del instituto están aquí con sus prometidos o esposos. Mi hermano y Dolores, su esposa. Mis padres, aunque veo que mi madre está incómoda en su sencillo vestido gris. No podemos gastar dinero en frivolidades; mi vestido es un regalo de cumpleaños de parte de mi tía.

Mi prima tiene una belleza clásica al estilo de Grace Kelly, y luce perfecta y deslumbrante en su traje de novia y tiara de diamantes. Está enamorada, un amor perfecto con el marido perfecto, y experimento una súbita punzada de celos por una vida donde todo está en un orden tan prolijo. Pero deja tras si la simiente de una convicción que crecerá en los próximos días y semanas: mi vida recién está comenzando y me llevará lejos de este grupo de personas. Esta boda es mi despedida de una vida de lujos ajenos y dramas subterráneos, y estoy ansiosa por encontrar lo que sea que venga ahora.

Durante la recepción Henry Rowan se mantiene en las proximidades. Es un buen amigo del esposo de Edith (antiguo compañero en Leyes y actuales socios minoritarios en el mismo bufete), y nos hemos visto muchas veces durante los últimos dos años. Por lapsos, a veces de semanas, nos comportábamos como novios: saliendo a cenar, pasando fines de semana en París o Viena, dándonos regalos de cumpleaños. Pero también han habido lapsos en los que apenas estábamos en contacto, en los que la tibieza de mis sentimientos por él me resultaban claras, aún cuando nunca salí con otro hombre que no fuera Henry.

Disfruto la compañía de Henry, siempre fue así, pero no estoy enamorada de él y estoy segura que el sentimiento es mutuo.

Henry me hace una seña y lo sigo a los balcones, donde arreglos de flores silvestres decoran las mesas, y aprecia el panorama pensativamente. Me uno en el humor meditativo. Pronto me mudaré a Oxford con mis padres, y no sé qué será de mí en seis meses. Él toma mi mano, la acaricia y mirándome a los ojos me pregunta "¿Te gustaría ser tú la que se casa?"

La pregunta suena como muy hipotética, y como no me gusta este tipo de fiestas le respondo riendo, "¡No, para nada! Si alguna vez me caso, me gustaría que fuera en una ceremonia simple... mucho más privada, sin dudas", y giro hacia la barandilla.

La expresión de su rostro no cambia, y sin dejar mi mano pregunta suave pero claramente, "Margaret Hale, ¿te casarías conmigo?"

Que una buena pregunta merece una buena respuesta es algo en lo que creo firmemente, aún cuando sea una pregunta que desearía no haber escuchado. Giro hast enfrentarlo, sus ojos azúl pálido, sus mejillas lampiñas, su constitución fragil... el único hombre que conozco en la intimidad y aún así, y esto es horrible de confesar, tan incapaz de satisfacerme. Durante el tiempo que estuvimos juntos hemos tenido sexo más que cantidad suficiente de veces como para saber que es simplemente aburrido, y que no mejorara con la práctica es una buena señal que lo nuestro no funciona. Nostros no funcionamos, y lo que veo frente a mí es un futuro que se extiende como una interminable mezcla de aburrimiento, frialdad y seclusión.

Culparle a él sería muy simple, y yo no soy de las que diría "Mira, Henry, si no eres capaz de darme un orgasmo hablar de matrimonio es absurdo, ¿no crees?", lo cual es cierto, pero también soy yo parte de esto. Entonces elijo mis palabras con cuidado cuando respondo, "Henry, creo que no estamos hechos el uno para el otro. Somos buenos amigos, pero no te quiero como un marido. No creo que seríamos felices juntos, y no quisiera lastimarte".

Henry trata de hacerme cambiar de idea pero me mantengo firme, dejando claro que deberíamos dejar de vernos. No parece terriblemente decepcionado, triste o siquiera molesto. De hecho me pregunto si nada cambió en su mundo.

Lo que sí ha cambiado para mí es que siento que he perdido uno de los pocos amigos que tenía. Luego de la fiesta reflexiono mientras termino de empacar mis cosas para Oxford, y por un momento lamento que esto no hubiera pasado más tarde, o quizás, nunca.

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