
Fuegos misteriosos han sido vistos en las praderas. Algunas veces se acercan peligrosamente al Dulce Reino, otras veces solo pueden ser vistos desde la torre más alta del palacio. La Dulce Princesa teme que esto pueda poner en peligro a su gente y decide enviar a su héroe al Reino del Fuego pero, ¿qué tal si Finn ya conocía la causa de estos incendios?
Rated: Fiction K+ - Spanish - Romance/Adventure - Finn & Flame Princess - Chapters: 8 - Words: 17,315 - Reviews: 37 - Favs: 18 - Follows: 17 - Updated: 01-10-13 - Published: 09-12-12 - id: 8519704
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Hola ¿qué tal? Ya tengo algún tiempo en esta página, algunos tal vez me conozcan por mis fanfics en inglés pero este día les traigo el primero que escribo en mi lengua nativa. En verdad espero que lo disfruten, nada más imaginen que Jake nunca fue al Reino Fuego luego de que la DP le rompió el corazón a Finn para que la historia tenga sentido.
Ahora bien, mejor dejo de hablar para que puedan empezar a leer tranquilamente.
Secretos Compartidos
Capítulo 1: Fuego en el horizonte
La Dulce Princesa caminaba de un lado para el otro sin parar, su mano parecía estar congelada en su mentón, algo le inquietaba. Sus tacones golpeaban la cerámica de caramelo cada vez que se volteaba a mirar su trono, no podía entenderlo, se suponía que su vasto conocimiento científico podría resolver un enigma tan simple como el que se encontraba sobre su asiento.
–Veamos –dijo para sí misma tomando un lapicero del bolsillo en su gabacha blanca– Repasaré esto solo una vez más.
Se acercó hasta su trono y levantó los papeles que lo cubrían, luego suspiró y se dejó caer pesadamente en el mismo. Tomó los papeles, los organizó un poco y finalmente los colocó sobre su regazo. Su desarrollado cerebro comenzó a trabajar de nuevo, frente a ella se encontraba una interrogante cuya respuesta no había podido descifrar desde que se encontró con ella esta misma mañana. Y es que, la joven gobernante se había pasado todo el día encerrada en el salón del trono buscando la solución. Nunca antes le había pasado esto, ella siempre había podido lidiar con esta clase de problemas, tenía una habilidad espacial para estas cosas.
Pero hoy no. El sol ya se había ocultado detrás de ella, los dulces ciudadanos ya se preparaban para irse a dormir, las tiendas y demás locales del reino ya estaban cerrados. Solo la Dulce Princesa permanecía activa, su chicloso cabello era un desastre, su atuendo estaba arrugado y había sido manchado por las siete clases diferentes de café hirviente que había consumido durante el día.
Apretó sus dientes con enojo, las cienes le dolían, su frustración había alcanzado su punto máximo.
–¡Demonios! –se dejó gritar en un arranque de ira.
Aventó los papeles al suelo y comenzó a saltar sobre ellos intentando desesperadamente desahogar todo su estrés. De pronto las puertas del salón se abrieron dejando entrar a un pequeño y redondo hombrecillo.
–¡Princesa! ¡Su alteza! –gritaba con su chillona vocecita– ¡Venga vea! ¡Venga vea!
No soportó que la interrumpieran de esa manera.
–¡¿Pero qué rayos te sucede Mentita?!
Ciertamente la gobernante del Dulce Reino era conocida por su gentileza, refinados modales y por su porte ejemplar, pero a veces se dejaba llevar por sus frustraciones. La Dulce Princesa bien podía ser la mujer más calmada y noble que jamás se haya visto pero también podía llegar a ser molestada con cierta facilidad, su punto débil era su perfeccionismo. Si las cosas no salían como quería entonces todos, especialmente su fiel mayordomo Mentita, debían soportar su caprichoso mal genio.
Esta era una de esas ocasiones, Mentita sabía que algo como esto pasaría desde que le sirvió el desayuno en la cama junto con el periódico dominical. ¿Cómo se le había podido ocurrir la torpe idea de sugerirle a la princesa que intentara resolver el crucigrama? Hubiera podido simplemente recomendarle las tiras cómicas o el juego de buscar las cinco diferencias, pero no, él tuvo que haber sugerido ese desdichado crucigrama.
–Siento mucho importunarla de esta manera Princesa. Estoy seguro de que su juego es muy importante para usted, pero-…
–¡Una! –La Dulce Princesa interrumpió– ¡Solo me hace falta una línea! ¡Una palabra de cuatro letras que describa la fuerza más poderosa de todo el universo! Ya intenté de todo; gravedad, fisión nuclear, la muerte de una estrella… ¡Pero simplemente nada calza!
–Debe intentar relajarse mi señora, quizá su cerebro solo está embotado de tanto pensar. Venga por favor. –Tomó a la joven de la mano y la dirigió hacia su asiento real– Ahora respire profundo y olvídese de ese crucigrama por un momento, ¿quiere?
–Tienes razón Mentita, me relajaré e intentaré resolverlo otro día.
El rostro de la princesa pronto recuperó su serenidad habitual, sus hombros se deslizaron suavemente hacia abajo y suspiró calmadamente.
–Bien –habló de nuevo la monarca sin dejar de mirar el suelo– ¿Qué venías a decirme?
Las facciones del mayordomo esbozaron un poco de preocupación.
–Esta tarde se han presentado cuatro granjeros más alegando que sus cosechas han sido quemadas y-…
–¿De nuevo? Glob, es la quinta vez en este mes…
La Dulce Princesa se levantó de su trono y caminó hacia una de las grandes ventanas que adornaban el salón real. Cruzó las manos detrás de su espalda y se detuvo a admirar la grandeza de su reino. Las calles de la dulce ciudad eran impecables, los coloridos edificios de azúcar se elevaban a su alrededor y dentro de ellos reposaban tranquilamente cientos de felices ciudadanos. Más allá de los grandes muros del reino y de los gigantes que se encargaban de protegerlo soplando burbujas al viento se encontraban los prados Malvavisco, el bosque de los bastones de menta y la dulce cañada. La Princesa sabía que aún más lejos se encontraban las praderas que limitaban con su reino, esas tierras siempre verdes y soleadas que además de ser el hogar de criaturas mágicas, osos, liebres y demás animales silvestres, eran también el lugar donde vivían los aventureros más valientes y tonticos que jamás había conocido.
–De seguro Finn y Jake pueden ayudarnos a resolver esto… –suspiró– Desde que llegó la primavera ha sido lo mismo; granjeros enfurecidos, campos enteros devastados por el fuego, e incluso algunas pequeñas aldeas circundantes han sido consumidas por estas extrañas llamas. No puedo entenderlo, ¿cómo es posible que puedan haber tantos incendios en esta época del año? ¡No es natural!
–¿Qué tal si alguien los esta provocando majestad?
–¿Pero por qué alguien haría algo así? ¡Está arriesgando las vidas de cientos de aldeanos!
Un pequeño destello naranja en la lejanía llamó su atención, poco a poco el brillo se fue haciendo más fuerte hasta que la princesa finalmente pudo distinguir la forma de grandes llamaradas acercándose desde las praderas hacia su reino.
–¡Oh no, aquí vienen de nuevo! –gritó dirigiéndose hacia Mentita.
Era la tercera vez que el extraño fuego se desviaba hacia el Dulce Reino, la Dulce Princesa sabía que debía actuar rápido para prevenir un desastre de mortales proporciones. Rápidamente le ordenó a Mentita que reuniera a todos los guardias banana para preparar los hidrantes, las mangueras y hasta para que llenaran cientos de cubetas con agua. Debían atacar las llamas de inmediato, si se acercaban unos cuantos metros más, el calor comenzaría a derretir la cuidad con todo y sus habitantes, quienes al estar durmiendo tan plácidamente no podrían ni siquiera notar el eminente peligro que se cernía sobre ellos.
–¡Vamos, dense prisa! –les apresuraba corriendo junto a los soldados.
Esta vez la princesa estaba decida averiguar de donde venía el fuego y estaba dispuesta a detenerlo de una vez por todas así tuviera que arriesgar su propia vida para lograrlo.
Una vez en campo abierto los soldados abrieron las largas mangueras que habían arrastrado desde el Dulce Reino y dispararon feroces chorros de agua a presión contra las llamas. La princesa cargaba un balde de agua consigo y se movía alrededor del fuego buscando al causante del desastre. La cubeta que llevaba no era para apagar las llamas precisamente, ella estaba utilizando esa agua para mantener su biomasa en su lugar, ya que, a diferencia de los soldados que luchaban contra el fuego desde una distancia prudente, ella se había internado en el lo más que su cuerpo de chicle le había permitido.
Ya podía sentir los efectos del humo en sus pulmones y como su delicada piel comenzaba a tornarse pegajosa, el sudor le chorreaba por la cara, su visión se nublaba.
–¡Vamos!…¿Por qué no sales de tu escondite? –desafió mientras se tambaleaba débilmente– ¡Ven aquí y dime porqué haces esto!
Tal vez el humo ya le había afectado la cabeza porque podía jurar que el fuego estaba llorando y quejándose dolorosamente. No podía comprender que era aquello, sin duda ya se le había tostado el cerebro, pero aún así decidió que continuaría buscando. De pronto algo se movió cerca de ella, una figura humana corrió velozmente intentando escapar de sus agresores.
–¡Ya te vi! –gritó la princesa y comenzó a perseguir la figura mientras se internaba más y más dentro del incendio.
La figura tampoco se veía bien, apenas y podía seguir corriendo. Fue entonces cuando uno de los guardias banana disparó su manguera hacía las llamas que rodeaban al misterioso personaje y este se desplomó sobre el pasto quemado. La Dulce Princesa aprovechó la oportunidad para atrapar al perpetrador pero al detenerse frente a este todos sus sentidos se encresparon por la súbita sorpresa.
No era más que una muchacha de unos trece o catorce años de edad cuando mucho. Por la oscuridad no pudo ver su rostro ni tampoco pudo distinguir algún detalle en su apariencia que le ayudara a identificarla. Quiso acercarse más a ella, preguntarle quién era y porqué estaba incendiando las praderas, pero apenas su rosada mano acarició el hombro de la joven esta reaccionó repentinamente y escapó nuevamente.
–¡Oye espera! ¡Regresa por favor! –suplicó la Dulce Princesa– ¡Yo puedo ayudarte!
–¡Nadie puede ayudarme! –gritó la muchacha envolviendo su cuerpo en llamas y disparándose hacia horizonte. Solamente dejó un rastro de pasto ardiente tras de sí.
–Ella es… –murmuró aún encontrándose en estado de shock– Un elemento fuego…
x+x+x+x+x
El amanecer tardó siglos en llegar pero cuando finalmente iluminó las calles del Dulce Reino sus habitantes se encontraron con la terrible noticia de que su princesa esta internada en el hospital con quemaduras de segundo grado y sus pulmones contaminados por haber respirado grandes bocanadas de humo.
La doctora pastelillo guió a Mentita hasta la habitación donde se encontraba la Dulce Princesa, el pobre mayordomo no había podido dormir en toda la noche de solo pensar en la salud de la princesa. Afortunadamente cuando atravesó el umbral de la puerta encontró a la joven gobernante peleándose una vez más con su crucigrama.
–Es un verdadero alivio ver que se encuentra bien Princesa. –saludó alegremente.
–Gracias por preocuparte Mentita. –le sonrió ella indicándole que se acercara más– Ya sé quién es el que ha provocado los incendios, es nada más y nada menos que una elemento fuego.
Habló con cierta emoción pues era bastante raro ver a seres tan poderos y reservados vagando por reinos comunes como lo eran las praderas y el Dulce Reino.
–¿Y qué hacía una elemento fuego tan alejada del Reino del Fuego?
–No tengo idea pero, ¡pienso averiguarlo! –dijo esto intentando levantarse de la camilla pero una punzada de dolor le impidió hacerlo– Genial…y yo que pensaba ir a interrogar al Rey Flama….
–¿Qué le parece si envía a alguien más en su lugar? –sugirió el mayordomo.
–¿Sabes? Esa es una idea fantástica, ¡llama de inmediato a Finn y a Jake!
La Dulce Princesa bajó un poco la mirada con preocupación.
–Solo espero que Finn ya haya superado lo de la pirotecnia líquida… –suspiró.
–Se refiere al día en que finalmente le rompió su ingenuo corazón al chico, ¿cierto?
–Solamente le abrí los ojos, sabes que quiero lo mejor para él y es por eso que espero que algún día encuentre a alguien de su edad…
–Confío en que así será Princesa. –la animó Mentita– Así será…
¿Y bien, que tal estuvo el primer capítulo? Sinceramente espero que haya sido de su agrado y si no, pues...¿qué le vamos a hacer?
Por favor dejen sus comentarios para saber si les gustó y pronto subiré el próximo capítulo.
Gracias por molestarse en leer y hasta la próxima :)
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