
Nadie puede detener la fuerza del destino, algo que, Squall aprenderá al dejar de controlar sus sentimientos al enamorarse de una de sus compañeras S.E.E.D. Descubriendo que en el mundo hay algo más allá de él, y es imposible sentir completa indiferencia hacia los demás.
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Drama - Squall L. - Chapters: 20 - Words: 23,247 - Favs: 1 - Updated: 01-05-13 - Published: 09-20-12 - id: 8541440
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A+ A- |
ADVERTENCIAS:
Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo
Los personajes no me pertenecen, son de Square-Enix. Sólo la protagonista y algún que otro secundario son originales míos.
Hay escenas y diálogos inspirados en el juego, como el propio mundo/ escenario.
Para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera
Cuando los destinos se cruzan
La medianoche estaba apunto de llegar mientras una joven pelirroja intenso, caminaba de regreso al jardín antes de que alguien la pillara fuera de su cuarto a esas horas.
Antes de llegar a divisar la enorme y majestuosa entrada del jardín de Balamb, escuchó el sonido de metal chocando, como si alguien con espadas estuviera batiéndose en una pelea. Kirai no lo dudó y comenzó a andar con rapidez hacia el lugar de donde provenían aquellos sonidos pero, cuando llegó al destino, sólo encontró a un joven tirado en el suelo boca arriba con una enorme raja en la cara que no paraba de sangrar y junto a él, su arma, un sable-pistola. La joven, asustada, corrió a arrodillarse junto al castaño.
- ¿¡Chico, me oyes!? Vamos dime algo. – Habló con ansiedad mientras daba pequeños golpecitos en las mejillas del joven.
Aquel extraño muchacho se hallaba inconsciente por lo que, Kirai, al darse cuenta tras no recibir respuesta, cargó al joven con dificultad sobre ella y comenzó a correr todo lo rápido que pudo hacia la enfermería del jardín, no sin antes, ocultar la bonita arma del chico entre la maleza.
- ¡Enfermera, ayuda! – gritó casi sin aliento la pelirroja al entrar en la pequeña enfermería con el joven a cuestas, mientras la mujer salía extrañada al encuentro de la más joven.
- Dios mío, ¿¡pero qué ha pasado?! Ayúdame a ponerlo en la camilla.
- No lo sé, lo encontré tirado a las afueras del jardín. ¿Se pondrá bien?
- Tranquila, no le pasará nada ¿lo conoces?
- No.
- Bueno, voy a tener que darle puntos, cuando despierte ya nos dirá quien es. Ha tenido suerte de que estuvieras por allí.
- ¿Cuando despierte puedo venir a verle?
- Claro, además, seguro que quiere conocer a su salvadora. – Añadió la mujer mientras sonreía.
- Bueno pues, luego vengo, Gracias. - Respondió entrecortadamente mientras movia las manos ensangrentadas, confusa,
La joven salió del lugar dirigiéndose al bosque en busca del sable-pistola del chico. Al llegar al punto exacto, lo sacó de entre unos arbustos mientras observaba el rastro de sangre que había en el suelo. No pudo evitar pensar en lo sucedido.
Cogió el arma y comenzó el camino de regreso a su cuarto con rapidez, ya que se encontraba fuera del horario permitido para estar fuera del recinto de estudios.
Una vez hubo dejado el arma dentro de su cuarto, oculto bajo al cama, ya que siempre había sido muy desconfiada, salió del lugar directa a la enfermería.
La enfermera le informó de que el muchacho aún no había despertado, pero Kirai prefirió quedarse allí esperando, por lo que se sentó en una silla cercana observando el rostro sereno del muchacho.
Mientras lo contemplaba con atención, pensó que aquel joven era muy guapo, incluso en aquellas circunstancias, con una venda cruzándole media cara, con su pelo corto y liso despeinado. De pronto, el chico comenzó a moverse y, lentamente, abrió los ojos molesto.
- ¿Quién eres? - logró articular con dificultad mientras, dolorido, trataba de incorporarse.
- ¡Doctora! – llamó la muchacha levantándose de al silla, dejando al chico con la palabra en la boca.
Las dos mujeres entraron en la pequeña sala blanca segundos después. La señora avanzó con decisión hacia la camilla y sacó una linterna pequeña de su bolsillo, apuntando con la luz a los ojos del chico.
- ¿Cómo te sientes, chico?
- Me duele la frente. – logró articular entre un leve gemido de dolor.
- Es normal, te han hecho una buena raja, tendrás una cicatriz de recuerdo, pero por lo demás estás bien. ¿Cuál es tu nombre?
- Squall Leonheart.
- ¿Quién es tu instructora Squall?
- Quistis.
- Voy a avisarla, tendrás que contarla que es lo que ha pasado. – Dijo para después salir de la sala dejando a la pelirroja en la estancia, mirando al chico.
- Perdona por no haberte contestado, soy Kirai, te encontré en el bosque y te traje aquí.
- Ah... Pues gracias. – contestó de forma seca el joven.
- Recogí tu arma, la tengo en mi cuarto, cuando puedas salir te la devuelvo, supongo k nos veremos por los pasillos... En fin, mejórate.
- Gracias.
La pelirroja se despidió con una pequeña sonrisa, y salió del lugar algo nerviosa sin saber por qué.
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