
Una leona abandona a su pequeña hija con su recién aparecido padre tras el odio y el rencor que ha originado Zira para perjudicar a Simba. Ahora Angani intentará rehacer su vida con una nueva familia, y sobrevivir a los riesgos y amenazas de antiguos y nuevos enemigos que harán lo necesario para destruir toda su felicidad. (Clasificación T por comentarios)
Rated: Fiction T - Spanish - Hurt/Comfort/Family - Scar/Taka & Kopa - Chapters: 9 - Words: 14,837 - Reviews: 18 - Favs: 2 - Follows: 4 - Updated: 01-23-13 - Published: 09-21-12 - id: 8545301
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¿Cómo reaccionarías ante los secretos de las personas que no conoces? Claramente dirás No me interesa lo que esa persona X me esté escondiendo, no me conoce, no me interesaría realmente. Pero, si ese secreto, viene de personas a quienes tú conoces, pues bueno, tienes claramente dos opciones, aceptar las mentiras, o simplemente, ignorarlas, y hacer como si nada hubiese ocurrido…
Pero la segunda opción no es la más apropiada. Gracias a ello, he perdido a mi madre…
Nací en un lugar alejado de una manada. Mis primeros meses de vida los viví con mi madre Alimshinda, ella era una leona de pelaje marrón oscuro, sus ojos eran de color de la árida arena, amarilla resplandeciente a los rayos del imponente sol, y tenía un pequeño mechón de cabello sobre su cabeza. Su voz era dulce y confortable, y siempre me cantaba para acunarme en las frías y largas noches del desierto. Y jamás podré olvidarme de su aroma. Dulce y fresca como la miel de las abejas. A pesar del lugar en donde pasé cruelmente mi infancia, ella siempre supo cómo salir adelante.
Nunca conocí a mi padre. Cada vez que le preguntaba a mi madre sobre él, su estado de ánimo cambiaba abruptamente. Al parecer, ella tuvo una mala experiencia, que quería dejar en el pasado.
Lo único que sé, es que mi padre era un león de pelaje dorado como los rayos del sol, ya que yo salí con ese color. Además de una extraña necesidad de aventurarme en los lugares más peligrosos, y el extraño gusto de comer insectos. Mis ojos salieron de un azul-verdoso, que a veces, a la luz del sol se transformaban en un azul cielo, probablemente también lo heredé de mi padre.
Mi madre siempre me dio todo el amor que una madre puede darle a su cachorro. Pero un día, algo extraño comenzó a pasarle. Ella ya no era la misma de antes, su tierna y cálida mirada cambió a una fría y rencorosa. Y es aquí en dónde comenzó toda mi tragedia…
…
Capítulo 1
El sol estaba en su punto más alto en el cielo, sus rayos caían con gran fuerza sobre la árida tierra de África. Ningún animal se atrevía a salir de la cálida humedad de sus cuevas al miedo de no sobrevivir al calor infernal. La llanura estaba llena de pastizales muertos por la deshidratación, montículos altos de termitas se lograban divisar desde el horizonte. Una extraña sombra se acercaba desde esa dirección cargando consigo a un antílope que se había apartado de su grupo.
El cuerpo del pobre animal cayó en frente de una pequeña cueva que desde su interior, salió una pequeña bola de pelo dorada emocionada con la llegada de la figura.
-¡Mami! ¡Mami! ¡Al fin llegas! ¡Te he extrañado mucho!- el pequeño cachorro sonrió a su madre mientras le abrazaba una de sus grandes patas.
-Hola mi Angani, ¿cómo te has portado?- la leona le sonrió cansada a su pequeña hija.
-¡Muy bien mami! Qué bueno que hayas llegado, ¡Ya me estaba muriendo de hambre estos últimos dos días! ¡Pensé que algún extraño te había hecho algo!- la pequeña exclamó mirando a los cansados ojos de su madre, quien la miraba con simpatía.
-Angani, tú sabes que en las Lejanías es muy difícil encontrar comida. Y tú sabes que a mí nada me pasará- terminó de decir y se acercó al cadáver del antílope para poder comer un bocado y así generar la leche necesaria para dársela a su pequeña hija Angani de tan solo dos meses y medio de edad.
Alimshinda comenzó a masticar los pedazos de carne del animal. Ella se había acostumbrado al sistema de vida que llevaba con su hija. Una vida de leonas nómades que vagaban por la amplia Savannah africana, evitando a las manadas y reinos de otros leones. Pero una vida así no era exactamente la vida que ella había planificado. De no ser por el padre de Angani, ella ahora seguiría estando en su antigua manada con su madre y hermanas…
-Mamá, ¿por qué tienes una cicatriz en tu hombro?- la pequeña le preguntó a su madre mirándola con preocupación.
Alimshinda dejó a un lado su almuerzo y pensó en la respuesta que tenía que darle a su hija…
-Ella no puede saber en lo que me involucré…- pensó. Luego de un largo silencio, Angani volvió a preguntar.
-Mamá, ¿alguien estuvo a punto de matarte?- dijo mientras unas pequeñas lágrimas habían comenzado a rodar por sus peludas mejillas.
-No mi vida,- Alimshinda se apresuró a decir –solo es un rasmillón que me hice mientras cazaba, eso es lo que es.- Dijo dándole una tranquila sonrisa para que su cachorro no siguiese pensando en tal horrible visión.
Angani miró a su madre y le devolvió una pequeña sonrisa. Se acercó a ella y aceptó la limpieza que le había comenzado a hacer en su cara. Luego se apresuró a las tetillas para poder almorzar luego de dos días sin comer.
…
La noche había caído rápidamente ese día. No era tan fría como las otras, y los animales nocturnos aprovecharon la ocasión de buscar su alimento antes de que algún depredador los atacase.
Era una noche tranquila para África, pero unos ojos impedían a su dueño poder dormir en paz. El recuerdo del día anterior no dejaba de dar vueltas en su cabeza… Ese encuentro con la extraña leona, la hizo pensar demasiado en lo pequeño que era el mundo…
Alimshinda miraba hacia el exterior de la cueva, quería estirar sus patas y dar un paseo para poder olvidar ese tan inesperado encuentro, pero si salía su pequeña Angani despertaría y sería un problema hacerla dormir de nuevo por la hiperactividad de la cachorra a esas horas de la noche.
Entonces no dejó más remedio que ese encuentro volviese a su cabeza y reflexionar en las palabras de aquella leona…
-¿Cómo osas de invadir mis territorios? ¿Acaso eres unas de las leonas de Simba?- la leona de intimidante voz dijo casi como un rugido.
-¿Cómo es que conoces a Simba?- Alimshinda le preguntó estupefacta y a la vez horrorizada.
-Él y yo llevamos una rivalidad desde hace años, pero la pregunta es… ¿Cómo es que tú lo conoces?- preguntó la leona.
-Digamos que me topé con alguien muy cercano a él meses atrás, pero eso ya no importa…
-¿Mala experiencia?
-Parece que eres inteligente…
-Cambiaré mi oferta. Te devolveremos el antílope si… Te unes a nosotros para acabar con Simba…
Alimshinda vaciló unos momentos antes de responder.-Esta bien, acepto.
-Muy bien. Si nos necesitas, ven a los montículos de termitas y pregunta por mí…
-Zira…- susurró cuando una sonrisa maliciosa cruzó por su rostro. –Te ayudaré en acabar con el león que arruinó mi vida…
…
-Mami, ¿a dónde vamos?- Angani preguntó mientras iba en el lomo de su madre.
-Iremos a un lugar en dónde nunca más volveremos a estar solas…- Alimshinda dijo sin quitar su vista del camino. Ella sabía que el lugar a donde se dirigían no iba a ser el lugar perfecto para Angani, pero era mejor que nada…
La pequeña miraba con desconfianza a su madre, era la primera vez que ella actuaba diferente, era la primera vez que escuchaba un toque de misterio en su voz, y eso no era normal.
Llegaron hasta unos inmensos montículos de termitas. Alimshinda observó con atención el lugar antes de gritar.
-¡ZIRA! ¡HE LLEGADO!- gritó para que alguien la escuchara. Unos murmullos se escucharon dentro de una gran cueva y fue allí en dónde encontró a la delgada leona acercándose lentamente hacia ella junto con dos leones, un macho delgado y de una melena muy enmarañada, y una leona de ojos azules-violáceos y de un gran mechón de cabello en su cabeza.
Angani se estremeció al ver a los tres leones acercándose a ella y a su madre. Entonces saltó de la espalda de ella y se escondió entre medio de sus patas delanteras para sentirse más segura…
-Alimshinda estoy encantada de que hayas aceptado mi propuesta- Zira dijo con una sonrisa en su cara. –Quiero presentarte a mis hijos Nuka y Vitani. También tengo un tercer hijo que está cumpliendo con su misión de atraer a Simba para aniquilarlo…
Angani estaba comenzando a preocuparse en lo que su madre se estaba involucrando, ella podía tener casi tres meses de vida, pero no era tonta, la cachorra sabía el significado de la palabra aniquilar… -¿quiere decir que matará a ese tal señor Simba?- preguntó en voz baja temblando del horror.
Zira no se había percatado de la pequeña hasta ese momento. Miró con confusión a Alimshinda quien habló enseguida.
-Zira, ella es mi hija Angani. Ella tiene casi tres meses de edad.
-¿Y la trajiste contigo?- Zira preguntó con estupefacción y con voz ronca.
-Sí, espero que eso no sea problema…- ella dijo un poco incómoda.
-No. No te preocupes. No será problema- terminó de decir y lanzó una mirada asesina a la pequeña. –Esa mocosa es igual a él…
Hola amigos! soy yo, UznaraPaz, solo que decidí llamarme Shimmy Tsu, no pregunten porqué xD
Buaano, aquí les he traído un fic que es muy distinto a los otros fics que he escrito... este será de capítulos más largos, la trama no se desviará al lado cómico (o eso espero yo), y no cometeré el mismo error que hice con Dos vidas, una historia. Y sí, me refiero a estar subiendo capítulos TODOS los días... -.-, y además este fic se tratará 100%, o 98% en la trama del Rey León SIN humanos.
En fin, sólo espero que les guste este prólogo con el primer capítulo...
Reviews c:
Abrazos psicológicos :'D
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