
¿Qué ocurriría si fuera Katniss quien hubiera estado enamorada de Peeta desde el principio? ¿Quien le hubiera protegido desde los primeros juegos confesando su amor a las cámaras? ¿Qué hubiera pasado si Peeta fuera el cazador que se interna en el bosque con su mejor amiga? Historia original de Suzanne Collins.
Rated: Fiction T - Spanish - Romance/Adventure - Katniss E. & Peeta M. - Chapters: 2 - Words: 3,522 - Reviews: 25 - Favs: 18 - Follows: 21 - Updated: 11-06-12 - Published: 11-04-12 - id: 8672432
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Enemigo Mío
Disclaimer: Historia original y personajes de Suzanne Colins.
Sumario: ¿qué ocurriría si fuera Katniss quien hubiera estado enamorada de Peeta desde el principio? ¿Quién le hubiera protegido desde los primeros juegos confesando su amor a las cámaras? ¿Qué hubiera pasado si Peeta fuera el cazador que caza en el bosque con su mejor amiga? Vamos a invertir la historia.
Introducción
La guerra ha dejado transformado a Norteamérica en el país de Panem, dividido en doce distritos controlados por el tiránico poder del Capitolio. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito.
El Capitolio ya destruyó el décimo tercer distrito por su rebeldía, y como conmemoración de este hecho y para recordar al pueblo que debe ser sumiso, cada año, dos representantes de cada distrito, una chica y un chico, serán obligados a subsistir en un medio hostil y ser encerrados en un estadio al aire libre donde los veinticuatro lucharán a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente… Son los Juegos del Hambre, un horrible espectáculo televisivo.
El Joven Peeta Melark, de tan sólo dieciséis años, se arriesga cada día cruzando la valla electrificada que separa la Veta, la zona del Distrito 12 donde vive, del bosque, la promesa de comida. Allí caza con su mejor amiga Magde, para al regresar a casa tener algo con lo que alimentar a su madre, enferma de tristeza desde la trágica muerte de su padre en las minas, y a su hermano Saul, la única persona que realmente quiere.
Se acerca la fecha en la que se elegirán por sorteo a los dos tributos del Distrito 12. Cuantas más papeletas rellene con su nombre más comida y medicinas recibirá Peeta, pero más probabilidades tendrá de ser escogido para morir. El frágil equilibrio de la vida de Peeta se rompe cuando su hermano pequeño Saul es elegido para participar en los juegos, y él se presenta como voluntario.
Su compañera de distrito, la chica elegida, será Katniss Everdeen, la joven que le regaló dos hogazas de pan para sobrevivir, episodio que ninguno de los dos ha olvidado. Entre ellos se establecerá un vínculo que traspasará las fronteras de la amistad, incluso del amor.
En un mundo dónde los derechos humanos pasaron a ser un bonito cuento, Peeta deberá enfrentarse consigo mismo y con sus compañeros en los Juegos del Hambre, y se verá obligado a elegir.
PRIMERA PARTE: LOS TRIBUTOS
Capítulo 1
POV Peeta
Los primeros rayos de luz entran por la ventana, me oculto bajo las sábanas heladas, pero lo cierto es que será imposible que vuelva a dormir. Me incorporo y bajo al comedor de mi desvencijada y vieja casa. Mi madre duerme en el sillón con Saul en los brazos, su pelo rubio como el mío cae sobre su frente, se lo aparto con cuidado y deposito un beso en ella. Mi madre se estremece un poco, me tomo un tiempo en encenderles la chimenea y después me pongo la cazadora de mi padre y salgo al bosque, donde Magde me espera preparada para realizar sus trampas.
Me cuelo por la valla después de comprobar que sigue apagada, cojo el arco del árbol hueco donde siempre lo escondía, y un día más recuerdo los viajes con mi padre al corazón del bosque, y un día más le echo de menos.
Magde está colocando un cepo entre la maleza, me saluda con la cabeza. Magde tiene mi misma edad, su padre también murió en el mismo accidente que el mío, tiene tres bocas que alimentar, de sus tres hermanas pequeñas. Al contrario que yo, que tengo los rasgos propios de los comerciantes, ella tiene los rasgos de la veta, es morena, tiene los ojos negros, y el pelo laceo. Se mueve con agilidad, entre los árboles, contrariamente a mí, que siempre he sido algo torpe. Gracias a ella se cazar, no es que sea de las tareas que más me gustan, pero al menos tengo algo con que alimentar a mi familia.
Cuando llevamos una hora caminando con sigilo, divisamos un gran ciervo, le apunto con mi arco, Magde corrige un poco la posición de mis brazos, y entonces yo disparo, con la misma aprensión de siempre. Mi flecha cruza de sien a sien la cabeza del animal y el cuerpo cae pesadamente.
-¡Con esto ya podríamos dejarlo por hoy!- exclama Magde satisfecha, y me da un beso en la mejilla.
De regreso, comprobamos su cepo, donde ha caído un conejo. Y la red, donde hay varias ardillas. Nos felicitamos mutuamente, y nos sentamos a descansar en el césped. Magde saca de su mochila dos panes, me da uno, lo acerco a mi nariz y aspiro su aroma, ha debido ir por la panadería temprano.
-Se los cambié al viejo por solo una ardilla, debe estar sentimental hoy porque me ha deseado buena suerte incluso- miro a Magde, que es una de las personas con más papeletas en la urna, y siento verdadero miedo de que salga elegida.
-Bueno, es normal que todos estemos un poco más sensibles hoy- le digo, porque hoy es día de cosecha, y serán elegidos los dos tributos destinados a Los Juegos. Mastico el pan, tan delicioso, y no puedo evitar recordar a la chica de la panadería, siempre ocurre. Recuerdo con nitidez el día que mendigué frente al establecimiento. La lluvia fría me calaba hasta los huesos, estaba famélico, aun no tenía la más remota idea de cómo se cazaba, y no sabía qué hacer para tener algo que llevar a mi boca y a la de mi familia. Ella me miró fijamente, y quemó adrede dos panes para regalármelos, salvándome con ello la vida. Su padre descargó su ira contra ella de un manotazo, y yo salí corriendo del lugar. Nunca he podido olvidar sus ojos grises tras esa cortina de agua, su mirada bondadosa, su acto de solidaridad. Me hizo pensar que todavía quedaba gente buena en el mundo.
Nos dirigimos al Quemador, el mercado negro del Distrito 12, donde podemos hacer negocio con nuestras piezas. Los Agentes de la paz hacen la vista gorda a estos trapicheos, de hecho, son nuestros mejores clientes, porque están tan necesitados de carne fresca como cualquiera de nosotros. Prácticamente todo mi dinero sale de allí.
En casa están mi madre y mi hermano, ambos visten con la ropa de la Cosecha. Mi madre ha preparado la mía, y una bañera de agua caliente. Tras bañarme me pongo el pantalón y la camisa blanca, ella me sienta en una silla y me peina el pelo hacia atrás, me pone colonia y me besa la mejilla. No puedo odiar a esta mujer aunque quiera, porque es mi madre, y porque cuando mi padre vivía era feliz y luchadora, ahora hace lo que puede. En el fondo, siento cierta tristeza por la forma en que se olvidó de nosotros y nos dejó morir, me hace pensar que solo le importaba la vida cuando mi padre vivía, como si nosotros, frutos de su unión, no fuéramos nada más que algo accesorio.
Me fijo en que Saul tiene la camisa medio fuera del pantalón y se la coloco correctamente, haciéndole cosquillas. Él me abraza, tiene miedo de que mi nombre salga en la cosecha, porque he pedido todas las teselas sin dejarle a él meter ni una sola vez más de lo necesario su nombre en el sorteo.
Caminamos con pesar hacia la plaza, intento insuflar confianza a mi hermano, pero lo cierto es que estoy aterrado.
La plaza está atestada de gente. Van fichando a los participantes y estos se colocan obedientes en los grupos de su edad. En mi caso, estoy rodeado de chicas y chicos de dieciséis años, de la Veta, algunos de ellos van incluso a mí misma clase. Tengo bastantes amistades en el colegio, así que pronto me saludan la mayoría de los que me rodean, sin embargo, no estamos con ánimo para conversaciones dicharacheras. La única que no se dirige a mí, que nunca lo hace, es precisamente Katniss Everdeen, la chica del pan, capaz de salvarme la vida pero no de sostenerme la mirada. Nuestros ojos coinciden por un momento, sus ojos grises y grandes me eclipsan, su pelo negro como la noche enmarca su rostro aceitunado, es como si una sombra me nublara la vista, y entonces la imagen de un diente de león deshaciéndose en el aire pone punto y final a nuestro efímero contacto visual.
El Edificio de Justicia se encuentra a un extremo de la plaza, allí hay tres sillas, un podio y dos grandes urnas redondas de cristal, una para los chicos y otra para las chicas. Una de las sillas la ocupa el alcalde White y la otra Effie Trinket, la acompañante del Distrito 12, que viste con un vestido de color estridente, una peluca blanca peinada en abultados bucles y lleva el rostro maquillado con tonos primaverales, a pesar de su vestimenta infantil resulta siniestra.
Justo cuando el reloj da las dos el alcalde sube al podio y lanza su discurso. En el que nos recuerda el motivo por el que se celebran Los Juegos.
-Es el momento de arrepentirse y también de dar las gracias- recita el alcalde para finalizar. Después lee la pobre lista de ganadores de Los Juegos en nuestro distrito, solo dos, uno de ellos es Haymitch Abernathy, que entra renqueando, es un hombre de mediana edad que pasa el día borracho, se sienta a trompicones en la tercera silla. Tiene el pelo rubio y laceo y la nariz aplastada.
Localizo a Magde entre la multitud, parece angustiada, me gustaría decirla que no se preocupe, pero por todo comentario la miro con comprensión. Y vuelvo mis ojos de nuevo al podio, donde Effie Trinket inicia como de costumbre el ritual:
-¡Felices Juegos del Hambre! ¡Y que la suerte esté siempre, siempre de vuestra parte!
Llega el momento del sorteo, Effie dice lo de siempre: "¡las damas primero!" y se acerca a la urna de cristal con los nombres de las chicas. Mete la mano hasta el fondo y saca un trozo de papel, la multitud contiene el aliento. Effie Trinket vuelve al podio, alisa el trozo de papel y lee el nombre:
-Katniss Everdeen- el corazón se me encoge en el pecho de una forma dolorosa ¿tendré que ver este año como la chica que me salvo la vida muere de hambre, sed, frío, degollada o mutilada?
Effie se acerca a la urna de los chicos, coge una papeleta con regocijo y nuevamente la alisa y la lee.
Cierro los ojos, siento nauseas, el corazón me va a una velocidad de infarto. "Por favor que no sea yo" repito mil veces en mi mente. Y efectivamente, no soy yo.
Es Saul Melark.
N/A: pues aquí tenéis un experimento, no tengo mucho que decir, a quien le guste leerá y quien no, no llegará ni a estas palabras. Como siempre, estaré encantada de saber que os ha parecido. Tengo varios capítulos escritos, como ocurre con mi otra historia, así que para mí actualizar no es problema. Un abrazo.
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