
Ubicado después de que el doctor pierda a Donna, pero antes del fin del tiempo. Una chica entra en la vida del doctor de sopetón, como si el universo lamentase la pérdida de Donna Noble. Esa chica se llama Renée, y es bastante buena metiéndose en problemas. Muy buena.
Rated: Fiction K - Spanish - Sci-Fi - 10th Doctor - Chapters: 15 - Words: 26,886 - Reviews: 31 - Favs: 3 - Follows: 4 - Updated: 04-29-13 - Published: 01-02-13 - id: 8866764
|
|
A+ A- |
Día 16 de Marzo de 1945, La Tierra, Roma, La TARDIS.
Ya hemos llegado, siempre deseé viajar a Roma. Y el doctor me lo prometió como regalo de cumpleaños hace un mes.
Pero como luego hemos tenido ese pequeño problema de los carburadores, nos hemos tenido que pasar unas semanas en un planeta llamado Zeraronex.
Simplemente asqueroso. Los seres de ese planeta viven en el barro. Y luego ese contratiempo de que ellos están hechos de mocos y no se pueden duchar porque se derriten. Por dios, ni siquiera tienen agua corriente. Supongo que para ellos es normal, no la necesitan. A mí me ha faltado tiempo para atrincherarme en la TARDIS. Allí por lo menos hay bañera.
Aunque no es cierto que haya estado encerrada todo el tiempo. He ido a las marismas, a los septentriones, e incluso he ido a visitar a los cónclaves (eso último sólo lo he hecho porque me lo pidió el doctor poniendo cara de cachorrito, y no hay dios que le niegue algo cuando lo hace), que son unos zeranors de lo más viejo. Y no hay manera de distinguirlos entre ellos.
Pero por fin arreglamos los carburadores (y digo arreglamos, pero es un eufemismo; en realidad él trabaja y yo le doy conversación), y ahora estamos en Roma, en 1945, el día antes de mi cumpleaños, ¡y recién duchados!
Porque por muy alienígena que sea el doctor; si se pasa 3 semanas sin ducharse, huele que apesta, como todo el mundo. Y no es que en la TARDIS escaseara el agua, ¡qué va! Es que decía que hay que mezclarse con el entorno, camuflarse. Y estoy de acuerdo con él. De hecho, todavía tengo en el armario el disfraz de helecho gigante que me regaló por navidad (yo a él le regalé una tetera floreada y aún sigue flipando). Pero como humana que soy tengo necesidades básicas, y entre ellas se incluye la ducha.
Volviendo al tema inicial, mañana pasearemos por Roma. El doctor dice que tengo que ir a dormir, lo cual me parece absurdo, dado que son las 6 de la tarde, no soy una niña y casi es mi cumpleaños. Pero por mucho que he rogado y suplicado me ha ignorado. Pffft.
Al final he asentido como una niña buena y le he dicho que me iba a mi habitación. Aunque en realidad me quedado en el pasillo. Cuando he estado segura de que no había mas ruidos arriba y creía que el doctor se había quedado dormido en su silla (le pasa a menudo), he subido para intentar escaparme y he descubierto que no estaba.
No le he dado importancia. Habrá salido a comprar cereales, me he dicho a mi misma, mejor, no hay posibilidad de que me impida ir a dar un paseo.
He intentado salir, pero la puerta estaba cerrada a cal y canto. Aaaajjjj. Me pregunto porqué no habré aprendido a forzar cerraduras cuando tuve ocasión. Y me pregunto porqué no me querrá dejar salir.
Cuando después de pegarle una buena patada a la puerta (es broma, yo no hago esas cosas), me he vuelto hacia la cabina de mando (me gusta sentarme en su silla cuando él no está, me lo tiene prohibido), he encontrado encima de los botones una carta sin sellar, para mí.
Decía:
Renée:
Como habrás podido comprobar al encontrar cerrada la puerta por fuera, no quiero que salgas. Sabía que no ibas a hacerme caso por mucho que te insistiese. Tranquila, sólo he ido a comprar cereales, se nos han acabado. Vete a dormir que mañana vas a tener que usar todas tus fuerzas. Ni se te ocurra esperarme despierta. Y esta vez va en serio. No toques ningún botón.
PD: Dulces sueños.
Pfffffttt.
Cómo me conoce, me ha pillado con las manos en la masa. ¡Se lo tenía todo preparado!
La verdad es que no hay quien se trague lo de que le iba a hacer caso desde el principio y me iba a ir a dormir sin rechistar sólo por que él me lo dijera. Por lo menos no sabe que me siento en su silla cuando él no está. Habría sido vergonzoso.
La verdad es que iba a esperarle despierta, y dicho sea de paso, a tocar todos los botones; pero la TARDIS vacía resulta un poco deprimente, así que me he limitado a escribir en el reverso de la carta:
No es por sospechar de ti, pero tenemos la cocina inundada de cereales Chompi desde que traje unos por casualidad, te los comiste todos y compraste ocho cajas más porque te entró el mono.
No has ido a comprar cereales.
Oficialmente sospecho de ti, doctor.
Renée
PD: Aprenderé a forzar cerraduras muy pronto.
Y me he ido a mi habitación. Pero no me he dormido, como es obvio. Alguna orden había que incumplir. Me he quedado escribiendo este diario.
Espero poder continuarlo en los próximos días. Y cuando me vaya algún día de la TARDIS, se lo dejaré encima de los mandos. Envuelto en un lazo rosa pastel. Con corazoncitos dibujados y una posdata en la que diga Te quiero, en letras bien grandes. Qué romántico. Yo vomito.
En fin, espero que mañana sea un día especial; al fin y al cabo hoy no he podido salir.
Dulces sueños, Doctor.
Día 17 de Marzo de 1745, La Tierra, Roma, La TARDIS.
Hoy ha sido un día increíble. Hemos visitado Roma y ha sido de lo más divertido. La Fontana de Trevi, una torre muy alta cuyo nombre se me olvidó según lo pronunció el guía y unas pocas cosas más.
Supongo que los cumpleaños con el doctor nunca son aburridas reuniones de familia en las que todo el mundo come unos pasteles asquerosos y sonríe de manera plastificada. Pero él no conoce esas cosas, no ha tenido familia desde hace mucho tiempo.
Supongo que en ese sentido somos muy parecidos, yo tampoco la tengo propiamente, a menos que cuente la abuela loca de la que aún dispongo.
La abuela Winnie está más loca que una cabra, y espero que cuando el doctor me deje de nuevo en casa ella ya se haya muerto. No quiero que nadie piense que yo tenía con ella la típica relación de cariño y amistad familiar. Es una mala persona. Mis padres murieron cuando yo tenía 7 años y me mandaron a vivir con ella.
Era horrible.
Solía enviarme a robar a la calle o a conseguir comida desde muy pequeña, mientras ella se quedaba en casa atiborrándose de lo que sea que le hubiese llevado el día anterior. Si algún día no conseguía llevar nada a casa, me encerraba en el sótano sin comida hasta el día siguiente. Y los días que sí la llevaba se la comía casi toda ella y a mí no me daba nada más que un pellizquito, con lo cual estaba en los huesos. Aún así iba al colegio.
La parte buena de toda esta desgracia es que aprendí el arte de robar, correr y esconderse rápido en unos pocos meses. Al principio me pillaban con facilidad, pero al cabo de unas cuantas palizas callejeras y caseras (por no llevar nada a casa), aprendí.
Sabía de todo menos forzar cerraduras, pero supongo que nos pocos meses más con la abuela y hubiese aprendido rápido.
El Doctor me rescató de todo eso. Al contrario de lo que se pueda pensar, yo le encontré a él; fue extraño.
Contaré cómo sucedió:
|
||||||