
No es como si creyera que absolutamente todos los dioses estuvieran en su contra, pero no creía que aquello le pudiera pasar a cualquiera. Sabía que cometió uno que otro "pecado", sin embargo, no esperaba que ellos se desquitaran de aquella manera... U.A ... SasuOc / NaruSaku / NejiHina / etc.
Rated: Fiction T - Spanish - Adventure/Romance - Sasuke U. - Chapters: 2 - Words: 3,577 - Reviews: 3 - Updated: 03-30-13 - Published: 02-09-13 - id: 8995305
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DISCLAIMER: Los personajes de Naruto no son de mi propiedad, son del grandísimo e inigualable Masashi Kishimoto, si fueran de mi propiedad haría un harem entre todos los personajes xD
N.A: Am, bueno, HOLAAA! Esto es un SasuxOc, después del primer cap aparece el mundo de Naruto, espero les guste y dejen review con sus opiniones (de verdad me servirían de mucho)
Lamento no haber puesto nada en éste primer cap., soy tímida qué más da. Y diré algo así rápido, no soy buena dejando estas notitas de autora, así que… ¿Por qué mejor no empezamos?¡Nos estamos leyendo!
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Capítulo1: Una nueva oportunidad
El calor era insoportable, el sol le pegaba en la piel hasta que segundos después sentía como ardía bajo él. Erika no tenía ánimos de siquiera levantarse de la cama, de no ser por los gritos insistentes de su madre diciendo que se apurara en salir de su preciada cama, se hubiera quedado ahí en lo que el sueño y cansancio se iban por completo. La espalda baja le dolía horrores, su colchón no era del todo suave, estaba completamente usado y los resortes se le incrustaban en cada parte del cuerpo.
Se levantó con parsimonia y salió de la habitación bajando por la escalera en caracol, una vez estuvo en la planta principal, entró al baño notando como su hermano ya estaba cambiado y desayunado. Se lavó la cara, los dientes y se cepilló su larga cabellera castaña con toda la tranquilidad. Una vez acabado salió del baño encontrándose con su desayuno servido y con su hermana recién bajando por los escalones de madera.
- Bueno días – dijo Erika sonriendo divertida, amaba molestar a su hermana mayor. Consiguió el efecto deseado, su hermana Isabel la miró enojada y la empujó al pasar por su lado entrando al baño-.
Se giró hacia la mesa y se sentó a degustar otro de los tantos té que su madre compraba para probar, para su suerte, era sólo un té común. Como aquel día aburrido y caluroso de verano. Su hermano pasó por su lado entrando a su respectiva habitación, saliendo segundo después un poco más arreglado.
- Mamá, voy a casa de Mati, vuelvo para la cena – dijo tomando sus llaves y saliendo por la puerta, sin esperar alguna respuesta por parte de su madre.
Erika se sorprendía día a día con la nueva actitud de su hermano, se había vuelto tan reacio y antipático con la familia. A penas y asistía los domingos a la cena familiar en casa de sus abuelos, entonces una respuesta rápida y sencilla siempre venía a ella, "adolescencia". Y así era, su hermano ya no era el niño pequeño con el que solía jugar y molestar, ya no se gastaban bromas entre ellos, ya no había una comunicación constante sobre algún tema en particular. Era un hombrecito de quince años.
- Deberías apurarte, Morena llamó diciendo que fueras a su casa a penas estuvieras desocupada – le comunicó Luisa, su madre-.
- Gracias, iré después de cambiarme – contestó ella, al tiempo de escuchar como al fin Isabel salía del cuarto de baño-.
Isabel la miró como si quisiera golpearla en el proceso en que Erika se levantaba de la mesa, siempre era lo mismo, siempre eran las mismas miradas de odio y desdén por parte de ella. Y Luisa ahí parada, expectante, esperando el más mínimo gesto para poder interponerse.
- No vendré hasta mañana, así que no me esperen para la cena ni el desayuno de mañana, ¿Está bien, mamá? – Preguntó Erika, recibiendo un asentimiento y una sonrisa por parte de su madre-.
Subió y se cambió, algo casual. Un short negro y una blusa azul marino, unas sandalias azul oscuro combinadas con un bolso plateado, cortesía de su madre. Su cuerpo no era la gran cosa como el de Isabel, pero se sentía cómoda con ello.
Guardó en su bolso otro short negro, un cinturón de tachas, otra blusa azul marino con unos dibujos eléctricos y una musculosa de tirantes celeste pálido. Tomó sus llaves de la mesa de luz y bajó otra, siguiendo de largo por la cocina, cruzando el pequeño living y saliendo por la puerta principal.
Caminó sobre la odiosas piedras pequeñas, maldiciendo un poco por lo bajo al sentir como las más pequeñas se colaban en sus sandalias y le estorbaban debajo de los pies. Llegó a la calle y giró en la esquina, caminando poco más de media cuadra hasta llegar a las particulares rejas violetas de la casa de Morena. Su amiga la esperaba sentada en el columpio que colgaba de árbol de su jardín, con el entrecejo arrugado y luciendo un poco molesta.
- Vámonos Morena, o se nos irá el colectivo – dijo Erika sacando a su amiga de vaya a saber de qué nueva ensoñación-.
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Morena se encontraban horriblemente callada e intranquila, algo que turbaba demasiado a Erika. Su amiga no era tan callada, tal vez había peleado con su madre de nuevo o tal vez discutido con su novio.
Estaban sentadas en los últimos asientos del colectivo, y desde que la había ido a buscar no había pronunciado más que simples monosílabos. Miraba la nada misma, demasiado distraída como para darse cuenta de que Erika había pagado el boleto para ambas, demasiado concentrada mirando una extraña piedra plateada.
- Morena, tu silencio mi desespera. Si tienes algo que decir, dilo – sentenció
Morena no contestó hasta que media hora después, habiendo bajado del colectivo, se encontraron sentadas en una plaza que poca gente concurría y que ellas conocían tan bien.
Esperó paciente, hasta que después de escuchar un largo suspiro, su amiga decidió hablar por fin.
- Me llegó por correo hoy, en realidad, me llegó a mí pero… - dudó un momento, hasta que continuó – ...dice que te la debía entregar, que era de suma importancia que solo nosotras supiéramos sobre esto
- No entiendo de que va el tema
- La piedra, Eri, la piedra – contestó Morena en el momento en que se la entregaba a ella – No sé porque, pero siento que nada bueno va a pasar si te la quedas
- No seas fatalista, More. Es sólo una inútil piedra plateada, extraña sí, pero solo una piedra en fin – dijo tajante
Por alguna razón su cuerpo se tensó después de decir aquello, ignoró por completo el acto imaginando que fue por alguna pequeña brisa. Morena seguía insistiendo en que me deshiciera de la piedra, mientras que Erika le repetía por décima vez que nada pasaría.
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Habían pasado alrededor de tres días desde la charla con su amiga en la plaza, Morena no dejaba de mandarle mensajes queriendo convencerla de que tirara la piedra en algún terreno baldío.
Giró el rostro hasta la mesita de noche donde su reloj le indicaba las seis de la mañana, el calor la ahogó tanto que no pudo pegar un ojo en toda la noche. Levantó de nueva cuenta la piedra en el aire, la sostuvo frente a ella mirándola detenidamente. Sintió como su mente divagaba en el interior de aquel fragmento plateado, imaginando cosas que en realidad no sucedían. Cerró su mano alrededor de la piedra y cerró los ojos, deseando no estar en ese mundo, en ese país, en esa casa, en aquella misma habitación. Alejarse del dolor que sentía al saber sobre las aventuras de su padre a cuestas de su madre, del dolor que sentía al saber que todo mundo sabía y nadie hacía nada al respecto. De la decepción que sentía de sí misma al saber que su hermano, Demian, sabías sobre las idioteces que cometía su propio padre. La decepción, el dolor, la ausencia de sus padres y en como poco a poco su familia se desmoronaba. Ninguno confiaba lo suficiente en el otro como para hablar, ninguno tenía las suficientes pruebas sobre las acciones que tomaban los otros.
Poco a poco mientras caía dormida, pensaba en lo bueno que sería el tener una vida con un poco de acción y entretenimiento, el sentir la adrenalina fluir por sus venas. Como cuando hacía patinaje, telas y gimnasia artística; y poder olvidarse de todo.
Cayó dormida pensando en lo divertido que sería abandonar ese mundo por el resto de su vida, hundirse en una aventura que le calara hasta en los huesos.
Soñó con un portal, con una voz incitándola a cruzarlo, a vivir en un mundo donde podría vivir como quisiera. Un mundo que la distrajera tanto que ni siquiera se acordaría de su familia o amigos. Y ella, ensimismada y creyendo que era un simple sueño, acepto. Adentrándose en el extraño portal e ignorando aquello voz irreconocible para ella.
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