
Harry Potter and the Deathly Hallows es decepcionante.
Remus Lupin y Sirius Black deberían ser siempre niños de once años que se conocen en un vagón de tren, adolescentes que no pueden resistirse a acorralarse en cualquier rincón y hacerlo como perros, adultos que luchan por salvar el mundo uno junto al otro, aún desconfiando de ellos mismos.
Matthew Bellamy es Dios.
Irati es mágica.
Severus Snape tiene un 'algo'.
Cuando pueda volver a escribir -porque el crack de irati anestesió mis sentidos- veré todo de colores. Hasta entonces estoy en gris.
Y por favor, ignorad todo lo que he escrito hasta ahora.