EL PRESIDENTE DE PANEM

Fanfiction basado en los Juegos del Hambre de Suzanne Collins, todos los derechos son de su autora original. Beteado por Juliper

Prólogo

El periodista sostiene entre sus dedos un dispositivo de color plateado, ultrafino, en cuya pantalla se despliega el texto para la entrevista que está a punto de realizar. Flotando sobre aquel artefacto, las imágenes de un chico joven, de cabello rubio ceniza, ojos grises, y estatura media, se mueven, proyectadas desde una pequeña lente del aparato electrónico.

—¡Qué cacharro!—Exclama Beetee Wright, situándose junto al apuesto periodista.

—¿Te gusta?—Inquiere el joven, tocando la pantalla para recorrer el texto—. Si te soy sincero me incomoda la inserción de hologramas—. Beetee observa el aparato electrónico haciendo cavilas sobre el material en el que se ha realizado, parece una aleación poderosa y ultraligera, pero el color irisado le confunde, por un momento se pregunta si se habrá quedado obsoleto, hasta que cae en la cuenta.

—Es aleación de trinato, ¿verdad?—El periodista se queda estupefacto, sus ojos verde marino, se clavan en los oscuros iris del mejor técnico electrónico de Panem, dedicado habitualmente a dirigir y supervisar las telecomunicaciones en el Nuevo Núcleo.

—Me hablas en otro idioma Beetee, no tengo ni la más remota idea —Comenta el joven, esbozando una deslumbrante sonrisa; por un momento Beetee se queda profundamente absorto, aquel hombre es la viva imagen de su padre; Beetee todavía puede recordar a aquel chico con el que compartió batalla en la arena, en la última edición de Los Juegos, y por supuesto, le recordaba en el Distrito Trece, con su maltrecha compañera sentimental: Annie Cresta, la madre del muchacho que tiene enfrente. Para el joven periodista no le es extraño que alguien se quede un tanto bloqueado en su presencia, de hecho, puede adivinar que por la mente de Beetee naufraga el recuerdo del tributo caído en batalla, su padre, de quien toma el nombre: Finnick Odair.

—Claro, claro…—Murmura Beetee— Me apasiona demasiado mi trabajo, ¿verdad? — Añade.

—¿Hay una forma mejor de vivir que amando lo que haces? —Cuestiona Odair, paladeando las palabras, y acto seguido hace un movimiento con los dedos que apaga el aparato.

—¿Todo listo? — Inquiere Cressida, desde el plató.

—Por mi parte, sí —Contesta Odair. Cressida le revisa de arriba abajo.

—Yo no diría lo mismo, chico —Comenta, lanzado al joven Odair una mirada crítica. Entonces le alcanza y llama con un gesto al equipo estético—. Sin duda, estarías impresionante de cualquier manera, pero permítenos que no nos conformemos con enmudecer al público—. El equipo de imagen de Finnick Odair Junior le alcanza, la nueva moda es la piel absolutamente blanca y perlada, así que el equipo tiene la apariencia de estar hecho de marfil.

Retocan a Finnick el absolutamente innecesario maquillaje, mientras charlan entre ellos del personaje que será entrevistado en breve, en un programa retransmitido en todo Panem y no sólo eso, también en el joven país llamado Nueva Europa. Uno de los asistentes de imagen saca de su bolso púrpura un artefacto luminoso con el que replancha el cuello de la bonita camisa beige de Finnick Odair, mientras otro de ellos le baja un poco el pantalón por la parte trasera, y con la excusa de alisarlo pasa su mano por encima de los bolsillos traseros de la prenda, mientras su compañera suelta una risita jocosa.

—Sin abusar, sin abusar.—Canta Cressida—. Muy bien, ahora ropa y maquillaje están a la altura.

Finnick ya está más que acostumbrado a la forma en que las gentes del Nuevo Núcleo (lo que antes era llamado Capitolio) le agasajan, al fin y al cabo vuelve a ser la cuna de la moda, la belleza y cierto nivel de excesos.

—Podrías convencer a tu querido cuñado de que se dejara tocar —Dice Cressida—, nos está costando un mundo prepararle para escena.

—Es imposible convencerle de algo a lo que no le vea utilidad —Asegura el periodista, encogiéndose de hombros. Cressida pone gesto de fastidio, y sale como una exhalación al plató dónde pequeños dispositivos dirigidos por control remoto flotan disimuladamente en el aire. Cuando vuelve a entrar, resopla y añade: —En fin, vamos a por él, puedes ir saliendo y sentándote en el sillón de la izquierda.

Finnick Odair toma asiento entre el clamor del público, y los suspiros de mujeres, (y algunos hombres). Entre el gentío que ocupa las butacas, se encuentran algunos compañeros de oficio. Lila Trinket, presentadora del programa "Las preguntas de Panem" está lista para la retransmisión, ataviada con un bonito vestido de color perla (el color de temporada aquella primavera) y un maquillaje oscuro, de grandes contrastes que le da cierto aire espectral, se apoya de forma intermitente en los talones y en las puntas de los pies. Cuando el estudiante de Ciencias Políticas (y aspirante a presidente de Panem) Dandelion Mellark tome asiento en el sillón frente a Finnick Odair, dará comienzo el programa, solo queda un minuto, "¿Dónde está ese chico?" se pregunta Lila, inquieta, es su primer programa de la temporada con alguien que estáa causando verdadero furor en el país, y la hermana pequeña de Effie Trinket no desea otra cosa que salga todo bien, su contrato por otro año más en televisión depende de ello.

El reloj acaba de marcar las cinco de la tarde, hora en que debe dar comienzo el programa, Dandelion Mellark cruza con aspecto indiferente la cortina que da al plató televisivo, y toma asiento delante de Finnick Odair, al cual saluda brevemente con la mano, y Odair devuelve el saludo en forma de afectuosa sonrisa.

—¡Salimos a escena en tres, dos, uno...! — Al tiempo que Cressida pronuncia "cero" hace una señal a cámara. Los focos iluminan a Lila Trinket, que luce una sonrisa espléndida que a todo Panem, y parte de Nueva Europa, recuerda irremediablemente a su hermana mayor.

—¡Bienvenidos una tarde más a "Las preguntas de Panem"! — Exclama Lila, efusivamente—. Hoy tenemos el placer de tener con nosotros a dos personas de vital importancia para la vida de nuestro país —Comenta Lila, al tiempo que teme que se le corte el labio si debe mantener más tiempo aquella sonrisa satánica—. Una vez más nos acompaña el magnífico periodista de la Cadena Nacional de Panem: Finnick Odair Junior, esta vez para entrevistar… — realiza un silencio teatral, tal y como marca su guión, mientras se gira para mirar al chico de cabello rubio ceniza, y aspecto sereno, que no la devuelve la mirada— …a nuestro ambicioso, y jovencísimo futuro líder de Panem, el hijo de los amantes afortunados, el menor de los Mellark-Everdeen, el fruto de la pareja que cambió nuestro mundo…— A medida que Trinket canta rimbombantes calificaciones para el hijo de Katniss Everdeen y Peeta Mellark, los espectadores están más inquietos y exaltados, y tal como se desea, la audiencia prorrumpe en exclamaciones cuando Lila exclama:— …¡Dandelion Mellark! —Todos aplauden como locos, gran parte de ellos levantándose de su silla; ver en el escenario al apuesto Finnick Odair lleva sus emociones al extremo, pero sumarle a eso el hijo del Sinsajo es demasiado para sus corazones.

Mellark hace un gesto disimulado al público y pronuncia un inaudible "gracias", por supuesto, el público se derrite con lo que ellos interpretan como una dulce timidez por parte del joven Mellark. Los más mayores quedan absortos por el parecido de aquel chico con Peeta, adornado con la implacable mirada gris de su madre, Katniss; es sin duda una combinación febril para los veteranos de Panem, no obstante, para los más jóvenes, tiene tanto o más encanto que Peeta Mellark, al fin y al cabo Dandelion pertenece a su generación y pueden identificarse con él. El desproporcionado entusiasmo del público deja constancia de que el Nuevo Núcle sigue conservando el ansia de los capitolinos por enamorarse a toda costa de personajes famosos y carismáticos; Dandelion Mellark es muy consciente de que la extrema emoción de los habitantes de la capital de Panem no era suficiente, dónde tenía que trabajarse la simpatía de la población era, sin duda, en los Distritos, y con esa idea en mente mira fijamente al marido de su hermana, intentando transmitirle, de alguna manera, lo importante que es aquella entrevista para su carrera.

—El programa de hoy recogerá, como siempre, vuestras preguntas —Informa Lila—. En esta ocasión, dada la importancia de nuestro invitado, esperamos que os parezca correcto que nuestro experto en Historia y Ciencias Políticas Finnick Odair, realice algunas preguntas particulares al respecto de las ambiciones de nuestro conciudadano, y proyecto de héroe: Dandelion Mellark— Lila vuelve su mirada al público y no se hace esperar la pregunta que siempre formula tras la presentación de los invitados—: ¿Queréis que empecemos ya? —Los capitolinos responden afirmativamente casi a la par, y entonces Lila Trinket da paso a la publicidad, informándoles de que "en cinco breves minutos" estarán listos.

Un amplio espacio separa el escenario de las butacas, y varios agentes de seguridad rodean el escenario para evitar que algún fanático pueda saltar al plató, sin embargo, los espectadores no se mueven de sus asientos, se limitan a recibir golosinas del equipo del programa y observar a Finnick Odair y Dandelion Mellark.

Los jóvenes no han podido verse antes de entrar a plató debido al ajetreo y a que ambos llegaron en el último momento. Finnick porque había llegado directo del aeropuerto, Dandelion por su parte había tenido un examen a última hora en la Universidad, los dos tenían vidas un tanto ajetreadas. Así es que en ese momento, frente a frente, cuando Finnick se levantó para abrazar a aquel chico que era como un hermano pequeño para él, Dandelion hizo el mismo movimiento, pocas personas podían hacerle sentir cómodo en el contacto físico, una de ellas era Finnick, Finny para él, pues por muchos años que pasaran, ellos siempre serían amigos, hermanos, en definitiva, parte de la misma gran familia, aunque no les unieran lazos de sangre. El público les contemplaba con afecto, si había algo que les distinguía del público frío y materialista del antiguo Capitolio, era su humanidad, en realidad, no eran necesarias distracciones, ni excesos en seguridad, realmente la mayoría de los ciudadanos, sentía verdadero cariño por los hijos y familiares de los rebeldes, y de los tributos, y muchos de ellos se avergonzaban por haber vitoreado la matanza, aunque, por supuesto, no todos.

Como cabía esperar Cressida les regañó porque al abrazarse se habían despeinado y movido la ropa, así que el equipo tuvo que retocarles, alterando especialmente a Dandelion. Cuando se marcharon apenas restaron un par de minutos para la vuelta de publicidad.

—¿Cómo estás? — Pregunta Finnick Odair, tras mirar su reloj de pulsera.

—Bien, todo lo bien que es posible teniendo en cuenta que no me gusta la capital—Confiesa con sinceridad Dandelion.

—Te echamos de menos, Dandy —Se apresura a decir Finnick, Dandelion le sostiene la mirada sin saber qué contestar, ¿qué puede decir él? Le gustaría estar en su Distrito, en la aldea, en el silencio y la paz del campo, pero la vida que ha elegido le separa de su familia, y del lugar que le vio nacer, y si todo salía bien, sería mucho lo que le retendría en la capital de Panem.

—Y yo a vosotros —Musita, al fin, para cuando Cressida anuncia la entrada a escena, y Lila vuelve a situar a los espectadores en el tiempo, en el espacio, y en el "espléndido" acontecimiento con el "bellísimo y admirado" hijo de los antaño rebeldes del Distrito doce.

Las cámaras enfocan entonces al joven periodista y a su entrevistado: el aspirante a presidente de Panem. Ambos se inclinaron hacia delante para estrecharse la mano, todos sabían que eran familia política, aunque guardaran la cordialidad y la formalidad en el escenario. En sus casas, los conocidos y familiares de ambos los veían en su proyector. Alisma Mellark se encuentra sentada en el salón de la casa de los Odair, ahora también su hogar, en el Distrito cuatro, junto a ella está Annie Cresta, que por momentos se deja llevar por la fantasía de ver a su difunto esposo en pantalla, aunque sabe que ese joven, que ha heredado la dulzura de la mirada precisamente de ella, es en realidad su hijo. Por su parte, Katniss Everdeen observa a su hijo Dandelion Mellark con una expresión a caballo entre el disgusto y la preocupación, Peeta Mellark está repantigado en el sillón y la invita a sentarse:

—Katniss, ¿de qué te sirve estar ahí de pie? Vamos, míralos, sus caras son un poema.—Ríe Peeta, Katniss se acerca a él a regañadientes y él la abraza entre sus piernas y sus brazos, obligándola a tomar asiento allí, flanqueada por él; deposita un sonoro beso en la mejilla de Katniss.

—No le veo la gracia. Creía que había educado a mis hijos para que huyeran de los focos.—Se queja Katniss.

—Cariño mío —Dice Peeta— no se puede programar a los hijos, y menos si han heredado tu cabezonería —Sentencia Peeta. Katniss hace un vago intento de escapar de sus brazos, pero él la aprieta entre ellos— de eso nada, vas a tener que aguantar la tortura aquí, conmigo.

—Como siempre….— Murmura Katniss fingiendo enfado mientras retiene una sonrisa.

—"Siempre" es mi palabra favorita —Dice Peeta, y ambos se miran brevemente, hasta que escuchan a su hijo pequeño responder la primera pregunta de su entrevistador:

—Y bien, señor Mellark, permítame que empiece esta entrevista sin rodeos: ¿qué le lleva a desear ser el presidente de Panem?

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N/A: gracias por leer; esta historia está basada en el fanfiction "Algún día", de momento está en proceso, la publicación del prólogo lo hago para saber, básicamente, qué os parece y si realmente os apetece continuar leyendo. Tengo el capítulo 1 escrito, por falta de tiempo y porque me interesa que os guste, me encantaría saber qué esperáis de esta historia. Un abrazo, gracias por estar ahí.