De vez en cuando, te encuentras con unos libros maravillosos, que contra tu gusto, acaban demasiado rápido, deseando con todas tus fuerzas poder leer aunque sea un poquito más de ellos.

Cuando eso ocurre, terminas leyendo unos cuantos fanfics que tu mismo consideras decente. Y luego, tras mucho meditarlo, terminas escribiendo escenas que te habría encantado leer.

Y así es más o menos como llegué a este conjunto de Viñetas.

Nada de esto es mío, quizá tan solo el tiempo perdido ante el computador y el ligero dolor de cabeza por haber perdido mis lentes. Ojalá que les guste, y ya saben, si dejan un review Peeta llegará con una cajita de magdalenas.

Tan solo por si se lo preguntan, no, no estoy loca. El titulo proviene del género de plantas con flores de la familia Asteraceae conocidas comúnmente como dientes de león, cuyo nombre es Taraxacum. Eh, sí, Wikipedia aclara mucho.

"Serie de Viñetas Post Sinsajo y Pre-Epílogo, sin orden cronológico. Porque el panadero y el Sinsajo finalmente terminaron juntos, pero nadie explicó cómo fue su diario vivir, ni como llegaron a él."


Peeta se sienta junto a mí, con una taza de café en una de sus manos. Inconscientemente, me acurruco a su lado y él pasa uno de sus brazos por mis hombros, me agarra fuertemente, como si pudiera escapar. Suspira y yo hago lo mismo, sin saber qué decir.

"Hey, así que, después de todo, ¡Te saliste con la tuya, maldito cabrón!"

No, supongo que suena muy mal y no viene a la situación.

Me dedico a mirarlo y veo que lucha contra una sonrisa. Trata de contenerla.

-Vale, suéltalo.

Toma un pequeño sorbo de la taza que tiene en su mano libre. Luego, con mucho cuidado, la deja en la mesa en donde tiene apoyada su pierna buena. Se acomoda lo suficiente como para quedar frente a mí.

Ahora lo que adorna su rostro es una sonrisa grande, con la cual se le forman unas pequeñas arruguitas alrededor de los ojos. Aún así, y no explico cómo, no deja de robarme el aliento.

Es inevitable, sonrío con él.

-¿Estás completamente segura de que es cierto?

-Como que me llamo Katniss Everdeen.

-Técnicamente, hace mucho que eres Mellark.-me guiñe un ojo y me besa.

Entonces aparece. El hambre. Pero no cualquier hambre, sino el hambre de más Peeta.

¿Alguna vez se detendrá la sensación que los besos de aquel chico del pan despiertan en mí? Sinceramente, espero que no. Me aferro a su cuello como si la vida se fuera en eso, y él hace lo propio con mi cintura. De un momento a otro, estoy sobre él, sentada a horcadas sobre su cuerpo.

Sus manos pasan por toda mi espalda, demandantes. Un escalofrío recorre mi cuerpo entero. Apoyo mi mejilla en su hombro a medida de que suspiro. Él esconde su rostro en mi cabello, haciendo lo mismo.

Con la delicadeza que le caracteriza, me abraza. Sus manos recorren lo largo de mi cabello.

Se forma un pequeño silencio, el cual él no soporta y lo rompe, obviamente.

-Entonces, estás embarazada, ¿Real o no real?

Sonrío con nostalgia ante la utilización de aquel antiguo juego. Luego, una parte dentro de mí siente miedo de la respuesta, ¿Y si todo no sale como queremos?

Sin embargo, de momento, eso no importa. Pienso que está comenzando la primavera, y que frente a nuestra casa está lleno de dientes de león.

Finalmente, yo le digo:

-Real.