Ninguno de los personajes me pertenece, todos son creaciones de Sir Arthur Conan Doyle y son adaptados por Guy Ritchie para la Warner y por la BBC y el universo donde están es creación de J.K Rowling, al igual que algunos personajes, mi único fin es entretener.

Buenas noches, o días a todos, bueno, este es el inicio de un long fic que espero arduamente terminar. Es una historia totalmente difícil de llevar puesto que llevaré a cuatro personajes principales al mismo tiempo. La idea nació un día chateando con mi mejor amiga, la cual me dijo que tan genial podía ser un crossover de las películas de Sherlock Holmes con la serie de Sherlock de la BBC en el universo de Harry Potter. La idea me encantó e hice dos primeros capítulos, los cuales no me llenaron, pues es un tema demasiado, mucho muy extenso como para sacar capítulos de mil palabras. Así que comenzaré de nuevo. La idea es la siguiente: haré dos fics, quizá tres, el primero constará de la primer película adaptada y de la primera temporada. Los títulos de los capítulos son los de la banda sonora de la película. Este fic es para y por mi colega, que es al mismo tiempo mi mejor amiga. Espero les guste.


1. Discombobulate.

Watson puso los pies en el asiento acostándose por completo, alisó su capa nueva para que no se le arrugara, y bajo los vivos color escarlata de la túnica, lustró con sus manos su nueva insignia de prefecto. Cerró los ojos un par de minutos y después se asomó por la ventana. El tren estaba a nada de emprender la marcha y pensó que en cuanto abandonaran el andé tendría que comenzar con sus labores de prefecto. Suspiró al mismo tiempo que se preguntaba cómo soportaría el largo viaje a Hogwarts sin aburrirse, porque era un hecho que su amigo, Holmes, no podría entrar al compartimiento reservado a los delegados y prefectos. Aunque en parte agradecía pasar al menos las primeras seis horas (que era aproximadamente el tiempo que duraba el trayecto de Londres al colegio) lejos de su amigo. No tenía nada en contra de Holmes, solamente que su amigo era un tanto… pesado, competitivo, egocéntrico y sinvergüenza. Bueno, en realidad sí tenía algunas cosas en contra de Holmes, pero todo aquello se resolvía con unos buenos golpes y después unas sonrisas. Así de buena era su amistad con Sherlock Holmes, aquel maldito genio observador y presumido.

En cuanto el Expreso de Hogwarts comenzó su camino, Watson se sentó, ya que en cualquier momento podría Holmes cruzar la puerta y decirle que seguramente se la había pasado acostado todas las vacaciones como para seguir acostado. Pasó un niño con la túnica totalmente negra corriendo, el prefecto supuso que se trataba de un niño de primer año buscando un lugar vacío y sin mayores dónde se pudiera sentar. Pasado ni un minuto vio a otros chicos corriendo en el pasillo y Watson pensó con pesar que era de cumplir con sus nuevas obligaciones, así que se puso de pie, alisó de nuevo su túnica, volvió a pasar sus manos por la insignia y dio un paso hacia enfrente para salir a la acción. Sin embargo había sido demasiado lento en decidir salir, ya que Holmes estaba afuera intentando abrir la puerta. Cuando el otro chico entró, John Watson dio un paso hacia atrás para dejarle entrar. El chico que recién había entrado no era tan alto como lo era Watson mismo, en realidad el prefecto se sorprendió por verse mucho más alto que Holmes.

–Vaya, eso sí que fue interesante – Dijo el chico de baja estatura mientras se sacudía la túnica y soltando mucho polvo. Watson, al verse rodeado por la suciedad endureció su rostro e intentó mirar hacia enfrente, pero no hacia su amigo.

El chico que recién había llegado también se sacudió su cabello que llevaba lleno de polvo, pasando de un tono cenizo a un brillante tono de castaño oscuro, soltó aire satisfecho y después se dejó caer en el asiento donde anteriormente había estado acostado el rubio. El prefecto de Gryffindor suspiró pidiendo paciencia silenciosamente y se dio la vuelta para poder hablar con el otro león, quien aún seguía sacudiéndose la túnica.

–¡Holmes! Es el primer día, no estamos ni a mitad de camino y ya te estás metiendo en problemas – Watson se lo dijo de forma casi suplicante, su amigo volteó a verlo de forma sonriente pero indiferente.

–¡Watson! Creciste demasiado – Le dijo el moreno levantándose para abrazarlo, el prefecto le devolvió el afecto y se sentó después en el asiento de enfrente.

–Holmes, vienes lleno de polvo ¿en el tren? ¿qué hiciste ahora?

El más pequeño en estatura se levantó de nuevo y comenzó a morar el portaequipaje donde estaba el baúl del rubio.

–Nada que sea romper las reglas mi querido amigo, mas no deberías reprenderme, ya que tú mismo las has roto por igual.

Watson miró con mala cara cómo su amigo daba golpecitos a su baúl mientras prácticamente se colgaba del portaequipaje, pues no alcanzaba con esa estatura que tenía.

–Salvándote la vida Holmes – El prefecto dijo aquello como si fuera totalmente obvio. Aprovechó que su amigo estaba dándole la espalda para quitarse la insignia de prefecto y así evitar burlas por parte del moreno. Después de un rato que Holmes tuvo la nariz metida en el portaequipaje, dejó su actividad y de nuevo se sentó.

–Traes ropa nueva, todo lo de tu uniforme es nuevo, el baúl también está siendo estrenado, no sabía que te ibas a comprar un lechuza nueva para este año, no lo habías dicho, quizá se te olvidó. Pero este bicho no es una lechuza, se trata de un búho real, hermoso ejemplar he de reconocer. Igual, detrás de tu baúl nuevo, por cierto, noté una nueva escoba Nimbus 2009, lo cual me dice que este período vacacional has estado practicando para entrar al equipo de quidditch. Pero todo eso no me dice la razón de todos estos regalos de papi Watson, pero si miro tu túnica y noto el agujero hecho por un alfiler y que cuando llegué traías un adorno en ese mismo lugar, llego a la conclusión de que fuiste nombrado prefecto y no te tomaste la molestia de avisarme en vacaciones, a lo cual te felicito, ya que se me hará mucho más fácil conseguir mis usuales ingredientes.

El prefecto se llevó una mano a la cabeza mientras apoyaba el brazo en una pierna.

–Entonces comprendes que tengo que ir a donde están los prefectos – Watson lo dijo lentamente como para que su amigo entendiera y no estallara.

–Oh, claro Watson, ve a socializar y hacer amigos, mientras muero de soledad.

Esto lo dijo exagerando: al mismo tiempo que lo decía con un tono de voz completamente dramático y se acostó en el asiento como si sufriera. John Watson sonrió ligeramente de forma triunfal y se levantó. A nada de cerrar la vuelta corrediza se dirigió a su amigo de cabellos revueltos.

–Te veo en el Gran Comedor viejo amigo– Y cerró la puerta corrediza.

–No olvides llevar tu distintivo de prefecto, Watson – Dijo Holmes ya completamente solo.


–¿John? ¿Watson? – Un niño regordete de lentes rectangulares dijo casi gritando hacia el pasillo. Pareciera que el chico le había hablado a la nada, pero después de unos segundos se asomó por la puerta un pequeño niño de once años con el cabello de un color dorado sin brillo y una gran túnica de color negro en su totalidad.

–Stamford – Dijo el pequeño con una expresión de sorpresa, el chico regordete rio estruendosamente y le hizo señas para que pasara.

–¡Quién lo diría! John y yo juntos hacia Hogwarts.

El niño se sentó enfrente de Stamford con la boca abierta por la sorpresa, después sonrió y se inclinó hacia el niño de lentes para hacerse oír por su compañero.

–Que casualidad ¿no? Digo, yo pensaba que al recibir esa carta jamás volvería a ver a alguno de mis compañeros de la primaria – Dijo el rubio con una gran sonrisa en el rostro. El niño sentado enfrente de él hizo un ademán como si todo eso no importara.

–Casualidad que tú estés aquí John, yo esperaba con ansias recibir la carta.

John puso cara de no entender aquello y Stamford se tomó la molestia de explicarle que él era un mestizo de sangre, su padre era mago, mientras su madre era muggle. Le explicó que fue a una escuela normal por petición de su padre y que después de dos hermanas sin magia en la sangre, él era el orgullo de su padre, un mago orgulloso de tener un hijo mago.

John lo miraba asombrado mientras el niño de lentes terminaba su narración; cuando terminó, John llevó sus labios hacia el interior de la boca y asintió.

–¿Y nadie en la escuela sabía de ti?

–Bueno, no tenía porqué decirlo.

El rubio asintió de nuevo convencido, se recargó por fin y aliviado de no ir solo en el camino y puso atención al compartimiento donde estaban. Un tren normal. Después prestó atención a un detalle que no había notado cuando se sentó enfrente de Stamford: un niño que seguramente era de primer año al igual que ellos, estaba dormido y totalmente recargado en el respaldo del asiento. John lo señaló y el de anteojos chasqueó un dedo cas sin hacer ruido.

–Es hijo de un amigo de mi padre, se llama…

–Sherlock Holmes – Dijo el niño que estaba dormido. Ahora estaba completamente despierto con sus ojos caleidoscópicos totalmente abiertos. John dio un vistazo a su ropa y descubrió la exagerada pulcritud del chico, estaba totalmente limpio, con la túnica perfectamente puesta y su cabello negro y rizado bien peinado.

John tendió su mano para saludarlo, pero el chico no se movió y sus ojos pasaron del rostro de John a la mano de éste.

–Soy…

–No hace falta que lo digas John, porque ¿puedo decirte así? A pesar de lo que piensan Stamford y tú, no estaba dormido, simplemente pensaba – Sherlock alzó los hombros con las últimas dos palabras como si eso fuera totalmente normal, pensar y no hacer otra cosa.

John torció la boca y bajó su mano, después volvió a mirar al chico de lentes y éste se disculpó por las acciones del otro niño con una sonrisa tímida. John miró de reojo a Sherlock y después hacia la ventana.

–Ambos padres muggles ¿cierto?

John se volteó rápidamente hacia Sherlock y se encontró con la mirada del chico puesta en él.

–¿Algún problema con eso Holmes? – Le dijo Stamford con aire ofendido. El pequeño Sherlock ignoró al rechoncho y le siguió diciendo al rubio.

–Por tu ropa y tu cara de nervios llego a la conclusión, noto por la forma en la que tus hombros están rígidos que nunca en tu vida habías utilizado una túnica, mucho menos una capa, temes que se te caiga. Por tu cara, sé que estás nervioso por la razón de que no eras parte de este mundo, pero no tienes miedo, así que tienes un familiar cercano que es un mago, posiblemente tu hermano o hermana – Se giró hacia Stamford – No me interesa de que familia provenga, ustedes idiotas normales que siempre creen que voy a ofender – Se volvió hacia John de nuevo – El que te dijera "hijo de muggles" y no te ofendiera mi comentario es de igual manera prueba de que lo eres.

Por la cabeza de John cruzaron tantas palabras para describir su impresión por Sherlock Holmes, más por su boca salió solamente una palabra:

–¡Eso fue brillante!

El niño moreno lo miró desconcertado.

–Eso no es lo que dice la gente cuando me conoce.

–¿Y qué dicen entonces?

–Vete al diablo.

Los dos niños comenzaron a reír y Stamford sonrió para sus adentros.


Watson alisó de nuevo su túnica justo después de haberse sentado en la gran mesa de Gryffindor. Habían acordado los prefectos que los nuevos "privilegiados" recibirían a los recién llegados a Hogwarts, así que estaba sentado casi en el extremo más cercano a la mesa de profesores. Se asomó hacia dentro y fuera de la mesa y no encontró rastros de Holmes, soltó el aire frustrado y supuso con cierta decepción que ese año, como los otros tres pasados, no se presentaría su amigo a la ceremonia de bienvenida.

–¡Un lugar a lado de los nuevos! He de felicitarte Watson.

Pero no fue así, ya que esas palabras habían salido de Holmes, que se sentó a lado de él y bajó la mirada.

–¿Es importante que esté aquí hoy? – Dijo el de cabellos desordenados de manera que sólo pudiera escucharle el rubio.

–Gracias amigo.

–No hay de qué, ahora espero que me ayudes a conseguir esos ingredientes y si no puedes, supongo que lo comprenderé.

El prefecto volteó los ojos y le sonrió a Jessie Freman, la nueva prefecta al igual que él y también la nueva capitana del equipo de quidditch. La chica le devolvió una gran y amplia sonrisa a Watson, pero su rostro se endureció cuando Holmes le guiñó un ojo.

Todos en el Gran Comedor se calaron cuando el subdirector, el profesor Flitwick pasó hacia enfrente con los de primer año, tomó la palabra y recordó a los alumnos que el bosque oscuro estaba prohibido. Desde donde estaban los de primer año, John vio el brillo de los ojos de Sherlock al escuchar la palabra prohibido. Después se hizo el silencio en general, había llegado la hora de la elección de casas. El pequeño profesor Flitwick se paró encima de un taburete más alto de lo normal, levantó el Sombrero Seleccionador de un taburete que estaba a su lado, carraspeó al tiempo que sacaba un pergamino y dijo con voz firme:

–Andrea Castañeda.

Una niña salió del montón de los de primer año, estaba un tanto sonrojada y caminó lentamente hacia el Sombrero. Holmes la vio desde su asiento y supo que tenía familiares de origen latino.

–Dos galeones a que es Gryffindor – Le dijo a Watson dándole un golpecito en el hombro, el prefecto le dijo sin mirarle:

–Contigo no apuesto esto.

–¡GRYFFINDOR! – Gritó el Sombro y en cuando el profesor le sacó el sombrero de encima, casi corrió a sentarse a lado del prefecto rubio en la mesa de Gryffindor. Los leones estallaron en aplausos para dar la bienvenida a la nueva chica. El rubio le sonrió a la niña mientras se estrechaban las manos. Holmes le levantó el pulgar en forma de aprobación y regresó su atención a la ceremonia.

Todo siguió al ritmo de siempre, niños sentándose bajo el juicio del Sombrero y después a su casa acompañados de vitóres. Holmes estaba totalmente arrepentido de estar ahí, pero con el siguiente nombrado cambió de parecer.

El profesor Flitwick vio el siguiente nombre y por el movimiento de sus ojos todos supieron que releyó el nombre varias veces con los ojos casi desorbitados por la sorpresa, después dirigió su vista hacia la mesa de Gryffindor y cuando sus ojos se encontraron con la mirada de Holmes, llamó:

–Holmes Sherlock.

Si el silencio reinaba en el Gran Salón, después de esa sorpresa todos enmudecieron. Watson miró a Holmes preguntándole silenciosamente qué rayos estaba sucediendo. El de cabellos rebeldes no lo miró, solamente estiró el cuello lo más que pudo para poder observar a ese niño mejor.

El niño de cabello rizado se dirigió con paso indiferente hacia el Sombrero. Le extrañó el silencio sepulcral por parte de toda la escuela y buscó con la mirada a alguien de la mesa de Ravenclaw que pudiera darle la respuesta, al mismo tiempo que el pequeño subdirector le ponía el Sombrero en la cabeza. Sus ojos por fin dieron con quien buscaba, un pelirrojo de nariz larga. El pelirrojo le sonrió sin dar a entender nada y después dirigió sus ojos a la mesa de Gryffindor. El Sombrero susurraba cosas a su oído, pero Sherlock no las escuchaba, pues su atención estaba en un muchacho de los leones que tenía el cabello totalmente desordenado y que no le quitaba la vista de encima.

–¡SLYTHERIN!

El subdirector le quitó el Sombrero y el moreno fue a paso tranquilo hacia su mesa y justo cuando se sentó, guiñó un ojo y le sonrió a John, que estaba parado a unos metros de él.

El resto de la ceremonia siguió tan rutinaria como siempre. Justo después del otro Sherlock Holmes fue llamada una niña de cabello casi pelirrojo llamada Molly Hooper que fue elegida Gryffindor. Un niño todavía más pequeño que John, llamado James Moriarty fue a Slytherin y posteriormente fue recibido entre los aplausos de las serpientes. Cada vez quedaban menos niños y para cuando pasó Stamford y Hufflepuff lo recibió con aplausos, John sentía que le temblaban las piernas. Lo peor que podía pasarle era ser el último en la lista.

–Hufflepuff – Dijo Holmes a Watson, este le ignoró y miró con un poco de comprensión al niño, ya que cuando él había sido seleccionado también había sido el último de la lista.

El profesor Flitwick palideció y ahora miró a Watson, el prefecto comenzaba a darse una idea del nombre del niño que estaba sentado.

–Watson John.

Watson recordó ese día como el más extraño de su vida, pues era demasiada casualidad que aparecieran dos niños el mismo año que se llamaran como su mejor amigo y él.

–Sólo puedo decirte una cosa al respecto de todo esto Watson – Le dijo Holmes dándole igual que rompiera el silencio de todo el Comedor.

–¡HUFFLEPUFF! – Gritó el sombrero y el pequeño John caminó a paso tembloroso a integrarse con Stamford y sus compañeros tejones.

–Este curso será realmente interesante, fue como cuando descubrimos a los dos Lestrade.


La cena había sido un verdadero festín y cuando uno de los prefectos de su casa los llamó, John ya no se sentía nervioso, lo cierto era que hubiera preferido estar en Ravenclaw o Gryffindor como su hermana le había dicho. El prefecto los condujo cerca de la cocina y les enseñó que barriles golpear y cómo para poder pasar a la Sala Común. Entró impresionado a la cálida guarida de los tejones, donde un cálido color amarillo era abundante. La Sala Común era redonda y bajita, era como un escondite, una madriguera y eso le agradó a John. Pero lo que más le gustó fue la cómoda cama en laque dormiría desde ese instante. Se recostó y recapituló todo lo que había pasado en el día. Y lo último que en lo que pensó antes de quedarse dormido, es que era una verdadera lástima que aquel niño increíble, Sherlock Holmes y él no hubieran quedado en la misma casa.

Mientras en la Sala Común de Gryffindor, Watson bostezaba, los hechos de esa noche habían sido totalmente inusuales, pero no era una razón como para quitarle el sueño al nuevo prefecto; así que el rubio subió hacia los dormitorios y antes de cruzar la puerta le dedicó una mirada a Holmes, que estaba sentado cerca del fuego y totalmente pensativo.

Normal era que los nuevos slytherin se impresionaran con la vista al interior del Lago Negro que tenían desde los ventanales de la oscura, verdosa y acogedora Sala Común. Pero de las diez nuevas serpientes había uno que no tenía la nariz pegada a una ventana esperando ver pasar a una sirena. El pequeño Sherlock estaba cómodamente sentado en un sillón de piel, con las manos juntas y con la vista enfrente. Tenía que saber quien era el gryffindor de cabello rebelde que su haermano había visto mientras él tenía puesto el Sombrero Seleccionador.


Bueno, ahí estuvo el primer capítulo, espero les haya gustado a todos, nos vemos pronto con el siguiente. No olviden dejar un review ;)