Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es anhanninen, yo sólo traduzco.

Gracias a Isa por corregir este capítulo.


A Few More F Words

Capítulo 1: Primer día

Mientras veía a Pequeña tropezar, intentando imitar cualquiera de los jodidos movimientos que le pedía hacer su maestra, sentí que las lágrimas picaban en mis ojos. Jesucristo, yo estaba a punto de llorar. Mi pequeña tenía cinco años y mañana comenzaría el jardín de niños. ¿A dónde demonios se había ido el tiempo? Sentía que apenas había sido ayer cuando la vi gatear por primera vez y me emocioné tanto que la grabé. Pero aquí estaba ahora, intentando bailar sin caerse; que por cierto, no estaba haciendo un muy buen trabajo.

No sabía cómo demonios había pasado, pero aunque Bella no era su mamá biológica, Sofía parecía ser igualita a ella, incluyendo la coordinación. También se mordía el labio cuando se ponía nerviosa, algo que estaba haciendo en ese momento. La maestra detuvo a las niñas y Pequeña se mordió el labio mirándose los pies porque tenía miedo de que la maestra la criticara por no hacer bien los movimientos.

—De acuerdo, creo que es suficiente por hoy —dijo la maestra, la señorita Bartlett, sonriendo—. Recojan sus cosas y vayan a casa. Las veré la siguiente semana.

Cuando las niñas se separaron, la señorita Bartlett se llevó aparte a Sofía. Agarré rápidamente su mochila rosa y me acerqué, quería asegurarme de que no estuviera siendo mala con mi niña. Por suerte para ella, no fue así. Le ofreció palabras de apoyo a Pequeña y le dijo que practicara en casa. La verdad no sabía por qué Sofía quería seguir viniendo aquí. Bella y yo la metimos a esta clase hace unas semanas para que pudiera hacer amigos, pero era obvio que el ballet no iba a ser su habilidad. Aún así le ofrecimos la oportunidad de salirse y no quiso.

Pequeña arrastró los pies hasta mí, y luego alzó los brazos para que la cargara.

—Estás mejorando —le dije, besando su mejilla.

Me miró con un puchero.

—Apesto, papi. Aunque judo que lo intento.

—Sé que así es, Pequeña. Vayamos a casa para ver qué está haciendo mami, ¿de acuerdo? Escuché que va a preparar espagueti para cenar. —Sonreí al salir del estudio de ballet.

—¿En sedio? —preguntó, agrandó los ojos y sonrió.

—En serio —me reí entre dientes abriendo el carro.

Luego de abrocharle el cinturón en su asiento para niños, nos dirigimos a nuestra casa a las afueras de Forks. El mudarnos aquí fue probablemente lo mejor que pude hacer, y aunque desearía que Charlie no hubiera tenido su ataque al corazón, me sentía agradecido por haber dejado Port Ángeles. Ciertamente el Hospital Comunitario de Forks no era el lugar más ocupado del mundo, pero lo disfrutaba. Seguía practicando cirugías, pero estando en un hospital tan pequeño también tenía oportunidad de trabajar en otros departamentos. Y seguía trabajando en Olympic Medical Center cuando Emmett me necesitaba. Era lo mejor de ambos mundos. La mayoría de los días llegaba a casa a las cinco, pero otros días tenía cirugías difíciles que me consumían el tiempo, ésas que tanto me encantaban. Era jodidamente feliz, incluso aunque hace unos cuantos años no quería nada de esto. Si pudiera patearme en ese entonces, lo haría.

Pequeña y yo llegamos a casa justo después de las seis, y encontramos a Bella en la cocina terminando la cena. Dejé a Sofía sobre sus pies y le susurré al oído:

—Ve a sorprender a mamá con un abrazo.

Se acercó de puntillas y rodeó las piernas de Bella con los brazos, gritando:

—¡Te atdapé!

Bella se rió y se giró para cargarla.

—Así es, cariño. Asustaste mucho a mami. —Se puso la mano en el corazón y suspiró dramáticamente—. No creo que mi corazón vuelva a latir de manera normal.

—¡Papi! —gritó Pequeña, aunque no había necesidad—. ¡Asusté mucho a mami!

—Eso vi —me reí presionando mis labios con los de Bella.

—¡Iuck! Bájame.

Ella bajó a Sofía y yo la jalé a mi pecho, besándola más profundo mientras acariciaba ese lugar detrás de su oído. Nos separamos sonriendo.

—Te extrañé —dije.

—Yo también te extrañé. La cena está casi lista, ¿por qué no vas a asegurarte de que Sofía se quite las mayas sin mutilarse a sí misma?

—Buena idea —me reí—. Te amo.

La besé suavemente una vez más.

—También te amo —dijo.

Afortunadamente Pequeña pudo ponerse una camiseta y unos shorts sin ayuda. Nos lavamos las manos juntos, y ella cantó la canción que habíamos inventado. Bueno, Bella la inventó. Yo no participé en crear una canción sobre quitarte los gérmenes con el jaboncito rosita espumoso. Pero, oye, si hacía que se lavara las manos, entonces yo le entraba.

Bajé las escaleras cargando a mi hija gritona sobre el hombro para ir a cenar justo cuando Bella estaba poniendo los platos. Por supuesto, Pequeña se tragó todo, ensuciándose por completo la cara. Sí, el espagueti de Bella era mi favorito y el de Sofía, pero al menos yo me mantenía limpio.

—Entonces, ¿a dónde fuiste con Nana y Ben hoy? —le preguntó Bella a Pequeña.

—¡Padque! Pedo Ben fue malo y me tidó, mami —dijo, frunciendo el ceño—. Aunque Nana lo castigó. Y luego, fuimos a la flodedia y pude haced un... daso, ¿verdad?

Sonreí.

—Ramo, pero estuviste cerca.

—Sí, fue divedtido. Luego me dejó con papi y jugué en su oficina —dijo, dándole otro bocado a su espagueti.

—Se aseguró de que Sally estuviera saludable —me reí, recordando cómo usó mi estetoscopio para escuchar el inexistente corazón de su muñeca. Carajo, mi niña era adorable.

—Parece que tuviste un día divertido, cariño —dijo Bella—. ¿Estás lista para mañana?

Pequeña asintió con la boca llena.

—Estadás allí, ¿vedad?

—Primero come, bebé —dije, agarrando otro bocado.

Masticó y tragó.

—Pedón.

—Está bien. —Bella sonrió—. Y sí, estaré allí, pero recuerda que no estás en mi clase. Estás en la clase de la señora Peter.

—Lo sé, mami —suspiró, no le agradaba la idea.

Cuando descubrió que Bella no iba a ser su maestra, Pequeña hizo un berrinche y decidió que no iría a la escuela. Tuvimos que sentarnos con ella para explicarle que a las mamis no se les permitía enseñar a sus hijos, pero que aún así sería divertido ir a la escuela. Luego de llorar y aventar todos sus animales de peluche —lo cual le hizo ganarse un castigo—, finalmente accedió ir a la escuela siempre y cuando pudiera comer con mamá. Sólo diré que las rabietas de Pequeña eran terroríficas. Según mamá, heredó eso de mí. Sí, podía verlo.

Luego de terminar la cena, Bella subió con Pequeña para bañarla mientras yo lavaba los trastes. Era nuestro trato ya que ella cocinaba, y no me molestaba. Bella hacía mucho cada día, así que unos pocos trastes y la basura no eran nada para mí.

—Quiere que juguemos a las Barbies con ella —dijo Bella, envolviendo sus brazos en mi estómago—. Le dije que las sacara y que subiríamos pronto.

—Barbies —me reí entre dientes sacudiendo la cabeza.

¿Quién hubiera pensado que yo jugaría a las Barbies con mi hija? Claro que yo no, aunque ya había usado un tutú y había tomado el té con ella. Por cierto, las fotos fueron eliminadas.

Me giré con los brazos de Bella aún alrededor de mí y bajé la cabeza para besarla. Cuando nos separamos, se mordió el labio escondiendo una sonrisa.

—Siempre serás mi Mordelona —dije sonriendo.

—Maldición —se rió.


Luego de un rato de estar moviendo una Barbie en una boda imaginaria que Pequeña había inventado, recogimos todo y la acostamos. Bella y yo nos acostamos a cada lado de ella y le leímos Donde Viven Los Monstruos, leyendo una página cada uno. No mucho después de empezar el libro, bajé la vista y encontré a Sofía ya adormilada. Su boquita se abrió con un bostezo cuando apoyó la cabeza en mi pecho. Luego de que se durmió dejamos de leer y salimos en silencio de la cama.

La tapé con las cobijas y me incliné para besar su frente.

—Dulces sueños, Pequeña —susurré.

Bella hizo lo mismo, luego salimos de su habitación y le cerramos la puerta. Le pasé el brazo por los hombros al bajar las escaleras. Nuestra meta de cada noche era acostar a Pequeña a las ocho, hoy fue todo un éxito considerando que mañana era su primer día de jardín de niños, algo que era increíble.

—Creo que tu madre la agotó hoy —se rió Bella, nos sentamos en el sofá y la jalé a mis brazos.

—Al parecer es una buena combinación que haya ido al parque y no tomara su siesta. Súmale el ballet y me sorprende que no se haya dormido antes.

—¿Cómo estuvo esta noche?

—Igual que siempre. Tiene dos pies izquierdos, idéntica a su mamá. —Sonreí—. Todavía no quiere renunciar, pero piensa que apesta. Nunca se lo diré, pero sí apesta.

—¡Edward! —dijo, golpeándome el pecho—. Es que es… nueva. Estoy segura de que mejorará con la práctica.

Bufé.

—¿La has visto? En el segundo en que se lastime, lo cual estoy seguro que sucederá muy pronto, ya no volverá allí.

—Entonces tendremos que buscar otras cosas. Le gusta interactuar con otros niños. Quizá querrá salirse cuando entre a la escuela.

—Dios, eso espero —suspiré—. ¿Y cómo estuvo tu día? ¿Organizaste tu clase?

El año pasado Bella había conseguido trabajo aquí en Forks luego de que una de las maestras del jardín de niños se retiró. En realidad todo resultó bastante bien. Metimos a Sofía a preescolar y guardería después de eso para que pudiera hacer amigos e interactuar con gente que no conocía. Bella extrañaba estar en casa con ella, pero también estaba lista para regresar a trabajar.

Asintió recargándose en mí.

—Sí. Estoy emocionada por mañana, sobre todo porque tendré a mi pequeña conmigo.

—Qué suerte la tuya.

—¿Qué hay de ti? ¿Cómo estuvo tu día?

—Bien, pasé la mayor parte del tiempo en emergencias. Vi a tu papá, por cierto. Dijo que vendrá mañana para saber cómo le fue a Sofía en la escuela.

Me sonrió ladeando la cabeza.

—¿Cómo estás lidiando con eso?

Sacudí la cabeza.

—No puedo creer que ya llegó el momento. Fue bastante duro cuando la metimos a preescolar. No creo estar listo para el jardín de niños.

—Si lloras te tomaré fotos.

—Casi lloré hoy, Bella. Cuando la veía en ballet no podía dejar de pensar en lo rápido que había pasado el tiempo. ¿No parece que fue ayer cuando habló por primera vez?

—Sí que parece. Sabes, me sigue sorprendiendo que "joder" no fuera su primera palabra. —Sonrió.

—Pues no fue. Esa no la dijo hasta cerca de su primer cumpleaños —me reí en voz baja. Sí, eso no estuvo bien, y fue incluso peor porque lo dijo frente a mamá—. Pero parece demasiado pronto, ¿no? Está creciendo muy rápido. Antes de que me dé cuenta, ella comenzará a salir con chicos y yo tendré que convertirme en asesino.

—Muy lindo —se rió.

Besé su cabeza.

—Es que… ella es todo lo que tenemos.

Se irguió y se giró para encararme con una sonrisa en los labios.

—¿Y si no fuera así?

—Bella, hemos estado intentándolo por mucho tiempo. Yo también quiero otro bebé, pero no está pasando.

—Pues… ya pasó.

Abrí más los ojos al sentarme bien.

—¿Qué?

Se llevó la mano al estómago y asintió.

—Iba a decírtelo mañana en la noche. Ya sabes, planear algo lindo, pero sí, Edward, estoy embarazada.

Miré sorprendido su estómago plano. Estaba embarazada. No mucho después de casarnos hace tres años, decidimos que queríamos otro bebé, pero esperamos hasta el año pasado para que ella dejara de tomar la píldora. Es que no era el momento adecuado. Pequeña estaba pasando de bebé a niña —en realidad era muy pesado—, así que esperamos hasta que entró a preescolar para empezar a intentar. Sólo que no pasó. No presionamos el tema, simplemente decidimos seguir como siempre y sucedería cuando tuviera que suceder. Pero después de un año todavía nada. No hablamos mucho respecto a eso, pero hubo una pequeña discusión que involucró un especialista en fertilidad. Aunque decidimos dejarlo por la paz por el momento. Supusimos que lo intentaríamos un poco más antes de llegar a eso.

—Estás… embarazada. —Sonreí poniendo mi mano sobre la suya—. Con mi bebé.

Se rió.

—¡Por supuesto que es tuyo! ¿De quién más sería?

—Pues espero que de nadie más —me reí entre dientes—. Bella, vamos a tener un bebé.

Asintió.

—Lo sé. La primera vez que lo pensé no lo creí, pero tengo dos semanas de retraso. Tenía sentido, así que de camino a casa compré una prueba de embarazo.

La jalé a mis brazos y le di un beso. Nuestras lenguas se movieron juntas mientras mi mano se metía bajo su blusa, poniéndola sobre su estómago plano. En unos cuantos meses sentiría a un bebé moverse. Mi bebé. Carajo, odiaba no haber tenido eso con Pequeña, así que ya estaba planeando sacarle todo el provecho a esto. Bella, mi esposa, iba a tener mi bebé. Pequeña sería hermana mayor y yo volvería a ser papá. Quizá esta vez ya no me espantaría tanto con cada cosita.

¿A quién demonios estaba engañando? Sí que me asustaría.

—Te amo muchísimo —dije, juntando nuestras frentes—. Bella, nunca podré agradecerte lo suficiente por amarme, por confiar en que podría ser el hombre que tú creías ya era. Vamos a ser papás de nuevo. Santa mierda.

Besó suavemente mis labios.

—Si la primera palabra de este bebé es una maldición me divorciaré de ti.

Me reí, cargándola para levantarla del sofá.

—Claro, Mordelona, lo que digas.

La cargué por las escaleras, intentando ser silencioso para no despertar a Sofía. La niña me había dejado sin sexo en más ocasiones entre más crecía, así que ya no tenía tantas oportunidades de hacerle el amor a mi mujer como me gustaría. Aunque esta noche estaba agotada y le puse el seguro a la puerta detrás de mí antes de acostar a Bella.

Me tomé mi tiempo al quitarle la ropa y besar cada centímetro de ella. Dejó caer la cabeza en la almohada al gemir, pidiendo más. Puse mi mano en su estómago, y la bajé lentamente poniéndole la piel de gallina. Abrió las piernas rogando por mí.

La besé y mordí su labio.

—Te he extrañado —susurré, metiendo mis dedos en ella para embestirla lentamente; la encontré jodidamente lista para mí. No podía esperar más. Después de todo, habían pasado casi dos semanas.

Me moví entre sus piernas y entré en ella de manera lenta, disfrutando la sensación de estar dentro de mi Bella. Mi hermosa, hermosa Bella. Dios, era maravillosa.


—¡Papi, no están bien! —gritó Sofía, jodiendo las trenzas que Bella le había hecho antes de irse.

Bella tenía que llegar temprano a la escuela hoy, así que ayudó a Pequeña a vestirse y alistarse antes de desayunar. Claro que ahora había algo mal con las trenzas y yo estaba jodido porque no sabía cómo arreglarlas.

—Bebé, tienes que comer o llegaremos tarde —dije, tomando su cuchara y ofreciéndosela—. Por favor, si terminas rápido le diremos a mami que las arregle antes de que alguien te vea.

Bufó quitándome la cuchara. Sí, la mañana no empezaba bien. Sabía que estaba asustada, pero yo también, y su actitud no estaba ayudando. Hoy era el primer día de escuela de mi pequeña. Carajo, sólo quería regresar a la época en que ella era bebé y no podía hablar o caminar. Aunque hubiera mantenido el entrenamiento para ir al baño.

Dios bendiga el entrenamiento para ir al baño.

—Vas a hacer muchos amigos hoy y verás a algunos de los que ya conoces —dije sobándole la espalda mientras comía—. ¿Recuerdas a Macy de preescolar? Ella estará allí.

—¿En sedio? ¿En mi clase?

Asentí.

—Sí. La vimos hace unos días cuando conocimos a tu maestra. Estoy seguro de que también estarán otros niños que ya conoces.

—Pedo tú no. —Hizo un puchero—. Ni mami.

Sonreí acariciándole la mejilla.

—Pero yo iré a recogerte, y podrás almorzar con mamá. Ni siquiera tendrás tiempo de extrañarnos.

—Pedo es toooodo el día. No es justo.

—No es toooodo el día —la imité—. Sólo hasta las tres. Mientras tú estás allí, yo estaré trabajando como siempre. Me verás la misma cantidad de tiempo de siempre.

Se encogió de hombros dejando la cuchara en el tazón casi vacío.

—No quiedo id.

—Lo sé, Pequeña. —Besé su mejilla—. Pero tienes que hacerlo. ¿Ya terminaste?

Asintió suspirando de manera dramática.

—Sí.

Sofía se tomó su tiempo, arrastrando los pies hasta el carro. Si no me hubiera sentido tan mal por ella, me hubiera impresionado sus tácticas para perder tiempo. Olvidó su lonchera en la casa, se quejó de que el cinturón de seguridad le apretaba, así que tuve que volver a acomodarlo, y por último pero no menos importante, tuvo que ir al baño de nuevo, ya sabes, después de que arreglé su cinturón dos veces. La niña era ingeniosa.

—¿Quieres escuchar The Wiggles? —pregunté, mirándola por el retrovisor. Se encogió de hombros con un puchero—. Bien, entonces será la música de papá.

—Wiggles —murmuró.

Sonreí para mí poniendo la horrible música que le gustaba. Sólo por ella… y eventualmente para su hermano o hermana. Todavía estaba súper feliz por las noticias de anoche, y el mal humor de Pequeña no podía quitarme el buen humor. Bella y yo decidimos esperar hasta que viera al doctor para contarle a la gente, sólo por si acaso. Prometió que le llamaría hoy a su doctor durante el almuerzo. Esperaba que pudiera atenderla pronto porque quería gritarlo desde el techo.

Cuando llegamos a la escuela —afortunadamente temprano—, le mandé un mensaje a Bella pidiéndole que saliera para arreglar las trenzas de Pequeña. Mientras esperábamos, saqué a Sofía y le puse su mochila. Soplé un beso en su mejilla esperando hacerla sonreír. Por supuesto, ella no pudo resistirlo.

Punto para papá.

—Te ves muy bonita —dije, acomodando la correa de su mochila y bajándole la manga del vestido. Era rosa con puntos blancos en la falda. Ella y Bella tardaron una eternidad en elegir el conjunto.

—¿Sí? —preguntó suavemente antes de morderse el labio.

Sonreí asintiendo y luego vi a Bella acercarse.

—Sí. Y ahí viene mami.

—¡Mira a mi bebé! —dijo Bella sonriendo—. ¿Estás lista para la escuela?

Sacudí la cabeza, musitando:

—No.

—¿Tengo que estadlo? —preguntó Sofía, su puchero había regresado.

—Aww, cariño —suspiró Bella, arrodillándose—. Tienes que ir a la escuela. Eres una niña grande, ¿verdad?

Pequeña asintió.

—Uh–huh.

—Pues no puedes ser niña grande si no vas a la escuela.

—Pedo mis tdenzas no están bien.

Bella sonrió besándole la mejilla.

—Entonces es algo bueno que mami esté aquí, ¿no? Date la vuelta por mí.

Bella hizo su magia rápidamente, le hizo de nuevo las trenzas para que volvieran a verse perfectas. Luego de que Pequeña quedó satisfecha con cómo se veían y se sentían, tomamos sus manos y entramos a la escuela. Llegamos temprano, así que nadie estaba en el salón de Pequeña, excepto su maestra. Fuimos al cubículo de Pequeña y dejamos allí su lonchera antes de buscar su mesa. Se sentó y se mordió el labio mirando a su alrededor.

Bella se despidió primero, ya que ella tenía que ir a su propio salón. Tomó las manos de Pequeña y sonrió.

—Vas a divertirte mucho, cariño —dijo—. Estoy justo en la puerta de al lado, pero no me necesitarás. Eres una niña grande y sé que puedes hacer esto. Todos te amarán.

Sofía asintió.

—Bien. Te amo, mami.

Bella besó su frente, quedándose allí un momento.

—También te amo. Te veré en el almuerzo, ¿de acuerdo? También está bien si decides que prefieres comer con tus nuevos amigos.

Ambos esperábamos que Pequeña prefiriera comer con sus amigos, pero ciertamente a Bella no le molestaba si quería comer con ella, como habían planeado. Luego de besar ambas mejillas de nuestra hija, Bella se puso de pie y nos despedimos después de tomar unas cuantas fotos, para las cuales Pequeña sonrió. Tomé el lugar de Bella arrodillándome junto a Sofía.

—Te voy a extdañad, papi —dijo.

—Yo también te voy a extrañar, igual que todos los días —dije—. ¿Necesitas algo? Tienes todos tus útiles en la mochila, ¿recuerdas?

Asintió.

—Síp.

Suspiré, pero sonreí a pesar de que mi jodido corazón se estaba rompiendo. En realidad no estaba listo para esto. Era un logro tan grande en su vida. De ahora en adelante iría a la escuela. Ya no podría tenerla conmigo en casa en mis días libres o sorprenderla a mitad del día para ir al parque.

—Estás creciendo, amor —dije.

—Soy una niña gande. —Sonrió.

Asentí.

—Sí lo eres. Aunque siempre serás mi pequeña.

Se aventó hacia adelante, envolviendo sus bracitos alrededor de mi cuello.

—¿Puedes quedadte conmigo? ¿Pod favod?

Maldición, sí que quería hacerlo.

—Me temo que no. —Palmeé su espalda—. Aunque vendré a recogerte. Las horas pasarán volando. Mira el reloj.

Me aparté y señalé el enorme reloj sobre la puerta.

—¿Ves ese tres? —pregunté.

Asintió, se sabía los números.

—Bueno, cuando esa línea grande señalé el tres, estaré aquí de nuevo.

—¿Lo pometes? —preguntó, mirándome con mis mismos ojos verdes.

—Lo prometo. Puedes contarme todo lo que hayas hecho entonces, ¿de acuerdo? Quiero saberlo todo.

—Te lo contadé. —Sonrió.

Acuné su rostro en mis manos y besé su frente. Pequeña no había llorado, pero yo lo haría pronto si no me ponía los pantalones. Jesús, esto era difícil.

—Te veré pronto. Te amo.

—También te amo, papi. ¿Ya te tienes que id?

Asentí.

—Sí. La gente enferma me necesita, ¿recuerdas?

—Sí, bien.

—Adiós, corazón —dije, besando su mejilla una última vez antes de ponerme de pie e irme, dejándola sola allí.

Las tres de la tarde necesitaban llegar aquí de una jodida vez.


Y comenzamos de nuevo con nuestra Pequeña favorita ;)

Esta historia se desarrolla a lo largo del embarazo de Bella y cuenta con 16 capítulos, todos EPOV. Las actualizaciones serán cada 10 días.

Espero contar con su apoyo y que les guste tanto como la primera parte.