*…*…*

Disclaimer: Los personajes de Magic Knight Rayearth son propiedad de las geniales CLAMP. El resto de los personajes son de mi autoría (con todo y sus fanarts XD). Muchas gracias por leer. Fic hecho sin fines de lucro por fans para fans.

*…*…*


El Fruto de un amor prohibido

- Verás nuestro querido hechicero, fue hijo de un gran amor prohibido…

La voz de una anciana sonaba en la gran estancia de aquella antigua y enorme casona, mientras una bella y legendaria chica de azul cabellera escuchaba atenta, como su único público.

- Un gran amor prohibido, entre una máxima hechicera, quien era la sacerdotisa principal del Templo de la Corona y un joven aprendiz de hechicero. Aunque la madre de Clef era joven, demostró tener un enorme poder y fue electa la sacerdotisa suprema. No se había visto jamás a una hechicera con tal poder. Por 200 años Clio fue la Gran Papisa del templo, y como su obligación dictaba, la mujer que ocupara el trono del templo debía ser virgen, totalmente pura de cuerpo y mente. Era otra figura intocable. Pero un día el destino quiso que un aprendiz de hechicero visitara el gran templo con su maestro, y mientras el maestro fue a entregar unos adminículos a las sacerdotisas del templo, el joven aprendiz decidió pasear por los enormes jardines mientras esperaba.

- Caminó sin rumbo, cuando bajo un bello árbol descubrió descansando a la más bella doncella que hubiera visto jamás. Una joven que parecía no tener más de 19 años, de preciosa piel de porcelana y largos y sedosos cabellos liliáceos. Parecía dormir, él se limitó a observarla un largo rato y después se aventuró a acercarse, no pudo evitarlo. Pronto la joven se percató de la presencia de alguien más y abrió los ojos de golpe. Al ver esos bellos ojos azules el chico quedo hipnotizado, y ella sintió un golpe en el pecho como nunca había sentido en su muy larga vida: fue amor a primera vista. Al día siguiente, aun sabiendo que estaba prohibido, él se escabulló en el templo con la esperanza de volverla a ver, y sus esfuerzos no fueron en vano, pues ahí estaba ella, en la torre principal, asomada a su balcón. Ella lo vio también, y sabía que los impulsos de su corazón eran incorrectos, que tenía una gran responsabilidad, así que por un tiempo sólo se limitaron a contemplarse el uno al otro, ella desde su balcón y él desde el jardín.

Una noche él fue a verle a la distancia como cada noche, pero ella no estaba en su balcón, se sintió desolado, pero comenzó a escuchar pasos en el pasto fresco y corrió a esconderse pensando que se trataba de la Abadesa, una mujer estricta e inflexible, quien dirigía a la novicias y no permitía que se rompiera ninguna regla en el santuario. Sin embargo, de entre la oscuridad de la noche, una bella creatura de blanca túnica salió a su encuentro, al verla él salió de su escondite, casi sin poderlo creer. Ambos se acercaron a sólo un paso de distancia. Después de un momento de silencio, ella le confesó su amor, sabiéndolo prohibido, y dispuesta después de eso a despedirse del joven para siempre, pidiéndole que jamás regresara a verla dio la media vuelta para marcharse. Pero él abrió su corazón y confesó sentir el mismo intenso sentimiento, haciendo que detuviera sus pasos. La confesión era un sueño ansiado, pero… imposible. Con fingida frialdad ella rehusó aceptar sus sentimientos, aconsejándole que entregara su corazón a otra mujer, otra que no le estuviera prohibida. Mas ante la rotunda negativa del joven, ella recurrió a recordarle que pese a su juvenil apariencia, ella era mucho mayor que él, muchas décadas mayor, pero al joven no le importó, él la amaba a pesar de todo. "Puedo ser un ignorante, un chiquillo tonto al lado de tu sabiduría y experiencia, pero el amor que se anida en mi corazón, es el de un hombre, que peleará contra el mundo de ser necesario, para defender este amor" le dijo con la mirada ardiendo. Cuando ella desesperada ante la insistencia del mozo que había robado su corazón decidió marcharse por donde había venido, él le dio alcance y tomándola por el brazo la hizo girar y la besó dulcemente. Y ella al probar el dulce sabor del amor por primera vez, ya no supo resistirse a ese sentimiento.

La anciana interrumpió su historia para tomar un sorbo de agua y continuó.

- Desde entonces se veían cada noche. Pronto comenzaron a planear la forma de estar juntos pero ninguna servía, ella simplemente no podía renunciar, su compromiso era de por vida e irrevocable, sólo dejando la vida terrena podría ser libre. Además el estricto consejo jamás lo permitiría. Muchas noches ella lloraba aferrada al pecho de su amante, lloraba por su infortunio, porque ahora veía su cargo como una maldición, él le daba consuelo, sintiendo gran dolor por dentro, pues se sentía impotente por no poder hacer nada por la mujer que amaba, pues un humilde aprendiz de hechicero, nada podía hacer contra el poderoso consejo de Alta Magia de Cefiro. Y finalmente una noche, sabiendo ella que nunca podría casarse ni vivir la vida de una mujer normal, decidió entregarse a él, sin importar las reglas ni la moral que debía guardar su género, sería suya y de nadie más. Fue la noche más feliz de su vida, pero también la que sellaría su destino para siempre.

La anciana tomó un respiro, mientras la joven peliazul esperaba impaciente el resto de la historia.

- A la mañana siguiente cuando, la Gran Papisa se topó por los pasillos con la abadesa del templo, la vieja y experimentada abadesa supo al ver en los ojos de Clio que ésta ya no era más una joven virtuosa, había perdido el brillo de la pureza que bañaba los ojos de las doncellas, se había manchado entregándose a un hombre. Le abofeteó sin importarle el rango muy superior que Clio tenía por encima de ella, y le reprochó con crudeza su acto impuro. Clio negó todo, pero la abadesa la retó entonces a realizar el ritual de bautismo en el río de Las aguas sacras. Clio sabía que no podía hacerlo, sólo una virgen de puro corazón podría. Y ahora en su corazón y en su mente, la inocencia y la ignorancia habían dado paso al deseo, a la pasión, al fuego ardiente que quema a los amantes hasta consumirlos de amor. No podría, de ninguna manera podría… De ese rió manaba y procedía el agua mágica que custodiaba el cuarto de la corona, siendo aguas tan sagrada y puras, que rechazaban y destruían todo aquello que pudiera ser considerado impuro o faltara a la inocencia, como las malas intenciones, sentimientos de odio, e incluso la impureza física, no sólo la mental. Sin embargo, presionada por la abadesa, Clio hizo el ritual, aunque sólo frente a la Abadesa y dos sacerdotisas ayudantes de su entera confianza, pues la vieja mujer ya sospechaba que Clio no podría hacerlo, y no había necesidad que nadie más se enterara. Cuando Clio intentó entrar al río, fue atacada por las aguas dejándola inconsciente. Eso era un gran escándalo impensable en el templo, la gente no debía enterarse de la deshonra de su suprema sacerdotisa. La abadesa no sólo la retiró secretamente de su cargo, sino que le prohibió ver de nuevo a ese "desgraciado" que la había deshonrado. Clio tenía gran poder pero estaba atada por un juramento, y tendría que acatar las crueles órdenes. Así que, haciendo jurar silencio a las dos sacerdotisas que habían presenciado el fallido bautismo de Clio, , todo siguió en aparente normalidad, Clio hacía presentaciones públicas, pero otra era quien realizaba los rituales, una joven sacerdotisa del templo con el potencial necesario y a quien la abadesa había elegido para que tomara el lugar de Clio, pero la preparación de la nueva chica le tomaría casi un año para estar medianamente lista, mientras tanto Clio seguiría dando la cara, después se inventarían una enfermedad para que Clio entregara el cargo. Pero la abadesa no contaba con una sorpresa que se gestaba en el vientre de Clio. Clio comenzó a sentir malestares, pero pensaba que era por el dolor de haber sido separada de su amor y que éste se hubiera olvidado de ella, pues no la había vuelto a buscar. Clio estaba destrozada, pensando que él la había abandonado después de obtener lo que quería de ella.

- Vaya sujeto –se quejó la muchacha.

- No te dejes engañar querida, la verdad es otra. El joven hechicero, no abandonó a Clio… el joven simplemente desapareció en la nada. Como todo en la política linda, las evidencias deben ser borradas… La abadesa que tenía gran poder y sabiendo quién era el responsable de tal sacrilegio, fue al encuentro del joven con engaños y cuando lo tuvo enfrente, de un sólo golpe lo convirtió en polvo, así de cruel, fría y sencillamente. El joven aprendiz no era rival para ella quien poseía la magia suficiente para enfrentar incluso a la misma Clio, aunque sin dudar terminaría perdiendo, pero comprenderás que para ella un simple aprendiz era menos que un insecto. La abadesa jamás sintió arrepentimiento pues a sus ojos, ese impío sacrílego había cometido falta mortal contra las leyes y había recibido su merecido. Mató dos pájaros de un tiro, desapareció al muchacho y quitó a Clio la obsesión de volver a verlo al hacerle creer que la había engañado y utilizado para saciar sus placeres carnales. ¿Sabes? Nunca supe el nombre de ese joven… Las chicas de Céfiro no tienen malicia, ellas no son capaces de imaginar planes tan maquiavélicos y menos viniendo de alguien tan respetable como la abadesa. Así que Clio inocentemente creyó todo.

La joven sintió pena en el corazón por el desafortunado joven, cuyo único pecado había sido apuntar muy alto…

- Al cabo de tres meses, la abadesa quien se llamaba Elise, notó que la figura de Clio había cambiado, se ponía cada vez más redonda, y lo supo entonces. Tremendo golpe a las costumbres ¡El cielo nos libre! ¡La Papisa esta embaraza!, Elise casi se muere de la impresión y el descontento, ¿su sacerdotisa principal embarazada? ¡Nunca!. Nadie lo sabría jamás. Encerró a Clio en la sección más apartada de la Abadía donde las novicias hacían sus votos y estudios para aspirar a algún día convertirse en sacerdotisas, alejándola así del templo principal el cual se encontraba en las mismas enormes inmediaciones pero lo suficientemente lejos para que las Sacerdotisas ordenadas no la vieran. Confinándola ahí, fuera de la vista de las novicias de la abadía y las sacerdotisas del templo quienes sin dudar la habrían ayudado. Sólo ella y Acura, sacerdotisa de toda su confianza, se encargaron de Clio. La abadesa casi no visitó a Clio durante esos 6 meses siguientes, se la pasaba preparando a marchas forzadas a la nueva sacerdotisa que habría de tomar el lugar de Clio: Rigel. Pero durante los pocos minutos que dedicaba a Clio, le hacía creer que todo estaría bien y que ella tenía todo su apoyo, todo esto sólo para volver a ganar la confianza de Clio, ya que Elise tenía sus planes…

Finalmente llegó el día del parto, hacía mucho frio y los alrededores estaban inusualmente silenciosos, no había grillos cantando, el viento no soplaba, todo era silencio.

En medio de la noche el grito de una mujer resonó en la abadía seguido del llanto de un bebé.

Clio, exhausta y medio consiente tendió los brazos hacia su recién nacido, que estaba ya envuelto en una sábana, en brazos de la vieja abadesa Elise. La abadesa Elise miró a Clio con desprecio y después de unos segundos le entregó al niño. Acura quien había pasado todo el tiempo cuidando a Clio hasta donde le permitían, sonrió sincera y se acercó a los dos.

- Es un niño bellísimo mi señora.

- Sí lo es - dijo Clio con una enorme sonrisa en su cansado rostro.

- ¿Cómo ha de llamarle?

- Lo llamaré…lo llamaré – casi no podía pronunciar palabras, estaba muy débil, había sido un parto muy difícil y un embarazo muy mal cuidado a propósito.

La abadesa veía la escena desde los pies de la cama con total desdén.

- Clef – salió por fin de sus cansados labios – te llamaré Clef… mi Clef

Lo miró unos segundos con amor infinito, haciendo uso de todas sus fuerzas para sostenerlo. El bebé de piel de luna lloraba y temblaba de frio, pero el contacto con su madre lo había hecho tranquilizarse.

De pronto Clio sintió una rara y escalofriante sensación, algo que no podría explicar con palabras pero sospechó lo que significaba, lagrimas comenzaron a derramarse de sus ojos mientras apretó con sus últimas fuerzas a su niño.

- Te amo mi hijo mío, Te... a… mo... – en ese momento el niño resbaló de los brazos sin vida de Clio y fue tomado rápidamente por Acura.

- ¡Mi señora!

Acura movió a Clio repetidas veces e intentó hacerla reaccionar pero Clio no respondió más.

- Déjala ya, está muerta ¿que no ves?... Es mejor así. De todos modos hubiera sido muy infeliz al no poder conservar a su hijo.

- ¿A qué se refiere? – preguntó Acura horrorizada.

- ¿No creerás que ella iba criarlo y conservarlo como su madre o sí? ¡Sería un escándalo! ¡Yo nunca permitiría semejante sacrilegio!

Acura la miró con miedo e incredulidad.

- Ahora –sentenció rígida –toma al niño y déjalo en el bosque.

- ¿¡En el bosque!? ¡Pero morirá de hambre y frio, los animales salvajes podrían comérselo!

- Es lo que merece, este hijo del pecado no puede permanecer en la Abadía ¡La mancha con su sola presencia! ¡Por culpa de su padre hemos perdido a nuestra Gran Señora Clio, ese engendro no debe permanecer aquí! ¡Será alimento de Laibars! -espetó con tal furia que Acura decidió obedecer para salvaguardar la vida del niño.

Envolvió bien al bebé y se dispuso a salir.

- Y cuando regreses no olvides limpiar todo este desastre. Yo iré preparando el cuerpo para anunciar la lamentable y repentina muerte de la Gran Papisa.

- ¿Pero qué explicación dará al pueblo?

- Ya me las arreglaré, ahora márchate – ordenó.

Acura salió corriendo y atravesó los jardines, se internó en el bosque y corrió y corrió en busca de la aldea más cercana, temerosa de toparse con una manada de Laibars, los lobos de Cefiro, que darían cuenta rápida de ella y el niño si llegaba a encontrarlos en su camino. Pero aun con esa amenaza latente, Acura corrió valientemente por el bosque, buscando la salida, no dejaría al niño en medio de la nada para convertirse en alimento de fieras.

Ella conocía a una pareja de amigos que siempre hacían peregrinaciones al templo para orar porque el cielo les diera un hijo. Pero nunca sus ruegos habían hasta ahora sido escuchados.

Pero ese día lo serian.

Exhausta, Acura llegó al pueblo donde ellos habitaban, y tocó a su puerta justo minutos antes que el primer rayo de sol golpeara. Una mujer de unos 29 años salió a recibirla aun en bata, y Acura se desfalleció en la entrada.

- Amiga, hoy el cielo escuchó tus ruegos – dijo cayendo de rodillas sin fuerzas.

- ¡Acura!

Acura entró en la casa e hizo entrega del bebé a la pareja quien lo acogió con gran júbilo y la firme promesa de velar por él. Acura no reveló mucho sobre el origen del niño, sólo les hizo saber que la madre del niño había muerto y que no tenía más familia. Entre menos supieran, más seguros estarían ellos y el niño. Ahí bajo el protector cuidado y amor de sus padres adoptivos, el niño quien conservó el nombre que le diera su madre verdadera, creció fuerte y sano, demostrando una tremenda inteligencia y ciertas dotes y habilidades fuera de lo ordinario. Fueron muy felices juntos por catorce años, hasta que un día un hombre sabio fue por el chico, y le dijo a sus padres adoptivos que éste jovencito de cabellos lila estaba destinado a la grandeza. El sería un gran gurú algún día. Pero el hombre sabio llamado Tauron, sabía más de lo que reveló a Clef y sus padres. No sólo había visto en Clef el poder excepcional de un gran hechicero, había visto en él al próximo gran jefe Gurú de todo el planeta, ese chico de cabello lila haría grandes cosas. Y una cosa más… Tauron sabía muy bien de quién era hijo Clef, pues el padre de este excepcional joven había sido… su muy desafortunado alumno. Tauron tenía el don de ver el futuro y el pasado, y era un gran mago respetado en todo Cefiro, demasiado importante para tener a un jovenzuelo tan imberbe como el padre de Clef bajo su tutela, pero Tauron sabio y visionario, no esperaba hacer de él un gran mago, el joven tenía otra misión… la importante misión de ser padre, y no de cualquier niño, sino del Mago más grande de todos los tiempos en Céfiro. Por eso lo había hecho acompañarlo a la Abadía aquel día aún sabiendo que la entrada de los jóvenes varones estaba prohibida ahí, por eso lo había dejado deambular libre por los jardines a pesar de lo atolondrado que era. Ese encuentro tenía que darse. Clio debía parir un hijo, pero no uno cualquiera, ese hijo tenía que nacer de un gran amor. Tauron sabía que Clef sería la grandeza de los magos de todos los tiempos.

Pero sin revelar su origen ni mucho de su futuro, Tauron abogó a sus padres por el brillante futuro del chico, y con todo el dolor de su corazón sus padres lo dejaron ir por su bien. Así pasaron los años, y cada año en las fechas importantes y celebraciones, Clef volvía a casa para pasar un tiempo con su familia. Y una de esas fechas importantes era su cumpleaños, fecha en que la tía Acura acudía sin falta a visitarlos.

Con el correr del tiempo, Acura quien pese a su apariencia de muchacha joven era en realidad una mujer de más de cien años, comenzó sentirse muy fatigada, sabía que no le quedaba mucho y aún tenía una cosa que hacer.

Así que fue en busca de Clef. Acura, desde la fecha en que había entregado al niño se las arreglaba para cada ir a verlo cada cierto tiempo, pero cada año había una fecha en la que nunca podía faltar; el cumpleaños de Clef, y hacia maravillas para escabullirse y visitar a sus amigos para saber del chico y su bienestar. Clef la había conocido como la tía Acura y la quería mucho, cariño que era bien correspondido pese a verse muy poco. Cabe mencionar que la abadesa Elise murió sin saber sobre estas visitas secretas, ni que el niño había sobrevivido, pues Acura le había mentido. Había llegado a la abadía al día siguiente al medio día, con una historia desgarradora apoyada en su terrible apariencia. Había rasgado sus propias ropas y cortado su piel con filosas piedras, para alegar frente a la abadesa, que en medio del bosque había sido atacada por una manada de laibars quienes la habían pillado con el recién nacido quien había servido de entremés, mientras ella corría desaforada por el bosque tratando de salvarse. "Si no fuera por unos cazadores que acampaban ahí esta noche, no habría sobrevivido mi señora… ellos me cuidaron hasta el amanecer y me encaminaron hasta aquí… pero lamento informarle que… no pude hacer nada por el niño" había dicho haciendo relucir sus dotes en la actuación.

"¡¿Pero de que te lamentas tonta?! Si eso es lo mejor que pudo haber pasado" había dicho Elise con malsano jubilo "El terrible secreto, muere con esa criatura". Acura sintió un vivo desprecio ante la actitud de Elise, pero decidió permanecer callada, sumisa y obediente, por el bien de esa mentira.

Sólo así Clef había podido vivir su niñez tranquilo y seguro.

Con la muerte de la abadesa, ya no había nada que temer, el secreto y la amenaza morían con ella. Y Clef tenía derecho a conocer su origen. Por eso cuando se aproximaba el cumpleaños número veinticinco de Clef, Acura le buscó para revelarle su verdad.

Así como también le había contado el trágico fin de su padre del cual nunca supo el nombre, y el cómo su madre Clio nunca se había enterado del destino de su amante. Eso era algo que ni la misma Acura sabía, hasta que una tarde meses atrás, la vieja Elise en su lecho de muerte, la había mandado llamar. Acura se había enterado de tal crueldad ese día, por boca de la misma Elise, quien antes de morir quiso confesarle la verdad a la única que sabía del nacimiento del hijo del pecado. Ni aun en su lecho de muerte Elise había demostrado arrepentimiento por sus acciones contra Clio, su amante y su hijo. Sólo había confesado la verdad a Acura para poder morir en paz.

Claro que fue un shock para el joven hechicero Clef. Pero fue precisamente por el trágico pasado de sus padres, que Clef echó a un lado sus obligaciones como Jefe Gurú y apoyó el romance de Zagato y Esmeralda sin condenarlos como debía haberlo hecho según sus obligaciones. Pero… Clef creía que nadie debía ser cruelmente condenado por amar profundamente a otra persona. Las leyes de Cefiro estaban mal… Pero no podía decir tremenda blasfemia en voz alta. A cambio, uso el obligado silencio a su favor y concedió tiempo al tiempo.

De verdad quería mucho a la princesa y a Zagato, los amaba a ambos, no podía juzgarlos cruelmente, no quería verlos terminar como sus padres o aún peor. Otro en su lugar, hubiera hecho cumplir la ley y hubiera dado muerte a Zagato apenas enterarse de su pecaminoso deseo de amar aquello que estaba prohibido. Pero él deseaba protegerlos. Aunque a fin de cuentas la historia de esos dos fue trágica, Clef trató de protegerlos hasta donde le fue posible.

- Sí, fue una tragedia… -la joven hizo un nostálgico silencio un momento, pero la duda y el interés la hicieron hablar de nuevo –Pero dígame señora ¿Clef no extrañaba a su madre biológica? Es decir ¿No deseó el haberla conocido? ¿Sufrió mucho por ella?– preguntó nostálgica la peliazul.

- Bueno linda, a pesar de que le hubiera encantado conocerla, y de profesar cariño y respeto al recuerdo de su poderosa madre biológica, la única madre que Clef conoció fue Lumina, su madre adoptiva, así que si bien sentía pena por la triste historia de sus padres biológicos e impotencia ante las injusticias de que fueron víctimas, francamente le afectaba más lo que pasaba con sus padres adoptivos, pues Lumina y Danterian le dieron siempre un inmenso amor y apoyo aún después de que Clef se enteró que no eran sus verdaderos padres, de hecho le dieron aún más amor, así que no le dieron espacio a la soledad y al vacío para anidarse en su corazón. Pero sí, el corazón de nuestro Gurú carga una cicatriz por ese sórdido pasado, y un tiempo le creó inseguridad por sentirse como arrancado de sus raíces, ya que aquellos que creía sus padres, no lo eran.

- Vaya no sabía que Clef fuera capaz de sentir inseguridad – afirmó la joven.

- Clef puede ser un poderoso Gurú, pero también es humano. Y necesita amor… - dijo mirando de soslayo y concierta intención a la jovencita a su lado quien estaba sumergida en sus pensamientos.

- ¿Amor dice? – dijo la joven saliendo de sus pensamiento y mirando a la anciana.

- Puede que Clef sea viejo, tanto como el polvo del castillo jajaja cof cof … Pero, su corazón es joven y está nuevo, esperando ser estrenado por alguna mujer que lo ame de verdad y le pueda curar todas las heridas.

- Vamos venerable señora, no creo que Clef se interese por esa clase de cosas.

- Te sorprendería jovencita – le dijo con cierta mirada cómplice.

La joven quedó estupefacta mirando a la anciana.

- ¡Marina! – se escuchó fuera de la casona.

- Ya han llegado tus amigas por ti jovencita.

- Muchas gracias por la plática en verdad fue muy interesante, y agradezco el honor de su confianza, pero, no sé si yo debía enterarme de éstas cosas, después de todo es una parte privada de la vida de Clef, no creo que debiera confiársela a cualquiera.

- Y No lo hago linda, sólo se lo confiaría a quien debiera saberlo y créeme, Tú, eres la persona más indicada – dijo con enigmática mirada.

Marina la miró sin comprender.

- ¡Marina! – la volvieron a llamar.

- Me tengo que retirar, muchas gracias por su tiempo.

- Al contrario, gracias por aceptar cuidar a ésta anciana toda la tarde, puedes volver cuando quieras.

- Gracias, me retiro.

Marina salió dejando a la mujer sentada en su mecedora, quien tenía misteriosa sonrisa de satisfacción en sus labios, esa anciana parecía saber algo que Marina no.

Las chicas llegaron al castillo para pasar a tomar sus cosas, era hora de regresar a casa.

Marina fue por un bolso que había dejado en uno de los jardines del castillo y ahí sentado en la fuente, encontró a Clef, tranquilo, mirando a las estrellas.

- Buenas noches – saludo Marina.

- Oh buenas noches Marina.

Marina se aproximó y tomó el bolso.

- Ya me retiro, sólo venía por esto.

- ¿Ya te vas?

- Sí, se hace tarde.

- Oh cierto, reglas de Mundo Místico ¿verdad?

- Así es.

- ¿Lo pasaste bien con Xsara?

- Sí es una mujer muy interesante y parece que te quiere mucho.

- Bueno, siempre es natural que una hermana quiera a su hermano.

- ¡¿Ella es tu hermana?!

- Así es – dijo un tanto sorprendido, por la sorpresa en el rostro de Marina - ¿No lo sabías?

- No, no me lo mencionó. Pensé que era una conocida tuya, quizá una amiga, no sabía que eran hermanos. Con razón sabe tanto de-es decir, con razón se preocupa tanto por ti – se corrigió nerviosamente.

- ¿No te atosigó con historias del pasado o sí? – le preguntó Clef con una sonrisa.

- Yo no lo llamaría atosigar.

- Muchas gracias por cuidar de ella ésta tarde, sé que podrías haber ido a recorrer la ciudad con las chicas, pero preferiste ayudarme. Disculpa la molestia, de verdad no sé qué hubiera hecho sin ti esta tarde. – dijo el ahora alto y guapo Clef tomando las manos de Marina con gratitud.

- No fue una molestia, te lo aseguro.

Vaya que… ese momento podía haber durado una eternidad… si no fuera porque Marina rompió el contacto casi de inmediato, aunque lo más sutil que pudo, para no denotar su nerviosismo. Unos segundos más y hubieran comenzado a temblarle las manos.

- Bien regresen pronto, siempre es muy grata su visita, últimamente vienen muy poco.

- Ah, la universidad. Es muy absorbente.

- Pero tus estudios son lo primero.

Anais le había un día, entre plática y plática, explicado a Gurú Clef lo importante que era la universidad y que eran estudios superiores muy avanzados, que todo mundo debía tener. A Clef le asombró pero igualmente pensó que era genial que en mundo místico las mujeres recibieran una educación tan avanzada. Ya que en Cefiro las chicas estudiaban lo básico y se casaban por amor para formar familias y convertirse en felices amas de casa. Las chicas de mundo místico parecían tener mayores ambiciones, lo cual le parecía bien, así como innovador.

- Sí… Bien, hasta pronto - dijo Marina corriendo a la salida.

- Hasta pronto… - dijo Clef en la soledad.

Esa niña…No, esa ahora joven mujer, le provocaba algo que nadie le había provocado jamás, y ese algo, le hinchaba el corazón de alegría, y le hacía pensar que podría haber un nuevo y distinto futuro para él, pero… ¿Sería posible?

¿Un Jefe Gurú y una Guerrera Mágica? Las leyes habían cambiado mucho en Céfiro gracias a ellas, un nuevo destino se escribía para ese planeta. ¿Habría espacio en sus páginas para un nuevo romance prohibido, que sería no tan prohibido está vez?

Y… habría espacio en las páginas del corazón de Marina, para que un anciano con un joven corazón escribiera en ellas?

- Quizá, quizá… Quizá hermano mío. Quizá…

Una anciana sonreía en el vaivén de su mecedora, sabiendo que una luz de otro mundo había llegado para iluminar el camino de su querido hermano adoptivo. Una luz que cambiaría su vida para siempre.


Bueno espero les haya gustado este mini fic sobre el origen y pasado de Clef y su posible futuro ^^. Como verán está basado en el manga, donde las chicas pueden ir y venir a voluntad entre Céfiro y la Tierra. Para los que tengan la duda como mencionó Yui-3000, Clef tiene una hermana adoptiva como dice al final. Como quería revelar la identidad de Xsara hasta el final, no menciono su historia en el fic, pero les hago saber que, en esta trama, cinco años después que Clef llegara a sus vidas, ellos adoptaron a otra pequeña sin hogar, y puede que Xsara no sea su hermana biológica, pero se criaron como hermanos desde niños, así que no es la sangre sino el amor fraterno el que los une.

Aclarada la duda sólo me queda desearles un bonito día y Muchas gracias por leer este fic.