Resumen: Muchas veces los hilos del destino son tejidos con una canción de tristeza resonando en medio de la oscuridad. La magia tiene su manera de tejer las cosas, importándole muy poco lo que tenga que decir Harry, ni mucho menos Draco. Los dos muchachos experimentan cambios extraños, y terminan viéndose con diferentes ojos. Propietario: Hibari Kyouya. Betareader: Kino Shirase.


"Un escritor profesional es un amateur que no se rinde." Richard Bach (1923), escritor y piloto de aviación estadounidense.

Todos los personajes son de J. K. Rowling, y no lucro de ninguna manera con ellos.

Capítulo beteado por Kuroi Yukie, ¡muchas gracias por tu ayuda! :D

Prólogo. Un nuevo olor en el ambiente

Advertencias:

OoC.

Slash (Drarry).

Sexto año, el Misterio del Príncipe.

Long Shot.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.


¡Feliz Cumpleaños, Hibari Kyouya!


Luego de un momento, la campanilla de la puerta tintineó ruidosamente cuando Malfoy salió de la tienda, con aspecto de estar de muy buen humor. Dentro del establecimiento, Borgin permanecía helado; su sonrisa suntuosa había desaparecido, incluso parecía angustiado.

Mientras tanto, el Slytherin pasó tan cerca de Harry, Ron y Hermione que ellos sintieron la agitación de la capa alrededor de sus rodillas otra vez. Justo en el momento en el que el rubio dejaba atrás el sitio en el que ellos estaban, cuando pensaban que todo el peligro había pasado, Malfoy detuvo con brusquedad sus pasos. Harry observó extrañado como la sonrisa que había estado hasta ese instante en los labios del Slytherin desaparecía, y que alzaba la cabeza como si de pronto percibiera un extraño olor en el aire. El corazón del Gryffindor se paralizó cuando el muchacho giró sus ojos grises hacia donde los tres amigos estaban escondidos.

-Caminen hacia atrás con lentitud –susurró Harry con un hilo de voz-. Y que no se les vean los pies…

-¿Para qué? No puede vernos, somos invisibles –se quejó Ron por lo bajo, antes de que Hermione le golpeara las costillas y lo callara.

Los chicos hicieron lo que Harry les ordenó, procurando no hacer ruido alguno, pero entonces Malfoy entrecerró los ojos y, girándose con rapidez, dio un paso hacia donde ellos se encontraban. Tratando de mantener la calma, Harry tomó el brazo de Hermione y la jaló hacia su izquierda, obligándola a avanzar por el callejón hasta doblar en una esquina.

-Regresen a la tienda de Fred y George, yo los alcanzare después –dijo el moreno, para después salir desde abajo de la capa y tomar un camino diferente en dirección a la derecha.

-¡Pero, Harry…! –intentó detenerlo la castaña, pero Ron le colocó una mano sobre la boca y, tomándola por la cintura, la pegó contra la pared a espaldas de ambos. Un segundo después Malfoy prácticamente paso corriendo delante de ellos, con el semblante furioso.

-Confiemos en él, Hermione –dijo el pelirrojo con voz seria, una vez que el rubio se perdió de vista. Un tanto a regañadientes, más que nada por el inusual carácter que demostró Weasley, la muchacha dejó que su amigo la guiara de nuevo hasta el callejón Diagon.

Mientras tanto, Harry se había ocultado en el dintel de una puerta. El negocio a sus espaldas parecía abandonado, si le hacía caso al viejo letrero de "En venta", que estaba caído a sus pies. El moreno se había echado la capucha de su capa sobre la cabeza, mientras que una mano reposaba sobre su pecho, ocultando el escudo de Howgarts. Dio gracias a Dios porque el uniforme de la escuela fuera negro; esa ropa, junto con la oscuridad que dominaba el Callejón Knockturn, lo ayudaba a esconderse entre las sombras.

El Gryffindor dejó escapar un suspiro de alivio al ver que Malfoy pasaba de largo unos pocos metros delante de él, y entonces, una vez que vio a ambos lados para cerciorarse de que nadie reparaba en su presencia, regresó sobre sus pasos. Cuando ya podía distinguir la salida del sombrío callejón delante de él, una mano fuerte lo tomó por la muñeca y lo atrajo hasta una callejuela aledaña.

-¿Me buscabas? –dijo la voz de un Slytherin que el moreno conocía muy bien, en un claro tono burlón.

Inmediatamente Harry trató de soltarse del agarre del rubio para poder salir corriendo, pero como si supiera lo que estaba pasando por la mente del Gryffindor, el muchacho se apresuró a tomar la otra muñeca de Harry, y después lo estampó contra la pared.

-¿Porqué me estabas siguiendo? –le preguntó Malfoy en un siseó enojado, ignorando el leve quejido de dolor que dejó escapar el otro chico-. ¿Qué escuchaste? –siguió con el interrogatorio, usando su cuerpo para inmovilizar al otro.

-¡Muérete, Malfoy! –gruñó Harry sin dejarse amedrentar por la actitud hostil del Slytherin, y el rubio torció la boca con desagrado ante sus palabras. ¡Típica actitud Gryffindor!

Entonces el moreno pudo percibir que la atmósfera que los rodeaba cambiaba repentinamente, era como si de pronto un cosquilleo le hubiera recorrido la piel y lo calmara de súbito, aunque él se resistiera. Harry se fijó en los ojos grises de Malfoy, y por unos segundos creyó distinguir un extraño brillo metálico en su mirada.

-¿Qué fue lo que hiciste? –preguntó el Slytherin en un murmullo bajo, con una mágica cadencia en la voz que fue, literalmente, música para los oídos de Harry.

-¿C-como…? –consiguió balbucear Harry a través de la niebla que comenzaba a cubrir su mente. Esa pregunta debería haberla hecho él, no sabía que estaba haciendo Malfoy, ya que no veía la varita del chico a la vista, pero algo estaba haciendo, y era magia, apostaba todo su oro de Gringotts en ello.

El Gryffindor apenas fue consciente de que el rubio soltaba su muñeca derecha y deslizaba sus dedos sobre el brazo de Harry, percibiendo su forma debajo de la tela, y sin poder esquivar el pensamiento, imaginándose como sería ver esa piel al desnudo. Antes de que el moreno pudiera evitarlo, esa mano fría había alcanzado su cara, y al segundo siguiente el Gryffindor se dio cuenta que Malfoy jugueteaba con el cuello de su camisa, para después apartar la tela y hundir su nariz en aquel sitio, una vez que tuvo el espacio suficiente para hacerlo.

Harry pudo sentir como la piel de su rostro estaba bastante caliente, y se imaginó que debería de tener en esos momentos un vergonzoso sonrojo en la cara, pero se consoló al repetirse una y otra vez que el resultado no podría hacer otro, no cuando el chico que juzgaste como tu contrincante buena parte de tu infancia, aspira el olor de tu cuello como no hubiera mejor cosa en el mundo, y para rematarla, en seguida soltaba un gemido de intensa satisfacción.

-Te encontré a pesar de tu maldita capa, tu olor estaba por todos lados y me llegaba a la nariz, como si suplicara que buscara la fuente… -explicó el Slytherin en un murmullo, y Harry hubiera agradecido la explicación a dos metros de distancia, y además sin ese tono seductor que le aturdía los cinco sentidos-. Lo note en la tienda de túnicas también…

Justo cuando el Gryffindor pensaba que la situación no podría volverse más bizarra, los labios de Mafoy se posaron ligeramente sobre su piel, y entonces una corriente eléctrica lo recorrió por completo, proveniente desde ese sitio, y provocando que todo pensamiento coherente se detuviera, al mismo tiempo que los latidos de su corazón se aceleraran.

-¡Oye tú..! –grito entonces Harry, recuperando el temple. El muchacho olvidó momentáneamente el lugar en el que se encontraban, y que no podría ser muy conveniente que vieran al Elegido en el Callejón Knockturn.

Con su mano derecha, el moreno tanteó con discreción su bolsillo en busca de su varita. Malfoy no se dio cuenta del movimiento, pero no parecía muy contento ante el súbito arranque de rebeldía de Harry. Sujetó con brusquedad la cintura del Gryffindor, provocando que perdiera el equilibrio y tuviera que sujetarse de sus hombros para no ir a parar al suelo, para gran vergüenza del buscador.

-Quédate quieto –le ordenó el Slytherin con un gruñido, mirándolo directo a los ojos. Si Harry pensaba que ese día no podía sorprenderse más se equivocó, porque para su asombro, se vio a si mismo cumpliendo sumisamente la orden del otro chico.

Y entonces los ojos de Malfoy vieron los labios de Harry.

El Gryffindor solo atinó a negar lentamente con la cabeza, pero no pareció provocar otra reacción en el rubio más que divertirlo. Mientras Malfoy curvaba su boca en una sonrisa burlona, se acercó a Harry y lo besó con todas sus fuerzas. El moreno pudo sentir el aliento cálido chocando un instante contra sus labios, antes de que fueran capturados de nueva cuenta por los contrarios. Al joven mago le llegó vagamente el recuerdo de su desastroso beso con Cho Chang, y aceptó a su pesar que éste estaba a años luz de distancia. Mientras la lengua de Malfoy le acariciaba los labios tuvo la seguridad de que ese beso estaba hecho para que él, Harry Potter, lo disfrutara más que nadie.

El Slytherin apretó con más firmeza el agarre que tenía sobre la cintura del moreno, arrancándole un jadeo que aprovechó para profundizar el beso, para su gran placer. El Gryffindor tembló completamente, mientras la lengua del rubio le reconocía la boca, con una paciencia y una suavidad que no hubiera creído posible en esa serpiente, de no estar comprobándolo él mismo, ¡y aún así le costaba aceptar el hecho!

-Malfoy… -susurró Harry en medio del beso, con la respiración entrecortada. No sabía que más decir, pero al parecer sus palabras fueron suficientes para romper el hechizo que había caído sobre ellos.

El rubio se separó con brusquedad del Gryffindor, y se quedo unos segundos observándolo de manera incrédula, después se paso una mano sobre los rubios cabellos, desordenándolos en el proceso. Parecía que ni el mismo podía creer lo que había hecho. Dio unos cuantos pasos de un lado a otro, como si buscara la manera de remediar la situación, cuando de pronto se giró hacia Harry, con tal ira reflejada en sus ojos grises que el moreno habría dado un salto hacia atrás, de no encontrarse la pared a sus espaldas.

-No te vuelvas a poner en mi camino –le advirtió Malfoy en un siseo, señalando con un dedo. Entonces solo se ajustó con un ademán augusto la túnica que vestía, y se dio la vuelta, desapareciendo en el poco transitado Callejón Diagon.


¡Zaz, culebra! Sé pequeños amigos que he sido una mala escritora, y que tengo miles, MILES (bueno, no tantos, con como seis) fanfics sin terminar, luego voy yo, muy fresca, a publicar otro. Pues bueno, tenía ganas (¡NO ME MATEN!). Además es para celebrar el cumpleaños de mi querida beta mamá gansa-gallina, Hibari, que fue ayer, pero por cuestiones de fuerza mayor no lo pude publicar hasta hoy. Es mi primer Drarry, wiiiiiii! Espero lo disfruten, igual que yo estoy haciendo al escribirlo. Para las personas que me preguntan por la continuación de Yo regrese (horrible nombre), lo siento, por ahora me concentrare en este, en Noches de luna llena y en Circus. Lo siento de verdad. P. D. Kuroi fue la beta en este capítulo.

Zaludos

Zaphy

Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.