Fado

Resumen: Muchas veces los hilos del destino son tejidos con una canción de tristeza resonando en medio de la oscuridad. La magia tiene su manera de tejer las cosas, importándole muy poco lo que tenga que decir Harry, ni mucho menos Draco. Los dos muchachos experimentan cambios extraños, y terminan viéndose con diferentes ojos. Propietario: Hibari Kyouya. Betareader: Kino Shirase.

"Un escritor profesional es un amateur que no se rinde." Richard Bach (1923), escritor y piloto de aviación estadounidense.

Todos los personajes son de J. K. Rowling, y no lucro de ninguna manera con ellos.

Fanfic sin beetar, porque a la escritora le gusta la mala vida y la tortura (?)

Fado. Capítulo 11. Una lección arriesgada a las afueras del castillo

Advertencias:

OoC.

Slash (Drarry).

Sexto año, el Misterio del Príncipe.

Long Shot.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.

¡Feliz Cumpleaños, Hibari Kyouya!


Aunque Harry podía sentir con claridad como la mirada de Ron le quemaba el rostro, El Elegido mantuvo la vista fija en su plato de cereal, fingiendo no notar los constantes gruñidos que salían de su mejor amigo y las risitas que soltaba Hermione de vez en cuando.

-H-harry... -se animó a hablar el Wealey en tono balbuceante, luego de un prolongado momento de duda.

-¡¿Qué?! -respondió de inmediato el aludido, saltando a la defensiva y soltando de golpe la cuchara con la que comía, haciendo un estruendoso tintineo que se perdió en medio del desayuno de la mesa de Gryffindor.

A pesar de que la cara de Ron adquiría el tono de su cabello, el guardián del equipo de quidditch se las arregló para aclararse la garganta y soltar las palabras que había querido decirle a Harry desde que despertaran aquella mañana. Los ojos azules del Weasley se clavaron en la mejilla morada de Potter, al tiempo que una mueca de desagrado se apoderaba de la boca del pelirrojo.

-Creo que Mione te puede quitar esa... cosa... con un hechizo o con lo que sea -balbuceó Ron, alzando su dedo índice y señalando el chupetón que decoraba descaradamente el rostro de su mejor amigo-. O tal vez Ginny... -escupió el pelirrojo, un tanto molesto ante la perspectiva de que su hermana menor supiera el encantamiento adecuado para eliminar la marca de un beso.

-No quiero -alegó Harry de inmediato, cometiendo además el descaro de girar la cara para que el moretón quedara más a la vista de Ron.

El chico de ojos verdes todavía no le perdonaba a su amigo que siquiera hubiera considerado la posibilidad de que lo estuviera traicionando con Hermione, sobre todo porque Harry era muy consciente de lo que el pelirrojo sentía por su amiga en común. Comenzó a sospecharlo después del baile de cuarto año al que Granger llegó del brazo de Victor Krum y los subsecuentes celos de Ronald.

-¡Pero, compañero...! -chilló Ron, aunque se calló al ver que Harry volvía a dedicarle toda su atención a las crujientes hojuelas de cereal-. Al menos dime el nombre de tu... novio -consiguió el Weasley sacar la última palabra, la cual parecía habérsele atorado en la garganta.

-Harry, es tarde para tu clase de Criaturas Mágicas -los interrumpió sabiamente Hermione, al tiempo que cerraba el libro de Aritmancia entre sus manos y tomaba la edición matutina de El Profeta-. A la profesora Grubbly-Plank no le gusta que lleguen tarde -le recordó la muchacha de cabello castaño, lanzándole una mirada elocuente que consiguió ocultar de Ron.

Harry alzó de inmediato su muñeca izquierda, donde llevaba por costumbre su viejo reloj roto, simulando que comprobaba la hora.

-Gracias, Hermione -dijo el chico de cabello negro, aliviado desde el fondo del corazón por la ayuda de su amiga.

Era evidente que la muchacha no quería que los dos varones tuvieran semejante conversación sobre Malfoy, a mitad del desayuno en el Gran Comedor ni más ni menos. Deseando no perder la posibilidad de escape que Granger acababa de regalarle, Harry tomó a toda prisa su mochila, para luego ponerse de pie y enfilar hacia las enormes puertas de la gigantesca habitación.

-¿Crees que esté tratando ocultarme quien es su novio, Hermione? -preguntó Ron en tono confuso, rascándose el cráneo con los dedos.

La aludida tuvo que reconocer, no por primera ocasión, que una de las virtudes de Weasley no era precisamente su sagacidad en cuanto los sentimientos ajenos, ni siquiera los de sus mejores amigos. Dentro de su cabeza, Hermione dio gracias a Dios por los pequeños favores.

-Ron, lo que creo es que tu amigo sigue molesto porque no lo dejaste explicar su situación -contestó la voz de Granger al instante, proveniente desde atrás de la portada del periódico, en cuyas páginas los habituales carteles de "Se busca" de los mortífagos le sonreían a Ron con petulancia-. Y yo sigo molesta porque tampoco creíste lo que te dije -agregó la muchacha, y Weasley no pudo hacer otra cosa más que sonrojarse ante el reproche de Hermione.

Queriendo cambiar de tema, Ron paseó sus ojos azules por el Gran Comedor, para ir a caer entonces sobre la figura solitaria que ocupaba uno de los extremos de la mesa de Slytherin, un muchacho de cabello rubio y mirada gris, que revolvía con desgana el tocino que se había servido en el plato. Buena parte de los alimentos en la fuente dorada parecían intactos, sin señales de haber sido tocados. Aún a la distancia, el prefecto de los leones pudo notar las vistosas ojeras que lucía Draco Malfoy.

-Malfoy se ve horrible -dijo de pronto el pelirrojo, señalando al otro joven con una cabezazo poco discreto.

No pocos rostros en la mesa de Gryffindor se giraron hacia donde apuntaba el menor de los varones del matrimonio Weasley, para gran disgusto del Slytherin rubio, que también lo notó.

-Si, en las últimas semanas no ha sido él mismo brabucón de siempre -concordó Hermione en tono suave, no queriendo que Malfoy atrajera más la atención de Ron.

Si el escándalo que había montado el pelirrojo en la Sala Común de los leones había sido monumental, no quería ni imaginarse la guerra campal que se desataría en cuanto Ron supiera que Draco era la pareja secreta de Harry. Y en vista de las circunstancias, Weasley se encontraba sobre la pista correcta para descubrir el misterio. Sólo bastaba con que el guardián del equipo de quidditch presionara lo suficiente a su mejor amigo. Por otro lado, la lista muchacha también se dio cuenta de que el aspecto de Malfoy comenzaba a mejorar, aunque fuera solo un poco.

Deseando escapar también que cualquier interrogatorio por parte de Ron, Hermione dejó el periódico sobre la pesa y comenzó a ponerse de pie para abandonar la mesa de Gryffindor.

-Tengo clase de Aritmancia -le anunció la muchacha al pelirrojo, al tiempo que tomaba sus cosas para dejar el Gran Comedor-. Nos vemos más tarde, Ron -dijo la chica castaña, a lo que un cabizbajo Weasley respondió agitando la mano a manera de despedida. Ron todavía no se perdonaba haber increpado a sus amigos de tan vergonzosa manera, y la mirada acusadora de Granger no ayudaba a mitigar su memoria.

Aunque en el fondo de su corazón a la muchacha le causaba lástima la nube negra de tristeza que rodeaba al pelirrojo, Hermione decidió ignorar el pequeño malestar que provocaba en su conciencia y no se dejó sobornar por la cara de perrito apaleado del otro Gryffindor. Ya se sentaría junto al Weasley después de la cena para ayudarle con su tarea de Transformaciones, a manera de recompensa.

La muchacha de cabello castaño estaba a mitad de las escaleras del vestíbulo, cuando el peso de su mochila le recordó el empolvado tesoro de Rawiyah Shafiq, que encontrara días atrás en los dominios de madame Pince; ejemplar que por cierto tenía que regresar mañana a la Biblioteca de Hogwarts.

-Olvide mostrarle a Harry el libro que había encontrado en la biblioteca -murmuró Hermione para sí misma, molesta por su descuido. Luego de un momento de duda, Granger hurgó en su bolsa de colegio y sacó el pequeño volumen encuadernado en azul-. Siguiente capítulo: Veelas-leyó la muchacha en voz alta, sumergiéndose en la lectura mientras caminaba con una sonrisa.

~*D*&*H*~~*F*A*D*O*~~*D*&*H*~

Aunque Harry era rápido, para cuando llego al linde junto al Bosque Prohibido donde impartían la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, el resto de sus compañeros ya estaban presentes. Bueno, en realidad la profesora Grubbly-Plank también echaba en falta a otro de sus estudiantes, y El Elegido no tardó en notar la ausencia de tal alumno, puesto que se trataba de nadie más que de Draco Malfoy.

-Señor Potter, cinco puntos menos a Gryffindor por llegar tarde -espetó la bruja de cabello gris, rebosante de mal humor. El chico de cabello negro de inmediato torció la boca con molestia, pero no intento contradecir a la hechicera de mayor edad. Se rumoraba que a la profesora Grubbly-Plank le gustaba fumar en pipa de vez en cuando, pero ese día en particular el olor a tabaco que desprendía su ropa era bastante penetrante-. ¡Acérquese, vamos! Sus compañeros están casi listos -le informó la bruja que sustituía a Hagrid.

A juzgar por la amarga expresión de sus rostros, todos los alumnos amontonados junto a la casa del guardabosques habían notado también que la bruja de cabello corto parecía estar manejando un nivel de estrés que Harry nunca le había observado antes. El pobre Gryffindor estaba a punto de quitarse de la vista de su agobiada maestra, cuando Grubbly-Plank lo sujetó con brusquedad por la parte trasera del cuello de su túnica, manteniendo al muchacho en su lugar, y ahorcándolo de paso.

-Señor Potter, ¿está usando perfume o colonia? -preguntó la bruja con los labios apretados, como si el hecho de que su estudiante oliera bien equivaliera a un insulto personal particularmente vicioso. Algo acobardado, lo que hizo que se preguntara donde había quedado el valor Gryffindor del que tanto se vanagloriaba su Casa, Harry tragó saliva con dificultad e intento dar un paso atrás, lejos de la hechicera.

-No -aseguró El Elegido, arreglándoselas para que la voz no le temblara cuando le respondió a su maestra. Grubbly-Plank entrecerró su mirada con sospecha, pero después de un momento que a Potter se le antojó eterno, la bruja acabó por asentir con la cabeza y confiar en las palabras del aterrado estudiante.

-Muy bien. Los elfos domésticos deberían usar menos suavizante en su ropa -masculló entre dientes la mujer de cabello corto, para acto seguido darse la vuelta.

Después de que la profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas le diera la espalda a Harry, los pasos de la hechicera se encaminaron en medio del grupo de alumnos reunidos. Wilhelmina llamó a los adolescentes con gestos hoscos para que se acercaran más a ella, y a regañadientes, los estudiantes de Hogwarts lo hicieron, aunque era claro en sus rostros que no deseaban otra cosas más que echarse hacia atrás.

Una de las muchachas de sexto curso de Gryffindor, con cabello rubio y ojos azules, la cual Harry recordaba vagamente compartía dormitorio con Hermione, parecía en especial molesta por las instrucciones de la profesora sustituta. Potter observó con extrañeza como la chica se frotaba el rostro con un pañuelo, retirando una considerable capa de maquillaje de sus mejillas.

-¡Vamos, señorita Smith! ¡No será mucho tiempo! -le dijo Grubbly-Plank a la otra bruja, desestimando la fulminante mirada de la rubia-. ¡Atención, estudiantes! Como les adelante la clase pasada, hoy estudiaremos a las veelas -comenzó a decir la versada hechicera, con aquel tono que usaban la mayoría de los maestros en el Castillo y que hacía maravillas para adormilar a los magos que padecieran del insomnio más severo-. Ya deberían saber que las veelas son criaturas extraordinariamente vanidosas, es por eso que les hice especial hincapié en descuidar su arreglo personal. Cabello, maquillaje, perfumería -enumeró la bruja de cabello canoso, levantando un dedo por cada palabra.

Cerca del fondo de la clase, Pansy Parkinson se inclinó hacia una de sus compañeras de Casa y le susurró algo al oído que causó las risillas fastidiosas de su sequito de chicas. Harry ignoraba porque semejante grupo de cabezas huecas se había inscrito a la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, cuando era evidente que la odiaban cuando Hagrid la impartía. El Elegido sospechaba, corazonada que le causaba un desagradable ardor en el estómago, que la Slytherin se había unido a la materia sólo con el fin de seguir a Draco.

-Su arreglo más no la higiene, señor Goyle -continúo hablando la anciana mujer, apuntando su prominente mentón hacia el mencionado alumno. Goyle no dio señales de darse aludido por su profesora, aparte de rascarse su enorme cráneo con pereza-. Gracias a las influencias del profesor Dumbledore, un miembro de la comunidad veela ha accedido a visitar Hogwarts -farfulló con irritación Grubbly-Plank, resignada a que no obtendría mayor reacción por parte del Slytherin.

Fue viendo la torpe manera en que Crabbe trataba de quitarse los restos del desayuno de debajo de las uñas, en un pobre intento de complacer a su irritada profesora, que Harry comenzó a divagar sobre la pobre opinión que tenía sobre los amigos de Draco, juicio que sin duda el rubio compartía en cuanto a Ron y Hermione. No obstante, Potter pensó con terquedad que su veredicto sobre el carácter de las serpientes era más acertado, sobre todo una vez que la mirada verde del Gryffindor se encontró con la de Parkinson. La respingada nariz de la muchacha se torció de inmediato con desagrado, de modo que la chica parecía que acababa de oler estiércol de hipogrifo.

-Estas criaturas no son comunes en Inglaterra, es más frecuente encontrarlas en Europa del Este -seguía enseñando la profesora Grubbly-Plank, causando no sin cierta dificultad que la atención de Harry regresara a la clase-. La señorita Jalousie de hecho es francesa, originaria de Lyon. Tomará té con nosotros a cambio de... un sombrero. Un sombrero con plumas azules de jobberknoll y plumas blancas de cisne -al oír la dificultad con la que las palabras que salían de la apretada boca de su profesora, Harry se preguntó mentalmente si era el único alumno que notaba la manera en que la mano de la mujer se desviaba de vez en tanto hacia el bolsillo delantero de su túnica, palmeando el pequeño bulto que la pipa de madera causaba en la ropa.

Una vez que Grubbly-Plank acabó de introducir a los estudiantes sobre la identidad de su prestigiosa visitante, de golpe la voz de la vieja bruja dejó de fluir. La hechicera de cabello corto comenzó a dar miradas apremiantes a sus dos costados para después hacerles señas a los estudiantes para que se aproximaran más a ella, provocando que los chicos se vieran entre sí con extrañeza. Cuando Wilhelmina volvió a hablar, lo hizo entre susurros, temerosa de que oídos indiscretos oyeran las instrucciones que daba a sus alumnos.

-La señorita Jalousie invitara a alguna de ustedes a su mesa, aquella a la que considere más bella y por lo tanto la que tenga mayor potencial para ser un rival -informó la profesora sustituta, mientras su mirada caía con seriedad en las féminas inscritas a la clase. Harry rodó los ojos al ver que Parkinson enderezaba los hombros con prepotencia y le dedicaba al resto de sus compañeras una expresión engreída-. Mi consejo para la estudiante escogida es que se conduzca con cautela y que se abstenga de preguntarle sobre su nacimiento. Nadie sabe con exactitud la manera en que nacen las veelas. Es un secreto celosamente guardado y la señorita Jalousie podría tomarse como un insulto que unos simples estudiantes traten de indagar sobre tal cosa -dijo Grubbly-Plank, en un tono que evidenciaba que los adolescentes presentes ya deberían saber semejante información, puesto que era su deber documentarse sobre el tema antes de la clase.

Sin agregar otra palabra, la anciana maestra se dio la vuelta y avanzó hacia la cabaña de Hagrid con pasos bastante enérgicos para su edad. Durante un instante, los estudiantes se vieron entre sí sin saber qué hacer. No faltó el Gryffindor que le diera a Harry una mirada interrogante. En un gesto que admitía había adquirido de Ron, Potter se encogió de hombros antes de seguir a su profesora hacia donde fuera que los llevara.

Por un terrible primer momento, El Elegido temió que Grubbly-Plank hubiera decidido recibir a su distinguida visitante dentro del diminuto hogar del guardabosque. Recordando la jactanciosa actitud de Fleur Delacour hacia la decoración más regia del Castillo, dudaba que la veela francesa estuviera agradecida por una recepción tan humilde.

Para buena suerte de los estudiantes de Hogwarts, la hechicera a cargo de la asignatura guió a sus alumnos por un costado de la abandonada cabaña de Hagrid, de tal forma que el grupo de adolescentes rodeó la rustica construcción por un lado, y terminó frente al jardín de las calabazas. Junto al cerco blanco que limitaba el huerto, había sido colocada una pequeña mesa camilla, cubierta con un estrafalario mantel morado tachonado con estrellas verdes. En medio del delicado mueble descansaba un juego de té completo, con la porcelana más delicada que Harry hubiera visto en su corta vida. Aunque las chillonas rosas que se abrían sin cesar, pintadas sobre la pálida cerámica, provocaban que Potter recordara los desagradables momentos que el muchacho había pasado en el despacho de Dolores Umbridge. Potter apartó la mirada de los platos, con el vago pensamiento de lo cerca que estaría Tía Petunia de cometer asesinato con tal de conseguir un juego de té igual al de la mesa, y los ojos del muchacho fueron a caer sobre la criatura que aguardaba junto a la cerca de madera.

Una esbelta figura se erguía de pie, esperando por la llegada de los estudiantes de Hogwarts, y recogiéndose la ropa como si temiera que la cercanía con los gigantescos vegetales anaranjados dañara la tela de alguna manera.

Si bien no era la primera vez que se topaba con una veela, Harry, al igual que el resto del grupo de alumnos, no pudo evitar soltar un jadeo de sorpresa que se unió al de sus compañeros, formando un suspiro colectivo de admiración. Como cabía de esperarse de semejante criatura mágica, la veela traída a la clase poseía una extraordinaria belleza. El cabello era de un color blanco nieve, largo hasta las caderas, que se agitaba de manera encantadora aunque Potter no podía percibir la presencia de ningún viento. La mirada de la veela era de un enigmático tono purpura y sus labios de un color rojo sorprendentemente encendido, pese a que no parecía usar maquillaje.

Aunque el clima había comenzado a recrudecer a medida que avanzaba el otoño, en realidad era un día espléndido en los jardines de Hogwarts. Sin embargo, la mujer albina aguardaba de pie vestida con una gruesa capa de invierno plateada, complementada con una capucha de piel que la veela no se había echado sobre la cabeza. Conforme la ropa se movía con sus gráciles movimientos, bajo el abrigo de la hermosa criatura podía distinguirse a ratos una delicada túnica de seda azul en tono nomeolvides.

-¡Alumnos! -habló entonces la profesora Grubbly-Plank, volviendo a atraer sobre si la atención de la clase-. Les presentó a mademoiselle Prunellie Jalousie -dijo la vieja bruja, añadiendo a la introducción una elaborada reverencia acompañada de una inclinación de cabeza. Los jóvenes magos se apresuraron a imitar con torpeza a su profesora.

En medio de su gesto de saludo poco ágil, que al muchacho Gryffindor le recordó con un poco de diversión a la clase práctica que Hagrid les había impartido sobre hipogrifos, Harry pudo notar que la veela alzaba su bien delineada ceja hacia los modales de los estudiantes de Hogwarts. Y Potter no fue el único en caer en cuenta de la mueca que evidenciaba el carácter engreído de la bella mujer, puesto que la profesora Grubbly-Plank no tardo en apretar con fuerza los labios. Desde que Potter llegara a la clase, para el chico de ojos verdes había sido evidente que el tema de enseñanza no era del agrado de la bruja.

-Es un... placeg -ronroneó la veela mientras paseaba su misteriosa mirada por los adolescentes que se reunían en torno a ella. Al parecer sólo las féminas de la clase, y extrañamente, también El Elegido, notaron el tono despectivo con el que la bella mujer soltó la última palabra. El resto de los varones presentes soltaron nuevos suspiros de admiración ante la melodiosa voz de la criatura.

Unos pasos al costado izquierdo del Gryffindor de ojos verdes, Goyle se sacudió las migajas de comida de su reluciente túnica de colegio, mostrando al mismo tiempo una expresión embobada en el rostro. La escena causó que un escalofrió de desagrado recorriera la espina dorsal de Potter. El pobre intento de impresionar a la veela por parte del Slytherin, hizo que Harry volviera a notar que al parecer era el único muchacho en el grupo que no se sentía atraído por el encanto de la criatura mágica. Internamente agradeció a Merlín que ni Ron o Hermione tomaran la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, de lo contrario ya habría una nueva discusión en curso entre sus amigos.

Sin tener que pensárselo mucho, el muchacho de cabello negro no tardó en caer en cuenta que la presencia de Draco lo abrumaba mucho más que la delicada aparición de la señorita Jalousie. Aunque se tratara de un ente capaz de arrojar fuego con sus manos, el poder de la veela era una mala broma en comparación a la magia que despedía el rubio Slytherin. Su reflexión provocó que Harry se golpeara la frente con la palma de su mano repetidas veces, enojado consigo mismo por dejarse dominar por aquellos extraños instintos que habían comenzado a aparecer durante las vacaciones de verano.

Mientras el Gryffindor trataba de expulsar a golpe limpio todas las ideas obscenas sobre Malfoy que tuviera, la autoflagelación de Potter atrajo la atención de sus consternados compañeros de Colegio, además de la de los enigmáticos ojos de mademoiselle Jalousie. Lo que en un principio fuera un profundo gesto de aversión hacia Harry por parte de la pequeña francesa, se convirtió al instante en manifiesta sorpresa, a la que se le sumo un destello de celos que la veela apenas fue capaz de disimular.

Más de una mandíbula cayó al suelo cuando los gráciles pasos de la mujer enfilaron directo hacia la desgarbada figura de Potter. El pobre muchacho estaba tan concentrado en frotarse la frente enrojecida, que no percibió que los ojos de todos los presentes habían caído sobre él. Ni siquiera notó que la rubia veela tosió de forma suave buscando llamar su atención.

-¡Potter! -exclamó la profesora Grubbly-Plank, asustando tanto al despistado chico que lo hizo dar un salto hacia atrás, golpeando de paso a Sally Smith en la mejilla derecha. Lejos de replegarse por el tumulto que llegada había causado, la criatura mágica ignoró a todos los jóvenes magos, con excepción de Harry.

-Prunellie Jalousie -anunció la doncella de mirada purpura, al tiempo que elevaba su fina mano derecha hacia el rostro de Potter, con la obvia intención de que el muchacho la besara-. Enchanté -insistió la joven francesa, comenzando a torcer los delicados labios con impaciencia, puesto que no conseguía ninguna reacción por parte del Gryffindor de cabello negro.

Todavía no muy seguro de que se esperaba que hiciera, Harry sujetó la mano que se le ofrecía con una expresión dubitativa en la cara, dándole una ligera sacudida. Y en vista del gesto exagerado por parte de la veela, el torvo apretón de manos por parte de El Elegido no era lo que la criatura mágica quería. La señorita Jalousie abrió la boca, pero ninguno de los presentes supo que iba a decir, ya que antes de que otra cosa ocurriera un chillido encolerizado surgió de entre el pequeño grupo de alumnos.

-¡Pero, esto...! -berreaba Pansy Parkinson, apretando los puños. La muchacha no había encontrado dificultad para hacerse oír hasta el último de los alumnos de Hogwarts presentes, pero por lo visto sus propias palabras eran incapaces de salir de la boca de la Slytherin-. ¡Potter no puede...! ¡Profesora...! -chilló la atribulada chica, dirigiéndose en última instancia hacia la maestra.

La profesora Grubbly-Plank se apresuró a sujetar a Parkinson por el codo, alejándola de la pareja que formaban Potter y la veela. La anciana bruja no quería poner a prueba el espinoso carácter de la criatura mágica, por lo menos no cuando apenas había dado inicio a la clase.

-Señorita Parkinson, usted y el resto de sus compañeros pueden tomar asiento donde mejor les plazca -indicó la hechicera entre dientes, guiando a la muchacha Slytherin lo más lejos que pudiera de la mesa con el servicio de té. A regañadientes, Parkinson permaneció de pie donde se lo indicaba su maestra, tercamente se negó a arrodillarse en el suelo como el resto de sus compañeros ya lo hacía.

Una vez que la bruja de mayor edad tratara con su arrogante alumna, enfiló nuevamente hacia donde aguardaban su indeseada invitada y la inesperada elección hecha por ella, Jalousie se encontraba con la barbilla alzada orgullosamente mientras que era evidente la incomodidad que dominaba a Harry. Sin esperar a que la profesara Grubbly-Plank se lo indicara, la veela tomó asiento con un movimiento grácil de sus caderas, que causó un suspiro colectivo por parte de los varones a sus pies, sentados en la primera fila.

-Señor Potter... -llamó entonces la bruja de cabello cortó, mientras sujetaba el respaldo de una de las sillas presentes, señalándole con la cabeza a Harry para que la ocupara-. ¡Señor Potter! -bramó la potente voz de la pequeña hechicera, exasperada por la estática figura de su estudiante.

-¡S-sí, señora! -respondió entonces el muchacho, apresurándose a sentarse donde se lo decía la anciana hechicera, cada vez más nervioso por la mirada que le enviaba Prunellie.

La vanidosa criatura no se detenía en ser discreta ante la profunda inspección que le dedicaba a su joven acompañante. La mirada violeta de la veela no dejaba de pasearse desde el cabello oscuro a los ojos verdes del chico, mientras los blancos dedos acariciaban su propia barbilla y mostraba una tenue sonrisa en los labios. Harry torció la nariz con un poco de molestia, puesto que el gesto de la mujer le recordaba un poco a Rita Skeeter durante sus entrevistas, cuando trataba de sonsacar cualquier frase mal dicha para después convertirla en un chisme sensacionalista y difamador.

-Entonces... ¿Potteg? -comenzó a interrogar la señorita Jalousie, deslizando las manos entre las pastas que estaban acomodadas prolijamente en un platillo de porcelana. Desdeñando con rapidez unas galletas de nuez que al Gryffindor le encantaban, la veela prefirió entonces servirse un poco té, que el muchacho no logró reconocer por su sutil olor. Sin embargo, la criatura mágica alejo a toda prisa la taza de su nariz, como si la bebida caliente le hubiera causado náuseas.

-Harry. Harry Potter -dijo el chico, cada vez más seguro de que no podría llevarse bien con la bella mujer sentada frente a él.

En realidad no debería sorprenderle mucho a El Elegido, puesto que para llevar una relación amigable con Fleur Delacour el muchacho de cabello negro tuvo que rescatar a la hermana pequeña de la extranjera, al punto de casi terminar ahogado en el Lago Negro. Por lo visto se necesitaban medidas extremas para ser socialmente aceptado por la comunidad veela.

-Bien, Haggy -respondió Jalousie con gorgoritos, y si la delicada mujer reaccionó al nombre de la persona que derrotó al Señor Tenebroso siendo un bebé, no lo demostró en sus hermosas facciones- . Puedes llamagme Pgu, no es necesagia tanta fogmalidad -propuso la criatura con tono encantador que distaba mucho de su comportamiento inicial.

-¿Pgu? -tropezó Harry con la palabra, sintiéndose un poco avergonzado que el sonido se asemejara más a un escupitajo que a cualquier nombre que el muchacho conociera.

-Pru, señor Potter -lo corrigió con paciencia la profesora Grubbly-Plank, comenzando a relajarse poco a poco, conforme disminuía el riesgo de que su estudiante ofendiera de alguna manera a la veela.

-¿Naciste en Londges, Haggy? -siguió hablando Prunellie, tratando de mantener la conversación en un tono amigable, aunque sus enigmáticos ojos se desviaron un momento hacia la bruja anciana sentada a un costado. En la mirada de la criatura mágica se reflejó el abierto desprecio que sentía por profesora, a causa de la interrupción a su pequeño interrogatorio hacia el Gryffindor.

-La verdad es que yo... no lo sé -dijo El Elegido ligeramente confundido, ya que desde hace mucho había dejado de pensar en ese detalle. Durante su infancia tanto tío Vernon como tía Petunia habían proporcionado muy poca información acerca de su nacimiento, limitándose a la fecha de su cumpleaños. Ahora que Potter era mayor prefería que los amigos de sus padres hablaran más sobre ellos que de él-. Me crie con mis tíos en Surrey. Está en... -comenzó a explicar el muchacho.

Sin embargo, antes de que la charla se introdujera demasiado en la geografía del Reino Unido, fuero groseramente interrumpido por la señorita Jalousie.

-¿Tíos? ¿Y tus padges? -preguntó la hermosa criatura, derramando curiosidad por todos sus poros.

Después de años en la comunidad mágica, sin tener que explicar cuál había sido el destino de sus progenitores, era bastante extraño para Harry tener que hablar acerca de su muerte, dejando de lado el carácter morboso del tema. El chico se tomó un tiempo para tomar un sorbo de su propio té, que pudo notar era de ciruela tras percibir el sabor ligeramente agrio en la lengua. Harry meditó con cuidado su respuesta antes de abrir la boca, observando su borroso reflejo en la bebida caliente.

-Mis tíos son la única familia de sangre que tengo. Son muggles -contestó Harry con un encogimiento de hombros, manteniendo el volumen de voz bajo. El Elegido no sólo podía sentir como los ojos de sus compañeros se clavaban en su espalda, sino que además logró escuchar uno que otro jadeo de sorpresa e incluso un gemido de asco que Potter estaba seguro provino de Pansy Parkinson.

-¿Muggles? -repitió la delicada francesa, mostrándose más confundida que disgustada hacia los orígenes de Potter-. ¿Y qué tal tus abuelos, Haggy? ¿Fuegon magos o bgujas? ¿O algo más... integesante? -preguntó la veela, al tiempo que extendía sus pálidos dedos para rozar la muñeca del joven Gryffindor en una caricia delicada.

Los rápidos reflejos, y la sorpresa, hicieron que Harry retirara de inmediato la mano que había colocado sobre la mesa, nada más sentir el contacto que su piel hacía con la elevada temperatura de la criatura mágica. Gracias a su difícil niñez, el muchacho de cabello negro tendía a sentirse incómodo cada vez que alguna persona invadía su espacio personal. Característica que al parecer comenzaba a superar gracias a sus mejores amigos, pero también gracias a Malfoy. El pensamiento del Slytherin rubio y las diversas maneras en que se apropiaba de los alrededores de Potter, hicieron que las mejillas del pobre chico se sonrojaran.

-¿Más interesante? -se las arregló para responder Harry, luego de aclararse la garganta, confundido tanto por el comportamiento de la veela como por sus extrañas preguntas.

-Mademoiselle Jalousie se refiere a que si no tiene ningún ancestro que fuera una criatura mágica, señor Potter -le aclaró con rapidez la profesora Grubbly-Plank, manteniendo un acento tan perfecto con las palabras extranjeras que había utilizado, que Harry no pudo evitar sentir envidia ante la fluidez de su maestra.

-¡Ah! No que yo sepa. No los conocí mucho -dijo El Elegido, aliviando de poder responder las dudas de la invitada de la clase, aunque seguía desconcertado por el rumbo que tomaba la conversación. Para Potter era evidente que no había nada diferente en su sangre; no era gigantesco como Hagrid o Madame Maxime, ni poseía rasgos sobrenaturalmente bellos como Fleur.

-Entonces hablemos de mejoges cosas, chéri -la señorita Jalousie dejó ir con el tema con facilidad, aunque sus carnosos labios estaban un tanto fruncidos, como si pensara que Harry no era por completo sincero-. ¿Tienes...? ¿Cuál es la palabga? ¿Fiancé? -volvió a sus preguntas la joven mujer, aunque el pequeño obstáculo que encontró ante la barrera del idioma pareció sincero a los ojos del Gryffindor.

-¿Fia-qué? -balbuceó Harry, comenzando a impacientarse ante tantas palabras que no comprendía.

Potter empezaba a preguntarse si en realidad no habría sido más fácil que Dumbledore encontrara a alguna veela de este lado del Canal de la Mancha, o al menos una criatura que hubiera tenido más contacto con magos ingleses. Fleur sin duda no se habría negado a ser de nuevo el centro de atención de Hogwarts.

-Novia, señor Potter, la señorita Jalousie pregunta si usted tiene novia -tradujo la bruja de cabello corto para el muchacho, dejando caer su delicada taza de manera brusca, tanto que Harry temió que la porcelana se hiciera pedazos. Para sus adentros, el pobre Gryffindor pidió que no faltara mucho tiempo para que la clase terminara, que los minutos de asignatura acabaran antes que la paciencia de la profesora Grubbly-Plank.

-Cgeo que puedo manteneg una linda convegsación con Haggy sin su ayuda, professeur Ggude-Plam -exclamó molesta Prunellie, girándose por primera vez para enfrentar a la maestra que impartía Cuidado de Criaturas Mágicas.

Todo lo que deseaba el pobre muchacho Gryffindor era mantenerse al margen de la discusión entre las dos mujeres, fingiendo que hurgaba entre el plato de galletas. Sin embargo, el gesto que hizo su maestra de palpar el bolsillo de nuevo en busca de su pipa, obligó a Harry a abrir la boca de nuevo, por el bien de sus compañeros reunidos.

-No tengo novia, P-pru -aseguró Harry en tono suave, puesto que sin importar la relación que mantuviera con Draco ninguno de los dos era una delicada damisela a la que podía dársele el calificativo de "novia". Aunque algo de la evasión en su respuesta debió reflejarse en su cara, porque un brillo de triunfo surgió en los ojos violetas de Jalousie, y Potter maldijo por lo bajo su mala suerte.

-Pego hay alguien, ¿no es ciegto, Haggy? -canturreó contenta la veela, mientras se inclinaba hacia el joven mago para poder apreciar más de cerca la reacción del pobre chico a sus burlones comentarios-. ¡Hay alguien pog quien suspigas en la noche! -dijo criatura extranjera, batiendo sus pálidas pestañas en dirección al Gryffindor.

-¡C-claro que no...! -se apresuró a defenderse Harry, horrorizado de la sola posibilidad de que los Slytherin a sus espadas se enteraran de su vida privada desde primera fila.

-¡Cuéntamelo todo, Haggy! Puedo integcambiar consejos de belleza contigo, paga ayudagte. A cambio puedes decigme el hechizo que usas paga conseguig semejante olog en tu piel –trinó Prunellie, al tiempo que su mano volvía a hacer contacto con la del Gryffindor.

En esta ocasión el movimiento que hizo Potter para librarse del agarre de la veela fue aún más notorio que el anterior, con el inconveniente de no contar con la sobrenatural fuerza de la criatura. Una sonrisa maliciosa se deslizo por los rojos labios de la fémina, causando que un escalofrió recorriera la espalda del muchacho de ojos verdes. La engañosa apariencia etérea de la veela cubría la verdadera fuerza de la señorita Jalousie, que Harry sintió en su totalidad hasta el punto que una mueca de dolor se coló en el rostro de El Elegido.

Hasta ese momento la profesora Grubbly-Plank se había mantenido al margen de la conversación banal, y prácticamente unilateral, que mantenía Prunellie con su joven alumno, pero nada más escuchar la petición de la criatura invitada, el cabello lacio de la anciana bruja se erizo de tal manera, que a Harry le recordó con desagrado a la melena roja de aquella manticora exonerada por el Ministerio de Magia, imagen que había encontrado Hermione cuando buscaban salvar a Buckbeak de un juicio injusto en su tercer año.

-Señor Potter, me aseguro que no usaba perfume –prácticamente gruño la maestra de Cuidado de Criaturas Mágicas, señalando a Potter con la delicada taza de porcelana, y de paso salpicando el impecable mantelito blando con el rojizo color del té-. 5 puntos men…

-¡No lo hice, profesora Grubbly-Plank! –se apresuró a defenderse el muchacho de cabello negro, antes de que la mujer le restara puntos a su casa. ¡Potter no iba a permitir que los pocos puntos que conseguía para Gryffindor se perdieran de manera injusta, por calumnias de una mujer que recién conocía!

-¡Pog favog! No es simple colonia, mujeg –prácticamente gruñó la veela, liberando por fin los dedos entumecidos de Harry. La bella criatura mágica se sirvió un poco de té con los movimientos más rudos que la clase le había observado hasta ahora, y aun así se las arregló para que arrancar varios suspiros de la audiencia masculina presente-. Es algo más... podegoso. Encantadog, también. Una combinación peligosa, Haggy –añadió Prunellie por lo bajo, como si le contara al chico de ojos verdes un sombrío secreto.

Por un momento Harry tuvo la tentación de rodas los ojos ante la mueca de disgusto que la señorita Jalousie hizo al oler su bebida caliente, recordando con rapidez lo poco apetecible que la veela había encontrado la ciruela, pero entonces la mirada violeta de la extranjera cayeron con atención en el rostro de Potter. Un brillo peligroso resplandeció un segundo en las pupilas de la criatura, e incluso al Gryffindor le pareció que la boca de la francesa se alargaba hacia enfrente, mientras la piel del cuello se le erizaba. Antes de que El Elegido supiera lo que estaba haciendo, los propios labios del muchacho soltaron un gruñido de advertencia.

Lejos de sentirse amedrentada por el comportamiento agresivo de su joven acompañante, Prunellie se emocionó tanto que parecía dar saltitos de alegría sobre la delicada silla en la que se encontraba, y ambas manos no tardaron en alargarse de nuevo para sujetar entre ellas a la desprevenida mano izquierda de Harry.

-¡Tu piel! Es tan suave, demasiado sedosa... –gorgoteó la veela, al tiempo que agitaba sus rubias pestañas hacia el Gryffindor-. Y no me hagas hablag de tu cabello, chéri. Tan oscugo, igual que una noche sin luna... –agregó Prunellie fingiendo una voz embelesada, mientras liberaba una de sus manos para acariciar los mechones que rodeaban la frente de Potter, inclinándose tan cerca que las fosas nasales de Harry se inundaron con el empalagoso perfume de la criatura.

Antes de que Potter pudiera retirarse de las garras de la veela, una conmoción en la parte trasera de la clase atrajo la atención de la mayor parte de los jóvenes hechiceros; la saliva se deslizó traicionera por la garganta de Harry al darse cuenta de que se trataba del Slytherin cuya presencia echara de menos al inicio de la lección. Draco Malfoy presentaba el mismo aspecto ligeramente descuidado con el que había regresado de las vacaciones de verano, aunque El Elegido pudo notar con alivio que las ojeras eran menos notorias en la piel pálida del otro muchacho, y que el porte engreído que tanto caracterizara al mago rubio estaba de vuelta en todo su esplendor.

-Pofesora Grubbly-Plank, sé que llegue tarde –comenzó a explicar Malfoy con aburrimiento mientras alzaba un trozo de pergamino para que su maestra pudiera verlo, y aunque sus facciones demostraban indiferencia, la mirada del Slytherin se paseaba con atención entre los presentes, buscando cierta famosa cicatriz en la frente de alguien-, pero tengo una autorización firmada por el profesor Sn... ¿Quién es ella? –siseó abruptamente el rubio.

El repentino cambio de tono en Draco no hizo más que atraer la curiosidad del resto de los alumnos alrededor, aún más ya que lejos de las miradas soñadoras de sus compañeros varones, los afilados ojos de Malfoy se clavaron en la frágil figura de la veela como si deseara ser capaz de lanzarle un Avada con la simple mirada. Harry dudaba que fuera imaginación suya ver como Prunellie se removía incomoda en su asiento, al tiempo que envolvía con más fuerza la capa alrededor de su talle, como si la delgada tela pudiera protegerla de algún peligro.

Muy poco preocupado por el espectáculo que montaba de nuevo en una clase de Hogwarts, el primer pensamiento del rubio Slytherin era ocupar un lugar en la diminuta mesa para el té. Malfoy enfiló con expresión decidida hasta el frente de la clase, a pesar del semblante aterrado de Prunellie, la secreta satisfacción de Harry y la evidente ira de la profesora Grubbly-Plank.

-¡Señor Malfoy, haga el favor de sentarse con sus compañeros y...! –comenzó a gruñir Wilhelmina, poniéndose bruscamente de pie para que, en caso de ser necesario, usar sus propias manos para obligar al Slytherin a tomar el lugar que tenía asignado.

El corazón de la bruja de cabello corto dio varios latidos acelerados, cuando el chico rubio se giró hacia ella y por un instante creyó ver un brillo plateado intenso en la mirada de su alumno recién llegado. De no ser por la forma obviamente humana del joven Draco, la maestra sustituta juraría que acaba de invadir el territorio de un grifo macho especialmente agresivo.

-Muévete, Potter –masculló Malfoy entre los dientes, al tiempo que se colocaba de pie entre Potter y la criatura mágica. Con una rígida floritura de su varita, el rubio hizo aparecer una elegante silla de madera oscura y respaldo alto, Harry no puedo evitar temblar de excitación al percatarse de que en realidad la mayor parte de la magia del Slytherin provenía de su mano desnuda-. No hay problema si me siento con ustedes, ¿verdad, señorita...? –añadió el hijo de Lucius en tono hosco, inclinándose hacia el frente para bloquear la vista que Prunellie tenía de Potter.

No es que la veela necesitara mucho incentivo para permanecer con la mirada baja, aparte de la agresiva introducción que el mago de ojos grises había hecho en la hasta entonces tranquila tarde de la francesa. A los dedos pálidos de la señorita Jalousie los recorrían espasmos burdos que los hacían perder toda su gracia.

-No, no, no. Ningún pgoblema, en absoluto –murmullo la veela con la garganta seca. Una parte oscura dentro de El Elegido se llenó de satisfacción al ver como la mujer extranjera se reducía a una sombra ante la poderosa presencia del Slytherin.

-Sigo esperando su nombre, madame –insistió Draco con poca paciencia, tamborileando sus dedos sobre la mesa, aunque el efecto se perdía un poco ya que el mantel amortiguaba el rítmico sonido.

-Dra... Malfoy –lo interrumpió entonces Harry para llamar la atención del rubio. El Gryffindor trataba de ser todo un caballero con la dama extranjera, sintiendo en el fondo un poco de lástima por el evidente miedo que invadía a la criatura mágica. Sin embargo, a juzgar por los ojos de la veela, abiertos con terror, la intercesión de Potter no era agradecida por Prunellie.

-J-jalousie –respondió cabizbaja la mujer de mirada violeta, toda la bravuconería pareciendo haber abandonado su cuerpo.

-Asumo que usted es un miembro de la comunidad veela –dijo Malfoy en tono sarcástico, al tiempo que por debajo de la mesa sujetaba la rodilla de Harry para mantenerlo callado, no deseando que el muchacho conviviera más de lo necesario con la maldita criatura.

-Es usted muy obsegvadog, monsieur Malfoy –le contestó la señorita Jalousie, con un pobre intento de sonrisa en los labios.

Por su parte, el Gryffindor no se tomó bien el gesto sobreprotector de Draco, y aprovechando también la protección del mantel, pellizcó con dureza la mano del otro estudiante. El Elegido tuvo que concederle al rubio el lograr mantener su expresión estoica, pese al dolor que debió sentir por su sutil agresión.

-Professeur... Professeur, ¿no deberíamos continuar con la clase? –gimió entonces Prunellie con desesperación, y la Pofesora Grubbly-Plank no pudo más que soltar un jadeo de sorpresa cuando la delicada veela sujetó su mano derecha entre las dos suyas, la súplica desesperada escrita sobre sus delicados rasgos.

-Por supuesto –consiguió hablar Wilhelmina tras un ligero carraspeo de su garganta seca, al tiempo que la francesa soltaba un obvio suspiro de alivio-. Señor Potter, ¿tiene alguna pregunta para mademoiselle Jalousie? –preguntó entonces la maestra sustituta a Harry, percatándose al instante del gruñido salvaje que escapaba de la boca del Slytherin.

-¿Yo? S-sí, claro... Pru, ¿cómo es que las veelas...? –tartamudeó Potter, mientras trataba de ignorar la manera en que los rápidos dedos de Draco se deslizaban hacia el interior de su muslo.

De inmediato el chico de cabello negro supo que sus palabras no eran del agrado de Malfoy, ya que de pronto el hijo de Lucius pasó de ser una tormenta de furia a convertirse en un sólido bloque de granito.

-¿Pru? –repitió Draco, como si no pudiera creer lo que su compañero de escuela acababa de decir. Harry trató de no encogerse ante el ligero tinte de traición que notó en la voz del rubio-. ¿Pru? –jadeó de nuevo el Slytherin, volteando ahora su rostro hacia la figura temblorosa de Prunellie, clavando sus fríos ojos en la veela como si esas tres letras hubieran ofendido hasta el último de sus ancestros.

-Haggy, chéri, me encatagia que... –se animó a decir la señorita Jalousie, al tiempo que su pecho comenzaba a subir y bajar con rapidez.

-¿Acaban de conocerse pero ya se hablan con tan poca formalidad? ¿"Chéri"? –espetó entonces Malfoy, colocando a su vez ambas manos sobre la pequeña mesa, que se estremeció ante la fuerza del muchacho rubio. La turbia sospecha en la mente de la Profesora Grubbly-Plank seguía creciendo al percatarse de la postura de ataque que tomaba el Slytherin, listo para saltar sobre la garganta de la pequeña extranjera.

-Je suis désolé, Monsieur (1) –susurró a toda prisa la criatura de mirada violeta, dejándose caer en la comodidad de su lengua materna.

-Je vous ordonne d'éviter votre grip de la, putain (2) –exigió Malfoy en el mismo idioma, para sorpresa de la mayoría de los presentes.

Desde el rincón donde se había refugiado con su sequito de compinches presumidas, Pansy Parkinson deseó estar versada en el francés, o que al menos Nott, quien si conocía la lengua, le tradujera la conversación. A pesar de que con seguridad tendría que rogarle al castaño Slytherin por semejante información.

-Je ne sais pas! Monsieur Potter n'a jamais dit... (3) –se defendió la veela francesa, demasiado aterrada por la ira que destellaba alrededor del muchacho rubio a su costado, tanto que no gastó energías en sentirse ofendida por el calificativo grosero usado en su contra. Draco tuvo mucha suerte de que la velocidad con la que discutía con Prunellie le impedía a la Profesora Grubbly-Plank entenderlo de sus palabras del todo.

-Alors maintenant, vous lui reprochez? (4) –preguntó Draco con incredulidad, cruzandose de brazos.

-Si vous prenez soin de votre propriété avec le plus grand soin... (5) –murmuró entonces la señorita Jalousie, no logrando morder el reproche antes de que se escapara de sus labios. Y nada más terminar la frase, la pobre criatura extranjera se arrepintió de dejarse llevar por el impulso.

-Je vais vous tuer! (6) –bramó el Slytherin de ojos grises, estirando sus manos hacia el suave semblante de la veela, como si fueran poderosas garras capaz de destrozar a la mujer hasta pequeños pedazos irreconocibles.

-¡Malfoy! -le gritó Harry al rubio, sujetando al otro estudiante por los hombros. Tanto la profesora Grubbly-Plank como Prunelllie no tardaron saltar de sus asientos, con la añadidura de que la criatura mágica había alzado sus manos por instinto para protegerse del aura abrasiva que Draco dirigía contra ella.

-¡Cállate, Potter! ¡No es asunto tuyo! –reprendió Malfoy a El Elegido, sin que el varón de cabello negro lograra mover ni un centímetro a Draco. La indignación creció dentro de Harry a causa de las duras órdenes el mago rubio, pero no fue el único de los presentes molesto por la espinosa actitud del prefecto de las serpientes.

-¡Señor Malfoy, 10 puntos menos para Slytherin por su comportamiento! ¡Todo mundo de regreso al castillo! ¡Ahora! –gritó la Profesora Grubbly-Plank, al tiempo que sacaba la varita del bolsillo de la túnica y lanzaba chispas doradas al aire para dispersar al grupo de alumnos entretenidos con el altercado-. ¡Usted primero que nadie, señor Malfoy! –le espetó la bruja mayor a Draco, apuntando directo al rostro del joven rubio.

La anciana hechicera era bastante consiente de lo poco profesional que era amenazar a un estudiante de su escuela, pero algo en los ojos bestiales del hijo de Lucuis Malfoy lograba hacer que a Wilhelmina se le erizara hasta el último vello de la nuca. Por un segundo, el Slytherin tuvo la intención seguir discutiendo con la maestra sustituta, pero algo en la figura encorvada de Jalousie, que trataba de ocultarse detrás de la bruja, cantaba victoria como nada en su vida lo había hecho antes.

-Esto no ha terminado, veela –dijo de todas formas Draco, pasando la lengua por sus afilados colmillos, imaginándose que saboreaba dentro de su boca la sangre de la criatura mágica que tuvo el desatino de retarlo hoy.

Después el muchacho rubio se dio la vuelta con mucho revuelo de la capa de su uniforme de colegio, un gesto que sin duda imitara del Jefe de Casa de las serpientes, y entonces enfiló detrás del resto de sus compañeros de clase. Harry trató infructuosamente de no ofenderse porque Malfoy lo dejara atrás con tanta facilidad, luego de haber alborotado la lección que planeara la Profesora Grubbly-Plank con tanto cuidado.

-¡Me voy hoy mismo del país! No pienso poneg otgo pie en Hogwagts, mon roi –gimió la veela francesa, nada más estuvo segura de que el perfil del Slytherin rubio se perdía tras las enormes puertas de Hogwarts-. ¡Oh, mon dieu! Cgeía que iba a mogig... –susurró Prunellie dramáticamente, al tiempo que se abanicaba con una mano-. ¡Y tú! ¡La pgóxima vez que un veela pugo te este gondando...! –le espetó la criatura extranjera a Harry, mostrándole al Gryffindor de nuevo sus rangos afilados semejantes a ave de rapiña. Al final parecieron hacerle falta palabras a la recominicacion de la señoria Jalousie-. Professeur, estoy muy decepcionada de que no se haya advegtido de que invadía el teggitogio de otga veela –dijo entonces en un tono más calmado, dirigiéndose ahora hacia la encargada de Cuidado de Criaturas Mágicas.

-¿Otra veela? –preguntó Harry con extrañeza, su línea de pensamiento todavía sin poder procesar las palabras de la criatura invitada por Dumbledore. Cerca del Gryffindor, la Profesora Grubbly-Plank tensó la mandíbula y la mano libre de la bruja salió disparada hasta el lugar de la ropa donde resguardaba su elaborada pipa.

-Pog supuesto que soy una cgiatuga podegosa, pego también soy una dame delicada –siguió hablando la indignada mujer sobrenatural, ignorando la pregunta del joven Potter-. No como ese bguto animal que tienes por compañego, Potteg –dijo Prunellie rodando sus ojos violetas.

-Señorita Jalousie, creo que antes de retirarse deberíamos tener unas cuantas palabras con nuestro venerable director –interrumpió su monólogo una molesta maestra sustituta, al tiempo que sujetaba por el codo a la bella criatura mágica y la guiaba hacia la entrada del enorme castillo.

-No solo otga veela, también semejante vanidosa cosa como es su quegido Haggy –siguió quejándose la veela extranjera, recogiendo las faldas de su vestido de seda para caminar más a prisa, y al parecer olvidando todo el desagrado que había mostrado en un primer instante hacia todo lo que tuviera que ver con Hogwarts-. Ojala mantenga sus venenosos colmillos lejos de mí -fueron las últimas palabras que se escucharon de la mujer de mirada violeta, antes de que su voz se perdiera en medio de los jardines delanteros del colegio.

_~*D*&*H*~_~*C*O*N*T*I*N*U*A*R*Á*~_~*D*&*H*~_


(1) Je suis désolé, monsieur. Lo siento, señor.

(2) Je vous ordonne d'éviter votre grip de la, putain.: Te ordeno que apartes tus garras de él, puta.

(3) Je ne sais pas! Monsieur Potter n'a jamais dit...: ¡Yo no sabía! El señor Potter nunca dijo...

(4) Alors maintenant, vous lui reprochez?: ¿Ahora lo culpas a él?

(5) Si vous prenez soin de votre propriété avec le plus grand soin...: Si cuidara su propiedad con mayor cuidado...

(6) Je vais vous tuer!: ¡Voy a matarte!

Hello! Tanto tiempo sin saber de ustedes aquí en Fado… Más de dos años, de hecho, motivo por el que Hibari casi me deja de hablar D: En fin, dije en mis otros fanfics que iba a actualizar el día 20 de julio, pero, por motivos de causa mayor no lo pude hacer (no tengo internet en mi casa, y estaba lloviendo, yo me muevo en moto, por lo que no es una gran combinación para salir XD). Espero que disfruten este capítulo, y que me digan que les pareció C: ¿Una bienvenida para su ausente fanficker? Mañana va a haber otra actualización, pero fíjense que dirá "Respuesta a reviews", no es un capítulo, solo será la respuesta a los reviews que tenía pendientes. ¡Nos leemos el siguiente mes!

Zaludos

Zaphy

Sela Yal than Rami usa te, finta Zaphyrla... Temo si la ura le.

Próxima actualización: 20 de agosto de 2017.