Título: Sleeping sun.

Advertencia: NC-17. Contiene yaoi y un poco de lemon.

Género: Romance. ¿Drama?

Resumen: Extraña segunda parte de "Séptimo".

Cinco años después de la guerra. Harry "montón-de-problemas-personales" Potter, es buscador de la selección inglesa y va a Francia al Mundial de Quidditch.

¿Malfoy no había dicho que era medio francés?

Aclaraciones: HP y toda la saga y películas y figuritas lego y chapitas y etc. etc. le corresponde a JotaKá, socios Y a todos nosotros los lectores que le hemos dado consciencia colectiva y mantenemos la llama encendida. ¡Ja!

Dedicado: a Kimito Roku, Kasandra Potter, Acantha-27, MMDD, Floor Whithlock, ItsMixi, Alexis_sly y Darysnape. ¡Miles de gracias por sus comentarios! ¡Me hicieron muy feliz!

Notas del autor: Lo prometido es deuda. Esta es una historia que tenía medio destrozada en el pc, ahora intento ordenar y armarla un poco. Mnh. Ténganme un poco de paciencia.

El título proviene de la canción "Sleeping sun" de Nightwish.

ATENCIÓN: este historia tiene final abierto, si no les gusta, no lean.


2003.

Había aprendido a amar las pequeñas peculiaridades de Francia. El aire menos húmedo, el cielo más claro, las luces más brillantes y la gente más desinhibida. Los magos más tolerantes. Todo parecía estar extrañamente revestido de una luminiscencia especial, según el capitán John Murray, era porque Harry era un pueblerino y se sentía deslumbrado por su primera salida fuera de Inglaterra.

Internamente Harry sabía que era otra cosa.

-Voy por un refresco…- comentó con una sonrisa ligera, encaminándose hasta una expendedora muggle, mientras el resto de sus compañeros aguardaban al entrenador frente al lujoso hotel mágico. Una solitaria, alta y angosta puerta de roble viejo, entre el escaparate de una boutique Voge y un Burger King. El barniz especialmente dorado y la sinuosidad de los ornamentos, le daban un aire renacentista poco acorde con la fachada modernista de la propia calle, pero lo suficientemente discreta para pasar desapercibida.

Habían pasado más de cuatro años desde la esperada, pero no menos grotesca, terrible y mortífera batalla final. Años en los que tras derrotar a Voldemort y conseguir una vida ligeramente más normal, aún bajo los flashes de los periódicos y la algarabía de un pueblo agradecido, se había propuesto reiniciar su existencia. Había terminado Hogwarts, ingresado como buscador a los Chudley Cannons en primera división y luego como seleccionado nacional.

No podía decir que su vida no fuera la esperada…

Introdujo las tres monedas en la ranura y presionó el botón junto a la imagen de Coca-cola, entonces escuchó el sonido seco de la lata cayendo y asomándose bajo la puertecilla del dispensador.

Durante ese extraño octavo año –sin la incómoda presencia de cierto rubio-, intentó recomponer sus intereses y su "normalidad". Había comenzado a salir con Ginny como todos esperaban que ocurriera: Ron, Hermione y los propios Weasleys. Para finales de ese primer año juntos, Harry ya no estaba del todo seguro e intentó prolongar el momento de la ruptura todo lo que pudo… tan solo aguantó dos desesperantes meses más.

Nunca le diría a Ginny que el placebo que aún lo mantenía en pie junto a ella, eran los rubios que solía conquistar en bares lejos de Londres. La puerta a la necesidad que había abierto Malfoy lo habían curado del asco inicial, de la incredulidad, de la incomprensión, de la negación, de la homofobia…

»Eso no era homofobia, eran celos...«

Había salido de Hogwarts con algo cercano a una extraña parafilia, a un trastorno sexual producto del deseo desesperado por Draco Malfoy, pero tentativamente satisfecho con chicas a través de juegos obsesivos, casi agresivos, ocultas bajo la desmemorizacion. Con el tiempo se había dado cuenta que "follar y arrancar" no era suficiente. Una chica no le satisfacía, la imaginación no le bastaba para solventar la carencia de lo verdaderamente deseado y había dado el paso gigantesco de probar con chicos.

Los primeros habían sido singularmente rubios, artificiales, pero muy cercanos a ese tono platinado que deseaba tener entre los dedos, para acariciarlos, para besarlos. No eran tan altos, ni tan pálidos, ni tan jodidamente sensuales como recordaba a Malfoy en su mente, pero tenían en sus cuerpos lo que deseaba tocar. Gemían como debían gemir, olían como debían oler y le instruyeron expertos, en el arte de amar hombres. Acariciando tetillas en un pecho plano, masturbando y chupando pollas, calientes contra su boca, palpitantes, con la textura irregular de las venas y la piel tensa, así se extasió con el sabor del semen… agonizó en el climax del apretado ano de un hombre.

Sonrió tirando de la lengüeta metálica de la lata, un "psssst..." de gas y espuma, antes de beber mirando hacia sus compañeros. Esa noche tenían partido contra el seleccionado de Hungría… justo después del primer partido entre Francia y USA.

Un brinco en el estomago predijo el molesto dolorcito que sentiría al llegar al Estadio de Le Vert Flacon en Lyon.

Ahora con algo más de veintiún años, una larga lista de rubias conquistas, y un par de amistades un poco más un poco menos homosexuales que él, había decidido salir del closet entre sus cercanos. Lo que en un principio le había resultado una espantosa anormalidad, ahora cuatro años después era lo único real e importante en su vida. Lo sabía, lo sentía: le gustaban los chicos… no tanto como le gustaba Malfoy, claro está.

Se había liberado de toda censura y lo había balbuceado indeciso una noche en Grimmuald Place, su familia cercana a su alrededor… Ron había terminado casi con una apoplejía; mientras que Hermione le había sonreído, golpeado su espalda con comprensión y un: »Está bien Harry, está bien«. Ginny, ahora saliendo con un Auror conocido de su padre, se había limitado al silencio; al igual que los demás Weasleys.

Las personas fuera de esa casa, no importaban.

Mientras sorbía de su refresco, una cabeza de claro cabello rubio le llamó poderosamente la atención, su rostro giró siguiendo el caminar despreocupado del chico. El pantalón muggle, la mochila un poco raída y llena de parches, le hicieron desistir ante la idea… sonrió…


Francia había acabado con Estados Unidos 110-80. Sin contar los 150 puntos que el buscador francés anotara sobre la cifra, con un espectacular desempeño y con el término del partido –un poco más de tres cuartos de hora después-. Definitivamente los habían aniquilado con ferocidad.

Harry conversaba con Michael Doe, seleccionado de Estados Unidos y su compañero en los Chuddley Cannons, cerca de la puerta que se dirigía a los dos vestidores del estadio. Su partido comenzaría cerca de una hora y media después, pero ahora tenía otros intereses pendientes… fue cuando, de pronto la puerta deslizable se abrió con un quejido suave. El primero en salir fue un hombre de edad avanzada vistiendo la túnica de gala del equipo francés, detrás de él el guardián y los golpeadores locales, la puerta se cerró con otro quejido antes de abrirse de nuevo. Por el rabillo del ojo y ya casi sin prestarle atención a Michael… lo vio…

Draco Malfoy atravesó la puerta riendo junto a uno de los cazadores, haciendo aspavientos con las manos en un comentario que Harry no pudo entender. La inesperada presencia de gente en un pasillo privado le hizo girar su rubia cabeza, el largo cabello húmedo se deslizó sobre sus hombros.

-Potter…- murmuró con algo cercano a la sorpresa.

-Malfoy.- respondió fingiéndose extrañado, aunque en su interior le comiera la ansiedad.


Harry recordó el día que descubrió el paradero de Malfoy –casi accidentalmente-, un año antes del mundial de Quidditch, con sede precisamente en Francia. John Murray había llegado con el listado de los equipos seleccionados y sus principales jugadores. Harry había pasado páginas sin mayor preocupación, la mayoría eran nombres conocidos por haber pasado por la liga Inglesa o por las más importantes de Europa.

Una exhalación de asombro lo distrajo, pero la voz de Jones pronunciando "Malfoy" con su acento sureño, lo abstrajo de cualquier otra cosa.

-¿Malfoy?- se acercó Anglessen, -¿Como el mortifago?-

-Sí.- y Murray tomó la ficha de Francia de las manos de Jones, mientras el resto del equipo se acercaba a su alrededor.

-Pero es inglés.- sentenció Dan Parks(*).

»Y medio francés«, se recordó Harry para sí.

-Según esto, se nacionalizó hace dos años.- comentó el capitán, después de leer.

-¿Qué hace de buscador titular si nadie lo conoce?- Jones le restó importancia.

-Dice que juega en…- Murray buscó, -el Dubler de Marsella, pero de suplente.-

-Harry, ¿lo conoces?- preguntó Lamont (*), si era un hijo de mortífago seguro que estaba en la lista objetiva de Él-niño-que-vivió-y-venció.

-Sí.- comentó tomando la ficha de manos de su capitán, -De hecho, jugamos en la escuela…-

Miró la fotografía. Definitivamente era Malfoy. El mismo rostro anguloso, la nariz aristocráticamente respingada, la piel de ese pálido lustroso, los ojos tormentosos. El cabello un poco mas largo de lo que recordaba, perfilaban su rostro armoniosamente. Su largo y delgado cuello dejaba ver el uniforme con los colores de Francia, el constante movimiento de la imagen enfocaba su rostro de frente, pero con un ligero gesto de cabeza, el hombre parecía no querer mirar directo a la cámara.

Bajo la fotografía dictaba la ficha personal:

"Draco L. Malfoy.

23 años.

Altura: 1,78 cm.

Peso: 61 kg.

Posición: buscador.

Equipo fichado: Dubler de Marsella.

Escoba: Nimbus 05'.

Nacionalizado francés […] joven promesa del quidditch francés […] ha sido entrenado a puertas cerradas bajo el riguroso régimen de Gilles Lancard, buscador y ganador del mundial de Austria 1978 […] para él será su gran debut mundialista este año […]"

-¿Y era bueno?- lo distrajeron, pero se negó a levantar los ojos de la fotografía.

-Sí, bastante.-


El encuentro de esa tarde había resultado extrañamente intensa y ciertamente estimulante. Harry se había acercado al rubio con su caminar despreocupado y sus gestos casi indiferentes… ambos debidamente estudiados, ocultando perfectamente bajo la fachada discreta de la displicencia, su creciente agitación.

Un agradable sentimiento de alivio le inundó al enfrentarle, levantando ligeramente la cabeza en un gesto veladamente orgulloso, sintiendo una imponente satisfacción sobre sí mismo y un celoso agradecimiento a su amiga Hermione. Cuando aún estaban en Hogwarts Harry siempre resultaba estar entre el promedio de alumnos bajos, Ron ya lo había sobrepasado con creces en cuarto, igual que Dean, Neville… y Malfoy se había pegado un estirón.

-No puedes esperar que tu cuerpo responda del mismo modo que el de Ron, Harry.- se quejó Hermione al escuchar su frustrado reclamo. El quidditch había alongado y al mismo tiempo fortalecido el cuerpo de Ron, entonces, ¿por qué él sólo parecía haberse estancado en una ridícula y poco varonil estatura?

-¡Soy un petizo, Hermione!- se agitó, Ginny estaba de su porte y Parvati ya lo había superado por un par de centímetros. –Todos están creciendo y yo no quiero quedarme así…-

A regañadientes Hermione se había visto obligada a hacer algo contra el mal humor de su amigo, pero el tiempo pasaba y Harry estaba comenzando a sufrir una cierta paranoia cada vez que sus compañeros le miraban hacia abajo para hablarle. Él mismo, devanándose los sesos buscando un hechizo milagroso, terminó –vencida la vergüenza inicial- recurriendo a la tan frecuentada enfermería en busca de un consejo "profesional". Para fortuna de su cuestionada masculinidad, Madame Pomfrey le recetó casi con una simplicidad frustrante, una poción con suplementos alimenticios… y la tan generosa Hermione le facilitó un amplio volumen sobre la "La salud física y la física de la salud, para el mago jugador".

Ahora no podía estar más satisfecho del resultado de más de tres años de tratamiento –auto-medicado-, de vitaminas, suplementos alimenticios y pociones con germen de cebada naranja y harinilla de Burundí.

Delante de él, Draco había crecido más de lo que hubiese esperado, pero para deleite suyo al acercarse había tenido que mirar ligeramente hacia abajo para enfocar sus tormentosos ojos grises. El cuerpo estilizado del rubio se empequeñecía frente al mocetón en el que se había convertido, la espalda ancha, las piernas largas y los brazos poderosos. Incluso se habría atrevido a gritarle con su portentosa voz grave, aterciopelada, casi estereofónica, jubiloso la talla 11 de sus zapatos, análogo del prominente paquete que tenía entre las piernas. Sí, pero habría pecado de desesperada atención y vanidad.

»Y es obvio que no lo soy«, pensó con el pecho hinchado.

De improviso una extraña idea le vino a la mente, dándole la impresión de que si viera a ese tal Ewan McDougall en ese preciso momento, él podría quitarlo del camino sin siquiera recurrir a las palabrotas o los puños. No era como si cuando era vergonzosamente enano, con menos músculos, con menos talla de ropa interior y sin siquiera una sombra de pelusa en la barbilla, le tuviese miedo o no se sintiera capaz de vencerle en un duelo mágico. Simplemente… simplemente, ahora era diferente. Se sentía diferente.

De tal forma, él y Malfoy habían terminado por cruzar un par de palabras, de casi forzosa cortesía. Los »¿Cómo estás?« y los »¿Qué has hecho?«. Nada comprometedor ni demasiado interesado, salvo por la ansiedad que le provocaba la presencia misma de su interlocutor.

Eran más de cuatro años –casi cinco- sin verse, luego de seis años de infantil batalla constante. Ciertamente generaba un extraño ambiente, como si nada hubiese ocurrido entre ellos, como si todo estuviese perdonado. Como si no se hubiesen golpeado mutuamente ni hechizado por la espalda. Era más como un descubrimiento mutuo, reciente e inesperado.

Para cuando el moreno se dio cuenta, el equipo francés en su totalidad ya se había reunido en el pasillo y comenzaban a azuzar a Malfoy partir.

-Ya debo marcharme…- el rubio indicó a sus compañeros.

-Claro.- y se mintió al fingir no tener la pregunta preparada con anterioridad, apretada contra la garganta. -Buen juego…- soltó animándose internamente. Draco estaba por irse y no sabía cuándo podría verlo otra vez.

-Gracias.- el hombre le sonrió de costado y Harry pensó que fueron necesarios más de cuatro años sin verse para los buenos tratos. –Mi fuero interno espera que lleguen a la final, pero ciertamente Francia será campeón.- rió con su tan conocida arrogancia, comenzando a alejarse. Y el moreno sabía que ese era un simple comentario, algo que cortara con la conversación de la forma menos severa posible.

Él habría esperado un poco más de interés de su parte. Pero Harry sólo pudo limitarse a gesticular algo parecido a una sonrisa, girándose hacia su compañero Michael Doe… ¡Draco se marchaba!… apretó el puño en su costado oculto al rubio y tomó discretamente un poco de aire… era ahora…

-Eh, Malfoy…- el rubio se detuvo volteándose a verlo, –salgamos un día y discutiremos eso…-

El silencio en el pasillo le erizó el vello de la nuca… Gilles Lancard le miraba con ojos entrecerrados.

-¿Salir?- preguntó incrédulo.

-Claro, un café, un trago… apostaremos por el mejor buscador del mundial…- sonrió con displicente simplicidad, aunque sentía su espalda sudar helado, la nuca erizada y el corazón con taquicardia.

-Ok.- murmuró el rubio aún un poco sorprendido. Un comentario airado de su entrenador personal a sus espaldas, que Harry no pudo entender pero que Draco respondió con un rodar de ojos, le hizo tomar su varita con rapidez y murmurando un conjuro sencillo apareció en su mano una pequeña nota. –Toma.- se la acercó, –Es la dirección del hotel donde nos alojamos. Contáctame por chimenea.- a Harry se le saltó un latido, al comprobar la facilidad de su logro.

-Bien…- hubiese jurado que le temblaban las manos al coger el trozo de pergamino.

-Nos vemos.-

-Hasta pronto…- suspiró. Y sus palabras eran una promesa.

Esa noche un inspirado Harry Potter barrió el suelo con el seleccionado de Hungría. Y celebró todas las buenas noticias con una botella de whiskey de fuego en la mano… hasta el amanecer.


Continuará =D

(*) Tanto Murray, Daniel Parks y Lamont, son jugadores de rugby escocés. Sí, el fanatismo no me abandona. Aunque Murray y Parks ya estén retirados.

Sé que es un capitulo chiquitito, pero espero que las haya gustado este inicio de historia.

¿Me merezco un comentario? =D