¡Hola a todos/as!

Como ya sabrán éste es el último capítulo, espero que les guste… porque simplemente, la vida debe continuar. =)


Salió del establecimiento y el frío viento del invierno londinense le despejó de cualquier tipo de modorra y a pesar del escalofrío que le recorrió la espalda no se cerró la chaqueta y tan sólo se ajustó la bufanda. Aguardó delante de la entrada, suspirando relajadamente mientras miraba hacia el cielo gris. Un gris moteado de plata por el sol que brillaba en alguna parte detrás, además de ese nostálgico plomo oscurecido de una posible tormenta. Quizás por fin nevaría.

Un pequeño niño de cinco años, convenientemente moreno, corría y daba brinquitos de alegría hacia la entrada. Justo detrás iba una regordeta pequeña pelirroja de tres años, tambaleándose y manoteando mientras intentaba caminar. La puerta automática se abrió y el pequeño Teddy corrió a tomarse de la enguantada mano de Harry, mientras Ron apuraba sus pasos para levantar a la pequeña Rose, mirando desconfiadamente las transparentes puertas de vidrio. Al parecer, aún no le convencía la idea de que se abrieran solas.

¿Cómo solas, si los muggles no saben magia?, le había alegado a su mujer, quien a pesar de explicarle un centenar de veces que era un mecanismo programado, seguía sin entenderlo, ni creerlo. Mejor dicho: sin querer entenderlo y sin querer creerlo.

-Tío, tío Harry ¿viste-viste cuando habla con el pescadote?- saltó tirándole del guante –Auuuuaaaaauuiuuuuuu…- rió animadamente como si ya no hubiese reído y gritado suficiente. –Dory le hacía aaiuuummmaaaa…- rió de nueva cuenta.

-¿Con la ballena?-

-Sí, sí… y cuando ese otro se inflaba así grande.- hizo gestos con las manos, recordando como el pez globo de la película se había llenado de agua dentro de la pecera.

-Se llama pez globo.-

-¿El que se inflaba así grande grande?-

-Sí.-

-Yo prefiero uno como Dory, porque se olvidaba todo el rato.- Teddy tiró de Harry y se acercaron hasta donde Ron había bajado a Rose, esta vez fue Hermione quien tomó la manito de la pequeña. –Yo quiero un pescado como Dory, ¿quieres uno Rose?- la pequeña pelirroja sólo le miró con enormes ojos, mientras estiraba su mano libre y hacía gestos de querer agarrar algo. –No tengo uno aquí.- se rió su ahijado y su cabello se puso unos tonos más claro.

-Parece que no se cansa…- Harry les comentó a sus amigos, poniendo cara de resignación.

Ese fin de semana le había prometido a Teddy pasarlo con él. El sábado ya habían salido y hecho bastante cosas, como para dejar a cualquiera rendido. Ya habían pagado su cuota de parques de diversiones, largas caminatas por el mundo muggle, le había enseñado a equilibrarse en una escoba y se habían escapado a un pequeño pueblo a treinta minutos de Londres.

Pero ese día en la mañana el imparable hijo de Remus Lupin le había saltado encima de la cama, de paso hincándole las rodillas en las costillas y con el pequeño detalle de que eran las ocho de la mañana y le había preguntado qué harían ese domingo. "¿Más?", se preguntó y lo único que se instaló en su mente durante las siguientes horas, es que se estaba poniendo viejo… o es que todavía estaba muy verde para la carga que significaba ser padre, aún cuando fuera uno sustituto.

Por eso lo primero que habían planificado para ese día, fue ir a desayunar a una cafetería familiar y luego lo había llevado al parque, para que gastara energías. Teddy había corrido, saltado, jugado con otros niños y con un perro scottish terrier, demasiado jovial para la pareja de ancianos a la que pertenecía. Y después del almuerzo había contactado con Hermione y Ron para que se reunieran en el cine. Ese domingo había una maratón infantil con Ice Age, Shrek y Finding Nemo. Todas eran películas que Teddy ya había visto hasta la saciedad, pero no parecía importarle repetirse el plato una y otra vez.

Mientras estuviera contento, estaba bien para el moreno.

Pero Harry estuvo a un pelo de aplicarle un Silencius, cuando se puso a decir a toda boca el parlamento de Diego -¿Where is the baby?- en Ice Age. Y no es que su ahijado fuera el chico más desordenado y bullicioso en ese agujero de mocosos babosos, insolentes, irrespetuosos, sucios y mañosos; pero el matrimonio que se había sentado a su lado con dos lindas, quietas y silenciosas niñas, le miraban como el bicho imberbe y carente de sentido paternal que Harry realmente era.

Teddy era su ahijado, pero además de verlo algunas veces y llevarlo algún que otro fin de semana a su casa, no tenía mayores responsabilidades con él. Así que paternal-paternal, le faltaba mucho para eso.

-¿Cuántas veces has visto Buscando a Nemo, Teddy?- le preguntó Hermione.

-Estas…- y mostró nueve dedos con sus manos. Aunque que Harry supiera no habían sido más de cinco.

-¿Y tú, Ron?- preguntó ésta vez Harry.

-Ja-ja- masculló. La verdad es que su amigo se había enamorado de las películas infantiles después de ver Monster Inc y su favorita era para variar, Shrek. Aunque si se sabía algún dialogo de memoria, ese era el de Burro. -¿Que tal si vamos a cenar?- acotó.

-¿El Caldero Chorreante?- preguntó su amiga mirando insegura hacia Harry, como pidiéndole disculpas. –Es que allá no tengo problemas con aparecer y prepararle la comida a Rose.-

-Claro.- respondió el moreno con simplicidad.

-¿En serio?, porque la otra alternativa es comprar algo e irnos a casa.- cuestionó nuevamente.

-No, está bien. Vamos a El Caldero Chorreante.- sonrió.

-¡Yo quiero tarta de melaza!- gritó Teddy.

Harry ya llevaba más de cinco meses en Londres. Más de cinco meses desde que regresó. Y no, no había sido fácil hacerlo.

Dos días después de la premiación del Mundial, la selección inglesa retornó al país. Y ni bien había salido de la Sala de Trasladores, media Comunidad Mágica se le había tirado encima. La gran masa de gente que se había colado dentro del Terminal estaba claramente dividida: habían estado los que lo animaban, quienes le lanzaban regalos y lo rasguñaban tratando de tener un admirado pedazo de él y los otros, los que lo abucheaban, le lanzaban desde bolas de pergamino, caramelos que pegaban como piedras, hasta tapas de libros, un trozo de torta de zanahoria y un tubo de pasta dental y si lo rasguñaban era más que nada por placer sádico y castigador. Había sido una tortura.

Después vino la larga fila donde cada individuo en el Ministerio le había pedido una foto con él, para su esposa, para su hija y para cada uno de sus hijos solteros-mayores-de-edad.

-Que si quiere señor Potter, se lo puedo presentar.- le había mencionado tan suelto de cuerpo el Jefe del recién fundado DAS-SRPI. Departamento de Asuntos Sociales – Sección de Reintegración de Personas Indeseables.

De la misma forma, su teléfono, su chimenea y hasta las lechuzas no habían parado de molestar. Harry Potter volvía a ser el centro de atención y todos los chicos con los que alguna vez había salido, querían publicidad gratuita con él. Se había jalado del cabello ante la insistencia y durante las siguientes dos semanas cerró todo contacto, ni permitió la entrada de nadie salvo a familiares y amigos reales, a Grimmauld Place.

Lo que sí hizo apenas llegar, fue revisar cómo había evolucionado su relación con Draco Malfoy, según los periódicos Británicos. Lo que vio en el último El Profeta, no le había gustado nada. Nada. "Exmortifago Draco Malfoy ¿otro más bajo los encantos de nuestro buscador?". Había odiado ese titular. Lo había detestado. Arrugó, rajo y quemó el titular todas las veces que su magia pudo permitírselo. No dejaría las cosas así.

Y no se esperó mucho para aclarar esos desagradables asuntos, porque cuando Kingsley había convocado a la selección para felicitarla oficialmente en el Atrio del Ministerio, Harry había pedido la palabra. Como nunca antes. Él, que odiaba la atención y hablar en público. Que odiaba tener encima los ojos hambrientos de esos sabuesos cazadores de chismes, no había dudado en declarar que Draco Malfoy era su amigo. Sí y pese a quién le pese: eran amigos y había encontrado más tolerancia en él que en muchos de los altos mandos del Ministerio Inglés. He hizo un pequeño comentario que leyéndolo entre líneas, hacía alusión a situaciones como las que vivía Stan Shunpike o el matrimonio Gregory Goyle y Millicent Bullstrode.

Y lo había dicho con total convicción, repasando la mirada a muy conocidos y puntuales personajes, que algunos tuvieron la decencia de encogerse en sus lugares.

Tampoco dudó en dar los nombres de los muchos cotillas que se hacían llamar periodistas y aunque se estaba exponiendo a la furia de los medios de prensa, no dudó en soltar un comentario explícitamente amenazante. O dejaban de meterse en su vida y decir mentiras o se las verían con El Elegido… y sí, había utilizado esas dos, antes molestas y ahora útiles palabras.

Nada muy bueno había resultado de eso. Skeeter se había regodeado de lo lindo a su costa al día siguiente, sobre cómo los exmortifagos y los radicalismos de gente indeseable –sí, para eso se suponía que era el DAS-SRPI- podían manipular el raciocinio y los buenos ideales de la sociedad: o sea, cómo el hijo de Lucius Malfoy le había lavado el cerebro al Niño-que-vivió-y-venció.

Entonces, por primera vez Harry había tomado cartas en el asunto. Lo último que se supo de Rita Skeeter era que, gracias a su búsqueda de la verdad y su incansable dedicación a la comunicación de información, había sido premiada honrosamente con un contrato en Nueva Zelanda. Si hubiese sido por Harry, mandaba a esa perra a Tombuctú.

Después de esas dos semanas lejos de sus rubias conquistas del pasado, Harry había decidido hablar con ellos. Al menos con los más importantes. Como había hecho con Phillip, el cual y para su sorpresa, había intentado contactar con él al menos dos veces. Qué carajos.

Con esa intención se había levantado un lunes, había buscado su libreta negra de teléfonos -como las que usan los galanes muggles-, pero que en su defecto, para Harry eran un montón de trozos de pergamino guardados de cualquier manera en un cajón del salón. Algunos eran números de teléfono, otros eran direcciones de chimenea o direcciones de casas, departamentos y otros eran códigos postales vía lechuza. Había de todo.

Con una promesa fija en la mente, pasó varios meses buscándolos y hablando con ellos. Algunos no dijeron nada y aceptaron sus palabras, como si aceptaran una taza de té. Así de banal y sin sentido había sido su relación con ellos. De forma perturbadora fue consciente de lo insignificante y triste que era eso. Ese vacío. El entregarse a otra persona y no sentir nada, sólo placer momentáneo antes de la vacuidad.

Sintió pena de sí mismo y del rubio que le miraba sin interés, frente a él.

Otros, con los que se había visto un poco más, le habían llorado encima mientras le repetían entre pucheros y que ellos creían eran tiernos, que nos les importaba que Harry los buscara menos o que sólo podrían estar ahí para cuando el Héroe de la Comunidad Mágica necesite un buen y apretado culo para follar. En estos casos el moreno había suspirado, lastimosamente, sabiendo lo terrible y sin autoestima que era ese comentario. Que se considerasen ellos mismos solamente como un culo para follar.

Y hubo un tercer grupo más complicado, aquellos con los que se encontraba con mayor frecuencia, los chicos tipo Phillip. Ellos se habían molestado de plano. Se habían ofendido y le sacaron en cara todo lo que habían tenido que aguantar por él. Le gritaron y lo insultaron y bueno, después de la rabia inicial y algunos que casi lo golpean, luego y sin ningún miramiento o pudor, se habían tratado de meter en sus pantalones como un último y desesperado acto de reconciliación. Y cuando lo chicos finalmente comprendían que por más empeño que le pusieran, Harry no se iba a acostar con ellos, volvían a la fase de furia.

El moreno había encontrado agotadores esos encuentros, pero uno había superado sus expectativas: Colin Creevey.

El gran y jodido problema de todo ese asunto era que Harry sabía que Colin estaba hasta los huesos por él. Igual que Phillip… y eso hacía de las expectativas algo terrible.

En su tiempo, el moreno se había aprovechado de eso considerando al rubio como una carta segura para follar. Algo así como un culo 24/7. Una carta tan segura que Colin había intentado contactarlo por el medio que fuese, al menos una vez por día, durante esas tres semanas que el moreno había esperado para hablar con él. El resultado de decirle que ya no podrían verse de aquella forma, lo había destrozado. Destrozado, con D mayúscula. Lo siguiente que le dijo el chico, había golpeado a Harry directo al pecho.

-Sé que sales con ese chico hermano del guardián del Puddlemere United, sé que sales con ese periodista de Quidditch, sé que te relacionas con modelos y cantantes y famosos- le murmuró con su voz suave y a pesar de todo, aún tan dulce e inocente como cuando estaba en Hogwarts, -también sé que estuviste con Dennis, pero no me importa Harry. Quizás yo no sea tan atractivo como esos modelos y cantantes, pero tú me gustas y quiero estar contigo cada vez que quieras.- le había sonreído con sus enormes ojos castaños, como un cachorrito prometiéndole fidelidad aun cuando su amo es un mezquino. -No importa si ahora estas ocupado y sólo me das diez minutos durante la semana. Sé que en algún momento cuando quieras estar con alguien, no importa si es en uno o cinco años más, cuando quieras, cuando te sientas listo para establecerte con alguien, yo estaré ahí.- y lo decía con tanta esperanza en la voz, en los ojos. La misma esperanza que había vislumbrado en aquellos que se habían mantenido a su lado por idolatría, por un afecto plagado de adoración. -Nos conocemos de hace tanto tiempo Harry y aún seguimos juntos, a pesar de todo, ¿no sabes lo que significa? Significa que lo seguiremos estando… porque sé que en algún momento seré el único.-

Y Harry había quedado en un perturbado shock. Dándose cuenta y aceptando que era un hijo de puta. Había que decirlo con todas sus palabras.

Pero ya no quería lastimarlo más, debía terminar con aquello y le respondió de la forma más considerada y clara posible, que había encontrado a la persona con quien deseaba establecerse. Su único. Su persona correcta, dijo el moreno, utilizando las mismas palabras de Draco. Y el pequeño Colin se aferró a él y lloró toda la tarde.

Al día siguiente supo que el dulce e inocente chico había sacado las garras. Durante la noche había contactado y llamado a varias de las rubias exparejas de Harry para hostigarlas, para culparlas y ofenderlas. Uff, mucha gente se había molestado con eso.

Ese había sido el motivo por el que Phillip había irrumpido en Grimmauld Place de forma muggle, porque la perra de Creevey –según sus palabras- lo había ido a insultar y amenazar a su casa y a la casa de sus padres. Y el hecho de que Colin fuera el fotógrafo oficial del Departamento de Relaciones Públicas en el Ministerios y que tenga acceso a la información de todos esos modelos y cantantes y jugadores y etc., con los que Harry se había involucrado alguna vez, tampoco había sido algo bueno.

El dulce e inocente Colin Creevey se había transformado públicamente y en realidad había salido mencionado en varias columnas de periódicos como El Profeta, Corazón de Bruja y Londres Mágica Hoy, como el exnovio despechado que le espantaba los ligues al Elegido. Aunque sus amigos habían comenzado a llamarle La Perra Creevey

Y mucha gente de verdad pensó que era debido a Colin que Harry ya no salía con nadie, al menos no de esa forma. Ya no tenía ese tipo de compañías, ya no iba a ese tipo de lugares y ya no tenía ese tipo de relaciones.

Y aunque se le había nublado la mente más de una vez desde la noche en que tuvo lugar la primera pelea con Draco, exactamente la misma noche que tuvieron sexo por última vez, él no había follado con nadie más. Es verdad que sus manos se habían convertido en sus mejores amigas, especialmente los dos primeros meses, pero Harry se sentía estúpidamente orgulloso de poder decir que después de estar con su rubio, no había estado íntimamente con nadie.

Era patético y asquerosamente meloso ese pensamiento, pero de alguna forma tierna y cariñosa esperaba poder decírselo a Draco. Porque era una acción, una nueva actitud a partir de una única verdad: lo amaba. Y cuando se ama, no se engaña, ni se traiciona.

Pasara el tiempo que pasara, aunque demorara otros cinco meses más en arreglar todo el entuerto que tenía en Inglaterra, Harry no lo engañaría, ni lo traicionaría, porque eso significaba mentirse y traicionarse a sí mismo. Era así de claro y esa era una idea que tenía entre ceja y ceja desde que había salido del Estadio Civitas Parisiorium, ese domingo en la noche.

Había demorado y sufrido lo indecible solucionando y poniendo en orden todo su enredo sentimental. Ya saben, el cajón lleno de pedazos de pergamino con los nombres y las direcciones de sus rubios, ahora estaba limpio. La lista de contactos de su celular ahora tenía sólo los números de sus amigos magos y brujas que supieran qué era un celular y cómo usarlo, como Ron y Hermione y de sus amigos muggles. Leales amigos de verdad y vaya que los extrañaba.

-¿Y cómo va el asunto con los Cannons?- Preguntó Ron regresándolo a la realidad. Hermione les indicó con una mano, una callejuela donde podrían aparecerse hacia el Caldero Chorreante.

-Jugaré sólo los Play Off para los Chudley Cannons.- comentó Harry. Oh sí, también tenía un asunto con el quidditch que debía arreglar antes de regresar. –Ya sabes que le pedí al Presidente Majors que ofreciera mi traspaso o me diera de préstamo y que insistiera con algún equipo cerca de donde está Draco.-

-El de Aq-Aqi… algo…-

-Aq Yilan(*) CQA de San Petersburgo.- le sonrió.

Esos más de cinco meses habían operado bastante bien en Ron. Porque a diferencia de cómo se había comportado su pelirrojo amigo con Draco durante aquella cena en Rouen, ahora parecía por fin haber aceptado los sentimientos de Harry y estaba mucho más interesado en cómo le iban las cosas para su apasionado regreso. ¿El milagro que había logrado semejante cambio?: el partido final entre Francia y Rusia. A pesar de su orgullo y su testarudez digna de una banshee furiosa, Ron le había dicho que el "Maldito Hurón" parecía jugar "algo" bien. Harry vería después que la final había sido realmente increíble para cualquier amante del Quidditch.

El moreno sólo se reía de cómo lentamente su amigo había comenzado a seguir y a notificarle como buen Auror que era, de los progresos de Malfoy a nivel internacional. Cosa que Harry ya estaba solucionando.

-Hay un equipo en Bologna que quiere ficharme para ésta temporada, pero…- miró a sus amigos atentamente cuando ya se habían detenido en la callejuela, listos para aparecerse en El Caldero Chorreante. Harry tomó en brazos a Teddy, –el Dolgoruki United (**) de Moscú me quiere de préstamo, sin tiempo definido.-

-¡Harry!- le medio gritó la castaña, sonriéndole emocionada. –¡Felicidades!-

-Gracias.- rió contento. –De hecho a Parks lo quieren fichar en un equipo de Volgogrado… así que al menos tendría a un conocido por allá.-

-Compañero, me tienes que enviar tickets para todos tus partidos.-

-¡Yo tamien!- alegó Teddy.

-Claro, claro, porque si todo sale bien, me iría a una de las mejores Ligas de Quidditch del mundo.-

-Con el Hurón…- y le movió una pelirroja ceja, de forma sugerente.

-Ron, deja de llamarle así.- le reclamó su mujer.

Harry rió.

-Tío, quero jugo de calabaza…-

-Vale, nos vemos en el Caldero Chorreante.- dijo hacia sus amigos.

Teddy movió su mano despidiéndose, como si no se fueran a ver en cinco segundos más. Harry sonrió. Con tres "Pop" se desaparecieron.

La primera semana después de regresar a Londres, no supo mucho de nada. La verdad es que se había dedicado a descansar y a ver a su familia. Los Weasley, Andrómeda y Teddy, algunos amigos cercanos del antiguo ED y algunos de sus amigos muggles. En uno de esos días le llegó la noticia de que Draco Malfoy, como segundo mejor buscador del mundial, había dejado el Dubler de Marsella y lo daban de préstamo al Aq Yilan CQA de San Petersburgo.

Al principio se había sentido choqueado. Draco había dejado Francia. ¿Era algún tipo de mensaje donde le decía implícitamente que no deseaba esperarlo? ¿Estaba escapando de él? Porque si el rubio no estaba en Francia no había a dónde regresar.

No habría un lugar, no habría alguien a quién regresar.

Obviamente se había desesperado. Si no fuese por Hermione que le obligó a tranquilizarse y pensar mejor las cosas, habría dejarlo todo por viajar a San Petersburgo y mínimo: exigirle que le dijera qué significaba ese viaje.

Pero después lo había pensado con la mente fría y un té con "malicia" en el cuerpo y entonces le había parecido razonable. Era evidente que ese préstamo era obra de Lancard, como lo había sido su estancia en los Emiratos Árabes, Marruecos, Grecia y Lituania. ¡Ja!, que memoria se gastaba para recordar ese tipo de detalles.

Khaliava le había ganado a Draco, se había transformado en el mejor buscador del mundo y era casi una evidencia causal para que el viejo entrenador francés le lanzara un nuevo reto a su pupilo: dominar el juego ruso. Enfrentarse nuevamente a Khaliava, con más experiencia, con más familiaridad y con las nuevas técnicas y aptitudes necesarias.

Después Ron le daría la razón a Harry, entregándole un curtido diario con una reciente entrevista al entrenador del Dubler, con unas escuetas y muy animadas palabras. "Rusia se ha transformado en la actual capital del Quidditch, por eso nuestro buscador estrella nos ha dejado para aprender del rigor de los conocidos dragones de San Petersburgo. Pero no hay por qué estar triste, en representación del Dubler, de Marsella y de Francia, sé que hará un excelente trabajo por allá, del mismo modo como se desempeñó aquí. Sólo debemos desearle que Merlín lo glorifique."

No era mucho lo que decía, tampoco era muy revelador, pero al menos había un propósito deportivo ulterior y no había sido por algo "sentimental".

Ese pensamiento lo tranquilizo lo suficiente para no hacer alguna locura y poder continuar con su Lista de pendientes. Y un nuevo punto se había añadido a su lista: solucionar su regreso con Draco. No tenía caso irse a Francia si su rubio estaba ahora en Rusia. Por eso había hablado con Harold Majors III, presidente de los Chudley Cannons, para que le consiguiera un traspaso o un préstamo a alguna liga extranjera. De preferencia cerca de Draco. Quizás Bulgaria, Polonia o Ucrania, obviamente si es que ningún equipo ruso lo aceptaba.

Para ser honestos, le tuvo que pedir ayuda a Quinn para convencer a Majors. Con excusas bastante verdaderas: como que estaba un poco estancado en su carrera dentro de la liga inglesa, que debía abrir su mente y tener contacto con estilos de juego diferentes. Abrir expectativas, ampliar conocimientos, salir de lo cómodo y conocido. Grandes motivos que habían saltado a la vista durante el mundial.

Y la verdad es que después de su último partido con Camerún, con una atajada de calidad y dándole a Inglaterra el tercer puesto de la Copa Mundial, no habían sido pocos los equipos que lo querían fichar. Entre ellos algunos equipos de Escocia, Sudáfrica, México, República Checa, Australia y de ligas tan importantes como Italia, China y sí, Rusia. Aunque en el caso del Dolgoruki United de Moscú, iba sólo de préstamo y sin saber si lo devolvían a la semana, al mes o al año. Si los rusos consideraban que Harry Potter no daba la talla, lo podían despachar de regreso el mismo día que hiciera la prueba.

A pesar de la cantidad de gente en El Caldero Chorreante, cosa que era obvia siendo domingo en la tarde, Hannah Abbot la nueva encargada de la administración del antes lúgubre restaurant, les consiguió una mesa en los privados. Allí Hermione pudo hacer todos los preparativos y menjunjes para la pequeña Rose.

-¿Entonces te vas?- intervino nuevamente su amigo.

-¿A dónde?- saltó Teddy, con una cucharada de tarta de melaza en camino a su boca. –Tío, ¿a dónde te vas y por qué…? ¿Por qué te vas?- preguntó haciendo un puchero.

-Teddy, ¿recuerdas que te lo dije?- Ron lo miró disculpándose por si había metido la pata, –¿recuerdas que te mostré un país grande, donde a veces hace mucho frío y en donde vive la Anastasia de la película?-

-La de la película…- asintió el niño, con el cabello oscuro nuevamente, tan oscuro como Harry. –La que se pierde y la ataca un mago oscuro.- el moreno soltó una risa mitad bufido, la verdad es que el Rasputín de la película animada, nada tenía que ver con su concepto de Mago Oscuro.

-Exacto. Lo habíamos hablado con la Abuela Andrómeda, ¿recuerdas?- Teddy asintió. –Que me tengo que ir a trabajar por algún tiempo a Rusia.- el niño repitió Rusia un par de veces. –No va a ser para siempre y así como yo vendré a verte de vez en cuando, tú puedes ir a verme también.-

-¿Es muy lejos?- le preguntó nuevamente, esta vez masticando su tarta.

-En traslador uno no demora nada.- le sonrió, sin querer decirle que de verdad Moscú si quedaba bastante lejos geográficamente hablando.

-¡Bien!- y con eso el niño pareció quedar conforme.

-La verdad es que la oportunidad de jugar en Bologna es increíble, siempre he querido jugar en la liga italiana y… y ellos me quieren fichar, de forma definitiva.- la oportunidad de jugar en Italia era única, ellos eran algo así como una potencia, una eminencia en el quidditch. –Pero ser aceptado en la liga rusa es… y no es sólo por Draco… Rusia tiene uno de los juegos más competitivos y variados; y la Copa Petrova de Europa Oriental ha sido ganada innumerables veces por equipos rusos.- dijo enfatizando la importancia de esa información con los gestos de sus manos. –Tener eso en tú currículum es algo grande. Pero ellos me quieren solo de préstamo, podrían quitarme el puesto en cualquier momento.-

-Y si has rechazado al equipo italiano, sólo te quedaría regresar con los Cannons.- completó el pelirrojo, poniendo en palabras los temores del moreno.

-Pero supongo que no desestimarás la oferta del Dolgoruki United.- preguntó la castaña mientras le daba una papilla de un sospechoso color café, a su pequeña hija.

-Ehh… no.- sonrió aún con la indecisión. –Si tuviese que decidir… haré lo posible por ir a Rusia.- escuchó a Ron jadear de emoción.

-¿Harás las pruebas…?- Harry asintió. -¿Cuándo?-

-Posiblemente el 28, pero ellos llamarán después de que Majors acepte el préstamo y que mi nombre sea eliminado del registro mágico de jugadores en traslado.- era un pergamino conectado de forma mundial a través del cual se notificaba simultáneamente cuándo un jugador era comprado o registrado como propiedad de algún equipo.

-¿Estas nervioso?- preguntó el pelirrojo al verlo empinar su cerveza.

-Sí…- suspiró sintiendo el frescor de la bebida.

-No tienes por qué, lo harás muy bien… ¡ten confianza!- le dijo su amiga y le dio una pequeña palmada en el brazo.

-¡Confianza!- repitió Teddy, levantando sus dos bracitos y de paso salpicando un poco de tarta.

Harry sonrió.

Por supuesto, él haría hasta lo imposible por ir. Daría el doscientos, no, el trescientos por cierto de su capacidad. Porque ahora tenía una meta en la cual pensar, aunque sonara a un jodido y patético cliché: algo por lo cual vivir. El tiempo y todo lo vivido en el mundial le había mostrado que lo peor que puede hacer una persona es vivir sin metas. Harry había vivido toda su vida por un sólo propósito: matar a Voldemort. ¿Pero qué se hace cuando se cumple aquello por lo que has vivido, el motivo por el que has pensado, comido y respirado? ¿Qué pasa cuando ya lo has cumplido? ¿Qué hay más allá de eso?

Debe existir otra meta. Debes inventarte otro propósito en tu vida, suena fácil, ¿no?, pero es todo lo contrario. Y seguramente pasarán años y no encontrarás nada que te remueva las entrañas lo suficientemente fuerte como para pelear por ello. Pero en contados casos podrás encontrarlos y mientras por un lado existen las grandes pasiones por otro, los intereses pálidos que te desanimarán la mayor parte del tiempo.

Él no podía quejarse. Como buen Griffindor que era, como buen animal de sangre caliente, en su vida sólo había espacio para la vehemencia, para la lucha sin cuartel por un interés que le caliente el cuerpo, el pecho, el corazón, el todo o nada. Harry sólo vivía para grandes pasiones.

Después de la cena se apareció con Teddy en un frondoso parquecito cercano. A sólo dos cuadras de Grimauld Place. Con las casi tres vueltas al parque y la caminata a casa, llena de saltos, carreras y algunas trepadas a los árboles por parte de su ahijado, esperaba que el niño llegase lo suficientemente cansado como para que sólo quisiera dormir. Porque Harry sí estaba cansado.

Había sido un gran día, junto a Teddy y sus amigos, pero ahora sólo quería tomarse un gran trago del Merlot argentino que había comprado la semana pasada. Si las buenas libras que le había costado y la mitad del dedo que le entraba en el culo de la botella eran una buena señal, entonces tenía grandes expectativas para él… y por Merlín que después se hacía una buena paja. Sólo esperaba que el pequeño Teddy se durmiera, para poder darle libertad a sus necesidades básicas. Eran más de cinco meses de celibato. ¡Cinco!

Teddy saltó desde una banca hacia el borde de la vereda y tomando fuertemente la mano del moreno, miró a ambos lados de la calle. Como le habían enseñado él y Andrómeda, esperó a que no pasara ningún vehículo antes de cruzar. Se soltó de Harry apenas cruzaron la pequeña verja de hierro gastado, oxidado y chirriante, subiendo las escaleras con más energías de las que debería. Quizás ese último postre de chocolate no había sido una buena idea.

Harry abrió la puerta con un disimulado movimiento de varita y Teddy corrió al interior del número 12 de Grimmauld Place, antes de siquiera cruzar el umbral su cabello se había vuelto de un llamativo verde fluorescente, como chicle de manzana.

Suspiró, pero no cansado, frustrado o resignado. Suspiró con esperanzas. Con una estúpida fe en el futuro. Había tenido una vida de mierda la mitad de tiempo, ahora se merecía algo de buena suerte, era lo justo, ¿no? Bueno, manteniendo eso de utilizar y mentirle a la gente de lado.

¡El asunto aquí es que tenía y debía tener fe en que la vida le sonreiría! ¡El futuro por fin brillaría para Harry Potter!

No pudo evitar sonreír para sí: Es verdad que el amor te vuelve algo estúpido.

-Soy terrible y absolutamente estúpido… estúpido y cursi y patético hasta la médula.- subió los últimos peldaños antes de entrar en la antes tenebrosa casona. Rió suave y honestamente con una única imagen en mente –Draco.-

Volvió a suspirar… y sí, éste también era un suspiro de esperanza.


¡Fin!


(*) Aq Yilan: significa serpiente blanca o en su defecto dragón en Uigur, una etnia originaria principalmente de China pero que también se encuentra en pequeñas cantidades en Turquía, Rusia, Ucrania, etc.

(**) Dolgoruki: Hace referencia a Yuri Dolgoruki (Yuri "el del brazo grande"), fundador de Moscú. Y bueno, Harry también tiene otras cosas grandes.

Y… vale, seguro éste no es el final que esperaban, pero como dije antes: la vida debe continuar. Lo siento por quienes querían que "arreglara" el entuerto entre estos dos, pero ya muchos comprendieron que perdida la confianza y siendo algo tan corto y reciente, Draco no podría perdonar a Harry tan fácil.

De todas formas quiero agradecer profundamente a todos/as quienes leyeron, siguiendo ésta historia y aún más a quienes dejaron un comentario en y SH.

Y bueno, a quienes me leen por primera vez, los invito a que revisen mis otras historias, les prometo que no son finales abiertos =D

Espero nos leamos en alguna otra oportunidad =D