SIN MOTIVO APARENTE

Te colocas en segunda fila, enclave estratégico para evitar las preguntas del profesor. Entonces llega un tipo despeinado y corpulento, se sienta tras de ti y te susurra al oído: "¿Por qué cojones esa obsesión con estudiar? ¿Por qué debemos ocupar un puesto que nos aporte el suficiente dinero para pagar impuestos y tontos caprichos de los que tan sólo podremos disfrutar dos horas al día en un futuro?"

Entonces te giras y fijas tu mirada en sus ojos porcinos, diminutos y hundidos bien dentro de su cara.

Por lo que te han enseñado, debe de tener problemas para dormir. Probablemente, a causa de la ansiedad.

Por lo que has aprendido, esas ojeras demuestran que quizá sepa aprovechar su tiempo hasta el último segundo.

No tienes ni puta idea de qué responderle, así que sueltas un productivo "¿eh?". Tu interlocutor se bufa y se aparta su grasienta melena de la cara para que puedas ver mejor lo feo que es. "Nos enseñan a estudiar para luego trabajar en su sistema. Somos los robots que prometieron en sus inminentes utopías en las que todos nos dedicaríamos a la contemplación mientras las máquinas nos lavaban el coche y nos podaban el jardín".

Parpadeas, pero el tipo no desaparece por ello. Nunca te acostumbras a lo incómodo. Miras a tu alrededor; nadie ha reparado en vosotros dos. Al menos, tu burbuja de aislamiento continúa funcionando. "Nacemos, pringamos y morimos", te dice. "Nos dan lo suficiente para comer y nos convencen de que somos felices por tener una televisión grande donde ver el fútbol los domingos".

Vuelves a parpadear, pero no funciona.

Por lo que te han enseñado, la gente que habla como él tienen una percepción difusa, irreal y maniática del mundo.

Por lo que has aprendido, está causando en ti toda una crisis de valores e identidad. Pues al fin y al cabo estás de acuerdo pero nunca te lo has cuestionado.

"¿Por qué la cosmovisión de trabajar el 90% de la población a favor del ocio del otro 10% de obesos y ricos hijos de puta a los que envidiamos es la correcta?".

Es tan feo que te quema desde la retina hasta más allá de la conciencia, y además pensar hace que te pique el alma cuando no tienes cerca polvos de talco para calmarla.

"¿Quizás porque los grandes mandamases tienen todo esto muy bien organizado?" te atreves a responder, temblando porque sabes que digas lo que digas, es seguro que te has equivocado.

Por lo que te han enseñado, intentar hablar de cambios en el sistema es un propósito condenado al fracaso pues ya vivimos en el máximo de bienestar. Porque ya somos felices. ¿No?

Por lo que has aprendido, tenemos bien arraigado un falso miedo al fracaso.

"¡Más o menos, chaval!" te grita, poniéndose en pie y golpeándote la espalda con la palma de su enorme mano derecha. Una vez. Y otra. La clase ahora sí os mira, pero el profesor entra justo a tiempo de que te salgan los colores y tartamudees. Así que te recompones y miras hacia adelante, abres el bloc de notas de tu portátil y te dedicas a tomar apuntes, naderías. En este momento, si te tocas la frente podrás comprobar que estás sudando, porque te han enseñado a rechazar a gente como aquel tipo.

"Me llamo John, ¿original, eh?" te dice, tomando asiento justo a tu espalda. No saca nada sobre la mesa; ni siquiera un libro para mentir a los demás sobre que lo está leyendo cuando en verdad no. John sonríe y te cuenta que es su primer día en la universidad y que quiere invitarte a dar una vuelta por su mundo.

Por lo que te han enseñado, lo más probable es que quiera ofrecerte drogas.

Por lo que has aprendido; que en verdad no es mucho, aceptas sin saber muy bien por qué. Sin motivo aparente.