Capítulo 11

Fue una suerte para John Watson que esa mañana sus ojos se abrieran primero que los de Sherlock Holmes. La primera sensación que su cuerpo percibió al recobrar por completo la consciencia no fue la de la vista, sino la del tacto. Su cuerpo se acercó inevitablemente al de su compañero al sentir la calidez que emanaba de su piel. Después, lentamente, como si temiera que todo fuera parte de un sueño, sus ojos se fueron abrieron hasta que la figura de Sherlock se convirtió en algo muy real y nítido a su lado. La sonrisa que se formó en su rostro fue completamente en contra de todos sus esfuerzos, se sentía feliz de respirar al lado de aquel hermoso joven de cabello oscuro; su belleza incluso resplandecía aún más ahora que su guardia estaba baja y su mente relajada; se acercó más y recostó su cabeza sobre el pecho de Sherlock, teniendo mucho cuidado de no despertarlo. Volvió a cerrar los ojos y se concentró en los tranquilos sonidos que emitía el ritmo de su corazón. En ese momento se preguntó cómo era posible que él mismo no lo hubiese adivinado antes, por qué jamás se dio cuenta que estaba completamente enamorado de Sherlock y cómo era posible que Sarah viera eso antes que él. Tal vez por que él no quería verlo... tal vez porque esos sentimientos se transformaban rápidamente y ahora eran aterradores y fascinantes al mismo tiempo.

John besó suavemente el cuello de Sherlock, fue un toque tan cuidadoso, que apenas sus labios hicieron contacto con la piel de su compañero. Abrió los ojos nuevamente y lo observó una vez más con mayor detenimiento.

-Te amo -le dijo, en realidad fue más un murmullo que apenas formó el aliento suficiente para acariciar el cuello del joven con aquellas palabras-. Te amo y tengo miedo que tú no me ames igual y después te aburras de mí y me dejes.

Los brazos de John rodearon lentamente el cuerpo que yacía junto a él. Sherlock se movió un poco, pero se acercó más a John. El rubio sonrió y acarició su rostro y su cabello.

-Quédate conmigo -añadió, casi sin aliento.

Esas palabras parecieron despertar algo en Sherlock, porque el pelinegro se movió un poco más y sus ojos comenzaron a abrirse. John no pudo evitar fascinarse aún más al ver el hermoso color de sus iris, de cerca casi le quitaban el aliento. El joven sonrió, todavía luchando entre la consciencia e inconsciencia. Las manos de John no pudieron quedarse quietas y tomaron el rostro de Sherlock, sus pulgares acariciaron sus mejillas lentamente.

-Buenos días.

El joven de cabello rizado respondió con un gruñido incoherente y John sonrió aún más, pensando en lo afortunado que había sido cuando la administración de la universidad lo asignó a esa habitación con él. Se podía imaginar lo solitaria y aburrida que sería su vida sin él y a veces, con un nudo en la garganta, pensaba en lo que podría ser después... si sus caminos se separaban. No, eso no podría pasar, porque él no sabría qué hacer sin Sherlock.

El objeto de sus pensamientos eligió ese momento para acercarse a él y acomodarse de tal manera que ahora era su rostro el que estaba enterrado en el cuello de John, el rubio se estremeció al sentir la nariz de Sherlock acariciar su piel.

-Es muy temprano -se quejó. John acarició sus rizos oscuros.

-Tenemos que levantarnos ya para llegar temprano a clases -le recordó, tratando de hacer a un lado los pensamientos tristes.

-¿No podemos quedarnos aquí por el resto del día? -preguntó Sherlock.

John se mordió el labio; por su puesto, era demasiado tentador... si fuera por él se quedaría toda la vida así, si eso significaba conservar a Sherlock a su lado. Pero las cosas no podían funcionar de esa manera.

-No, ya es hora.

Sherlock volvió a gruñir, pero, después de unos segundos levantó su vista y besó a John en los labios. Él sintió que su cuerpo respondió inmediatamente y lo último que quedaba en él por despertar se volvió completamente alerta. Sus manos no pudieron detenerse y se aferraron a la cintura de su compañero y lo acercaron una vez más antes de corresponderle completamente. Un delicioso gemido de sorpresa escapó de los labios de Sherlock, parecía que no esperaba una reacción tan pasional de John en ese momento, pero la recibió con gusto.

Y John decidió calmar todas sus inseguridades en aquellos besos, decidió olvidarse de todo por un momento, eligió pensar que Sherlock también sentía lo mismo por él y lentamente movió sus labios sobre los de él, acarició con su lengua aquellos dientes y jugó con su lengua, permitiéndose experimentar un poco, se entregó como nunca lo había hecho con ninguna de sus anteriores relaciones, porque ninguna de ellas había importado tanto como Sherlock. Trató de acercarse tanto que casi parecía querer convertirse en uno solo con él, su piel tocó la de él y sus labios comenzaron a exigir tanto como entregaba, porque, lo cierto era que era un hombre demasiado celoso y posesivo cuando tenía algo que le importaba y en esos momentos Sherlock Holmes era lo más importante para él, por lo que deseaba que Sherlock de él y sólo para él.

Entonces, cuando la falta de aliento los obligó a detenerse, Sherlock se retiró un poco, pero sólo unos centímetros, ya que los brazos de John permanecían firmemente aferrados a su alrededor y no parecía que lo dejarían ir en un largo rato.

-Pensé que teníamos que ir a clases -le recordó Sherlock, con las mejillas ruborizadas y el cabello desordenado. Se veía tan adorable que John tuvo ganas de besarlo de nuevo.

-Creí que no querías ir, además, tú fuiste el que comenzaste esto, Sherlock y no creas que no sé que lo hiciste para distraerme -le reprochó, aunque sin enojo, no estaba molesto, ¿cómo podía estarlo?

-Sí -admitió el joven de cabello oscuro, riéndose-, aunque no pensé que mi plan resultara tan efectivo. Pensé que serías mucho más difícil de distraer.

John sonrió. En verdad Sherlock no tenía idea del efecto que provocaba en él. Tal vez era mejor así, si lo supiera, probablemente usaría todo ese poder para controlarlo por completo y John jamás tendría oportunidad, no podría resistirse a él.

-De acuerdo, ya es hora de irnos -dijo, reuniendo toda su energía para levantarse y alejarse de Sherlock. Lo cual fue mucho más difícil de lo que había esperado. Tal vez un baño muy frío le ayudaría ahora que su corazón y su cuerpo se comportaban de aquella forma.

Escuchó a su compañero quejarse desde la cama y no pudo evitar reírse antes de cerrar la puerta del baño tras de sí.


Lo curioso era que todo fue diferente a partir de ese momento, la escuela no resultaba tan estresante, aunque sí comenzó a sufrir un poco porque muchas veces descubrió que su atención se desviaba de la clase y viajaba directamente hasta el recuerdo de su compañero de cuarto. Por supuesto, jamás creyó que eso se reflejaría demasiado en su forma de actuar o en cómo se relacionaba con sus compañeros, pero, como siempre, descubrió pronto que estaba en un error.

-Parece que alguien ya tiene novio -comentó Sarah al sentarse junto a él en su segunda clase, provocando que el rostro de John enrojeciera desde el nacimiento de su cabello hasta su barbilla.

-¿Qué? ¿Por qué lo dices? -preguntó alarmado. ¿De verdad siempre era tan evidente?

Sarah puso los ojos en blanco de una forma bastante dramática.

-¿En serio estás preguntándome eso? ¡Por favor, John! Tienes una sonrisa de oreja a oreja desde que inició el día e irradias felicidad a cada paso que das, siendo que hace sólo unos días te había visto de malhumor, incluso, podría decir que un poco deprimido. ¿Y te preguntas por qué? En serio, nunca has sido bastante discreto si me lo preguntas. Probablemente cualquier otra persona que no fuera Sherlock se habría dado cuenta mucho antes que estabas completamente en las nubes por él. En fin, lo que quiero decir es que me alegro que ya estés con él, no era agradable verte sufriendo de esa manera.

-Ehhh... -John todavía estaba luchando con el rubor como para responder inmediatamente- gracias. En realidad me ayudó mucho que hablaras conmigo el otro día, tal vez no me hubiese atrevido de no ser por ti.

Sarah sonrió y asintió con la cabeza.

-Lo que sucede es que yo supe que decirte exactamente para hacerte reaccionar, lamentablemente conozco tu debilidad, John Watson -dijo ella, guiñándole un ojo.

Él se rió.

-¿Ah, si? ¿Y cuál es?

-Eres demasiado celoso -dijo ella-, sobre todo cuando alguien te gusta mucho.

John frunció el ceño; él sabía que aquello era cierto... pero aún así, no le gustaba admitirlo.

-No creo que...

-Mejor hablemos de otra cosa -sugirió ella-. Sabes, creo que muchos en la escuela estarán sorprendidos cuando se enteren de lo tuyo con Sherlock, es decir... debido al historial de tu novio... aunque, no, espera, creo que no... antes yo ya había escuchado cosas sobre él y aunque algunos lo consideraban alguien problemático, creo que esa parte de su personalidad lo hacia atractivo, claro más atractivo de lo que es ya... porque, debo de admitirlo, sus ojos y su cabello, muchas de mis amigas deseaban conocerlo y...

Sarah se interrumpió cuando escuchó surgir un gruñido de la garganta de John y después de arquear una ceja en su dirección, dejó escapar una carcajada. Sólo en ese momento el joven se dio cuenta de ella había dicho todo eso con el objetivo de provocarlo.

-De acuerdo -admitió, por fin-, tal vez tienes razón y soy un poco... celoso.

La joven volvió a arquear sus cejas, pero lo dejó pasar y John se removió en su asiento, pensando en lo evidente que resultaban sus sentimientos hacia Sherlock, sin embargo, esa sensación de incomodidad le duró poco, ya que todavía no podía disfrazar la inmensa alegría que lo embargaba.

Además, consideró, tal vez no tenía que reprimirse. Tal vez lo mejor era mostrarle a todos que Sherlock Holmes era suyo. Y esa idea en su mente se volvió en algo mucho más tentador, sobre todo cuando, horas más tarde, se encontró con él en la biblioteca, nuevamente acompañado por su amiga Molly, quien no podía evitar verlo con adoración.

Así que John, sin poder evitarlo, se sentó junto a ellos y saludó a Sherlock con un rápido beso en los labios, a lo que el joven de cabello oscuro le respondió con una sonrisa. La pobre de Molly parecía bastante sorprendida al observarlos y se marchó rápidamente argumentando que había olvidado algo en el laboratorio, John se sintió un poco mal por ella, pero tampoco podía decir que una parte de él no se alegraba al verla marcharse.

Después de todo, Sherlock Holmes era solamente suyo.

-¡John, acabo de recibir un mensaje de Lestrade! -exclamó él, parecía bastante emocionado-. Creo que lo mejor será salir esta noche a buscar al asesino, casi estoy seguro en donde se encontrará.

John tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él. La sonrisa de Sherlock creció aún más y sus ojos brillaron.

-Ya sabes que yo voy a donde tú vayas -le dijo y le dio un beso en la nariz, provocando que su novio se ruborizara completamente.

Sí, definitivamente ya no había punto de retorno para él, estaba absolutamente enamorado.