nombre del fic: Glamour

autora: SilentAuror

traductora: su servidora

fanart de la portada: Stella Moon. Enlace al art original: stellamoon (punto) livejournal (punto) com / 41451 (punto) html

fandom: Harry Potter

pareja: Harry/Draco

resumen: Harry es asignado a cumplir con una tarea: ayudar a Draco Malfoy mientras éste pasa todo un mes disfrazado; tarea que al final terminará revelando más de lo que esconde.

advertencias: EWE, gender-bending, slash, porn.


nota de la traductora: con todo cariño para Haru por estar siempre ahí y porque comparte conmigo la fascinación por este kink (nuestros niños queridos convertidos -sólo fisíca y momentáneamente- en chicas). Haru, espero que lo disfrutes como yo lo hago CADA vez que lo leo, jaja, besos.


GLAMOUR

-primera parte-

Harry se removió en su asiento, descruzó las piernas y las volvió a cruzar. A su izquierda, Ron estaba codeando a Hermione, quien repasaba sus notas en un cuadernito mientras murmuraba para ella misma. Lo que fuera que Ron le hubiese dicho a la chica, provocó que se ganara una mirada airada de parte de ésta y una pregunta mordaz acerca de su aparente falta de preparación. Harry no la culpaba en absoluto; ese era un gran día. Pero no alcanzaba a descubrir cómo ninguna de sus notas podría ayudarlo en ese momento. Al otro lado de Hermione, Ginny llamó la atención de Ron y negó con la cabeza.

La persona que estaba a la derecha de Harry también descruzó y cruzó las piernas cuidadosamente para no golpear el pie de Harry con el suyo.

—Bueno, una cosa es cierta: sí que se están tomando su tiempo —murmuró Malfoy—. Disfrutan mantenernos en suspenso, ¿verdad?

—Eso parece —acordó Harry, la aprensión aumentando—. ¿Crees que va a ser realmente difícil?

—¿Difícil? No —dijo Malfoy en pocas palabras—. No para ti. No para la mayoría de nosotros, seguramente. Sólo será una tarea más.

—Sí, pero si es de Sigilo y Rastreo, o de Traducción, entonces sí será difícil. Siempre lo son —dijo Harry bajando la voz.

Por el rabillo del ojo vio a Malfoy negando con la cabeza.

—Estarás bien.

—Desearía que ya comenzaran.

—Tú y yo también, compañero —masculló Ron a su otro costado—. Hermione está hecha un basilisco.

Ron no comentó nada con Malfoy, lo cual no era una sorpresa. Casi un año antes, sí que había habido palabras de parte de Ron cuando vio a Malfoy en el Ministerio el primer día del primer año de entrenamiento. Después de todo lo que les habían dicho acerca del cuidadoso proceso de selección del Ministerio, de cómo había muchísimos solicitantes y muy pocos elegidos, especialmente aquellos que estaban interesados en el entrenamiento para la división de aurores, Ron se había quedado boquiabierto al ver a Malfoy entrar serenamente al atrio del Ministerio, firmar su ingreso con la bruja de la recepción y luego, proceder ignorar a todos a su alrededor. Harry comprendió a Ron, pues él mismo se había sentido ampliamente impactado.

Hasta Hermione había entrecerrado los ojos.

—¿Qué imaginas que Malfoy está haciendo aquí?

Harry se rió con una risa hueca.

—Lo mismo que nosotros, supongo.

Se había producido la obvia confrontación: Ron abriéndose camino entre la multitud, Harry un paso detrás, indeciso entre detener a Ron o quitarlo de en medio para poder ser él quien primero hablara con Malfoy. Al final, todo había salido mejor de lo que nadie se hubiera esperado. Malfoy había sido categóricamente educado, negándose a caer en provocaciones, brindando la menor información que podía brindar sin ser grosero, y sacando de su bolsa su carta de aceptación (un pergamino inmaculadamente enrollado) ante la petición de Ron. Después de eso, el fervor de Ron languideció un poco, el alboroto cesó y la multitud reunida se disipó.

Cuando se iban, Malfoy buscó la mirada de Harry y la mantuvo, echándole a Hermione un enojoso vistazo, esperando a que ella se fuera. Hermione lo comprendió, miró a Harry y reluctantemente se alejó tirando de Ron. Malfoy se aclaró la garganta y miró a Harry directamente a los ojos. Su expresión y tono eran helados, pero el músculo tembloroso cerca de su boca revelaba su tensión.

—Mira, Potter… sé que salvaste mi vida. Tengo esa deuda contigo. Lamento decirte esto tan tarde, pero pensé que lo menos que puedo hacer es darte las gracias, especialmente porque no lo hice en aquella ocasión —dijo.

Sorprendido, Harry no consiguió poner sus filtros en su lugar a tiempo.

—No, no lo hiciste —dijo bruscamente—. De hecho, te largaste a pelear. Al lado de Voldemort.

El encogimiento de Malfoy fue apenas perceptible.

—Sé que eso hice —dijo finalmente—. Han pasado cuatro años, Potter. Ahora estoy tratando de corregirlo.

Metió una mano a su bolsa por segunda ocasión y sacó otro rollo de pergamino más grueso. Se lo pasó a Harry.

Harry lo tomó y lo desenrolló. Era una lista de las materias del primer año de entrenamiento. Eran las mismas que las de él.

—Estás… en el Entrenamiento Pre-auror —dijo Harry, impresionado. Levantó los ojos del pergamino y descubrió que Malfoy lo observaba intensamente.

—Así es. —Malfoy extendió una mano y Harry le devolvió el pergamino—. Soy serio en mis intenciones, Potter. Tú… sabes lo que pasó con mi padre —agregó y esperó.

Harry asintió lentamente. La muerte de Lucius Malfoy había ocurrido poco después de que terminara su juicio, hacía dos años. Su sentencia se había considerado misericordiosa; el Ministerio ya no sentenciaba a los criminales a muerte o al Beso del Dementor, pero pasar la vida en prisión, despojado de poder y prestigio, fue una sentencia que el mayor de los Malfoy no estaba preparado para soportar. Su suicidio había sido ampliamente publicitado por toda la Britania mágica.

—Sí.

Por un momento Malfoy pareció estar batallando muy duro para recobrar la compostura.

—Yo… yo no discutí esta decisión con mi madre —dijo mientras los dedos de su mano derecha jugueteaban con la cremallera de su bolsa—. Pero ella sabe que estoy aquí el día de hoy y no dijo nada. Estoy aquí mientras dure.

Harry asintió de nuevo, digiriendo eso. Abruptamente, regresó sus ojos a Malfoy.

—Disculpa aceptada —dijo y extendió su mano—. Y no me debes nada.

Malfoy le dio la mano.

—Una deuda es una deuda —dijo—. No la olvidaré.

Todo eso había sucedido hacía nueve meses. Malfoy se había relajado. La firme aceptación de él dentro de sus clases y dentro de sus vidas que Harry había demostrado, le había facilitado las cosas, y eventualmente los otros comenzaron también a bajar la guardia. De vez en cuando continuaban surgiendo comentarios hirientes, particularmente de personas que estaban ebrias o cuando Malfoy hacía una de sus burlas patentadas tan propias de él, pero la mayor parte del tiempo, las cosas estaban calmadas. Fue un poco antes de Navidad que Harry se había dado cuenta de que ellos dos ya eran amigos genuinos. Con la guerra en el pasado y con Malfoy determinado a dejarla atrás, se volvió posible conocer su verdadera personalidad; lejos de Slytherin y Gryffindor, lejos del quidditch y de la Copa de las Casas, lejos de la guerra. Malfoy había situado su lealtad, por las razones que fueran, en el mismo bando que Harry, y Harry jamás olvidaría eso. Además, Malfoy era gracioso, sus comentarios irónicos incluso hacían que Ron se ahogara con su cerveza al no poder contener la risa –Ron, quien finalmente había sido el último en aceptarlo.

Su primer año de entrenamiento estaba llegando a su conjunto final de tareas evaluativas, y ese trimestre iba a enfocarse en las áreas en las cuales los estudiantes necesitaban mejorar. Las tareas iban a repartirse en cualquier momento, y Harry no podía evitar contagiarse de la ansiedad de Hermione. Sabía que su punto débil probablemente sería el trabajo en grupo. Los consejeros repetidamente le decían que necesitaba aprender a trabajar en equipo o con un compañero ("Los aurores generalmente trabajan en pares, señor Potter, usted sabe eso"), y que necesitaba dejar de tomar la iniciativa y no tratar de hacer todo por su cuenta.

Malfoy de nuevo se removió en su asiento, dejando ver que él también estaba ligeramente ansioso.

—Sólo quisiera saber por qué no nos informaron en cuáles áreas se va a enfocar nuestra tarea.

—Sí, lo sé —Harry estuvo de acuerdo—. Aunque, si me lo preguntas, eso había ocasionado que Hermione se pusiera diez veces peor de lo que ya ha estado últimamente.

Malfoy soltó un bufido de risa.

—¿Peor? No me digas que eso es posible.

—Lo es.

—No puedo ni imaginarlo.

Las conversaciones a su alrededor cesaron súbitamente al abrirse la puerta. Shacklebolt, Williamson y Dawlish entraron. Shacklebolt, actual Ministro de Magia, continuaba inmiscuyéndose personalmente en los programas de entrenamiento del Ministerio, particularmente en la división de aurores. Williamson era el director de los alumnos del primer año y Dawlish, el coordinador. Williamson venía acompañado de su asistente personal, un auror junior con el singular nombre de Twitterbog, quien iba cargando una enorme canasta llena de rollos de pergamino. Williamson se apuntó a la garganta con la varita, dio un paso al frente del auditorio y carraspeó.

—Buenos días, alumnos. Qué bueno verlos a todos presentes esta mañana. Estoy seguro de que se encontrarán bastante deseosos de recibir su tarea de campo de evaluación final del trimestre, así que me pondré de inmediato a ello. Cada uno de ustedes recibirá un pergamino. Algunos trabajarán solos, y algunos otros lo harán en grupos de dos o más personas. Debido a que estas misiones están altamente individualizadas, nuestro plan para esta mañana es simplemente distribuirlas y responder cualquier cuestionamiento que puedan tener antes de comenzar. Recomendamos realizar preguntas antes que cometer errores en sus tareas, por supuesto, así que por favor, acérquense a nosotros. Antes de continuar, ¿alguien tiene alguna duda?

Williamson echó un vistazo por el salón, el cual estaba lleno de murmuraciones nerviosas, pero nadie levantó la mano.

—Muy bien. ¿Twitterbog?

Su asistente de anteojos se acercó con la canasta.

—Sí, señor. ¿Puedo comenzar?

—Por favor.

Twitterbog pronunció una frase en latín que Harry no alcanzó a comprender y los rollos de pergamino salieron volando por toda la habitación, encontrando elegantemente a sus destinatarios sin ocasionar ningún caos en el aire.

—Presumido —murmuró Malfoy—. Te apuesto a que los encantó previamente para que hicieran eso.

Harry soltó una risita.

—Seguramente.

Hermione y Ginny recibieron sus pergaminos al mismo tiempo. Un segundo después, el de Ron llegó a sus manos. Mientras los abrían, los tres se miraron y comenzaron a sonreír.

—¡Qué suerte! —exclamó Ginny.

Harry notó que Ron parecía ligeramente menos entusiasmado que ellas, pero se veía lo suficientemente complacido por tener a Hermione de compañera. Justo entonces llegó su pergamino y también el de Malfoy.

Malfoy se dio cuenta de eso mientras rompía el sello de su tarea.

—Interesante —caviló—. ¿Eso significa que…?

—Supongo que eso significa —dijo Harry mientras leía las primeras líneas de la suya—. Parece que seremos equipo, compañero.

Malfoy no respondió; parecía profundamente inmerso en sus pensamientos. Harry leyó cuidadosamente su tarea. Decía:

"Harry James Potter: Primer Año, Pre-auror. Asignación Final del Segundo Trimestre:

Área: Trabajo en Equipo y Grupos. Asignación: Asistir a su compañero (Draco Malfoy) a realizar su propia tarea. Detalles: La asignación del señor Malfoy pertenece al área de Sigilo. Sin que usted le preste ayuda con ninguno de sus encantamientos o disfraces físicos, deberá actuar como el cómplice de dichos disfraces en cualquier manera que sea requerida para conseguir y apoyar el éxito del otro. El comportamiento de usted no debe restarle importancia al disfraz de su compañero en ningún aspecto, ni debe intentar dominar ni tomar iniciativas en ninguno de sus intentos.

Firman:

H. Williamson, Supervisor del Entrenamiento.

K. Shacklebolt, Ministro de Magia."

Harry estaba confundido.

—Esto suena como si tuviera que ser solamente tu respaldo —le dijo a Malfoy, quien estaba frunciendo el ceño mientras observaba su propio pergamino—. ¿De qué se supone que vas a disfrazarte?

Malfoy le pasó su pergamino.

—No estoy seguro —dijo—. Veamos qué entiendes tú.

Harry lo tomó y lo leyó.

—Mmm —dijo después de un rato—. ¿Puedes cambiar todo del cuello hacia abajo, pero no tu cara? Eso es raro. ¿Y qué pasa con tu cabello? ¿Puedes cambiar el color si así lo quieres? ¿O el largo?

—Tendré que preguntar.

—Pero no podrás aplicarte un glamour en la cara. Qué extraño.

—Tal vez sólo me permitirán usar disfraces muggles —dijo Malfoy—. Pelucas, cosméticos y esas cosas. Ropa diferente. Pero sí me permiten aplicar un glamour en el resto de mi cuerpo, si es que estoy interpretando esto correctamente.

—Creo que tendría que ser algo más elaborado que sólo usar cosas muggles —dijo Harry—, dado que tenemos que disfrazarnos como muggles muchas veces todos los días.

—Buena observación. Tendré que preguntar —repitió Malfoy—. También me gustaría saber si tengo que mantener el mismo disfraz durante todo el mes o si me es permitido cambiarlo de vez en cuando.

—¿Durante todo el mes? —preguntó Harry, mirando de nuevo hacia su pergamino. Ese detalle se le había pasado—. Eso es mucho tiempo.

—Sí, lo es.

La fila para preguntar era bastante larga. Malfoy tomó su pergamino y se unió a ella. Habían acordado que Harry lo abordaría una vez que Malfoy estuviese a punto de llegar. Mientras tanto, Hermione se acercó a Harry con el objeto de averiguar sobre su asignación. Ron y Ginny también se acercaron poco después.

—Interesante —dijo Hermione, luciendo pensativa.

—¿Interesante? —preguntó Ron, echándole un vistazo al pergamino de Harry—. ¡Suena como si no tuviera que hacer nada en absoluto!

—Probablemente ese es el punto —dijo Hermione.

Ginny la miró de reojo.

—¿Qué, que Harry no tenga permitido jugar al héroe por esta vez?

—Exacto.

—¿Qué quieres decir con que no puede jugar al héroe? —quiso saber Ron—. Suena como si lo único que tuviera que hacer fuera ayudar a Malfoy.

—Siendo su cómplice, pero no ayudando activamente en realidad —dijo Hermione—. Es una asignación de trabajo en equipo para Harry. Tiene que aprender a tomar el rol secundario. ¿Es de eso de lo que se trata?

—¿Será? —Harry se encogió de hombros—. No suena demasiado horrible. Supongo que voy a pasar un montón de tiempo con Malfoy durante todo el siguiente mes.

Ginny entrecerró los ojos.

—Aquí no dice que tengas que pasar todo tu tiempo con él —comentó con enojo.

—Bueno… da la impresión de que será una buena cantidad de horas —dijo Harry, agradecido de que Hermione estuviese ahí para apoyarlo en caso de ser necesario—. Y esta es una tarea importante, así que supongo que tendré que hacer lo que tenga que hacer.

Hermione le dio una curiosa mirada, abrió la boca pero luego la cerró, como si hubiese cambiado de opinión.

—Sí —dijo en vez—. Probablemente eso sea verdad. Quiero decir, esto es muy importante.

—¿Ustedes tres qué van a hacer? —preguntó Harry, ansioso de quitarse la atención de encima. Hermione comenzó a contarle y Harry se sintió aliviado. Desde que la guerra había terminado, todos parecían haber estado esperando que él se casara de inmediato. Ciertamente, Harry había descubierto que ni siquiera estaba interesado en salir con nadie, mucho menos de manera permanente o seria. Tanto Ginny como Hermione le habían estado dando la lata al respecto. O, para ser justos, Hermione había hecho preguntas impertinentes mientras que Ginny era quien daba la lata.

—La guerra se terminó, Harry —le había dicho ella, sacando el tema un día de hacía varios meses, cuando Harry supuso que parecía como si nunca fuera a tomar una acción decisiva. También él mismo se lo había preguntado. Durante el transcurso de la guerra y durante el tiempo en el que se suponía tendría que haber estado cursando su séptimo año, Harry habría pensado que no deseaba nada más que eso. Pero ahora que la guerra había terminado, no tenía ninguna prisa en absoluto.

—Ya lo sé —había respondido, no muy seguro de qué era lo que ella esperaba que dijera.

Ginny le había preguntado llanamente cuánto tiempo él esperaba que ella aguardara, y Harry no había podido responderle. Le dijo que podía salir con otros si es lo que ella quería, y Ginny le contestó que no tenía ganas de tener citas con nadie más; que ella sólo deseaba saber cuánto tiempo Harry planeaba tomarse de descanso. Harry le dijo que no sabía, y lo habían dejado así. Sólo que las cosas no se quedaron así, para ser exactos. Eventualmente, Harry comenzó a tener ocasionales aventuras amorosas por ahí y por allá. Ninguna de ellas era nunca en serio, y sus amigos no parecían tomárselas a pecho. Ginny era la única que se molestaba, pero toleraba los breves devaneos de Harry con los aires de estar esperando a que él sacara eso de su organismo. Quizá Hermione le había dicho que Harry necesitaría salir con otras personas antes de establecerse con ella en una relación seria. Ellos tres (Ginny, Ron y Hermione) mantenían en general la actitud de quien cree que Harry y Ginny iban a terminar juntos algún día. Para ser precisos, Harry no había dicho ni sí ni no. No estaba seguro de qué era lo que quería, pero no era una relación como la que Ron y Hermione tenían. Eso era lo único en lo que tenía total certeza. Quizá podía querer eso una vez que terminara con el entrenamiento. Tal vez él era una de esas personas que querían sólo una cosa a la vez.

Ron, había que reconocerle el mérito, era o lo suficientemente masculino o lo suficientemente chapado a la antigua como para esperar que Harry se mantuviera puro y casto en su camino al altar, con tal de que al final éste terminara con su hermana. No era como si Ron hubiese dicho eso abiertamente, pero Harry comprendía las indirectas. Además, Ron era el único con quien Harry compartía los detalles de sus efímeras aventuras sexuales, y quien lo codeaba en un pub ante la presencia de una chica sexy. Posiblemente Ron vivía a través de él, pensaba Harry a veces, dado que el pelirrojo y Hermione se habían comprometido hacía casi dos años. En cualquier caso, Ron parecía comprender que Harry no estaba para comprometerse con nadie en el momento actual, y lo respetaba.

En ese momento Ron estaba haciéndole preguntas a Hermione acerca de su tarea y recibía diferentes respuestas de parte de ella y de Ginny, haciendo que Harry se sintiera culposamente feliz de no haber sido asignado a su equipo. Revisó el progreso de Malfoy en la fila para hablar con Williamson y notó que había avanzado significativamente. Interrumpiendo la discusión, les informó a sus amigos a dónde iba y se dirigió a unirse a la larga y serpenteante línea formada por sus otros compañeros.

Malfoy se movió para permitir que Harry se formara.

—Justo a tiempo —dijo—. Y, ¿qué van a hacer ellos?

Se refería a Ron, Hermione y Ginny, si acaso señalar con la barbilla en su dirección era una indicación.

—Fueron asignados a un hospital muggle. Lo curioso es que la tarea de Ginny es de Sigilo y Rastreo; la de Hermione es de Protecciones y Seguridad; y la de Ron es de Estudios Muggles. Está algo enojado; dice que odia que la gente simplemente asuma que está tratando de seguir los pasos de su padre aun si su carrera termina recorriendo un camino similar.

—No puedo imaginar por qué alguien se molestaría por eso —dijo Malfoy con extrema frialdad.

Harry lo miró y comprendió.

—Cierto —accedió—. Parece como si fueran a trabajar en algo relacionado con la seguridad de este hospital muggle, pero no queda realmente claro para qué. Sus asignaciones son todas muy parecidas pero con diferentes categorizaciones.

—¿El hospital está en Londres?

—No sé. ¿Nuestra asignación tiene localización?

Malfoy asintió.

—Londres —dijo simplemente—. Tiene sentido tener una misión de Sigilo en una ciudad grande. Aunque sería más difícil esconderse en un pueblo pequeño.

—Pero todos sabrían que eres un forastero —señaló Harry.

—Cierto, supongo que es por eso.

La fila avanzó y pronto fue su turno. Williamson, conocido por no ser demasiado amistoso, les ofreció una breve sonrisa y con una mano les indicó que tomaran asiento al otro lado de la mesita.

—Malfoy. Potter. ¿Qué puedo hacer por ustedes?

—Tengo varias preguntas —dijo Malfoy de inmediato. Comenzó a soltarlas todas, Harry absorbiendo preguntas y respuestas mientras echaba vistazos por el auditorio, observando a las personas y a los grupos leyendo cuidadosamente sus pergaminos. Las instrucciones de Malfoy fueron explicadas: se esperaba que se disfrazara del mismo modo durante tres semanas seguidas (la primera semana era un extra para permitirle intentar con diferentes cosas hasta que encontrara algo que él supiera que podría mantener por ese periodo tan largo), alterando lo que quisiera, menos su rostro. No le tenían permitido realizarse encantamientos glamour faciales; se consideraban demasiado sencillos. El verdadero Sigilo, les había explicado un auror veterano en un seminario, se trataba acerca de las sutilezas, de cambiar cosas como la manera de caminar, los gestos individuales, el modo de mover los brazos y la cara, el tono de voz. Espías habían sido descubiertos por culpa de detalles tan leves como tics faciales o una manera muy particular de bostezar. Tenían que practicar cosas como cambiar sus andares, sus acentos y hasta sus estornudos. Era dificultoso, y Malfoy parecía tener un problema particular en ocultar sus propios rasgos. El glamour era un encantamiento complicado de ejecutar. Se requería un gran nivel de magia sofisticada, además de una gran cantidad de concentración y determinación de parte del ejecutante para mantenerlo, especialmente durante periodos de tiempo prolongados. Las preguntas fueron disminuyendo después de que el principal punto de duda de Malfoy fuese clarificado. Harry se inclinó hacia delante para realizar su única pregunta.

—¿Sí, Potter?

—Bueno, me estaba preguntando… señor, ¿cuál es exactamente mi asignación? ¿Sólo voy a ayudar a Malfoy a mantener esto? ¿Como si fuera a ser nada más que su secuaz? ¿O estoy malinterpretando algo?

La muy poco frecuente sonrisa de Williamson surgió acompañada de una risita áspera.

—No, Potter, no estás malinterpretando nada… como raramente lo haces. Esa es exactamente tu asignación. Vas a ser, tal como tú lo dijiste, el secuaz de Malfoy. Harás lo que él te indique. Aparecerás como su compañero del disfraz final que él decida asumir. Podría significar que debas cambiar tu apariencia para ir de acuerdo a la de Malfoy. Podría significar que debas protegerlo, rastrearlo o servirle de escolta. En todos los aspectos, piensa que vas a actuar como el segundo del duelo al que él ha sido asignado. Puedes hacer sugerencias verbales, aunque preferimos que las mantengas al mínimo; y no puedes ayudarlo a realizar ningún encantamiento o hechizo. Sólo jugarás tu papel.

Harry aceptó eso, pero todavía no comprendía totalmente.

—Es que… no estoy seguro de ver la utilidad de eso —dijo sin desear sonar engreído o maleducado—. Quiero decir, no suena como si fuera mucho.

Williamson demostró su acuerdo asintiendo levemente con la cabeza.

—Precisamente —dijo, y lo dejó así—. Buena suerte, caballeros. Volveremos a encontrarnos en un mes. Mientras tanto, quizá deba decirles que decidimos hacer un equipo con ustedes dos porque, a pesar de sus diversas diferencias en el pasado, creemos que juntos trabajan admirablemente bien. Yo mismo me he percatado de que ahora parecen ser amigos, o al menos conocidos amistosos. Me da gusto. Veamos si pueden continuar así, ¿de acuerdo?

—Sí, señor —dijo Malfoy y se puso de pie. Harry asintió y también se paró, acompañando a Malfoy a través de la multitud. Antes de llegar a donde Ron, Hermione y Ginny los esperaban, Malfoy se giró hacia Harry y le dijo:

—¿Qué piensas de esto? ¿Estás dispuesto?

—Por supuesto —dijo Harry automáticamente.

Malfoy le regaló una sonrisita.

—Muy bien.


Resultó que las quejas de Ginny habían probado ser irrelevantes: el hospital al cual habían sido asignados estaba en Edimburgo, y ya que Harry estaba posicionado en Londres con Malfoy, salir juntos no iba a ser una opción. Hermione no estaba segura de cuál iba a ser su horario, o no podían decírselo (lo cual era lo más probable), así que Harry no insistió. Si bien Ginny parecía enojada de que Harry no estuviera más triste porque no iban a verse durante todo un mes, a Hermione y Ron parecía no importarles. Se despidieron alegremente y eso fue todo.

Los tres se habían marchado el día anterior. Harry se encontraba parado ante un edificio de apartamentos esperando que Malfoy bajara con su primer disfraz. Había llegado puntualmente como sabía que a Malfoy le gustaba. A pesar de que se llevaban bien, Harry se había vuelto muy consciente de las cosas que le molestaban a Malfoy, y la impuntualidad era una de ellas.

Una puerta interior se abrió, llamando la atención de Harry, y entonces también se abrió la puerta exterior. La sensación de la magia de otra persona, mucho más notoria ahí afuera en el Londres muggle, recorrió a Harry. Incluso reconoció la distintiva firma mágica de Malfoy, y se le quedó viendo a la persona que tenía enfrente. Era más alto que antes, tenía los hombros más anchos pero no tanto que no quedaran bien con los rasgos faciales de Malfoy, los cuales eran los mismos. Su cabello ya no estaba y había sido remplazado con uno de color café de tamaño medio y muy común, el cual hacía que los ojos de Malfoy parecieran de un gris mucho más oscuro. Harry estaba impresionado.

—Bueno, eso sí que es diferente —dijo.

Esa persona continuaba pareciéndose a Malfoy, pero sólo si uno se fijaba muy bien o si realmente se conocían sus rasgos.

Cohibido, Malfoy tiró del amplio suéter que traía puesto encima de unos jeans bastante flojos. Harry dedicó un momento a pensar si alguna vez había visto a Malfoy con jeans y decidió que no.

—¿Qué piensas?

Se escuchaba inseguro. Harry lo observó con ojo crítico.

—No está mal —dijo—. La verdad, me impresionan tus hombros. Su tamaño realmente te cambia la apariencia.

—También he estado practicando un modo diferente de caminar —dijo Malfoy—. ¿Cuál pensarías que es mi trabajo?

Harry lo estudió y pensó.

—No sé —dijo finalmente—. Lo siento, Malfoy. Tu apariencia es sólo como la de cualquier hombre mayor.

Malfoy pareció complacido al escuchar eso.

—Bien. Eso es lo que estaba buscando. Ahora vamos a ponernos de acuerdo con nuestra historia. Somos estudiantes de arte en la Universidad de la Ciudad. Yo curso la carrera de Bioquímica y tú, la de Historia Británica del siglo XX. Creo que así como estás luces bien. Vamos a ir a pub cerca del campus y ver si encajamos. Te contaré los detalles en el camino.

—De acuerdo. ¿Cómo vamos a llegar ahí? —preguntó Harry, haciendo su mejor esfuerzo para actuar como el secuaz. Había decidido dejar que Malfoy tomara todas las decisiones. Seguro que eso era lo que se esperaba de él.

—En metro. Vamos a viajar como muggles durante el mes completo.

Harry se encogió de hombros.

—Seguro. Lo que digas.

A Malfoy le brillaron los ojos.

—Qué obediente estás.

—Sólo trato de ser un buen compinche.

Hablaron de las Guerras Mundiales, ya que Harry había decidido fingir que era un experto en la Segunda Guerra debido a que era el periodo histórico del que sabía más. Malfoy señaló que, en primer lugar, no tenían muchas carreras de las cuales escoger. Harry argumentó que las pociones y la bioquímica difícilmente eran lo mismo.

—Pero después de la guerra yo tomé Pociones nivel ÉXTASIS por correspondencia —Malfoy le recordó—. Conozco todas las teorías químicas detrás de las pociones. Como sea, planeo comportarme como un estudiante no muy motivado que se aburre fácilmente si habla acerca de la escuela, y te sugiero que hagas lo mismo. Estaremos ahí por las cervezas y las chicas.

Harry soltó una risita.

—De acuerdo. Por mí está bien.

En ese momento estaban dejando la estación del metro, Malfoy guiando sutilmente a Harry a través de la muchedumbre hacia la salida que él quería.

—No es precisamente mi costumbre —dijo Malfoy—, pero no será muy difícil fingir que lo es.

—Claro, como no eres fan de la cerveza —dijo Harry, decidiendo ignorar el otro tema obvio. En vez de eso, recordó la noche en que Malfoy finalmente había roto las defensas de Ron. Principalmente por haber aceptado (reticentemente) el desafío de éste de participar en un concurso de beber cerveza. Conociendo a Ron, el concurso iba a terminar al primero que vomitara o se desmayara. Malfoy había excedido las expectativas de todos al vencer sonoramente a Ron, aunque, cuando finalmente Ron (de un feo tono verdoso) se disculpó para ir al baño, Malfoy resbaló de su taburete y se desmayó debajo de la mesa.

Malfoy miró a Harry de manera crítica.

—No, pero beberé si es necesario que lo haga. Es la otra parte de la que hablaba, Potter.

Harry no demostró la sorpresa que sintió de que Malfoy estuviese refiriendo a eso tan directamente. Hacía tiempo, Malfoy le había revelado ese pequeño hecho solamente a Harry, y por acuerdo tácito ninguno de ellos había vuelto a mencionarlo. Harry no se lo habría esperado, pero Ron y Hermione actuaron como si la confesión de Malfoy sólo confirmara sus sospechas. Harry se aclaró la garganta.

—Oh. Cierto. Bueno, solías ser muy bueno fingiendo eso, especialmente en nuestro sexto año.

—Pensé que habíamos dejado atrás al pasado. Y como muggles, no tuvimos un sexto año, sino un sexto grado, ¿recuerdas? Planeo presentarte como Harvey, por cierto. Tendré que ser capaz de recordarlo.

Malfoy se alejó muy deprisa; sus pasos eran largos y relajados y sus brazos colgaban laxos a sus costados. Harry se apuró para alcanzarlo mientras pensaba que ese disfraz casi funcionaba. Casi. Parecía un poco como si Malfoy estuviese tratando de imitar a Marcus Flint o a alguien de huesos más grandes. Bueno, Malfoy en ese momento tenía huesos más grandes, pero de algún modo algo parecía no encajar bien en su manera de moverse.

—¿Cómo se supone que te llamarás tú?

—Dave. Aquí es, vamos —dijo Malfoy y abrió la puerta del pub con una mano demasiado grande.

Encontraron un par de sillas y se sentaron solos a charlar, bebiendo cerveza e inventando supuestos conocidos para hablar de ellos, situación que divirtió mucho a Harry. Malfoy estaba usando un modo de hablar menos preciso y con más modismos, y era la primera vez que iniciaba una conversación con algo como "Ese tío que jodió a Colleen, ¿lograste averiguar cuál era su nombre?". Harry se vio obligado a contener la risa e inventar algo para continuar con la historia. Después de un rato, Malfoy insistió en que debían mezclarse con los parroquianos y se unieron a unos que jugaban a los dardos. Eran unos tipos amistosos y no inquisitivos y Harry se descubrió disfrutando de aquella noche.

En un momento dado, la luz dio de lleno sobre la mano de Malfoy que cargaba un dardo mientras él hablaba con alguien, y Harry notó que el glamour estaba comenzando a cambiar. La mano de Malfoy se estaba haciendo más pequeña y luego, de nuevo más grande, conforme el glamour se volvía a colocar. El dardo estaba temblando entre sus dedos como si éstos estuvieran cambiando de tamaño, y Harry se movió hacia Malfoy rápidamente, confiando en que nadie lo estuviera notando.

—Oye, Dave. ¡Vamos por otra cerveza, compañero! —dijo y, mientras hablaba, le quitó el dardo a Malfoy, cubriendo la mano de éste con la suya. Le pasó el dardo a otro hombre y le dio una palmada en el hombro, agradeciéndole por el juego y llevándose a Malfoy lejos, de regreso a sus asientos.

Le explicó en el camino. Malfoy parecía mortificado y miraba sus dos manos.

—Mierda, ni siquiera me di cuenta de que el glamour estaba fallando —dijo—. Gracias por cubrirme.

—De nada —dijo Harry—. De hecho, creo que pasó por la manera en que estabas agarrando el dardo. No creo que un hombre de tu tamaño juguetee con las cosas como tú lo estabas haciendo. Si tienes dedos más grandes, entonces probablemente necesites ser un poco más tosco con las manos.

—Ah —asintió Malfoy—. Tiene sentido.

Malfoy odiaba ser corregido tan detalladamente, pero odiaba todavía más hacer algo que necesitara ser corregido. No agregó nada, lo que indicaba lo mal que se sentía por haber cometido un error durante su primera noche.

—Oye, no te preocupes. Fue sólo una parte de tu cuerpo —dijo Harry tratando de animarlo—. El resto de ti continúa estando realmente bien. ¿Puedo preguntarte qué le hiciste a tu cabello?

Malfoy empujaba malhumoradamente el posavasos por la mesa.

—Es sólo una peluca, no un glamour. Se supone que sí puedo usarlos en mi cabello, pero me pareció que ponerme una peluca era más sencillo.

—Eso creo —comentó Harry—. Supongo que tendrías que cambiarlo de alguna forma. Tienes el cabello muy bonito y se nota.

—Sí, ¿verdad? —El humor de Malfoy mejoró de pronto. Le sonrió a Harry—. Gracias por notarlo.

Harry tosió.

—Eh, de nada. ¿Cuánto más tiempo vas a querer quedarte? —Entonces, elevó la voz—: Debería irme a estudiar un poco si no quiero suspender el siguiente examen.

Malfoy le dedicó una sonrisa aprobatoria.

—Seguro. Vámonos, Harvey.


Durante el resto de la semana, Malfoy intentó con una gran variedad de disfraces, todos de ellos presentando a un hombre mucho más grande de lo que él era en realidad y, varias veces, bastante ridículos. Un día bajó convertido en un hombre mórbidamente obeso de la misma estatura que Harry y que apenas cabía a través de su puerta. Harry no pudo resistirlo: estalló en carcajadas ahí mismo en la acera. No porque las personas obesas fueran graciosas, sino porque la idea de Draco Malfoy como uno de ellos sí lo era de alguna forma. Harry no podía explicarlo. Malfoy trató de fingir enojo ante la risa incontrolable de Harry, pero finalmente también se rió y admitió que había sido sólo una broma y que tenía otro disfraz planeado. Esa vez, había dejado que Harry subiera con él a su apartamento mientras se cambiaba el glamour y la ropa, emergiendo entonces como un hombre anciano con un bastón. En esa ocasión hizo que Harry se bebiera una poción multijugos con el cabello de alguien de veras muy anciano; Harry no había tenido que actuar que caminaba jorobado. Tampoco había tenido que actuar el hecho de que necesitaba ir al baño cada treinta minutos, situación que probó ser bastante inconveniente dado que la actividad del día planeada por Malfoy involucraba salir a desayunar y luego pasar el día alimentando a las palomas desde un banco en el parque. Harry se había visto obligado a meterse entre los matorrales varias veces para poder liberar la vejiga, provocando la risa de Malfoy.

Todos sus disfraces salían un poco mal en alguna parte. No era que los disfraces de Malfoy fueran demasiado complejos (un error común de muchos novatos en Sigilo) o demasiado simples, o que él no se hubiese preparado lo suficiente. Pero aunque cada disfraz funcionaba exitosamente durante un rato, Harry nunca se quedaba totalmente convencido por ninguno de ellos. No era sólo que conocía a Malfoy de tanto tiempo que podía ver a través de los encantamientos.

Hablaron de eso durante una noche cuando ya se acercaba el final de la primera semana; estaban en el apartamento de Malfoy bebiendo cervezas de mantequilla, preparándose para dar el día por finalizado. Malfoy ya se había quitado el disfraz dado que sólo Harry estaba ahí con él.

—No sé qué es lo que estoy haciendo mal —dijo Malfoy con frustración y pasándose los dedos a través del cabello—. En teoría, todos funcionan muy bien, pero siempre me falla algún detalle. Odio no poder comprenderlo.

Harry asintió lentamente.

—Me pregunto si no estás tratando de hacer tus disfraces demasiado diferentes —dijo pensativamente—. Siempre te inclinas por tipos grandes y… no te ofendas, Malfoy, pero tú eres de complexión pequeña. Eh… como yo —añadió rápidamente porque Malfoy endureció la mirada.

Malfoy procesó eso aunque era obvio que la idea no era de su completo agrado.

—Tú tienes hombros anchos —dijo—. Yo, en cambio, podría pasar por una mujer si lo intentara.

Harry nunca había indagado acerca de la vida romántica de Malfoy, aunque ciertamente a veces sí se había preguntado si acaso tenía una. Sin embargo, de repente se moría de la curiosidad.

—¿Alguna vez lo has hecho? —preguntó, sintiendo calor picándole por las mejillas apenas las palabras dejaron su boca.

La mirada de Malfoy se endureció más.

—¿Qué? ¿Vestirme como mujer?

—Uh… no tienes que… quiero decir —tartamudeó Harry, avergonzado.

—No —lo interrumpió Malfoy—. Nunca lo he hecho. No es realmente el tipo de cosas que me gustan.

Recobrándose un poco ante la respuesta franca y abierta de Malfoy, Harry se relamió los labios y trató de recuperar la compostura.

—¿No?

—No. A mí sólo me gusta tener sexo con hombres —dijo Malfoy arrastrando las palabras, todavía más directamente que antes y abochornando a Harry de nuevo. Se rió ante la evidente incomodidad de Harry; por primera vez, su expresión era genuina—. Relájate, Potter. No estoy a punto de brincarte encima. Si tienes preguntas, puedes hacerlas. En realidad, estoy sorprendido de que nunca antes hubieses dicho ni una palabra.

Harry abrió otra cerveza de mantequilla y arrojó el corcho sobre la mesa.

—No quiero ser indiscreto.

—No lo estás siendo.

—Lo soy un poco.

—Entonces, sé indiscreto. Tenemos que pasar juntos otras tres semanas. Seguramente no te matará conocerme un poco mejor. —Malfoy dijo eso bastante casualmente, pero Harry tuvo el buen sentido de darse cuenta de qué era lo que Malfoy le estaba ofreciendo, y Malfoy nunca ofrecía así.

El calor estaba disminuyendo.

—Um, bueno. Eh… ¿puedo preguntarte si eres…? ¿Eres activo o pasivo? —Para su alivio, Harry consiguió realizar la pregunta con un mínimo de sonrojo. Ese no era un tema del que él y Ron hablaran nunca, y el mero enigma lo volvía muy interesante.

Malfoy lo pensó durante un momento; su aire casual todavía continuaba bastante forzado, creía Harry.

—¿Qué dirías tú que soy?

—¡No voy a responderte eso!

Malfoy se rió otra vez.

—Probablemente sea lo más sensato. Bueno, para ser honesto, la mayor parte del tiempo no soy ni lo uno ni lo otro.

—¿Qué quieres decir?

La sonrisa de Malfoy era traviesa.

—Quiero decir que prefiero las mamadas, Potter. Recibirlas o darlas. Preferentemente, ambas.

—Oh.

El calor estaba regresando.

—Si voy a tomarme todas las molestias que implica el sexo anal, tendría que ser con alguien que merezca todo mi tiempo, y poca gente lo vale. He sido ambas cosas, pero supongo que mi récord personal sugiere que han sido más veces las que he estado abajo que arriba.

Harry asintió, pensando en eso. Imaginando a Malfoy… no, se detuvo completamente ahí. No era una buena imagen mental.

—Apuesto que vas arriba cuando estás con muggles —dijo, entrecerrando los ojos.

Malfoy se encogió de hombros.

—Seguro. Por supuesto.

Eso tenía sentido. Claro que Malfoy, con todos sus prejuicios tan enraizados y que en esos tiempos mantenía tan callados, elegiría una posición de superioridad por encima de cualquier muggle. Pero con un mago, ¿todo dependería del estatus social? Con Malfoy, probablemente sí, decidió Harry.

—Muy bien —dijo, dejando el tema por la paz.

—¿Eso es todo? ¿Has agotado tus preguntas tan pronto?

—Sí, supongo que sí —dijo Harry—. Al menos por ahora. No lo sé, ¿tú quieres preguntarme algo?

Malfoy se quedó callado durante un momento. Entonces tomó el corcho que Harry había tirado y lo giró entre sus dedos, observándolo.

—¿Alguna vez has hecho algo con otro hombre?

Eso bastó: la cara entera de Harry se encendió desde el cuello hasta la raíz de su cabello.

—¡No!

Malfoy fingió reírse.

—Supongo que no. Bueno, ¿y cuál es el problema contigo y la comadreja? La comadreja hembra, quiero decir —clarificó.

Harry se encogió de hombros. Esa era una pregunta que le hacían bastante seguido.

—Somos amigos —dijo simplemente.

—¿No están saliendo?

—No. Al menos, no ahora.

—¿Por qué no?

—No sé. Es muy pronto. Demasiado pronto. No quiero algo así, no ahora. —Harry sintió el acostumbrado piquete de culpa y lo ignoró resueltamente—. Soy muy joven. No estoy listo para una relación así.

—He escuchado que has andado ligando por ahí —dijo Malfoy arrojándole el corcho.

Harry lo atrapó automáticamente.

—Mucho de lo que has oído seguramente es una exageración —dijo—. He tenido mis líos por ahí y por allá. Nada importante o serio.

—Sólo sexo —dijo Malfoy observándolo con intensidad.

—Sí, algo así.

—Me parece justo. —Malfoy atrapó el corcho cuando Harry se lo lanzó de regreso—. Creo que tengo una nueva idea para un disfraz. Lo intentaré mañana.

—Muy bien. ¿A qué hora debo estar aquí? —Harry cogió una pluma y escribió las instrucciones que Malfoy le daba, algo que éste encontraba terriblemente divertido. Malfoy no dijo nada acerca de su disfraz, pero no era extraño: nunca lo hacía. Harry no debía intentar tomar el mando, así que inteligentemente se contuvo de hacer más preguntas al respecto.


Harry caminó las cinco calles desde el metro hasta el edificio de Malfoy, preguntándose distraídamente cuál sería la inteligente nueva idea de éste. Iba un poco temprano ya que se había anticipado de más a la tardanza habitual del metro. Llegó y se encontró con una chica sentada en la banca debajo del toldo. Ésta estaba de piernas cruzadas y leía una revista. La chica era espectacular, dedujo Harry mientras le echaba algunos vistazos disimulados. El rubio cabello le caía en cascada hasta la altura de los codos, y tenía puesto un vestido azul simple y veraniego cuyo largo hasta las rodillas alcanzaba a revelar lo suficiente como para disfrutar de la vista. Una sandalia de tacón bajo le colgaba de uno de los pies. El vestido combinaba con sus ojos, cuyo color era bastante claro. Azules, probablemente; o tal vez grises. Grises… Harry tuvo una repentina e impactante idea justo cuando la chica le cerró uno de esos ojos. El reconocimiento lo invadió tardíamente; por supuesto que eso que sentía era la firma mágica de Malfoy.

—Llegaste temprano —dijo Malfoy con voz arrastrada, la cual poseía un tono ligeramente más agudo que el que habitualmente usaba. Con un poco de imaginación, fácilmente podría pasar por la voz ronca y placenteramente baja de una mujer.

Harry se le quedó viendo descaradamente, lo sabía.

—Eh…

—Cierra la boca, Potter.

Malfoy cerró la revista y la metió dentro de un bolso. Traía un suéter ligero encima de sus hombros suaves y femeninos.

Harry finalmente pudo hablar.

—¡Mi buen dios! ¡Malfoy!

Malfoy se puso de pie, se balanceó en sus pequeños tacones y se alisó el vestido. Estaba sonriendo ampliamente; lucía inmensamente satisfecho con él mismo.

—Te gusta, por lo que veo.

—Pasas por una chica realmente sexy —dijo Harry, consciente de que sonaba como un tonto—. Espero que eso no te… quiero decir, es que de veras te ves bien. ¿En serio nunca antes te habías vestido así?

—No —dijo Malfoy engreídamente—. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que por alguna razón, estos glamours fueron demasiado fáciles de ejecutar y mantener.

—Me encantaría escuchar los detalles exactos de dónde te ejecutaste un glamour y dónde no —dijo Harry, mirando fijo al escote de Malfoy… El escote de Malfoy, repitió mentalmente antes de poderlo evitar.

—Estoy seguro de ello. Vamos, tenemos una cita con unos amigos para cenar. No estoy dispuesto a caminar todo ese trayecto, así que, ¿podrías ser un buen chico y pedir un taxi?

El coqueteo frívolo de Malfoy era asombroso. Se oía exactamente igual a una chica. O mejor dicho, a una princesa consentida, se corrigió Harry, manteniendo en mente que muchas mujeres no se comportaban de ese modo cuando salían con alguien.

—¿Tenemos una cita? ¿Con cuáles amigos? —preguntó Harry mientras permitía que Malfoy lo guiara por la acera rumbo al transitado cruce de calles más próximo.

—No los conocemos. Williamson lo organizó. Son muggles, y creen que tú y yo asistíamos a la misma universidad que ellos hasta el año pasado cuando dejamos la escuela para mudarnos a Escocia.

—Escocia —repitió Harry—. ¿Qué parte?

—Escoge.

—Ed… ¿Edimburgo? Ese es el único sitio que conozco aparte de Hogsmeade —dijo Harry.

—Suena bien. Edimburgo. Esta noche tú te llamarás Richard. Y yo, Denise.

Los tacones de Malfoy hacían un leve ruido de golpeteo contra el concreto, y aparte de sostenerse del brazo de Harry de vez en cuando, parecía dominar bastante bien el arte de caminar sobre ellos. Harry continuaba echándole miradas furtivas. Los rasgos faciales de Malfoy seguían siendo exactamente los mismos. Quizá sus hombros eran un poco más pequeños, quizá no. El escote lucía impresionablemente real, pero obviamente eso era un glamour. Sus piernas tal vez eran las mismas, pero estaban suaves y sin vello. Harry se preguntó si eso también era un glamour o si Malfoy se las había depilado de verdad. Estaba bullendo de curiosidad, pero se negaba a preguntar. Llevó sus ojos de los senos de Malfoy hacia sus manos y observó la punta francesa de sus uñas. Reparó en los rastros de maquillaje en sus ojos, boca y mejillas; percibió el ligero aroma florar del perfume que traía puesto y se sintió mucho más que impresionado.

—Deja de mirarme el trasero, Potter.

La voz de Malfoy le llegó a los oídos y Harry se dio cuenta tardíamente de que había estado haciendo justamente eso cuando Malfoy se había adelantado.

Tosió.

—Lo siento.

Malfoy le dirigió una sonrisa divertida por encima del hombro.

—Y eso ni siquiera es un glamour.

Le cerró el ojo mientras Harry tartamudeaba, y enseguida retomó el tema de la cena con sus supuestos amigos.