GLAMOUR

-tercera parte-

Harry llevó sus manos a la cintura de Malfoy y permitió que éste lo acercara a él, deseando más de ese calor adictivo que desprendían las manos y boca del rubio. Se besaron hasta que aquello comenzó a ponerse demasiado comprometido para tratarse de un breve beso público en la acera, aun siendo de noche. En esa ocasión, Malfoy fue quien separó su rostro.

—Aparécete —le ordenó a Harry, todavía sosteniéndolo fuerte.

Harry no se detuvo a pensar. Los apareció a ambos dentro de su apartamento. Malfoy reanudó el beso y Harry respondió con una notable falta de protesta. Decidió dejar de pensar en rehusarse. El aire helado de la noche había hecho que los pezones de Malfoy se endurecieran y Harry tenía que tocarlos. Jaló los tirantes del vestido ligero para bajarlos por los brazos de Malfoy y éste le ayudó con el proceso, dejando que la tela se deslizara hasta debajo de sus caderas. El vestido cayó sobre el suelo y ahí se quedó olvidado por ellos mientras Malfoy, todavía con zapatos de tacón alto, enredaba una pierna desnuda alrededor del muslo de Harry. Éste la tenía dura y lo sabía; y Malfoy, presionado como estaba contra la parte frontal de su cuerpo, tenía que saberlo también. Harry retiró su rostro.

—Intentémoslo otra vez —propuso y colocó una mano justo donde comenzaba la tela de las bragas de encaje negro de Malfoy.

—De acuerdo —dijo Malfoy sin aliento. Empujó la mano de Harry hacia abajo—. Tócame, Potter. Ya estoy húmedo y listo.

Harry gimió y metió su mano bajo la prenda. Sus dedos buscaron hasta que encontraron lo que quería; y entonces se dio cuenta de que Malfoy no le había mentido. Malfoy se estremeció y contuvo la respiración mientras los dedos de Harry comenzaban a masajear muy suavemente.

—No me extraña que Weasley se ponga celosa —dijo, su cuerpo temblando bajo las caricias de Harry, sus manos aferradas a él para no caerse.

Harry frunció el ceño; no quería hablar de Ginny en ese momento, no mientras hacía eso.

—Ella no… nosotros nunca —comenzó y entonces se decidió a decirlo—. Sólo nos hemos besado. Una vez le toqué las tetas. Y fue todo.

—¿Nunca le hiciste esto? —Malfoy estaba teniendo problemas para hablar.

—No. Nunca. Ron seguramente me habría matado.

Estaba esperando que Malfoy se riera, pero en vez de eso, gimió y se retorció contra los dedos de Harry.

—¿Podemos acostarnos en algún lado?

Harry dudó, pero luego se dio por vencido. De todas maneras iba a pasar tarde o temprano.

—Claro.

Se dirigió hacia su cuarto, mostrándole a Malfoy el camino.

Malfoy entró, echó un vistazo y se dirigió directo a la cama. Deslizando las bragas de encaje negro por sus caderas hasta quitárselas, trepó lánguidamente por encima de la cama y adoptó una postura extremadamente femenina y erótica. Harry se libró de su ropa lo más rápido que pudo, dispuesto a continuar con lo que había comenzado. Una vez más, justo cuando Malfoy estaba a punto del orgasmo, su cuerpo cambió y Harry se encontró repentinamente acariciando una erección masculina en vez de dándole placer a una mujer.

—Ah… joder —gimió Malfoy—. Por favor no te detengas, Potter. Te lo compensaré con creces, lo prometo… Sólo… Por favor…

Ver a Malfoy así de estimulado y necesitado, tan desesperado e indefenso, por alguna razón resultó bastante sensual para Harry. No tenía idea de qué era lo que estaba haciendo, pero eso no parecía importarle a Malfoy, quien estaba arqueándose hacia la mano de Harry, jadeando agradecimientos y malas palabras, sus dedos enterrándose en el cubrecama. Una vez más, sus senos habían permanecido intactos y Harry llevó una mano hacia ahí para estrujar uno de ellos. Malfoy, a su vez, llevó una mano hacia la otra mano de Harry para dirigir el ritmo de las caricias que éste le prodigaba a su miembro. Entonces, Malfoy gritó y se corrió fuerte, dejando de respirar durante varios segundos mientras su cuerpo se estremecía por completo. Fue intensamente excitante para Harry ver a Malfoy así; su propio miembro estaba duro, pesado y goteante.

La mano de Malfoy que sostenía la de Harry se relajó y éste lo soltó una vez que las últimas gotas de líquido blanco dejaron de salir.

—Fallé de nuevo —jadeó Malfoy—. Lo lamento mucho, Potter.

Harry se obligó a soltar una risa torpe e incómoda.

—No estás tratando de volverme gay, ¿verdad?

—No, eso sería solamente un bono extra —dijo Malfoy con la boca torcida en una sonrisa extraña. Se giró hasta quedar de costado—. Acuéstate boca arriba.

—¿Qué vas a hacer?

—Terminar lo que comencé ayer —dijo Malfoy. Una vez que Harry obedeció, Malfoy se acomodó entre sus piernas y comenzó a lamerle la erección. Era ligero al principio, sólo leves toques de lengua que Harry creyó iban a volverlo loco o al menos lo iban a llevar al extremo de tener que suplicar… Suplicarle a un hombre que se la chupara hasta hacerlo terminar, ni más ni menos. Siendo honestos, Harry tenía que reconocer, como el día anterior, que se volvía fácil olvidar que Malfoy era un hombre: con su cabello largo cayendo sobre él y acariciando sus muslos, caderas y estómago, al mismo tiempo que éste se movía; y además, con las curvas suaves de sus senos ocasionalmente tocando las piernas de Harry. Entonces la boca de Malfoy lo envolvió completamente y durante los siguientes diez minutos, Harry dejó de pensar. Una alarma apenas perceptible sonó dentro de su cerebro cuando Malfoy empujó sus piernas para abrirlas y lamió más y más hacia abajo y hacia atrás, detrás de sus bolas y luego contra su entrada. Harry dio un respingo de sorpresa y una inesperada oleada de placer lo invadió. Oh. Ninguna de sus compañeras femeninas le había hecho algo así nunca. Malfoy tomó nota de su reacción y continuó haciéndolo mientras una de sus manos acariciaba la erección de Harry. Era la cosa más erótica que había experimentado hasta ese momento, y cuando estaba a punto de llegar al clímax, Malfoy abruptamente se movió y de nuevo se metió toda la erección de Harry dentro de la boca. Su lengua urgió el orgasmo de Harry, el cual pareció alargarse indefinidamente. Fue solamente después de eso que éste se dio cuenta de que Malfoy había tenido un dedo dentro de él durante todo ese tiempo, y de que su garganta estaba dolorida por la fuerza con la que había gritado al correrse.

Ninguno de los dos dijo palabra. De algún modo consiguieron sacar las mantas de debajo de sus cuerpos y se quedaron dormidos casi de inmediato.

Y a la mañana siguiente, cuando Harry se despertó y observó a un Malfoy completamente masculino acostado a su lado en su propia cama, todavía no conseguía sentirse arrepentido por lo que habían hecho.


Hicieron de ello una costumbre. Pasaban el día juntos e inevitablemente también terminaban juntos al llegar la noche. Harry todavía continuaba sin reconocerlo en voz alta durante el día, y Malfoy sabiamente se había contenido de sacar el tema entre ellos, quizá presintiendo la incertidumbre de Harry. Por lo regular, Harry presentaba una breve —usualmente muy breve— pelea cuando el día llegaba a su fin y Malfoy decía algo. Pero siempre se rendía. Una noche había huido al baño de hombres de un restaurante, tratando de convencerse a él mismo que debía terminar con aquello. Había estado encerrado ahí durante diez minutos cuando la puerta se abrió de golpe y Malfoy entró. Miró a Harry, lo empujó al interior de uno de los cubículos y lo sentó encima del inodoro. Por primera vez, Malfoy consiguió exitosamente mantenerse femenino durante el tiempo completo, sentándose encima de Harry y montándolo con fiereza, sus ojos fijos en el rostro del moreno. En otra ocasión, Malfoy no había dicho nada en absoluto; sólo sonrió y se negó a soltar la mano de Harry cuando éste mencionó que iba a irse a su casa a dormir. Resignado, Harry se apareció de todas formas en su apartamento, llevándose a Malfoy junto con él. Éste simplemente lo desvistió ahí mismo frente a la puerta principal y le dio la mamada de su vida. No obstante, Harry tenía ciertas reglas aunque más bien débiles: estaba determinado a no pedirle a Malfoy que le volviera a besar el culo. Eso era demasiado gay. Tampoco dejaba que nada pasara entre ellos si Malfoy estaba en su forma masculina. Si sucedía que Malfoy cambiaba de cuerpo en medio de la acción… bueno, en ese caso era cruel no terminar con lo que habían comenzado. No hacerlo sería algo poco amable, especialmente tratándose de un amigo.

Un amigo que últimamente se había vuelto terriblemente cercano, Harry se daba cuenta. Se descubrió a él mismo confiándole cosas a Malfoy que nunca le había dicho ni a Ron ni a Hermione; especialmente en la cama durante las mañanas en las que se levantaban tarde, o también durante la noche después de haber tenido la sesión de sexo. Nada sexual sucedía durante la mañana porque Malfoy siempre despertaba con su propio cuerpo y no conjuraba los glamours hasta después de haber tomado una ducha. Cuidadosamente se quedaba en su lado de la cama, ya fuera la suya o la de Harry, y nunca iniciaba nada. Harry, percatándose de la amable disposición de Malfoy a no forzarlo a hacer nada que él no quisiera, se relajaba y disfrutaba el rato; disfrutaba tener a alguien más ahí con él. Malfoy le caía bien de manera genuina. Le gustaba estar con él y, a pesar de lo vergonzoso del asunto, adoraba tener sexo con él. Ni siquiera le molestaba mucho cuando los encantamientos de Malfoy desaparecían repentinamente, como continuaba sucediendo constantemente. Quizá era que se estaba acostumbrando a ello. Quizá.

Los días pasaron volando. Sólo les quedaba ya una semana para terminar con la asignación. Harry se sentía un tanto deprimido; era como si estuviera en unas vacaciones que estaban a punto de llegar a su fin. Tal vez eso fue lo que lo incitó a hacer el primer movimiento aquella noche. Malfoy y él habían estado caminando hacia la estación del metro; el rubio tomado de su mano como era usual y con el suéter de Harry amarrado alrededor de sus hombros. La noche se había puesto fresca y Malfoy había pasado frío ya que sólo llevaba una camisola y unos jeans. Harry estaba pensando en el fin de su asignación y suponía que todo aquello dejaría de pasar siendo que Malfoy ya no sería mujer nunca más. Era una pena que no pudiera encontrar una chica que luciera exactamente como Malfoy. Y que se comportara como él.

—¿Vas a venir a mi casa? —preguntó Harry.

Hubo un extraño silencio.

—¿Estás invitándome, Potter? —preguntó Malfoy a su vez.

—Seguro. Sí. Estoy invitándote. —Harry sonrió de manera casual, pero sabía que Malfoy era plenamente consciente de que era la primera vez que Harry iniciaba algo entre ellos.

Malfoy todavía estaba mirando fijamente hacia delante, pero Harry alcanzó a ver que sonreía levemente.

—Entonces sí.

Cuando llegaron al apartamento de Harry, éste se quitó los zapatos y entró, moviendo y dejando cosas por ahí y matando el tiempo. Sin el pánico que le causaban los ataques sorpresa de Malfoy, y sabiendo que lo de esa noche estaba sucediendo bajo sus propios términos, Harry se sentía un poco más relajado. Llevó un vaso sucio a la cocina y entonces se giró hacia Malfoy, quien continuaba de pie en el umbral de la puerta principal, aguardando en silencio. Harry sonrió.

—Ven aquí.

Malfoy obedeció, puso sus manos en la cintura de Harry y éste lo besó. Su lápiz labial tenía un olor y sabor dulzón. Tocó los labios de Malfoy con su lengua y cuando Malfoy los abrió, permitió que sus lenguas se tocaran, saboreando. Los besos de Malfoy eran, por mucho, los que Harry más había disfrutado y tenía que reconocerlo. Malfoy era muy talentoso besando y había algo en la química que ambos compartían que sencillamente encajaba. Harry pasó los dedos por el cabello largo de Malfoy y éste hizo un ruidito de placer mientras correspondía tocando la cara y el cabello de Harry. Las manos de Harry se dirigieron automáticamente al pecho de Malfoy, y de pronto se le ocurrió que quería sentirlo duro y plano. Los senos femeninos le encantaban —¿a quién no?— pero el pecho masculino de Malfoy tenía algo por sí mismo que lo hacía agradable a los ojos de Harry. Podía verlo en su imaginación: la luz matutina bañando la piel firme de Malfoy apenas cubierta por las mantas. De manera experimental, Harry colocó una mano entre los muslos de Malfoy y mientras éste respiraba agitadamente, Harry se preguntó cómo sería tocar la erección y las bolas de Malfoy en vez de esas partes femeninas. Se preguntó si estarían suaves y pesadas, si se endurecerían bajo el toque de su mano. Y de repente realmente deseó sentir eso.

—¿Malfoy? —susurró Harry—. Quítate todos los glamours.

Malfoy estaba muy ocupado mordisqueándole y lamiéndole el cuello, y se quedó congelado al escucharlo hablar. No se alejó, pero se había quedado completamente quieto.

—¿Qué fue lo que dijiste?

Harry puso su boca cerca de la oreja de Malfoy y dejó que sus labios la rozaran.

—Quítate todos los glamours. Quiero intentarlo… ya sabes. Contigo pero como tú.

Durante unos segundos la expresión de Malfoy fue tan intensa que Harry se preguntó si estaba a punto de gritar, regañar, llorar u otra cosa. Finalmente asintió.

—Muy bien.

Sacó su varita y algunas partes de su cuerpo comenzaron a cambiar. El cabello que estaba en la mano de Harry desapareció; entonces su mano cayó sobre el hombro de Malfoy. Los senos se encogieron y la mano derecha de Harry se sintió llena del peso suave del bulto que se percibía a través de los jeans de Malfoy (los cuales, le había contado a Harry, eran suyos y los había alterado ligeramente para volverlos más femeninos); un bulto cuya suavidad estaba desapareciendo a momentos.

Harry miró hacia abajo entre ellos, observó su mano frotando lentamente encima de la tela, sintió la forma contra su palma y luego miró cómo sus dos manos estaban desabotonando esos jeans por voluntad propia y bajando la cremallera que aprisionaba aquel bulto cada vez más grande.

Malfoy lo estaba observando con mirada de halcón, como preparándose para atacar o volar al primer signo de repugnancia de parte de Harry. Tenía sus manos todavía sobre los brazos de Harry y éste podía sentir su tensión.

La cremallera se abrió al fin y la erección de Malfoy sobresalió desde debajo de una pequeñísima tanga de satín rosa, la cual era tristemente inadecuada para contener aquel paquete. La punta de su miembro se podía ver asomando por la parte superior de la prenda. Harry bajó la tanga hasta dejar todo al descubierto y miró largo y tendido aquella erección enfrente de él.

—Malfoy…

—¿Te vas a quedar ahí parado? —demandó Malfoy. Su voz era aguda y ansiosa; las palabras habían sido dichas con rapidez debido al deseo insatisfecho. Estaba nervioso. Harry se dio cuenta de eso y sintió una punzada de cariño.

—Por supuesto que no. —Le obsequió una sonrisa presuntuosa—. Sólo estaba… deleitándome con la vista. —Harry lo tocó. Ya antes había tocado el miembro varonil de Malfoy pero nunca deliberadamente, y eso lo volvía diferente. Estaba duro y sonrojado y Harry supo entonces que deseaba probar su sabor. Dudó apenas brevemente antes de arrodillarse.

—¿Qué-qué vas a hacer? —tartamudeó Malfoy tirando del cabello de Harry—. ¡Potter, no tienes que hacerlo! Quiero decir…

—¿Y si quiero hacerlo? —dijo Harry levantando la mirada hacia él.

Malfoy se veía completamente inseguro de él mismo.

—Pero eso no es lo que tú… Puedes follarme nada más, si quieres.

—Difícilmente puedo creer que chupar un pene sea más gay que follarme un hombre a propósito —dijo Harry llanamente—. Por otro lado, creo que fuiste tú quien me sugirió que experimentara.

—Sí… conmigo como mujer, Potter.

—Deja de rezongar de una vez —dijo Harry con voz amable y, con eso, convocó cada gramo del valor que poseía y tomó la erección de Malfoy con su boca. O la punta de ella, mejor dicho. Harry estaba un tanto sorprendido de descubrir cuán poco de ese miembro era lo que podía meterse a la boca. Sin embargo, sabía lo que le gustaba a él y trató de reciprocar todas las veces que Malfoy se la había chupado: se cubrió los dientes con los labios y usó la lengua para lamer toda la extensión inferior, trazando con ella el recorrido de la vena que sobresalía por debajo de la erección. Acarició y tiró de las bolas de Malfoy, escuchando con satisfacción cómo éste jadeaba, y sintiendo a su miembro respingar dentro de su boca. Después de todo no era la gran ciencia. Recordó que tenía manos y las utilizó para acariciar a su compañero, y gradualmente fue capaz de tomar un poco más de esa erección con la boca. Estableció un ritmo basado en los intentos contenidos de Malfoy de empujarse dentro de su boca, y muy pronto tuvo a éste temblando y corriéndose en su interior mientras sus manos aferraban fuertemente su cabello negro.

Y Harry continuaba teniéndola dura. Aparentemente no había encontrado aquello en absoluto repulsivo. Malfoy abrió los ojos; todavía estaba estremeciéndose bajo los efectos del post-orgasmo.

—Merlín, Potter. ¿Quién habría adivinado que es la primera vez que se la chupas a alguien? Porque es la primera vez, ¿verdad?

—Por supuesto —dijo Harry, secretamente complacido de la reacción tan positiva de Malfoy. Se incorporó, no muy seguro de si Malfoy querría besarlo después de lo que acababa de tragarse. Además, ellos nunca se habían besado cuando Malfoy estaba en su forma masculina, pero éste no dudó ni un segundo: de inmediato puso su boca encima de la de Harry y comenzó a besarlo con ardor. Y por primera vez era como si realmente deseara hacerlo. Era un beso que casi consigue que a Harry le flaquearan las rodillas a causa de la pura intensidad emocional que Malfoy ponía en él, y se encontró respondiendo y correspondiendo el beso de igual manera, envolviendo la espalda de Malfoy con sus brazos, sus estómagos tocándose a través de sus camisas —la de algodón todavía abotonada de Harry y la camisola rosa de Malfoy que ahora pendía flojamente sobre su pecho debido a la falta de senos. La erección de Harry quedó olvidada de momento, pero la recordó vivamente cuando la mano de Malfoy se cerró a su alrededor.

—Vamos al cuarto —dijo éste rápidamente antes de poner su boca de nuevo sobre la de Harry.

—Nngh… de acuerdo —consiguió decir Harry, y de alguna manera se dirigieron a tropezones desde la cocina hasta la recámara sin soltarse el uno al otro. Llegaron a la cama y Malfoy se colocó encima de él, mordiéndolo y lamiéndolo de maneras que se sentían demasiado bien, arremetiendo contra la camisa, el cinturón y el pantalón de Harry; Harry tirando de la camisola rosa de Malfoy hasta quitársela por encima de su cabeza. Entonces ambos se deshicieron a patadas de sus respectivos jeans y ropa interior y Malfoy se acostó sobre él, sus cuerpos alineados, un pene suave y casi flácido encima del endurecido de Harry, las bolas de Malfoy acariciándolo como si se tratara de un beso indecente. Malfoy estaba besando y lamiendo, trazando un camino desde su boca hacia la parte inferior del torso de Harry, su lengua revoloteando sobre su ombligo de un modo que provocó que Harry se retorciera con algo que era combinación de expectación y esperanza ferviente. Y entonces esa lengua estaba prodigándole atención a su erección, la boca de Malfoy bajando ardientemente por encima de ella, tocando y tirando gentilmente de sus bolas, lamiéndolas concienzudamente y todo eso se sentía tan grandioso que Harry no podía creer que no se había permitido hacerlo antes. Era cierto que Malfoy había sido atento con él durante las ocasiones anteriores, pero en ese momento había un nuevo nivel en lo que estaba haciéndole; algo que Harry sólo podía nombrar como pasión.

—Voltéate —ordenó Malfoy—. Boca abajo, el culo al aire.

Harry se movió rápidamente, la expectación alcanzando su punto máximo, y no se sintió decepcionado. Malfoy levantó su mano y le dio una palmada en la nalga; la punzada de dolor hizo que su erección diera un tirón. Y entonces la lengua de Malfoy estaba deslizándose justo donde le había dado el golpe y luego más allá. Con una mano rodeó el miembro de Harry mientras su lengua se sumergía directamente en la entrada de su culo. Harry gritó invadido por una combinación de sorpresa y placer extremo; y Malfoy lo hizo otra vez, usó la lengua para lamer toda la piel alrededor y luego la sumergió, justo en el interior de Harry como si fuera de fuego, y se sentía tan bien que Harry descubrió que era totalmente incapaz de decir palabra. Se iba a correr sólo con eso. Malfoy remplazó su lengua con un dedo pero no la alejó: la mantuvo cerca mientras que con la otra mano acariciaba rudamente la erección de Harry. Su entrada comenzó a apretar la lengua de Malfoy en espasmos involuntarios; podía escuchar los ruidos que estaban brotando de su boca pero le era completamente imposible dejar de hacerlos. Con una gran carga erótica, Harry sintió que se corría, liberando semen en varias explosiones, sangre rugiendo en sus oídos. Una gota de su corrida salpicó hasta su cara y él se quedó tendido con el trasero al aire y la frente apoyada contra el cobertor de la cama.

Malfoy levantó su cara pero continuó acariciando a Harry hasta que finalizó. Éste se dejó caer de espaldas sobre la cama, evitando el área húmeda que él mismo había provocado. Malfoy trepó por encima de su cuerpo, lamió las gotas de semen de su mejilla y lo besó en la boca. Harry lo rodeó con sus brazos y levantó la vista hacia él. En ese momento supo con toda certeza que no quería volver a hacerlo de la otra manera, con Malfoy como mujer. Le gustaba la sensación del miembro medio erecto de Malfoy apoyado contra su piel, y le gustaba su complexión angulosa y sus hombros huesudos. Le gustaba el cabello largo hasta la barbilla y le gustaba Malfoy. No había escapatoria a ese hecho. Malfoy le gustaba muchísimo. Y si podía hacer caso a las evidencias, a Malfoy también le gustaba Harry. Mucho.

—Mi buen dios —dijo Malfoy todavía encima de Harry y mirando el desastre sobre la cama—. Creo que te gustó lo que te hice.

Harry ni siquiera trató de negarlo.

—Sí, me gustó. Me gustó mucho en realidad.

Malfoy acarició la frente de Harry y le retiró los mechones de cabello.

—Sigo sin creer que hubieras querido intentarlo así —dijo.

Harry se mordió los labios.

—¿Significa que soy irremediablemente gay si tal vez siempre quiero hacerlo así? Quiero decir, no es que esté esperando que tú continúes queriendo una vez que finalicemos nuestras asignaciones, pero…

Malfoy lo miró intensamente durante unos segundos.

—¿Creías que yo no querría continuar?

—Bueno, no sé. Nunca dijiste nada.

—Tú nunca dijiste nada —respondió Malfoy—. Asumí que una vez que dejara de verme como una chica sexy, ahí acabaría todo. Todavía ahora me sigue sorprendiendo que cada vez que perdía el control sobre el glamour, tú no te negabas a continuar haciéndolo.

—Sí, bueno, no estoy seguro de por qué pasaba eso —dijo Harry—. Quizá era que en el calor del momento nunca sentía repulsión ni nada, y cada vez que ocurría iba molestándome menos. Pero después, ¿tú todavía quieres…?

Malfoy no dijo nada durante un largo momento. Entonces se bajó de Harry.

—¿Qué hay con Weasley? —preguntó en voz baja.

Harry convocó silenciosamente su varita y limpió el área mojada en la cama y a él mismo, removiéndose mientras ponía en orden sus pensamientos.

—¿Ron o Ginny?

Eran tácticas evasivas y Malfoy lo sabía.

—No Ron —dijo Malfoy mirándolo exasperado—. La Weasley que todo el mundo, incluida ella misma, cree que vas a desposar.

Harry tiró de la manta con sus dedos.

—No lo sé. No sé que voy a hacer.

—Si todavía sigues considerando que podrías casarte con ella, tal vez esto es mala idea —dijo Malfoy con frialdad.

—No, espera. Es que… Esto es muy repentino, eso es todo —dijo Harry—. No dije que quería casarme con ella. Sólo que no sé si soy hetero, gay, bi o qué. Durante los últimos cuatro años ni siquiera he sabido qué es lo que siento realmente por Ginny. Justo ahora todo lo que sé es que realmente me ha gustado pasar contigo estas últimas tres semanas. Y también me ha gustado todo el tiempo que hemos compartido este año, pero más el tiempo reciente. Cuando estoy contigo, ni siquiera pienso en nadie más. Y me gustó esto. Mucho.

Malfoy se apoyó sobre un codo y miró a Harry.

—A mí también —dijo—. Tengo que admitir que estaba guardando la secreta esperanza de que lo intentaras conmigo como hombre antes de que terminara nuestra asignación y que quizá descubrieras que te gustaba.

—¿Ah, sí? —dijo Harry, sorprendido—. ¿Por qué?

Malfoy se encogió de hombros.

—Supongo que he estado un poquito interesado en ti de unos meses para acá. Y nunca olvidaré cuán decente te portaste conmigo al inicio del año. Tu comportamiento cambió la manera en que pudieron haber ido las cosas. Gracias a ti, no fui un paria durante el año de nuestro entrenamiento. Y luego, comencé a conocerte un poco mejor, ya sin la guerra de por medio y todo lo demás que ya sabes. Después de todo, me di cuenta de que no eres tan mal tipo.

Harry se rió y Malfoy sonrió renuente.

—Tú tampoco eres tan mal tipo —dijo Harry—. Mira, me gusta lo que tenemos. Y creo que quiero continuar. La verdad es que no me importa cómo lo llamemos.

—¿Y qué si a mí sí me importa? —Malfoy apretó los labios—. Sí importa, Potter.

—Si has tenido la lengua en mi culo, creo que seguramente puedes comenzar a llamarme Harry.

Malfoy no respondió y esperó a que Harry regresara al punto.

Harry suspiró.

—Muy bien. Sé que sí importa. Quieres saber si estamos en una relación o no, y si voy a seguir viendo a Ginny o lo que sea. Lo sé. Sólo que en este momento no sé qué decirte al respecto.

—¿Qué tengo que hacer para convencerte? —preguntó Malfoy pero sonaba desganado, como si ya se hubiese dado por vencido.

Harry lo miró durante un largo rato.

—No lo sé —repitió después de un momento—. ¿Podemos ir despacio y ver qué sucede después?

Malfoy asintió lentamente y suspiró.

—Supongo que es justo —dijo—. Todo esto es completamente nuevo para ti. Tu primera vez con un hombre, al menos a propósito. Todo eso. Y además, soy yo.

—De veras no creo que el hecho de que seas tú tenga nada que ver. A menos que sea porque ya somos amigos. Quiero decir, el resto de nuestra historia es pasado —dijo Harry. Hubo una pausa y Malfoy no dijo nada—. Entonces sí crees que soy irremediablemente gay.

—Irremediablemente. Y en definitiva tienes tendencias gay. Tendrás que descubrir el resto por ti mismo. Aunque si necesitas experimentar un poco más, ya sabes dónde encontrarme —dijo, su sonrisa burlesca y coqueta regresando a su rostro.

—En mi cama, espero —dijo Harry.

—A no ser que estés en la mía —convino Malfoy.

—O en un baño público. O en un callejón oscuro. O en mi cocina. O en tu sofá.

—O en cualquier otro lugar —dijo Malfoy. Acarició el pecho de Harry con una mano—. Trato hecho.

Harry sonrió y bostezó.

—Estoy a punto de quedarme dormido.

—Pues duerme —dijo Malfoy.

Harry se acercó y rodeó a Malfoy con un brazo, quien se giró hasta darle la espalda y se removió hasta quedar totalmente pegado a su cuerpo. A pesar de su confusión, Harry se quedó dormido en pocos segundos.


Resultó que aunque Malfoy no era una persona a la que le gustaran las mañanas, sí era un fan del sexo matutino. Harry despertó con la sensación de una mano envuelta alrededor de su miembro, acariciándolo y endureciéndolo. Abrió los ojos y se encontró con los de Malfoy fijos en él.

—Eh, hola —dijo con voz ronca.

—Hola —dijo Malfoy con voz divertida—. Me estaba preguntando si pensabas despertar alguna vez.

Harry echó un vistazo bajo las mantas.

—¿Hace cuánto tiempo que estás haciendo eso?

—Cinco minutos. —Malfoy buscó la mano de Harry y la llevó hasta su propia entrepierna desnuda. Su miembro ya llevaba un buen progreso por él solo.

Harry no se resistió. Todavía parpadeando somnoliento, bostezó.

—No es una mala manera de despertar —comentó con ligereza cuando recordó la gravedad de la conversación de la noche anterior.

—Esa es la idea general. —Malfoy lo soltó y le mostró un tubo pequeño.

—¿Qué es eso?

—Lubricante.

—Ah.

—Es de utilidad —dijo Malfoy—. ¿Te gustaría poner algunos dedos dentro de mí?

Harry lo consideró.

—¿Sólo unos dedos?

—Eres insaciable. —Malfoy vació un poco del contenido del tubo y con ello comenzó a acariciar el miembro de Harry, acción que se sentía increíble y que se lo puso completamente duro en cuestión de segundos—. ¿Esa es tu manera de preguntarme si puedes follarme otra vez?

—Ah… sólo estaba haciendo una pregunta —dijo Harry con dificultad debido a los talentosos movimientos de muñeca de Malfoy. Sonrió—. Supongo que puedo hacerlo.

—Bien. Es tiempo de que aprendas. —Malfoy detuvo sus caricias (lamentablemente), se alejó un poco de Harry y se colocó de rodillas sobre la cama—. Ponte un poco de lubricante en los dedos y méteme uno.

Harry hizo lo que Malfoy le indicaba, primero deteniéndose un momento para admirar de cerca el culo de Malfoy. Una voz en el fondo de su mente estaba expresando sus dudas acerca de que Harry realmente estuviera a punto de meter sus dedos en el culo de otra persona. Sin embargo, recordar cómo había sentido la lengua de Malfoy ahí mismo, lo volvía todo diferente. Si meter lo que fuera en el culo se sentía la mitad de bien que la lengua, Harry podía entender por qué la gente hacía eso. Lentamente, empujó un dedo dentro. Malfoy se mantuvo hablando durante todo el proceso y mientras Harry introducía los demás dedos, así que no fue en absoluto una experiencia traumatizante. Y entonces, Harry estaba de rodillas detrás de Malfoy, alineando sus cuerpos, y comprendió por qué eso era tan importante para Malfoy. Era un poco como una prueba: él tenía que saber si Harry estaba totalmente de acuerdo con hacerlo con hombre a propósito; con hacer abiertamente algo explícitamente gay. No era suficiente que no se hubiese detenido de follarse a Malfoy cuando los glamours se desvanecían: tenía que ser deliberado. Y eso tenía que pasar antes de que continuaran adelante, antes de establecerse en una relación. Exhalando suavemente, Harry empujó su erección hacia delante y la observó desaparecer dentro del cuerpo de Malfoy, estrechez y calor envolviéndolo, y mientras escuchaba sus propios sonidos combinarse con los de Malfoy, algo le dijo que eso nunca iba a suceder con Ginny. No cuando podía tener eso a cambio. Una oleada de sentimientos subió por su garganta, ahogándolo. Se folló lentamente a Malfoy y esos sentimientos crecieron conforme se acercaba al orgasmo, sintiéndose más y más cerca de Malfoy con cada segundo que trascurría. Los brazos de Malfoy estaban temblando y cuando Harry llevó una mano embarrada de lubricante hasta su erección para envolvérsela, sus codos flaquearon por un segundo. Malfoy le estaba diciendo "más duro" y "más rápido" y "oh Dios, Harry, sí" y Harry estaba escuchando cada palabra que Malfoy le había dicho durante todo el año, cada pista que debía haberle indicado que Malfoy se sentía así por él, que deseaba estar así con él. Cuando Harry se corrió, el sentimiento anegándose a su alrededor ya era abrumador. Su cuerpo estaba golpeándose contra el de Malfoy, su corazón latía furiosamente, y se obligó a continuar moviéndose para que Malfoy también pudiera terminar. Una de las manos de Malfoy se unió a la suya alrededor de su erección, sus dedos se entrelazaron con los de Harry, apretándolos fuertemente cuando finalmente se corrió.

Fre-fregotego —jadeó Malfoy, conjurando el encantamiento sin necesidad de varita y de algún modo consiguiendo girar el cuerpo hacia arriba sin separarse de Harry, quedando así cara a cara. Levantó las manos, rodeó a Harry y tiró de él, acercándolo. Ese fue, quizá, uno de los besos más honestamente dados y profundamente significativos que Harry había experimentado desde la ocasión en la que había besado a Ginny en su sexto año. Era un beso que Harry genuinamente deseaba dar, y Malfoy tampoco parecía estar conteniéndose. Cuando volvió a hablar, Malfoy sonaba lo suficientemente indiferente, pero Harry ya lo conocía muy bien como para no saber.

—Tenía que hacerlo antes de ponerme otra vez el glamour —le dijo a Harry, soltándolo—. Necesito una ducha.

Harry lo dejó ir renuentemente y lo observó alejarse hacia la puerta. Cuando Malfoy llegó ahí, se detuvo y miró hacia atrás.

—¿Vienes?

Harry arrojó lejos las mantas y corrió detrás de él.


Era curioso, como meditó Harry después. A partir de esa mañana, le parecía que Malfoy continuaba viéndose devastadoramente atractivo como mujer, pero Harry dejó de desearlo abiertamente. Quizá un psicólogo le habría dicho que la realidad era que todo ese tiempo él había deseado a Malfoy en su forma usual. Y quizá habrían tenido razón y Harry había sido demasiado estúpido para verlo. Quizá era por eso que no se había querido comprometer con Ginny, y también tal vez esa era la razón por la que ninguna chica había sido capaz de mantener su atención por mucho tiempo. Al principio continuaba preguntándose por qué no se sentía extraño, pero eventualmente dejó de hacerlo.

Con Malfoy disfrazado de mujer en público, no había presión en términos de tener que salir del armario o de no comportarse exactamente como él quería: podían tocarse, mirarse e intercambiar muestras de cariño, pasar como una pareja heterosexual y nadie se daba cuenta. Eso se convirtió en una especie de broma entre ellos. Malfoy se echaba el largo cabello hacia atrás, le guiñaba un ojo a Harry y luego, depositaba un leve beso en su mejilla. En apariencia las cosas no eran tan diferente a como habían sido antes, cuando todo eso no era para Harry más que una asignación que cumplir, pero era la manera en la que él se sentía lo que había cambiado. La tarea ahora se había vuelto un escudo entre lo que estaba sucediendo y lo que Harry eventualmente tendría que decidir sobre ello; una especie de cortina de humo.

Y las noches eran gloriosas. Usualmente Malfoy se quitaba los glamours en cuanto estaban a solas, pero no siempre. Continuaba insistiendo en que Harry tenía que hacerle un cunnilingus propiamente dicho, ansioso por experimentar lo que se sentía. Afortunadamente (en opinión de Harry), Malfoy rara vez podía mantener el glamour durante mucho rato en esa actividad en particular, la cual usualmente terminaba con la erección de Malfoy metida hasta el fondo de la garganta de Harry. Malfoy parecía obtener cierto tipo de placer malévolo cuando se quedaba sin los glamours ahora que Harry no los necesitaba ni los quería. "Dóblame sobre la encimera de la cocina y fóllame", le ordenaba, o "Aquí, arriba de tu lavadora, como en una película porno", y se levantaba la falda o el vestido y obligaba a Harry a quitarle la ropa interior ridículamente femenina que se hubiera puesto ese día —una vez con los dientes, lo que Harry probó que era malísimo haciendo. Por otra parte, Harry rápidamente aprendió cuáles eran las mejores maneras de provocar que Malfoy perdiera el control sobre sus glamours y cómo permitir que continuara con ellos. Si era lento y gentil, era probable que Malfoy pudiera mantener los glamours; si era duro y brutal, los glamours se desvanecían casi instantáneamente. O, como Harry se dio cuenta la última noche de la asignación, si los glamours desaparecían era porque eso dejaba de sentirse como un tonto juego sexual para Malfoy y lo sentía como algo real. Porque el cuerpo de Malfoy se transformaba de uno femenino al suyo propio como resultado de su incapacidad para mantener el engaño de lo que aparentemente era un sentimiento real para él. Harry intuía que no debía permitir que Malfoy lo notase o se diera cuenta de la profundidad de sus sentimientos por él, pero lo sabía. Y le gustaba. Si no pensaba en nada más que eso, se sentía ridículamente feliz.

Faltaba poco para que Harry tomara la decisión de qué era lo que quería decirles al respecto a Ron y a Hermione, a quienes vería al siguiente día en la reunión de evaluación. Y a Ginny. Pensar en Ginny hacía que el alma de Harry cayera hasta sus pies con el peso de una roca. Si ella había sido tolerante con sus flirteos con otras chicas debido a la esperanza que sostenía de que Harry sólo estuviese tonteando antes de comprometerse a pasar el resto de su vida con ella, Harry no estaba seguro de cómo reaccionaría al descubrir que él era gay. Y con Malfoy, de entre toda la gente. Él y Harry habían sido más rivales entre ellos que lo que habían sido Ron y Malfoy, por ejemplo, aunque ahora Harry creía saber por qué había sido así. Quizá Ginny había conocido a alguien en Escocia y ya no le importaría más lo que hiciera Harry. Quizá. Esperaba que fuera así.

Esa noche se había quedado en el apartamento de Malfoy y se duchó y vistió ahí, poniéndose la túnica encima de su ropa por primera vez en un mes. Iban a aparecerse en el Ministerio. Malfoy estaba ante el espejo arreglándose la corbata mientras Harry intentaba hacer algo con su cabello. Frunciendo el ceño ante su reflejo, Malfoy fue el primero en decir algo al respecto.

—Entonces… ¿Quieres que espere hasta que tengas varios minutos de haberte aparecido antes de llegar?

Harry titubeó. No quería herir los sentimientos de Malfoy, pero… Las preguntas que tendrían que contestar si llegaban juntos serían ciertamente las más incómodas. No tenía deseos de inventar mentiras como que habían ido a desayunar juntos o cosas así. Si iba a decir algo, iba a ser la verdad. Y no estaba seguro de cuál era la verdad, exactamente, al menos no cuando tenía que ponerla en palabras. Sin embargo, tampoco estaba listo para decirla a todos.

—Tal vez sea lo mejor —dijo finalmente, tratando de encontrarse con los ojos de Malfoy en el espejo.

Fue infructuoso. Malfoy estaba evitando su mirada. Le dio a su corbata un último tirón y salió a grandes zancadas hacia el baño.

—Como quieras.

Harry suspiró. Eso no era lo que él quería, pero no conocía otra manera mejor de hacerlo. Se rindió con su cabello y salió. Encontró a Malfoy sentado en el reposabrazos del sofá, cruzado de brazos esperando por él.

—Oye —dijo Harry—. Vamos. ¿Puedo apartarte un lugar junto a mí?

Malfoy se encogió de hombros.

—¿No vas a estar rodeado de gente?

—Posiblemente, pero no importa.

—De acuerdo. Como sea.

—Vamos —repitió Harry. Le sonrió pero no obtuvo respuesta—. Ya sabes que esto va a ser un tanto extraño. Yo sólo… necesito descubrirlo a mi propio ritmo, ¿está bien?

—Supongo que me mantendrás informado —dijo Malfoy fríamente.

Harry se quedó de pie sin saber qué decir. No quería dejar las cosas así antes de irse.

—¿Ayudaría si te digo que lo que siento por ti nunca lo sentí por nadie? —preguntó en voz baja.

Malfoy levantó la mirada. Sus ojos habían dejado de ser muros impenetrables.

—Sí, sí ayuda —dijo—. De hecho, ayuda mucho.

Harry lo tomó de los hombros y se agachó para besarlo durante un largo rato; Malfoy lo agarró de los costados apretadamente. Harry se retiró suavemente.

—Te veré en cinco minutos. Te guardaré un lugar a mi lado.

—Cinco minutos —accedió Malfoy—. Te veré ahí.

Harry se desapareció. El atrio del Ministerio de Magia se materializó a su alrededor y caminó apresuradamente hacia un ascensor, uniéndose con un grupo de compañeros de clase en su camino hacia abajo. El salón estaba ya lleno de gente tomando café o jugo de calabaza de las mesas que habían colocado a los costados, caminando alrededor para rencontrarse con sus amigos después de un mes de no verse, o de pie en varios grupos nutridos, charlando y poniéndose al día. Harry escuchó su nombre y se giró para ver a Hermione, siempre la primera en encontrarlo en medio de una multitud. Se descubrió sonriendo ampliamente y fue a su encuentro. Hubo muchos abrazos y todos hablaban al mismo tiempo. Ron no paraba de contar acerca de remedios muggles para sanar varias cosas, Ginny lo interrumpía para explicar el sistema de rastreo que había desarrollado y el cual había impresionado bastante a su tutor, y Hermione estaba más bien tratando de interrogar a Harry acerca de su propia asignación con Malfoy.

—¿De verdad no le ayudaste? —cuestionó ella perforándolo con la mirada—. ¿No le ayudaste a reforzar sus glamours o a encontrar piezas de disfraz o a cubrirlo mágicamente cuando algo salía mal?

—No —protestó Harry—. ¡Para nada! Y después de que él escogió un disfraz para mantenerlo durante las tres últimas semanas, ni siquiera necesitó ayuda en absoluto. Tú lo viste… ¡sabía lo que estaba haciendo!

—¿Y no fue difícil para ti mantenerte tan poco involucrado? —insistió Hermione.

—No —respondió Harry—. Sé lo que estás pensando, y quiero que dejes de hacerlo. Pero me inclino a creer que los profesores estaban probándome para ver si podía comportarme como la voz no dominante al trabajar con otro auror. Sigo siendo bastante malo para trabajar en grupo y no hacer las cosas por mi propia cuenta. Sin embargo, en esta asignación en particular, me resultó bastante fácil quedarme fuera. Pero ahora cuéntame de la tuya. ¿Qué terminaste haciendo?

Hermione se mordió los labios.

—De hecho —dijo—, es una larga historia, pero finalicé haciendo un montón de labores de sanador, y creo que el punto de mi asignación era demostrarme que eso es lo que en verdad quiero hacer. Creo que me van a sacar del curso de Pre-auror para cambiarme al de Sanador. Pero podemos hablar de eso después. ¡Hola, Draco!

Harry se giró sobre sus talones, molesto porque Hermione había visto a Malfoy antes que él.

—Hola —dijo Malfoy, y permitió que ella lo besara en la mejilla—. Veo que sobrevivieron al salvaje Edimburgo.

Hermione se rió.

—Creo que es todo lo contrario a salvaje. En realidad es una ciudad hermosa. Fue agradable pasar un tiempo ahí. Y es un alivio verte a ti luciendo otra vez como tú mismo.

Malfoy sonrió.

—Te gustó el disfraz, ¿verdad?

—No tanto como a Ron —dijo Hermione poniendo los ojos en blanco, pero su sonrisa era indulgente. Malfoy soltó un bufido.

—Estoy seguro de eso.

En eso Ron se acercó a ellos y le dio una palmada a Malfoy en la espalda. Ginny los rodeó a todos para quedar junto a Harry. Él ya la había abrazado cuando se habían saludado, y había sentido tensión irradiando de parte de los dos.

—Y… —comenzó no sin cierta dificultad—. Fue un buen mes, ¿verdad? ¿Feliz de estar de vuelta?

Ginny puso cara de sufrimiento.

—Sí, y no tienes que hablarme como si no nos conociéramos desde que somos niños, Harry. Pero sí, estoy feliz de estar de vuelta. Te extrañé.

Harry asintió lentamente, pensando. Tenía que decírselo, y pronto.

—Mira, Gin —espetó sin nada de gracia—, ¿podemos reunirnos a solas para hablar?

El rostro de Ginny resplandeció.

—¡Por supuesto!

Era tan bonita. Y Harry podía ver por qué él había pasado aquel año que se suponía habría sido el séptimo de su educación, esperando a volver con ella. Simplemente sucedía que ya no era así, y por eso, él se sentía genuinamente apenado.

—Yo… Grandioso. Hay algo que necesito decirte —dijo, y la expresión de felicidad de Ginny se desvaneció.

—¿Es algo… malo? —preguntó.

—Me inclino a pensar que no vas a estar muy contenta conmigo —dijo él honestamente—. Pero de veras tengo que decírtelo. ¿Estás ocupada después de esta clase?

El rostro de Ginny se endureció y sus labios palidecieron.

—No. Enfrentémoslo de una vez.

Entonces sabía que era lo que no estaba pasando. Harry se sintió la peor persona sobre la Tierra.

—Muy bien —dijo, incómodo—. Genial. Vamos por un café y… bueno.

—Seguro —dijo Ginny inexpresivamente—. Supongo que tenemos que sentarnos ya.

—Supongo. —Harry buscó a Malfoy con la mirada y lo descubrió observándolos. Sus ojos se encontraron y los de Malfoy denotaban cierta preocupación. Harry caminó hacia él—. Creo que es hora de sentarnos —dijo tensamente.

—De acuerdo. ¿Todo está bien?

Harry sintió una punzada de recriminación.

—Para mí, sí. Pero creo que acabo de fulminar el sueño de alguien. O estoy a punto de hacerlo.

Malfoy encontró una fila de asientos desocupados y se dirigieron hacia ahí.

—¿Vas a decírselo?

—Creo que tengo que hacerlo.

—¿Justo al terminar la clase?

—Sí. —Harry se sentía miserable.

Malfoy se quedó callado durante un rato.

—Llámame después de eso, si quieres —fue todo lo que le dijo.


La evaluación terminó. Harry y Malfoy obtuvieron ambos la calificación más alta (a pesar de las protestas de Harry de que él no había hecho nada durante todo el mes). Los habían observado actuar en varios restaurantes, bares y tiendas, y los supervisores se habían mostrado muy complacidos con el exitoso disfraz de tres semanas de Malfoy, así como de la recién descubierta voluntad de Harry de mantenerse como un simple compañero de misión. En ese momento la gente se encontraba saliendo del salón, discutiendo planes de cómo pasarían las dos semanas de vacaciones antes de que comenzara el siguiente curso. Harry localizó a Ginny y la condujo fuera. Comenzaron a caminar buscando una cafetería. Harry no quería comenzar a hablar hasta que estuviesen sentados y pudieran hacerlo con propiedad, lo cual él estaba deseando tanto como desearía ir a realizarse una endodoncia, pero sabía que no le quedaba de otra. Ginny parecía compartir sus sentimientos. Los dos caminaban en tenso silencio.

Una cafetería perteneciente a una gran cadena apareció más adelante y Harry los dirigió hacia allá. Compró cafés para ambos y se sentaron en la mesa de un rincón.

—Entonces, ¿de qué se trata? —Ginny cruzó los brazos y esperó.

—Ginny… No estoy seguro por dónde comenzar. Ni siquiera estoy seguro de cómo tú te… Si tú todavía… —Harry se detuvo sin saber cómo continuar.

—¿Si yo todavía, qué? —preguntó ella en tono helado.

—Si sientes… algo por mí —dijo Harry lentamente—. Y si es así, de veras lo lamento mucho.

—¿Por qué piensas que todavía siento algo por ti? —La pregunta era terriblemente acusatoria y defensiva como pocas.

—No estoy tratando de decir que es así —balbuceó Harry—. Sólo estoy contándote que he comenzado a salir con alguien. Y creí que debía hacértelo saber debido a… ya sabes, nuestra historia.

Ginny apretó la mandíbula y sus labios palidecieron otra vez.

—Qué amable de tu parte —dijo, sonando como si hablara entre dientes.

Harry la observó atentamente.

—Estás enojada.

—No me digas.

—No sé por…

—Durante diez años he esperado que finalmente sentaras cabeza —comenzó Ginny en voz baja y suave—. Diez años, Harry. Creí que una vez que la guerra terminara, pero no pasó nada, y entonces tú estabas saliendo con todas las chicas de Londres menos conmigo, y todavía cuando estábamos juntos tú sólo me besabas mientras estabas haciendo Dios sabe qué cosas con todas las demás, y yo no decía nada, ¿o sí? No te dije que era injusto tenerme esperando, especialmente porque nunca me dijiste si continuabas manteniendo en pie o no los planes que hicimos antes de la guerra. No te dije que odiaba tu amistad con Malfoy porque quería que superaras la guerra y siguieras adelante. No te dije que…

—Ginny —la interrumpió Harry un tanto desesperado—. Soy gay.

Ella reaccionó con un silencio estupefacto.

—¿Que eres, qué? —El tono de su voz se elevó histéricamente—. No. No te creo. Me niego a creerlo.

Harry comenzó a enojarse.

—Es verdad. Lamento mucho si no es de tu agrado, pero aparentemente así es como son las cosas.

Ginny se cubrió la cara con las manos.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

Harry se mordió los labios aunque ella ni siquiera lo estaba mirando.

—Fue un descubrimiento reciente. —Con eso ella sabría la verdad.

Bajó las manos y Harry supo que sí, que ella ahora lo sabía. Él podía verlo en su rostro.

—Malfoy —dijo Ginny como no queriendo creerlo—. Es él con quien estás saliendo.

Harry asintió, esperando su reacción con tensa expectación.

—Supongo —dijo Ginny con gran sarcasmo— que estaba tan sexy como chica que tú simplemente no pudiste resistirte a ponerle las manos encima. Y entonces… oh, Dios.

Harry sintió que sus mejillas enrojecían.

—Más o menos.

—Yo incluso había escogido los nombres para nuestros hijos —dijo Ginny con los ojos brillantes.

—Yo no —dijo Harry en voz baja.

Hubo un largo silencio.

—¿De veras? El Harry Potter que siempre deseó tener su propia familia porque no tuvo una mientras creció, nunca pensó en tener hijos. Lo encuentro difícil de creer. —Ginny empujó su café sobre la mesa como si el sabor de cualquier cosa que Harry le hubiese comprado la hiciera vomitar.

Era difícil ponerlo en palabras.

—No… No sé qué decirte. Yo tuve una familia. Con la tuya. Espero que siempre sea así. Nunca llegué al punto de pensar en niños, ni míos ni de nadie más. Ni siquiera sabía qué era lo que iba a decirles a ti, a Ron y Hermione hasta que los vi esta mañana, pero la verdad es que Malfoy y yo ya tenemos juntos un par de semanas. Un poco más, quizá. Y… me siento feliz. —Harry se interrumpió—. Lo siento mucho.

Ginny estaba mirando fijamente su café.

—¿Ustedes dos ya estaban juntos aquella noche en la que nos vimos?

—Eh… justo había comenzado la noche anterior, creo.

—La noche… —ahora fue Ginny quien se interrumpió. Finalmente levantó la mirada—. ¿Estás realmente seguro de esto? ¿De ser gay?

Harry tomó su latte y le dio un gran trago.

—Creo que sí. Estoy bastante seguro.

—¿Lo habías pensado antes? ¿Que podías serlo?

—No realmente —dijo Harry—. Pero… y por favor, no te lo tomes personal porque no lo estoy diciendo por ti, pero creo que siempre me sentí como si me estuviera perdiendo de algo. Como si algo me hiciera falta. Esas otras cosas que tenía con otras chicas, quiero decir. Nunca resultaba ser lo que yo buscaba, pero el punto es que no sabía qué era lo que estaba buscando. No era Malfoy, te lo prometo. Pero con él parece que simplemente lo encontré.

Ginny pareció pensar en eso durante un rato. Suspiró y dijo:

—Bueno, no puedo culparte por eso. Para ser honesta, esto duele menos que cuando te veía saliendo con otras chicas. Sólo desearía que me lo hubieras dicho mucho antes.

—Yo también —dijo Harry aunque sólo lo decía por el propio bien de ella—. Lo siento, Ginny.

Ella exhaló.

—Mejor tarde que nunca. Quizá esto me ayude a superarlo más fácil, ya que no estaré esperando por algo que nunca va a pasar.

—Lo superarás —dijo Harry, tratando de ignorar cuán culpable se sentía—. Quiero decir, mírate. Eres hermosa. Vas a tener chicos haciendo largas filas para salir contigo.

Ginny le obsequió una sonrisita y negó con la cabeza.

—Ya veremos.

Harry se puso de pie y fue hacia ella. Ginny también se levantó y lo abrazó.

—Quiero que seas feliz —le dijo él.

Ella se separó.

—Lo seré —dijo fácticamente, como una aceptación obstinada de lo que acababa de suceder, ya planeando su futuro—. Yo también quiero que seas feliz.

—Lo sé. Gracias. —Harry continuaba sintiéndose como un patán, pero también se sentía aliviado de haberlo dicho y hecho.

—Tal vez te llame más adelante —dijo Ginny.

—De acuerdo. Tendremos que hacer algo pronto.

Ginny asintió un tanto rápidamente.

—Sí, quizá. Nos vemos, Harry.

Ella le dio la espalda y salió de la cafetería. Harry cogió su latte de la mesa y también se dirigió a la salida. Afuera, sacó su teléfono móvil y por primera vez desde que todo eso había comenzado, marcó el número de Malfoy.

Respondió al tercer timbre.

—Potter.

—Soy Harry, maldita sea.

Malfoy lo ignoró.

—¿Qué pasó?

—Nada. ¿Estás ocupado?

—No. ¿Ya terminaste?

—Sí —dijo Harry, debatiendo en qué decirle al respecto, si es que le decía algo.

Malfoy parecía estar pensando en lo mismo.

—¿Está todo… bien? —preguntó, sonando cuidadoso.

Harry pensó en eso mientras caminaba.

—Sí. Y si no lo está, lo estará pronto.

—¿No rompió platos ni armó escenas en público?

—Nada de eso. Me abrazó antes de irse.

—Estará bien —dijo Malfoy—. Es una chica ruda. Supongo que el primer amor es difícil de olvidar, pero lo superará.

Se sentía extraño estar sosteniendo esa conversación, especialmente por teléfono. A Harry nunca le había gustado mucho hablar por teléfono.

—Supongo que así será.

—Yo sé de lo que hablo —dijo Malfoy.

—¿A qué te refieres? —Harry se detuvo en una esquina para revisar el nombre de las calles y dirigirse a la estación más cercana del metro.

—A que tú fuiste también mi primer amor —dijo Malfoy, audible a pesar del ruido de la estática.

Harry sintió una enorme sonrisa dibujarse en su cara; mariposas cobrando vida en su estómago de pura felicidad.

—¿Lo fui?

—Ven aquí.

Al diablo con el metro.

—¡Estaré ahí tan pronto como pueda encontrar un sitio para aparecerme!

fin