"But if I know you, I know what you'll do

You'll love at once the way you did once..."

Capítulo 1

Hacía mucho tiempo que se habían muerto todas las personas que John amaba; ya no le quedaban esperanzas, las fuerzas se le habían abandonado mucho antes de que fuera capturado y esclavizado, mucho antes de que su dueño actual lo 'rentara' para saciar la sed de los seres que eran los amos y señores de la ciudad: los vampiros. Ser consumido poco a poco ya no le preocupaba, morir no era uno de sus miedos... porque quería perder la vida, quería encontrarse con su familia nuevamente y olvidarse de todo lo demás. Porque, él como muchos otros había nacido siendo humano. Y el destino de los humanos era el peor de todos: ellos eran esclavos por naturaleza. A ellos no les quedaba más que cumplir la voluntad de los vampiros y saciar todas sus necesidades... A pesar de que los inmortales podían calmar su sed con 'suplementos', nada podía compararse con la sangre cálida y espesa de los humanos.

El dueño de John tenía una docena de humanos en su casa y se dedicaba a 'rentarlos' a los vampiros de menor categoría, quienes no podían pagar el precio completo para tener a un humano a su entera disposición. Pero aquellos humanos no sólo eran usados como fuente de alimentación, sino que algunos servían para calmar los deseos sexuales de los inmortales.

John jamás había sido usado de aquella manera, su dueño pedía demasiado dinero por permitirle a un vampiro pasar la noche entera con él. Nadie podía pagar tanto. Sin embargo, había sufrido de las mordeduras de los inmortales muchas veces, cada una de ellas había sufrido mucho dolor y se había sentido muy asustado como para querer recordarlas. Lo único que deseaba era que alguien pudiera comprarlo, que alguno de ellos pagara el precio para sacarlo de ahí... porque, una vez que se le pertenecía a un vampiro completamente, la vida se extinguía rápidamente. El problema era que su actual dueño pedía demasiado por él.

-Eres demasiado hermoso como para darte por unas cuantas monedas -le repetía constantemente, mientras lo tomaba de la barbilla.

Cada vez que venía un cliente que deseaba comprar uno de los esclavos, todos ellos eran formados en una fila, con los ojos vendados y completamente desnudos para ofrecerlos como mercancía. Y tal vez si John todavía tuviese algo por lo que vivir, tal vez si alguien a quien amara estuviese seguro y feliz, entonces él podría sentirse humillado ante aquella terrible exhibición, pero lo cierto era que las cosas comenzaban a perder sentido. Sin embargo, todavía llegaba a sentir ciertos arrebatos de miedo, sobre todo cuando uno de los clientes se acercaba y lo tocaba con insistencia, sólo para arrepentirse después de escuchar el precio.

No tenía miedo a la muerte, temía durar mucho tiempo con vida, el tiempo suficiente para seguir sufriendo de la pérdida, la humillación y el maltrato físico. Ni siquiera sabía, si un día era comprado, que clase de futuro oscuro le podría esperar. Un futuro sin una muerte cercana.

Por esa razón, aquella noche en que su dueño había decidido formarlos nuevamente y mientras sentía la venda sobre sus ojos y las sogas que casi cortaban sus muñecas y tobillos, se sintió completamente indefenso y temeroso al escuchar que los pasos del 'nuevo cliente' se detenían justo frente a él. Sin embargo, contrario a lo que esperaba, el vampiro no lo tocó, simplemente se inclinó hacia él.

-¿Cómo te llamas?

El humano tardó en responder debido a que la voz le causó una sensación cálida que recorrió todo su cuerpo. No pudo evitar estremecerse al escuchar la voz profunda cerca de él, jamás había escuchado una igual. Además, se sorprendió aún más cuando se dio cuenta el vampiro se dirigía directamente él y no al su dueño como todos los demás le hacían.

-Es...

-Le pregunté a él -interrumpió el vampiro a su dueño con brusquedad.

-John... John Watson -soltó el humano, finalmente, después de un rato.

-Lo quiero.

El joven se estremeció, presintiendo que le esperaba algo completamente distinto a lo que había vivido todos aquellos años. Sólo esperaba que eso significara que la muerte llegaría pronto. Estaba verdaderamente cansado de vivir.

-Es el más caro de todos.

-Eso no es un problema.

A John le pareció que su dueño exclamaba algo y después los dos se alejaban. Sintió que su corazón se estremecía violentamente, estaba casi seguro que le esperaban unos meses de constate sufrimiento antes de poder descansar completamente.

Cuando volvió a escuchar los pasos, se dio cuenta de que se había quedado solo (el resto de los humanos había vuelto a sus 'habitaciones') y ahora sólo le quedaba esperar por la decisión que cambiaría toda su vida (o por lo menos lo que quedaba de ella).

Sin embargo, se asustó cuando sintió unos dedos fríos en su piel; la venda había sido retirada de sus ojos y ahora sí podía ver quién estaba frente a él en ese momento. Pero no pudo concentrarse correctamente; todo lo que podía ver (después de que la oscuridad se hubiese desvanecido) eran unos ojos que no se podían describir como verdes o azules, los mismos que descansaban sobre un rostro pálido, cuya cabeza estaba cubierta de un espeso cabello oscuro y brillante.

John jamás había pensado que un vampiro pudiera parecerle atractivo, pero ahí estaba él, haciéndolo sentir deseos que luchaban por erradicar su miedo.

-No voy a hacerte daño.

El humano sabía perfectamente que la regla más importante para sobrevivir en aquel lugar era no confiar en los vampiros, pero no pudo evitar creerle durante unos segundos... esa voz y esos ojos hacían maravillas para convencer a cualquiera.

Aquel vampiro se inclinó un poco más hacia él y le cortó las ataduras, a pesar de las protestas de su dueño anterior.

-Es mío, ahora -protestó el vampiro-, yo puedo hacer lo que quiera.

-Lo sé, Sherlock... es decir, señor Holmes... pero...

Sin embargo, el vampiro lo siguió ignorando y se quitó el abrigo que traía puesto y lo colocó suavemente alrededor de John, quien estaba más sorprendido a cada momento.

-¿Estás bien? ¿Puedes caminar?

Tal vez todo era un engaño, tal vez simplemente su subconsciente lo estaba engañando y todo aquello se trataba de un sueño. ¿Desde cuándo un vampiro le preguntaba esas cosas a un humano? ¿Por qué?

-Sí, estoy...

Pero antes de que pudiera responder Sherlock lo había tomado en brazos. Jamás se había sentido tan pequeño y vulnerable como en ese momento. Y, a pesar de que parte de él estaba pensando que podría irle peor en manos de un vampiro que no conocía, John no pudo evitar recargar la cabeza debajo de su cuello y quedarse dormido.

John se despertó cuando llegaron a la calle Baker; Sherlock subió hasta el apartamento 221B y, después de entrar, lo dejó en uno de los sillones. Sólo hasta entonces el humano comenzó a cuestionarse qué era lo que ese vampiro quería de él exactamente. Sangre, por supuesto, siempre querían eso. John se tocó el cuello e hizo una mueca, mientras Sherlock se daba la vuelta y se dirigía hacia la cocina. También, pensaba, mientras lo observaba hecho un ovillo en el sillón, que tal vez querría... sexo. Los ojos del humano no pudieron evitar observarlo; su piel pálida se veía increíble debajo de esa camisa púrpura que llevaba y sus pómulos, jamás había visto un rostro tan atractivo...

Y entonces su mente comenzó a jugar con él, se imaginó las manos de Sherlock (que ahora parecían estar muy entretenidas preparando algo) sobre su cuerpo y se estremeció, aunque no estaba seguro si era de miedo o por otra razón. Pensó, también, en lo que se sentiría tener su cuerpo sobre él... Y su rostro se ruborizó violentamente.

-Puedes ir a dormir si eso es lo que deseas -le comentó el vampiro después de un rato. Un delicioso olor a té comenzó a salir de la cocina-. Aunque tal vez quieras beber algo antes de descansar.

John se removió en el sillón, incómodo. No le gustaban los pensamientos que cruzaban en su mente y tampoco el hecho de que el abrigo de Sherlock oliera tan bien. No quería quitárselo.

-Encontrarás algo de ropa en la habitación...

-¿Dónde está tu habitación? -Se atrevió a preguntar, entonces.

-Al fondo del pasillo. La tuya está en el piso de arriba -dijo el vampiro-. ¿Tienes hambre?

-No ¿Y tú? -No pudo evitar preguntarle. Sintió un cosquilleo en el cuello, el recuerdo de todas las veces que se habían alimentado de él inundó su mente y no fue nada agradable.

De pronto, escuchó su risa y le gustó... a pesar de que debería estar muriéndose de miedo, se sintió cómo al escucharlo reír. El vampiro se movió rápidamente y se acercó a él antes de que pudiera parpadear. Lo vio arrodillarse. Instintivamente, John se hizo hacia atrás, a pesar de que el respaldo del sillón no le permitía moverse mucho.

Sherlock le dio una taza llena de té. A pesar de que no podía confiar en ningún vampiro, John se recordó que no tenía nada que perder, así que aceptó la taza y se la llevó a los labios con cuidado. Y descubrió que el té estaba delicioso.

-No voy a beber de ti -le dijo el vampiro que estaba arrodillado ante él. John vio sus manos, con dedos largos y elegantes y pensó que esas manos podrían estirarse en cualquier momento y tocar la piel expuesta de sus piernas. Y, por un momento, deseó que así fuera... hasta que se dio cuenta de lo que había dicho y sus ojos se encontraron con los de él. Parecía sincero.

-¿Entonces qué quieres de mí? -Le preguntó e inmediatamente se ruborizó, pensando que sólo quedaba otra opción. Su corazón golpeaba con fuerza dentro de su pecho.

Sherlock lo observó, con una expresión bastante seria.

-No debes tener miedo, no voy a tocarte...

El humano se removió en el asiento una vez más... había descubierto que, en lugar de alivio (el alivio que debería estar sintiendo) se sintió un poco... decepcionado al escuchar esas palabras.

-No... ¿No vamos a dormir juntos? -Soltó, tratando de aclararlo. Aún no podía creerlo. Experimentó un extraño cosquilleo en toda la piel, como si ella protestara al escuchar que no sería tocada por esas manos grandes, de dedos largos. Unas manos que parecían saber exactamente dónde tocar...

Sherlock se levantó y le dio la espalda; se comportaba como si no soportara su presencia.

-No. Ya has sufrido demasiado, no voy a hacerte más daño.

John no podía creer lo que estaba escuchando... después de todos esos años creyendo que los vampiros jamás pensaban en los humanos con compasión... y entonces aparecía él. O quizás todo era simplemente parte de un plan más elaborado, quizás era una trampa.

-¿Entonces para qué me compraste?

El vampiro volvió a girarse. Se arrodilló ante él y sonrió.

-Aquí serás tan libre como sea posible. Puedes salir de día, ya que nuestra actividad disminuye durante esas horas y estarás a salvo con los otros humanos que viven en este lugar. Si alguna vez tienes problemas, sólo tienes que decir que me perteneces y nadie se atreverá a hacerte daño. Sin embargo, si sales en la noche puedes encontrarte con alguno de los generales de Moriarty...

John se estremeció al escuchar el nombre. Hacía mucho tiempo, gracias a las advertencias de sus padres, había aprendido que Moriarty era el vampiro más peligroso de la ciudad y que él era el responsable de que los humanos terminaran siendo esclavos.

-Por eso te recuerdo que es mejor quedarte aquí en la noche -continuó Sherlock-. No voy a pedirte nada, puedes vivir aquí por el resto de tu vida y jamás te haré daño o intentaré tocarte. Lo único que te pido es que, cuando alguien te pregunte, o si por alguna razón uno de los vampiros de Moriarty llegan aquí, finjas que eres mi esclavo... en todo el sentido de la palabra.

-No entiendo absolutamente nada -protestó John.

Sherlock sonrió y extendió una mano hacia su cabello, pero la dejó caer inmediatamente. El humano se sintió decepcionado y frustrado al mismo tiempo. Comenzaba a pensar que todo aquello era parte de una pesadilla extraña y que él se despertaría en cualquier momento, para descubrir que seguía con su dueño anterior, encerrado en una habitación.

-Todo esto es necesario, si quiero que las cosas funcionen -respondió Sherlock, aunque esa respuesta no le aclaró nada al humano.

-Pero... si esto sigue así mucho tiempo alguien podrá preguntarse por qué no tengo marcas en el cuello, tus marcas -comentó John, sin saber por qué lo hacía. Cualquier humano en su lugar estaría agradecido de aquel trato. Era, probablemente, algo a lo que aspiraba cualquier esclavo que viviera en aquella ciudad.

El vampiro se inclinó hacia John, sus labios casi tocaban su oído. El humano pudo ver que una sonrisa extraña se dibujaba en sus labios.

-Podemos decir que mis marcas están en partes de tu cuerpo que no pueden verse a simple vista -sugirió. Su aliento acarició la mejilla de John, provocando que su imaginación volara nuevamente. Lo vio levantarse y alejarse.

-Aún no entiendo... ¿qué es exactamente lo que quieres con esto?

-Ve a descansar, John -fue toda la respuesta que pudo conseguir de aquel vampiro.

Aquella madrugada, el humano se durmió con la sensación de que aquello sólo era el comienzo de algo... pero no estaba seguro si ese 'algo' era bueno o malo.