Capítulo 11

John se despertó con una sonrisa en los labios. Era increíble cómo sólo hacía unos meses que se había sentido como si su vida no valiese la pena. Había tenido tantas ganas de terminar con todo su sufrimiento y había pasado tantos años así, que ahora le parecía increíble la sensación de seguridad y felicidad que sentía en esos momentos. A pesar de eso, todavía no se acostumbraba al hecho de despertar solo, aunque sabía que Sherlock debía estar cerca. Por lo que decidió levantarse, aún cuando era temprano y su cuerpo le insistía en quedarse en la cama. Desde que había sido comprado por su anterior dueño, su cuerpo se había adaptado al horario que los vampiros usaban para descansar.

Rápidamente se puso algo de ropa y se dirigió a la sala, pero se detuvo en el umbral al escuchar la voz de Sherlock y otra, que no le resultó nada familiar. Supo casi al instante que otro vampiro se encontraba en el departamento. Casi sintió que su respiración se detenía por segundos; el vampiro que estaba en ese momento en la sala era alto, tenía el cabello oscuro y observaba a Sherlock con atención. Lo vio sonreír, a pesar de que Sherlock se escuchaba un poco molesto; por alguna razón, John no apreció para nada aquel brillo en los ojos de aquel vampiro, mucho menos la mirada que le dirigía a su vampiro. Un poco asustado, John sacudió la cabeza al sentir esa nueva emoción recorrer sus venas, se ruborizó.

-Fue un poco arriesgado llegar hasta aquí de esa manera, Victor -dijo Sherlock en ese momento, sacando de sus pensamiento al humano. Decidió prestar un poco más de atención a la conversación.

-Mi disfraz era excelente -respondió el otro vampiro-, además, tomé todas las precauciones necesarias. Incluso decidí salir a esta hora del día para evitar encontrarme a alguien. Te aseguro que nadie sabe que estoy aquí, Sherlock.

John no podía asegurar si la respuesta había tranquilizado a Sherlock, porque, aunque sus hombros ya no estaban tan tensos como antes, él todavía no podía ver su rostro. Lo único que alcanzaba a ver era el rostro del vampiro llamado Victor, quien parecía particularmente divertido por alguna razón.

-Moriarty no puede descubrirnos. Estamos a punto de terminar esto.

-Y por eso no debemos arriesgarnos. Sobre todo tratándose de él, si se da cuenta de lo que estamos haciendo antes de que nosotros actuemos, será difícil escaparse de él.

-Él no te hará daño -aseguró el otro vampiro y se acercó más a Sherlock. Por un momento, John pensó que Victor le acariciaría el rostro, pero, afortunadamente, no dio otro paso adelante.

-No me preocupa mi seguridad, desde un principio supe a lo que me enfrentaba, conozco las posibles consecuencias de lo que estoy haciendo -replicó Sherlock, recobrando la tensión que había mostrado al principio de la conversación.

Fue en ese momento que Victor frunció el ceño, confundido.

-¿Entonces qué te preocupa? -preguntó el vampiro, sin embargo, antes de que Sherlock pudiera responder, algo brilló en los ojos del vampiro, antes de añadir:- Tu humano.

-Se llama John -corrigió Sherlock,casi violentamente. Y el humano sintió que su corazón daba un vuelco al ver que él lo consideraba tan importante.

-Pues John es un poco curioso, ya que, al parecer nos ha estado escuchando desde hace rato -comentó Victor, y John se dio cuenta que el vampiro lo observaba atentamente.

Era ridículo permanecer en las sombras por más tiempo ahora que había sido descubierto y parecería cobarde regresar a su habitación, así que John caminó hacia ellos y se detuvo al llegar al lado de Sherlock. El vampiro, su vampiro, se giró para observarlo y acarició su rostro con gentileza. Le sonrió. Por fortuna, él no parecía molesto al enterarse de que John los había escuchado.

-¿Cómo te sientes? -le preguntó.

-Perfectamente -respondió el humano con una sonrisa y se atrevió a darle un beso rápido en los labios a Sherlock, le pareció ver que Victor fruncía el ceño.

-Me da gusto conocerte, John -dijo Victor, sonriendo y extendiendo una mano hacia él.

Un poco reticente, el humano aceptó el saludo y apretó la mano fría del vampiro.

-Sherlock dijo que tú piensas como él, que deseas nuestra libertad -se atrevió a decir en ese momento.

Victor asintió y nuevamente sus ojos se dirigieron hacia el otro vampiro, a John le pareció que su sonrisa se volvía más amplia.

-Por supuesto, Sherlock y yo tenemos muchas cosas en común, nuestros ideales son los mismos, es por eso y por su maravilloso intelecto que lo considero un miembro muy valioso de la Oposición -dijo-. Y cuando consigamos derrocar a Moriarty, tú y el resto de los humanos podrán ser libres de nuevo. Lo que significa que no tendrás que depender de ningún vampiro, podrás hacer lo que desees.

Hubo algo que no le agradó en aquel discurso a John. Ni siquiera se molestó en ocultar el ceño fruncido que se había formado en su rostro. Instintivamente se acercó a Sherlock y lo tomó del brazo.

-Pero yo no quiero alejarme de Sherlock, quiero estar con él -soltó.

Sherlock lo abrazó y lo besó en la frente.

-Victor no quiso decir eso, la libertad que tendrás te permitirá elegir, lo que significa que, si aún me quieres, puedes quedarte conmigo -aclaró Sherlock.

-Siempre voy a querer estar contigo -le dijo John y se permitió relajarse, aún cuando no estaba del todo seguro de lo que había querido decir Victor. Todavía no podía confiar en él.

-Tenemos que seguir como hasta ahora -interrumpió Victor repentinamente-. Y espero que en estos días vengas a reunirte conmigo para discutir el siguiente paso de nuestro plan. Debes asegurarte que Moriarty confíe en ti antes de continuar.

-Me ganaré su confianza -aseguró Sherlock, sin soltar a John.

Victor asintió. Después le dirigió una inclinación de cabeza al humano en forma despedida.

-Nos veremos pronto -le recordó a Sherlock.

John esperó a dejar de escuchar los pasos en la escalera antes de girar su cabeza para ver a Sherlock nuevamente.

-No creo que me agrade mucho.

Sherlock se rió.

-Te aseguro que tiene buenas intenciones -dijo él-. Jamás hubiese accedido a una alianza con él antes de estar seguro de ello. Mucho menos ahora que te tengo a ti, no te arriesgaría, John.

El humano sonrió y permitió que el vampiro lo levantara en brazos. Sherlock se sentó en el sillón y lo colocó sobre su regazo.

-Lo sé -soltó y rodeó el cuello de su vampiro con sus brazos. Lo besó otra vez, sólo que en esa ocasión, el beso fue mucho más pasional y profundo.


Otra vez se encontraba solo en el departamento y aunque tenía confianza en que Sherlock estaría bien (era brillante, después de todo, sabía lo que hacía), siempre existía una parte de él que no podía evitar preocuparse. Casi deseaba que todo aquel plan terminara pronto, a veces incluso deseaba que no existiera ese plan en primer lugar, aún cuando significara olvidarse de la libertad para ellos.

Sherlock era más importante.

Muchas veces incluso, se preguntaba que hubiese pasado si él fuera un vampiro. En ese caso la relación que tenía con Sherlock sería mucho más sencilla y, lo mejor de todo, sería capaz de ayudarlo más en los planes que tenía. En el estado en el que se encontraba se sentía completamente inútil. Pero John sabía que los vampiros formaban parte de una raza antigua y que la transformación de un humano en un vampiro era casi imposible, además, no cualquier vampiro elegiría a un humano para pasar la eternidad con él.

Esa, probablemente, no era una opción para él.

Se había entristecido tanto pensando en todo aquello, pensando que sólo tendría un instante junto a Sherlock, pensando en que quisiera extender su vida sólo para tener más tiempo junto a él. Y, horas después, cuando la señora Hudson fue a verlo y, por supuesto, notó que algo le preocupaba, John no pudo decirle la verdad. Y, para aumentar la preocupación de la humana, John se negó a comer aquella tarde.


Sherlock utilizó todo su autocontrol para no saltar sobre el cuello de Moriarty y destrozarle el rostro al ver que consumía de tal manera a uno de los humanos que tenía junto a él hasta matarlo. El hombre había pasado algunos años al lado de aquel vampiro, pero debido al consumo y maltrato que había sufrido a manos de él, su cuerpo no resistió más y sus fuerzas fueron completamente consumidas en aquella última sesión de alimentación.

Moriarty sonrió cuando el cuerpo del humano cayó a sus pies, e hizo a un lado el cadáver de una patada. Sherlock jamás había luchado tanto consigo mismo para mantener su expresión neutral. Eran demasiados los sacrificios que se tenían que hacer para completar lo que se había propuesto desde hacía tantos años.

-Siempre duran tan poco -se lamentó el vampiro-. Lo único bueno es que todavía hay muchos de ellos.

El vampiro de cabello negro y rizado se las arregló para formar una sonrisa en su rostro.

-¿Me necesitabas para algo? -preguntó, esperando que su mente se distrajera con algo más. Tenía que ocultar su ira y hacerla a un lado por un momento.

Moriarty se puso de pie, pisó el cuerpo del hombre y se acercó a él. Sherlock resistió el impulso de hacer una mueca de repulsión cuando el otro vampiro lo agarró del brazo.

-Sí, te necesito -sonrió el otro y aquella mano subió por su brazo hasta posarse en su hombro-. ¿Tienes nueva información para mí?

Sherlock se obligó a sonreír una vez más, pensando en que si todo salía bien, John podría vivir en un mundo en el que no tendría que temerle a nada, en que podría ser feliz. Pensar en John siempre le daba fuerza para hacer lo que tenía que hacer.

-Por supuesto -recordando exactamente lo que había discutido previamente con Victor. Debía darle información verdadera, pero que no afectara mucho a la Oposición. Ambos sabían que Moriarty era inteligente y comenzar a darle información falsa era algo arriesgado, él probablemente comenzaría a notar que algo andaba mal.

Comenzó a darle una lista de nombres y posibles lugares de reunión. Aunque todos aquellos vampiros estaban de acuerdo con ello y conocían el peligro que caía sobre ellos al exponer sus nombres, Sherlock esperaba que aquel movimiento le hiciera a Moriarty confiar en él, lo suficiente como para permitirle encargarse del asunto... solo.

Por fortuna, los ojos de Moriarty brillaron con satisfacción. Dio un paso más hacia él y acarició el cabello de Sherlock.

-Sabía que eras brillante -le dijo-. Y como has demostrado tus habilidades y valor, te dejaré que trates de mezclarte con ellos para averiguar más. Necesitamos saber lo que planean y qué tan grande es su organización para detenerlos. Tenemos que destruirlos a todos. Y si lo haces bien, tal vez te puedas convertir en mi segundo al mando...

-Sería un verdadero placer -y sonrió, tratando de no verse aliviado cuando Moriarty se alejó de él y le permitió marcharse.

Tenía que volver a hablar con Victor. Aunque debía tener mucho cuidado antes de encontrarse nuevamente con él.