Suya

Los personajes pertenecen a JK Rowling y la trama a Emma . Reads, que me dio permiso de adaptar su historia, muchas gracias.

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Draco.

-Señor Malfoy, lamento mucho decirle que solo tengo trescientos mil dólares del dinero-La voz nerviosa, más bien aterrorizada llegó hacia mis oídos, y apreté los dientes con fuerza-Pero tengo algo muy bueno para usted. Una de las últimas mercancías.

-¡No me interesan ninguna de tus putas! Que te quede bien claro, Dean. Si no me devuelves mis jodidos quinientos mil dólares esta noche, eres hombre muerto.-Estampé el auricular del teléfono con fuerza y apoyé ambas manos sobre mi escritorio, ignorando la mirada profunda que me dedicó Neville.-Maldito hijo de perra.

-El teléfono no tiene la culpa. Deberías dejar de hacer eso siempre-Murmuró, con una tranquilidad exasperante, mientras acomodaba en auricular en su base.

Bufé y me dejé caer sobre mi silla.

-Maldigo en día en que se nos ocurrió hacer un trato con ese imbécil.

-Ciertamente, no fue muy inteligente de nuestra parte. Pero tampoco fue muy inteligente de la suya intentar robarte tu parte del negocio. Nadie nunca pudo hacerlo sin sufrir las consecuencias.

Me giré en mi silla y miré hacia el enorme ventanal a mi izquierda.

-Lo haré sufrir todavía más por haberme considerado un idiota.

Neville suspiró y se levantó, alisándose las inexistentes arrugas de su impecable traje azul.

-Lamento tener que dejarte solo en uno de tus momentos de furia, querido amigo, pero debo ir a casa a hacer las paces con mi bella esposa. Si me disculpas…

-¿Qué sucedió con Luna ahora?-Pregunté distraídamente.

-Lo de siempre. Se enoja porque la sobre protejo, dice que los guardias de seguridad son una exageración, igual que el coche blindado, y los franco tiradores. Ya sabes, no le gusta sentirse frágil, pero lo es.

-Todas las mujeres son frágiles.-Comenté, rodando los ojos ante la testarudez de mi hermana pequeña.

Neville me dedicó una última sonrisa.

-Cierto. Adiós, Draco.

Incliné mi cabeza en su dirección, en un gesto de despedida, y me paré de mi asiento en cuanto su cabeza rubia hubo desaparecido por la puerta.

Caminé hacia el ventanal, examinando las atestadas calles de Londres.

Dean Thomas debía ser más estúpido de lo que parecía si de verdad pensaba que podría robarme a mí, Draco Malfoy, el líder de uno de los mayores grupos mafiosos del mundo, sin terminar con la cabeza llena de plomo.

Hermione.

Chillé. Otra vez. Y toda la respuesta que recibí fue mi agitada respiración. Otra vez.

Las manos atadas detrás de mi espalda no me permitían moverme, y las magulladuras que exhibía mi cuerpo me hacían sollozar de dolor.

La bolsa de tela que me cubría entera me daba picazón en la nariz, sin permitirme respirar correctamente, y el frío me calaba hasta los huesos.

Intenté removerme, pero el espacio en el que estaba atrapada era endemoniadamente estrecho.

Volví a chillar, pero el enorme pedazo de cinta gris que se pegaba a mi boca amortiguó mis gritos de ayuda.

Nadie me escuchó.

Volví a sollozar, pensando en lo estúpida que había sido al salir de mi edificio a esas horas de la noche.

*Flashback*

Solté un grito de dolor, mientras me sentaba en el suelo, sosteniendo mi pie con ambas manos.

Maldito mueble. Maldito dedo meñique del pie. Maldita torpeza.

Resoplando, quité mis manos para examinar los daños, y torcí el gesto al ver la sangre que emanaba de mi lastimado meñique.

Golpearlo contra los muebles era mi karma, y no pasaba más de una semana sin algún accidente de aquel tipo.

Cojeando, llegué hasta el botiquín, solo para gruñir exasperada al ver que me había quedado sin vendas. Rebusqué por toda la puñetera caja, pero no di con lo que necesitaba.

Lo más rápido que pude, cubrí mi pijama de Hello Kitty (Sí, muy maduro) con un tapado que llegaba hasta mis rodillas, me calcé, haciendo otra mueca más de dolor al sentir mi dedo apretujado dentro de las zapatillas, y dirigí mis pasos hacia la farmacia que estaba a dos calles de mi departamento.

Estaba a solo unos cuantos metros de mi destino cuando sucedió.

Un coche negro frenó a mi lado, y un grupo de cuatro hombres bajaron. Parecía una aterradora coreografía.

Uno me tomó de los brazos, otro se encargó de apretujar un pañuelo húmedo contra mi boca y nariz, otro tomó mis piernas, y otro mantuvo abierta la puerta del auto mientras me metían en él.

Mis gritos no alertaron a nadie, y luego de unos segundos, perdí la conciencia.

*Fin del Flashback*

Desperté dentro de la apestosa bolsa en la que me encontraba ahora, solo que en algún lugar al aire libre.

Cuando comencé a gritar, un hombre gordo y pelado me sacó de la bolsa, y entre insultos me puso una cinta en la boca, para luego golpearme unas cuantas veces.

Parecía disfrutar de aquello, mientras yo me retorcía de dolor en el suelo.

Luego de lo que pareció una eternidad, me volvieron a meter en la bolsa, y me arrojaron en lo que seguramente era el baúl de un coche.

Y allí había estado por lo que parecían horas.

Tenía sed, hambre, me dolía la cabeza, y todo el cuerpo.

Y estaba completamente aterrorizada.

Volví a chillar, pero paré de golpe cuando sentí abrirse el baúl del coche, y cómo dos brazos me levantaban sin suavidad alguna.

Volví a chillar, y me sorprendí de que nadie me golpeara como castigo.

-¿Qué mierda es eso?-Escuché una voz, ronca y muy varonil, hacer la pregunta, teñida por el recelo.

-Un regalo para ti.

-No me jodas, Dean. Dame lo que falta de mi dinero y guárdate tus malditos regalos.

-Vamos, Malfoy. Esta te gustará. Es joven, y muy bonita. Hermosa diría yo. Deberías verla aunque sea.-Esta voz sonaba nerviosa y torpe en comparación con la perfecta melodía del otro hombre, quién resopló, con una mezcla de desprecio e impaciencia.

Sin preámbulos, alguien me depositó en el suelo, y me quitó la bolsa de encima.

Intenté enfocar la vista, y examiné mi entorno.

Estaba sentada en un suelo polvoriento. Un estacionamiento subterráneo.

A mi alrededor había hombres. Muchos hombres parados y armados hasta los dientes.

Al primer vistazo podías notar que se dividían en dos bandos.

Los que se encontraban frente a mí estaban vestidos de traje, y parecían empresarios perfectos recién salidos de sus cómodas oficinas.

Claramente, el líder era un impresionante hombre de cabellos rubios, que clavaba sus ojos en mí con dureza.

Unos fríos e implacables ojos grises.

Los otros, estaban parados a mi derecha y a mis espaldas, y parecían mucho más desaliñados y brutos que los hombres frente a mí.

Aunque claro, cualquiera perdería todo su encanto al ser comparado con el altísimo rubio, que no despegaba sus ojos de mí.

Me eché a temblar cuando se agachó frente a mí, y tomó mi rostro con su mano derecha.

En un impulso de pavor, giré la cabeza y le mordí la mano con fuerza.

Esperé que me golpeara, me insultara o aunque sea gruñera de dolor. Esperé cualquier cosa menos aquello.

El hombre soltó unas suaves carcajadas, mientras se miraba las marcas que mis dientes habían dejado en su mano.

-Vaya, vaya con la fierecilla-Susurró y me miró con un brillo pícaro en los ojos.

-¿Le gusta, Malfoy?-El hombre se puso de pie, y clavó sus ojos en alguien a mi espalda.

-Ciertamente, es hermosa, Dean. Pero ya te lo dije, no quiero ni necesito a ninguna de tus putas.

-¡Yo no soy una puta!-Ladré, ofendida por el insulto.

Él rubio volvió a bajar sus ojos hacia mí, con las cejas levemente arqueadas.

-Si no lo eres, lo serás muy pronto.-Sus palabras se deslizaron como hielo sobre mí, y me estremecí de pánico.

Trata de blancas. Eso era.

¿Me drogarían y me encerrarían en una habitación para prostituirme?

Más lágrimas se deslizaron por mis mejillas ante la aterradora idea, pero me negué a sollozar frente a aquellos hombres. No les daría ese gusto.

-Vamos, Malfoy, acéptala.

-No creo que sea lo suficientemente bonita como para valer doscientos mil dólares, Dean.-Eso dolió, pero sabía que era verdad. ¿Doscientos mil dólares? Por favor.

-Sí lo es. Mírala.-Sonreí interiormente. El imbécil debería estar muy liado como para intentar venderme a aquel hombre, haciéndole creer que era así de hermosa.

No lo era, y estaba segura de que ese idiota también lo sabía.

El cobrizo, que parecía responder al apellido de 'Malfoy', volvió a bajar sus implacables orbes verdes hacia mí, y me estudió con cuidado.

-Bien.

Cuando esa seca afirmación salió disparada de sus labios, el ambiente se relajó notablemente, y el que respondía al nombre de Dean soltó una risita.

-Bien hecho, Malfoy.

El tal Malfoy me dirigió una última mirada antes de girar sobre sus talones y caminar hacia unos autos negros que estaban estacionados unos metros más allá.

Al pasar junto a un hombre alto y castaño, sacudió la cabeza en mi dirección, y el hombre asintió.

Caminó hacia mí y me tomó en brazos, pasando un brazo alrededor de mi cintura.

Comencé a chillar de nuevo, desesperada.

-¡No! ¡No, por favor! ¡No! ¡Suélteme! ¡NO!-Cesé de gritar cuando el cobrizo, unos cuantos metros delante de mí, se giró y caminó hasta mi lugar con decisión.

-Cierra esa maldita boca. No soporto a la gente chillona.

Su voz era dura e inflexible, y por más que me dolió en mi orgullo, no pude evitar rogarle que me soltara.

-Le juro que no le contaré a nadie, y haré como que nada de esto sucedió. Sólo déjeme aquí, y nunca más sabrá nada más sobre mí, por favor. Por favor…-Mi voz se cortó cuando en su mirada noté una negativa rotunda.

No iba a dejarme ir.

-No te irás. Y créeme cuando te digo que deberías agradecer estar conmigo y no con Dean. Ahora hazme el enorme favor de cerrar la boca. Y deja de llorar-Agregó, y volvió a dirigir sus pasos hacia el grupo de Volvos.

No había dado ni dos pasos cuando comencé a chillar de nuevo.

...

Draco.

Bufé frustrado mientras cerraba la puerta del auto con un poco más de fuerza de la necesaria.

Nunca debería haber aceptado el maldito 'regalo' de Dean.

Volví a bufar, sintiendo los cada vez más lejanos chillidos de la niña que ahora era arrastrada hacia otro de los coches.

No sé por qué mierda la había traído conmigo. No sé si había sido la inocente y suplicante expresión de su rostro aniñado, o sus enormes y desesperados ojos chocolate. O las lágrimas derramadas sobre sus redondeadas mejillas.

No sabía por qué, pero al fijar mi vista en ella, había sabido que era mía.

Esa ilusión se había desvanecido en cuanto sus gritos me dieron jaqueca, y me estiré en el asiento del Volvo.

Nunca debería haberla traída conmigo.

¿Qué mierda haría con ella ahora?

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Muchas gracias por leer, y si les gusta la historia, ya saben que hacer ;)…
(Por si no lo saben, deben dejar un review)

¡Besos!

Emma.

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Gracias por leer!

Qué les pareció?

Dejen reviews si quieren que actuLuna, no importa si son 20 páginas o tres palabras, solo quiero que dejen algún comentario…

XD

Con amor,

Old Brown Shoe :P