La peliazul miraba el monitor agotada, estaba cansada que aquel proyecto no pudiese salir como ella deseaba. Los cálculos no eran propicios. Se froto la frente
fastidiada y se recargo en la silla, rendida. Cerro sus grandes ojos azules un momento y busco a ciegas la taza de café que la acompañaba. Le dio un trago, pero la bebida estaba fría. Hizo una mueca de disgusto ante la sorpresa. Se levanto y salio del laboratorio, cruzo el jardín de la corporación a paso lento con la taza en mano. Andaba descalza, vestía una falda de lycra ajustada y una sencilla blusa de tirantes. Era día de trabajar en casa así que andaría cómoda.

La noche ya había caído y lo único en lo que podía pensar era en tomar un profundo letargo. Entro a la casa y al llegar a la cocina, miro la soledad del hogar, recordando que sus padres andaban de viaje.

Mientras sus pensamientos divagaban, de súbito una fuerza impetuosa la empello a la pared, la mujer dio un grito y soltó la taza causando un ruido estridente. Intento moverse pero no le era posible algo estaba encima de ella, encerrándola contra la pared. Era Vegeta.

-No deberías andar a oscuras, mujer tonta –se escucho la voz del saiyan, mientras pegaba su nariz en su cuello aspirando su aroma

-¡Vegeta! –exclamo entre el susto y enfado - ¡Que rayos crees que intentabas hacer! Casi me muero del susto, mono grosero – Bulma intentaba zafarse pero le era inútil,

La piel desnuda de Vegeta se pegaba a ella caliente y brevemente húmeda, era claro que acababa de llegar y había tomado un baño

-Cállate mujer – gruño afectado por la chillante voz – Tuve una pesada semana y no quiero escucharte – paseo su mano por debajo de la blusa, tomo un pecho en su mano

Bulma comenzó a empujarlo de encima de ella, enfadada e indignada.

-No es mi culpa, que te largues a entrenar por semanas enteras –masculló un poco afectada por el tacto del macho

-No te pongas necia – rezongó poniéndola de espaldas a él de un solo movimiento, tomando con fuerza sus manos, dándose rango para acariciar suspechos – Hoy te necesito y no hay nada que puedas hacer para detenerlo - Vegeta arrancó la falda con brusquedad, enfatizando sus palabras

La mujer chillo asustada y resignada. Odiaba que hiciera eso, se largaba por semanas o meses a entrenar a la montañas y cuando regresaba, volvía como una bestia hambrienta de sexo, tratándola con hosquedad.

-Mis padres –dijo de repente, deseando que aquello detuviese la ansiedad de Vegeta – Podrían oírnos… - estaban en medio de la sala, podía funcionar

-No hay nadie en la casa –masculló sin detenerse, magreaba sus pechos y mordisqueaba su cuello

-Vegeta…-suspiro la mujer – Mas lento…- agrego casi suplicando – Me estas lastimando

-No es lo que tu cuerpo me dice -el hombre dejo su agarre y posó su mano entre sus piernas, disfrutando de su humedad y deshaciéndose de sus bragas, la penetro con dureza.

Bulma dio un grito ahogado y el apago su gruñido en el cuello de la hembra. Ella se recargó en la pared, ahora deseosa, esperando las embestidas del saiyan. Vegeta se paseo hasta sus caderas, y comenzó a moverse con fuerza y lentitud.

-Vegeta –gimió la peliazul – No así…déjame…mirarte –decía entrecortada, obcecada en el placer de su cuerpo

-Mujer renegada -El guerrero la ignoro y tomando su rostro la beso, al comenzar a penetrarla con mas rapidez

Los gemidos y sollozos de la hembra se apaciguaban en los labios del guerrero, ella lamia y mordisqueaba la carne de los labios de su amante, mientras el hombre encorvaba y levantaba su cuerpo, con una mano entre sus piernas, sus labios y la otra apretando una nalga, colocándola a su merced, permitiendo una penetración mas limpia. Vegeta exploto dentro de ella y al hacerlo, apretó su clítoris, alcanzando también la mujer el mas tremendo éxtasis.

Ambos se resbalaron junto a la pared, sin separarse. Respiraban agitados, ella sentada y él en cuclillas.

-Así me gusta – dijo el hombre relajado – Que entiendas tu lugar – agrego divertido descansando en su cuello

-Imbécil, eres un aprovechado –inquirió atizando su enfado – No eres el único agotado –agrego displicente

Vegeta la tomo de la cintura, forzándola a girar. La tomo en brazos y ella se envolvió en su cuerpo, se levanto con ella y llego hasta la recamara, la lanzo en la cama con brusquedad y antes de que pudiese quejarse o moverse, se acostó sobre ella. El atlético y duro cuerpo se relajo encima de ella.

-¡Vegeta! –exclamo la mujer incapaz de moverse, estaba mas que fastidiada, ¡¿por qué creía que podía tratarla como un objeto?! – Eres un egoísta, no soy tu almohada –decía furiosa

-¿A quien crees que le estas hablando? – el príncipe apretó el agarre, sin intenciones de incomodarse – Mañana pagaras por tu osadía, mujer vulgar

-Bulma, es Bulma – exclamo, fastidiada ante aquel hombre que imponía su voluntad sobre ella, sin cuestión

Vegeta solo gruño y terminando de relajarse, se quedo dormido.

La peliazul se quedo mirando el techo, enfadada. No tenía otra opción, los próximos días serian así. Bulma intento acomodarse en sus posibilidades, envolviendo sus piernas en él y con su brazo libre comenzó a acariciar su negro cabello, hasta que el sueño la inundo…