Ha pasado un tiempo, mis hermosos. ¡Hola!

No tengo las palabras para agradecer todo el apoyo que me han dado hasta ahora, cuando más lo necesitaba, aún más en los momentos difíciles que pasé con esta historia y espero no volver a vivir.

Mil gracias por toda la paciencia. Por sus lecturas. Por sus comentarios. La razón por la que estoy de vuelta son ustedes. Leyeron bien: ¡ESTAMOS DE VUELTA!

No se entretengan más leyendo esto que no importa ahora, jaja.

(Para los que han perdido el hilo de la historia, solo lean en anterior ;) Es más que suficiente)

Enjoy!


Capitulo 42

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El trayecto de regreso fue lo más incomodo y cargante que había vivido alguna vez. Estaba dividida entre dos personas significativas en su vida: una que conocía desde siempre y otra a la cual creía hacerlo.
De cualquier forma, ambos, Michelle y Natsu, compartirían el rencor mutuamente hasta que alguno de los dos consiguiera a Lucy; porque esa chica era la persona más importante en sus vidas. Los dos la amaban de diferente manera, pero continuaba siendo el mismo sentimiento.

La espada y la pared ya tenían un nombre.

Lucy era la persona que no podían permitirse perder y buscaban con desesperación la manera de protegerla a través sus propios medios. La razón principal: Lucy era una chica fuerte. Una flor joven con muchas espinas que servían para proteger la vida y color en sus futuros pétalos. Su aspecto decaía demasiado rápido a causa de los tratos y realidad que vio una vez que intentaba florecer. Ahora podría marchitarse sin mostrarle al mundo la verdadera belleza y vigor que ocultaba en el centro de su vitalidad.

El oficial Jura Neekis se ofreció a traerlas de vuelta casa. Durante el recorrido, ninguno de los tres dijo una sola palabra. Había mucho por decir, pero aún más para silenciar. El asunto de Natsu, la verdad dicha de su propia boca, aun seguía rondando en su cabeza. Cada palabra, cada hilo de voz y dolor que ocultaba en gestos. Nadie debía estar solo. Nadie debía ser ignorado. Nadie debía ser lastimado. Nadie.

Miró sus muñecas y se le oprimió el pecho. En ese lugar lo sujetaron para causarle un daño mayor. Lastimar su cuerpo no fue suficiente, tuvieron que despedazarlo por dentro para convertirlo en su marioneta a causa del miedo.

Sufriendo en silencio por dos años.

Sería incapaz de cerrar los ojos esta noche y estaba convencida de que él tampoco lo haría. Hisui, todos ellos, realmente pagarían por lo que le habían hecho.

La patrulla se detuvo justo frente a la casa de sus tíos, y Michelle se apresuró a bajar del auto sin pronunciar o mostrar un gesto de agradecimiento. La rubia solo sonrío levemente en disculpa y salió para ir tras su prima.
No necesito decir algo más sobre el tema que los rondaba, ya lo habían hablado en el ascensor: ni una sola palabra a nadie, mantenerse en silencio y pretender que nada sucedió. Que Lucy volviera a casa era la mejor opción, porque así, el reporte se archivaría en un expediente y ninguno de los sospechosos conocería lo que realmente se hablo en aquel apartamento. Jura se lo explico todo.
También, para proteger a su familia, amigos y conocidos, era de vital importancia retener la información que ya tenían en sus manos.

Al menos Natsu ya no estaría solo. Podría hablar con ella. Todas sus inseguridades y miedos podría compartirlos con Lucy. Ese sería su apoyo hacia él. Pero, ¿Quién la apoyaba a ella?

Entró justo detrás de su prima y, antes de seguirla hasta su habitación, fue detenida por sus tíos.

— ¿Te encuentras bien, Lucy? — Preguntó su tía Carol—. No volvías y sabes cómo es Michelle.

Todos sabían cómo era Michelle. Era divertida, confiable y, sobre todo, testaruda. Si ella creía que tenia la razón, haría todo lo posible para demostrarlo y convencerte de que así era. Muy exasperante en algunas ocasiones, pero aún así la amaba. Solo estaba preocupada y lo entendía completamente, aunque esperaba al menos que confiara un poco en ella y no se entrometiera en sus asuntos. Convencerla sería difícil.

— Lamento todo esto. — se disculpó ella. No deseaba causar más problemas.

Su tía negó con la cabeza.

— Eres joven. Entiendo.

No, no entendía.

Lucy agradecía con todo su corazón el apoyo que le brindaron cuando más lo necesito. Le proveyeron un techo en donde refugiarse, un lugar en donde estudiar y, principalmente, los alimentos que necesitaba para vivir. Pero ese era un tema aparte.
Nunca deseo ser una carga para nadie y sabía que, eventualmente, tendría que encontrar otro lugar. Al final del día, ella era una más en su hogar. Formaba parte de la familia, si. Sin embargo, sabía muy bien que el asunto pendiente de su padre y las personas detrás de ella, la dejarían sin refuerzos. Nadie se arriesgaría a tal peligro sin alguna razón aparente. Era muy fácil lavarse las manos y pretender que nada había sucedido. Así lo harían todos. Además, Lucy no permitiría que nadie se metiera en el problemón el cual se encontraba atrapada.

Esta vez, estar sola no le importó.

Evitando decir algo más y que descubrieran sus mentiras, avanzó hacia las escaleras, siendo detenida de nuevo. Esta vez por su tío, Hans.

— Tenemos un viaje de negocios y nos iremos por el fin de semana. Michelle accedió acompañarnos. Espero no te moleste estar sola.

¿Lo decía en serio?

A decir verdad, no podía ser más perfecto.

— No me molesta. — respondió con modales —. ¿Y… cuando es el vuelo?

— Mañana. Cuando despiertes ya no estaremos aquí. — Mencionó Carol con un bostezo—. Creo que deberíamos volver a la cama, cariño. — le dijo a su esposo— También deberías dormir, Lucy. Ha sido un día muy largo.

Ellos no tenían idea…

Asintió, se despidió de ambos y subió las escaleras para dirigirse a una habitación en particular.

¿Dormir? Su noche apenas comenzaba. No podría cerrar los ojos aunque lo intentara. Tantas cosas en su cabeza le impedirían la tranquilidad con la que gozaba antes del contrato. Sabía que algún día habrían ido por ella, así que culpar a alguien no servía de nada. Además, el pasado de Natsu rondaría por siempre en su memoria, y de ahí también surgían sus preguntas: ¿Le harían lo mismo que él para conseguir lo que querían? ¿Qué dinero buscaban? ¿En dónde estaba la fortuna Heartfilia de la cual su padre habló?

Recordó la carta. ¿Cómo podía ser la propietaria de la riqueza que dejo su familia? Y de ser así, ¿Cómo encontrarlo?
Existían muchas preguntas y pocas respuestas. Mientras más sabia, menos necesitaba hacerlo. Prácticamente caminaba sobre cristales rotos con los ojos vendados. Todo se complicaba en cada segundo que pasaba y la información que conseguía giraba en espiral, solo confundiendo lo que ya sabía, o creía saber. A este punto, un colapso mental y emocional explotaría en el termostato de su cuerpo, y no podía permitirse tal debilidad en su cuerpo. Estar fuera del juego significaba para siempre.

Al menos tener el apoyo de la policía la relajaba un poco. Solo un poco.

Había pasado por mucho dolor, más de lo que cualquiera soportaría, y estaba alcanzando su límite. Natsu también lo hizo, por eso construyó aquel frío muro para protegerse, lo mismo que comenzaba a hacer ella. ¿Quién diría que se convertirían en el otro? Las situaciones los obligaron a hacerlo. Y era por eso que Lucy debía hacer lo mismo. Natsu no podía pasar por lo mismo dos veces. Tenía que alejarse de todos, de él.

El tiempo era oro y no iba a perder más.

Se detuvo frente a la habitación de Michelle y meditó sobre si debería tocar antes de entrar. Al final, optó por solo entrar. Dudaba que su prima le permitiera la entrada.

— Vete. Tengo que viajar mañana y debo dormir. — le dijo en cuanto la vio. Quitaba las sabanas de su cama y preparaba todo para poder dormir — Si, estaba molesta — ¿Acaso no me escuchaste? ¡Fuera!

En realidad, furiosa era el término indicado. Debió tomar su advertencia e irse, solo que Lucy necesitaba a su prima que la hacía reír y solía divertirse, necesitaba hablar. Era tan difícil sentir las palabras en la garganta y ser incapaz de decir algo más que mentiras, cosas que ella no sentía, tener la obligación de alejar a las personas por temor a hacerles daño. Ahora entendía a Natsu más que nadie en el mundo.

Cerró los ojos por un momento y dejo escapar un suspiro largo. Tratar con Michelle le agotaba y ella ya estaba más que agotada.

— ¿Quieres parar ya? — pidió y la vio jadear con molestia.

— ¿Parar? ¿Me dices a que pare? — cuestionó —. Es lo menos que puedes decirme, Lucy Heartfilia. Eres tú la que debe parar. Eres alguien que yo ya no conozco.

Gracioso. Esas palabras eran familiares para ella. Y no la sacaría de su error, realmente había cambiado, pero el cambio fue necesario. Doloroso y muy necesario. Al igual que escuchar su apellido.
Estaba exhausta que no quería escuchar una palabra más. Al menos podría tomar un baño y relajarse.

— ¿Sabes qué? No quiero pelear. Hablaremos después.

— Y ahora huyes — mencionó mordaz —. Te has vuelto una cobarde, al igual que ese imbécil de Natsu.

Caminaba hacia la puerta y se detuvo para así girarse. No tenía ninguna obligación de explicarle nada sobre él o simplemente defenderlo. Sin embargo, la irritación en su pecho explotó en el momento menos apropiado. Los meses, todas aquellas semanas y los últimos días la tenían al borde del colapso.

— No soy una cobarde y Natsu tampoco lo es. Esta molesta, lo entiendo, pero debes parar. No lo conoces para decir eso — replicó.

— ¿Y tu si? — Preguntó con ironía —, Hace unos días no querías saber nada de él. Habías decidido olvidar todo el asunto y avanzar, ¡y mírate! Volviste a creerle su estúpida mentira.

— ¡Michelle!

— No, Lucy, debes dejar de verlo, de escucharlo, deja de decirte que esta vez es diferente, que él va a cambiar y todo será mejor. Ya has pasado por esto y sabes muy bien cómo termina. No quiero volver a ver como lloras por él. Solo está jugando contigo y tu eres lo suficientemente estúpida como para seguir cayendo en su juego.

— No es solo eso, es…

— ¿Qué? ¿Lo amas? Después de todo lo que has pasado no me lo creo. ¿Crees que es parecido a ti? No lo es. No lo son. Que estuviera contigo en los peores momentos no significa nada, solo creíste que lo necesitabas, así como él sintió lo mismo contigo. Estas confundiendo tus sentimientos. Lo hiciste desde el inicio.

El hueco en su pecho se hizo más grande y casi la dejó sin aire. La respuesta para defenderse se quedo atascada en su garganta. Bajó la mirada y todo en su mente se esfumó. Eso no podía ser cierto… ¿O sí?
¿Acaso había confundido sus sentimientos desde el inicio? Tenía algo de razón en el argumento. Vio en él la similitud, sintió que tenía algo que necesitaba.

— Desde que éramos pequeñas siempre has querido reparar lo que no te incumbe, lo que no te pertenece. Tomas los problemas de los demás para ignorar los tuyos — continuó —. Nunca te diste cuenta, pero yo si lo hice.

Lucy negó.

— Eso no es verdad, solo tratas de confundirme.

— Ya estas confundida — afirmó con seguridad —. Por favor, vete de mi habitación — pidió —, Y si vuelves con él, no te atrevas a aparecerte frente a mí de nuevo.

— Eso no es justo, Michelle, detén esto.

— Se que no lo es, pero es todo lo que me queda para hacerte entrar en razón.

¡No lo entiendes!

Quiso gritar. No era solo Natsu, sino todo el asunto que la rodeaba. Le dolía la garganta, quería contarle la verdad de lo que sucedía, ansiaba hacerlo. Amaba tanto a su prima, era su mejor amiga, y por eso tenía que mentirle. A todos. La frustración era tanta que el estomago se le encogió. Querer hablar y no poder hacerlo la estaba matando. Mantener la angustia y daño para ella misma lastimaba, y mucho.

Michelle no tuvo que pedirlo dos veces, Lucy salió de la habitación con el alma por los suelos. ¿Todo lo que sentía por Natsu fue una mentira? ¿Ella misma fue una mentira? ¿Por qué no podía simplemente desaparecer? Rendirse sería más fácil. Todo terminaría en un disparo, un corte, lo que tuvieran planeado, porque jamás hablaría, ni sería parte de su infame organización.

Incluso tener un poco de paz parecía un sueño imposible.

Se dejo caer de espaldas sobre la cama y miró fijamente hacia el techo. Cientos de recuerdos la asaltaron. Su vida había cambiado mucho en tan poco tiempo. Si lo pensaba mejor, todo el cambio comenzó desde la muerte de su madre.
Frunció el ceño y se reincorporó de inmediato. Eso era…

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la vibración de su móvil en la parte trasera de sus vaqueros. No reconoció el numero, pero podría ser Rogue, así que respondió sin darle tantas vueltas.

— ¿Si?

Hola.

Estaba un poco temerosa de la llamada y se tranquilizó cuando escucho la voz de Natsu.

Era cierto. Después de todo el tiempo juntos, después de todo lo que había pasado entre ambos, nunca obtuvo su número telefónico. El siempre hecho le robó una débil carcajada.

¿Qué es tan gracioso? — preguntó él, con un tono divertido en su voz. La tensión desapareció en cuanto la escucho reír.

— Hemos compartido muchos momentos y ni siquiera tengo tu número — le respondió.

Bueno, yo tengo el tuyo.

— Si, puedo darme cuenta — su risa murió —, obtuviste mucho de mí. Más de lo que he entregado a alguien.

La discusión con Michelle volvió a su cabeza y la línea quedo en silenció. Aún podía escuchar su respiración, así que por eso sabia que seguía ahí. Reclamar ya no servía. Tampoco traer cosas del pasado, aunque nunca se irían.

— Natsu…

No. Está bien — aclaró, con el pecho haciéndose trizas —. Sé que no ibas a perdonarme tan fácil.

Ella no respondió. ¿Qué decir ante la verdad? Además, aún no estaba preparada para esa conversación, así que decidió cambiar el tema.

— ¿Cómo te sientes? — por su llamada podía saber la respuesta.

Hubo una pausa y después contesto.

Estoy bien.

— Conozco esa mentira — de nuevo silencio —. Háblame, Natsu.

¿Y decirle que? ¿Qué estaba aterrado de perderla? ¿Qué nunca nada salía bien para él? Aún si jamás se hubieran conocido, ellos habrían ido tras Lucy. La diferencia era, que ahora él podía hacer algo. Intentarlo al menos. Lucy valía mil años de sufrimiento. Nunca encontraría a nadie igual. Ella era maravillosa de cualquier forma.

Duerme, Luce.

La rubia sintió que la sangre le hervía.

— ¡Demonios, no! — Se quejó — No hagas esto después de todo lo que pasó esta noche. No trates de alejarte de mí.

¿Y no es eso lo que quieres? — preguntó con voz débil, tan débil que sonó como un susurro.

— Yo no… — se tragó las emociones que inundaban su pecho —, no lo sé.

Antes ella nunca habría dudado. Antes no habría temido de decir lo que sentía o pensaba. Esto es lo que había conseguido después de herirla tanto. Debería sentirse avergonzado por intentar recuperarla, pero no quería a nadie más que a Lucy.

Evitó decir algo más. ¿Para qué lastimarla más? Después de todo, el culpable, no era nadie más que él.

Deberías dormir — le sugirió nuevamente.

— No puedo.

Por favor, hazlo. Necesito que estés bien.

¿Bien? Nada de esto estaba bien.

— Yo solo…

No voy a hablar sobre nosotros por el teléfono. Esta es mi única oportunidad para hacer las cosas bien.

Lucy había cambiado. Natsu había cambiado. Ninguno era el mismo, no lo serían por siempre. La llamada terminó en un simple silencio, sin palabras de despedida, solo con un sonido que anunciaba el final. Segundos después, alejó el artefacto de su oreja, mirando a un punto muerto.
Alcanzó su bolso y de él sacó la carta de su padre. La trajo con ella porque necesitaba de sus palabras, de su presencia aunque solo fuera en un pedazo de papel y letras cursivas, para recordar todo lo hizo para protegerla. Agradecer no bastaba, tenía que luchar por seguir adelante o simplemente mantenerse de pie en el camino tan difícil que le tocaba recorrer. Pero era tan difícil.

Al final, solo recostó su cuerpo sobre el colchón y permaneció despierta hasta que sus ojos ardieron a causa del insomnio. Escuchó el ruido y los murmullos de sus tíos por la mañana en la que partían a su viaje, pero no tuvo la fuerza para salir de la cama. De nuevo, esa habitación era testigo de cómo el peso del mundo recaía en sus hombros.

Había mucho que pensar, mucho por hacer, y ella no quería nada de eso. Pasó toda la noche y mañana pensando que debería hacer, que era lo correcto para todos, y aún más importante: cómo hacerlo sin herir a nadie.
Si cerraba los ojos, todo desaparecía, ella desaparecía, todo era un escenario en blanco. Nada existía. Ni siquiera ella. Y con el eco silencioso que la acunaba, al fin se quedo dormida. Tan solo basto un parpadeo para percibir la tranquilidad divina de un sueño.

Para cuando despertó, la habitación casi estaba en penumbras. Solo una tenue luz naranja entraba por la ventana, demostrando así, que el sol ya estaba próximo a ocultarse. Pero no fue solamente eso lo que la obligó a despertar, sino el eco del timbre.

Alguien llamaba en la puerta.

Con el corazón acelerado, trazo su camino hacia la entrada. Percibiendo la frialdad en sus pies descalzos. Esa persona tras la puerta podría ser cualquiera, y ese cualquiera podrían ser ellos.

Se colocó sobre la punta de sus pies y con uno de sus ojos, miró a través de la mirilla. Cuando verifico de quien se trataba, dejo salir el aliento que retuvo y abrió la puerta.

Era Juvia quien esperaba en el umbral. Honestamente, ver un rostro familiar la tranquilizo más de lo que esperó. Ella era la única persona en la que podía contar ciegamente, pero el secreto debía mantenerse, o al menos hasta que todo pudiera estar mejor. Debía tener fe en ello.

No hubo necesidad de palabras. El lazo que las unía siempre fue más fuerte que con una sola mirada era suficiente para saber lo que sucedía.

Lucy sintió un nudo en la garganta al ver a su mejor amiga. Tanto había sucedido que por momentos olvidaba todo aquello que la hacía feliz, incluso cuando nada parecía ir bien. Juvia hizo un gesto de dolor al observar a Lucy. Sus cabellos rubios estaban desaliñados, tenía marcas oscuras debajo de los ojos, cada vez lucía más pálida y delgada. A simple vista parecía que con un simple toque se rompería. Aún así, la abrazó con todas sus fuerzas.

— ¿Puedo preguntar? — cuestionó con preocupación a la rubia. Ella negó con la cabeza. Le era imposible dar una respuesta —. ¿Me contaras después? — esta vez asintió.

Pasaron varios minutos en silencio, solo abrazándose. La amistad era un tesoro tan valioso y nunca se sintió tan afortunada de tener a una amiga que podía comprenderla más allá de lo que cualquiera pudiera creer.

— Gracias por estar aquí — le dijo.

— Lo estaré cada vez que me necesites — se separó y le sonrió levemente —, Lo prometimos, ¿no es así? Sé que eres fuerte y saldrás de esto.

Esta vez, no era tan fácil. Nunca lo era.

— ¿Podemos no hablar de esto hoy? — olvidar un momento sería bueno, o al menos para su salud. Estaba tan preocupada por otras cosas que su cuerpo ya comenzaba a debilitarse, demasiado rápido.

— ¿Quieres comer algo?

Lucy rió débilmente.

— ¿Luzco como si lo necesitara? — intento hacer una broma.

Eso, solo le demostró a Juvia lo mal que estaba. Su mente se estaba quebrando y no sabía cómo ayudar. Mucho menos cuando ella también lidiaba con sus propios problemas. La vida simplemente era muy difícil y tan injusta para algunos.

— Solo cocinemos algo, seguro será divertido — sugirió.

— Unos tragos me vendrían bien — dijo de camino a la cocina —, Me pareció ver una botella de vino por aquí.

— No creo que sea lo más adecuado, Lucy. No sé qué está pasando, pero no luces bien y…

— Una copa no va a matarme. Hay muchas otras cosas que si — encontró la botella en uno de los gabinetes y Juvia se la arrebató.

— Deja de decir ese tipo de bromas, no me gustan — en sus ojos, Lucy pudo notar el dolor. Con eso pudo saber lo mucho que lastimaba a los demás con sus secretos, con sus acciones, y pudo comprender a Michelle. Estaban preocupados por ella. Y solo por eso, por todos ellos, tenía que tomar una decisión pronto.

— Lo siento, solo cocinemos, ¿sí? Y así puedes hablarme sobre…

— Nada sobre mí, nada sobre ti. Los problemas no existen hoy, ¿de acuerdo? — dijo —. Como en los viejos tiempos.

Lucy sonrió al fin. Tan buenos recuerdos.

— Como en los viejos tiempos — repitió. Ojalá pudiera regresar el tiempo.

Las siguientes horas trascurrieron tan rápido. Las memorias amargas fueron remplazadas por las risas de dos chicas rebosantes de juventud, quienes aún podían mantener esa sonrisa, aunque fuera por un corto periodo de tiempo. Y fue divertido mientras duro. Cada una tenía que volver a la realidad que les correspondía, porque no se podía escapar de las situaciones complicadas de manera fácil. Nada nunca era fácil.

La noche cubrió los cielos y Juvia tenía que volver a casa. Algo que Lucy no quería que hiciera. Si la vigilaban sabrían que ella era su conocida y podrían hacerle daño. De cualquier forma, al aparecer allí, ya estaba en la mira. Tener ese conocimiento solo la arrinconó más hacia la decisión que rondaba por su mente desde la noche anterior. La decisión la tomaría con calma. Todavía tenía dos días más para pensar.

Ambas se despidieron y prometieron no guardar más secretos después de que todo se solucionara. Y nuevamente, el timbre sonó.

El cuerpo de Lucy se tensó y Juvia lo notó.

— ¿Quién puede ser a esta hora? — la peliazul se apresuró hacia la puerta y Lucy la frenó.

— Yo iré.

Ella tenía razón. ¿Quién la visitaría a esta hora? Tal vez solo estaba alucinando o volviéndose más paranoica, pero joder, tenía una buena razón para estarlo.
Nuevamente, miró por la mirilla y permitió la entrada en cuando supo quién era. Y él hizo su entrada tan rápido como la puerta se abrió.

— Lo que te dije que no hicieras, es lo primero que decides hacer cuando no estoy…— se detuvo al ver que la chica Heartfilia no estaba sola. Afortunadamente se percato antes de que abriera la boca de más.

La mirada de Lucy se posó en Rogue y después en Juvia. La situación no podía ser más incómoda, tomando en cuenta que su mejor amiga no debía saber nada de lo sucedido. Al menos no por ahora.
Rogue asintió entendiendo por completo el entorno y la rubia se alejó solo un poco junto a Juvia para poder explicar al menos eso.

— Puedo quedarme. — mencionó al instante.

— Lo conozco, no hay necesidad de preocuparse.

— Corrijo: Voy a quedarme.

— Prometí contarte todo después, ¿no es así? En verdad necesito que vayas a casa. Confía en mí.

— Confió en ti, no en él.

Entendía el punto, ella tampoco la hubiera dejado sola si ocurriera lo mismo. No obstante, esto no estaba a su alcance. ¿Cómo proteger a su mejor amiga si no sabía cómo protegerse a sí misma?

— Por favor, Juvia, solo hazlo — rogaría todo lo que fuera posible —, por favor — vio la indecisión en sus ojos, pero supo que había ganado.

— Bien, pero voy a llamarte y responderás todas mis llamadas, ¿de acuerdo? Solo así podre estar más tranquila.

— Gracias — la acompañó hasta la entrada.

— No sé que está sucediendo y espero saberlo pronto. Cuentas conmigo para lo que sea, Lucy — la abrazó y miró al chico antes de irse. Si algo sucedía, jamás olvidaría ese rostro —. Te quiero.

En ese último abrazo, Juvia percibió algo que no le agrado, como si fuera una verdadera despedida y eso le puso los nervios de punta. Fue ahí, en donde entendió la magnitud del problema. Le repitió que todo estaría bien y también sus últimas palabras de afecto. Volvería mañana después del trabajo. Lucy no iba a estar sola.

El final del encuentro, fue sellado por el golpe de la madera la cerrar la puerta.

— No comiences de nuevo, Rogue, se a donde quieres llegar — advirtió antes de que comenzara a hablar —. Lo hice porque no hay otra alternativa. Necesitamos ayuda, necesito ayuda y no tengo miedo de pedirla.

— La policía no es ayuda — reiteró —. Solo complica más las cosas.

— Por si no lo notaste, ¡las cosas ya son complicadas! — Exclamó — ¿Qué puedo hacer yo contra todos ellos? No sé cómo usar un arma o como debo defenderme. Esto no es lo que sucede en la televisión. Ellos lastimaron a Natsu, mataron a mi padre y ahora vienen por .

— Si, y contarle todo esto a la policía solo lo empeoró. Los planes que iban lentos, ahora aceleraron su proceso.

— ¿Y que se supone que debo hacer? — cuestionó. Sus manos temblaban a este punto —, ¿Qué puedo hacer yo? ¿Cómo…? — su voz se perdió en la última pregunta. No sabía que más pensar, no sabía nada. Permanecer en silencio parecía ser más fácil que decirlo todo.

— Hey, tranquila… — la siguió hacia la cocina. Podía notar el terror con solo mirarla. Él también estaba aterrado. Lo que hacía no solo era peligroso, era más que su sentencia de muerte. Si bien su posición dentro de la organización no era importante, sabía muy bien que lo matarían si se enteraban de lo que estaba haciendo. Justo como lo hicieron con Jude.

La vio caminar de un lado a otro mientras mordía sus uñas y después se detuvo tan pronto como comenzó.

— Si, tengo miedo — admitió. Sentía que el corazón le bombeaba cada vez más rápido —. Yo…

— Es difícil, yo comprendo esto más que tu. ¿Sabes cuantos años he esperado para poder escapar? — se pasó las manos por el rostro —. Tienes miedo, yo también lo tengo, pero estamos tan cerca, lo sé. El tema con la policía, solucionaremos, aún nos queda tiempo…— la miró con seriedad — Pero no podemos quedarnos aquí.

Y las palabras dichas fueron procesadas rápidamente. Eso es en lo que estuvo pensando todo este tiempo. No estaría huyendo, solo se llevaría el problema lejos para así tratar con él. En un lugar en donde no pudieran dañar a nadie más. Porque el verdadero peligro, era ella misma. Pero, ¿eso era lo correcto?

En el silencio perturbador, esta vez no fue el timbre, sino unos golpes en la puerta lo que desconcertó a ambos. ¿Se detendría alguna vez?

— Odio esa maldita puerta — dijo la rubia entre dientes. Su corazón y cada uno de sus nervios estaban a punto de explotar.

Hizo lo mismo que las dos veces anteriores: Se puso de puntillas, miró a través de la mirilla y, esta vez, no vio a nadie allí. Si había un momento para desmayarse, ese era el indicado. Su estomago estaba revuelto y la bilis subió hasta su garganta.

— Rogue — susurró su nombre para indicar que algo no andaba bien.

Él extrajo una pistola automática detrás de sus pantalones y la empuñó hacia la puerta. Esa era su primera vez viendo un arma, y sorprendentemente no le importó en lo absoluto, ni tampoco pensó porque llevaba una con él. Protegerse era más importante que los detalles.
Tomó una respiración honda y giró del pomo para terminar de una vez con todo eso.

Al abrir, jamás en su vida se sintió más aliviada de ver un rostro muy familiar cruzar esa puerta.

— Supongo que no soy bienvenido — dijo Natsu con una sonrisa molesta en su rostro, alzando ambas manos —. Hace tiempo que no me amenazaban con un arma, dos años para ser precisos — su tono amargo alertó a Rogue de la indirecta.

No se sentiría cómodo con uno de ellos cerca. Aún si ayudaba a Lucy.

— Con un disparo podría cobrarme el golpe de aquella vez — incitó.

— Basta — paró la rubia —. Esto no es gracioso.

Solo así lograron entrar en razón. Cada uno de ellos estaba tenso. Lo peor era no saber cómo demonios tratar con todo eso. Rogue bajo el arma y la volvió a dejar en su lugar. Obviamente no era necesaria una pelea ridícula.

— Estaré en la cocina — avisó. La tensión entre ellos dos era más grande que todo lo demás.

Natsu no lo perdió de vista hasta ambos quedaron solos. Fue Lucy la primera en hablar.

— ¿Qué haces aquí?

— Eso debería preguntarte yo acerca de él.

— Ya te lo he contado, esta ayudándome — soltó un suspiro. Sabía porque estaba allí y ella aun no sabía cómo responder —. No deberías estar aquí.

— Él tampoco.

— Sabes de qué estoy hablando, es peligroso— pensó otra manera de decir las palabras que estaba a punto de soltar, solo que no la encontró —. Vete, Natsu.

Le había dicho que no se alejara de él después de la charla que tanto necesitaban, pero ahora era ella quien lo alejaba. Como si fuera un maldito juguete. No sabía lo mucho que esto iba a doler. Y supo que se lo merecía porque él había hecho lo mismo. La diferencia aquí, era que él sabía lo que hacía, pero Lucy no tenía idea de que comenzaba a hacer lo mismo que él. La palabra idiota ni siquiera lo describía.

— Dime lo quieres que haga y lo haré. Estoy tratando de hacer esto bien. Me asusta más lo que puedo hacer por ti, estoy malditamente seguro de que haría cualquier cosa, pero no voy a alejarme.

— Yo no quiero… solo…— tragó saliva y miró a su alrededor como si tratara de encontrar que decir—. Tu, mi familia, mis amigos, mi vida, todo se está cayendo a pedazos — apretó los dientes—.Necesito respirar. Aunque solo un segundo, quiero respirar.

No tenía las palabras para responder. Un paso hacia delante y dos hacia atrás.

Respirar… Eso también le vendría bien.

— Esto no ha terminado. — le dijo antes de irse —. Lo nuestro no ha terminado.

Después de todo, ¿Seguía pensaba lo mismo? Nunca se había sentido tan confundida. Eventualmente tendrían que hablar de nuevo, y estaría lista cuando tuviera que pasar. Ninguno de ellos tenía la razón. Ella no era Natsu, y no iba a huir de él.

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De vuelta en su auto, solo escucho el sonido de su respiración. Apenas pudo cerrar los ojos después de la llamada de Ángel. Odiaba admitirlo, pero si él se quedaba con Lucy después de eso, todo sería aún peor.
Trataba de encontrar una salida, alguna manera de atacar con ayuda de la policía, porque Lucy tenía razón, ellos solos no podían hacerlo. Sin embargo, el plan era demasiado arriesgado, y riesgos que la involucraran no estaba dispuesto a tomarlos.

Golpeó el volante con fuerza y soltó una maldición. La frustración de no saber qué hacer lo estaba volviendo loco.

Dormir sería imposible, pero al menos trataría.

Dejó que los empleados se encargaran del auto y apresuró el paso para llegar a su apartamento. La música del ascensor solo logró enfurecerlo más. Las puertas se abrieron y lanzó su abrigo hacia un lugar que no pudo ver. No se molesto en encender las luces, conocía cada parte del lugar. Todo debía estar en correcto orden, y entonces ocurrió.

— Tiempo sin verte, Natsu Dragneel — una voz ronca resonó a su espalda. Los músculos de su cuerpo se tensaron y un escalofrió le recorrió la columna vertebral —. Pensé que ya no podrías ser más estúpido, pero creo que me equivoque —Esa era una voz que jamás olvidaría, una voz que todavía lo perseguía después de su peor pesadilla. Se giró para poder mirar, no debió hacerlo y aún así se giro. Ahí, en su sofá, estaba él —. Dime, ¿Qué se siente volver a cometer el mismo error de hace dos años?


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El capitulo 41 le soltó una gran bomba, y gracias a los que me dijeron de mi error en unos de los capítulos iniciales… Ya lo corregí xD
Sigo trabajando en la edición para que puedan leer sin tantas faltas de ortografías. Sobre las actualizaciones, quiero decir que pueden ser un poco lentas, tengo proyectos de la universidad y espero comprendan.

Y por supuesto, ¡Bienvenidos sean los nuevos lectores! Ha habido muchos últimamente. Gracias a todos y cada uno de ustedes, los amo con toda mi vida «3

Nos leemos en la próxima. Bye, bye!


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